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Full text of "Tratado completo de patología interna: sacado de las obras de Monneret y Fleury, Andral, J.P. Frank, José Frank, Pinel, Chomel, Boisseau, Bouillaud, Gendrin, Hufeland, Roche y Sanson, Valleix, Requin, Piorry, y otros muchos autores : como tambien de los principales diccionarios de medicina y de las colecciones periódicas (Volume 2)"

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ARMY MEDICAL LIBRARY 



FOUNDED 1836 




WASHINGTON, D.C 



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BIBLIOTECA EStOJIDl 



DE 






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Redactores. 



d. matías nieto serrano. 

d. carriel useua. 

Id. francisco mendez alvaro. 

'd. SER AriO ESCOLAR Y MORALES 
ID. FRANCISCO ALONSO. 
'd. ANTONIO CODORNIU. 
D. ELIAS POLÍN. 







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TRATADO COMPLETO 



DE 



PATOLOGÍA V TERAPÉUTICA 

QUE CONTIENE 

1.° UNA PATOLOGÍA Y TERAPÉUTICA GENERAL. 

2.» UNA PATOLOGÍA ESTERNA. 

3.» UNA PATOLOGÍA INTERNA. 

k." UN DICCIONARIO DE TERAPÉUTICA. 

POR LOS REDACTORES DE LA RlBLIOTECA ESC0.1IDA DE MEDICINA Y ClRU.IIA, SIRVIÉNDOLES DE BASE 

LAS OBRAS DE ANDRAL , RERARD , RoiSSEAU ROYER , ChEI.IUS, ChOMEL , DllBOlS , J. Y P. FkANK, 

MONNERET, FLEURY, PlNEL , ROSTAN , SzERLEKI , VELPEAL', YlDAL DE CASIS , ETC. 



IHlfl TOMO VIII. l|fp^ 






MADRID: 

IMPRENTA DE LA VIUDA DE JORDÁN E HIJOS, 

1844. 



TRATADO COMPLETO 



DE 



PATOLOGÍA interna, 



¡ASA:: 22 LAS OSEA 



DE MONNERET Y FLEÜRY, ANDRAL, J. P. FRANK , JOSÉ FRANK, PINEL, 

CHOMEL, BOISSEAU, BOILLAUD, GENDRIN, HUFELAND, ROCHE Y SANSÓN, 

VALLEIX, REQUIN, PIORRY, Y OTROS MUCHOS AUTORES; 

COMO TAMBIÉN 

\ DE US COLECCIONES PERIÓDICAS, 
por los Uefcactorfs oe la Otblíotrca í>f iJUoirina. 



TOMO II. 



GUATEMALA 

papelería de EMILIO GOUBAUD 

CALLE REAL. 

DFSPACHO DE LOS SEÑORES VICDA DE JORDÁN É HIJOS , CALLE DE PONTEJOS ! BARCELOK 
PIFERUER : CÁDIZ HORTAL Y COMPAÑÍA. 



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TRATADO COMPLETO 



DE 





mmn parte. 



DE LAS ENFERMEDADES EN PARTICULAR. 



CLASE PRIMERA. 



ENFERMEDADES QUE SE REFIEREN A ÓRGANOS 
DETERMINADOS. 

SEGUNDO GÉNERO. 



ENFERMEDADES DEL ESTOMAGO. 

(Continuación.) 

CAPITULO IX. 

Lesiones orgánicas del estómago. 

ARTICULO I. 

Abscesos del estómago. 



I 



«va inflamación ílegmonosa del estomago, 
asi como la de las demás visceras membrano- 
sas, es muy rara. Sin embargo, se lian visto 
en algunas gastritis sobre agudas causadas por 
venenos corrosivos , colecciones purulentas 
formadas en el tejido de las membranas; aun- 
que repetimos que estos casos son poco co- 
munes. A veces se encuentran pequeños abs- 
cesos en medio de las membranas del estóma- 
go atacado de degeneración escirrosa ó ence- 
faloidca. Pueden igualmente depender de la 
fusión de tubérculos desarrollados bajo el peri- 
toneo, ú de una peritonitis parcial. ¿Pueden 
los folículos mucíparos á consecuencia de un 
trabajo flegmásieo, obliterarse , supurar y for- 
mar especies de quistes que contengan una 



materia purulenta como sucede en el caballo? 
No se ha comprobado todavía esta lesión de 
un modo evidente en el estómago del hombre. 
»Los autores refieren algunos casos de 
abscesos del ventrículo. En la colección do 
Lieutaud se encuentran observaciones toma- 
das de diferentes autores , en que se hace mé- 
rito de abscesos del estómago. Casi siempre 
existen otros desórdenes; á veces induracio- 
nes cancerosas; otras, gangrenas, ulceracio- 
nes, etc. Hist. anatómico-medica , 1. 1, p. 2V; 
1707, en k.°) Rajo el título de ventriculus 
pustulosus , lian descrito los antiguos diversas 
alteraciones , como abscesos sub-mucosos, ul- 
ceraciones, etc. ( Véase Lieutaud, ob. cit., pá- 
gina 13.) (Monneret y Fleury, Compendium de 
Med. prat., t. III, p. 503.) 

ARTICULO II. 

Adelgazamiento, anemia, atrofia de las membranas 
gástricas. 

«Reunimos estas tres alteraciones del estó- 
mago, porque se manifiestan con poca diferen- 
cia en las mismas circunstancias. El adelga- 
zamiento puede efectuarse en una sola mem- 
brana ó en toda la pared del estómago. 

»La túnica mucosa , adelgazada en toda su 
ostensión, se presenta bajo la forma de una 
película blanquecina, privada de vasos , y tan 
adherida á los tejidos subyacentes, (pie es di- 
fícil desprenderla , y aun pudiera creerse que 
no existia. Su superficie está mas seca que de 



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ATROFIA DEL ESTOMAGO- 



ordinario, y las glándulas mucíparas apenas 
son visibles; es lisa , blanquecina y ha per- 
dido su aspecto natural. Cuando el adelgaza- 
miento es parcial suele tener su asiento hacia 
el fondo del ventrículo, que es también el 
punto donde se encuentra con frecuencia el 
reblandecimiento. Sin embargo, puede existir 
en otras partes ; hacia el píloro , por ejemplo, 
donde dice Andral haber visto la membrana 
mucosa tan delgada , que solo representaba 
una especie de tejido transparente, de una 
blandura tal , que se transformaba en una pul- 
pa de un blanco rojizo , como sucede en cier- 
tos reblandecimientos. {Clin. mcd. , tomo II, 
pág. 61.) 

»E1 adelgazamiento de la túnica interna es 
á veces la única lesión que existe, y en tal 
caso puede preguntarse si depende de una 
flegmasía crónica, ó de un trabajo de reab- 
sorción morbosa, independiente de toda fleg- 
masía , y análogo al que determina el adelga- 
zamiento de las paredes del cráneo en algu- 
nos individuos. No puede dudarse que esta 
atrofia resulta de la gastritis en algunos ca- 
sos ; pero se le ha observado también en su- 
getos muertos con marasmo, ó atacados de 
meningitis simple ó tuberculosa (Indrocéfalo 
agudo ó crónico), ó de fiebres graves; por cuya 
razón se cree que la atrofia en tales casos re- 
conoce por causa un trabajo morboso estraño 
á la inflamación. 

»La membrana mucosa presenta á veces, 
ademas del adelgazamiento de que acabamos 
de hablar, diferentes especies de alteraciones: 
ora existen inyecciones y vestigios evidentes 
de flogosis, ulceraciones, reblandecimientos 
parciales; ora una dilatación marcada de to- 
do el estómago; ora en fin, palidez ó descolo- 
ración de sus paredes (anemia), que es el ca- 
so mas ordinario. Cuando la membrana inter- 
na no ofrece otro desorden mas que el adel- 
gazamiento y la atrofia, debemos proceder 
con mucha reserva , antes de asegurar que ha- 
ya existido una inflamación gástrica. 

«Pueden adelgazarse á la vez todas las tú- 
nicas del estómago; la membrana muscular y 
el tejido celular sub-mucoso se atrofian á ve- 
ces de tal modo, que es imposible reconocer 
la estructura normal del órgano: sus paredes 
adelgazadas parecen una membrana celulosa 
cubierta por el peritoneo. La atrofia, compli- 
cada ó no con el reblandecimiento, es un efec- 
to de muchas enfermedades crónicas, ya del 
estómago, ya de otras visceras. El adelgaza- 
miento parcial de las túnicas es una conse- 
cuencia bastante frecuente de la gastritis cró- 
nica (Véase gastritis); algunas veces sin embar- 
go, constituye por sí solo toda la enfermedad. 
El tratamiento que debemos emplear contra 
él no es idéntico al de la gastritis. Los tónicos, 
los alimentos reparadores y de buena calidad, 
convienen á los sugetos cuya constitución se 
encuentra profundamente debilitada.» (Mon. 
y Fl. sitio citado.) 



ARTICULO III. 

Hipertrofia del estómago. 

«La hipertrofia puede existir en todas las 
túnicas ó en cada una de ellas separadamente. 
»La hipertrofia de la membrana mucosa 
gástrica es parcial ó general. Louis ha des- 
crito bajo el nombre de estado mamelonado de 
la membrana mucosa un engrosamiento de 
esta túnica, que considera como producto de 
la inflamación. El estómago atacado de esta 
lesión presenta numerosas eminencias, varia- 
bles por su forma y estension, pero de ordi- 
nario redondeadas, de dos á tres líneas de diá- 
metro, semejantes á los pozoncillos carnosos 
que vejetan en la superficie de las heridas. 
Están separadas las eminencias por sulcos su- 
perficiales y estrechos, donde se halla la mem- 
brana interna visiblemente adelgazada. Tam- 
bién pueden no existir estas depresiones sinuo- 
sas, y en tal caso es igual la hipertrofia en cier- 
ta estension del estómago. Al propio tiempo 
que está la membrana interna alterada de este 
modo, se encuentran frecuentemente, en uno 
ó muchos puntos , al lado de los pezoncillos, 
unas veces porciones de membranas perfecta- 
mente sanas, otras ulceraciones redondeadas 
ú oblongas, de una á muchas líneas de diá- 
metro, y diversas coloraciones morbosas, ro- 
jas, rubicundas ó parduscas. La consistencia 
de la túnica interna aparece disminuida en al- 
gunos casos; y su grosor considerablemente 
aumentado. 

»Las regiones que con mas frecuencia afec- 
ta la hipertrofia son la gran corvadura, la 
cara anterior y posterior, cerca de aquella, 
la estremidad pilórica , la pequeña corva- 
dura, y el fondo del estómago que, según 
Louis, pocas veces está mamelonado en toda 
su estension (Colee, de memor.; Du ramollis- 
sem. avec aminciss. el de la destruction de la 
memb. mugueuse. de Cestomac, p. 112; 1824.) 
El médico que acabamos de citar no ha en- 
contrado el aspecto grauugiento «sino como 
complicación, en sugetos que habían sucum- 
bido á enfermedades estrañas á las del es- 
tómago.» El curso de esta lesión es latente en 
la mayoría de los casos. 

»Los únicos síntomas apreciados son : la 
anorexia, las náuseas, el vómito y el dolor 
epigástrico. Louis cree deber admitir que esta 
lesión de la túnica interna es efecto de la in- 
flamación: «alteración de color, engrosamien- 
to, úlceras mas ó menos superficiales, todo 
indica, dice Louis, que la membrana mucosa 
gástrica que presenta el aspecto mamelonado 
ha padecido inflamación , y que semejante es- 
tado no puede reconocer otra causa.» (Mem. 
cit., p. 113.) 

«Cuando está la membrana mucosa hiper- 
trofiada de una manera general, adquiere un 
grueso cuatro ó cinco veces mayor que en el 



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HIPERTROFIA DEL ESTOMAGO. 



estado normal , y que escede al de las otras 
túnicas reunidas: su consistencia está á veces 
aumentada, de manera que se la puede des- 
prender en porciones de una á dos pulgadas 
de largo; el tejido celular subyacente está per- 
fectamente sano. En algunos casos acompaña 
á la hipertrofia cierto grado de reblandecimien- 
to, y se desprende fácilmente la membrana mu- 
cosa raspándola con el bisturí. Pueden exis- 
tir igualmente diversos grados de rubicundez, 
y un tinte apizarrado ó moreno. ¿Deben atri- 
buirse estas lesiones á la inflamación ? Muchas 
dudas reinan todavía sobre este punto difícil 
de patología; sin embargo, debemos confesar 
con varios autores , que la gastritis aguda pro- 
duce con frecuencia la hipertrofia , con re- 
blandecimiento y coloración roja de la mem- 
brana mucosa; y que el aumento de grosor, con 
induración y color gris y apizarrado, es una le- 
sión muy común, á consecuencia de la gastritis 
crónica. Debemos pues distinguir dos especies 
de hipertrofias: una, que podemos llamar con 
Billard , hipertrofia por causa inflamatoria 
(De la memb. muq., etc., p. 396); y otra que 
consiste, no como la primera, en una tume- 
facción con hiperemia sanguínea, sino en un 
verdadero aumento de nutrición de la mem- 
brana, cuya testura se altera y separa de la 
que presenta en el estado normal. Esta última 
es la que dá lugar á mayores dudas , pues unos 
quieren referirla como la primera á la infla- 
mación , y otros rehusan admitir que la nu- 
trición morbosa que reside en la membrana, 
dependa precisamente de dicha enfermedad. 

«Las hipertrofias parciales presentan nu- 
merosas diferencias de estructura y de aspec- 
to. Unas están formadas por simples chapas 
redondeadas, ovaladas ú oblongas, teñidas de 
diversos modos, y que forman un ligero re- 
lieve sobre la membrana que las circunda. (An- 
dral, Anal, patol., p. i8 ) No debemos con- 
fundir con estas hipertrofias parciales el as- 
pecto fungoso inflamatorio: la mucosa altera- 
da de este modo, presenta eminencias irregu- 
lares, bastante aproximadas, blandas, sangui- 
nolentas y gruesas. (Billard , obra cit., p. 380.) 
Billard refiere también al aspecto fungoso el 
desarrollo de un considerable número de gra- 
nulaciones redondas , blandas, friables , y que 
dejan escapar gotitas de sangre, alteración 
que observó en un cadáver cuyo estómago in- 
flamado estaba cubierto por una falsa mem- 
brana. En estos casos es la lesión de natura- 
leza evidentemente inflamatoria, y debe dis- 
tinguirse de la hipertrofia que describimos. 

»En otros casos de hipertrofia parcial se 
halla la membrana mucosa cubierta de escre- 
cencias carnosas, de vegetaciones, que con fre- 
cuencia se han confundido con los cánceres; 
pero que difieren de ellos esencialmente, por- 
que están constituidas por la túnica interna, 
y la mas escrupulosa disección no puede des- 
cubrir en ellas tejido cscirroso ni encefaloi- 
deo. Asi, pues, las denominaciones de póli- 



pos, de fungus, y de escirro, no pueden menos 
de dar una falsa idea de las hipertrofias de que 
nos ocupamos. Entre las escrecenciás de la 
membrana mucosa , las hay aplanadas y glo - 
hulosas , ó sostenidas por un pedículo estre- 
cho. Andral dice haber visto un estómago cu- 
ya superficie interna estaba enteramente cu- 
bierta de numerosas hojillas colocadas de 
canto, divididas perpendicularmente por el 
eje longitudinal del estómago, y formadas por 
un desarrollo insólito de la membrana muco- 
sa : «podían compararse exactamente á las hu- 
j i lias (pie caracterizan uno de los estómagos 
de los rumiantes.» (Ob. cit., p. 50.) Algunas 
de estas vegetaciones son estrechas en su ba- 
se, hinchadas en su vértice, y semejantes a 
un hongo. (Veg. fungiformes.) Ocupan dife- 
rentes sitios del estómago: unas veces las dos 
caras de esta viscera, y otras los orilicios pi- 
lórico ó cardiaco; en ciertos casos se pre- 
sentan aisladas, y en otros múltiples. Kullier 
observó, en la superficie interna del estóma- 
go, ochenta tumores pequeños y redondos, del 
volumen de una avellana, formados por la 
membrana mucosa. 

»La disposición de los vasos del estómago 
esplica , según Natalio Guillot, la frecuencia de 
las vejetaciones de toda especie que se encuen- 
tran en esta viscera : opina que el número de 
arterias gástricas escede al de las venas, hallán- 
dose de este modo mejor dispuesto el estómago 
para la secreción que para la absorción. De es- 
te modo se concebiría por qué , en el tumor 
canceroso, tienen los tejidos alterados una ten- 
dencia singular á vejetar y á desarrollar esas es- 
crecenciás á veces enormes, que presentan al- 
gunas degeneraciones del estómago. Se ha pre- 
tendido que la inflamación del estómago es la 
causa de las diversas hipertrofias de que acaba- 
mos de tratar , y Andral se inclina á esta opi- 
nión (Clin. med. , tomo II , pág. 60). 

»La hipertrofia de las partes constituyentes 
de la membrana mucosa, tales como las vello- 
sidades y las criptas mucosas, es bastante rara. 
«Se ha visto algunas veces , dice Andral , que 
muchas de estas vellosidades mas voluminosas 
(pie en el estado ordinario, se manifestaban so- 
bre la mucosa de una manera perceptible; di- 
ferian de esta solamente por su color blanco 
mas apagado, y constituían pequeños tumo- 
res, cuyo origen descubría fácilmente un exa- 
men atento. Es posible que mas de una vejeta- 
cíon de la membrana mucosa gastro-intestinal 
sea debida á la hipertrofia de las vellosidades.» 
(Anat. patol. , pág. 53). 

«Los folículos engrosados forman pequeños 
tumores blandos y semifungosos, en los que d¡- 
fícilmento se encuentra el aspecto y estructura 
de las glándulas mucíparas. El desarrollo anor- 
mal de los folículos es menos frecuente en el 
estómago que en las demás partes del intesti- 
no; y puede depender de la inflamación , ó ser 
enteramente estraño á este fenómeno. Billard 
ha observado, en un niño de diez meses, la 



8 



HIPERTROFIA DEL ESTOMAGO. 



membrana mucosa gástrica cubierta de granu- 
laciones blancas , del volumen de un grano de 
mijo, sin encontrar vestigios de inllamacion 
coexistente (De la vxemb. muc. , etc., p. 424). 
Cuando existe esta lesión suelen estar enfermos 
é bipertroliados los folículos del resto de los in- 
testinos. Roederer y Wagler han hallado este 
estado del tubo digestivo en individuos muertos 
de fiebre mucosa. Se ha dado mucha importan- 
cia á la hipertrofia y al esceso de actividad fun- 
cional de las criptas mucosas en la producción 
déla fiebre del mismo nombre y del infarto gás- 
trico. Morgagni habla de un caso en que le pa- 
reció que la alteración de los folículos mneípa- 
ros fué producida por el mercurio. No deja de 
ser frecuente la hipertrofia de los folículos en 
el caballo, en el perro, en el carnero y en el cer- 
do. Vernos, en el estómago del primero que es- 
tas glándulas, llenas de líquidos de diversa con- 
sistencia , constituyen verdaderos quistes, que 
adquieren á veces un volumen considerable. 

«Pueden hipertrofiarse la túnica carnosa y 
el tejido areolar interpuesto entre esta y la mu- 
cosa , ó situado bajo la túnica serosa. Mas 
adelante describiremos con cuidado la hipertro- 
fia aislada ó simultánea de las partes constitu- 
yentes del estómago (Véase anat. patol. del 
cáncer) ; por cuya razón creemos no deber 
ocuparnos mas tiempo de este objeto. Sin em- 
bargo conviene recordar que la hipertrofia de 
las membranas , ya de la carnosa , ó ya del te- 
jido celular , da lugar á cierto número de esta- 
dos patológicos designados hasta el dia con el 
nombre de escirro del estómago. Puede ser la 
hipertrofia general ó parcial : la primera es ra- 
ra, y mas frecuente en la porción pilórica, que 
en el fondo del estómago, ¿esarrollados los ha- 
cecillos carnosos forman á veces relieves, como 
el caso citado por Fed. Otto , que halló en una 
mujer, cuya historia refiere, la membrana car- 
nosa del estómago hipertrofiada; en tales térmi- 
nos que sus hacecillos musculares presentaban 
el grosor de una pluma, elevaban la túnica in- 
terna, y se estendian desde el fondo del estóma- 
go hasta el piloro. Resultaba de esta disposición 
que la superficie del estómago ofrecía el aspecto 
de las cavidades del corazón, y la túnica mus- 
cular formaba por debajo una capa de media 
pulgada de diámetro (Ext. de Hufcland 's jour. 
febrero, 1833 ; Arch. gen. de med. , t. IV, pá- 
gina 674; 1834). 

»Es muy frecuente la hipertrofia á con- 
secuencia de la gastritis crónica; sin em- 
bargo , puede dudarse que la inflamación de la 
membrana mucosa sea la única causa de la hi- 
pertrofia del tejido muscular. No nos parece tan 
aventurada esta opinión cuando se trata del te- 
jido celular; pero es mas difícil sostenerla, si se 
quiere demostrar que el tejido carnoso se hi- 
pertrofia bajo la influencia de la inflamación 
trasmitida por la membrana que le cubre. Sa- 
bemos muy bien que algunos autores han pro- 
puesto y admitido esta teoría , para esplicar la 
hipertrofia de las paredes del corazón , de la 



vejiga, etc., y nos parece fundada cuando no se 
halla en el estómago ninguna otra lesión á mas 
de la flogosis. Pero no sucede lo mismo cuando 
existe un obstáculo al paso de los alimentos y 
de las bebidas, como sucede en el cáncer del 
piloro y de la estremidad pilórica del estómago. 
Fácil es concebir el modo como se desarrolla 
entonces la hipertrofia: en efecto, se ve el es- 
tómago obligado á contraerse con mas energía 
que en el estado normal para conducir al duo- 
deno , al través del anillo pilórico canceroso, 
las materias alimenticias depositadas en su ca- 
vidad. La considerable estrechez que con fre- 
cuencia resulta de la degeneración cancerosa, se 
convierte en tal caso en causa de la hipertrofia 
déla túnica muscular, produciéndose esta por 
un mecanismo enteramente semejante al que 
da lugar á la hipertrofia del corazón conse- 
cutiva á las estrecheces é insuficiencia de 
válvulas , y á la hipertrofia vesical en lossuge- 
tos atacados de estrechez de la uretra, ó de en- 
fermedades de la próstata. Basta que un obstá- 
culo permanente, cualquiera que sea su natu- 
raleza , exista en la salida de un reservorio, 
para que sobrevenga una hipertrofia de la tú- 
nica contráctil encargada de espulsar las mate- 
rias contenidas en su cavidad. La hipertrofia 
afecta con particularidad , ó al menos en un 
grado mas perceptible, la porción pilórica, por- 
que la membrana muscular goza en este punto 
de un esceso de actividad funcional. Louis se ha- 
lla poco dispuesto á admitir esta causa de la le- 
sión que nos ocupa. «Si estuviera probado, dice, 
que solamente existia la hipertrofia en los casos 
de cáncer con estrechez del piloro, podría fun- 
dadamente referirse á un obstáculo; pero la 
frecuencia de esta enfermedad, y la infrecuen- 
cia de la hipertrofia de que se trata , hacen al 
menos muy dudosa semejante opinión» (Mem. 
sur V hypert. de la memb. muq., pág. 130). 

«Existen algunos hechos de hipertrofia mus- 
cular del estómago sin otra lesión. Los indivi- 
duos, en cuyos cadáveres se ha comprobado 
esta alteración, presentaron durante su vida 
vómitos frecuentes; y se ha preguntado con es- 
te motivo, si la acción continua del agente con- 
tráctil del estómago no podia determinar á la 
larga el desarrollo del tejido muscular. Renato 
Prus responde afirmativamente, y desechando 
la opinión emitida por Magendie , dice que los 
músculos del estómago tienen una gran parte 
en la producción del vómito, y que la contrac- 
ción del diafragma y de los músculos abdomi- 
nales solo ejercen una acción secundaria y 
siaérgica : concluyendo por fin que «supuesto 
que el vómito y una quimificacion laboriosa 
exijen , de la fibra muscular del estómago, 
contracciones mas ó menos violentas , mas ó 
menos repetidas , no pueden menos de con- 
vertirse en causa local de cáncer gástrico 
que frecuentemente empieza bajo la forma de 
hipertrofia de la túnica muscular de este órga- 
no» (Recherchcs nouvell. sur la nalure. el le 
Iraitem. du cáncer de ¿' cslomac, pág. 112, en 



HIPERTROFIA DEL EST03ÍAGO. 



8.°; París, 1828). Chardel es casi de la misma 
opinión, puesto que pregunta si «no concluyen 
frecuentemente los vómitos espasmódieos por 
determinar en el estómago induraciones escir- 
rosas que se hubieran precavido , atacando con 
oportunidad la enfermedad en su primer perio- 
do» (Monog. des degencr. esquir., pág. 108, 
en 8.°; París, 1808). Concluiremos repitiendo 
que las induraciones y las hipertrofias de la tú- 
nica carnosa y del tejido celular dependen con 
frecuencia de la inflamación crónica de la mem- 
brana mucosa; pero que debe ponerse en du- 
da este origen cuando no existen vestigios de 
flegmasía , aunque algunos autores sostienen 
que puede esta haber desaparecido entera- 
mente. 

»AI mismo tiempo que se hipertrofian las 
membranas ,' puede estrecharse la viscera, y 
llegar su contracción á tal punto, que sea igual 
su capacidad á la del intestino grueso ; pero lo 
mas frecuente es que el estómago se dilate ó 
conserve su capacidad natural. Algunas veces 
es, como queda dicho, muy considerable la di- 
latación. Es visto pues que la dilatación del es- 
tómago está sujeta á las leyes ordinarias de las 
alteraciones de este género : con efecto encon- 
tramos, en los casos de cáncer del píloro, como 
en los de estrechecesde las válvulasdelcorazon, 
que unas veces están las fibras carnosas hiper- 
trofiadas , y las paredes mas gruesas , y otras 
se hallan estas mas delgadas que en el estado 
ordinario. 

»EI tejido celular hipertrofiado y endureci- 
do se transforma algunas veces en cartílago: 
esta alteración es menos frecuente en el tejido 
submucoso que en el colocado debajo de la 
membrana serosa. 

»En un caso muy interesante, citado por 
Webster , un cuerpo cartilaginoso del volumen 
del tapón de una botella, y que contenia en su 
sustancia un gran número de fracmentos hue- 
sosos , adhería fuertemente por una de sus 
estremidades á las túnicas del estómago cerca 
del píloro, penetrando por la otra en esta aber- 
tura en términos de impedir el paso del quimo 
al duodeno (Arcliiv. gen. de med., torno XVIII, 
pág. 05; 1828). Este tumor era independiente 
de las túnicas ; las cuales forman á veces un 
relieve bastante considerable [tara simular una 
tumefacción análoga.» (Compendium de med. 
prat. , tomo III , pág. 532 y siguientes.) 

ARTICULO IV. 

Concreciones del estómago. 

»No es compatible con el objeto de nuestra 
obra referir detalladamente losnumerosos ejem- 
plos de concreciones citados en las obras de los 
autores antiguos, y en las colecciones perió- 
dicas. Estos hechos son mas curiosos que úti- 
les , y no tienen una relación tan íntima con la 
terapéutica , que merezcan ocuparnos mucho 
tiempo. La mayor parte de concreciones halla- 



das en el estómago provienen de las vias bilia- 
rias , de donde son conducidas , por el movi- 
miento antiperistáltico , al estómago; ó se for- 
man en los intestinos , y luego ascienden has- 
ta el ventrículo , que las espele por el vómito. 
Otros cuerpos, que se encuentran igualmente 
en el estómago, vienen del esterior; unas ve- 
ces son sustancias alimenticias refractarias á la 
digestión estomacal, y otras cuerpos no alimen- 
ticios, introducidos voluntariamente ó de inten- 
to , como sucede á los jugadores de manos que 
tragan toda especie de sustancias. Hablaremos 
solamente délas concreciones estomacales for- 
madas en el interior del organismo ; las demás 
son verdaderos cuerpos estraños (Cor pora cs- 
tranea in ventrículo). 

»Las concreciones estomacales tienen con 
mas frecuencia por base los cálculos biliarios, des- 
arrollados en la vejiga de la hiél ó en el hígado. 
Hállanse en las obras numerosas observaciones, 
eti las que refieren los autores haber encontra- 
do gran número de piedrecitas, que creyeron 
formadas por la bilis; y es) sin contar los mu- 
chos casos de que solo nos han quedado indica- 
ciones muy incompletas. Lieutaud cita la histo- 
ria de un hombre de 50 años , atormentado de 
cardialgía, de vómitos pertinaces, y de accesos 
de cólico nefrítico, en cuyo estómago se en- 
contró un considerable número de piedrecitas 
blancas , entre las cuales había una que pesa- 
ba dos onzas y media. Hállase este hecho 
acompañado de otros no menos notables , to- 
mados por Lieutaud de diferentes obras. Se ha 
encontrado en un hombre, atormentado largo 
tiempo de crueles dolores gástricos , una pie- 
dra muy dura , desigual, ovalada , de un color 
pardo subido , que pesaba cerca de cuatro on- 
zas (Garner). En un viejo de 82 años se halló 
una concreción del volumen de una avellana, 
que ocupaba el fondo del ventrículo. En otro 
caso citado por Bilger contenia el estómago 
mas de treinta concreciones de diferente gro- 
sor, y adheridas íntimamente al fondo del 
órgano: el hígado presentaba numerosos hí- 
dátides. En una mujer molestada de dolores 
vivos de estómago , se hallaron nueve piedras 
envueltas en un moco espeso (Crassissinue pi- 
tuita inmersos) que pesaban cuatro onzas , y 
que eran la mas voluminosa de forma triangu- 
lar , y las otras redondas ú ovales [E miscclla- 
ncis curiosis). Bonet habla de una mujer en 
cuyo estómago había una piedra casi igual á un 
huevo de gallina (Sepulchrttum anal). Borelli 
refiere el interesante caso de uu enfermo , que 
padeció violentos dolores de estómago, y en el 
cual contenía esta viscera una piedra del grosor 
de un huevo. La descripción exacta de estas 
concreciones , y en particular el análisis quí- 
mica , son las únicas que podrían darnos á co- 
nocer su naturaleza y su origen. Algunos he- 
chos mas recientes prueban que las concrecio- 
nes están formadas de cálculos biliarios, solos 
ó dispuestos á manera do núcleo de una sus- 
tancia que participa á la vez , de la naturaleza 



10 



CONCRECIONES DEL ESTOMAGO- 



de los cálenlos biliarios (colesterina) , y de los 
cálculosintestinales (fosfato de cal, de magnesia, 
amoniaco magnesiano) ; si la concreción proce- 
de del intestino, se halla compuesta enteramen- 
te de las últimas sales , á las que sirve ó no de 
parte central un cuerpo estraño. 

»Los síntomas mas frecuentemente referi- 
dos por los autores son los dolores sumamente 
vivos del estómago , la cardialgía , los vómitos 
y otras alteraciones de la digestión (náuseas, 
anorexia, dispepsia , etc.) El dolor interno, y 
con frecuencia insufrible, que aparece en el es- 
tómago , y persiste hasta la muerte , es el sín- 
toma mas constante según todos los observa- 
dores. 

«Débense referir á esta especie de concre- 
ciones otras varias , que parecen formadas de 
sustancias de diferente naturaleza, aunque des- 
conocida todavía. Uno de nosotros tuvo ocasión 
de observar, en la clínica de Andral , á una jo- 
ven de 25 años , que habiendo presentado los 
síntomas de una fiebre tifoidea (debilidad, cefa- 
lalgia, vértigos, epistaxis , diarrea) , se curó 
rápidamente después de haber arrojado, por el 
vómito provocado con el emético, una materia 
blanquecina, cilindrica , del grosor del dedo, y 
semejante á un trozo de empanada, análoga por 
su olor y aspecto al queso rancio : decía la en- 
ferma no haber tomado leche hacía mucho tiem- 
po. Después hemos sido testigos de otro hecho 
análogo; pero fueron diferentes los síntomas, y 
consistieron sobre todo en alteraciones de la 
de la digestión (náuseas , vómitos , sed viva). 
En ninguno de estos casos se practicó el análi- 
sis química de la sustancia vomitada , de ma- 
nera que es difícil saber con exactitud cuál era 
la naturaleza de estas concreciones. Por lo de- 
mas no pueden aceptarse sin mucha reserva va- 
rios hechos estraordinarios, referidos por los au- 
tores, que han sido á veces engañados por sus 
enfermos. Sin hablar de los fetos, ranas, sapos, 
culebras, arrojados por el vómito, cuántas de 
las pretendidas concreciones estomacales se ha- 
brán formado en diverso laboratorio ! Ninguno 
de los dos hechos que hemos citado , observa- 
dos por nosotros, nos merece entero crédito, 
porque han podido muy bien engañarnos los 
enfermos. 

ARTICULO V. 

Dilatación del estómago. 

«Causas. — Esta lesión puede existir con ó 
sin enfermedad del estómago. El caso mas fre- 
cuente es el en que se nota al mismo tiempo 
una induración escirrosa del píloro y las mem- 
branas inmediatas. Los autores refieren nume- 
rosas observaciones de esta especie. La causa 
de esta dilatación es enteramente mecánica; 
dificulta el paso de las sustancias alimenticias 
y de las bebidas, que se acumulan en la cavi- 
dad de la viscera y la distienden en términos, 
que son arrojadas por el vómito ó atraviesan el 



píloro. Diariamente se renueva la misma causa, 
produciendo iguales efectos, y muy luego so 
aumenta también la dilatación por efecto de la 
disminución gradual de la contractilidad del es- 
tómago. En este caso sobreviene una distensión 
mecánica, enteramente análoga á la que ob- 
servamos en la vejiga , en la vejiga de la 
hiél y en todos los reservónos, cuando por 
cualquier causa existe una estrechez en el tra- 
yecto de los conductos que deben recorrer las 
sustancias contenidas en su cavidad. Empero 
¿está probado que la degeneración escirrosa 
determine la dilatación del estómago solamen- 
te por el obstáculo mecánico que opone al pa- 
so de las sustancias alimenticias? Muchos auto- 
res juzgan que sí , pero no Merat, quien opina 
que la dilatación del estómago depende de que 
la abertura pilóríca ha perdido su acción, y no 
de que se encuentre estrechada. Se apoya en 
algunos hechos, que manifiestan que el orificio 
enfermo se halla mas bien dilatado que contraí- 
do ; en cuyo caso debemos confesar que no pue- 
de producirse la dilatación gástrica por el me- 
canismo que hemos indicado. Merát compara 
el píloro al esófago y al ciego, que conducen, 
por una contracción activa , las sustancias que 
les son confiadas hasta la cavidad que los sigue. 
«Sabido es, dice, que los líquidos pueden as- 
cender contra su propio peso por la acción de 
las partes , como cuando se bebe de abajo ar- 
riba, y asi lo prueba el paso de las materias es- 
tercorales á algunas rejiones de los intestinos, 
como por ejemplo del ciego al colon transverso; 
pues bien, no es menos indispensable la misma 
acción para el paso de los líquidos y de los só- 
lidos de arriba abajo.... El píloro se halla en el 
propio caso : necesita obrar activamente para 
que pasen las materias alimenticias del estóma- 
go al duodeno, y cuando no lo verifica, se acu- 
mulan los alimentos en el ventrículo, de don- 
de son arrojados por el vómito.» (Jour. gener. 
de med. chir. el pharm. , t. LXV1II , pá- 
gina 35. ) 

»Duplay , que ha publicado sobre la dilata- 
ción morbosa del estómago un escelente escri- 
to que citaremos á menudo, opina que no pue- 
de compararse el píloro , que es un simple ani- 
llo muscular, una especie de esfínter, al esófa- 
go y al ciego. « La acción del píloro y sus con- 
tracciones , dice con razón , lejos de precipitar 
el paso al duodeno, le retardan, á fin deque los 
alimentos puedan permanecer en el estómago 
el tiempo necesario para la perfecta quimifica- 
cion.» (Arch. gen. de med., t. III , pág. 173; 
1833.) Atribuye la causa de la dilatación del 
estómago, cuando el orificio pilórico se halla 
escirroso, pero sin estrechez , auna altera- 
ción simultánea de las paredes gástricas inme- 
diatas al cáncer.» En efecto, vernos que no 
siempre se limita la degeneración al anillo piló- 
rico, sino que se continúa en las membranas de 
modo , que unas veces ocupa un tercio, otras 
la mitad del órgano. Hállase en estos casos sin- 
1 gularmente entorpecida la contracción rnuscu- 



DILATACIÓN DEL ESTOMAGO. 



11 



lar por la alteración de las membranas, la cual 
consiste á veces en un reblandecimiento ó en 
una destrucción completa de la túnica mucosa, 
como en un caso que reíiereAndral, en el que 
estaban las fibras musculares destruidas en una 
estension de cuatro dedos, y el tejido celular 
cinco ó seis veces mas grueso que en el estado 
normal.» Esta lesión había llamado la atención 
de Andral , quien atribuyó á la falta de con- 
tracción muscular el acumulo de los alimentos 
en la cavidad del estómago (Clin, med., t. II, 
pág. 117). En otro caso , referido igualmente 
por Andral , no fué esta lesión la que debió 
oponerse a la contracción del estómago , sino 
mas bien un considerable adelgazamiento de 
la túnica muscular (06. cit. , pág. 122 ). De es- 
te modo, cualquiera que sea la lesión que afec- 
te al estómago (adherencia morbosa que difi- 
culte la contracción muscular , destrucción ó 
atrofia de la misma túnica ) , desde el instante 
en que impida que la membrana contráctil em- 
puje al través del píloro las sustancias conteni- 
das en su cavidad , han de acumularse los ali- 
mentos y ocasionar la dilatación del estómago. 
«Hé aqui sin duda , dice üuplay, el motivo 
de que en ciertas ocasiones , conservando el 
píloro , aunque escirroso, sus dimensiones na- 
turales , y aun adquiriéndolas mas considera- 
bles , se observe , sin embargo , el acumulo de 
los alimentos en el ventrículo. » ( Duplay, 
mem. cit. , pág. 175. ) 

«La causa de la dilatación del estómago 
puede consistir en un reblandecimiento , en un 
adelgazamiento de sus túnicas , como en el he- 
cho que refiere Mauchart. Las paredes eran tan 
delgadas, que solo tenían el grueso de una ho- 
ja de papel; el estómago , enormemente dila- 
tado , podia contener doce libras de líquido. 
(Miscelan. Acad. natur. curios. , dec. 3 y i, 
pág. 142 ; 16!)G. ) En el caso observado por 
Duplay en el hospital Cochin , habia llegado á 
perforarse esta viscera. 

»Puede también suceder que el estómago 
se ensanche á consecuencia de una verdadera 
hipertrofia de una ó de las tres membranas á 
la vez. lleynaud cita un caso en que la hiper- 
trofia afectaba en particular la túnica carnosa. 
El estómago tenia veintisiete pulgadas en el 
sentido de su gran corvadura, del cardias al pí- 
loro seis pulgadas, y siete del cardias á la gran 
corvadura en la dirección vertical (Journ. hcbd., 
junio, 1830). 

»Casos hay de dilatación en los que no se 
encuentra lesión alguna de las membranas que 
pueda esplicarla ; no pocas veces depende de 
adherencias de la cara esterna del estómago con 
las partes vecinas, como el hígado, la pared 
abdominal, el diafragma. Fácilmente se con- 
cibe que manteniendo estas adherencias el ven- 
trículo en un estado permanente de dilatación, 
deben dificultar la contracción muscular, é im- 
pedir que el estómago arroje las materias con- 
tenidas en su cavidad, concluyendo á fuerza de 
tiempo por determinar la dilatación. ¿Puede la 



estrechez de una parte mayor ó menor del in- 
testino obrar á la manera de una induración 
escirrosa ? Tal vez sí , aunque en casos muy 
raros. Puédese atribuir á una causa de este gé- 
nero la dilatación del estómago, que halló Lieu- 
taud en el cadáver de un enfermo de edad de 
sesenta y cinco años, cuyo conducto intestinal 
ofrecía una estrechez muy graduada. El píloro 
y las paredes del estómago no presentaban al- 
teración alguna. (Relalion d' une maladic rnre 
de V estom. , etc. , por Lieutaud , en las Me- 
moir. de l' Acad. des se. , página 223 , año 
1752. ) La dilatación se verifica por lo común 
en el reservorio situado inmediatamente por 
encima del obstáculo. Los tumores del hígado, 
del epiploon , del mesenterio, y las masas can- 
cerosas situadas en estos órganos, producen los 
mismos efectos y obran de una manera me- 
cánica. 

»La dilatación del estómago puede también 
depender de la costumbre que tienen algunos 
individuos de sobrecargar dicha viscera con 
vina enorme cantidad de alimentos. Gran nú- 
mero de polífagos presentan esta disposición; la 
cual existia en aquel presidario de Brest, cuyo 
estómago contenia toda especie de cuerpos es- 
traños. Percy y Laurent refieren muchas ob- 
servaciones análogas: Tararo, célebre por su 
voracidad, tenia un estómago que llenaba casi 
todo el abdomen. Un húsar húngaro , que po- 
dia beber en una hora hasta ciento veinte cuar- 
tillos de vino , presentaba un estómago de una 
estension considerable. La ingestión habitual 
de una gran cantidad de bebidas ó de alimen- 
tos tiende á dilatar el estómago y á darle una 
amplitud diez veces mayor que la ordinaria. 
Percy y Laurent dicen haber conservado uno 
de estos órganos dilatado , que podia contener 
hasta setenta y dos libras de líquido.» El indivi- 
duo á quien pertenecía era un dragón, gran co- 
medor , que habia sido pasado por las armas 
por delito de deserción. Antes de salir al patí- 
bulo se le presentó comida y bebida hasta la 
saciedad, y abierto su cuerpo, todavía calien- 
te , encontramos que su inmenso estómago ha- 
bia , por decirlo asi, invadido todo el abdo- 
men.» (Journ. complem. des se. med., t. I: 
véase también Portal , Anat. med., y una ob- 
servación de dilatación morbosa del estómago, 
por Pezerat de Charolles , en el Journ. com- 
plem. des se. med. , t. XXXV , pág. 162.) 

«Muchos autores han considerado la flegma- 
sía crónica del estómago como causa de la di- 
latación ; pero no puede admitirse esta opinión 
á no ser en aquellos casos en que existen le- 
siones, que deben atribuirse á una flogosis , y 
que se han manifestado durante la vida por los 
signos ordinarios de la gastritis. Billard dice 
que en rigor no puede mirarse la distensión 
de los intestinos como un signo de flegmasía 
(ob. cit. , pág. 340). 

»La secreción habitual de gases en el estó- 
mago de los individuos nerviosos ó atacados de 
gastralgia ó de neurosis intestinales es también 



12 



DILATACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



una causa de dilatación, de timpanitis estoma- 
cal, ele. Frecuentemente es poco considerable 
la dilatación determinada por una causa de 
esta especie, y desaparece con la enfermedad 
nerviosa , de la cual es sintomática. 

»Bajo el nombre de hydrops ventriculi, de 
hidropesía del estómago, de hidrogaslria desig- 
naban los autores antiguos una dilatación con- 
siderable del estómago, conteniendo su cavi- 
dad gran cantidad de líquido. Duplay , que lia 
recojitlo los hechos mas curiosos consignados 
en las obras , cita la observación de Jodon, re- 
producida por Riverio {Op. univ. mcd.), por 
Blancard ( Op. med. theor. pract. el chir. , ca- 
pítulo VII, pág. 138 ) , Bonet ( Sep.; hydrops 
ventriculi) , y Lieutaud (Hist. anal, morb., 
t. X , obs. 20 , pág. 8 ). Es notable sobre todo 
porque dependía la dilatación de la presencia 
de quistes desarrollados en la superficie inter- 
na del ventrículo, y derramados en su cavidad; 
uno de ellos obliteraba el píloro , y pudo con- 
tribuir á la dilatación de la viscera. Refiere 
Lieutaud bajo el nombre de ventriculus íngens, 
un caso de hidropesía, cuya historia se vé 
en las Mein, de l' Acad. des se. , y otros 
con él de simples dilataciones (ílist. anat. cit., 
pág. 9 ). Andral ha tenido ocasión de observar 
un caso de hidropesía del estómago, en que este 
órgano tocaba por su gran corvadura al pubis; y 
sus paredes , muy delgadas , permitían ver al 
través de su tejido transparente el líquido que 
llenaba su enorme cavidad. El nombre de hi- 
dropesía dado á esta alteración es impropio bajo 
todos aspectos, y debe desterrarse de las obras 
de patología. Por el mismo motivo que no son hi- 
dropesías la dilatación de la vejiga por la orina y 
de la vesícula de la hiél por la bilis, tampoco de- 
be darse este nombre al acumulo de bebidas y 
alimentos, mezclados con líquidos segregados en 
el estómago. No hay duda que la membrana 
mucosa puede suministrar una gran cantidad de 
líquido, cuya presencia concurra á la dilatación 
del estómago , pero no es ciertamente la causa 
principal de la dilatación; y aun suponiendo que 
fuese la única, no por eso resoltaria mas exacto 
el nombre de hidropesía; supuesto que nos ser- 
vimos generalmente de esta palabra para desig- 
nar el derrame y acumulo de un líquido segre- 
gado en el mismo sitio en que se encuentra; 
y que las sustancias contenidas en el estómago 
proceden en su mayor parte del esterior. 

»Es visto pues que las causas productoras 
de la dilatación del estómago son muy diferen- 
tes : unas consisten en lesiones orgánicas ( in- 
duración , cáncer ) ; otras en un obstáculo pu- 
ramente mecánico (tumores) ; varias en una 
lesión de las membranas , que desempeñan 
imperfectamente su función (atrofia, reblande- 
cimiento, induración, adherencias de las mem- 
branas) ; hay en fin una dilatación, cuya cau- 
sa se oculta al escalpelo del anatómico, y de la 
cual nos vamos á ocupar. Aseméjase exacta- 
mente á la parálisis de algunas visceras, como 
la vejiga, los esfínteres, etc. Lieutaud dice, 



hablando de la hidropesía del estómago que he- 
mos citado , «que la pérdida del movimiento, 
y aun tal vez de las sensaciones del estómago, 
enfermedad muy semejante á la que se obser- 
va algunas veces en la vejiga de los ancianos, 
parece ser el oríjen de esta alteración.» Chaus- 
sier compara la dilatación del ventrículo á la 
laxitud del escroto de algunos individuos. En 
vista de todo nos inclinamos á creer que hay 
una parálisis del estómago enteramente análo- 
ga á la que afecta la vejiga de los viejos , y que 
constituye la verdadera causa de esas dilatacio- 
nes, en que no se encuentra lesión alguna de las 
túnicas ni de las visceras circunvecinas. 

«Dilatado el estómago por una de las causas 
precedentes, se manifiesta bajo la forma de una 
especie de bolsa con frecuencia enorme , que 
cubre todos los intestinos , dejando solo des- 
cubiertas algunas circunvoluciones, y que des- 
ciende á veces hasta el pubis y aun hasta la pe- 
queña pelvis. En ciertos casos se verifica la di- 
latación en el fondo del estómago; en otros es 
igual en todas sus partes, de manera que no es- 
tá alterada su configuración general ; otras ve- 
ces son mas pronunciadas la grande y pequeña 
corvadura. La descripción que dá Duplay de 
una dilatación estomacal que tuvo ocasión de 
observar, ofrece en resumen las principales al- 
teraciones que se encuentran en los casos de 
esta especie. La gran corvadura , medida de 
uno á otro orificio , presentaba una estensiou 
de treinta pulgadas ; la pequeña tenia cinco, 
era muy manifiesta , y los dos orificios, bas- 
tante aproximados uno á otro , estaban al mis- 
mo nivel. Desde la parte media de la pequeña 
corvadura hasta la mitad de la grande, ofrecía 
la cara anterior , medida verticalmente , siete 
pulgadas de altura. Duplay describe detenida- 
mente en su curiosa observación la disposición 
del estómago, cuyo fondo caido hacia abajo de- 
bía favorecer el acumulo de las sustancias in- 
jeridas. 

»De este modo desciende el estómago pau- 
latinamente al abdomen, desalojando los intes- 
tinos , delante de los cuales se coloca; el colon 
transverso sigue el borde inferior del estómago 
ocupando con él la pequeña pelvis; el colon as- 
cendente y la S iliaca quedan cubiertas por el 
estómago, detras del cual solo se distinguen al- 
gunas circunvoluciones intestinales. 

» Puede el estómago tener cinco ó seis veces 
su volumen ordinario (Lieutaud, ob. cit., ob- 
servación 21): se le lia visto contener 90 li- 
bras de líquido (observ. cit. de Jodon); cambia 
también de relaciones y comprime el diafrag- 
ma ( Lieutaud , obs. 23 ) y las visceras inme- 
diatas. 

«Síntomas. —Los síntomas de la enferme- 
medad que nos ocupa, ó bien pertenecen á la 
lesión que ocasiona la dilatación , ó bien á esta 
última. En el número de los síntomas de la pri- 
mera especie debemos colocar todos los signos 
del cáncer del píloro ó de las paredes del estó- 
mago , de la gastritis crónica, de los tumores 



DILATACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



13 



desarrollados cerca del órgano, etc. Nunca se 
debe despreciar la indagación de estos síntomas, 
porque la dilatación suele ser únicamente un 
efecto de otras enfermedades del estómago; 
pero en seguida conviene dedicarse á la inves- 
tigación de los signos propios de la enfermedad 
que nos ocupa. 

»Imprimiendo al abdomen del enfermo un 
movimiento repentino de traqueteo, se produce 
un ruido particular, semejante al que se ob- 
tiene en una botella llena de aire y de líquido. 
Aplicando el oído sobre la región epigástrica al 
mismo tiempo que se porcute al enfermo , po- 
drá distinguirse mejor el gorgoteo. Duplay 
aconseja con razón este modo de exploración. 
Algunas veces, contrayendo el mismo enfermo 
los músculos del vientre , determina este ruido 
anormal , del que tiene conocimiento. Sin em- 
bargo, prevenimos al lector que estos signos se 
hallan distantes de ser fíeles , supuesto que los 
observamos en personas sanas, que acaban de 
injerir en su estómago sustancias alimenticias 
y bebidas. Son mas notables, asi como los sín- 
tomas de que nos falta hablar , cuando el en- 
fermo ha bebido gran cantidad de agua sin ha- 
ber vomitado todavía. La esploracion del abdo- 
men debe practicarse en estas dos circunstan- 
cias , porque pueden faltar enteramente los 
síntomas , ó ser muy pronunciados según los 
casos. 

»La percusión del epigastrio dá un sonido 
claro en la parte mas elevada del estómago, y 
á medida que se desciende, mas oscuro, porque 
los líquidos ocupan la parte mas declive, y el 
gas la superior. 

»La posición del enfermo influye mucho en 
este signo ; porque el sonido á macizo de la 
parte inferior del abdomen , aumentado por la 
posición vertical, adquiere mayor estension, y 
parece propagarse al epigastrio á medida que el 
enfermo se acuesta horizontalmente.» (Duplay, 
ob. cit.). La palpación descubre un tumor que 
es muy difícil circunscribir, y que se oculta 
cuando el enfermo cambia de situación. 

»EI vómito , que suele presentarse en la 
dilatación del píloro ó de las membranas gás- 
tricas , puede igualmente depender de la di- 
latación morbosa del estómago. Frecuente 
al principio, es mas raro y difícil á medida 
que el ventrículo se ensancha , y disminuye la 
contractilidad. En algunos individuos es el vó- 
mito mas fácil, y se verifica por regurgitación; 
la sensación de peso que esperimentan , y de 
la que procuran librarse provocando el vómi- 
to, cesa en efecto después de este acto. En 
cuanto á la naturaleza de las materias vo- 
mitadas , es sumamente variable ; unas ve- 
ces las constituyen los alimentos y las bebi- 
das injeridas ; otras las materias negras del 
cáncer, etc. Cuando son muy abundantes, y 
esceden las cantidades de líquido que un es- 
tómago ordinario puede contener , hay razón 
para creer que existe dilatación morbosa de 
las visceras. No es el vómito un fenómeno 



constante , y el estado de la lengua varía es- 
traordinariamente. Las evacuaciones, raras, 
como hemos dicho , al principio y por es- 
pacio de algún tiempo , se hacen repentina- 
mente muy copiosas, cuando las materias con- 
tenidas en el estómag* consiguen superar el 
orificio pilórico. Estos rompimientos , como los 
llama un autor moderno , constituyen un fe- 
nómeno comparable á los vómitos enormes que 
se observan algunas veces. Llegan á entorpe- 
cerse la circulación y la respiración , cuando 
se ejecutan con dificultad los movimientos del 
diafragma y del tórax, á causa de la acción que 
ejerce- sobre ellos el estómago distendido. 

»Lo que mas importa indagar en el estudio 
de los síntomas , es la causa de la dilatación; 
porque, si alguna vez es posible aliviar , ya que 
no obtener la curación , jamas puede hacerse 
sino atacando la causa misma de la enfermedad. 
Se hará lo posible á fin de reconocer si esta 
resulta de un cáncer , de una gastritis crónica, 
de un tumor situado en el abdomen , de una 
atonía de las membranas , de la injestion in- 
moderada de sustancias alimenticias y de be- 
bidas , de la continua secreción de gas , etc. 

«Curso.— Duración. — La dilatación del 
estómago se verifica en un tiempo, que varía 
según las causas que la determinan. Un obstá- 
culo considerable en el píloro la producirá con 
mas rapidez que una parálisis simple de la tú- 
nica muscular, ó el hábito de introducir en 
el estómago gran cantidad de bebidas y de 
alimentos. Creemos que Duplay ha compren- 
dido bien el modo , según el cual sobreviene 
la dilatación. Al principio es incompleto el 
acumulo de las sustancias , porque son arroja- 
das con mas facilidad por el vómito , ó pasan 
al través del píloro ; después permanecen en 
la parte mas declive , que al fin se llega á di- 
latar. El borde cólico se distiende en este caso 
y se deprime continuamente; la oblicuidad del 
estómago desaparece ; sus dos orificios se 
aproximan, y se colocan al mismo nivel, mien- 
tras que el fjndo se deprime cada dia mas ; el 
vómito no es tan frecuente , á causa de que se 
relajan las membranas y disminuye la necesi- 
dad de vomitar. A medida que aumenta la di- 
latación , se acumulan los líquidos cada vez 
mas en el fondo del estómago, le dilatan y per- 
manecen en él bastante tiempo ; porque ha- 
biéndose perdido, principalmente en este pun- 
to , la facultad de impeler los alimentos y las 
bebidas, nunca llega el vómito á espulsar en to- 
talidad estas sustancias. 

«Diagnóstico. — Pueden cometerse en los 
casos de dilatación del estómago errores gra- 
ves de diagnóstico. Chaussier refiere , que en 
un enfermo en quien existia esta dilatación 
complicada con un escirro del píloro, se diag- 
nosticó una hidropesía , y un sugeto estrafío°á 
la medicina practicó una punción con el tro- 
car : salieron por la cánula gases y algunas li- 
bras de líquido mucoso, de color moreno; á cu- 
ya evacuación sucedió primero el alivio del en- 



n 



DILATACIÓN DEL ESTOMAGO. 



fermo, luego su agravación, y su muerte ocur- 
rida la noche inmediata, presentando el cadá- 
ver un derrame de serosidad en el bajo vientre. 
El estómago, horadado por el instrumento, te- 
nia un volumen considerable, y descendía hasta 
la pelvis. (Eslr. du Mem. de M. Duplay. — 
Chaussier, Mein, ou Essai sur les fonclions du 
grand epiploon en las Mem. de í Acad. de Di- 
jon, 1774.) Morgagni indica esta causa de error, 
c intenta dar reglas para evitarla (cpisl. 39). 
Valsalva reconoció durante la vida del enfermo 
una dilatación del estómago, que simulaba una 
ascitis. A pocos datos que se tengan acerca del 
desarrollo de la enfermedad, es imposible co- 
meter semejante error. En efecto, en la ascitis 
ocupa el líquido primero las partes mas decli- 
ves , y solo después de mucho tiempo llega 
cerca de la rejion epigástrica ; y al contrario en 
el caso de dilatación del estómago , la tume- 
facción procede de arriba abajo. Aun cuando 
no se haya observado al enfermo desde el prin- 
cipio , hay otros signos que nos dan á conocer 
la dilatación : en efecto , el tumor del vientre 
disminuye ó desaparece enteramente después 
del vómito ó de abundantes evacuaciones alvi- 
nas , y se aumenta á consecuencia de la injes- 
tion de bebidas ó de alimentos. Dando al en- 
fermo diferentes posiciones se conocerá por la 
percusión si el líquido está encerrado en el es- 
tómago, ó derramado en la cavidad del perito- 
neo ; por otra parte , la existencia de una de 
las afecciones , que producen la dilatación del 
estómago, asi como las circunstancias conme- 
morativas, pueden ilustrar el diagnóstico. 

»La hidropesía enquistada del ovario se 
desarrolla en un punto diferente del que ocupa 
el estómago dilatado; y entonces la percusión 
es un medio de diagnóstico , que disipa todas 
las dudas sobre el sitio y naturaleza de la afec- 
ción. Mas difícil será distinguir de la dilata- 
ción un quiste volumiuoso situado en el epiploon 
ó en el mesenterio, que formase prominen- 
cia en el epigastrio ; pero el hecho solo de que 
el tumor no disminuiría después del vómito, y 
la ausencia de los demás signos bastarían para 
fundar el diagnóstico. Se ha confundido algunas 
veces la dilatación gástrica con la gestación; 
pero se distinguen estos dos estados por un nú- 
mero harto crecido de signos diferenciales, para 
que nos detengamos sobre este punto de diag- 
nóstico. 

«Tratamiento. — El tratamiento debe ser 
el que reclame la lesión que ha determinado 
la dilatación gástrica. En este momento solo 
debemos hablar del tratamiento de la dilata- 
ción sin enfermedad apreciable de las túnicas 
del estómago. Cuando hay motivos para creer 
que depende de la debilidad del aparato lo- 
co-motor , se prescriben los tónicos , tales 
como la quina, los ferrujinosos , las bebidas 
vinosas y los purgantes, que gozan, entre otras 
propiedades, la de escitar la contracción de las 
membranas musculares. Duplay cree que po- 
dría emplearse , en casos de esta especie , la 



estricnina , ya interiormente , ó ya por el mé- 
todo endérmico. ¿Hasta qué punto , dice, será 
útil una compresión metódica del abdomen, 
que sostenga todas las visceras , y de consi- 
guiente se oponga á la dilatación del estóma- 
go? En los polífagos, en los grandes comedo- 
res , una dieta moderada y sostenida largo 
tiempo, podría por sí sola impedirla dilatación. 
Los revulsivos enérjícos colocados en el epi- 
gastrio, los cauterios, los moxas , tan elo- 
jiados por algunos autores , solo son útiles 
cuando obran sobre la lesión principal , que 
produce consecutivamente la dilatación gástri- 
ca.» (Monneret y Fleuri, compendium de med. 
prat., t. III , p. 527 y sig.) 

artículo vi. 

Estrechez del estómago. 

»Hay algunas causas susceptibles de pro- 
ducir estrechez, que obran según leyes casi fi- 
siolójicas; tal sucede en las estrecheces forma- 
das en individuos sometidos por largo tiempo á 
una dieta severa, ó á una abstinencia prolon- 
gada : en otros casos son causas de esta enfer- 
medad las inflamaciones crónicas del estómago 
y el cáncer de este órgano. Cruveilhíer dice que 
en el cáncer areolar gelatiniforme, se estrecha 
el estómago á consecuencia de la degeneración 
que invade toda su superficie interna conserva 
el órgano su forma general ; la disminución de 
sus diámetros suele ser tan considerable , que 
á veces no tiene mayor capacidad que el in- 
testino delgado (Anatomía patolójica, libro X, 
página 2). En algunos enfermos afectados de 
gastralgia , se encuentra el estómago suma- 
mente contraído , y presenta las dimensiones 
del intestino grueso ; los dolores habituales y 
el esceso de sensibilidad que constituyen uno 
de los caracteres de la neurosis gástrica , es- 
plican bastante bien la contracción de sus tú- 
nicas. 

»Hay otra causa que no reside en el estó- 
mago, y es la compresión que sobre esta vis- 
cera ejerce un derrame seroso de la cavidad 
peritoneal ; la ingurjitacion é hipertrofia de las 
visceras inmediatas, y según algunos autores, 
la constricción que en las mujeres produce el 
corsé, y la presión continua que sufre la rejion 
epigástrica en los que escriben mucho ; en fin, 
Portal afirma haber visto á muchas personas, 
cuyo estómago é intestinos se habían estrechado 
á consecuencia del abuso del magnetismo (Anat. 
med., t. V, p. 179). Por nuestra parte no ha- 
remos mas que mencionar estas causas , que 
algunos médicos han asignado á la estrechez. 
Pudiéramos presentar una historia de esta le- 
sión enteramente nueva , refiriéndonos á los 
datos que suministra el estudio de la dilatación 
gástrica ; pero nos parece preferible esperar á 
que posea la ciencia suficientes hechos para 
fundar en ellos su descripción.» [Compendium, 
t. lll,p. 53Ü.) 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



15 



ARTÍCULO Vil. 
Cáncer del estómago. 

«Nombre v Etimolojia. — Cáncer del es- 
tómago, escirro del estómago. — ritA**?* sníf^os 
de los griegos.— Gasterosclesia , gasterosclero- 
ma , seleriasis ventriculi , collus ventriculi, 
gastritis de los latinos. — Cáncer de l'estomac, 
squirre de l'eslomac de los franceses. 

«Definición. — Ya hemos señalado en nues- 
tro artículo Cáncer en general (t. Vil) las di- 
ficultades que se esperimentan cuando se trata 
de definir el cáncer ; no basta, en efecto, para 
caracterizar esta enfermedad, decir que cons- 
siste en el desarrollo de tejidos escirrosos y en- 
cefalóideos, porque las indagaciones modernas 
prueban, que muchas dejeneraciones que se han 
creído cancerosas , han resultado luego de una 
naturaleza enteramente diversa. Pero estas di- 
ficultades son mas grandes y en mayor núme- 
ro , cuando tratamos de definir el cáncer del 
estómago. Bajo esta denominación se han con- 
fundido, no solo varias lesiones de naturaleza 
verdaderamente cancerosa, sino enfermedades 
de distinta especie , como por ejemplo , algu- 
nas gastritis crónicas. Por otra parte , cada au- 
tor ha presentado una definición diferente de 
esta enfermedad. Unos, con Bayle y Laennec, 
consideran la presencia de una masa escirrosa ó 
encefalóidea como necesaria para caracterizar 
el cáncer del estómago; para otros , basta al- 
guna de las lesiones producidas por la flegma- 
sía crónica de esta viscera. En vista de opinio- 
nes tan contradictorias, juzgamos preferible 
definir la enfermedad, por las lesiones y los 
síntomas. Designamos con el nombre de cán- 
cer del estómago , todas las alteraciones orgá- 
nicas , conocidas generalmente bajo el nombre 
de tejido escirroso y encefalóideo , que dan 
lagar á la mayor parte de los síntomas de la 
gastritis crónica, y que tienen de ordinario, 
después de un tiempo mas ó menos largo , una 
funesta terminación. Diremos, sin embargo, 
que gran parte de las lesiones llamadas cance- 
rosas, están muy distantes de ofrecer este ca- 
rácter ; pues muchas se hallan constituidas por 
el desarrollo de tejidos normales , ó por el de- 
pósito de materias segregadas en el seno del 
organismo. 

«Anatomía patolójica. — Daremos una des- 
cripción aislada de las alteraciones que los au- 
tores designan bajo el nombre de cáncer ; y 
después de seguirlas en cada uno de los tejidos 
que componen las paredes del estómago , es- 
tudiaremos los cambios de aspecto y de estruc- 
tura que presentan en los diversos periodos de 
su desarrollo , asi como las alteraciones de si- 
tuación , de forma y de relación del estómago 
con los órganos inmediatos. Todo esto y mas 
se necesita para dar una idea de las innumera- 
bles formas que presenta el cáncer del estó- 
mago. *.l 



^Alteraciones de la mucosa. — Esta mem- 
brana, aunque alterada con frecuencia en el 
cáncer, está muy distante de participar de la 
lesión tan constantemente como opinan algu- 
nos autores. Sin embargo , no debemos siem- 
pre inferir que no ha estado interesada la mem- 
brana interna en cierta época del desarrollo 
de la enfermedad , porque no se encuentre ac- 
tualmente alterada. Andral establece , que en 
algunas gastritis crónicas, empieza la afección 
por la membrana mucosa, aunque luego se li- 
mite á los tejidos subyacentes (Clínica mé- 
dica t. II, pág. 35; 1834). Lo mismo sucede 
en algunos casos de cáncer del estómago; pero 
cuando se ha desarrollado la materia escirrosa 
ó encefalóidea , no pueden desaparecer estos 
tejidos morbosos, á no ser por reblandecimien- 
to. La resolución es un modo de terminación, 
que han puesto en duda el mayor número de 
autores. 

«Considerada la membrana interna bajo el 
aspecto de su color, ora presenta un blanco 
lacticinoso y brillante, ora un color oscuro, ya 
solamente en los puntos donde existe el cáncer, 
ya en otras partes del estómago. La cara in- 
terna ofrece algunas veces un color apizarrado 
como en las gastritis crónicas, ó un tinte ne- 
gro, que proviene de una combinación íntima 
de la materia colorante de la sangre con el te- 
jido de la membrana ó con las vellosidades , ó 
de la secreción de una materia colorante negra. 
A veces resulta este color de una simple imbi- 
bición de la sangre contenida en el estómago. 
«Las glándulas mucíparas se hipertrofian 
igualmente, y en este caso aparecen mas nu- 
merosas y salientes : á veces se distingue un 
color negro en su estremidad , ó un círculo ro- 
jo en su base, que se halla infartada, mientras 
que su orificio, marcado por un punto pardus- 
co, está deprimido, lo cual dá á este tumorci- 
to la forma de un ombligo (Renato Prus, Re- 
cherches nouvelles sur lanature ct le traitement 
du cáncer de l'estomac. , pág. 6tí, en 8.°, Pa- 
rís, 1828). En otros casos, la estremidad y la 
base de los folículos mucíparos , son apizarra- 
dos ó negros. Se han considerado también co- 
mo pertenecientes al cáncer, diversas excrecen- 
cias formadas á espensas de la membrana mu- 
cosa , y designadas bajo los nombres de vege- 
taciones , de pólipos y de fungus. Andral las 
describe como hipertrofias circunscritas de la 
mucosa. «Presenta, dice, esta membrana to- 
dos los matices posibles de color: ora recibe 
poca sangre ; ora la recorren numerosos va- 
sos, ó venas, que se ingurjitan, se dilatan ase- 
mejándose á veces á las várices, ó que, por su 
entrelazamiento y la facilidad con que se esca- 
pa la sangre de su interior, representan una 
especie de tejido erectil.» (Anal, patol., to- 
mo II, pág. 49). Estas alteraciones no perte- 
necen en particular á los cánceres; pues tam- 
bién se las encuentra en otras circunstancias 
patológicas. 

«La consistencia de la mucosa se encuentra 



16 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



á menudo alterada: unas veces se halla endu- 
recida y notablemente gruesa, otras converti- 
da en una membrana delgada , lisa y blanque- 
cina, que indica haber precedido una ulcera- 
ción que ha destruido la mucosa gástrica (Véa- 
se ulceraciones). Las vellosidades están á ve- 
ces destruidas en una eslensiou mas ó menos 
considerable. Frecuentemente ofrece la mem- 
brana interna diversas especies de reblandeci- 
mientos; en cuyo caso es blanda, difluente, y 
se la desprende con mucha facilidad por me- 
dio de raspaduras. Otras veces se halla destrui- 
da en una cslension bastante considerable, por 
una úlcera pequeña, que parece tener su pun- 
to de partida en el orificio de uno ó muchos 
folículos mucosos. En algunos casos es vasta 
la úlcera , están sus bordes deprimidos , corta- 
dos perpendicularmente , como por un saca- 
bocado; y en otros son fungosos, y constitu- 
yen la superficie de esos hongos, cuyo tejido 
escirroso ó encefaloideo se halla reblandecido. 
La ulceración es á veces primitiva; otras se 
reblandece y ulcera la membrana interna á 
consecuencia del reblandecimiento del tumor 
canceroso. Estas úlceras pueden convertirse en 
gangrenosas (Véase ulceraciones). Se ha nota- 
do igualmente la infiltración de la túnica mu- 
cosa , ya por serosidad , ya por una materia 
transparente coloidea , ó bien por una materia 
gelatiniforme, que la dá una consistencia lar- 
dácea (escirro). Cuando se verifican estas in- 
filtraciones, se aumenta de una á tres líneas 
el grosor de la membrana. 

»Hase negado á la membrana mucosa la fa- 
cultad de poder afectarse independientemente 
de la degeneración cancerosa; pero contradice 
esta opinión la analogía, manifestando que las 
túnicas mucosas de los labios , del ojo, y de las 
fosas nasales, pueden ser afectadas de cáncer. 
Prus, que admite esta funesta propiedad de la 
membrana interna , refiere, en apoyo de su 
modo de ver, un caso recojido en la Clínica de 
Andral : en un enfermo que presentó los sín- 
tomas de esta degeneración del estómago, solo 
se encontró una hipertrofia general de la mem- 
brana mucosa, con un color moreno de su te- 
jido, y un desarrollo bastante notable de los 
folículos (Prus., obr. cit. , pág. 75). Pero en 
este caso, ¿no existia mas bien una gastritis 
crónica? ¿Habremos de referir ala historia del 
cáncer ó de la inflamación de la membrana in- 
terna del estómago , esos estados morbosos, 
que Billard ha estudiado bajo el título de as- 
pecto fungoso de la membrana mucosa*! Por 
lo menos opinamos con este autor, que no 
conviene atribuirles al estado inflamatorio. Al- 
terada de este modo la membrana , presenta 
abolladuras irregulares, bastante aproximadas, 
blandas al tacto, sanguinolentas y gruesas {De 
la membrana mucosa, etc. , pág. 380) ; y una 
rubicundez, difusa mas ó menos estensa. 

» Alteraciones del tejido celular. — Una de las 
lesiones mas frecuentes á que dá lugar el cán- 
cer, es la hipertrofia del tejido celular sub- 



mucoso : esta membrana , que en el estado 
normal forma una túnica muy fina, puede ad- 
quirir el grueso de una pulgada ó mas. 

»Puede la hipertrofia ser circunscrita , ó 
estenderse á una porción bastante considera- 
ble del órgano. En el primer caso , el tejido 
celular, mas abundante, mas denso y blanco, 
forma un tumor que de ordinario tiene su asien- 
to sobre la estremidad pilórica , ó solamente 
sobre el anillo de este nombre. Guando existe 
esta hipertrofia limitada , el tejido celular in- 
mediato á la lesión , vuelve á presentar su tes- 
tura y grueso naturales. Puede el orificio con- 
servar su diámetro ordinario , ó bien reducirse 
ó dilatarse. Esta hipertrofia suele afectar tam- 
bién el cardias, una de las caras, ó casi toda la 
estension del estómago , en cuyo último caso 
no se deprimen sus paredes, y cuando se las 
corta, crujen bajo el escalpelo; la cavidad del 
estómago se halla de ordinario disminuida. An- 
dral que ha estudiado con especial esmero esta 
hipertrofia, ha probado que constituye un nú- 
mero considerable de los pretendidos escirros 
del estómago. «Convengamos, si se quiere, en 
dar este nombre á semejante lesión, dice el 
autor citado, siempre que estemos acordes eu 
el valor de la palabra, y reconozcamos que el 
escirro no es, en tal caso, un tejido nuevo, 
sin analogía en el estado sano, formado de 
nuevo como un entozoario, eu medio de las 
paredes del estómago ó de los intestinos ; sino 
que es simplemente el resultado de una hiper- 
trofia del tejido celular sub-mucoso, hipertro- 
fia que puede existir sola, ó complicarse des- 
pués con otras alteraciones de nutrición ó de 
secreción. En efecto, con frecuencia se desar- 
rolla en el tejido celular hipertrofiado una 
nueva estructura , se presentan numerosos va- 
sos, se divide su sustancia en lóbulos, ó se 
cubre de celdillas ó areolas, y por último, se 
verifican diversas secreciones morbosas» (Anat. 
patol., pág. 59). A estas observaciones, que 
tanto ilustran la etiología del cáncer , añadi- 
remos que esta hipertrofia, si bien es total- 
mente distinta del escirro, se asemeja á él, 
en cuanto á su modo de producción y á su na- 
turaleza , bajo el punto de vista de las lesiones 
secundarias que presenta, y de la gravedad 
de los síntomas á que dá lugar. 

»Antes que sobrevenga esta alteración en el 
tejido sub-mucoso, casi siempre está la mem- 
brana interna reblandecida , endurecida, ó cu- 
bierta de vegetaciones. Sin embargo, á veces 
se observa intacta, ya porque haya desapareci- 
do enteramente la lesión que existia en ella, 
ó ya porque haya empezado primitivamente la 
hipertrofia por el tejido sub-mucoso, sin irri- 
tación anterior de la membrana interna. 

»No siempre se limita la hipertrofia al tejido 
celular sub-mucoso; se estiende á veces al que 
separa las fibrillas musculares de la segunda 
túnica. En este caso empiezan á formarse tabi- 
ques blanquecinos, fibrosos, relucientes, que 
dan un aspecto lobuloso á la membrana carno- 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



17 



sa, y se continúan con la capa celular inter- 
puesta entre la muscular y el peritoneo. Cuan- 
do es considerable esta hipertrofia, se encuen- 
tran en medio de la túnica muscular masas 
blanquecinas, que no son otra cosa que el mis- 
mo tejido celular hipertrofiado. «Estas masas, 
diceAndral, aumentan de volumen, y con- 
cluyen por ocupar mayor espacio que la túni- 
ca carnosa, que cada vez es nienos evidente; 
llega un momento en que todo lo mas , en 
medio de masas enormes de tejido celular en- 
durecido, se distinguen de vez en cuando algu- 
nas fibras musculares diseminadas , y compri- 
midas por este tejido celular; en fin , desapa- 
rece toda apariencia de músculo, y entre el 
peritoneo y la mucosa no se descubre mas que 
una porción de tejido celular, ya simplemen- 
te hipertrofiado ó endurecido , ó ya invadido 
consecutivamente por diversas alteraciones.» 
(Anat. jiatol. , pág. 60.) 

^Durante el desarrollo de esta hipertrofia, 
se altera la mucosa de distintos modos : ora se 
encuentra hipertrofiada , endurecida , ulcera- 
da, reblandecida, ora enteramente desorgani- 
zada; á veces, sin embargo, goza de toda su 
integridad. Las diferentes lesiones que acaba- 
mos de describir, se han confundido por mu- 
cho tiempo con el escirro del estómago. An- 
dral fué el primero que manifestó su verdade- 
ra naturaleza , y sus indagaciones sobre este 
punto de anatomía patológica, no han contri- 
buido poco á fijar las ideas que deben formar- 
se del cáncer. Ya habia sospechado Chardel el 
verdadero sitio de estas alteraciones , cuando 
dijo: cLas paredes del estómago presentaban 
los desórdenes siguientes, en numerosos escir- 
ros, que desde el píloro, se dirigían en dismi- 
nución hacia el costado opuesto: aisladas des- 
de luego lastres túnicas del ventrículo, em- 
pezando la disección por la parte sana, se vio 
que la membrana mucosa se hallaba engrosada, 
y no tardaba en contraer adherencias con la 
muscular ; el tejido celular que la separa de 
esta participaba de la degeneración, y el in- 
farto que había sufrido separaba las fibras de 
la túnica muscular, que, sin embargo, per- 
manecían largo tiempo visibles; la membrana 
serosa se unia después íntimamente al tejido 
celular morboso , conservando al esterior el 
lustre y brillo que la caracterizan. A med¡da 
que se aproximaba la disección al píloro, ofre- 
cía el estómago mas grosor, debido sobre todo 
á la ingurgitación del tejido celular. Resulta 
de estos datos que la enfermedad parece propa- 
garse desde la túnica mucosa al tejido celular, 
que se hace luego el sitio principal de la degene- 
ración, y que las túnicas muscular y serosa solo 
se afectan secundariamente» (Monogr. , etc., 
pág. 1 1 ). Si describimos aqui estas alteraciones, 
no es porque merezcan conservar el nombre 
de cáncer , sino porque dan lugar durante la 
vida á todos los síntomas de esta lesión, y por- 
que á ella las han referido los autores que han 
tratado de esta enfermedad. 
TOMO VIH. 



»El tejido celular sub-peritoneal se afecta 
con menos frecuencia que el tejido sub-muco- 
so; y parece tomar poca parte en las enferme- 
dades de las membranas muscular y mucosa, 
y aun en las de la capa celular sub-mucosa. 

Alteraciones de la membrana muscidar. — 
»Los trabajos de Andral y Louis han demostra- 
do, que una de las lesiones que con mas fre- 
cuencia se presentan en el cáncer del estóma- 
go, es la hipertrofia de la túnica muscular en su 
totalidad ó en alguna de sus partes, Rarlholin, 
y Morgagni hablan de este aumento de volu- 
men y de densidad de la membrana carnosa 
(De sedib. el caus. , epist. 34, pág. 244). Bayle 
y Cayol dicen que ordinariamente se estiende 
la degeneración á la túnica muscular, cuando se 
halla alterada una de las otras, y que es raro 
que el cáncer se limite á la membrana mucosa 
(artículo cáncer del Dicción, de ciencias mé- 
dicas, tom. III, pág. 62V). Pinel refiere un 
caso de hipertrofia de esta túnica, que presen- 
taba cerca de cuatro líneas de grueso en la re- 
gión pilórica (Nosograf. flosof.; cáncer del es- 
tómago). Renato Prus observó un caso en el 
que este engrosamiento llegaba á una pulgada 
(Rechcrches nouvelles , etc., pág. C0) : el pí- 
loro convertido en una masa escirrosa presen- 
taba un volumen igual por lo menos al de un 
huevo de gallina; una sección vertical, practi- 
cada en el tumor, manifestaba que la túnica in- 
terna estaba adelgazada , y la muscular cons- 
tituía toda la lesión. Tomamos de Louis , que 
ha estudiado minuciosamente la hipertrofia de 
la túnica interna, las observaciones siguientes: 
Las paredes del estómago , en los puntos 
afectados, adquieren un grueso variable; cuan- 
do la lesión ocupa el píloro tienen una consis- 
tencia suficiente para formar una especie de 
cilindro sólido; si se cortan las paredes altera- 
das , se las encuentra sucesivamente de un 
color blanco-pardusco , blanco- lechoso, azu- 
lado, con un reflejo brillante y semi-transna- 
rentes, y en fin de un aspecto lacticinoso. Es- 
tas diferencias de color corresponden á otros 
tantos tejidos: 1.° á la membrana mucosa; 
2.° al tejido celular sub-mucoso; 3.° á la tú- 
nica carnosa ; 4.° en fin , á la membrana celular 
sub-peritoneal. Procediendo á la disección de 
los tejidos, no es infrecuente poder separar las 
diversas membranas hasta los límites del cán- 
cer; pero en este se hallan íntimamente uni- 
das. Entonces se vé la mucosa endurecida, 
reblandecida, ulcerada, y cubierta de botones 
cancerosos , y debajo de ella el tejido celular 
consistente, difícil de separar de los otros tejidos, 
y con frecuencia de un grueso bastante consi- 
derable. La túnica carnosa presenta un aspec- 
to azulado y serni-transparente, y un grueso 
que puede variar de una línea á una pulgada, 
hallándose atravesada por tabiques celulosos que 
se continúan con el tejido sub-mucoso perito- 
neal. Según Louis, debe atribuirse á la sección 
de estos tabiques, la especie de crujido que 
produce el escalpelo , y que no tiene lugar 
2 



18 

CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 

cuando se aplica el instrumento en dirección 
paralela alas fibras endurecidas. La consis- 
tencia de la túnica carnosa se halla á veces au- 
mentada, la capa de tejido celular que la une 
al peritoneo participa á menudo de la hipertro- 
lia del tejido sub-mucoso, y Louis cree haber 
advertido, en un caso, que la membrana peri- 
toneal era mas frágil que de ordinario, aunque 
no había aumentado de grosor (De la hiper- 
trofia de la memb. muscul. del estóm. , pá- 
gina 121, en la Colee, de mcm. en 8.°; Pa- 
rís, 1826). 

»La lesión que acabamos de indicar es del 
numero de aquellas que se han descrito hace 
tiempo , y se describen todavía bajo el nombre 
de escirro del estómago ; pero no es otra cosa 
sino una simple hipertrofia de la túnica muscu- 
lar , que coincide con el engrosamiento de las 
paredes del estómago. Puede manifestarse ais- 
lada , y entonces es el piloro su sitio mas fre- 
cuente. «Este es uno de los puntos , dice An- 
dral , en que la túnica carnosa del tubo diges- 
tivo tiene mas grueso en el estado normal , y 
donde es mas considerable su acción.» (Anat. 
fot. , p. 71.) Contribuye poderosamente á dar- 
le esta predisposición el movimiento oscilatorio 
que imprime á la materia alimenticia. 

»La túnica muscular puede ofrecer un en- 
grosamiento parcial , sin que las membranas 
mucosa , celular y serosa participen de la le- 
sión ; pero estos casos son mas raros que los 
que acabamos de manifestar. Hay otros en los 
que, lejos de desarrollarse la membrana muscu- 
lar, se atrofia , oprimida en cierto modo por la 
hipertrofia del tejido celular. 

»La desorganización cancerosa jamás ataca 
primitivamente la túnica serosa , que sin em- 
bargo puede, aunque rara vez, ser destruida 
por los tumores cancerosos, situados en los ór- 
ganos inmediatos. 

» Alteraciones de otras partes del estómago. 
— Los vasos sanguíneos , y en particular las 
venas , se engruesan bajo la mucosa, y presen- 
tan unas veces una simple dilatación , un esta- 
do varicoso pronunciado, y otras un engrosa- 
miento notable de sus paredes. Andral ha ob- 
servado esta última alteración en dos venas in- 
gurgitadas de sangre, que serpeaban bajo la 
mucosa. Siguiendo la disección de una de estas 
venas muy cerca de una úlcera cancerosa, dis- 
tinguió que los vasitos que se reunían para 
constituirla, se hallaban endurecidos como ella, 
obstruidos por una materia sólida, y semejantes 
á pequeños nodos [Anat. paiol., tomo II , pá- 
gina 72; y Clin, med., tomo II, pág. 107; 
1836). Pueden las túnicas de los vasos partici- 
par del reblandecimiento y del trabajo de des- 
organización de las partes que los rodean , de 
donde resultan en este caso úlceras y hemorra- 
gias, que ocasionan á veces la muerte de los en- 
fermos (Véase Perforación y ulceración). Dal- 
mas ha encontrado un estómago, en el que pre- 
sentaba la erosión de un vaso una abertura li- 
bre sin que durante la vida se hubiese verifi- 



cado vómito alguno de sangre , ni existiese der- 
rame de este líquido. 

»Los ganglios linfáticos que están situados á 
lo largo de la grande y pequeña corvadura del 
estómago, ó cerca del piloro, se hipertrofian, 
pero con menos frecuencia que los del mesente- 
rio; los cuales adquieren un volumen considera- 
ble, y pasancomoel mismocáncerporlos periodos 
de crudeza y de reblandecimiento. Ataca igual- 
mente la degeneración las glándulas linfáticas 
del epiploon gastro-hepático y del grande epi- 
ploon (Chardel, pág. 106). Algunas veces se 
afectan de hiperemia las glándulas situadas en 
estos puntos, y se presentan mas voluminosas 
que en el estado normal; otras son mas pálidas, 
mas pequeñas y descoloridas, encontrándose 
frecuentemente el piloro rodeado , y comprimi- 
do por ganglios, transformados en tumores vo- 
luminosos. 

«Chardel se inclina á admitir que el sistema 
linfático participa de la enfermedad (Obr. cit., 
pág. 102) ; pero las pruebas que presenta en 
favor de su opinión son mas bien razones de 
analogía, que hechos directos. Andral vio una 
vez un vaso linfático que partía de una úlcera 
del estómago, y contenia una materia blanque- 
cina (Clin. med. , loe. cit. , pág. 110). En otra 
parte veremos que puede verificarse la intro- 
ducción de la materia cancerosa por la destruc- 
ción de las paredes de algunas venas. También 
ha encontrado muchas veces Andral vasos lin- 
fáticos procedentes de una úlcera, llenos de pus, 
ó de una materia mas consistente que el pus 
ordinario, friable, y como tuberculosa: «los va- 
sos linfáticos distendidos de esta manera , y 
semejantes á los cordones nerviosos , se dirijen 
al mesenterio , donde desaparecen insensible- 
mente , ó bien continúan visibles hasta el gan- 
glio (Clin, med., loe. cit. , pág. 110). En un 
caso de cáncer del piloro referido en la Ga- 
ceta de los hospitales (núm. 20, tomo II, pá- 
gina 77; febrero, 18V0) , se halló una altera- 
ción semejante: varias masas cancerosas irre- 
gulares, y en diferentes grados de transforma- 
ción, rodeaban la columna vertebral , la aorta, 
los vasos gruesos , los ríñones y los vasos de 
este órgano. Se veian en el mesenterio nume- 
rosos vasos que , procedentes del intestino , se 
continuaban hacia las glándulas mesentéricas 
hipertrofiadas, y hacia la base del mesenterio: 
estos linfáticos eran nudosos, presentaban el 
aspecto de un vaso moliniforme, tenían un color 
blanquecino, y estaban tan dilatados en algunos 
puntos, que ofrecían el volumen de una lenteja. 
Podían distinguirse en la cara interna del intes- 
tino , en el tejido de sus paredes, y en los es- 
pacios donde faltan las válvulas conniventes, 
líneas blanquecinas, que eran seguramente los 
linfáticos abdominales, mejor inyectados que si 
lo hubieran estado artificialmente. 

»Los nervios pocas veces participan del cán- 
cer. Andral no ha podido jamás descubrir en 
ellos lesión alguna ; no obstante Bichat la en- 
contró en un caso , y Prus ha observado otro 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



10 



en el que estaba afectado uno de los cordones 
del neumo-gástrico. «Siguiendo con cuidado el 
cordón esofágico derecho, se reconocía , dice 
Prus, que repentinamente se hacia su volumen 
desde el cardias hasta la parte superior del tu- 
mor , doble de lo regular ; aumento de grosor 
que era especialmente muy perceptible en el 
espacio de cerca de una pulgada. Este cordón 
nervioso que , aunque engrosado , ofrecía el co- 
lor y la consistencia naturales, penetraba des- 
pués en el tumor, y era imposible distinguirle 
de las membranas y capas areolares enfermas» 
(obr. cit. , pág. 92). Prus advierte sobre el 
particular que probablemente tienen los nervios 
una parte activa en la formación de las masas 
cancerosas; pero que estas pueden sin embargo 
desarrollarse en los órganos en que no existen 
ramos del sistema cerebro-espinal, como en 
los ríñones , en el bazo , etc. Dupuis encon- 
tró en el bazo de un caballo ramos nerviosos 
que pertenecían evidentemente á los neumo- 
gástricos (ob. cit. de Prus, pág. 99). 

»Sitio y variedad de aspectos de la degenera- 
ción escirrosa. — Ya que hemos estudiado cada 
una de las lesiones que pueden atacar los tejí- 
dos que componen las paredes del estómago, 
conviene reconstituir los tumores cancerosos, 
é indicar las formas bajo las cuales se presen- 
tan al observador , antes que se haya intentado 
averiguar , por medio de la disección , la es- 
tructura íntima del tejido enfermo. Reside el 
cáncer en las regiones siguientes , guardando 
en su frecuencia el orden con que están escri- 
tas: el piloro y la estremidad pilórica del estó- 
mago, el cardias, la pequeña corvadura , la ca- 
ra posterior, la anterior y el fondo del estómago; 
pocas veces se halla afectada la totalidad de la 
viscera, á no ser en el cáncer areolar (Cruveil- 
hier). 

»E1 cáncer del piloro puede limitarse á la 
válvula de este nombre , que presenta un ani- 
llo fibroso , cuyo diámetro se halla , ora nor- 
mal, ora estrechado, y algunas veces dilatado. 
Su ensanchamiento puede depender del reblan- 
decimiento y destrucción del fungus canceroso, 
que tiene su asiento en él , y que estrecha su 
abertura por algún tiempo, ó bien de la simple 
dilatación de todas las túnicas hipertrofiadas. La 
estrechez del piloro llega á veces á tal punto, 
que apenas admite el cañón de una pluma de 
escribir, como en el caso citado por Cruveilhier 
(Anat. paí. du corps. humain , t. X, pág. 8). 

»Las diferencias de volumen que presenta el 
estómago , resultan de la diversidad de diáme- 
tros del orificio pilórico. Guando existe una es- 
trechez , las materias líquidas y sólidas ingeri- 
das cada dia permanecen en el estómago, cu- 
yas paredes se distienden, conservandosu grue- 
so natural, ó adelgazándose de una manera no- 
table. Presenta el estómago á veces una dila- 
tación estraordinaría, y Andral cita varios ejem- 
plos notables de esta enfermedad. En un caso 
descendía esta viscera verticalmente desde el 
epigastrio hasta las inmediaciones de la fosa ilia- 



ca izquierda, dirigiéndose oblicuamente de iz- 
quierda á derecha , y de arriba abajo hacia la 
fosa iliaca derecha ; la gran corvadura se ha- 
llaba oculta debajo del pubis , y apoyaba en el 
útero. En otro caso ocupaba el estómago casi 
todo el vientre, y su borde cólico solo distaba 
del pubis dos pulgadas ; en otro cubría la ma- 
yor parte de las visceras abdominales, y su bor- 
de cólico se hallaba en contacto con el pubis, 
habiéndose verificado especialmente la dilata- 
ción á espensas del fondo del estómago, cuyas 
paredes eran delgadas y friables, y su membra- 
na carnosa notable por su delgadez (Clin, med., 
Observ. 5, 6, 7). En un hecho referido por Boui- 
llaud (Journ. hebd.\ dec, 1833) ocupaba el estó- 
mago el hipocondrio y el lado izquierdo de la 
cavidad abdominal hasta la fosa iliaca ; el diá- 
metro longitudinal de esta viscera tenia al me- 
nos un pie, y en la gran tuberosidad casi igua- 
laba el diámetro transversal al vertical. Pudié- 
ramos multiplicar esta especie de citas, tomadas 
de los autores que refieren ejemplos análo- 
gos; pero las que acabamos de esponer bastan 
para demostrar las principales lesiones que 
acompañan á la estrechez del piloro. Añadire- 
mos que en estos casos sobreviene á veces un 
adelgazamiento , una atrofia tan considerable 
de todas las paredes del estómago, que se redu- 
ce esta viscera á una membrana fina, consti- 
tuida por el peritoneo (V. dilatación). 

»Mas de una vez se ha visto coincidir el au- 
mento de capacidad del estómago con una dila- 
tación semejante de la abertura pilórica afecta- 
da de cáncer. Parece en este caso que todo el 
estómago participa de la hipertrofia del piloro. 
Cuando el cáncer ocupa el cardias y la estre- 
midad inferior del esófago , se forma una dila- 
tación análoga sobre el punto de la lesión, en 
cuyo caso sufre cambios notables la capacidad 
de dicho conducto membranoso , y sobrevienen 
los síntomas propios de tales accidentes. 

»EI cáncer del estómago se presenta bajo di- 
ferentes aspectos , que dependen : 1.° de la es- 
tructura anatómica del cáncer (escirro , ence- 
faloides) ; 2.° de las alteraciones morbosas que 
sobrevienen en los tejidos normales afectados; 
3.° de la presencia de productos nuevos, segre- 
gados en medio de aquellos. Por lo tanto no de- 
be admiramos que estén discordes los autores 
acerca de la estructura y el modo de producción 
del cáncer del estómago. Por nuestra parte in- 
tentaremos dar á conocer , sino todas sus for- 
mas , al menos las que se presentan con mas 
frecuencia. Pueden dividirse todas las altera- 
ciones llamadas cancerosas del estómago en dos 
grandes clases: 1.° las en que se encuentran 
todavía los tejidos gástricos mas ó menos modi- 
dificados ; 2.° las que solo presentan , un te- 
jido complexo , en el que es difícil reconocer 
los elementos constitutivos de las paredes del 
estómago. Conviene recordar al lector que , en 
el cáncer del estómago , debe distinguirse un 
periodo de crudeza y otro de reblandecimiento. 
El cáncer, cualquiera que sea la idea que de 



^0 CÁNCER DEL 

él se forme , es un tejido patológico, en el que 
se efectúa una nutrición anormal, y en donde 
se verifican los movimientos de una química 
molecular muy activa: el trabajo de vejetacion, 
de reblandecimiento , de supuración, de ulce- 
ración , determina en su forma y testura nume- 
rosas modificaciones; en fin, la adición de nue- 
vos productos segregados (melanosis, tubércu- 
lo, materia coloidea , sangre), y la adberencia 
del tejido canceroso á los órganos inmediatos, 
cambian también de mil modos el aspecto de 
estas degeraciones. 

«Algunas veces no consiste el cáncer mas 
que en la simple hipertrofia del tejido submu- 
coso ó muscular, que ya hemos descrito. Pue- 
de ocupar todo el estómago , lo cual no es 
frecuente , ó una porción circunscrita , co- 
mo el anillo pilórico , la pequeña corvadu- 
ra ó el orificio cardiaco. Se le ve afectar 
igualmente las paredes del ventrículo , que 
se endurecen , se aproximan , se contraen , y 
sufren la degeneración cancerosa que se ha lla- 
mado atrófica [cáncer atrófico). En los puntos 
endurecidos se condensa la membrana mucosa, 
se pliega, y presenta sulcos mas ó menos pro- 
fundos , limitados por fajas de relieve , duras y 
de un aspecto brillante (cáncer napiforme), ó 
solo se observa, cuando se practica en ellos una 
incisión , una superficie de un blanco mate uni- 
forme (cáncer solanoides). Este escirro se re- 
blandece pocas veces : parece constituido por 
un depósito de laminitas cartilaginosas, que no 
son mas que el tejido celular hipertrofiado; 
aunque según algunos autores , se hallan for- 
madas por una materia nueva, segregada en la 
trama de las túnicas del estómago. La estension 
de la parte alterada varia desde la longitud de 
una uña, hasta la totalidad de las paredes del 
estómago. Se encuentran en los autores varios 
ejemplos de esta alteración general (Loftie, 
Lond. , mcd. Journ., tomo IX, 1790). Hay 
quien dice que el estómago de Napoleón estaba 
canceroso en todas sus partes , esceptuando las 
inmediaciones del cardias (Frorieps Nolizen, 
bd. 1 , §. 47). 

«Cuando el cáncer se halla formado por la 
hipertrofia de uno ó de todos los elementos 
constitutivos de las paredes gástricas, puede no 
existir tumor alguno , en particular si no está 
el tejido reblandecido ; sin embargo , á ve- 
ces da lugar á tumores voluminosos. Las va- 
riedades de cáncer que hemos descrito, con Re- 
camier , bajo el nombre de cáncer solanoi- 
des napiforme ( Véase tomo VII ), son otras 
tantas hipertrofias del tejido celular y mus- 
cular, en las cuales se halla á veces tam- 
bién depositada la materia concreta , blanque- 
cina, que pertenece al escirro. Aun cuando esté 
intacta la superficie interna del estómago, pre- 
senta en los puntos afectados de escirro desi- 
gualdades ó depresiones, que Bayle y Cayol 
comparan á la que produce un martillazo so- 
bre una masa de plomo (Dic. des scicn. medie, 
art. cáncer, pág. 024). 



ESTÓMAGO. 

«Hay otra forma de cáncer gástrico , que 
Laennec llama cáncer encefaloides ó cerebri- 
forme, y que está formado por tumores fungo- 
sos mas ó menos desarrollados. Cuando se los 
divide se distingue una trama celulosa , w\ 
gran número de vasos , sangre estravasada , y 
una materia transparente, roja, masó menos 
semejante á la sustancia gris del cerebro. Si 
llega á reblandecerse este tejido patológico , se 
derrama la sangre en su interior , y constituye 
unas especies de focos : otras veces se deposita 
un verdadero pus. Vénse también vejetaciones, 
fungos pediculados como los hongos , ó de ba- 
se ancha que se desarrollan sobre la membrana 
mucosa alterada, se reblandecen , se ulceran, 
dan lugar á hemorragias frecuentes, y aun son 
atacados de gangrena. La testura de la mem- 
brana mucosa y de las demás túnicas del estó- 
mago se halla evidentemente modificada en el 
cáncer cerebriforme; pero en tales casos es im- 
posible admitir, que exista una simplealteracion 
de los tejidos normales. Creemos con muchos 
autores que hay secreción de nuevos produc- 
tos , que se combinan con la trama orgánica 
mas ó menos alterada. 

«En otras variedades del cáncer está forma- 
do el tumor por una sustancia semi-gelatinosa, 
contenida en pequeñas células (materia coloi- 
dea). Esta alteración se ha considerado como 
una de las formas del reblandecimiento del es- 
cirro. Andral no ve en ella mas que un depósito 
de simple serosidad, semejante á una gelatina 
muy trabada , que tiende en cierto modo á ha- 
cerse sólida (Anat. patol. , loe. cit. , p. 173). 
En un caso de cáncer situado en la porción pi- 
lórica del estómago , y que presentaba en el 
mayor grado la variedad gelatiniforme , se ha- 
llaba el tejido convertido en una especie de es- 
ponja , cuyas areolas contenían una materia 
análoga ala de la cola de pescado, apenas con- 
densada (Vernois, Bull. de lasoc. anat., pági- 
na 503, 1835. V. también pág. 23'+, 1830). 

«Cruveilhier ha descrito bajo el nombre de 
cáncer areolar gelatiniforme una de las espe- 
cies mas curiosas de esta enfermedad. Hállase 
formado, como indica su nombre, por la trans- 
formación del tejido afectado en una trama 
areolar fibrosa , y empapada en una especie de 
gelatina transparente (Anat. pathol. da corps 
humain , tomo X, enfermedades del estóma- 
go). Se presenta bajo dos formas muy distin- 
tas: 1.° bajo la de tubérculos diseminados, cu- 
yo volumen varia desde el de un grano de mi- 
jo al de un huevo de pava , y aun mas; 
2.° bajo la de transformación de los órganos 
mismos en una masa areolar y gelatiniforme: 
en este último caso conserva el órgano sus for- 
mas , pero mucho mas desarrolladas. La forma 
ulcerosa, tan frecuente en otras especies de cán- 
cer , no se advierte en laque nos ocupa ; solo 
tiene lugar una destrucción sucesiva de las 
membranas, sin trabajo alguno dependiente de 
la vitalidad. Su sitio predilecto es el piloro; em- 
pieza por el anillo del mismo nombre , y se es- 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



21 



tiende después á lo largo de las paredes y bor- 
des del estómago, invadiendo uno, dos tercios, 
ó la mitad de esta viscera. Después del piloro la 
pequeña corvadura es la que se afecta con mas 
frecuencia , y desde ella se irradia el cáncer al 
epiploon menor, á lo largo de las paredes ante- 
riores y posteriores , y aun á todo el estómago. 
El desarrollo de las paredes es muy considera- 
ble, verificándose en gran parte á espensasde la 
cavidad de la viscera, que se estrecha , en tér- 
minos que apenas tiene la capacidad de un in- 
testino delgado ; en la superficie esterna del 
estómago se advierten asperezas ó abolladuras 
transparentes , desiguales, que levantan la se- 
rosa , y á veces afectan una disposición ramo- 
sa como las cuentas de un rosario: Cruveilhier 
opina que se forman en los vasos linfáticos. 

»La viscera degenerada presenta en su su- 
perficie interna vejetaciones blandas , fungo- 
sas , de grosor variable , semi-transparentes, 
formadas por las areolas infiltradas de materia 
gelatiniforme. Estas vejetaciones no son, en 
concepto de Cruveilhier , sino papilas mucosas 
prodigiosamente desarrolladas, que se destru- 
yen de una manera sucesiva de delante atrás, 
asi como la membrana misma que las sirve de 
cubierta , sin que exista trabajo morboso bien 
manifiestoy como por efecto de un simple dete- 
rioro. Las membranas mucosa y muscular son el 
sitio primitivo de la lesión : en su circunferencia 
se ve la túnica carnosa hipertrofiada, dividida en 
hacecillos, formando las abolladuras que consti- 
tuyen el fondo del tumor, y se perciben al través 
de" la membrana serosa. Mas adelante se atrofia 
esta membrana, y en tal caso se convierten las 
paredes del estómago en un tejido areolar, en el 
cual seria muy difícil encontrar las partes cons- 
tituyentes de la viscera. La degeneración areo- 
lar y gelatiniforme no siempre se propaga de la 
túnica interna á la muscular ; aparece también 
en medio de esta última, de manera que tiene la 
producción anormal en el estómago dos especies 
de matrices. 

Hánse referido indebidamente á las afeccio- 
nes cancerosas ciertos tumores, que en rigor no 
son mas que espansiones, ó vejetaciones mor- 
bosas de la mucosa. Fácil es distinguirlos de los 
tumores de otra naturaleza , porque no se en- 
cuentra en ellos el tejido escirroso ni el encefa- 
loideo, y sí solo simples alteraciones de las túni- 
cas gástricas. Hay otras especies de vejetaciones, 
verdaderamente cancerosas , que se elevan de 
la superficie de las úlceras, que tienen este ca- 
rácter. Últimamente también se han descrito, 
pero sin razón , bajo el nombre de cáncer, va- 
rios tumores situados entre las membranas del 
estómago, que contenían pelos, dientes, ma- 
teria melicérica , etc. 

»Freeucntemente sufre el estómago la alte- 
ración que los autores designan bajo el nombre 
de úlcera cancerosa, la cual puede desarrollar- 
se de dos modos diferentes: ó bien empieza 
primitivamente por la membrana mucosa, ó su- 
cede al trabajo de desorganización de las ingur- 



gitaciones escirrosa y encefaloidea. En el pri- 
mer caso se la llama úlcera cancerosa primiti- 
va^ consecutiva en el segundo; esta distinción 
es difícil de establecer en muchas ocasiones. 

»La úlcera cancerosa presenta en su super- 
ficie carnes fungosas, blancas, parduscas, ó de 
color moreno ; escrecencias amenudo volumi- 
nosas y susceptibles de obliterar los orificios 
del estómago; y se halla formada por un tejido 
duro , con mas frecuencia pastoso , cerebri- 
forme y fácil de reducir á una pulpa saniosa ó 
sanguinolenta. Estas úlceras, cuyo repugnante 
aspecto recuerda el del cáncer ulcerado de las 
mamas , presentan á veces una superficie bas- 
tante lisa , ó al menos con leves desigualdades, 
debidas á induraciones parciales del tejido ce- 
lular submucoso, hallándose enteramente des- 
truida la membrana interna. Cuando se pasa el 
dedo por su superficie , ó se la priva por lava- 
duras repetidas, de la sangre que la impregna, 
se descubre en su fondo la induración y la hi- 
pertrofia del tejido celular , ó un depósito de 
materia cartilajinosa, y á veces huesosa. Los 
bordes de la úlcera son de ordinario duros, re- 
vueltos y fungosos. Pocas veces se limita la 
dejeneracion cancerosa á su sitio primitivo : lo 
mas común es que continúe progresando, y si- 
no sucumbe el enfermo hasta una época muy 
avanzada del mal , se establece entre el estó- 
mago y los órganos circunvecinos, una unión 
mas ó menos íntima, ó una perforación , en el 
punto donde cesan las adherencias. 

»La rapidez con que se verifica el reblan- 
decimiento, tiene mucha influencia sobre el 
curso de la enfermedad. Cuando procede de 
una manera lenta , que es el caso mas ordina- 
rio , se efectúan adherencias entre dos hojas 
del peritoneo , y se une el estómago con otra 
viscera mas ó menos distante , que por último 
es atacada de la dejeneracion cancerosa. En 
efecto , hállase á veces el hígado, por su lóbu- 
lo mediano ó izquierdo , confundido , ya con 
la porción pilórica, ya con cualquiera otra parto 
del estómago , en términos de constituir una 
masa considerable, difícil de disecar, y en la 
que apenas se encuentra algún vestijio de los 
tejidos normales de ambos órganos. Iguales 
adherencias contraen otras visceras inmediatas 
al estómago, como el páncreas, los pulmo- 
nes , el bazo , el colon y el diafragma. Uno de 
los efectos mas saludables de tales adheren- 
cias , consiste en evitar la perforación y el der- 
rame de las materias en la cavidad peritoneal; 
pero es necesario reconocer también, que estos 
esfuerzos conservadores de la naturaleza, no 
impiden que el mal se eslienda consecutiva- 
mente á los órganos inmediatos, lo cual es una 
prueba , y sea dicho de paso , entre las mu- 
chas que pudieran referirse, de que el cáncer no 
es una lesión puramente local, y mucho menos 
una simple flegmasía crónica del estómago. 

»En virtud del trabajo morboso de que aca- 
bamos de hablar , resulta á veces, que uno de 
los lóbulos del hígado viene á transformarse 



22 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



en una cavidad mas ó menos anfractuosa, que 
comunica libremente con el estómago; otras, 
constituye el pulmón el fondo de la úlcera, si- 
tuada en el píloro ó en la cara posterior del 
estómago. En algunos casos el bazo profunda- 
mente escavado , se halla adherido al fondo 
del estómago ulcerado; en otros se encuen- 
tran las vértebras destruidas por los estragos 
progresivos del cáncer. Hay, en fin, en los 
anales de la ciencia, numerosos hechos, que 
manifiestan ya una comunicación del pulmón 
con el estómago , hallándose el parenquima de 
aquella viscera convertido en un vasto absceso, 
donde estaban contenidas las materias alimen- 
ticias (V. una observación curiosa de este gé- 
nero en la Clínica Médica de Andral , loco ci- 
tato, p. 64), ya una perforación del colon trans- 
verso , en que venían á depositarse desde el 
estómago las materias no dijeridas , pasando á 
veces á la cavidad del ventrículo las materias 
escrementicias,que eran entoncesespelidas por 
el vómito (Houghton en la Enciclop. de med. 
prat., t. IV, suplem.); ó en fin, una destruc- 
ción de la pared abdominal (V. Perforación, 
donde citaremos un caso notable de esta espe- 
cie de comunicación). Los ejemplos que aca- 
bamos de referir dan á conocer cuan variadas 
son las lesiones consecutivas á la desorganiza- 
ción cancerosa. 

»Sucede en ocasiones que el cáncer se es- 
tiende á los vasos gruesos , y que estos parti- 
cipan de la enfermedad. Lonis de la Berge fué 
testigo de un hecho de esta especie cuando era 
interno del hospital de San Luis : un tumor 
encefalóideo , que rodeaba la vena cava , había 
interesado este vaso , mientras que la arteria 
aorta, que se hallaba en las mismas circuns- 
tancias, se había librado de la desorganización 
(V. Consider. sur le cáncer de testóme, pá- 
gina 27; disert. inaug., por Suaíre , núme- 
ro 316; París, 1836). Reynaud observó un 
caso en el que la rama derecha de la vena por- 
ta, y la parte inferior de la cava, habían su- 
frido la alteración cancerosa , recibiendo la 
materia encefalóídea en su cavidad (Journ. heb- 
dom.; octubre, 1829). Pressat cita una obser- 
vación de cáncer del estómago, con perforación 
del peritoneo, en la cual la vena porta, bas- 
tante dilatada , presentaba en su interior una 
masa blanquecina, azulada en algunos puntos, 
granulosa, gelatiniforme , de naturaleza ence- 
falóídea, coloidea, semejante á la contenida en 
el estómago (Bullet. de la societ. anat., pági- 
na 64; 1836). La penetración de la materia 
cancerosa en las venas gruesas , se verifica: 
1.° por destrucción de las paredes situadas 
cerca de la degeneración , en cuyo caso el pro- 
ducto morboso pasa directamente al interior 
de los vasos ; 2.° por absorción pura y simple 
de las partes líquidas de la materia cerebri- 
forme; 3.° por alteración de la materia fibrinosa, 
que se deposita en una vena, inflamada á con- 
secuencia de su contacto con el tejido canceroso. 

»La degeneración escirrosa del estómago, 



puede depender do la ostensión de un cáncer 
situado en los órganos inmediatos : empiezan 
en ocasiones los tumores escirrosos en el tejido 
celular de al rededor del páncreas, en el híga- 
do, ó en los pliegues del mesenterio, que unen 
el estómago y las visceras inmediatas (masas 
cancerosas retroperiíonealcs de Lobstein). 

»Escusado nos parece recordar las altera- 
ciones que existen en casi todos los tejidos, 
cuando la caquexia cancerosa ha ejercido sus 
horrorosos estragos ; ni las diversas complica- 
ciones que pueden observarse , como la hepa- 
titis , la peritonitis sobreaguda, producida por 
una perforación , ó la flogosis crónica del pe- 
ritoneo, etc. Asi pues, terminaremos diciendo 
que suelen encontrarse en el estómago varios 
líquidos , formados unas veces por las bebidas 
injeridas durante la vida , y otras por mucosi- 
dades teñidas de negro, ó mezcladas con cier- 
ta cantidad de sangre. 

«Síntomas del cáncer del estómago. — 
Chardel divide 4as degeneraciones escirrosas 
en tres períodos: 1.° degeneración incipiente; 
2.° degeneración escirrosa confirmada ; 3.° de- 
generación escirrosa ulcerada (p. 137). Muchos 
autores han adoptado estas divisiones ; pero 
luego veremos que son puramente especulati- 
vas, y que si es dado establecerlas después del 
examen de las alteraciones encontradas en el 
cadáver , no sucede lo mismo durante la vida, 
cuando solo puede dirijirnos la observación de 
los síntomas. Conformándonos pues con nues- 
tro orden acostumbrado, trazaremos primero la 
sintomatologia de una manera general; y des- 
pués estudiaremos las diferencias que puede 
presentar , según el curso mas ó menos rápido 
de la enfermedad , y según el sitio y la forma 
de la lesión. 

»E1 examen directo de la rejion epigástrica, 
no suministra ordinariamente signo alguno; 
sin embargo, en una época avanzada de la en- 
fermedad , cuando ocupa el tumor canceroso 
el píloro ó las paredes del estómago , se le 
percibe por debajo de los músculos del abdo- 
men , adelgazados á consecuencia del enfla- 
quecimiento que han sufrido ; sucediendo lo 
mismo cuando el tumor ha contraído adheren- 
cias con la pared abdominal (Arl. cáncer del dic. 
des scienc. med., pág. 620). Louis hace mérito 
de otra modificación en la forma del vientre, 
observada por él en un enfermo que sucumbió 
con una hipertrofia muy notable de la túnica 
carnosa y del tejido areolar submucoso. « En 
el lado derecho , dice , y al nivel del ombligo, 
se presentaba un tumor del volumen de un 
puño , fácil de apreciar, é indolente , á no ser 
un poco fuerte la presión ; hallábase el vientre 
mas abultado y tirante en el lado izquierdo que 
en el derecho , y presentaba en el primer sen- 
tido una eminencia lijera , que tenia esacta- 
mente la forma de un estómago distendido, 
cuya pequeña corvadura terminase á pulgada 
y media por encima y á la derecha del ombli- 
go , mientras que la grande pasara cuatro pul- 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



23 



gadas á la izquierda un poco por debajo del 
mismo punto» (mem. cit., p. 122). El vientre 
ofrece algunas veces abolladuras , que se disi- 
pan y reproducen frecuentemente , debidas al 
movimiento de los gases contenidos en los in- 
testinos. Cuando los alimentos distienden el 
estómago y le dilatan hasta cierto grado , se 
percibe su forma al través de las paredes ab- 
dominales ; en cuyo caso , dice Chardel , ad- 
quiere mucho volumen , y puede ofrecer una 
especie de fluctuación. 

»EI tacto descubre en la rejion epigástrica 
un tumor duro , de un volumen variable , des- 
igual ó liso, movible ó adherido á las partes 
inmediatas , indolente ó poco sensible á la pre- 
sión (Bayle y Cayol). Los tumores de natura- 
leza gaseosa , de que hemos hecho mención 
mas arriba , pueden á veces simular un escir- 
ro. No es posible , con el solo ausilio del laclo, 
reconocer , a! menos de una manera positiva, 
el verdadero sitio de la degeneración ; de creer 
es sin duda que ocupe el píloro ó la gran cor- 
vadura , cuando corresponda á uno de los 
puntos del abdomen , situados enfrente de esta 
rejion ; pero ¡ cuántas causas pueden alterar 
semejantes relaciones , y dar lugar á un diag- 
nóstico falso 1 Cuando existe un tumor verda- 
deramente escirroso, puede mudar de sitio, su- 
merjirse en el vientre , ocultarse en los hipo- 
condrios, según el órgano con quien haya con- 
traído adherencias. 

»La percusión es otro modo de investiga- 
ción , que conviene emplear , ya para descu- 
brir el sitio de las induraciones escirrosas , ya 
para reconocer los tumores situados en los ór- 
ganos inmediatos, y que pudieran confundirse 
con ellas. La palpación , ó mas bien la percu- 
sión de la rejion epigástrica , determina un 
ruido particular, un gorgoteo ó movimiento de 
las bebidas y de los gases contenidos en el es- 
tómago , dilatado como un vasto absceso , á 
consecuencia de la obliteración incompleta del 
orificio pilórico. El mismo enfermo puede de- 
terminar este gorgoteo , contrayendo las pare- 
des abdominales, ó imprimiendo á su cuerpo 
un movimiento oscilatorio un poco rápido. 

»Las alteraciones funcionales del estómago 
son los primeros síntomas que se manifiestan, 
y los que se observan mas frecuentemente, y 
por lo mismo merecen fijar la atención del mé- 
dico. Casos hay en los que faltan enteramente 
hasta el fin de la enfermedad , como lo prue- 
ban las observaciones auténticas referidas por 
varios autores dignos de crédito. Andral ha 
visto enfermos que no tuvieron otros signos de 
afección gástrica , que la anorexia, y todo lo 
mas una lijera incomodidad , un simple infarto 
gástrico después de haber comido , y sin em- 
bargo padecían vastas ulceraciones cancerosas 
(clin. med. f p. 158% En los primeros tiempos de 
la enfermedad, solo se quejan los pacientes de 
una lijera desazón, de un poco de disgusto, y de 
un dolor sordo en la rejion epigástrica después 
de la comida , incomodidad que algunas veces 



persiste ó se manifiesta en todo él periodo de la 
dijestíon.El dolor es fijo y permanente, se limita 
al hueco del estómago, ó se propaga hacia el hi- 
pocondrio y el dorso, como si se hallaran estas 
partes comprimidas con una cinta (Chardel); se 
comunica á lo largo del esófago , produciendo 
una sensación de ardor ; unas veces existe ha- 
cia el apéndice sífoides, otras hacia la última 
pieza del esternón : algunos enfermos le sien- 
ten entre los dos omoplatos , en cuyo caso pu- 
diera simular una afección incipiente de pecho. 
Bayle y Cayol hablan de un dolor de la colum- 
na vertebral, situado al nivel déla última vér- 
tebra dorsal , ó en toda la rejion lumbar. Estos 
síntomas, como todos los que proceden del sis- 
tema nervioso, varían en intensidad y dura- 
ción: suelen desaparecer conciertos interva- 
los , y al fin se hacen habituales y mas fuer- 
tes , en particular durante el trabajo de la d¡- 
jestíon. Se ha hablado de dolores lancinantes, 
como de un signo característico del cáncer del 
estómago; pero los autores que los consideran 
como tales, los han admitido mas bien por ana- 
lojía con lo que se observa en los cánceres es- 
teriores, que fundados en la observación. La 
tos provoca á menudo el dolor en la rejion epi- 
gástrica , y aun en otros puntos del abdomen. 
Muchos enfermos , cuya sensibilidad es obtu- 
sa, aseguran no haber sentido jamas cosa algu- 
na en el epigastrio ; en otros se manifiestan por 
intervalos, y con frecuencia en una época muy 
distante del principio de la enfermedad , dolo- 
res agudos, acompañados de constricción, á que 
se dá el nombre de calambres , y que á me- 
nudo se refieren á la gastraljia. Por lo común 
se aumentan el dolor y la desazón durante la di- 
gestión; pero algunos enfermos no ofrecen estos 
síntomas hasta mucho tiempo después. Tam- 
bién sobrevienen , durante el trabajo de la d¡- 
jestion, acedías , flatuosidades , ansiedad , epi- 
gástrica , y náuseas , seguidas bien pronto de 
vomiturición y de vómitos. AI principio solo se 
observan estos últimos fenómenos después de 
las comidas, cuando el ventrículo necesita des- 
embarazarse de los alimentos que le fatigan; 
pero mas adelante sobrevienen aun sin esta 
circunstancia. Una vez terminada la dijestion, 
desaparecen todos los síntomas. Algunos en- 
fermos recurren á los alcohólicos para activar la 
dijestion, ó bien para provocar el vómito que 
los alivia ; los eructos, la regurjitacion de las 
bebidas , el hipo, los cólicos, la secreción de 
una gran cantidad de gas en todo el trayecto 
de los intestinos , y el desprendimiento estrepi- 
toso de estas flatuosidades (borborismos?, son 
otros tantos síntomas del cáncer del estómago. 
»EI vómito y la naturaleza de las materias 
vomitadas presentan signos , sino tan caracte- 
rísticos , como se ha pretendido , al menos de 
algún valor. « Los enfermos vomitan al prin- 
cipio una materia sin color, acuosa ó filamen- 
tosa , agria ó insípida ; y estos vómitos se ve- 
rifican, sobre todo por la mañana en ayunas.» 
(art. Cáncer , Dic. des scienc. mcd.) Después 



2\ 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



son arrojados alimentos, pero en cortas canti- 
dades , y en épocas distantes. En fin , se hacen 
habituales los vómitos , y adquieren cada dia 
mayor intensidad ; hacia la terminación de la 
enfermedad , espele el estómago todas las sus- 
tancias alimenticias, y hasta las bebidas. Sin 
embargo , existen bajo este aspecto diferencias 
notables: ora se efectúa el vómito pocos ins- 
tantes después de la deglución esofájica, cuyo 
fenómeno , en concepto de algunos autores, se 
observa solamente en el caso de cáncer situado 
en el orificio cardiaco; ora sobreviene mucho 
mas tarde, cuatro ó cinco horas después de la 
coñuda , en cuyo caso se ha considerado como 
un signo de afección cancerosa del píloro. En 
fin , á consecuencia de una modificación sin- 
gular , que altera la sensibilidad del estómago, 
vemos á veces que esta viscera elije en cierto 
modo los alimentos que debe arrojar al este- 
rior , y conserva otros , á pesar de hallarse 
mezclados entre sí. Algunos enfermos vomi- 
tan, después de varias comidas sucesivas, sus- 
tancias que han permanecido uno ó muchos 
días en el ventrículo; y en otros sucede , que 
ciertos alimentos que habían sido siempre di- 
jeridos con facilidad , se hacen refractarios á la 
acción de los jugos gástricos , al paso que se 
injieren sin accidente alguno materias muy in- 
dijestas. En ocasiones el estómago, en estremo 
dilatado , retiene como una cavidad inerte las 
sustancias deglutidas, hasta que siendo ya muy 
escesiva la distensión , se desembaraza por el 
vómito de los alimentos que se creían dijeridos, 
y que salen entonces en gran cantidad. 

»Las materias vomitadas, al principio pu- 
ramente mucosas , acidas, y constituidas á ve- 
ces por un líquido, semejante á la clara de 
huevo , otras , aunque raras por materias bi- 
liosas , y mas á menudo por las sustancias ali- 
menticias y las bebidas , adquieren luego un 
color , cuyo matiz puede variar. Las materias 
negras, analizadas por Lassaigne , le han pa- 
recido compuestas de agua , de albúmina , de 
un ácido libre, y de una materia colorante, que 
se conduce con los reactivos como la parte co- 
lorante de la sangre, con la cual tiene la ma- 
yor analojía. Las indagaciones de Breschet y 
Andral concurren en favor de esta opinión. El 
último de los dos autores refiere la materia de 
los vómitos , á la que constituye la melanosis 
(clin, med., loe. cít., p. 82). El líquido espe- 
lido por los enfermos atacados de cáncer ó de 
las otras lesiones que hemos indicado , se ha 
comparado, unas veces con el chocolate disuel- 
to en agua , ó con los posos del café , y otras 
con el hollín desleído en un humor viscoso; en 
ocasiones forma la materia colorante negra, 
estrías poco numerosas en medio del líqui- 
do vomitado. Se ha considerado mucho tiem- 
po el vómito negro como un precioso signo de 
diagnóstico del cáncer ; pero Andral ha mani- 
festado, con numerosas observaciones, que so- 
breviene algunas veces , en otras enfermeda- 
des , en las simples gastritis crónicas sin ulce- 



ración, y en algunos casos de peritonitis: Cliar- 
del refiere también varios hechos de este gé- 
nero (p. 181). Puede este vómito depender do 
una simple exhalación de la membrana mucosa 
perfectamente sana. 

»La hematemesis y el vómito de un líquido 
mas ó menos sanguinolento , son también sín- 
tomas que dependen con frecuencia de una 
degeneración cancerosa de las paredes del es- 
tómago : en efecto , cuando sobreviene el re- 
blandecimiento , la ulceración ó la perfora- 
ción en una masa cancerosa , los vasos , mas ó 
menos considerables , comprendidos en la al- 
teración de los tejidos, suministran cierta can- 
tidad de sangre, y aun dan lugar á veces á una 
hemorrajia mortal (V. Perforación). 

»Los síntomas que ahora vamos á examinar 
son sumamente variables. La lengua conserva 
su color natural, casi nunca presenta rubicundez 
en su punta, y sus papilas están á veces mas 
desarrolladas. Los autores hablan de hipertro- 
fia de las papilas situadas en su base: hállase 
en ocasiones cubierta de una capa saburrosa. 
El apetito es nulo, natural, ó mas vivo que de 
ordinario; sin embargo, por lo común está dis- 
minuido ó casi abolido , la sed es nula , pero á 
veces muy intensa. El estado de la lengua que 
acabamos de indicar puede sufrir modificacio- 
nes cuando se ha irritado el estómago con un 
tratamiento escitante, con bebidas estimulan- 
tes, ó por otras causas , se presenta la lengua 
rubicunda, y es la sed mas intensa. La cons- 
tipación es un síntoma bastante frecuente en 
esta enfermedad ; esperimenta el enfermo có- 
licos repetidos, ya en el momento en que se 
mueven los gases, ó ya en otras épocas. La 
secreción de gases y los borborigmos, causan 
casi siempre una desazón bastante notable, agi- 
tación é insomnio, sobre todo hacia la termi- 
nación de la enfermedad; la comida mas sen- 
cilla, y aun las bebidas aumentan los dolores 
y los demás síntomas. Con frecuencia sustitu- 
ye una diarrea colicuativa á la constipación. 

»La lesión del estómago ejerce poca influen- 
cia sobre la circulación, y si el pulso se ace- 
lera , si se aumenta el calor de la piel , solo es 
en el momento de la digestión , por las tar- 
des, ó poco tiempo antes de la muerte. Muy 
raras veces existe una fiebre héctica bien ca- 
racterizada, cuando la enfermedad sigue su 
curso sin complicación ; cosa bastante digna 
de tenerse presente. Algunos enfermos se que- 
jan de palpitaciones, y de llamaradas que les 
suben á la cara. La ansiedad epigástrica pro- 
duce cierta disnea; varios autores admiten, en 
esta enfermedad , la existencia de una los gás- 
trica, que repite con violencia, que seca ó acom- 
pañada de una espectoracion pituitosa abundan- 
te, y que provoca el vómito. En no pocos casos 
se manifiesta esta tos gástrica , sin que por eso 
exista tubérculo alguno pulmonal. 

»Muy desde el principio ofrece la cara la es- 
presion del padecimiento: los zigomáticos y 
otros músculos se marcan por debajo de la 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO- 



25 



piel; se pronuncian los pómulos, sufre la cara 
un enflaquecimiento muy manifiesto, y presen- 
ta un aspecto que caracteriza muy bien la afec- 
ción cancerosa- «A medida que progresa el 
marasmo, dicen Bayle y Cayol, adquiere el 
rostro ese carácter particular que se espresa 
con el nombre de cara contraída, ad virtiéndo- 
se debajo de los pómulos una depresión digi- 
tal , que por lo común parece bailarse en rela- 
ción con la disposición al vómito» (art. cit., pá- 
gina 620). Hemos tenido ocasión de observar, 
en los cánceres, congestiones parciales que dan 
á la nariz, á los pómulos, y á veces á los pár- 
pados y á las orejas, un color rojo muy mani- 
fiesto, observación confirmada por otros auto- 
res. En algunos casos, se ba notado igualmen- 
te una ligera bincbazon de la cara , y este sín- 
toma , que con frecuencia se presenta bácia la 
terminación de la enfermedad , depende en 
nuestro concepto, asi como las congestiones 
sanguíneas, de una perturbación de la circu- 
lación. El enflaquecimiento de todo el cuerpo 
llega al grado mas alto , y á veces le sustituye 
un ligero anasarca , ó bien una bincbazon que 
ocupa solamente la cara y las estremidades in- 
feriores. Estos síntomas son independientes de 
toda lesión del bígado, ó de los vasos gruesos 
del abdomen, á los cuales se atribuyen, sin em- 
bargo, en muchos casos. En los enfermos que 
sucumben en este estado, se encuentran tu- 
mores cancerosos , que comprimen las venas 
gruesas del vientre, y algunas veces penetran 
en su cavidad, destruyendo sus paredes y de- 
terminando en otros casos la flebitis. La piel 
adquiere un color terreo, empañado, ó amari- 
llo-pálido, que se ha considerado como un sig- 
no de las afecciones cancerosas, pero que no 
merece la confianza que se ha tenido en él. En 
fin, llega el enfermo al último periodo del 
marasmo; sus fuerzas se debilitan cada vez 
mas, y sucumbe casi sin agonía, conservando 
toda su inteligencia, ó perdiéndola solo en sus 
postreros instantes, para morir en breve con 
estertor , delirio, y algunas convulsiones. 

Síntomas que indican el asiento del cáncer. 
— «Guando la lesión ocupa el píloro , se nota 
un tumor hacia el hipocondrio derecho, entre 
las costillas falsas y el ombligo. Si hay estre- 
chez del orificio, no se verifican los vómitos 
hasta algún tiempo después de las comidas, 
y el estómago se dilata; entonces es cuando 
sobrevienen vómitos de sustancias injeridas 
muchos dias antes, y arrojadas con frecuencia 
en gran cantidad. Puede establecerse en gene- 
ral, que es tanto mas constante el vómito, cuan- 
to mas graduada la obstrucción del píloro: sin 
embargo, hay muchas escepciones de esta re- 
gla. Se ha comprobado la existencia de vómi- 
tos pertinaces en casos en que el píloro ofre- 
cía una ligera estrechez, ó estaba exento de 
alteración; y por el contrario, se han hallado 
obliteraciones casi completas de esta abertura, 
sin que fuesen los vómitos mas frecuentes que 
en otros casos. Obsérvanse á veces particulari- 



dades anatómicas que esplican hasta cierto pun- 
to esta variedad de síntomas. Si la ulceración, 
ó el reblandecimiento , destruyen las masas 
escirrosas que se oponen al paso de las sustan- 
cias alimenticias , se concibe que puede cesar 
el vómito; y lo mismo sucederá cuando algún 
tumor escirroso haga el oficio de válvula , y 
obstruya el píloro (véase la tes. de Garlos, De- 
nonvilliers: proposit. et observ., en 4.°; París, 
1837: véase también Dilatación del estó- 
mago). 

»EI cáncer del cardias determina: 1.° un 
dolor que ocupa la parte superior del epigas- 
trio , el esternón , los hombros, ó las últimas 
vértebras dorsales; 2.° la regurjitacion de los 
alimentos antes que penetren en el estómago, 
ó vómitos que siguen inmediatamente á la co- 
mida. No se distingue tumor alguno hacia el 
orificio pilórico ; los enfermos arrojan de cuan- 
do en cuando bocanadas de mucosidades fila- 
mentosas , semejantes á la saliva y á veces 
blanquecinas. En fin, cuando el cáncer del 
cardias es bastante voluminoso para oponer 
obstáculo á la entrada de los alimentos , se au- 
mentan mucho el hambre y la sed, y los enfer- 
mos sucumben pronto de inanición (Ghardel, 
obra cit. , p. 153). 

«Guando el cáncer reside en el cuerpo 
del estómago, los vómitos son menos frecuen- 
tes , faltan , ó no se observan sino en los pri- 
meros tiempos de la enfermedad. Los sínto- 
mas tienen menos intensidad que en el cán- 
cer del píloro y del cardias. Háse dicho que es 
mas rápido el enflaquecimiento cuando está 
alterado el cuerpo del estómago, porque veri- 
ficándose la quimificaciou en todo el fondo de 
esta viscera, y en su cara inferior, debia en- 
tonces alterarse mucho la nutrición. (Véase 
Abercrombie, Dicaces of the stomach and in- 
testinal canal, p. 61.) Se ha dicho también 
que , en las degeneraciones de la totalidad del 
estómago, es casi continuo el dolor epigástri- 
co , irradiándose á todo el abdomen; padece 
el enfermo borborigmos y flatos; los vómitos 
son fáciles; las materias vomitadas salen co- 
mo por rebosamiento, mezcladas con líquidos 
espumosos y blanquecinos. Pero, repetimos 
con Bayle y Cayol , «que todos estos signos 
son inciertos, y que con frecuencia es impo- 
sible distinguir antes de la muerte qué parte 
del estómago se halla especialmente afectada 
de cáncer. Diremos mas : no siempre es dado 
reconocer un escirro del estómago antes de la 
autopsia cadavérica. Hemos visto algunos bas- 
tante voluminosos , y aun cánceres ulcerados 
en individuos que habían sucumbido con ma- 
rasmo , sin haber tenido jamás vómitos ni 
dolores epigástricos, ni aun dispepsia; y no 
dudamos que cuantos profesores han abierto 
cierto número de cadáveres en los hospitales 
hayan hecho la misma observación. ¡A cuán- 
tos errores se espondrá el médico que no re- 
conozca el cáncer del estómago sino cuando 
vea reunidos todos los síntomas que hemos 



26 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



indicado!» Añadamos á estas prudentes obser- 
vaciones , que muchas enfermedades simulan 
perfectamente el cáncer del estómago; con lo 
cual se podrá formar idea de las dificultades 
que se encuentran cuando se quiere establecer 
el diagnóstico de esta enfermedad. 

»Curso.— Duración. — Terminación. — No 
puede señalarse una duración precisa al cán- 
cer del estómago. Aunque, en los casos mas 
ordinarios ocasione, como lasenfermedades agu- 
d,ts, la muerte del enfermo en un tiempo bas- 
tante corto, ofrece frecuentemente un curso 
crónico , y vá acompañado de todos los signos 
del marasmo y de la caquexia cancerosa. Una 
vez declarados los primeros síntomas de la en- 
fermedad se agravan cada día. Sin embargo, 
vemos que algunos enfermos tienen intervalos 
de reposo, en los que se contienen los vómitos, 
son mas fáciles las digestiones , y se disipan los 
dolores, empezándose á concebir esperanzas 
de un restablecimiento próximo; pero bien pron- 
to cesa este alivio momentáneo , hace el mal 
nuevos progresos, y marcha con mas rapidez 
que antes. Espongamos ahora, en pocas pala- 
bras , el orden con que de ordinario se desar- 
rollan los síntomas. 

»En el primer periodo: acedías, flaluosi- 
dades, dispepsia , ansiedad epigástrica , y sen- 
saciones diversas en este punto, después de 
las comidas, ó ya á diferentes horas; varios sín- 
tomas nerviosos que simulan perfectamente una 
simple gastralgia , vómitos de materias alimen- 
ticias, en un principio raros, y después mas 
frecuentes; algunas veces permanencia deaque- 
llas en el estómago, ó bien espulsion inmedia- 
ta de las mismas ; sed mediana ó nula; lengua 
natural ; estreñimiento. 

»En el segundo periodo se aumentan todos 
los síntomas , la dispepsia, vómitos , anorexia, 
dolores epigástricos, tumores en esta rejion, 
estreñimiento, marasmo, etc. 

»En el tercero: fuertes dolores epigástricos, 
tumor mas pronunciado, vómitos negros, fetidez 
del aliento, cólicos, borborigmos, estreñimiento 
alternado con diarrea, ó sustituido por esta últi- 
ma, color amarillo, marasmo, y todos los signos 
de la caquexia cancerosa. El cáncer del estóma- 
go altera la constitución de los enfermos de una 
manera lenta, sin influir mucho sobre los demás 
aparatos ; de suerte que apenas le acompañan 
síntomas generales, á no ser en el tercer periodo 
de la enfermedad. Broussais insiste mucho en 
las influencias simpáticas que las afecciones del 
estómago, y en particular del píloro, ejercen 
sobre el cerebro , y coloca esta enfermedad en- 
tre las causas mas frecuentes de la hipocon- 
dría ; pero, sin embargo, Bayle y Cayol dicen 
que los enfermos afectados de cáncer no les 
parecen mas inclinados á la tristeza que los tí- 
sicos, cuando no sufren vivos dolores ó una 
fuerte dispepsia. «Han visto muchos enfermos 
que se ocupaban todavía la víspera de su muer- 
te , de proyectos cuya ejecución habria exijido 
largos años.» 



»Cuando no sobreviene complicación algu- 
na, se consume el enfermo lentamente en el 
marasmo , con todos los signos de la caque- 
xia cancerosa; entre los cuales figura el tinte 
amarillento de la piel de que hemos hablado, y 
que unos atribuyen á la estension del cáncer del 
estómago al hígado , y otros á la compresión 
ejercida por el tumor sobre los conductos de la 
bilis. En efecto, hay casos en que tal parece 
ser el orijen del tinte amarillento; pero con 
mas frecuencia depende de la caquexia, es de- 
cir , de la reabsorción de las partes mas flui- 
das del cáncer , y á veces de su introducción 
en los vasos, por haberse destruido las pare- 
des de estos , como hemos dicho al tratar de las 
alteraciones (Véase también Cáncer en gene- 
ral , tom. VII, pág. 260). Cuando no hay re- 
blandecimiento del cáncer, forzoso es esplicar 
el tinte amarillento de la piel por la alteración 
general que esperimentan la nutrición y todos 
los tejidos de la economía. 

»EI cáncer del estómago tiene una tenden- 
cia fatal á reblandecerse y ulcerarse: de aquí 
proceden esas perforaciones, que pueden ter- 
minar rápidamente la existencia de los enfer- 
mos. Sin embargo, estos casos son mas raros, 
de loque generalmente se cree ; porque los 
órganos inmediatos unidos al estómago cance- 
roso por adherencias anteriores, oponen un 
obstáculo al derrame de las materias alimenti- 
cias y de las bebidas. Ademas del reblandeci- 
miento y de la ulceración de los cánceres, tie- 
ne la enfermedad otros medios de terminación, 
á saber: la hemorragia de un vaso comprendi- 
do en la degeneración cancerosa, la peritoni- 
tis sobre-aguda , la fiebre héctica, y todos los 
accidentes de la caquexia cancerosa. La he- 
morragia no siempre proviene de los vasos del 
estómago ; Cas. Broussais cita un caso en que 
de resultas de adherencias establecidas entre 
el hígado y el estómago, tuvo lugar una he- 
morragia de la vena porta (AnnaL de la me- 
dec. phisiol. , agosto 1823). Workman refiere 
un hecho análogo (Lond. med. reposit. , to- 
mo XIX). 

«Complicaciones. — No haremos mas que 
indicar las enfermedades del hígado, del bazo, 
y de los vasos gruesos; la obliteración de estos 
que determina el edema de los miembros in- 
feriores ; la ascitis, la peritonitis aguda ó cró- 
nica; los tubérculos pulmonales, y el cáncer 
de otro órgano , como el esófago, el recto, los 
intestinos y el hígado. 

«Diagnóstico. — Gastritis. — La gastritis 
crónica simula de tal modo el cáncer del estó- 
mago , que no siempre es posible distinguirla 
de él , en particular cuando la degeneración es 
incipiente. En efecto, ¿cómo podrá averiguar- 
se si los síntomas de dispepsia que se manifies- 
tan en este caso, pertenecen mas bien á la gas- 
tritis crónica que á un cáncer del estómago? 
Y por otra parte, ¿cómo podrá fundarse el 
diagnóstico con el auxilio de los síntomas, su- 
puesto que aun después de la muerte de los 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



27 



enfermos , todavía ofrecen dudas varias le- 
siones cadavéricas, que unos consideran co- 
mo cancerosas, y otros refieren á la gastritis? 
Andral se espresa sobre el particular de este 
modo: «¿Tienen las lesiones infinitamente va- 
riadas del estómago crónicamente inflamado, 
síntomas especiales que distingan á cada una 
de ellas? No tememos responder de un modo 
negativo.» Este autor examina cada síntoma 
local ó general del cáncer, el dolor lancinante, 
la naturaleza de las materias vomitadas, etc., 
y no encuentra uno solo que pueda servir para 
caracterizar el mal. De aqui concluye , «que 
escepluado el caso en que se distingue un tu- 
mor al través de las paredes abdominales, no 
existe signo alguno cierto , para poder dis- 
tinguir lo que se llama en el lenguaje mé- 
dico ordinario, un cáncer del estómago, de 
lo que se llama una gastritis crónica» (Clíni- 
ca me'dica). 

»Sin embargo, Bouillaud cree que en mu- 
chos casos puede establecerse el diagnóstico de 
una manera bastante precisa (artículo Cáncer 
del Dktion. de medec. et chirurg. prat. , pá- 
gina 466). 

»La gastritis ataca en todas las edades; el 
cáncer es muy raro en los jóvenes. En la prime- 
ra , tienen lugar los vómitos en diferentes épo- 
cas , antes ó después de la comida , y son mas 
frecuentes y repetidos queen el cáncer ; la ano- 
rexia, la rubicundez, la sed, son también mas 
pronunciadas , y no se observa tumor en el 
vientre , aun cuando hayan existido largo tiem- 
po los vómitos. Los fenómenos nerviosos , las 
flatuosidades, el vómito negro, y el tinte ama- 
rillento , son mas frecuentes en el cáncer. En 
fin , cuando todos los síntomas referidos exis- 
ten algún tiempo, sin que se manifieste tumor 
en el epigastrio ó en los hipocondrios; cuando 
no se presentan los signos de la caquexia can- 
cerosa, puede sospecharse que únicamenteexis- 
te una simple flegmasía crónica de la membra- 
na interna del estómago; pero debemos confe- 
sar que todos estos signos son inseguros , y 
que esceptuando el tumor y el vómito negro, 
no hay uno solo que pueda servir de medio de 
diagnóstico. Se ha dicho que siendo el mismo 
el tratamiento del cáncer y de la gastritis , no 
podia perjudicar al enfermo un error en este 
punto ; pero no es indiferente para el pronós- 
tico que el médico conozca la naturaleza de la 
enfermedad. Es, pues, indispensable estudiar 
atentamente los síntomas considerados en su 
conjunto, observando de continuo el curso de 
la dolencia, la acción de los remedios, etc. La 
úlcera simple y la perforación del estómago ad- 
herido á los órganos inmediatos, son enferme- 
dades que desarrollan al principio síntomas in- 
flamatorios, y mas tarde todos los signos del 
cáncer, esceptuando el tumor. En este caso, 
como en la gastritis crónica , á que se han re- 
ferido semejantes lesiones , es casi imposible 
el diagnóstico diferencial. 

»La gastralgia es una de las afecciones que 



mejor simulan el cáncer del estómago : efec- 
tivamente, este suele presentar en su princi- 
pio fenómenos dispépsicos , enteramente aná- 
logos á los de la gastralgia: tales son, ciertos 
dolores gástricos , que se calman por la inges- 
tión de los alimentos, disminución, perver- 
sión del apetito, dificultad en las digestiones, 
vómitos, timpanitis, síntomas de hipocon- 
dría, accidentes nerviosos generales, etc.; 
siendo lo mas notable que puede convenir el 
tratamiento de la gastralgia al principio de al- 
gunos cánceres del estómago, cuando no exis- 
ten todavía sino alteraciones funcionales que 
interesan principalmente la inervación. La uti- 
lidad de los narcóticos, el uso de ciertos ali- 
mentos que los enfermos digieren bien, y en 
fin, el curso irregular de los primeros sínto- 
mas, concurren á hacer el diagnóstico si no 
imposible, al menos muy difícil; no obstante, 
los buenos efectos de los tónicos y de los es- 
citantes en la gastralgia, servirán para distin- 
guirla. Se tendrá presente la conservación de 
las fuerzas y el ningún deterioro de los enfer- 
mos atacados de la gastralgia; mientras que 
por el contrario pocas veces deja de progresar 
el enflaquecimiento en los individuos afecta- 
dos de cáncer. 

^Vómitos nerviosos. — «Ninguna afección 
imita con tanta perfección las degeneraciones 
escirrosas del estómago como los vómitos es- 
pasmódicos.» (Chardel , p. 159.) Refieren los 
autores numerosos ejemplos de estos vómitos, 
debidos con frecuencia á causas morales; Char- 
del ha reunido varios (p. 159 y sig.) Estos vó- 
mitos persisten á veces muchos años, y pue- 
den determinar la espulsion de materias ne- 
gras ó parduscas. Para no confudirlos en es- 
te caso con los vómitos del cáncer, debemos 
elevarnos á la averiguación de las causas que 
los han provocado; ver si existe algún tu- 
mor, y observar los efectos de los remedios 
antiespasmódicos ó de otra especie. El enfla- 
quecimiento suele ser menor, y no sobrevie- 
ne con tanta rapidez como en el cáncer, res- 
tableciéndose algunas veces los enfermos. El 
estómago no presenta lesión alguna de natu- 
raleza cancerosa. 

nCáncer del esófago.— La dificultad de la 
deglución esofágica, la regurgitación casi in- 
mediata délos alimentos, el sitio del dolor, 
la ausencia de todos los signos del cáncer del 
cardias y del estómago, y en fin, la introduc- 
ción de una sonda esofágica, permiten diag- 
nosticar con bastante exactitud el cáncer del 
exófago. 

»Se han visto casos en que daba lugar á los 
vómitos una hernia del estómago formada en- 
tre los hacecillos de los músculos rectos : el 
tacto y la reducción del tumor disipan todas 
las dudas. (V. Mcm. de l'Acadroy. de Chir., 
t. I,p.702.) 

»í/n cuerpo estruño introducido en el es- 
tómago puede simular el cáncer, bien irri- 
tando el órgano, ó ya presentando un obs- 



28 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



táculo mecánico al curso de las materias; en cu- 
yo caso se observan frecuentemente , durante 
un tiempo bastante largo, náuseas, hipo, vó- 
mitos, y otros síntomas del cáncer. Andral re- 
fiere el hecho curioso de una mujer, que pre- 
sentaba todos los signos de esta afección, y 
que se curó después de haber vomitado un 
cálculo de colesterina del volumen de una 
nuez. (Anat. palh. loe. cit., p. 169.) No siem- 
pre es el estómago el sitio de estas concrecio- 
nes; algunas veces se las encuentra en los in- 
testinos gruesos. Iguales accidentes puede pros 
ducir un hueso de fruta ó cualquier otro cuer- 
po. En todos estos casos la indagación de la 
causa suele bastar para formar el diagnóstico. 
Las concreciones que se hallan situadas en las 
vias biliarias se acompañan, á la verdad, de 
muchos fenómenos morbosos comunes al cán- 
cer; pero la agudeza de los dolores, bajo la 
forma de cólico, su sitio, la descoloracion de 
las materias fecales, el vómito bilioso, la ic- 
tericia , la suspensión rápida del acceso , su in- 
termitencia, etc. establecen diferencias harto 
notables para que no se incurra en error. Otro 
tanto sucede en las enfermedades agudas que 
ocasionan vómitos, como la hernia estrangu- 
lada, la peritonitis, el íleo, etc. 

»A veces se observan en el abdomen , cer- 
ca del píloro, del hígado y del páncreas, so- 
bre la parte anterior del raquis, tumores escir- 
rosos (masas retro-peritoneales de Lobstein, 
véase cáncer en general, tomo VII), ó de na- 
turaleza fibrosa, cartilaginosa , huesosa, etc. 
Si al misino tiempo sobrevienen síntomas de 
una enfermedad del estómago , es difícil re- 
conocer el verdadero sitio de la afección. Sin 
embargo, cuando se observan estos tumores 
en su principio, vemos que las alteraciones 
funcionales del estómago se presentan mucho 
mas tarde que en los tumores cancerosos si- 
tuados en las paredes de este órgano. 

«Pronóstico. — El cáncer del estómago, 
como el de cualquiera otra viscera, se tiene 
por incurable: y esta proposición es entera- 
mente exacta, cuando se aplica á las produc- 
ciones escirrosa ó encefaloidea; porque en 
efecto es imposible curar un enfermo afecta- 
do de esta especie de degeneración. Será el 
peligro menos grave cuando se trate de una 
hipertrofia parcial , sin lesión alguna de las di- 
ferentes membranas del estómago. Para fun- 
dar el pronóstico de la manera mas sólida que 
permitan las dificultades inherentes al diag- 
nóstico, procuraremos reconocer: 1.° el sitio 
de la enfermedad : 2.° su grado : 3.° la rapidez 
y la naturaleza de los síntomas. Bajo el pri- 
mer punto de vista hallamos , por ejemplo, 
que el cáncer del cardias es mas grave que el 
del píloro, y que la enfermedad de este últi- 
mo lo es mas que la degeneración de las pa- 
redes. Si se colige por el estudio de los sínto- 
mas, que existe una úlcera carcinomatosa, 
no hay duda que está avanzada la enferme- 
dad. Eu fin, si son los vómitos frecuentes y 



penosos, si los líquidos vomitados están for- 
mados de una materia sanguinolenta, y con 
mas razón, si sobrevienen frecuentes y abun- 
dantes hematemesis, ó si se espelen las me- 
nores cantidades de alimentos y de bebidas, 
debe creerse que está próxima la época de la 
terminación fatal. 

«Repetimos que el pronóstico del cáncer 
es muy grave; que es una afección casi ne- 
cesariamente mortal; que son poco numero- 
sos los casos felices, y que no se ha demos- 
trado que el estómago estuviese realmente 
canceroso en los ejemplos de curaciones ci- 
tados por mas de un autor. 

«Etiología. — El cáncer del estómago afec- 
ta con mas frecuencia al hombre que á la mu- 
jer. Se observa pocas veces antes de la edad 
de la pubertad , y después de los setenta años. 
No es cierto, como dice Houghton, que no 
haya observación auténtica de cáncer del es- 
tómago antes de la pubertad (art. cit. de la 
Enciclop. ing., p. C4C); pero á lo menos es 
su número muy limitado. En los viejos vemos 
con mas frecuencia el cáncer. 

«Chardel considera el temperamento lin- 
fático como una condición favorable al des- 
arrollo del cáncer (obra cit., p. 102); y á esta 
condición debe añadirse la sobre-escitacion 
nerviosa , que desde los primeros años vemos 
aparecer en algunos sugetos, y que suele ser 
trasmitida por herencia. La diátesis cancerosa, 
es decir, la funesta predisposición en virtud 
de la cual afecta la enfermedad de preferencia 
á algunos individuos, es también una causa 
que no podria ponerse en duda ; pero ¿se 
transmite semejante diátesis, por medio de 
la generación? cuestión es esta en que rei- 
na mucha incertidumbre , como queda de- 
mostrado en otro lugar. (Véase cáncer en ge- 
neral , t. VIL) 

«Entre las causas que obran irritando la 
membrana mucosa, y que se supone tener par- 
te en la producción del cáncer , debemos con- 
tar el abuso de las bebidas vinosas y alco- 
hólicas, el del vino blanco ó del aguardien- 
te tomados en ayunas, la acción irritante de 
ciertos medicamentos purgantes , drásticos, 
de los mercuriales, y de las sustancias veneno- 
sas ingeridas con el objeto de suicidarse. Char- 
del combate la opinión de los que conceden á 
los licores alcohólicos mucha influencia en el 
desarrollo del cáncer, y se funda en la ob- 
servación, hasta cierto punto exacta, de que 
los tejidos se habitúan á la acción repetida de 
los estimulantes con quienes se hallan en con- 
tacto. (Obr. cit. , p. 87.) Después de Chardel 
se ha sostenido una doctrina no menos esclu- 
siva; pero aun mas distante de la verdad. 
Broussais y su escuela colocan entre las cau- 
sas del cáncer del estómago todas las de las 
gastritis, es decir, todos los cuerpos suscep- 
tibles de producir una irritación por ligera 
que sea , y aun los tónicos y otros agentes, 
que no todos los médicos consideran como es- 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



29 



citantes. Recorriendo los anales de la cien- 
cia , pronto reconocemos que muchos cán- 
ceres se manifiestan exentos de toda irrita- 
ción. Algunas veces se han alucinado los prác- 
ticos porque han visto aparecer los primeros 
síntomas del cáncer gástrico, en sngetos habi- 
tuados á las bebidas escitantes, tónicas, pur- 
gantes , á los vinos del medio dia , etc.; pero, 
fijando la atención , nos convencemos de que 
muchos enfermos obran de este modo, porque 
no se efectnan bien sus digestiones, y tratan 
de facilitarlas ó de recuperar el apetito con el 
auxilio de bebidas escitantes, hasta que por úl- 
timo se deciden á consultar al médico , viendo 
que se les agravan todos los síntomas, y que el 
mal, antes latente, adquiere un curso mas rá- 
pido. 

«Se ha concedido una gran parte á los es- 
timulantes en la producción dccáncer del es- 
tómago ; reduciendo mucho el número de ca- 
sos en que determinan la enfermedad cau- 
sas enteramente opuestas, como la miseria, 
que obliga á no pocos desgraciados á susten- 
tarse de alimentos de mala calidad, y á pri- 
varse de los necesarios: en este caso se sien- 
te con frecuencia un hambre , tanto mas cruel, 
cuanto que algunos individuos toman toda es- 
pecie de precauciones para ocultar lo que pa- 
decen. Por nuestra parte, hemos podido ob- 
servar cierto número de cánceres, desarrolla- 
dos en hombres que vivían rodeados de toda 
especie de privaciones, y cuya desgraciada 
posición era un secreto para todos los que los 
conocían. 

»Se ha dicho también que algunas artes 
cuyo ejercicio exige una presión mas ó me- 
nos sostenida contra la región epigástrica, po- 
dían ocasionar el cáncer. Dícese , por ejem- 
plo, que los zapateros, los zurradores, los 
armeros, etc., son afectados de cáncer con 
mas frecuencia que otros; pero esta opinión 
carece de fundamento. 

»Las causas que con mas frecuencia deter- 
minan el cáncer son: los disgustos prolongados, 
las pasiones tristes, el abuso de los placeres 
venéreos, el celibato (art. cit. de Bayle). Se 
encuentran muchos cánceres en las clases mas 
ricas y mas pobres de la sociedad. En es- 
tos dos estremos de la escala social se mani- 
fiestan muchas causas que, aunque diferentes, 
no por eso dejan de obrar del mismo modo, es 
decir, perturbando el sistema nervioso. En la 
clase indijente las privaciones de toda especie, 
el hambre, la miseria, la vida licenciosa; en la 
clase mas elevada las pasiones , los disgustos 
no menos vivos, aunque por distintas causas. 
En prueba de esta influencia ejercida por las 
pasiones del alma , se ha citado el gran núme- 
ro de cánceres de estómago que sobrevinieron 
durante la revolución francesa (Véase la obra 
de Ghardel), y el célebre ejemplo de Napoleón, 
que murió de una afección cancerosa del estó- 
mago, contraída en la isla de Santa Elena, bajo 
la influencia de los infinitos pesares y disgus- 



tos que le hicieron sufrir los carceleros ingle- 
ses encargados de su seguridad. A e9te ejem- 
plo pudiéramos añadir otros menos conocidos, 
que probarían la grande influencia que tienen 
los disgustos, los temores , los celos , la am- 
bición, etc. sobre la producción del cáncer. 
Dice Broussais que el estómago , y sobre todo 
su porción pilórica , ejerce en el orden fisioló- 
gico, como en el patológico, una simpatía muy 
notable sobre el cerebro ; que los desórdenes 
intelectuales designados bajo el nombre colec- 
tivo de hipocondría reconocen frecuentemente 
por causa el cáncer del píloro ; y que el cere- 
bro á su vez , modificado por las causas que 
obran sin cesar en las grandes poblaciones, se 
convierte en asiento de las perturbaciones lla- 
madas emociones morales , y no tarda en alte» 
rar el estómago en su función ó en su estruc- 
tura. Parece que al principio disminuye la iner- 
vación, y es insuficiente para efectuar de una 
manera coveniente la quimificacion de los ali- 
mentos: de aqui esos síntomas de dispepsia que 
indican una simple alteración funcional. Pero 
muy luego la repetición de la misma causa , ó 
la acción continua de otras que obran en el 
mismo sentido , concluyen por alterar la nutri- 
ción de los tejidos , y por determinar su dege- 
neración ó un trabajo morboso de distinta na- 
turaleza (Cours. de pathologie gener. , t. I 
y II, passim , y Phleg. cron.). 

«Renato Prus se detiene prolijamente á de- 
mostrar, que el cáncer es una alteración de la 
nutrición, y algunas veces de la secreción de 
una ó mas membranas y capas celulares de es- 
te tejido ; alteración necesariamente unida á 
una modificación del sistema nervioso, que pu- 
diera llamarse irritación cancerosa , y que se 
aproxima á la lesión que produce la neurosis, 
con la diferencia de que la irritación cancerosa 
tiende á producir alteraciones de nutrición y de 
secreción, mientras que la neurosis puede exis- 
tir mucho tiempo sin determinar un resultado 
análogo (cit., página 201 ). 

«Solo citaremos por via de recuerdo otras 
muchas causas reproducidas por todos los au- 
tores, y que deberían desaparecer enteramente 
de las nosografías, tales como: la retropulsion 
de la gota, de los herpes, la supresión de una 
hemorragia habitual , .de la menstruación , etc. 
Balling pretende que el cáncer es endémico en 
un valle inmediato á la Selva Negra (Nauman, 
Handbuch der median, klinischen, t. IV, par- 
te I, pág. 536); pero esta aserción, desnuda de 
todo apoyo, no merece los honores de la crítica. 

«Las flegmasías agudas y crónicas del estó- 
mago son , en el concepto de muchos médicos, 
la única causa de los cánceres. Mas adelanté 
nos ocuparemos de esta cuestión , que corres- 
ponde á la naturaleza de la enfermedad. Rena- 
to Prus ha intentado establecer, que varios ac- 
cidentes en un principio puramente nerviosos, 
como el vómito , son una causa local de la for- 
ma de cáncer que consiste en una hipertrofia 
de la membrana muscular. Prodúcenla, seeuu 



30 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



este autor, las contracciones mas ó menos con- 
tinuas y mas ó menos repetidas de dicha túni- 
ca (ob. cit., pág. 105 y sig.). Esta opinión, que 
puede sostenerse con argumentos tomados de 
la fisiología y de la patología , se halla fundada 
en varios hechos. 

^Tratamiento. — Tres indicaciones princi- 
pales deben satisfacerse en el tratamiento del 
cáncer : 1. a separar las causas que han favore- 
cido su desarrollo ; 2. a obrar contra el mismo 
cáncer ; 3. a combatir los síntomas que le acom- 
pañan ; tratamiento que se llama paliativo, y 
que es el único posible en el mayor número 
de casos. 

«Cualquiera que sea la idea que se forme 
del cáncer , siempre será necesario separar to- 
das las causas susceptibles de irritar el estóma- 
go ; prohibir al enfermo el uso de los vinos, 
de los licores alcohólicos , y de todas las sus- 
tancias que le ofrece el charlatanismo , con el 
lisonjero nombre de estomacales ; sustraerle de 
las emociones morales, que algunas veces han 
precedido al desarrollo de la enfermedad; tener, 
en fin , especial cuidado de que las sustancias 
alimenticias, tomadas en cortas cantidades y en 
horas fijas , sean de fácil dijestion. Puede de- 
cirse en general que la leche , las féculas , los 
frutos mucilaginosos y azucarados, la carne de 
pollo, los pescados y las sustancias gelatino- 
sas, mejor que las abundantes en fibrina, deben 
servir en gran parte para la alimentación de los 
enfermos ; pero sin embargo esta regla sufre 
numerosas escepciones. Enfermos hay que di- 
jieren con dificultad los alimentos que hemos 
indicado ; al paso que les prueban perfectamen- 
te las bebidas un poco escitantes y lijeramente 
amargas , como la cerveza , el lúpulo , las car- 
nes ricas de osmazomo y de fibrina , etc. En 
algunos sugetos solamente se verifica con faci- 
lidad la dijestion cuando beben á la comida 
agua de Vichy , de Seltz , ó un agua ferrugino- 
sa. Debe, pues , el médico ensayar varias es- 
pecies de régimen, con el objeto de hallar aquel 
que se aeomode mejor al estómago del enfer- 
mo , pero proscribiendo siempre las bebidas vi- 
nosas y las alcohólicas. La leche es el alimento 
por escelencia : conviene al mayor número de 
enfermos, y puede sostenerlos mucho tiempo, 
aun cuando esté ya muy avanzada la lesión or- 
gánica. Cuando se aceda la leche en el estóma- 
go se la mezcla con agua de goma ó de cal (una 
ó dos cucharadas en cada taza ). Algunas veces 
nos vemos precisados á renunciar enteramente 
á este alimento, porque escita el vómito y la 
diarrea. 

»Prus reasume en los términos siguientes 
las principales indicaciones terapéuticas que de- 
ben satisfacerse en el tratamiento del cáncer: 
1. a combatir la conjestion sanguínea, que ha po- 
dido dar oríjen y que suele sostener ó agravar 
el desorden ; 2. a moderar ó prevenir la escesi- 
va actividad de los folículos mucíparos, pues la 
abundancia de secreción aumenta su volumen, 
y de consiguiente el grueso de la membrana 



mucosa ; 3 a modificar el sistema nervioso afec- 
tado primitiva ó secundariamente ; 4-.* evitar 
las frecuentes contracciones de las fibras mus- 
culares del estómago, supuesto que el ejerci- 
cio es la causa mas poderosa de la hipertrofia 
de los músculos; 5. a evitar ó destruir la inyec- 
ción del tejido celular sub-mucoso y sub-peri- 
toneal y de los vasos linfáticos; 6. a prevenir 
ó combatir las complicaciones que puedan so- 
brevenir , como por ejemplo una afección sifilí- 
tica , herpética , gotosa, reumática, psórica, 
ó bien la supresión de una úlcera ó de un exu- 
torio. Muchas de las indicaciones terapéuticas 
que propone Prus son en nuestro concepto su- 
periores á los recursos del arte. Ante todo de- 
be el práctico satisfacer las que sujiere el estu- 
dio de los síntomas , por lo cual nos ocupare- 
mos primero de las que tienen este oríjen, an- 
tes de hablar de los ajenies terapéuticos que 
se han usado en el tratamiento de la afección 
cancerosa considerada en sí misma. 

»El estómago es un órgano encargado de 
numerosas é importantes funciones que con- 
curren á la quimificacion. Necesario es para 
que esta se ejecute con regularidad: 1.° que las 
túnicas del ventrículo se contraigan en cierta 
dirección , y con alguna fuerza; 2.° que la se- 
creción de los líquidos sea normal ; 3.° que la 
inervación no esté aumentada, disminuida ó 
pervertida , como sucede en las afecciones dis- 
pépticas ; en una palabra , es necesario que to- 
dos los movimientos orgánicos conspiren á un 
mismo objeto. Ahora bien , una lesión orgáni- 
ca tan grave como el cáncer del estómago de- 
termina bien pronto alteraciones mas ó menos 
profundas en una ó en todas estas funciones; 
pero nada mas variable que la forma y la natu- 
raleza de semejante alteración : en un enfermo 
vemos un vómito pertinaz y continuo; en otros 
se aumenta la secreción del líquido gástrico; 
unas veces se desarrollan fenómenos dispépsi- 
cos y dolores agudos; otras se presentan los síu- 
tomas de una irritación gástrica, que es con 
frecuencia secundaria y á veces causa del cán- 
cer, etc. 

»Muchos médicos 'de la escuela fisiológica 
han considerado las emisiones sanguíneas co- 
mo el remedio curativo del cáncer del estóma- 
go ; pero los prácticos modernos están confor- 
mes en no emplear este tratamiento sino al 
principio de la afección , cuando la acompañan 
todos los signos de irritación gástrica , ó en una 
época mas avanzada de la enfermedad , cuan- 
do sobrevienen el reblandecimiento y la ulce- 
ración en el tejido canceroso, y se manifiestan 
á su al rededor inflamaciones parciales. Una ó 
muchas aplicaciones de sanguijuelas, fomentos 
emolientes , una dieta severa , las bebidas go- 
mosas, ó lijeramente acídulas, bastan aveces 
para disipar los dolores, la ansiedad epigástrica, 
los vómitos, etc. 

»Prus ha intentado establecer que el vómi- 
to , considerado generalmente como un sínto- 
ma ó efecto del cáncer del estómago , es por el 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



31 



contrario la causa local de la hipertrofia de la 
membrana muscular, suponiendo que sobre- 
viene esta alteración en los individuos que vo- 
mitan con frecuencia materias mucosas. Sin 
discutir ahora esta opinión, de que nos ocupa- 
remos en otro lugar (véase Naturaleza) , de- 
bemos reconocer que la hipertrofia , y de con- 
siguiente el esceso de actividad de la contrac- 
ción muscular y de la inervación que la presi- 
de, deben tener mucha parte en la producción 
de los vómitos pertinaces y continuos que fati- 
gan á gran número de enfermos. En este caso 
se prescriben con buen éxito el opio, el estracto 
de beleño , la cicuta , la belladona, la dulca- 
mara ; las bebidas lijeramente antiespasmódi- 
cas, tales como el agua de tila, de las hojas y 
flores de naranjo , de laurel real , de lechuga; 
las bebidas frías, heladas ó gaseosas en que 
entre el ácido carbónico ( agua de Seltz , po- 
ción anti-emética de Riverio) , y las aplicacio- 
nes narcóticas ó frias sobre el epigastrio. En 
algunos enfermos parece depender el vómito 
de la secreción aumentada de fluidos gástricos, 
que en ocasiones se puede moderar con el au- 
xilio del opio y de las sustancias antes indica- 
das. En tales circunstancias se propina también 
la magnesia ó el agua saturada de este álcali. 
Algunos enfermos , fatigados por las náuseas y 
los vómitos que los atormentan, creen que les 
será útil un vomitivo ; pero debemos oponer- 
nos á los deseos de tales sugetos , que dan á 
sus sensaciones una interpretación muy distin- 
ta de la que tienen para el verdadero médico. 

»Como las perturbaciones del sistema ner- 
vioso gástrico desempeñan un papel importante 
en la sintomatologia del cáncer , debe por lo 
mismo fundarse en ellas una parte de la tera- 
péutica. Los accidentes gastrálgicos causados 
por la enfermedad del estómago se combaten 
con medicaciones variadas : unas veces se ad- 
ministra el sub-nitrato de bismuto á la dosis de 
veinte á cuarenta granos cada dia, ó bien pe- 
queñas cantidades de opio , ó varios antiespas- 
módicos , como el asafétida , el estracto de be- 
leño y el almizcle; otras las tinturas de valeria- 
na , de castor , de alcanfor , el agua de menta, 
el éter sulfúrico, etc. Estas últimas prepara- 
ciones solo deben usarse con reserva y cuando 
estemos seguros de que las primeras dosis han 
producido algún alivio. Los narcóticos admi- 
nistrados en lavativas dan á veces mejor resul- 
tado que propinados en poción ó en pildoras. 
Cuando los enfermos se quejan de dolores agu- 
dos y de pesadez en la región epigástrica pue- 
den ser de alguna utilidad las aguas aromáticas, 
la de Seltz, etc. 

»Prus ha insistido mucho sobre las ventajas 
de los narcóticos. El cáncer es en su opinión 
una enfermedad en la que está primitiva y prin- 
cipalmente modificado el sistema nervioso, so- 
bre el cual debe dirigirse en particular el tra- 
tamiento. Para llenar este objeto propone el uso 
de las preparaciones narcóticas, del almizcle, 
de la asafétida, del azafrán, del éter sulfúri- 



co , del estracto de cicuta y de las pildoras de 
Meglin ( ob. cit. , pág. 158). 

»Se combate la secreción gaseosa que se 
verifica en el estómago y los intestinos con el 
auxilio de los narcóticos, y sobre todo dismi- 
nuyendo la cantidad de alimentos y usándolos 
mas lijeros. En los sugetos flacos ó de mucha 
susceptibilidad nerviosa ceden los vómitos , el 
hipo, los calambres y los bostezos con el uso de 
la valeriana, del éter y del castóreo. El estre- 
ñimiento no debe tratarse con los purgantes, 
que exasperan los demás síntomas del cáncer; 
bastan de ordinario las lavativas y alguna ti- 
sana laxante. Si al estreñimiento se une la tim- 
panitis importa combatir aquel síntoma. La 
diarrea es una complicación ó el último efecto 
de la enfermedad , en cuyo último caso están 
indicados los narcóticos , la triaca y el dias- 
cordio. 

»En el número de los tratamientos dirigi- 
dos contra el mismo cáncer debemos mencio- 
nar : 1.° el tratamiento antiflogístico , que so- 
lamente conviene en los casos en que se mani- 
fiestan signos evidentes de irritación gástrica; 
2.° el uso del estracto de cicuta ó de beleño, 
que han producido buenos efectos á muchos 
autores. Bayle y Cayol aconsejan una tisa- 
na, hecha con media onza de zarzaparrilla y de 
china hervidas en suficiente cantidad de agua 
para obtener dos libras de cocimiento después 
de cinco ó seis horas de ebulición ; 3.° las 
pildoras de Meglin ( estracto de beleño, raiz de 
valeriana silvestre y óxido de zinc sublimado 
en pildoras de á grano ) ; 4.° el estracto de ci- 
cuta, el opio, el acónito, la belladona y el be- 
leño ; 5.° los calomelanos; 6.° las preparacio- 
nes llamadas fundentes y desobstruentes , co- 
mo el jabón medicinal , el estracto de sapona- 
ria , de achicoria , la escila , algunas resinas, y 
á veces las sustancias tónicas, como los estrac- 
tos de quina y el ruibarbo. Chardel y otros mu- 
chos médicos aconsejan los tónicos, que por el 
contrario juzgan algunos muy perjudiciales. 
Creemos que se obtiene alguna ventaja propi- 
nando los tónicos , como la quina, el vino di- 
latado en agua, los amargos, y las aguas ferru- 
ginosas á los enfermos linfáticos , cuyos tejidos 
parecen dotados de poca enerjia. Seguramente 
que estos medios no curan el cáncer ; pero fa- 
vorecen la resolución de las ingurjitaciones 
blancas que se efectúan en las túnicas del es- 
tómago ; 7.° los revulsivos sobre el epigastrio, 
ó á lo largo de las últimas costillas falsas ( ve- 
jigatorio fijo , moxas). Se citan casos en que pe- 
queños moxas , colocados sobre el epigastrio 
según el método de Larrey , han producido un 
alivio notable (Journ. de mea. , t. XXII), pero 
no suele ser mas que momentáneo. A veces 
ocasionan los menores revulsivos dolores muy 
agudos que obligan á renunciar su uso ; mas 
en sugetos apáticos y sin reacción producen 
buenos resultados. De todos modos estos reme- 
dios solo pueden detener los progresos del mal 
cuando no está muy adelantado , y aun pudie- 



32 



CÁNCER DEL ESTÓMAGO. 



ra preguntarse si los casos en que las supura- 
ciones producidas por los cauterios y los moxas 
repetidos han sido útiles, lo eran de cáncer con 
producción de materia escirrosa ó encefaloidea, 
ó solo consistían en simples induraciones con 
hipertrofia de las paredes del estómago. Las 
fricciones con la pomada de Autenrieth, con el 
aceite de crotontiglio , con el amoniaco líquido 
unido ó no al aceite de almendras dulces, y la 
aplicación del martillo de Mayor, obran produ- 
ciendo una fuerte derivación sobre el estómago, 
y pueden ser provechosos; pero debemos pre- 
ferir las supuraciones obtenidas con dos ó tres 
cauterios colocados en el epigastrio y al nivel 
de los bordes de las costillas del costado de- 
recho ó izquierdo , según el sitio presumible 
de la afección. 8.° Las fricciones irritantes y to- 
dos los estímulos producidos en la piel, ya con 
el auxilio de baños de agua simple, ó bien de 
mar, ó de aguas minerales sulfurosas, favore- 
cen los buenos efectos del tratamiento farma- 
céutico, y con frecuencia concurren mas que 
ningún otro auxilio á mejorar la posición de los 
enfermos. Los viajes, el habitar en países que 
favorezcan lo menos posible la escitacion intes- 
tinal , el ejercicio muscular, la distracción, in- 
dispensable sobre todo en los hipocondriacos, 
el uso de alimentos de fácil dijestion, de bebi- 
das acuosas , aireadas , acídulas , de una solu- 
ción gomosa , etc. , forman la base del trata- 
miento. 

Naturaleza y clasificación. — »Ya hemos 
espuesto en nuestro artículo del cáncer en ge- 
neral, las diversas opiniones emitidas sobre el 
sitio anatómico de la lesión , y en la actualidad 
no debemos ocuparnos mas de este asunto. So- 
lo diremos que Cruveilhier cree que el sitio pri- 
mitivo del cáncer del estómago es la membrana 
fibrosa interpuesta entre la mucosa y la mus- 
cular, y que las demás túnicas se afectan con- 
secutivamente ; sin embargo, admite que algu- 
nas afecciones cancerosas interesan primero la 
membrana interna. «Las membranas mucosas, 
dice , están á mi modo de ver esencialmente 
constituidas por una trama vascular venosa, 
areolar; en una palabra, una capa delgada de 
tejido erectil ; los folículos solo son un elemen- 
to sobrepuesto. En esta trama vascular entera- 
mente venosa es donde se desarrolla el fenó- 
meno inflamación , y donde se forma igual- 
mente el cáncer ulceroso y encefaloideo.» Ha 
encontrado este autor materia encefaloidea en 
las numerosas areolas venosas que constituyen 
la mucosa vaginal (Anat. puthol. du corps. hu- 
main., lib. IV , pág. 3), deduciendo de sus in- 
dagaciones, «que el jugo canceroso observado 
en las venas, se adhiere siempre á las paredes 
de los vasos, ya por un solo punto cuando cons- 
tituye un tumor pediculado, ya por toda la su- 
perficie. En el mayor número de casos que he 
observado, añade este anatómico-patólogo, exis- 
tían vasos de nueva formación, que atravesaban 
en todos seutidos esta materia cancerosa , de 
suerte que no podía menos de admitirse que el 



fluido canceroso contenido en las venas había 
sido producido en el sitio donde se hallaba» 
(art. Phlebiíe , Dic. de med. et Chir. pral., 
pág. G79). Supone que los capilares venosos 
segregan el producto canceroso en las mallas 
del tejido celular, ya por exhalación , ya por 
rotura. Este modo de considerar la generación 
del cáncer en uno ó en otro punto de la eco- 
nomía, no hace mas que eludir la dificultad; 
porque siempre es necesario saber de qué alte- 
ración orgánica ó local nace el tejido morboso, 
puesto que el cáncer difiere del tubérculo , de 
una simple induración, etc. La causa que pro- 
duce el cáncer del estómago es la misma que 
la de todas las demás afecciones cancerosas: 
consiste, como hemos dicho (Véase cáncer en 
general, tomo VII) , en una disposición inte- 
rior cuya naturaleza nos es desconocida. Pero 
¿ se desarrolla esta disposición cuando afecta 
una flegmasía las membranas del estómago? 
En otros términos ¿depende el cáncer de una 
gastritis crónica que es una de las formas pato- 
lógicas con que se puede revestir dicha inflama- 
ción? Tratemos de examinarlo. 

»EI atento estudio de las alteraciones pato- 
lógicas manifiesta que muchas de ellas son 
comunes al cáncer y á la gastritis: de este nú- 
mero es la hipertrofia , ya única , ya múlti- 
ple, de las tres túnicas del estómago. Im- 
posible es negar que uno de los efectos de la 
inflamación es endurecer é hipertrofiar los te- 
jidos ; pero ¿se sigue de aqui que sea la flogo- 
sis la única causa de semejantes resultados? 
Así como la hipertrofia del corazón no siempre 
es, en concepto de algunos, efecto de una 
flegmasía de la sustancia carnosa ó de las 
membranas que la envuelven ; del mismo modo 
se puede admitir un trabajo morboso particular, 
que atraiga á las túnicas del estómago mayor 
cantidad de fluidos, y concluye por alterarlas. 
Asi pues, aun limitándonos á esta forma de 
cáncer del estómago en que no hay productos 
nuevos segregados, y sí un simple trabajo mor* 
boso establecido en los tejidos normales, no 
debemos por eso concluir que sean idénticos 
el cáncer y la gastritis. Acabamos de probar que 
pueden producirse lesiones semejantes por cau- 
sas diferentes; y añadiremos ahora que si se ad- 
mite que las ulceraciones, y el reblandecimien- 
to de los órganos, son unas veces de naturaleza 
inflamatoria, y otras estraños á este fenómeno, 
no vemos por qué no sucederá lo mismo con las 
diferentes especies de hipertrofias de las túnicas 
gástricas. Los ganglios linfáticos desarrollados 
bajo el influjo de una flogosis simple y los depen- 
dientes del virus sifilítico, presentan iguales ca- 
racteres anatómicos; y sin embargo ¿quién se 
atrevería á sostener que en uno y otro caso solo 
existe una adenitis simple? Últimamente, la atro- 
fia de un músculo, producida por el trabajo de 
reabsorción que determina un aneurisma , es 
idéntica , bajo el aspecto de la lesión material, 
á la que determina la inacción prolongada de un 
miembro, á pesar de la diferencia de las cau- 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



33 



sas. Prus , que se ha ocupado estensamente de 
esta cuestión , no duda afirmar que la hipertro- 
fia de los tejidos del estómago no es siempre 
una consecuencia de la inflamación. 

«Pero aun tiene esta opinión mayores fun- 
damentos cuando se trata de las formas de cán- 
cer, en que hay una materia segregada blanca, 
concreta y transparente (escirro) ó materia en- 
cefaloidea , que concluyen por sufrir diferentes 
grados de reblandecimiento. En efecto , ¿pue- 
den ser simples efectos de la gastritis esas 
enormes vejetaciones , esas úlceras fungosas 
que dan sangre al menor contacto , convertidas 
en masa encefaloidea ? En el caso anterior se 
invocaba la semejanza de las lesiones de la 
gastritis crónica y del cáncer para pretender que 
las había determinado una sola causa, la in- 
flamación ; y en el actual se dice que las dife- 
rencias anatómicas , observadas en los casos 
de cáncer y en la gastritis , no deben ser un 
obstáculo para referirlas también á la inflama- 
ción. Es ciertamente un estraño abuso del ra- 
ciocinio , utilizar de este modo hechos opuestos 
para la demostración de una misma doctrina. 

«Añádese que las causas del cáncer son las 
de la gastritis; y á la verdad difieren poco en- 
tre sí, aunque se ha dichoque las primeras 
obran especialmente sobre el sistema nervioso, 
y las segundas determinan una congestión san- 
guínea en el estómago. Las causas que obran 
sobre el ventrículo son muy análogas, y la úni- 
ca diferencia quelas separa, consiste en esa pre- 
disposición enteramente especial, en virtud de 
la cual se desarrolla el cáncer, no solamente 
en el estómago , sino también en el hígado , en 
las glándulas mesentéricas, etc. Por último, al- 
gunas veces ataca primero el cáncer un órgano 
situado al esterior , como , por ejemplo, una 
mama ó un testículo, ó bien alguna entraña, 
como el útero; pero curado muy luego en estos 
puntos, se traslada y arraiga en el estómago. Aho- 
ra bien, ¿cómo puede admitirse una gastritis que 
tenga el funesto privilegio de producir la dege- 
neración del hígado , del páncreas, del bazo, y 
de desarrollarse por sí misma á consecuencia 
del cáncer situado en cualquier otro tejido? Por 
otra parte, supuesto que no podemos menos de 
admitir que algunas producciones cancerosas 
de las mamas, del hígado, del pulmón, del 
cerebro, son estrafias á la inflamación, ¿por qué 
cuando se encuentran desórdenes análogos en 
el estómago, se pretende subordinarlos á una 
flegmasía? 

«Comparando los síntomas de la gastritis 
crónica con los del cáncer, se notan desde luego 
las numerosas relaciones que presentan estas 
dos enfermedades. Hemos visto, en efecto, que 
varios signos considerados mucho tiempo como 
característicos, tales como el vómito negro ó 
de sangre, los dolores lancinantes, el tinte 
amarillento de la piel , etc. , no podían conser- 
var el valor que se les había dado , pues se en- 
contraban también en casos de gastritis simple; 
lo mismo sucede con todas las demás alteracio- 
TOMO VIII. 



nes funcionales de los órganos digestivos. Se ha 
dicho , en honor de la verdad , que los dolores 
epigástricos agudos , los vómitos , los eructos, 
la rubicundez y secura de la lengua, la sed vi- 
va , la fiebre lenta , son signos de la gastritis 
mas bien que del cáncer (Bouillaud , Journal 
complement. du dic. des sc.med-, agosto 1827); 
pero el mayor número de estos síntomas se en- 
cuentra en el cáncer gástrico. A pesar de todo, 
esta analogía de síntomas , y aun su perfecta 
identidad , no prueban que sea igual la natura- 
leza de las dos afecciones ; porque todos los 
dias vemos alteraciones de naturaleza muy di- 
ferente, que determinan los mismos efectos; el 
cáncer, el tubérculo y otras producciones mor- 
bosas desarrolladas lentamente en la sustancia 
cerebral, se manifiestan por fenómenos morbo- 
sos casi idénticos: otro tanto sucede en los di- 
ferentes tumores del hígado , etc. 

«Últimamente se han invocado los efectos de 
los agentes terapéuticos en ambas enfermeda- 
des, para demostrar su identidad; pero nos pa- 
recen poco concluyentes los hechos que se ci- 
tan. Efectivamente , en los casos de curación 
de enfermedades tenidas por afecciones orgáni- 
cas del estómago , puede sostenerse que no 
eran mas que gastritis; y cuando el mal es re- 
belde á todos los tratamientos , si los remedios 
administrados con el título de paliativos pro- 
ducen algún efecto favorable, es de creer que 
solo dependa el alivio de la modificación que 
esperimentan las alteraciones funcionales. 

«Andral, en la primera edición de su cli- 
nique medícale (1827) , sostuvo que el escirro 
consistía solamente en una simple hipertrofia 
del tejido celular. Pero luego estudió con mas 
cuidado las diversas condiciones morbosas en 
que se encuentran las membranas del estóma- 
go, y reconoció que en el cáncer hay algo mas 
que hipertrofia, y que se depositan en el tejido 
alterado nuevos productos de secreción morbo- 
sa (Anat. pat. , tomo II , pág. 59.) 

»Bayle, Laenuec y Gayol , en los trabajos 
de que hemos tenido ocasión de hablar , asi 
como el mayor número de médicos partidarios 
de su doctrina, colocan el cáncer entre los te- 
jidos de nueva formación , que no tienen ana- 
logía con los que existen en el estado sano. 

«Broussais considera el cáncer formado por 
una materia concreta depositada en las mallas 
del tejido celular, á consecuencia de una afec- 
ción de los tejidos que componen el órgano, y 
particularmente de las flegmasías de la mem- 
brana mucosa. Bouillaud es de la misma opi- 
nión (Journ. complem. citado; y artículo cán- 
cer del Üicl. de med.el chir. prat., pág. 403). 

«Ghardel encuentra notable analogía entre 
el escirro del estómago que separa del cáncer 
(mat. encefaloidea) , y la degeneración tuber- 
culosa de las demás visceras abdominales. «Los 
intensos dolores, dice, que acompañan al cán- 
cer , no se manifiestan en el mayor número de 
escirros del estómago, y aun á veces llegan los 
enfermos á sufrir hasta el último momento una 
3 



a* 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



presión bastante fuerte, sin que so quejen de un 
dolor agudo. Pero cuando el escirro afecta prin- 
cipalmente la membrana mucosa, son los dolores 
tanto mas fuertes, cuanto mas se comprime, en 
cuyo caso imita mejor el curso del cáncer» (ob. 
cit., pág. 107.) Noesmuy feliz esta comparación 
entre el escirro y los tubérculos, ni admisibles 
lasdiferencias que separan al primero del cáncer. 
»Prus no cree que el cáncer del estómago 
si i a una gastritis. En su concepto el sistema 
nervioso se afecta primero, ó al menos mas 
esencialmente que los sistemas sanguíneo, lin- 
fático y areolar; sobreviene después una alte- 
ración de nutrición , y á veces de secreción de 
una ó de muchas membranas ó capas celulares 
del estómago ; alteración dependiente de una 
modificación del sistema nervioso que él llama 
irritación cancerosa. Esta difiere esencialmen- 
te de la irritación inflamatoria y de la neurálgi- 
ca; pero se aproxima bastante á la lesión que 
produce la neurosis. «La única diferencia pa- 
rece consistir en que la irritación cancerosa 
tiende á producir alteraciones de nutrición y de 
secreción , mientras que la neurosis puede exis- 
tir mucho tiempo, sin determinar resultados de 
esta especie» (ob. cit., pág. 205). Preciso es 
confesar que , en gran número de casos, pre- 
dominan y aparecen muy al principio las per- 
turbaciones del sistema nervioso. 

»As¡ pues, en resumen, el cáncer del estó- 
mago es , según unos, un tejido accidental que 
no se parece á los normales; según otros , una 
forma de gastritis crónica, y finalmente, según 
otros , una especie de irritación nerviosa, que 
interesa las funciones de nutrición y de se- 
creción. 

Historia y bibliografía. — «La enferme- 
dad que Hipócrates designa bajo el nombre de 
tAíTuKivx ofrece muchos síntomas del escirro del 
estómago (De morb., lib. II, sec 5. a ). Dice 
que los enfermos están pálidos , estenuados, 
y sus fuerzas considerablemente disminuidas; 
que vomitan con frecuencia una materia clara, 
sustancias alimenticias , bilis y pituita. Tal vez 
quiso hablar Galeno del cáncer del estómago, 
cuando dijo , que puede nacer en esta vis- 
cera una vejetacion ó un tumor carnoso que 
dificulte ó intercepte enteramente el paso de las 
sustancias alimenticias (Method. med., lib. III). 
Antonio Benivieni es, según Lobstein, el pri- 
mero que ha dado mas pormenores del cáncer 
(De abdilis nonnulis ac mirandis morborum et 
sanalioniun causis, 1507). En las obras deFa- 
bricio de Hilden , de Biverio , de Stork , de 
Lieutaud y de Haller, se hallan esparcidas ob- 
servaciones muy exactas de degeneraciones 
escirrosas, de úlceras y de vejetaciones de la 
misma naturaleza. La preciosa colección de 
Morgagni contiene multitud de hechos curio- 
sos, en que están bien indicadas las principales 
alteraciones del cáncer y todos sus síntomas 
(Véase epist. 29 , §. 6 ; epist. 30 , De vomitu, 
§. k , li, y passim ; epist. 35, §. 15 ; epist. 
55, §. d; epist. 56, §.6). 



»La escuela anatómica , fundada bajo los 
auspicios de Bichat, de Corvisart y de Laeunec, 
no podia menos de proporcionar notables ade- 
lantos en el conocimiento de las alteraciones y 
de los síntomas del cáncer; sin embargo, antes 
de ella se habían ya publicado sobre este objeto 
varias disertaciones; Leveling (De pxjloro carci- 
nomatoso , 1777. — Bleuland , De dificili aui 
impedito alimentorum é ventrículo in duode- 
num progressu; Leyden , 1787 , en 4.°). Aus- 
sant , en su tesis sobre los escirros del estóma- 
go (París, ano 9), publicó algunas advertencias 
importantes acerca de sus lesiones y de sus sín- 
tomas. La monografía de lasdegeneracioncses- 
cirrosas del estómago , que publicó Chardel en 
1808 (París , en 8.°), es un tratado completo, 
en que están consignadas numerosas observa- 
ciones de escirros en diferentes grados; habien- 
do sido este autor uno de los primeros que no- 
taron, que la induración y la hipertrofia de la 
túnica celular, constituyen con frecuencia toda 
la degeneración escirrosa: todavía puede consi- 
derarse su obra como una de las mejores mo- 
nografías publicadas sobre el particular. 

«Sin embargo, los trabajos de Bayle y de 
Laennec sobre el cáncer, produjeron una verda- 
dera revolución en el estudio de esta enferme- 
dad. El primero publicó sus ideas en una me- 
moria titulada: Indagaciones sobre la estructura 
de las paredes del estómago afectado de escirro 
simple ó ulcerado (Journ. de med. chirur., etc. 
por Corvisart , etc. , tomo V, p. 72), reprodu- 
ciéndolas en el artículo cáncer del Diccionario 
de ciencias médicas , que redactó Cayol (1812). 
Pero este artículo daria hoy una idea muy in- 
completa de las lesiones cadavéricas propias del 
cáncer, y del estado actual de la ciencia. 

«Broussais, en varios pasages de sus fleg- 
masías crónicas , habia referido á la gastritis 
muchos de los síntomas del cáncer gástrico; 
mas tarde se decidió sobre esta cuestión, y mi- 
ró al cáncer como idéntico á la gastritis (Pro- 
posiciones del examen de las doctrinas). Sus 
discípulos sostienen los mismos principios. 

»Louis por su parte presentó bajo un nuevo 
punto de vista algunas de las alteraciones del 
estómago , consideradas hasta entonces como 
de naturaleza cancerosa: manifestó que en va- 
rios escirros están hipertrofiadas las túnicas 
muscular y celulosa, y no existen productos de 
nueva formación (Mem. sur Vhyper. de lamemb. 
muse* de Vestom. en los Archiv. gen. de med. 
tomo IV, pág. 536, 182i ; y en la collec. de 
mem.) Andral es uno de los que mas han ade- 
lantado la historia del cáncer en las obras y 
memorias que ha publicado ; las numerosas ci- 
tas que de sus trabajos hemos tenido precisión 
de hacer , nos dispensan de analizarlas esten- 
samente, y solo recordaremos que en sus In- 
dagaciones sobre la anatomía patológica del 
conducto digestivo, etc., (Nouv. jour. de med., 
tomo XV, pág. 193), indicó algunas de las opi- 
niones que desarrollódespuesen su Clínica mé- 
dica (Enfermedades del estómago), y en su 



CÁNCER DEL ESTOMAGO. 



35 



Anatomía patológica (tomo II). Trató de pro- 
bar que el tejido canceroso no es un producto 
nuevo, y sí la alteración de los tejidos norma- 
les, que se hipertrofian , se endurecen, y espe- 
rimentan diversos cambios patológicos; pero 
mas tarde modificó algún tanto su opinión , é 
hizo notar que independientemente de la alte- 
ración de los tejidos normales existen á veces 
productos depositados en sus intersticios. 

»En sus Nuevas indagaciones sobre la na- 
turaleza y el tratamiento del cáncer del estó- 
mago (en 8.°; París, 1828) , ha discutido Prus 
las opiniones de los autores , y demostrado las 
diferencias que separan las lesiones, los sínto- 
mas y las causas del cáncer, de las mismas cir- 
cunstancias estudiadas en la gastritis crónica; 
pero añade poco á lo que ya se sabia. No hare- 
mos mas que mencionar el artículo Organic 
diseases of the slomach , de la Enciclopedia de 
medicina práctica inglesa (The cyclopedia of 
pract. mcdecin., tomo IV r , pág. 646, supplem.), 
en el que no se halla ninguno de los detalles 
que ocupan un lugar de preferencia en todos 
los trabajos publicados sobre el cáncer ; otro 
tanto pudiera decirse de la parte déla obra de 
Nauman , en que trata del cáncer (Handbuch 
der Mediscinischen klinik., tomo IV, primera 
parte, pág. 515).» (Monneret y Fleury, Com- 
pendium, lugar citado). 

ARTÍCULO VIH. 

Melanosis del estómago. 

«La materia negra , á que se dá el nombre 
de melanosis , puede presentarse de tres mo- 
dos diferentes en el estómago : ó bien se exhala 
en la superficie de la membrana mucosa , ó 
bien se deposita en el tejido celular submu- 
coso ó subperitoneal , ó en fin se combina con 
el tejido de la membrana interna. Andral re- 
fiere un caso de melanosis de los mas intere- 
santes ; no hubo mas síntoma que una ano- 
rexia completa , y se encontró en el ventrículo 
un líquido negro como la tinta, cuya cantidad 
fué apreciada en tres vasos ordinarios. La 
membrana interna estaba salpicada de manchas 
negras, todas esactamente circulares ú ovala- 
das, unas de la lonjitud de medio duro , otras, 
en número de ocho á diez , del tamaño de una 
peseta ; algunas de estas eran mas pequeñas, 
y en muchos parajes se presentaba la materia 
negra bajo la forma de puntos muy pequeños. 
La membrana interna , que habia conservado 
. su consistencia y grueso naturales, era el sitio 
esclusivo de la melanosis ; pero esta ocupaba 
igualmente sus dos caras. Andral considera 
esta alteración como una secreción de mate- 
ria colorante, que por una parte habia sido de- 
positada en el tejido de la membrana mucosa, 
produciendo el color negro accidental de esta 
túnica, parecido al que existe naturalmente en 
algunas porciones de las membranas mucosas 
de los animales; y que por otra parte se habia 



exhalado en la superficie libre de la mucosa; 
constituyendo el líquido negro derramado den- 
tro del estómago (Clin, med., p. 86 , t. II , y 
Arch. gen. de med., t. X, p. 388; 1826). 

»Eu el caso precedente se hallaba la ma- 
teria melánica depositada y segregada á la vez 
en las dos caras de la membrana interna ; pero 
hay otros en que se manifiesta en la superfi- 
cie libre de esta membrana , bajo la forma de 
manchitas morenas , de estrias ó de puntitos 
negros, que parecen tener su asiento en los fo- 
lículos mucosos. Cuando la melanosis reside en 
el tejido déla túnica mucosa, no se la puede 
desprender sin que sufra al mismo tiempo esta 
membrana alguna pérdida de sustancia , como 
en el caso referido por Cruveilhier (Cons. sur 
la melanose , por Breschet ; Jour. de phgsiol. 
esperim., t. I, p. 354); otras veces ocupa U 
melanosis el tejido celular submucoso , y eu 
este caso es mas manifiesta cuando se des- 
prende la membrana que en cierto modo la cu- 
bría : tal es el caso citado por Billard (De la 
memb. muq. gastro intestinal , p. 331 en 8.°; 
Paris, 1825). Puede igualmente la melanosis 
infiltrarse en el tejido celular .subseroso , como 
en el herrero de quien habla Morgagni (De se- 
dib. , etc., ep. 30 , §. 16), y en el cual estaba 
teñida la túnica interna del estómago por la 
materia negra contenida en el mismo. Se en- 
cuentran en Morgagni (la misma carta, §. 14), 
en Bonet y Lieutaud (Hist. anat. med., p. 14, 
t. I), varias observaciones, en que se hallaba la 
materia negra derramada dentro del estómago. 
»Entre estos hechos de melanosis debemos 
distinguir : 1.° los que no presentan otras alte- 
raciones que la melanosis; 2.° aquellos en que 
está al propio tiempo la membrana interna (leí 
estómago adelgazada , reblandecida ó teñida 
de rojo por inyecciones, que manifiestan la pre- 
sencia de una flegmasía. Los síntomas que 
anuncian esta alteración no son distintos de 
los que pertenecen á otras afecciones del es- 
tómago, y principalmente al cáncer y á la gas- 
tritis crónica. En los dos casos que refiere Mor- 
gagni se presentaron vómitos negros, asi como 
en°otras mucbas observaciones citadas por los 
autores ; y por eso hemos dicho , tratando del 
cáncer del estómago , que no debía conside- 
rarse como signo característico de esta última 
afección el vómito negro , puesto que puede 
producirlo una secreción anormal de la mem- 
brana mucosa. El mismo efecto determina la 
alteración de una cantidad de sangre estanca- 
da en el estómago (V. Reblandecimiento del 
estómago). 

»Cuando se deposita la materia negra en 
la superficie de la mucosa , puede preguntarse 
con Andral «sino habrá un producto segregado 
de nueva formación , parecido á las numerosas 
materias colorantes, azules, verdes, etc., que 
dan tan vivos y variados matices á los tejidos 
cutáneos mucoso, piloso , etc., de muchos ani- 
males. Algunos datos íisiolójicos , añade , me 
inducen á creer que la materia colorante negra 



36 



MELANOSIft DEL ESTÓMAGO. 



de los pulmones , tan abundante en los viejos, 
consta en particular de carbono.» En este caso 
no seria suficiente un trabajo inflamatorio para 
esplicar la secreción de la membrana : la ma- 
teria colorante proviene probablemente de un 
vicio en la secreción del aparato folicular; los 
líquidos son espelidos por el vómito, pero an- 
tes tiñen la superficie interna del estómago. 
La melanosis infiltrada parece ser un resultado 
de la alteración de una cantidad de sangre que 
se ha combinado con el tejido , sufriendo luego 
esa singular modificación , que cambia su as- 
pecto. Cuando se forma de este modo , depen- 
de, ya de una simple conjestion pasiva , ó ya 
de una conjestion activa , producida por la in- 
flamación. En la gastritis crónica , se encuen- 
tran á veces manchas negras , que se conside- 
ran como vestijios de la enfermedad que oca- 
sionó la muerte del enfermo. Billard ha visto 
estrias negras, que guarnecían varios sulcos pro- 
fundos, producidos por una pérdida de sustan- 
cia de la mucosa gástrica, en un joven muerto 
muchos dias después de un envenenamiento 
por el ácido sulfúrico. Como no se verificó la 
muerte inmediatamente , pudo creerse que la 
inflamación habia producido esta secreción ne- 
gra (ob. cit., p. 337). No deben confundirse 
las chapas de melanosis con las manchas ne- 
gras producidas por el ácido sulfúrico : seme- 
jante error podria ocasionar graves consecuen- 
cias en medicina legal.» (Monneret y Fleuri, 
Com. de med. prat., tomo III , p. 525 y si- 
guientes). 

ARTÍCULO IX. 
Ulceras del estómago. 

»Las úlceras difieren mucho entre sí por 
su sitio , su forma , sus causas y síntomas , y 
no pueden comprenderse en una descripción 
general. Estudiaremos pues separadamente las 
úlceras, según la naturaleza de las causas que 
las determinan ; y fundados en esta considera- 
ción las dividiremos en : 1 ° úlceras inflamato- 
rias agudas ó crónicas; 2.° úlceras gangrenosas; 
3.° úlceras cancerosas ; 4.° úlceras tuberculo- 
sas. Terminaremos con el estudio de las cica- 
trices y otros medios de reparación, que em- 
plea la naturaleza para remediar los accidentes 
que siguen á las pérdidas de sustancia , acae- 
cidas en medio de los tejidos. 

A. » Ulcera inflamatoria aguda. —Estas úl- 
ceras son efecto de una flegmasía aguda , que 
reside en la membrana mucosa gástrica, ó en 
sus criptas. La inflamación ulcerosa aguda re- 
sulta de un trabajo morboso desconocido en 
su esencia , pero que tiene por efecto oca- 
sionar la destrucción de los tejidos. En el 
punto en que se desarrolla se distinguen unas 
manchitas rojas , y una inyección capilar bas- 
tante fuerte. Andral ha encontrado en algunas 
ocasiones , en vez de manchas rojas aisladas, 
una rubicundez difusa , que presentaba en va- 
rios puntos ulceraciones mas ó menos nume- 
rosas. En otros casos , no existe inyección, ni 



bajo la forma de manchas , ni bajo la de rubi- 
cundez difusa , sino un lijero reblandecimien- 
to : las ulceraciones que se establecen de este 
modo , no parecen tener su asiento en el apa- 
rato folicular ; pero se ven otras desarrolladas 
en medio de una cripta inflamada y reblande- 
cida. 

«Cuando se desarrolla la úlcera en una por- 
ción de la membrana inflamada, esta se reblan- 
dece primero , y desaparecen sus vellosidades 
como si se las hubiera rasgado con un escal- 
pelo. Muy luego se notan una ó varias erosio- 
nes, que se estienden mas bien en lonjitud que 
en profundidad , comprenden toda la túnica, 
y se presentan luego bajo la forma de úl- 
ceras con bordes rojos, infiltrados de sangre ó 
de un pardo rojo, arrugados, irregulares, cor- 
tados perpendicularmente , ó en bisel. 

«Todavía no se ha dado una descripción sa- 
tisfactoria de las úlceras desarrolladas en las 
criptas de la membrana interna del estómago; 
únicamente sabemos que pueden formarse úl- 
ceras en la túnica afectada de la lesión ^ que 
Louis llama estado mamelonado del estómago. 
En los intestinos, los folículos que han de ulce- 
rarse , se hipertrofian primero, y constituyen 
chapas prominentes, especies de pústulas, que 
pasan á supuración ; pero en el estómago no se 
encuentra alteración alguna de esta especie. 

»Las ulceraciones determinadas por un tra- 
bajo flegmásico agudo , se conocen en la rubi- 
cundez de los tejidos alterados , en la inyec- 
ción de los capilares de la circunferencia, y en 
la hipertrofia de las membranas , que están 
igualmente inyectadas, y participan mas ó me- 
nos de la desorganización , pero sin presentar 
jamas induraciones : ora es el fondo de la úl- 
cera desigual , y formado por la túnica celu- 
losa , tumefacta y enrojecida; ora se halla la 
membrana celular afectada de ulceración , y 
están desnudas las fibras musculares: esta al- 
teración ofrece la mayor analojía con la que se 
encuentra en los intestinos gruesos , en el caso 
de disenteria aguda. 

» Varía mucho la estension de estas altera- 
ciones: á veces consisten en pequeñísimas ero- 
siones , apreciables solamente cuando se intro- 
duce el estómago en agua , ó con el auxilio del 
microscopio. Por medio de este procedimiento 
vemos que están las vellosidades destruidas en 
algunos puntos ; y que en otros aparece des- 
igual y arrugada la cara interna de la mucosa. 
La estension de las úlceras es á veces conside- 
rable ; su forma , en general ovalada , oblon- 
ga é irregular , sin presentar , como las ulce- 
raciones de los folículos de Brunnero, una cir- 
cunferencia esactamente redonda ; su sitio mas 
frecuente es la gran corvadura del estómago y 
el fondo de esta viscera. Se ha creído que las 
glándulas de Brunnero , aglomeradas en la es- 
tremidad pilórica , eran el sitio primitivo de las 
pequeñas ulceraciones que se encuentran al- 
gunas veces cerca del píloro; y no pocos auto- 
res han admitido la iullamacion directa y la 



ULCERAS DEL ESTOMAGO. 



37 



obstrucción de estas glándulas , aunque nunca 
han podido demostrar semejantes alteraciones. 
»Las úlceras inflamatorias son uno de los 
caracteres anatómicos mas importantes de la 
gastritis aguda ; sin embargo , se encuentran 
con mas frecuencia , á consecuencia de esta 
flegmasía , otras alteraciones, como la inyec- 
ción y el reblandecimiento. 

B. »Ulcera inflamatoria crónica. — La mem- 
brana mucosa gástrica , crónicamente inflama- 
da , suele presentar ulceraciones. Cruveilbier 
ha descrito esta alteración bajo el nombre de 
úlcera simple crónica del estómago, y nosotros 
tomamos de su Anatomía patolójica los por- 
menores que vamos á esponer. 

»La úlcera consiste en una pérdida de sus- 
tancia, de forma ciscülar, con bordes cortados 
perpendicularmente , y un fondo denso de co- 
lor gris , y dimensiones mas ó menos conside- 
rables. Casi siempre es única , y suele ocupar 
la pequeña corvadura , la pared posterior del 
estómago , y algunas veces el píloro. Al prin- 
cipio sobreviene una simple erosión de la mem- 
brana interna, que se estiende en superficie, y 
especialmente en profundidad , é invade las tú- 
nicas gástricas , destruyendo los vasos capila- 
res , y aun los de mayor calibre , que serpean 
entre las membranas del estómago: «La úlce- 
ra simple , dice Cruveilbier, apenas se parece 
á la cancerosa , con la cual se ha confundido 
casi siempre. La base que la sostiene no ofrece 
ninguno de los atributos del cáncer duro ni re- 
blandecido , ni aun la hipertrofia circunscrita 
que acompaña siempre el cáncer, y que ha so- 
lido confundirse con la dejeneraciou cancero- 
sa» (lib. 10, Malad. de Vestom., p. 1 ; véase 
también Mem. sob. la ule. simp. eron. del es- 
tom.; en la Revue medicóle , lebrero y mar- 
zo , 1838). 

«Leyendo la descripción dada por Cruveil- 
hier, se adquiere el convencimiento de que la 
úlcera simple crónica , que él cree diferente 
de la gastritis y del cáncer, no es una enfer- 
medad especial , y si una simple lesión deter- 
minada por la gastritis crónica. La anatomía 
patolójica viene en apoyo de esta opinión, con- 
firmada por el estudio de los síntomas, que son 
idénticos á los de la gastritis. En efecto, ¿cuá- 
les son los signos, que según Cruveilbier , in- 
dican la existencia de esta enfermedad? ano- 
rexia, apetito voraz, dispepsia , mal estar, do- 
lor obtuso ó muy agudo en el epigastrio de- 
tras del apéndice sifoides , náuseas , vómitos 
frecuentes, hematemesis , constipación, tris- 
teza insoportable, enflaquecimiento, etc.; pues 
bien ¿en qué difiere este cuadro del que pre- 
senta la gastritis? Añádase á mayor abunda- 
miento que « la úlcera simple reconoce todas 
las causas de la gastritis» (Cruveilbier), y que 
el tratamiento de estas dos enfermedades no 
difiere bajo ningún aspecto. 

»La úlcera simple crónica tiene una funesta 
tendencia á destruir y perforar todas las mem- 
branas del estómago. Cruveilhier refiere el in- 



teresante caso de un enfermo , que sucumbió 
rápidamente á una perforación , producida por 
una úlcera crónica, que bajo la forma de zona 
ocupaba toda la circunferencia de! orificio piló- 
rico. El fondo de la úlcera estaba formado de fi- 
bras musculares, y la perforación ocupaba uno 
de los puntos de la zona. El mismo autor cita 
numerosos hechos , en que se ha supuesto la 
existencia en el estómago de úlceras cance- 
rosas , que según él , no eran mas que úlceras 
simples. 

»La úlcera del estómago produce frecuen- 
temente hemorragias , poique á veces se ha- 
llan comprendidas en la pérdida de sustancia 
arterias de un volumen bastante considerable. 
Cruveilhier dice, que no hay punto alguno del 
círculo arterial del estómago que no pueda 
convertirse en origen de una hemorragia mas 
ó menos grave, y que en los hechos que ha 
recogido jamás ha resultado un flujo de san- 
gre mortal, á no ser de las arterias corona- 
ria estomáquica y esplénica. «Las conexiones 
de la arteria esplénica con la pared posterior 
del estómago, y la frecuencia de las úlceras 
en esta región , esplican cómo puede la ulce- 
ración invadir dicho vaso, aunque no forme 
parte del círculo arterial gástrico; siendo tal 
el calibre de esta arteria , que su lesión va ne- 
cesariamente seguida de una hemorragia gra- 
ve^ tal vez siempre mortal.» (Anat. p»t., 
décima entrega.) «Hablando del cáncer y de las 
perforaciones gástricas, hemos citado ejem- 
plos de esta especie. La anatomía patológica 
de Cruveilhier, la tesis de Caillard , los Ar- 
chivos generales de Medicina, y los Boletines 
de la Sociedad anatómica, contienen hechos 
curiosos de ulceración de las arterias gástri- 
cas. El vómito negro, la hematemesis, la 
melena, y la peritonitis por derrame, son los 
accidentes que determina la ulceración del es- 
tómago , según la estension de la desorgani- 
zación á que dá lugar. A veces la úlcera , aun- 
que superficial y limitada á las membrana mu- 
cosa, provoca la hematemesis, como en el 
caso citado en los Archivos generales de Me- 
dicina (t. XXVI, p. klk; 1831), en que ha- 
bía destruido la erosión una rama de la arte- 
ria coronaría. 

«Pueden curarse las ulceraciones del estó- 
mago por un trabajo de cicatrización análogo 
al de otros tejidos : mas adelante veremos 
qué disposición afectan, en estos casos las 
membranas del estómago y los órganos adya- 
centes. 

wCiertas especies de ulceración constitu- 
yen el carácter anatómico de la flegmasía cró- 
nica del estómago; tienen el aspecto de úlce- 
ras, á veces de una estension bastante consi- 
derable, como del diámetro de un duro , y que 
comprenden toda la membrana interna. La tú- 
nica celulosa constituye su fondo, y se presenta 
endurecida , rubicunda , y mas gruesa , estan- 
do algunas veces blanquecino su tejido, no 
menos que los bordes de la úlcera, que se ha- 



38 

LLCERAS DEL 

Han deprimidos, lisos , y tienden evidente- 
mente a la curación. Otras úlceras presentan, 
en sus bordes ó en su fondo, un color gris 
azulado ó moreno, que revela la existencia de 
una inflamación crónica. ¿Será debido este tin- 
te melánico á la trasudación de la materia co- 
lorante de la sangre al través de las paredes 
vasculares (Andral, Clin. med. , t. II, p. 48), 
ó bien es resultado de la secreción de una ma- 
teria colorante negra? Antiguamente se le atri- 
buía á la putrefacción ó al gas hidrógeno sul- 
furado queá veces contiene el estómago; pe- 
ro esta opinión no es admisible en el estado 
actual de la ciencia. 

»Se hallan igualmente en la cavidad del es- 
tómago úlceras, dimanadas de que la mem- 
brana interna reblandecida se desprende en 
algunos puntos; y asi es que en la circunfe- 
rencia de estas úlceras suele estar todavía la 
túnica interna reblandecida, separada en par- 
te del tejido celular, y flotante en los líquidos 
que contiene el estómago. 

«Pocas veces depende la úlcera gástrica de 
una inflamación aguda; por lo común solo se 
observa en sugetos que sucumben después de 
haber presentado , durante su vida, todos los 
síntomas de la gastritis crónica ó del cáncer. 
2.° ^Ulceras gangrenosas. — Estas úlceras 
pueden resultar de la mortificación parcial de 
la membrana interna , ó de toda la pared gás- 
trica. Obsérvase esta última en los casos de 
violencia esterior, de estrangulación interna, 
de herida , de envenenamiento por los áci- 
dos, los cáusticos, etc., y muy pocas veces 
en los de gastritis. La úlcera gangrenosa de 
la túnica interna , aunque rara , escepto en los 
casos de intoxicación por los venenos corro- 
sivos, lo es mucho menos que la mortifica- 
ción completa de las tres membranas. 

«En la obra de Billard (De la memb. muq. 
gast. intcst., etc., p. 517) se halla una obser- 
vación de gastritis violenta que terminó por la 
muerte. Dos escaras, de forma oblonga y cir- 
cular , existían en la parte anterior é inferior 
del estómago. El tejido que las constituía no 
se elevaba sobre la mucosa , y ofrecía un color 
gris , matizado de vetas amarillas. Las fibras 
musculares estaban todavía intactas debajo de 
la escara: el ventrículo exhalaba un olor de 
gangrena muy pronunciado, y que podia servir 
para diagnosticar esta especie de ulceración. 

«Cuando la escara resulta de una flegmasía 
manifiesta de la túnica mucosa, están, según 
Billard , los bordes de la úlcera tumefactos y 
rojos ; al paso que se hallan parduscos , sin 
tumefacción y cortados con limpieza en el re- 
blandecimiento parcial del tejido mucoso. No 
siempre es fácil conocer la verdadera natura- 
leza de las ulceraciones gangrenosas que se 
encuentran en el estómago: se las puede con- 
fundir con las úlceras que siguen á la caida 
de las escaras producidas por los venenos cor- 
rosivos; pero en otro lugar diremos los carac- 
teres que las distinguen. (Véase Perforación.) 



ESTÓMAGO. 

Es preciso guardarse de considerar como es- 
caras los reblandecimientos negros, que se en- 
cuentran en los cadáveres, y que se forman 
después de la muerte. Las ulceraciones gan- 
grenosas producidas por inflamación son muy 
raras : Andral dice qUe en muy pocos casos 
las ha visto. En dos de ellos la membrana mu- 
cosa negra y muy fétida, solamente estaba 
adherida al resto de la túnica por una especie 
de pedículo estrecho, y debajo de este frac- 
mento se encontraba la ulceración. 

3.° » Ulceras cancerosas. — Al tratar del 
cáncer las hemos descrito minuciosamente. 
Recordaremos sin embargo que estas úlceras 
se forman de dos modos distintos: 1.° á con- 
secuencia del reblandecimiento de la materia 
escirrosa ó encefaloídea, que sobreviene en el 
segundo periodo: 2.° á consecuencia de la fleg- 
masía, ó mas bien de un trabajo eliminatorio, 
que se establece en la circunferencia del pro- 
ducto morboso. La úlcera comprende la mem- 
brana mucosa solamente, ó las tres túnicas; 
pudíendo sobrevenir, en el último caso, una 
perforación, á no existir adherencias que unan 
el estómago á las visceras inmediatas. La ul- 
ceración de la túnica interna es á veces con- 
secutiva al rebjandecimiento del tejido escir- 
roso ó encefaloideo , desarrollado debajo de la 
misma (cáncer ulcerado); pero en otros casos 
se reblandece primero la misma túnica inter- 
na. Hállanse á consecuencia del trabajo pato- 
lógico, que reside en el estómago, vastas ulce- 
raciones que se elevan en la cavidad de la vis- 
cera, formadas por el tejido fungoso del cán- 
cer: la superficie de estas úlceras prominen- 
tes es blanda , sanguinolenta , y presenta des- 
nuda la materia escirrosa y encefaloidea, en 
diferentes grados de reblandecimiento: en oca- 
siones se encuentran induraciones parciales, 
tejidos fibrosos, y aun producciones cartila- 
ginosas y huesosas, que forman, en la super- 
ficie ó en el fondo de la úlcera, asperezas cu- 
biertas por una sangre negra , combinada con 
los tejidos, ó simplemente derramada en su 
superficie. 

«Las úlceras que presentan tejido fibro- 
so , cartilaginoso , y algunas veces puntos hue- 
sosos , nos parecen diferentes de las úlceras 
cancerosas propiamente dichas. El trabajo pa- 
tológico que se verifica en tales casos ¿será 
consecutivo al desarrollo de las induraciones, 
ó hipertrofias parciales, que hemos dicho re- 
sidían en el tejido celular , constituyendo esas 
afecciones consideradas largo tiempo como de 
naturaleza cancerosa? Tal vez suceda en mu- 
chos casos; pero debemos admitir también 
que la flegmasía crónica que determina la ul- 
ceración, puede producir simultáneamente la 
induración fibrosa y cartilaginosa del tejido 
celular sub-mucoso- 

4.° ^Ulceras tuberculosas. — Altérase fre- 
cuentemente en los tísicos la membrana in- 
terna del estómago; manifestándose de prefe- 
rencia en está enfermedad diversos colores 



ULCERAS DEL ESTOMAGO. 



39 



morbosos, el estado mamelonado, el reblan- 
decimiento y la ulceración. Cuando la úlcera 
depende de la materia tubereulosa segregada 
en el tejido celular sub-mucoso, se desarro- 
lla del modo siguiente: establécese una con- 
gestión en la membrana interna irritada por 
el tubérculo , que se reblandece y supura , y 
sobreviene la flegmasía que Hunter llama ul- 
cerativa. Pero en la mayor parte de los tísicos 
no se forman las ulceraciones de este modo, y 
solo puede admitirse semejante mecanismo en 
los casos en que se encuentran vestigios de ma- 
teria tuberculosa, ó cuando la membrana inter- 
na conserva, en la circunferencia de la ulcera- 
ción , su consistencia y color naturales : los 
bordes de la úlcera son tan uniformes y lisos, 
como si se hubiera destruido su continuidad 
cotí un sacabocados. Louis, que ha examina- 
do las ulceraciones déla mucosa gástrica, ob- 
servándola en la duodécima parte de los tísi- 
cos, dice, que de ordinario son pequeñas, po- 
co numerosas, y con frecuencia complicadas 
con alguna otra disposición morbosa de la tú- 
nica interna. (Rech. sur la phthis., pág. 70, 
en 8.°; 1825.) 

* 

«Dependen, pues, como queda dicho, las 
úlceras del estómago de enfermedades muy 
diferentes por su naturaleza y por su asiento: 
unas provienen de flegmasías agudas ó cróni- 
cas; otras, de la degeneración cancerosa, de la 
licuación de los tubérculos, ó de la mortifica- 
ción de los tejidos. En todas estas circunstan- 
cias patológicas tan diversas, el trabajo mor- 
boso, que dá lugar á la destrucción de las 
membranas , tiene su origen en la mucosa ó 
en el tejido subyacente; en cuyo último caso, 
la ulceración de la túnica interna solo es con- 
secutiva al trabajo morboso, que procede de 
fuera adentro. Pero aun hay otra causa de 
ulceración de las paredes gástricas, que debe- 
mos mencionar. La peritonitis crónica deter- 
mina, como es sabido, adherencias íntimas 
entre las diversas porciones del tubo digesti- 
vo , derramándose pus en las pequeñas cavi- 
dades parciales que resultan de tales adhe- 
rencias. Hánse visto algunos casos, aunque 
raros á la verdad, de haber atacado la infla- 
mación ulcerativa porciones del intestino , y 
destruido sucesivamente las membranas en 
un punto, abriéndose paso las materias puru- 
lentas á la cavidad del tubo digestivo. Brous- 
sais, en su Historia de la peritonitis , cita un 
solo caso de ulceración acaecida de este mo- 
do, y dice no haber encontrado jamás otras. 
(Phleg cron., t. II, obs. 55.) Sucede á conse- 
cuencia de estas ulceraciones, que proceden 
entonces desde la túnica serosa hacia la mem- 
brana interna, que un asa de los intestinos 
comunica con otra porción de los mismos, ó 
con el esterior. Aunque este modo de ulcera- 
ción puede tener lugar en el estómago, hasta 
abofa solo se ha observado en los intestinos. 
(Véase Perforación.) 



»Una de las terminaciones mas frecuen- 
tes, y al mismo tiempo mas funestas de la úl- 
cera , es la perforación. El curso insidioso, y 
á veces casi latente de la úlcera crónica gás- 
trica , ha podido engañar á algunos observado- 
res que, viendo acaecer súbitaniente la per- 
foración, y ocasionar la muerte de los enfer- 
mos, han concluido que aquella puede ser es- 
pontánea y producirse en algunos instantes. 
Mas adelante veremos que esta opinión care- 
ce de fundamento en el mayor número de ca- 
sos. (Véase Perforación.) 

^Cicatrices del estómago. — Cuando se ve- 
rifica en la membrana mucosa ulcerada un tra- 
bajo de reparación, ¿puede obtenerse una ci- 
catriz semejante á la que se observa en otros 
tejidos? El estómago de Beclard ofrecía una 
cicatriz formada de este modo. «Había padeci- 
do este profesor una gastritis crónica, que al fin 
cedió á un tratamiento severo y prolongado por 
mucho tiempo, y en su estómago se bailó una 
úlcera cicatrizada , en la pequeña corvadura, 
á cuatro líneas de distancia del cardias. El diá- 
metro de la cicatriz era el de una peseta ; su 
superficie estaba deprimida por una brida ce- 
lulosa bastante sólida , que atravesaba su cen- 
tro, dejando á cada lado un espacio, cuyo fondo 
formaba la túnica peritoneal : sus bordes no 
presentaban rubicundez ni tumefacción alguna, 
hallándose sano lo restante del estómago. Bi- 
llard, de quien tomamos esta descripción (De 
la memb. muq., etc. , pág. 538) , cree que con 
frecuencia se han considerado como cicatrices 
del intestino ciertas alteraciones de las criptas 
de Peyero ; pero en el estómago no puede exis- 
tir semejante confusión (Véase Ulceración y 
reblandecimiento). En un caso que refiere 
Andral, todas las membranas estaban encoji- 
das; los hacecillos de la muscular terminaban, 
como otros tantos rayos , en un punto blanco 
y grueso, bajo del cual se hallaba como frun- 
cida la túnica mucosa (Clin. méd. , tom. II, 
pág 119). En otro caso que cita Cruveilhier, 
formaba la cicatriz un tejido fibroso y promi- 
nente, y partían del centro de la ulceración 
varias fibras en forma de rayos. Cuando una 
úlcera tiende á la curación, ordinariamente se 
pone mas igual y lisa su superficie ; se forma 
un tejido fibroso blanquecino, que constituye 
el fondo de la úlcera ; y se deprimen los bor- 
des, hasta llegar al nivel de las partes circun- 
yacentes, cuando no es muy considerable la 
pérdida de sustancia, ó se hacen densos, re- 
sistentes, y forman un rodete circular. La 
circunferencia de la úlcera se reduce, y las 
partes sanas concurren á estrechar la abertura. 
En algunos casos observamos que la reparación 
se verifica á espensas de una viscera inmedia- 
ta. En un individuo cuyo estómago estaba com- 
pletamente destruido en su pared posterior, 
reemplazaba el páncreas la pérdida de sustan- 
cia, y servia de apoyo á una cicatriz que con- 
sistía en una hoja fibrosa muy delgada. Veíase 
al través del tejido fino de la cicatriz la dispo- 



40 



ULCERAS DEL ESTÓMAGO. 



sicion granulosa de la glándula (Cruveilhier, 
Anat. pat., 10 ent. , lám. 6, fig. 4). 

»Deben distinguirse dos especies de cica- 
trices: unas se verifican en las úlceras limita- 
das á la membrana interna del estómago , y 
otras obturan una ulceración completa. En la 
primera, se hallan los tejidos normales y el ce- 
lular mas resistente: Cruveilhier dice que nun- 
ca le han presentado las cicatrices los caracte- 
res del tejido mucoso, y sí los del fibroso muy 
denso. En la segunda especie de cicatrización, 
ó lo que es lo mismo, después de una perfo- 
ración completa, los órganos inmediatos suplen 
en cierto modo la membrana que falta , y con- 
tribuyen con su propio tejido á restablecer la 
continuidad de las paredes gástricas. En el ca- 
so que hemos citado , era el páncreas el que 
servia de tapón al estómago ; otras veces es el 
hígado, cuya membrana mucosa aparece en- 
grosada y como lardácea (Bull. de la Societ. 
anal. , en los Arch. gener. de med. , pág. 504; 
1835). 

«También se han visto casos en que las pa- 
redes abdominales y los intestinos gruesos for- 
maban esta especie de tapones, que cierran las 
aberturas producidas por las úlceras. En todos 
estos casos debemos admitir que el trabajo 
morboso, al mismo tiempo que ejerce interior- 
mente sus estragos, determina en el peritoneo 
que corresponde á aquel punto , una irritación 
suficiente para que se formen adherencias par- 
ciales. 

»La cicatrización de una úlcera no pone á 
los enfermos á cubierto de todo peligro. Se ha 
citado un caso en que la hemorragia de la ar- 
teria esplénica ocasionó la muerte de un en- 
fermo, cuyo estómago estaba obturado por el 
páncreas: en otro caso de hemorragia mortal, 
formaba el hígado la cicatriz (Bull. de la So- 
cicté anat.). Por último, puédela cicatriza- 
ción ocasionar otro peligro, y es el que resulta 
de las estrecheces que suele determinar en la 
estremidad pilórica del estómago : fácil es en- 
tonces que sobrevenga una rotura de esta vis- 
cera , cuando se dilate demasiado en el ejerci- 
cio de sus funciones. 

»En cuanto á la bibliografía , véanse los 
artículos Reblandecimiento y Perforación. 
(Mon y Fl. Compendium, t. III, p. 557 y sig.) 

ARTICULO X. 

Reblandecimiento del estómago. 

«Ardua empresa es por cierto clasificar las 
lesiones que tienen por carácter común tina 
simple alteración de consistencia de las mem- 
branas gástricas. Si algunos de los que se han 
ocupado de este objeto han desempeñado fá- 
cilmente su trabajo, ha sido porque solo han 
considerado una de las fases de la cuestión; 
ora se han ocupado con particularidad del re- 
blandecimiento gelatiniforme, ora del inflama- 
torio ; y son muy pocos los que han estudiado 
todas las formas del reblandecimiento, refi- 



riéndolas á causas bien determinadas. ¿ Los 
reblandecimientos pultáceos ; el reblandeci- 
miento gelalinifouue, y el que ha descrito Cars- 
well , son idénticos entre sí? ¿cuál es su na- 
turaleza? Cuáles sus causas y sus síntomas? 
Hé aquí algunas de las delicadas y aun inso- 
lubles cuestiones, que presenta la historia del 
reblandecimiento. 

«Divisiones. — En medio de las ideas con- 
tradictorias que reinan sobre los reblandeci- 
mientos del estómago, la única marcha que 
debemos adoptar consiste en esponer las diver- 
sas opiniones que han emitido los autores. Al 
paso que Carsvvell considera idénticos el re- 
blandecimiento gelatiniforme de Cruveilhier, 
y el reblandecimiento con adelgazamiento de 
la membrana mucosa del estómago, estudiado 
por Louis (Indagaciones sobre la disolución de 
las paredes del estómago; en el Jour. hebdom., 
tomo III, pág. 332); Cruveilhier, por el con- 
trario, dice «que el reblandecimiento descrito 
por Carswell no le parece ser el gelatiniforme, 
sino mas bien el pultáceo, cuya distinción, aña- 
de, es de suma importancia» (Anal. Pat. du 
corps hum. , i. X, pág. 4). Sostiene que el 
reblandecimiento descrito por Louis, y que lla- 
ma pultáceo, no es lo mismo que el reblande- 
cimiento gelatiniforme, y aun cree que la ma- 
yor parte de los citados autores no han ob- 
servado esta última forma (pág. cit.). Asi, 
pues, atendida la diversidad de pareceres de 
los autores , no podemos menos de describir 
sucesivamente: 1.° El reblandecimiento gelati- 
niforme; 2.° el reblandecimiento pultáceo de 
la membrana mucosa; 3.° el reblandecimiento 
rojo por inflamación (véase Gastritis), por 
gangrena , etc. ; 4.° el reblandecimiento por 
putrefacción cadavérica. 

»La disminución ó la pérdida de consisten- 
cia de una ó muchas membranas del estóma- 
go, es el carácter anatómico del reblandeci- 
miento. Fácilmente se concibe que una altera- 
ción de esta especie, aun cuando esté acom- 
pañada de ciertas modificaciones en el color de 
¡asparles, debe ofrecer las mayores dificul- 
tades al que trate de determinar su causa y 
naturaleza. Aumenta ademas estas dificulta- 
des la circunstancia de que «las enfermedades 
imprimen en nuestros órganos alteraciones 
idénticas á las que pueden determinar algunos 
agentes físicos y químicos. No es, pues, ad- 
mirable, añade Cruveilhier, que existan alte- 
raciones orgánicas enteramente análogas á las 
que produce en los tejidos la acción de un 
ácido, y aun tal vez un principio de altera- 
ción cadavérica» (Anat. palhol., t. X, pá- 
gina 8). Para averiguar la causa del reblande- 
cimiento cadavérico, y distinguirle del que se 
desarrolla durante la vida, es necesario cono- 
cer las condiciones fisiológicas que presentan 
las membranas del estómago en el estado nor- 
mal. Ya las hemos indicado con alguna esten- 
sion al principio de este género, manifestando 
la consistencia y grueso que deben tener las 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTOMAGO. 



41 



membranas en algunas regiones del estómago, 
y los medios de comprobar las alteraciones 
morbosas acaecidas en la estructura de esta 
viscera (V. Condiciones anatómicas del estó- 
mago en el estado sano). 

«Reblandecimiento gelatiniforme del 
estómago. 

^Sinonimia: gastro malacia (de yx<rr»p, es- 
tómago y ¿txyxfis, de pxKccTTt», yo reblan- 
dezco, ó de iícc-kkhos, blando , reblandecimien- 
to del estómago gastrobosis (de á'/H , " r * w » V o co ~ 
mo). Digestión del estómago por sí mismo; gas- 
trobosis espontánea, gastro malasia infantum; 
diabrosis ventrículi ; degenerado ventrículi 
pulposa, seu gelatinosa ; deliquium ventrícu- 
li paralyticum; resolutio ventrículi autopepti- 
ca; gastro pathia pseudo-phlogosis ventrículi, 
colliquativa; erosio ventrículi de los latinos. 
» Alteraciones anatómicas del reblandeci- 
miento gelatiniforme.— Cruveilhier describe, 
bajo el nombre de reblandecimiento gelatini- 
forme, una enfermedad del estómago que ataca 
á los niños, caracterizada por lesiones y sín- 
tomas enteramente especiales. Se la encuentra 
en todos los puntos del ventrículo, pero con 
mas frecuencia en la estremidad esplénica: «Es- 
te reblandecimiento, dice Cruveilhier, procede 
siempre del interior al esterior: existe prime- 
ro una simple separación de las fibras , entre 
las cuales se deposita un moco gelatinoso, y 
de consiguiente las paredes del órgano son 
mas gruesas y semi-transparentes; después son 
invadidas las fibras mismas, que al fin desapa- 
recen , en tales términos que el estómago ó el 
intestino reblandecido se asemejan á una ge- 
latina transparente y amoldada en forma de 
tubo mas ó menos completo. En el último pe- 
riodo de la transformación se disuelven capa 
por capa las parles desorganizadas, y lo que 
resta parece adelgazado; únicamente el peri- 
toneo resiste algún tiempo; pero invadido por 
fin , se gasta , se rompe , y se verifica una per- 
foración. Las partes transformadas de este modo 
están descoloridas, transparentes, de apariencia 
inorgánica , completamente desprovistas de va- 
sos, y exhalan un olor áccido semejante al de la 
leche cuajada, sin que haya putrefacción ni olor 
de gangrena. Es muy de notar que las partes 
reblandecidas se descomponen con menos rapi- 
dez que aquellas cuya organización no está al- 
terada. La ebulición , que convierte en gela- 
tina el estómago y los intestinos, dá una per- 
fecta idea de esta alteración. Parécenos del ca- 
so llamar la atención sobre un fenómeno bas- 
tante estraíio , que consiste en el color negro 
de los vasos inmediatos á la alteración ; color 
que no hemos hallado en las partes desorga- 
nizadas, ni en los líquidos que contienen. El 
derrame de materias que se encuentra algunas 
veces en el abdomen del cadáver, es en nues- 
tro concepto un fenómeno cadavérico ; por- 
que en ninguno de los casos que hemos obser- 
vado, existían vestigios de peritonitis, é ignora- 
mos que otros observadores hayan notado esta 



inflamación» (Anal. Pat. du corps hum. , li- 
bro X , pág. 3). 

»La alteración de que habla Cruveilhier, 
y que consiste en una coloración morena ó 
negra de los vasos sanguíneos, que se distri- 
buyen en las partes reblandecidas, y aun en 
los órganos inmediatos, en todos los puntos en 
que ha habido imbibición, la atribuye este 
médico á la materia colorante de la sangre. 
Carswell la considera producida por la acción 
que ejerce el jugo gástrico sobre la sangre en 
todos los casos en que se verilica el contacto 
de estos dos Huidos: «los vómitos negros que 
con frecuencia acompañan el cáncer, y que 
se presentan siempre en la hematemesis, cons- 
tituyendo un síntoma característico de la fie- 
bre amarilla , no reconocen otra causa que la 
acidez del jugo gástrico. Poco importa la na- 
turaleza de las lesiones que pueden dar lugar 
al derrame sanguíneo en estas enfermedades; 
la presencia del jugo gástrico y la estancación 
de la sangre son las que determinan la colo- 
ración de las materias vomitadas.» (Carswell, 
Apuntes sobre la disolución química ó diges- 
tión de las paredes del estómago después de la 
muerte, etc.; en el Jour hebdom., t. 11, pá- 
gina 520, número 9; 1830.) 

«Cruveilhier supone que el reblandeci- 
miento gelatiniforme es enteramente distinto 
del designado por Louis bajo el nombre de re- 
blandecimiento con adelgazamiento y destruc- 
ción de la mucosa gástrica ; y cree que la al- 
teración descrita por Carswell es también 
diferente; por cuya razón le dá el nombre de 
reblandecimiento pultáceo. Las diferencias que, 
según Cruveilhier, separan estas dos especies 
de reblandecimiento, son las siguientes: el 
reblandecimiento pultáceo es una alteración 
cadavérica, que reside en el fondo del estóma- 
go, y pocas veces se estiende hacia el píloro, 
ó bien se propaga á lo largo de los bordes li- 
bres de los pliegues que forma la mucosa; si 
se tira un plano perpendicular al eje del estó- 
mago, que pase por el orificio esofágico, se li- 
mitará casi siempre de una manera exacta la 
alteración. La túnica interna se convierte en 
una pulpa, que presenta diversos colores, se- 
gún el que ofrecen los líquidos contenidos en 
el estómago. En un grado mas avanzado , no 
solamente hay reblandecimiento, sino tam- 
bién destrucción completa de la membrana 
mucosa; la celular se halla desnuda y pre- 
senta un color blanco azulado, que contrasta 
con el de la membrana interna. Algunas veces 
se encuentran únicamente reblandecidas las 
eminencias que forman los pliegues de esta 
túnica : de aquí esas fajas largas y estrechas, 
esas chapas de un blanco bruñido ó de un 
blanco azulado, que Louis ha descrito en su 
historia del reblandecimiento con adelgaza- 
miento y destrucción de la mucosa gástrica. 
IRecher. anat. palhol.; 1Q¡2\.) 

»En el reblandecimiento gelatiniforme st, 
forma la lesión durante la vida; ocupa con 



42 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



frecuencia la pared anterior y toda la esten- 
síüii del estómago; invade todas sus túnicas, 
y existe aun en los casos en que no se halla 
líquido alguno que haya podido obrar quími- 
camente. El trabajo de la digestión, y todo 
cuanto tiende á congestionar el estómago, fa- 
vorece el reblandecimiento pulposo , pero no 
basta para producir el gelatiniforme. Final- 
mente, este último tiene síntomas que le anun- 
cian durante la vida; al paso que el reblande- 
cimiento pultáceo carece de signos especiales, 
encontrándosele en las circunstancias mas 
opuestas. (Gruveilhier, Anat. path. loe. cit., 
páginas 5,6 y 7.) Mas adelante veremos que 
estas diferencias no son tan manifiestas como 
piensa Cruveilhier. Por de pronto no pode- 
mos menos de censurar la aserción que emi- 
te, á saber: que el reblandecimiento pulposo 
no determina síntomas particulares, puesto 
que los ha observado Louis, harto evidentes 
para disipar toda duda sobre el particular. 

»Los autores que, en su descripción, se 
ocupan esclusivarnente de la pérdida de con- 
sistencia del estómago, sin procurar elevarse 
á sus causas, comprenden en el estudio de las 
alteraciones cadavéricas varios desórdenes 
que no pertenecen á la enfermedad: de este 
modo Naumann , en un artículo lleno por otra 
parte de erudición, habla del reblandecimien- 
to simultáneo de todas las visceras; dice igual- 
mente que Chaussier ha visto reblandecimien- 
tos parciales en una mujer embarazada, Louis, 
en muchos tísicos, y Andral, en enfermos ata- 
cados de fiebre tifoidea (Handbuch der Medi- 
cinisthen Khinik, vol. 4.°, part. 1. a , p. 582.) 
Es visto, pues, que el autor alemán refiere 
sin motivo todos estos reblandecimientos al 
llamado gelatiniforme. 

»E1 Dr. Isllin , de Mulheim, en una me- 
moria sobre el reblandecimiento del estóma- 
go , dice que la cavidad abdominal se halla con 
frecuencia distendida por gases, y que el te- 
jido celular se encuentra enfisematoso. Ase- 
gura este autor haber visto el estómago de 
dos cadáveres perforado en tres puntos; no- 
tando igualmente una descoloracion y trans- 
pariencia casi completa de la membrana in- 
terna, debajo de la cual se distinguía la túni- 
ca carnosa, que se licuaba, por decirlo asi, 
cuando se la comprimía entre los dedos. (Trad. 
de los Annal. med. de Heidelberg , t. V, cua- 
derno 3.°; 1839.) John Gairdner ha visto, en 
Un niño de once meses , las paredes gástricas 
de un color azul, y formadas únicamente por 
la serosa; las otras dos túnicas convertidas en 
una papilla negra, eran fácilmente arrastradas 
por una corriente de agua. (Edimb. Jour. of 
med. se; oct. 1826.) 

»Blasius observó un caso en que solamente 
unian al estómago con el esófago algunas ti- 
ras membranosas. 

» Síntomas del reblandecimiento gelatini- 
forme. — La enfermedad empieza ordinaria- 
mente por alteraciones funcionales del estó- 



mago , y, según Billard, por síntomas de gas^ 
tritis, tales como tensión y dolor en el epi- 
gastrio, vómitos, etc. (Trait. des malad. des 
enf. p. 3i9; 1833.) No se ha demostrado que 
estos signos , asi como otros varios de que 
hablaremos después, sean debidos á la gas- 
tritis; pero de todos modos empiezan los ni- 
ños á vomitar la leche, y al propio tiempo so- 
brevienen diarrea, agitación, tumefacción del 
vientre, y bien pronto un estado general de 
debilidad y postración. 

»Los vómitos faltan pocas veces, y persis- 
ten hasta el fin de la enfermedad. (Naumann, 
Handbuch, etc., p. 572). Las materias vomi- 
tadas son cenicientas, coposas, formadas por 
las bebidas ó la leche, algunas veces biliosas 
y arrojadas con fuerza; también se manifies- 
tan náuseas , eructos , inapetencia y diar- 
rea; las cámaras son de un líquido de dife- 
rente naturaleza, ora bilioso, verdoso, ora 
mucoso , y con copos ; algunas veces son las 
materias cenicientas , mucosas y rubicundas 
(Naegel), ó semejantes á las heces del vino , ó 
serosas. No es constante la diarrea , según Bi- 
llard (cit. p. 350); y por el contrario, falta 
pocas veces, si ha de creerse á Naumann é 
Isllin , que la describen ambos casi en los mis- 
mos términos. (Mem. cit ) Cruveilhier dice, que 
existe una diarrea verde, muy frecuente, y 
que parece yerba machacada cuando la enfer- 
medad tiene su asiento en los intestinos; los 
vómitos mucosos, ó biliosos, y una sed insa- 
ciable anuncian el reblandecimiento del estó- 
mago. (Anat. pal., loe. cit., p. 2.) 

»Grandes diferencias se observan en las 
descripciones que presenta cada autor , como 
puede verlo cualquiera por la simple lectura de 
los trabajos publicados sobre este objeto. De- 
pende esta diverjencia de que no se han carac- 
terizado suficientemente la naturaleza y el si- 
tio de las alteraciones , y de que á menudo ha 
tomado un médico por reblandecimiento gela- 
tiniforme lo que otro considera como una gas- 
tritis : prosigamos sin embargo el estudio de la 
sintomatologia. 

»Dolor nulo ó apenas perceptible; á veces 
sensibilidad del hipocondrio izquierdo (Nau- 
mann ) , tumefacción de la región epigástrica, 
pulso variable (Naumann , Billard , etc.), fre- 
cuente y regular , acelerado por la tarde, y á 
veces débil é irregular, escalofríos, disnea con 
ó sin tos , dificultad en el ejercicio de la pala- 
bra, respiración por sacudidas, enflaquecimien- 
to muy rápido, en particular de la cara ( Cru- 
veilhier, Naumann, Billard). La nariz está afi- 
lada , los párpados y los pies se ponen edemato- 
sos , y los músculos se reblandecen. Bomberg 
mira como un signo característico de la enfer- 
medad una especie de depresión y flacidez par- 
ticular que existe en las paredes del abdomen. 

»En una época mas avanzada de la enfer- 
medad se observan los síntomas siguientes: 
agitación tan escesiva, que pudiera creerse de- 
pendiente de una afección cerebral , yactita- 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTOMAGO. 



43 



cion, espresion de un padecimiento profundo, 
insomnio, á veces estrabismo, rechinamiento 
de dientes y convulsiones. 

» Variedades y especies del reblandecimiento 
gelatiniforme. — La variedad , sin duda , que 
han observado los autores en los síntomas y en 
el curso de la enfermedad, ha dado lugar á al- 
gunas especies de reblandecimiento. Cruveil- 
hierle divide en dos periodos (Medecine prati- 
que eclareé par V anatomie pathologique , en 
8.° ; París, 1821). Ramisch, Winter y el ma- 
yor número de médicos , distinguen el reblan- 
decimiento en agudo y crónico. Isllin admite 
un reblandecimiento idiopático y otro sinto- 
mático. 

y>El reblandecimiento idiopático agudo dá 
lugar á mucho calor, á vómitos y á diarrea , y 
á una alteración rápida de las facciones , pu- 
diendo sobrevenir la muerte en veinticuatro 
horas. En la forma sub-aguda son los mismos 
los fenómenos morbosos; pero la enfermedad 
puede durar muchas semanas. 

»El reblandecimiento sintomático es una 
complicación, ya del hidrocéfalo , ya de un 
exantema ó de una enfermedad de las vías res- 
piratorias. En la forma aguda de esta afección, 
y cuando se halla en el primer periodo , se ob- 
servan los síntomas siguientes: fiebre, sed ar- 
diente , piel cálida , vómitos frecuentes y perti- 
naces , diarrea , insomnio, agitación, palidez y 
coloración alternativas de la cara, convulsiones, 
tumefacción y calor del vientre , frió de las es- 
tremidades, sudores locales, calor intenso en 
la cabeza. En el segundo periodo se presentan 
una debilidad súbita y tendencia al síncope, 
pulso desigual y frecuente , disnea , gemidos 
sordos, palidez del semblante, hundimiento de 
los ojos, calor del vientre y frió de las estremí- 
dades, estrabismo , lijeras convulsiones , aftas 
en la boca , vómitos , diarrea, tinte azulado en 
las comisuras de los labios y de los ojos , suma 
postración , lipotimias y estremada debilidad 
del pulso ; signos todos que mas ó menos de 
cerca preceden á la muerte, la cual sobreviene 
sin agonía. 

»No haremos un estenso análisis de las di- 
visiones admitidas por el doctor Isllin; acaba- 
mos de esponerlas minuciosamente con el ob- 
jeto de que el lector por sí mismo pueda cono- 
cer sus inconvenientes. Empero advertiremos 
que el autor alemán ha descrito bajo el nombre 
de reblandecimiento del estómago varios reblan- 
decimientos de diversa naturaleza , pues aun- 
que en el curso de su memoria parece que se 
propone por objeto principal estudiar el reblan- 
decimiento gelatiniforme, hace frecuentes in- 
cursiones en el examen de otros reblandeci- 
mientos producidos por inflamaciones agudas y 
crónicas muy manifiestas. 

»Lo mas exacto que puede establecerse en 
medio de la gran diversidad de signos que enu- 
meran los autores es, que el reblandecimiento 
gelatiniforme presenta primero síntomas agu- 
dos y después crónicos , acompañándose estos 



de debilidad general ó de convulsiones, y que 
los fenómenos mas constantes son: el vómito, la 
diarrea , la sed , la tumefacción del vientre y 
del epigastrio , la alteración profunda de las 
facciones, el enflaquecimiento , las convulsio- 
nes, y por último el colapsus. 

» Diagnóstico. — Cruveilhier opina que con 
arreglo á los síntomas y el curso de la enfer- 
medad puede fijarse fácilmente el sitio y natura- 
leza de la lesión (ob. cit., pág. 3). Por nuestra 
parte no juzgamos tan fácil el diagnóstico, y no 
parecerá infundada nuestra opinión, si se re- 
cuerda que, como queda dicho , se encuentran 
á cada paso confundidos en las obras los diver- 
sos reblandecimientos, que sin razón se han re- 
ferido al gelatiniforme. Si aun el examen de los 
cadáveres ha sido insuficiente para disipar todas 
las dudas, con mas razon*deben hallarse difi- 
cultades casi insuperables cuando se trate de 
conocer la enfermedad durante la vida. Loque 
en nuestro concepto debe llamar principalmen- 
te la atención del médico en semejantes casos 
es el estado de las demás visceras: conviene 
saber antes de todo si existe alguna lesión que 
acompañe al reblandecimiento , como la tisis y 
otras complicaciones que ha encontrado Louis 
(mem. cit., pág. 53). Una vez convencidos de 
que la enfermedad es independiente de toda 
afección , se debería determinar si el reblande- 
cimiento es gelatiniforme ó de otra naturaleza; 
pero ya hemos dicho que es imposible esta dis- 
tinción, y que ha dado oríjen á interminables 
disputas. -En tercer lugar debe el médico dis- 
tinguir el reblandecimiento de varias afecciones, 
que aunque residen fuera del estómago, dan sin 
embargo lugar á síntomas que podrían inducir- 
nos á error. Las enfermedades cerebrales, y en 
particular la meningitis aguda , simple ó tu- 
berculosa , y el hidrocéfalo crónico, simulan á 
veces la gastro-malacia. En el hidrocéfalo agu- 
do existen igualmente sopor y gritos; pero aquel 
es continuo y se aumenta sin cesar, la sensibi- 
lidad está disminuida , las pupilas inmóviles, 
dilatadas ó contraidas ; se manifiestan fuertes 
convulsiones, estreñimiento, etc.; en una pa- 
labra, el predominio de los síntomas cerebra- 
les sobre los fenómenos simpáticos que ema- 
nan del estómago permite establecer el diag- 
nóstico. 

vComplicacione's. — Winter y otros autores 
consideran el reblandecimiento como una en- 
fermedad de todo el organismo ; doctrina que 
parece justificada por la frecuencia de las di- 
versas alteraciones que complican la enferme- 
dad. Las que se encuentran con mas frecuencia 
son: el hidrocéfalo, la tisis pulmoual, la ente- 
ritis, el muguet, la ictericia, los exantemas, la 
induración del tejido celular, un estado de de- 
bilidad que preexiste á la afección , etc. El re- 
blandecimiento y las perforaciones que se en- 
cuentran en el resto de los intestinos y en el 
esófago son complicaciones tan frecuentes, que 
algunos las han creído dependientes de una cau- 
sa común, atribuyéndolas á una inflamación gra- 



44 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



dual de todas estas partes ; pero semejante 
aserción es una mera hipótesis. 

» Pronóstico. — El reblandecimiento gelati- 
niforme se considera generalmente como una 
enfermedad casi siempre mortal , en particular 
cuando no se la corrije en su principio. Jaeger 
confiesa que siempre tiene mal éxito, cualquie- 
ra que sea el tratamiento que se adopte ; pero 
Cruveilhier admite que no pocas veces es posi- 
ble detener su tendencia desorganizadora (loco 
citato , pág. 2 ). 

¡¡Etiología. — Las causas inherentes al in- 
dividuo y que predisponen á la enfermedad son: 
la debilidad congénita de la organización , y la 
disposición caquéctica que proviene de la mala 
constitución de la madre. Según Vogel, los ni- 
ños nacidos de madres que tienen un tempera- 
mento linfático; los q^ie presentan la piel blanca 
y suave, la parte posterior de la cabeza abulta- 
da, pocos cabellos, los ojos azules ó pardos, la 
mucosa de la boca y de la nariz pálida , y la 
temperatura del cuerpo baja; los individuos que 
beben mucho y son aficionados á bebidas cáli- 
das están mas dispuestos que otros á contraer 
el reblandecimiento del estómago. Se ha dicho 
que la dentición favorecía el desarrollo de esta 
enfermedad , determinando mayor aflujo de 
sangre , y se ha colocado también en el núme- 
ro de sus causas la constricción escesiva del 
cordón (Naegel) , el reumatismo, los exante- 
mas, la coqueluche, etc. ; pero puede dudarse 
muy fundadamente que los hechos en que se 
apoyan los autores para admitir todas estas cau- 
sas, se refieran solo al reblandecimiento gelati- 
niforme. 

«Empero hay otras causas que parecen ejer- 
cer una influencia menos dudosa : 1.° la lactan- 
cia artificial: Naumann dice que los niños ali- 
mentados por este medio están mas espuestos 
que los que crian sus madres ó nodrizas en la 
proporción de cuatro á uno (Ilandbuch der 
med. , etc. , pág. 586 ) , resultado en verdad 
sumamente curioso. En dichos niños empieza 
ordinariamente la enfermedad hacia la octava 
semana. 2.° El perjudicial influjo que ejerce la 
leche de una nodriza entregada á la miseria, á 
los disgustos , á la cólera ó.á otras pasiones. 
Jager dice haber visto que una madre de ca- 
rácter violento , y que muchas veces daba de 
mamar á sus hijos estando irritada , perdió tres 
sucesivamente de la misma enfermedad; esta 
observación se halla muy distante de probar 
lo que sostiene dicho autor, porque pueden ha- 
ber obrado simultáneamente otras muchas cau- 
sas. 3.° Los escesos en el réjimen , el cambio 
de alimentación , el destete prematuro, los ali- 
mentos insuficientesy difíciles de dijerir.4.°Ra- 
mich ha encontrado el reblandecimiento en los 
niños espósitos con mas frecuencia que en los 
demás (9 | 49). 5.° La influencia de las estacio- 
nes: se ha dicho que sobreviene la enfermedad 
mas á menudo en eslío y otoño que en invier- 
no. 6.° En Limoges la ha visto Cruveilhier 
ejercer sus estragos de una manera epidémica 



en los recien nacidos durante los meses de 
agosto y de setiembre. El mayor número de ob- 
servadores, dice el doctor lsllin , están confor- 
mes en asegurar que es mas frecuente en las 
épocas en que reinan las gastritis biliosas, las 
disenterias, las fiebres intermitentes (inem. ci- 
tada ); pero en este caso habla sin duda el au- 
tor de reblandecimientos que difieren del que 
nosotros estudiamos. 

»E1 reblandecimiento ataca mas especial- 
mente á los varones que á las hembras, ma- 
nifestándose desde la mas tierna edad ; su má- 
ximum de frecuencia es desde los 4 á los 8 
meses. De 50 casos referidos por Romberg, 
en G tenían los niños de 1 á 3 meses; en 17 
de 4 á 6 ; en 7 de 7 á 11 meses ; en 14 de 1 
á 2 años; y en 6 de 2 á 5. (Naumann, ob. cít. , 
p. 586.) No deben aceptarse sin mucha reser- 
va estas observaciones, porque comprenden 
tal vez reblandecimientos distintos del gelati- 
niforme. Lo cierto es que este reblandecimien- 
to constituye una enfermedad de la primera 
infancia , aunque se manifieste en todos los pe- 
riodos de la vida (Andral, Anal, pat-, t. íí, 
p. 84) , y hasta en la vejez. Gazeaux ha obser- 
vado en varios ancianos la enfermedad que 
nos ocupa. (Essai sur le ramollissement de la 
membrane mugueuse de Cestomac. , núme- 
ro 130; 1829.) 

¡•¡Tratamiento. — El tratamiento profilácti- 
co-, que espone con cuidado Cruveilhier , con- 
siste: «1.° en elegir una buena nodriza : 2.° no 
destetar al niño prematuramente: 3° en abs- 
tenerse de medicamentos irritantes: 4° si un 
niño recien destetado es acometido de diarrea 
y de sed ardiente, si enflaquece, si su cara se 
descompone, si se disminuye su apetito y se 
inclina especialmente á las frutas y alimentos 
acuosos, no hay que dudar: con estos signos 
nos advierte la naturaleza que su organización 
no es bastante fuerte para soportar los alimen- 
tos sólidos, y que es preciso concederle de 
nuevo el pecho...» Efectivamente, en el aten- 
to estudio de las causas higiénicas, es donde 
deben buscarse las bases de un tratamiento 
racional , del único que puede triunfar de es- 
ta enfermedad. El número de los agentes te- 
rapéuticos cuyos buenos efectos se conocen 
es muy limitado : las aplicaciones de sangui- 
juelas , de vejigatorios , de sinapismos , las 
fricciones irritantes volátiles y espirituosas, 
empleadas por Jager y otros , no dan resulta- 
do alguno; y si alguna vez se han obtenido de 
su uso efectos saludables, débese á que han 
obrado contra la enfermedad principal , de la 
cual era el reblandecimiento una mera com- 
plicación. 

»Se somete al enfermo á dieta, ó se le con- 
cede algunos vasos de leche por todo alimen- 
to, y bebidas mucilaginosas ó feculentas; se 
prescriben los baños simples , que imprimen 
una escitacion saludable y una derivación ha- 
cia la piel. Cruveilhier, y otros médicos, acon- 
sejan el uso del opio gomoso á dosis refrac- 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTOMAGO. 



45 



tas , en poción ó en lavativa ; cuyo remedio 
produce , según él , el efecto de disminuir la 
sensibilidad de los nervios intestinales , cal- 
mar la irritación existente, y prevenir el desar- 
rollo de otra nueva. Jager dice que ha emplea- 
do con buen éxito el opio y el almizcle: Isllin 
recomienda el uso de los amargos , de los as- 
tringentes , y de las sustancias oleaginosas: 
las aguas destiladas de tila y de hojas de na- 
ranjo , no pueden perjudicar á los enfermos. 
Teóricamente está indicado el uso de los ál- 
calis , si se admite con muchos médicos que 
el reblandecimiento del estómago depende de 
la acción disolvente de los jugos gástricos ; el 
opio obra también en su concepto modifican- 
do la inervación del estómago, frecuentemen- 
te alterada , en términos de ser la causa que 
altera la secreción. 

^Naturaleza y causa del reblandecimien- 
to. — J. Hunter es el primero que atribuyó el 
reblandecimiento y la perforación del estó- 
mago á la acción inmediata del jugo gástrico 
después de la muerte. En una memoria leida 
en la Sociedad Real de Londres en 1772 , di- 
ce que la disolución de las membranas, que 
resulta de dicha acción, se asemeja mucho á 
la que esperimentan las sustancias carnosas 
medio digeridas en un estómago vivo , ó cuan- 
do las disuelve un álcali cáustico. Al prin- 
cipio habia creído que el reblandecimiento se 
verificaba durante la vida , y era causa de la 
muerte; pero habiendo observado que se en- 
cuentra con mas frecuencia en los sugetos ro- 
bustos , y en los que perecen 'de muerte vio- 
lenta , asi como en los diferentes animales que 
sucumben en los esperimentos fisiológicos; se 
inclinó á admitir que las partes medio disuel- 
tas del estómago son semejantes á las sustan- 
cias alimenticias semi-digeridas, y que este es- 
tado depende de que continuando la digestión 
después de la muerte, y hallándose el estó- 
mago privado de la facultad de rehacerse, no 
puede resistir la acción disolvente del Huido, 
que él mismo ha elaborado para la quimifica- 
cion. Considera, pues, la perforación como 
un efecto de la acción directa del jugo gástri- 
co sobre Jas paredes del estómago, que siem- 
pre se verifica después de la muerte. 

«Spallanzani comprobó con sus esperimen- 
tos sobre la digestión, la exactitud de los hechos 
enunciados por Hunter. Ademas cree « que 
para que se efectué la digestión después de la 
muerte, es necesario no solamente que esta sea 
repentina, sino también real, es decir, que 
tenga lugar á la vez en todas las partes cons- 
tituyentes del animal. Se conoee esta especie 
de muerte en la fluidez de la sangre y en la 
ausencia de la rigidez cadavérica. (Carswell, 
Recherches sur la disolulion des parois de l' esto- 
mac. en el Journ. hebdom., t. VII, p. 328.) 

«Alian Burns en una Memoria sobre la di- 
gestión del estómago después de la muerte adop- 
ta la opinión de Hunter, y considera el jugo 
gástrico susceptible de producir la perfora- 



ción y el reblandecimiento del estómago des- 
pués de haber cesado la vida. 

«Jager sostuvo al principio las ideas de 
Hunter; pero bien pronto conoció, que la di- 
solución del estómago no es un efecto pura- 
mente químico producido después de la muer- 
te , y sí dependiente de varias circunstancias 
que concurren durante la vida, y que favore- 
cen la disolución de las membranas; cuyo fe- 
nómeno no se efectuaría si el estómago estu- 
viera sano. En otra memoria dice, que los in- 
testinos contienen ácido acético libre; que 
este se forma y ejerce una acción dada, bajo 
la influencia de la inervación ; y que si se mo- 
difica esta función por alguna causa patológi- 
ca, se altera la secreción; en cuyas circuns- 
tancias se produce mayor cantidad de ácido 
acético, resultando la disolución gelatinifor- 
me de las paredes del estómago. (Jager, Ueber 
Die Erweicliung des magengrundes ; en Hufe- 
lands Journ. 181 k , st. 5;— Í813, st. 1, st. 15.) 

»C!iauss¡er atribuye la perforación y el re- 
blandecimiento gástrico á una irritación pri- 
mitiva y especial de las túnicas del estómago; 
la cual determina la secreción de un líquido 
acre y corrosivo, que dirige su actividad con- 
tra el tejido mismo donde se elabora, y que 
le sirve de receptáculo. Dice Chaussier, que el 
sitio mas frecuente de las ulceraciones y de 
las perforaciones es el punto de la viscera que 
corresponde al bazo y al diafragma. (Bulletin 
des sciences medicales du departemenl de 
l'Eure , n. 53, p. 7.) 

«Laisne y Morin, en sus tesis inaugurales, 
hablan de las diversas causas que pueden oca- 
sionar la perforación. El primero niega que el 
jugo gástrico determine la disolución y la per- 
foración del estómago ; y atribuye esta lesión 
al desarrollo de una acción morbosa de ero- 
cion, de ulceración , que de repente ataca uno 
de los puntos del estómago (Laisne, Considera- 
tions. gener. sur les erosions, etc. tesis, 1819). 

»Camerer practicó numerosos esperimentos, 
para probar que el jugo gástrico tiene la pro- 
piedad de disolver las membranas del estóma- 
go. Abriendo varios conejos , unos muertos de 
herida , y otros naturalmente ó de enferme- 
dad , vio que los jugos eran ácidos en los pri- 
meros , y alcalinos en los demás; y que el es- 
tómago estaba reblandecido en el primer caso, 
é intacto en el segundo. Solamente existia el 
reblandecimiento cuando el animal se hallaba 
sano, y habia empezado el trabajo de la qui- 
mificacion. Camerer probó también , por me- 
dio de esperimentos , que los jugos gástricos 
de los niños atacados de reblandecimiento, go- 
zan de la propiedad disolvente en alto grado. 
Introducidos en el estómago de un hombre 
muerto , determinan la disolución de las pare- 
des gástricas; del mismo modo que cuando se 
los deposita en el estómago de un conejo: al 
contrario , si está vivo el animal , no puede el 
líquido atacar el estómago. El ácido acético de- 
positado en un estómago, espuesto a una tem- 



46 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



peratura de 25° centígrado , le reblandece y 
perfora ; el ácido hidroclórico le endurece. Ad- 
quiere el reblavidecimiento un curso mas rápi- 
do , si se practica la ligadura de los nervios 
neumogástrico y simpático ; de donde concluye 
Camerer , que esta alteración depende entera- 
mente de la modificación del sistema nervioso 
y de la acidez de los jugos gástricos (Camerer, 
Diserí. inaug.', Stuttgard , 1818). 

«Habiendo Wilson Philip matado varios co- 
nejos, después de haberlos dado de comer, en- 
contró su estómago reblandecido y perforado. 
John Gairdner , que ha estudiado sin preven- 
ción la historia de los reblandecimientos , cree 
que las erosiones y las perforaciones son pro- 
ducidas por la acción de los fluidos contenidos 
en el conducto alimenticio después de la muer- 
te , sin que haya enfermedad anterior de las 
paredes horadadas ; pero sostiene igualmente, 
que en otros casos , existe durante la vida una 
afección del estómago , cuyo efecto es alterar 
los tejidos , en términos de hacerlos mas solu- 
bles en los fluidos gástricos (John Gairdner, 
Trans. of the medico- chir. Societ. of Edimb., 
tomo I). 

»Carswell , en dos largas memorias sobre 
la disolución de las paredes gástricas , en que 
consigna el resultado de sus esperimentos, es- 
tablece las siguientes conclusiones, que trasla- 
damos íntegras. 

1.° »E1 reblandecimiento, el adelgazamien- 
to, la erosión y la ulceración del estómago, en 
el hombre , atribuidas , por el mayor número 
de patólogos , á condiciones morbosas de este 
órgano , pueden ser producidas , cualquiera 
que sea su forma , grado y estension , ó el 
lugar que ocupen, por el jugo gástrico. 2.° No 
parece que sea indispensable condición algu- 
na patológica del estómago ó de otros órga- 
nos para el desarrollo de estas lesiones. 3.° Se 
hallan todas en estómagos de sugetos que 
mueren en plena salud , y de otros que su- 
cumben de diversas enfermedades. 4.° Se las 
encuentra en estómagos sanos y enfermos 
que contienen jugos gástricos ácidos. 5.° Se 
producen , si se quiere , introduciendo una 
parte de este mismo fluido en estómagos sa- 
nos y muertos. C.° La forma , el grado , la 
estension y el sitio de estas lesiones , solo son 
modificaciones de la disolución química de 
las paredes del estómago que produce el ju- 
go gástrico ; cuya acción está subordinada á 
cierto número de condiciones mecánicas y fí- 
sicas , en que puede hallarse este órgano des- 
pués de la muerte. 7.° El reblandecimiento, 
la erosión y la perforación por el jugo gás- 
trico , se observan en otros órganos á mas del 
estómago, como en el esófago y los intestinos, 
á causa de la comunicación directa que existe 
entre ellos y el órgano digestivo; y también en 
el peritoneo, el hígado, el bazo , el diafragma, 
la pleura , el pulmón , etc., á consecuencia de 
las perforaciones del estómago y del esófago. 
8.° El color moreno y negro de la sangre con- 



tenida en los vasos, ó derramada en la cavidad 
del estómago , depende de la acción química 
de los jugos gástricos. 9.° Todas estas altera- 
ciones , asi de las paredes del estómago como 
de otros órganos ó de la sangre , se efectúan 
después de la muerte» (mera, cit., Journ. 
hebd.,t. Vil, p. 342). 

«Las investigaciones de Carswell han he- 
cho un gran servicio á la ciencia, enseñando al 
médico la mucha circunspección con que debo 
proceder para afirmar que un reblandecimien- 
to , una perforación del estómago, encontradas 
en el cadáver , se han formado durante la vi- 
da. Ademas determina este autor con mas pre- 
cisión que sus antecesores , las diversas condi- 
ciones que favorecen la disolución química de 
las membranas; pero no podemos convenir con 
él en que «si se observase una condición patoló- 
gica cualquiera de las paredes del estómago, 
solo podria considerarse como una circunstan- 
cia puramente accidental , y de ningún modo 
necesaria para esplicar los efectos del jugo gás- 
trico ; pues cuando mucho podria hacer mas 
rápidos , y tal vez mas perceptibles estos efec- 
tos» (p. 537). Creemos que la proposición de 
Carswell , presentada de una manera tan ab- 
soluta , no puede sostenerse ; porque nos obli- 
garía á colocar entre los reblandecimientos por 
el jugo gástrico , hasta aquellos que se presen- 
tan con inyección roja de la túnica interna, y se 
anuncian por síntomas de irritación de las vias 
intestinales. ¿Por qué, si el reblandecimien- 
to gelatiniforiue depende de los ácidos del es- 
tómago , no es mas frecuente, sino constan- 
te , en los cadáveres? ¿Por qué existe en ca- 
sos en que no se encuentra líquido alguno? 
¿ por qué prefiere las partes anteriores y su- 
periores del estómago , y por lo común se li- 
mita á esta viscera , dejando el resto del in- 
testino en toda su integridad? No se crea que 
por eso negamos el influjo de los jugos gástri- 
cos en la producción del reblandecimiento ge- 
latiniforiue : de ningún modo , pero debe admi- 
tirse la existencia de otra causa mucho mas po- 
derosa , que se desarrolla durante la vida, y 
que influye sobre la inervación gástrica, modi- 
ficando su secreción , y preparando ó favore- 
ciendo de este modo la alteración de las mem- 
branas por los jugos del estómago. 

«Háse tratado de examinar cuidadosamen- 
te la composición química de los líquidos con- 
tenidos en el estómago. Unos han admitido 
que el ácido gástrico es un ácido sui generis; 
otros han creido que es el ácido acético, el 
láctico, el fosfórico, etc. Spallanzani , y otros 
fisiólogos, aseguran que las sustancias conte- 
nidas en el estómago son generalmente aci- 
das. Proust ha observado que existe en el ven- 
trículo del caballo, del buey y de la liebre, 
ácido hidroclórico libre y no saturado. (De 
la naturaleza de las sustancias acidas y sa- 
lijicables que existen frecuentemente en el es- 
tómago de los animales, trad. del inglés; en 
los Árch. gen. de med., t. Vil, p. 294; 182ó.) 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTOMAGO. 



kl 



Segim Donné, las diferencias que han hallado 
los fisiólogos en.la composición del jugo gás- 
trico, y particularmente en su grado de aci- 
dez, dependen de su mezcla con mayor ó me- 
nor cantidad de saliva, que sirve para neutra- 
lizar el esceso de ácido del jugo gástrico (His~ 
toire physiologique el palhologique de la sali- 
ve , p. il9, en 8.°; París 1836); pero los pa- 
tólogos están muy distantes de admitir este 
uso de la saliva. Cualquiera que sea la opinión 
que prevalezca acerca de la composición del 
jugo gástrico, no podemos menos de recono- 
cer en el estado actual de la ciencia que es de 
naturaleza acida. Infiérese, pues, que si la 
acidez es muy pronunciada, ó las cantidades 
de líquido muy considerables , pueden mani- 
nifestarse en la mucosa gástrica alteraciones 
importantes. El trastorno de la secreción , y 
por consiguiente la alteración del fluido segre 
gado, pueden preceder al reblandecimiento y 
provocarlo ; ó provenir del mismo origen que 
este , como por ejemplo, de una lesión de la 
nutrición, y sobrevenir entonces al mismo 
tiempo que él. De este modo se obtiene la ra- 
zón de por qué se manifiestan durante la vida 
los síntomas de una afección bien caracteri- 
zada , y después de la muerte la alteración de 
las membranas y la acidez de los líquidos del 
estómago. Verdaderamente esta acidez, que 
existe en el estado normal , es acaso mas no- 
table que en las demás enfermedades; pero, 
aun en el caso de hallarse demostrado este úl - 
timo estremo , sería indispensable probar que 
el aumento de acidez era causa y no efecto. 

»La doctrina dominante en Alemania y en 
Inglaterra es la de Hunter, quien , como que- 
da dicho , atribuye á la acción química de los 
jugos gástricos, el reblandecimiento y la per- 
foración. Acabamos de ver que Alian Bums, 
Camerer, y Carswel desenvolvieron y sostu- 
vieron las principales ideas emitidas por este 
médico. 

»Pero ademas se han inventado y admi- 
tido por diversos autores otras teorías me- 
nos químicas: 1.° unos consideran la irrita- 
ción aguda ó crónica como causa del reblan- 
decimiento : 2.° otros miran esta afección co- 
mo resultado de una perversión del influjo ner- 
vioso del aparato gástrico: 3.° otros , en fin, 
la creen dependiente de una alteración general. 

Chaussier, Morin y Laisne en las memo- 
rias de que hemos hablado , atribuyen las per- 
foraciones á la influencia de una irritación 
primitiva y especial de las túnicas , que segre- 
gan un líquido corrosivo , cuya acción se ejer- 
ce después sobre las mismas (Bullet. de la 
Societ. de la Facul.de me d.; París, 1810.) Lais- 
ne y Morin , en sus disertaciones inaugurales 
(1819 y 1806) (Véase Perforaciones) las ha- 
cen depender de un trabajo morboso de ero- 
cion y de ulceración. Broussais no ve en esta 
enfermedad mas que un efecto de la inflama- 
ción. Billard concluye de los hechos que ha 
observado, que el reblandecimiento gelatini- 



forme «consiste en una desorganización de la 
membrana mucosa del estómago, producida 
por una flegmasía intensa aguda ó crónica;» 
cuya desorganización tiene por caracteres el 
acumulo de serosidad en las paredes del ór- 
gano, la tumefacción y la consistencia gelati- 
nosa de la membrana mucosa en un punto fre- 
cuentemente circunscrito , situado en la gran 
corvadura, y alrededor del cual presenta la 
membrana vestigios mas ó menos percepti- 
bles de una flegmasía aguda ó crónica. (Trai- 
te des maladies des enfanls, pág. 348; 1833.) 
Cruveilhier dice que en esta lesión no puede 
negarse la existencia de una irritación aguda, 
de la cual resulta un flujo continuo de líqui- 
dos blancos que distienden, desorganizan y 
penetran los tejidos como un cuerpo inerte. 

»Andral cree que la afección que nos ocupa 
depende con frecuencia de un movimiento ir- 
ritativo, «pero que la existencia de este movi- 
miento no basta para producirla , y que de con- 
siguiente no es su causa única ni necesaria.» 
(Anat. patlwl. , pág. 90.) Este autor la refiere 
igualmente á una alteración general de la nu- 
trición , y la compara , no sin fundamento , al 
reblandecimiento de la córnea de los animales 
alimentados con sustancias poco reparadoras. 
Esta comparación es tanto mas natura!, cuanto 
que muchos niños afectados de la enfermedad 
de que tratamos, han sido mal alimentados, 
destetados muy pronto, criados por medio de 
la lactancia artificial, ó bien han mamado la 
leche alterada ó insuficiente de una madre en- 
ferma , cuya constitución estaba deteriorada por 
la miseria. «No se crea pues , dice Andral, ha- 
ber resuelto definitivamente la cuestión , esta- 
bleciendo, que el destete prematuro, por ejem- 
plo, reblandece el estómago porque le irrita. 
En efecto, si se intenta probar esta irritación 
por la anatomía patológica, ningún vestigio se 
encuentra de semejante estado en esos estó- 
magos cuyas paredes, completamente descolo- 
ridas , no presentan otra alteración que una dis- 
minución de consistencia.» Ni los síntomas ni 
el tratamiento militan en favor de la opinión de 
aquellos que á ejemplo de Billard, de Broussais 
y de su escuela, no ven en el reblandecimiento 
sino el resultado de la gastritis. 

»Los partidarios del influjo nervioso en la 
producción de la enfermedad han adoptado teo- 
rías diferentes. Jager cree que á consecuencia 
de una modificación patológica del sistema ner- 
vioso, se aumenta considerablemente la acidez 
del jugo gástrico segregado. Teuflel supone un 
estado de enfermedad del nervio vago y del 
plexo-celiaco (Bad. Anual, bd. 111 , hft. 1.°). 
Sundelin admite la existencia de una alteración 
en el influjo bioquímico del nervio vago (Horn's 
Arch. , 1830 , cah. IV ). La frecuencia del re- 
blandecimiento del estomago en los niños afec- 
tados de enfermedades cerebrales y de acciden- 
tes nerviosos , parece venir en apoyo de las opi- 
niones precedentes. Camerer hace depender la 
enfermedad de la acidez de los jugos gástricos 



48 REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 

y de la modificación del sistema nervioso ; y 
preciso es confesar que las vivisecciones hechas 
en los animales prueban la poderosa acción de 
este sistema, cuya integridad es necesaria para 
el ejercicio de las funciones del estómago. Prac- 
ticada la sección de los ncumo-gástricos , ve- 
mos que el estómago se reblandece, se adelga- 
za y concluye en fin por perforarse. La altera- 
ción funcional que reside en el estómago puede 
depender de las causas generales que obran en 
el organismo, y que mas arriba quedan men- 
cionadas. 

»Romberg y Klaatsch hallan cierta seme- 
janza entre el reblandecimiento del útero de- 
signado con el nombre de putrescencia (putres- 
cencia uteri ) y el reblandecimiento gástrico. 
Puchlt vé en esta enfermedad una especie de 
gangrena, que únicamente difiere de la que se 
encuentra en otras visceras por la falta de olor 
y por su aspecto , y que , según él , depende ya 
déla inflamación, ya de una perversión del 
sistema nervioso ó de una afección local ( Sis- 
tem. dcr medie, bd. II, th. II, pág. 625). 
Nauman supone que sufre en este caso la san- 
gre un cambio en sus cualidades nutritivas y en 
su vitalidad , y se funda en que hacia el fin de 
la enfermedad está casi estinguido el influjo 
nervioso ( Handbuch, etc. , pág. 598 ). Winter 
admite una lesión del sistema nervioso capilar. 
Rudolphi cree que el estómago de los niños, 
aun estando sanos , puede corromperse , y que 
el reblandecimiento va precedido de una fer- 
mentación acida. 

»Del reblandecimiento de la membra- 
na mucosa. — A. Reblandecimiento con adel- 
gazamiento de la membrana interna del estó- 
mago ( Louis ). — Reblandecimiento pultáceo 
( Cruveilhier). — Puede sufrir la membrana mu- 
cosa independientemente de las demás túnicas 
un cambio de consistencia , y ofrecer al mismo 
tiempo diversos colores. Para conocer las alte- 
raciones de consistencia, deben tenerse presen- 
tes la estructura de esta túnica, y las diferencias 
que ofrece según los puntos en que se la exa- 
mina : ya hemos dado á conocer estas particu- 
laridades al hablar de la anatomía del estó- 
mago. 

«Louis ha publicado una historia bastante 
completa de una especie particular de reblan- 
decimiento, limitado á la membrana mucosa, 
que se manifiesta en el curso de las afecciones 
crónicas , y particularmente de la tisis pulmo- 
nal , y que ofrece sus síntomas propios y espe- 
ciales (Da ramollissement avec aminessement 
et de la destruction de la membrane muqueuse 
de i estomac , 1824 ; Collect. de mem. , en 
8.o; Paris, 1826). 

La membrana en que reside esta lesión 
ofrece , en una estension mas ó menos consi- 
derable, un color blanco pálido, con tinte azu- 
lado , dispuesto en forma de chapas aproxima- 
das ó de fajas estrechas y sinuosas ; en estos 
puntos se halla la membrana notablemente de- 
primida , pálida , adelgazada y convertida en 



una papilla ó en una especie de moco viscoso 
semitransparente. Si no se procede con precau- 
ción, pudiera creerse que no existia la túnica in- 
terna, aunque en algunos puntos falta realmen- 
te. Nótanse en esta lesión colores muy diver- 
sos: unas veces, como queda dicho, un blanco 
azulado, y otras un blanco pálido , opaco, son- 
rosado y pardusco , mezclado no pocas con 
manchas rubicundas ó negruzcas. El sitio del 
reblandecimento en forma de chapas es el fon- 
do del estómago ; algunas veces el píloro y el 
cardias. El adelgazamiento de la membrana 
presenta varios grados , no solo en diferentes 
individuos, sino también en un mismo enfermo; 
de manera que con frecuencia se ven reunidas 
en un mismo estómago alteraciones de consis- 
tencia muy diversas: en un punto es todavía la 
membrana bastante resistente ; en otro solo 
existe una papilla blanda , formada por todas 
las túnicas á escepcion de la peritoneal. Repe- 
timos que no son menos numerosas las varie- 
dades del color: en unos puntos se halla el ór- 
gano afecto pálido, blanquecino, descolorido; 
en otros de un rojo vivo ó moreno pardusco, 
mamelonado , como fungoso en algunas partes 
y ulcerado en otras. Pocas veces se estiende la 
desorganización al tejido celular sub-mucoso y 
á la túnica carnosa : el estómago , cuya mem- 
brana interna se halla alterada de este modo, 
no suele tener sus dimensiones habituales, en- 
contrándose unas veces estrechado y otras dila- 
tado. Antes de indagar la naturaleza de este 
reblandecimiento , estudiaremos los fenómenos 
morbosos á que dá lugar. 

«Todos los enfermos en cuyos cadáveres ha 
encontrado Louis el reblandecimiento , habían 
presentado desde mucho tiempo antes altera- 
ciones notables en su dijestion: dispepsia, ano- 
rexia , acedías , dolores epigástricos, tales eran 
los síntomas que habían precedido á la enfer- 
medad. Esta se anunciaba por la disminución ó 
la pérdida completa del apetito , dolores de es- 
tómago , sed, náuseas , vómitos y fiebre. La 
intensidad de estos síntomas variaba según los 
casos: el vómito por ejemplo era pertinaz en 
cierto periodo del mal , espeliéndose hasta las 
bebidas mas suaves. Existían dolores de estó- 
mago casi continuos , obtusos , profundos ó vi- 
vos, acompañados de una sensación de ardor, y 
considerados por los enfermos como el síntoma 
mas penoso de su dolencia ; el color de la len- 
gua era diverso, y la intelijencia se hallaba en 
su estado normal. «La alteración funcional y el 
sitio del dolor indican á primera vista el órga- 
no afecto ; ninguna viscera espresa mejor ni 
con mas enerjía sus padecimientos. Los sínto- 
mas propios de una pulmonía no acreditan la 
inflamación de los pulmones de una manera 
mas evidente y segura, que los fenómenos indi- 
cados demuestran en casi todos los casos una 
afección grave del estómago.» ( Mem. cit., pá- 
gina 60. ) 

»Mucho varia el tiempo que emplea la en- 
fermedad para recorrer sus periodos ; algunas 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTOMAGO. 



49 



veces es su curso muy rápido, y puede ocasio- 
nar la muerte del enfermo en veinte dias , co- 
mo ha observado Louis en un caso; pero ordi- 
nariamente es crónico, y pueden retardarle al- 
gún tiempo los esfuerzos de la naturaleza ó los 
auxilios del arte. 

»En todos los casos en que ha comprobado 
Louis el reblandecimiento , existían complica- 
ciones de enfermedades crónicas, como la tisis 
pulmonal , y esta observación le indujo á esta- 
blecer, que siempre que se adviertan en los en- 
fermos atacados de afecciones crónicas, y que 
hayan esperimentado por espacio de mucho 
tiempo dificultad en las dijestiones con dismi- 
nución del apetito , los síntomas indicados; con 
tal que no sean transitorios, sino que duren 
veinte dias , un mes , seis semanas , por ejem- 
plo; debemos sospechar la existencia del re- 
blandecimiento combinado con adelgazamiento 
de la membrana mucosa gástrica. En el caso de 
que se manifiesten estos síntomas sin alteración 
anterior de las funciones dijestivas, sin dismi- 
nución mas ó menos antigua del apetito, y en in- 
dividuos exentos de enfermedades crónicas, se- 
ria indudablemente menos fundado el diagnós- 
tico ; pero creemos que si persistiesen los cita- 
dos signos seis semanas ó dos meses , debería- 
mos estar casi seguros de que existia la dolen- 
cia (mem. cit., pág. 63). Es mas frecuente es- 
ta enfermedad eu las mujeres que en los hom- 
bres ( Louis ). 

»Hemos espuesto la historia del reblande- 
cimiento con adelgazamiento tal como la pre- 
senta Louis; pero ¿constituye esta lesión el 
carácter anatómico de una enfermedad distinta 
de la gastritis y del reblandecimiento gelatini- 
forme? El citado autor considera el reblande- 
cimiento que ha estudiado, como un estado pa- 
tológico nuevo, y que nadie habia descrito antes 
que él ( pág. 1 ). A esto repone Billard que va- 
rios autores , y entre ellos Roederer y Wagler, 
han conocido el reblandecimiento acompañado 
de adelgazamiento , describiéndole en los tér- 
minos que siguen : «La túnica afelpada del es- 
tómago estaba inflamada en la pequeña corva- 
dura y fondo de este órgano; hacia ia gran cor- 
vadura se la veia insensiblemente mas azulada 
y con manchas blancas, que parecían situadas 
debajo de ella. En los puntos indicados estaban 
adelgazadas todas las membranas (De la mu- 
queuse , etc. , pág. 412). 

»Si examinamos sucesivamente las lesiones, 
los principales síntomas de la enfermedad y las 
circunstancias en que se desarrolla, nos inclina- 
mos á admitir, que no es otra cosa mas que una 
de las formas de la gastritis crónica. Eu efecto, 
el dolor epigástrico , las náuseas , los vómitos, 
la sed, la auorexia, la dispepsia se encuentran 
asimismo en la gastritis crónica. El reblandeci- 
miento , el estado pultáceo de la membrana 
mucosa, la ulceración y los diversos matices de 
color rojo, son lesiones que corresponden tam- 
bién á dicha gastritis. ¿ Cuáles son pues las di- 
ferencias que separan el reblandecimiento des- 
TOMO VIII. ^-í 



crito por Louis de la misma alteración ocasio- 
nada por la flegmasía de la membrana ? Por 
nuestra parte solo hallamos las que dependen 
de las frecuentes complicaciones que se obser- 
van en los casos de reblandecimiento (tisis, hi- 
drocéfalo , enteritis , etc. ) , y del estado de la 
constitución, profundamente debilitada por el 
padecimiento que ha sufrido el organismo. Se 
nos dirá sin duda que el reblandecimiento ob- 
servado en diferentes órganos á consecuencia 
de varias enfermedades crónicas, no depende 
de la inflamación, y que el del estómago se ha- 
lla en el mismo caso. Louis en su memoria so- 
bre los tísicos que ha observado, refiere que la 
membrana mucosa del estómago solo se halla- 
ba en estado de integridad casi perfecta en 19 
casos de 90 eu que examinó el estómago con 
cuidado, es decir, en la quinta parte de los 
enfermos (Iiecherches sur la phlhisie , p. 73, 
en 8.°; París , 1825). Ademas es preciso confe- 
sar que esta lesión es algunas veces latente; pe- 
ro solo tiene este carácter en el menor número 
de casos ; pues en los demás ofrece síntomas 
muy notables , que manifiestan su existencia 
durante la vida , y permiten diagnosticarla con 
bastante seguridad. En una palabra , toman- 
do en cuenta todas las precedentes considera- 
ciones, vemos que la identidad de síntomas y 
lesiones, en la gastritis y el reblandecimiento, 
nos inclinan á creer que constituyen una sola 
afección. 

Tenemos, por otra parte, un autor (Cars- 
well) que no vé en el reblandecimiento estu- 
diado por Louis sino una alteración producida 
por los jugos gástricos, y que no difiere de los 
reblandecimientos gelatiniformes, descritos por 
Cruveilhier. «Estos dos patólogos, dice Cars- 
well, han creído describir, bajo los nombres 
que acabamos de enunciar, estados patológi- 
cos nuevos, que no se habían conocido ; pero 
una rápida ojeada sobre los trabajos que he- 
mos citado , y en particular sobre los de Jager, 
quien presenta numerosos ejemplos de reblan- 
decimiento y de perforaciones del estómago, 
y aun de los intestinos , demostrará que se ha- 
llaban ya descritos, y que varios autores han 
sabido deducir de su estudio consecuencias 
mas legítimas» (Garswell , mem. cit. , p. 32). 

«Cruveilhier no cree que la disolución de 
las paredes gástricas de que habla Carswell, sea 
el reblandecimiento gelatiniforme cuya historia 
ha trazado. Considera el reblandecimiento con 
adelgazamiento y destrucción de la mucosa gás~ 
trica (Louis) , y el estudiado por Carswell, co- 
mo un fenómeno cadavérico. Hé aquí las di- 
ferencias que separan el reblandecimiento ge- 
latiniforme, de la segunda especie que Cru- 
veilhier llama reblamiecimienlo pultáceo; este, 
esencialmente cadavérico ó químico, ocupa la 
estremidad mayor del estómago , y la parte 
prominente ó pliegues de la membrana interna. 
Podemos producirlo á nuestro arbitrio, para lo 
cual basta dejar eu el estómago, por un tiempo 
suficiente , los líquidos que contiene. No se 
4 



w W 



59 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



manifiesta por síntoma alguno especial ; y se le 
encuentra en las circunstancias mas opuestas 
(Anat. pat. , 10 ent. , p. 5, 6 y 7). 

«Empero no es posible admitir la opinión 
de Gruveilhier sobre la naturaleza del reblan- 
decimiento pultáceo. Que hay alteraciones de 
consistencia acaecidas después de la muerte por 
la acción de los líquidos contenidos en el estó- 
mago , nadie lo duda ; pero que el reblandeci- 
miento pultáceo sea una lesión de esta especie, 
no hay razón para creerlo , cuando vemos que 
se anuncia durante la vida por alteraciones 
funcionales muy pronunciadas del aparato gás- 
trico. No sabemos esplicar la contradicción que 
existe entre los autores que acabamos de citar; 
pero nos parece imposible desconocer en el re- 
blandecimiento pultáceo una alteración, distin- 
ta por sus lesiones y sus síntomas del reblan- 
decimiento gelatiniforme ; y por el contrario, 
creemos que seria mas natural referir el re- 
blandecimiento gelatiniforme, al que Carswell 
ha designado bajo el nombre de disolución quí- 
mica de las paredes gástricas después de la 
muerte. 

»B. Reblandecimiento rojo. — El reblande- 
cimiento de la túnica interna puede presentar 
un color rojo mas ó menos subido , sin que 
deba atribuirse semejante coloración á una 
especie particular de enfermedades del estó- 
mago. Ora está la membrana mucosa unifor- 
memente roja en gran parte de su estension, 
ora en algunos puntos circunscritos. Puede el 
color ser rubicundo, moreno ó negro. En otros 
casos conserva la túnica interna su consisten- 
cia natural, pero presenta los colores rojos que 
hemos referido. Por último, no poeas veces se 
halla la membrana reblandecida, mas pálida que 
en el estado normal , ó de un blanco mate, co- 
mo lechoso, pudiendo igualmente estar aumen- 
tado su grueso. 

El reblandecimiento parcial acompañado de 
color rojo, se manifiesta en gran número de 
afecciones diferentes: unas inflamatorias, co- 
mo la gastritis; y otras de naturaleza menos 
conocida , como los reblandecimientos rojos, 
que se encuentran en los individuos afectados 
del mugüet. Es sumamente variable la inten- 
sidad y lo forma de la coloración roja ; en 
prueba de ello espondremos las lesiones que ha 
encontrado Valléis en 22 enfermos afectados 
de mugüet : 1.° reblandecimiento , engrosa- 
iniento , rubicundez, ó alguna otra alteración 
de color; tres veces en toda la membrana in- 
terna, y dos en una de sus paTtes: en un caso 
habia un color moreno de la mucosa , y reblan- 
decimiento de las otras túnicas; 2.° reblandeci- 
miento rojo, sin engrosamiento, general tres ve- 
ces y parcial otras tres; 3.°- reblandecimiento sin 
rubicundez , general dos veces, parcial una; i.° 
alteración de color sin reblandecimiento ni en- 
grosamiento, en siete casos; habiendo en cinco 
de ellos color rojo general , en uno color more- 
no, y en otro color punteado rojo subido. (Clini- 
que des maladies des enfants , pág. 267 , en 8.°; 



París, 1838). Hemos citado estas observacio- 
nes, recojidas con la mayor exactitud, para 
probar que el reblandecimiento y los colores 
anormales suelen concurrir en un individuo y 
faltar en otros ; sin que puedan servirnos de 
caracteres anatómicos , para establecer la na- 
turaleza de la enfermedad. Sin embargo, los 
médicos están conformes en admitir que se ha- 
llan de resultas de la inflamación* aguda con 
mas frecuencia que de cualquier otro estado 
morboso, los reblandecimientos rojos; ora con- 
sista este color en puntos muy pequeños, que 
tengan su sitio en los capilares mas delgados 
(inyección capiliforme) , ó bien dependa de la 
inyección de ramos mas voluminosos (inyección 
ramiforme, V. Gastritis). No deben confun- 
dirse estos reblandecimientos rojos, con los que 
se forman después de la muerte, y de que lue- 
go nos ocuparemos. 

»E1 reblandecimiento gangrenoso, circuns- 
crito á la membrana interna, es sumamente 
raro, en particular como efecto de la gastritis. 
Pudiera confundirse con la gangrena la morti- 
ficación de una ó de las tres membranas del 
estómago , de resultas de la aplicación de un 
veneno cáustico. Cruveilhier dice «que tuvo 
ocasión de ver, en dos casos de pústula malig- 
na, el estómago sembrado de chapas gangre- 
nosas, perfectamente circunscritas; presen- 
tando las paredes de esta viscera un edema que 
las daba un grosor considerable. Hubiérase po- 
dido decir que existían pústulas malignas del 
estómago, y el edema que las acompaña (artí- 
culo Estómago, Dic. de med. et chir. prat.. 
pág. 509). 

»La gastritis crónica deja algunas veces en 
pos de sí reblandecimientos rojos; pero con mas 
frecuencia está pálida y descolorida la mem- 
brana afecta, hallándose en ocasiones materia 
negra depositada en su tejido; cuyo carácter 
anatómico no carece de algún valor, en particu- 
lar cuando al propio tiempo está la túnica re- 
blandecida é hipertrofiada (V. Gastritis). 

»Andral ha encontrado reblandecida la 
membrana interna, con ó sin inyección de su 
tejido, en varios ancianos que habían sucum- 
bido de resultas de una alteración repentina de 
sus digestiones, acompañada de los síntomas 
siguientes: anorexia, pesadez en el epigastrio, 
lengua seca, pulso acelerado, enflaquecimien- 
to: los demás no presentaban lesión alguna. 

» Réstanos mencionar otra especie de re- 
blandecimiento, y es el que se desarrolla en 
las induraciones escirrosas ó la materia ence- 
faloidea que reside en las membranas gástricas. 
Este reblandecimiento se desarrolla consecuti- 
vamente al tejido eseirroso, y se conoce por las 
alteraciones coexistentes que se encuentran en 
su inmediación. 

»Puede suceder que una congestión pura- 
mente pasiva determine la coloración roja, co- 
mo se observa en los sugetos que sucumben 
de enfermedades del corazón, de los gruesos 
vasos ó del pulmón, cuando estas últimas afee- 



J-^fcSS 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



51 



ciones producen cierta dificultad en la circula- 
ción pulmonal. El reblandecimiento mismo pa- 
rece en muchos casos producido únicamente 
por la gran cantidad de líquidos que infartan la 
membrana ; esta condición acelera singular- 
mente la destrucción de los tejidos. 

«Reblandecimiento por putrefacción.— 
Háse ocupado Billard de investigar las altera- 
ciones orgánicas que sobrevienen en el conduc- 
to digestivo después de la muerte, y resulta de 
sus observaciones, que al tercer día, presenta 
la membrana mucosa un color rojo; al cuarto, 
es la rubicundez mas pronunciada; al quinto, 
se halla el vértice de las válvulas de un co- 
lor moreno, se desprende con facilidad el teji- 
do mucoso, pero no está sensiblemente reblan- 
decido, y conserva su testura ; al sesto día, se 
nota un reblandecimiento y color verde gene- 
ral; al sétimo, el mismo estado; y al octavo, 
aparece reblandecida la membrana interna, pe- 
ro todavía se la puede desprender á pedazos. 
De estos esperimentos , parece resultar que no 
se verifica el reblandecimiento desde los pri- 
meros instantes que siguen á la muerte, y que 
se manifiestan otros signos de desorganización, 
antes que haga aquel progresos considerables 
(De la mem. muq. , etc. , pág. 4H). 

»Lo que dejamos dicho al hablar del re- 
blandecimiento gelatiniforme, nos dispensa de 
•volver á ocuparnos de los casos en que , lejos 
de estar rubicunda la membrana mucosa re- 
blandecida , se presenta pálida y sin color, feo- 
lamente diremos, que el reblandecimiento blan- 
co de la membrana interna, sin hipertrofia de 
su tejido, ni induración de la túnica celulosa, 
no nos parece suficiente para caracterizar ana- 
tómicamente la flegmasía , como tampoco nin- 
guna otra enfermedad del estómago, en par- 
ticular cuando hay en esta viscera una gran 
cantidad de líquido , y cuando el reblandeci- 
miento se limita á una porción declive, ó exis- 
ten signos de putrefacción. Confesamos, sm 
embargo, que podrá reponérsenos con algún 
fundamento , que una membrana que ha sido 
durante la vida asiento de una lesión, debe es- 
tar mas dispuesta á reblandecerse que en su 
estado normal: entonces, se dirá, la pérdida de 
cohesión de la membrana ha tenido lugar des- 
pués de la muerte; pero las alteraciones mor- 
bosas acaecidas en ella durante la vida, la han 
debido preparar á semejante alteración. 

«Conclusiones.— Ya que hemos terminado 
el estudio de los reblandecimientos, ¿debere- 
mos describir sus síntomas, curso, y trata- 
miento de una manera general, como si cons- 
tituyeran la lesión anatómica de una enferme- 
dad bien determinada? Semejante proceder es- 
taría en manifiesta oposición con los principios 
rigorosos de una buena síntesis, En electo, no 
pueden reunirse en una descripción común , y 
comprenderse en un mismo cuadro, sino las co- 
sas idénticas, ó al menos tan aproximadas por 
vínculos de afinidad recíproca, que apenas sean 
perceptibles las distancias que las separen. 



Pero, ¿qué tienen de común, bajo cualquier 
aspecto que se les mire, los reblandecimientos 
que acabamos de estudiar? causas , naturale- 
za, lesiones patológicas, síntomas, termina- 
ción, todo es diferente. Ora es una inflamación 
evidente laque determina el reblandecimiento; 
ora la acción de un líquido, especie de disol- 
vente químico contenido en el estómago; en un 
caso son los síntomas muy perceptibles, en otro 
enteramente latentes, etc. El sitio y la forma 
del reblandecimiento no sufren menos diferen- 
cias. Preferimos, pues, contentarnos con la 
descripción que hemos dado de cada especie 
de reblandecimiento: mayores detalles sobre 
este objeto, podrían esponernos á error; y por 
otra parte son imposibles en el estado actual 
de la ciencia , porque los patólogos no están 
enteramente conformes sobre la naturaleza, ni 
aun sobre la existencia de algunos reblandeci- 
mientos (V. Gastritis). 

«Historia y bibliografía. — Reblandeci- 
miento gelatiniforme. — En la colección deMor- 
gagni se encuentran bajo el título de venlrica- 
lus qangrmnd a/fectus (De sed. et caus. morí., 
ep. 43 , §. 18; ep. 29 , §. 20; ep. 30, §. 16, 
ep. 43, §. 22), varias observaciones que tienen 
mucha semejanza con el reblandecimiento ge- 
latiniforme. Lieutaud refiere algunos ejemplos 
de esta última enfermedad, sin distinguirla sin 
embargo de otro modo mas que con la palabra 
de venlriculus putris et gangramosus (ílist. 
anat. med. , t. 1 , p. 39). Riehery es , según 
Naumann , el primero que ha dado una des- 
cripción exacta de esta enfermedad (1747). 
J. Hunter estudió sus causas con admirable sa- 
gacidad. Jager publicó en 1811 dos memorias, 
en las que describió completamente el reblan- 
decimiento y las perforaciones; sosteniendo que 
la perforación , que resulta de la acción del ju- 
go gástrico, depende de una modificación del 
sistema nervioso, que tiene por efecto especial 
aumentar la acidez normal de este fluido. ( Ye- 
ber die Enveichung der Magengrandes ; en 
Haffeland 'sjour., 1811, st. 5; 1813, st. 15). 
Sucesivamente se publicaron diversos escritos 
relativos á las perforaciones , y que citaremos 
mas adelante (Véase perforaciones) ; tales son 
los de Morin, Laisné, Chaussier, Percy y Lau- 
rent (Uict. des. se. med. art. perforación, 
1820). 

«La disertación de Camerer, que no hemos 
podido proporcionarnos , volvió á poner en vo- 
ga las ideas emitidas por Hunter (Stuttgard, 
1818). Gcedecke publicó también una diserta- 
ción sobre esta enfermedad (De disolutione, 
ventriculi, sive de digestione quam dicunt ven- 
triculi post mortem ; 'Berlín, 1822). Cruveilhier 
la consideró bajo el punto de vista clínico y 
anatómico en un escrito presentado á la Acade- 
mia de ciencias en 1821 (Med. eclair. par l' 
anat. pat. , en 8.°; París , 1821). La descrip- 
ción que hace de esta enfermedad ha sido re- 
producida por casi todos los autores que le han 
sucedido (Véase también Anatomic palologiqne 



52 



REBLANDECIMIENTO DEL ESTÓMAGO. 



du corps humain, entrega 10, en folio, 1830). 

»Entre las obras que mas se han ocupado 
de los reblandecimientos gelatiniformes citare- 
mos en particular las siguientes , que ya que- 
dan analizadas en el curso de este artículo: 
Ramisch (De gastro-malacia et gastro-pathia 
infantum ; Praga , 182'* ) ; John Gairdner 
(Trans. of the. med. chir. Societ of Edimb., 
t. I); Billard {Trait. desmalad. desenf., pági- 
na 3i0; 1833) ; Cars>vell (Indagaciones sobre 
la disolución química, ó digestión de las pare- 
des gástricas después de la muerte , seguidas 
de reflexiones sobre el reblandecimiento , la 
erosión y la perforación de este órgano en el 
hombre y en los animales; en el Journ. hebdom., 
números 87 y 91 , t. VII, 1830); William 
Proust (De la naturaleza de las sustancias aci- 
das y salificables, que residen ordinariamente 
en el estómago de los animales en los Archiv- 
gen. de med. , t. VIII , p. 294 ; 1825); Isllin 
(Mem. sobre el reblandecimiento del estómago 
en los Aúnales medicales de Heidelberg , t. V, 
cuad. 3 o ; 1839). Citaremos también entre el 
número de las obras que deben consultarse la 
Anatomía patológica de Andral (t. II , p. 83), 
y el Manual de medicina clínica de Naumann 
(Hanbuch der medicinischen klinik. , vol. 4, 
part. 1. a , p. 515) , en el cual brilla una erudi- 
ción digna de todo elogio. Hánse publicado ade- 
mas algunos escritos sobre especies determina- 
das de reblandecimientos gástricos; pero ya he- 
mos indicado las obras en que se encuentran. 

» Reblandecimiento inflamatorio, ó de otra 
naturaleza : véase la bibliografía del art. gas- 
tritis , y las obras siguientes ; Louis (Del re- 
hland. con adelgazamiento, y de la destruc, de 
la memb. muc. gast. , mayo, 182Í, en la col- 
lect. de mem., en 8.° París, 1826). Andral, 
(Anat. pat. , t. II, p. 79) ; véase también el ar- 
tículo siguiente» (Monneret y Fleury, compen- 
dium de med. prat., t. III, p. hkk y siguientes). 

ARTICULO II. 

Perforación del estómago. 

«El nombre de perforación del estómago 
debe, en nuestro concepto, aplicarse á toda 
solución de continuidad de las paredes gástri- 
cas, que produzca una comunicación anormal, 
ya entre esta viscera y la cavidad del perito- 
neo , ó bien entre el ventrículo y los órganos 
inmediatos , á consecuencia de previas adhe- 
rencias. La perforación resulta de un trabajo 
morboso, cuya naturaleza y causas son muy va- 
riadas; y constituye en el mayor número de 
casos el último término , ó bien una complica- 
ción, de cualquiera de ias enfermedades que 
pueden alterar la estructura del órgano. Por 
esta razón es imposible describir la perforación 
como una enfermedad aislada; y los autores que 
han seguido este método, han incurrido en 
graves errores. Desgranges veia en la perfora- 
ción del estómago el resultado accidental de un 
escirro violento ; Chaussier el efecto de una ir- 



ritación especial de las túnicas; Gerard de una 
inflamación crónica; Henke de un reblandeci- 
miento, etc. Empero la perforación es una con- 
secuencia de todas estas alteraciones, y no de 
una sola, que tenga en cierto modo el privilegio 
de producirla. 

Causas. — »Las perforaciones gástricas son 
determinadas: 1.° por causas que obran mecá- 
nicamente; 2.° por agentes químicos y tóxicos; 
3.° por causas internas. 

1.° Causas mecánicas. — Una violencia es- 
tertor, ejercida sobre las paredes abdominales, 
puede causar la rotura y la perforación de las 
membranas gástricas. Las heridas son también 
causas de perforación , cuyos efectos se estu- 
dian en todas las obras de cirujía. Los cuerpos 
estraños son igualmente susceptibles de perfo- 
rar el estómago : un esfuerzo muscular violen- 
to , la contracción enérgica y repentina de las 
paredes abdominales ó del estómago, se han 
considerado como causas de perforación ; pe- 
ro son muy raros los casos en que se verifica 
este accidente, estando las túnicas perfecta- 
mente sanas. Ha sucedido desgarrarse el estó- 
mago á consecuencia de los esfuerzos de la de- 
fecación (Bouillaud , Arch. gen. de med. , t. I, 
p. 54i). Lieutaud refiere que un hombre , que 
hacia mucho tiempo padecía una enfermedad 
del estómago, fué acometido de un dolor vio- 
lento en el hipocondrio ; para librarse de él to- 
mó un vomitivo, y murió durante la acción de 
este remedio : en el cadáver se halló una per- 
foración (Hislor. anat., t. I, p. 37); pero pue- 
de dudarse si se habría formado antes ó des- 
pués de la administración del emético. Casi 
siempre existe una alteración mas ó menos pro- 
funda de las membranas del estómago. Se en- 
cuentran en las obras numerosos ejemplos de 
perforaciones, acaecidas á consecuencia de un 
esfuerzo bastante leve, que no obra en este ca- 
so sino como causa ocasional. GeoflYoy vio una 
vez un estómago, que presentaba cerca del pílo- 
ro una degeneración escirrosa reblandecida, 
cubierta esteriormente por una película delga- 
da , la cual se había roto de resultas de un li- 
gero esfuerzo hecho por el enfermo para subir 
una escalera, en el momento en que distendían 
su estómago las sustancias alimenticias (Mem. 
de la societ. royale de med. , 1780 y 1781 , pá- 
gina 162). ¿Pueden los gases desarrollados en 
la cavidad del tubo digestivo producir una dis- 
tensión susceptible de romper el estómago? No 
conocemos hechos que prueben claramente la 
acción de esta causa. Maissonneuve refiere, en 
una tesis inaugural, que habiendo sucumbido 
un estudiante que padecía una constipación 
pertinaz, con una timpanitis enorme, que habia 
exijido la punción de los intestinos , se encon- 
tró en el ciego una escara gangrenosa. Pero 
nunca ha presentado el estómago semejante al- 
teración en casos de esta naturaleza. 

Obsérvase algunas veces en los herbívoros 
que han comido vejetales frescos, humedecidos 
por el rocío, un desprendimiento repentino de 



PERFORACIÓN 

gases, qae puede ocasionar la rotura del estóma- 
go. Laisné , á quien debemos este hecho, pre- 
gunta, si será posible que se produzca la perfo- 
ración en el hombre del mismo modo que en 
los animales herbívoros. Esta cuestión le fué 
sujerida por dos casos referidos , uno en un 
periódico [Ephemeridcs des curieux de la natu- 
re , t. III, obs. 83 , p. 162) . y otro por Rho- 
dius (cent. 2 , obs. 53 . p. 94). Los dos habian 
recaído en niños, acometidos de accidentes gra- 
ves después de haber comido demasiada fruta, 
y en quienes se halló una perforación (Laisné, 
Considerations médico-legales sur leserosionset 
perforations. espontanees de Vestomac: dissert. 
inaug. , núm. 10V ; 25 mayo, 1819). Estas dos 
observaciones nada prueban absolutamente , y 
por otra parte , aun suponiendo que una causa 
de esta especie pudiera determinar la perfora- 
ción , solo seria en el caso de estar ya antes el 
estómago en un estado morboso. 

»Se ha pretendido que los ascárides lum- 
bricoides podian perforar las membranas del 
estómago ; pero Blainville ha demostrado que 
la estremidad cefálica de estos animales no se 
halla organizada de manera que pueda perforar 
las membranas gástricas , siempre que estas 
conserven su consistencia normal. Hánse incli- 
nado algunos autores á sostener esta opinión, 
porque han encontrado á veces en los cadáveres 
numerosas lombrices en las úlceras ó perfora- 
ciones , y en vez de concluir que estos parásitos 
habian podido introducirse después de la muer- 
te en las aberturas preter-naturales, han su- 
puesto que las habian ocasionado. Gerard en su 
importante memoria sobre las Perforaciones es- 
pontáneas del estómago opina, que estas preten- 
didas perforaciones hechas por las lombrices, no 
deben referirse á semejante causa (Perf. spont. 
de r estom., p. 7 , en 8.°; París , 1803) ; y del 
mismo parecer son en el dia todos los patólogos. 

1.° Causas tóxicas. — »No dejan de ser fre- 
cuentes las perforaciones producidas por las 
sustancias corrosivas, tales como los ácidos mi- 
nerales, y particularmente el sulfúrico y el ní- 
trico. Los venenos perforan el estómago de dos 
modos : 1.° por corrosión , reduciendo las túni- 
cas á una escara de estension variable , á una 
especie de papilla negra ó parduzca. Si ha sido 
considerable la dosis de veneno , penetra en la 
cavidad peritoneal , y ataca las demás visceras, 
sobreviniendo en este caso la muerte con mu- 
cha prontitud. Las sustancias que causan las 
perforaciones por corrosión , son los ácidos ní- 
trico , sulfúrico y oxálico, los álcalis (Orfila), el 
deuto-cloruro de mercurio, el nitrato de plata, 
y el sulfato de cobre. 

2.° »EI segundo modo de obrar de algunos 
venenos es muy diferente : «determinan una 
inflamación con todas sus consecuencias ; pero 
no destruyen , no corroen químicamente las 
parte? á que se aplican» {extr. del Guy '« 
hospital reporls, in 8.°; en el diario VEperien- 
ce, núm. 140, p. 147; 1840). Se desarrolla 
entonces una inflamación muy aguda, y de sus 



DEL ESTÓMAGO. 53 

resultas una ó muchas ulceraciones, que termi- 
nan por perforación. El arsénico y el hidroclo- 
rato de barita obran de este modo, según varios 
autores. 

»Esta diferencia de acción entre los venenos 
corrosivos é irritantes, no siempre es tan mani- 
fiesta como supone el médico inglés, de quien 
hemos lomado esta división. Puédese , por 
ejemplo, administrar á corlas dosis un veneno 
muy corrosivo, en cuyo caso obrará solamente 
como irritante, verificándose la perforación des- 
pués de un trabajo inflamatorio. 

3.° Alteraciones de las membranas del es- 
tómago, consideradas como causas de la perfo- 
ración. — Rara vez se verifica la lesión que nos 
ocupa bajo la influencia de una gastritis aguda; 
pero la ulceración y el reblandecimiento pro- 
ducidos por la gastritis crónica , la determinan 
con bastante frecuencia. Cuando se halla el es- 
tómago alterado por la flegmasía, puede una 
causa puramente accidental y ligera , como la 
repleción del estómago, ó la contracción muscu- 
lar de las paredes abdominales, producir la ro- 
tura de las membranas reblandecidas. La úl- 
cera simple crónica , que según Cruveillhier, 
difiere de la gastritis del mismo nombre por 
sus caracteres anatómicos , tiende á la perfora- 
ción , y ocasiona á veces este funesto resultado 
(Memoria sobre la úlcera simple crónica del es- 
tómago , en la Revue medícale , febrero y mar- 
zo, 1838; véase también el artículo Ulce- 
ras del estómago). Gran parte de las perfora- 
ciones son debidas á la ulceración, de lo cual 
podemos convencernos por la lectura de las ob- 
servaciones referidas en las diversas colec- 
ciones (V. Gerard, memoria citada, observa- 
ción 10, 12, 14 y pasim): los bordes de la per- 
foración se hallan en este caso , mas ó menos 
alterados ; unas veces delgados y morenos, 
otras reblandecidos y como difluentes. 

»Laisné divide las perforaciones, 1.° en las 
que son producidas por una acción morbosa de 
erosión crónica , y 2.° las que dependen de una 
ulceración igualmente crónica (tesis citada, pá- 
gina 12). Prescindiendo de la oscuridad de esta 
división, solo diremos que no comprende to- 
das las causas de la perforación. 

»Fórmanse á veces úlceras perforantes en 
las membranas del estómago , endurecidas y 
escirrosas. En cierto periodo de la degenera- 
ción escirrosa ó encefalóidea , se apodera la in- 
flamación del tejido patológico, que se reblan- 
dece , desgarranchóse las membranas en este 
punto , ó al rededor de la materia cancerosa: 
Gerard cita , con todos sus pormenores , un he- 
cho de esta especie (p. 51). 

»Pero son mas frecuentes los casos en que 
la perforación depende únicamente de los pro- 
gresos del cáncer. Pueden verse en Lieutaud 
muchas observaciones de este género (Hist. 
anat. med., p. 35). Los sugetos en quienes se 
encuentra un reblandecimiento canceroso , y 
una perforación consecutiva á esta alteración 
son los que mas espuestos se hallan á que com- 



5V 



PERFORACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



prendido en la degeneración un vaso de al- 
gun calibre , dé lugar á la hematemesis , á la 
melena , á derrames de sangre en la cavidad 
peritoneal (véase síntomas). Puédese preguntar 
si la rotura de las membranas gástricas depen- 
derá , en algunos casos , de la coartación ó 
estrechez escesiva del anillo pilórico afectado 
de cáncer. Schutzenberger considera la estre- 
chez de los intestinos gruesos como una causa 
de perforación intestinal , porque llegando las 
materias al obstáculo , y no pudiendo atrave- 
sar el intestino angostado, hacen esfuerzos con- 
tra el punto afecto , ó son espulsadas por un 
movimiento antiperistáltico , seguido de vómi- 
tos (Arch. med. de Slrasbourg , núm. 17 , ju- 
lio , 1830 , segundo año). Ya se deja conocer 
que del mismo modo podría desarrollarse la 
perforación del estómago, á consecuencia de vó- 
mitos , como se ha observado algunas veces , y 
que entonces deberá ocupar de preferencia los 
puntos en que están las membranas dilatadas, 
adelgazadas, etc., y en ocasiones partes sanas. 
La observación es la única que puede confirmar 
estas ideas relativamente á las perforaciones 
del estómago. listas lesiones se manifiestan tam- 
bién en los casos de reblandecimiento gelatini- 
forme (V. el artículo anterior) del ventrículo, 
en individuos que no presentan otras enferme- 
dades, ó en sugetos afectados de meningitis 
simples (V. Arch. gen. de med. , t. VI , pági- 
na 398; 183'* ; y una colección de observacio- 
nes publicadas por la sociedad médico-quirúr- 
gica de Edimburgo). 

«Por violenta que sea la inflamación del es- 
tómago, rara vez determina la perforación gás- 
trica , porque el trabajo inflamatorio que afecta 
esta viscera , como todos los órganos membra- 
nosos, tiene poca tendencia á revestir la forma 
y el curso de las inflamaciones flegmonosas. Los 
venenos pueden dar lugar á escaras , cuya caí- 
da vaya seguida de perforación ; pero entonces 
obra la causa de un modo diferente. La forma- 
ción de escaras gangrenosas , limitadas á la 
membrana interna, ó estendidas á las otras tú- 
nicas , pero desarrolladas de pronto , es una 
causa poco común de perforación, á no ser en 
los casos de envenenamiento , de violencia es- 
tertor, ó de hernia estrangulada. Háse incluido 
entre las causas de perforación el desarrollo de 
pequeños abscesos submucosos, que obran si- 
multáneamente sobre las membranas mucosa, 
muscular y serosa, y producen de este modo la 
ulceración de los tegidos por la acción morbosa 
que ejercen á la vez de dentro afuera y de fuera 
adentro; por cuyo motivo Forgetdá á las perfora- 
ciones que de ellos resultan el nombre de mis- 
tas. (Memoria sobre las perforaciones intestina- 
les; en la Gaz. med. núm. 15; abril, 1837). 
Estos abscesos dependen del reblandecimiento 
de tubérculos situados debajo del peritoneo, y 
pocas veces de una inflamación legítima. 

«Preciso es contar la gangrena en el núme- 
ro de las causas de la perforación. Tal parece 
que fué el origen de esta lesión en un caso que 



refiere Morin (Consider. gencr. sur ("erosión, 
tesis; París, 1806). La afección gangrenosa 
habia empezado por la cara interna del estó- 
mago , y destruido hasta la membrana perito- 
neal. Este médico la atribuyó á la erosión , que 
en su concepto «es una acción morbosa muy 
complicada, y esencialmente producida por la 
acción de los sólidos.» Según Percy y Laurent 
son las perforaciones gangrenosas debidas á la 
gastritis , y no se verificarían con tanta fre- 
cuencia , si se tuviese cuidado de evitar todas 
las causas que suelen exasperar esta flegmasía 
(Art. Perforation , Dic. de cieuc. med.); mas 
á pesar de la autoridad de estos autores , cree- 
mos que pocas veces terminan las gastritis agu- 
das por gangrena y por perforación. 

»En todas las circunstancias patolójicas que 
acabamos de examinar, el trabajo morboso que 
causa la perforación, se efectúa empezando por 
la membrana mucosa. Pero hay otras en, que 
el trabajo desorganizador procede de fuera 
adentro : ora consiste en una colección puru- 
lenta que se forma en el hígado ó en las masas 
escirrosas reblandecidas de los epiploones, y 
que se abre paso al estómago; ora en una pe- 
ritonitis parcial , en una adherencia que se es- 
tablece entre los intestinos delgados ó los grue- 
sos por una parte, y el estómago por otra , y 
que circunscribe focos de pus, que pueden de- 
terminar perforaciones. 

«Pocas veces depende la perforación de una 
flegmasía del peritoneo. En un caso de infla- 
mación crónica de esta membrana , referido 
por Gendrin , se hallaron focos purulentos cir- 
cunscritos, abiertos en la vejiga y en la S del 
colon (Hisl. anal, des inflam., tomo í, pági- 
na 25V). Broussais solo vio un caso de perito- 
nitis con perforación ( Hist. des fleg. cron., 
tomo 111, pág. 382; 182,(5). Los intestinos es- 
taban esfacelados en todo su grueso , perfora- 
dos y como acribillados en varios puntos. En 
estos casos raros de peritonitis con perforación, 
se hallaba intacto el estómago ; sin embargo, 
ya se deja conocer que hubiera podido afectarse 
del mismo modo. 

«Se han llamado perf&raciones espontáneas 
las que sobrevienen sin cansa esterior aprecia- 
ble , para distinguirlas de las perforaciones por 
causa traumática y por intoxicación : también 
se las ha dado el nombre de perforaciones por 
causa interna , el cual manifiesta su origen, 
harto mejor que la palabra espontáneas, de que 
se ha hecho uso largo tiempo. Las perforacio- 
nes espontáneas son producidas por diversas 
afecciones de las paredes det estómago, que se 
manifiestan , con mas ó menos prontitud antes 
de la muerte de los enfermos, por los síntomas 
que les son propios. Existe, sin embargo, cierto 
número de perforaciones , cuya causa está le- 
jos de sernos bien conocida , y que sobrevie- 
nen en individuos sanos, que sucumben en po- 
cas horas , sin que pueda descubrirse en el ca- 
dáver mas lesión de la membrana gástrica, que 
la solución de continuidad. Algunos, con Hun- 



PERFORACIÓN DEL ESTOMAGO. 



55 



ter y otros autores , la atribuyen entonces á la 
acción corrosiva del jugo gástrico, que disuelve 
las paredes del estómago (V. el artículo ante- 
rior); otros la consideran como un efecto casi 
instantáneo de un trabajo ílegmásico, que afec- 
ta un punto del estómago. De todos modos es 
de notar, que los casos de perforación en que 
la pérdida de sustancia constituye toda la en- 
fermedad , y no se refiere á ninguna otra afec- 
ción apreciable , son cada dia menos frecuen- 
tes, á medida que se practican con mas cuida- 
do las autopsias cadavéricas. 

»Sobrevienen á veces porforaciones en el 
curso de las afecciones cerebrales, de la fiebre 
puerperal , y á consecuencia de las grandes 
operaciones. Leemos en un escrito moderno de 
Voillemier sobre la fiebre puerperal, que Chaus- 
sier, Tonnelé y Pablo Dubois , ban observado 
la perforación espontánea del estómago en mu- 
jeres afectadas de esta enfermedad. El mismo 
Voillemier refiere un caso de este género : la 
abertura, que existia en el fondo del estómago, 
tenia la estension de un duro; sus bordes eran 
desiguales , franjeados y adelgazados , la mu- 
cosa se hallaba descolorida y reblandecida en 
el espacio de unas cuatro líneas en toda su 
circunferencia {Historia de la fiebre puerperal 
que reinó epidémicamente en el hospital de la 
Clínica; en el Journ. des connaissances med. 
chir., p. 5 ; enero , 18i0). 

»Laisné refiere cinco casos de perforación 
observados por Chaussier en mujeres recien 
paridas (tesis citada). Advierte este autor , que 
tales casos sobrevienen en particular después 
de partos laboriosos , y que casi siempre los 
anuncia la presencia de unas chapas rojas, que 
se desarrollan en los brazos. El autor citado 
se inclina á creer que el trabajo del parto, y la 
acción del diafragma , no son estrañas á este 
fenómeno patológico. Su sitio mas frecuente es 
la porción del estómago , que corresponde al 
bazo y al diafragma (Bulletin des scien. med. 
du dep. de VEure , núra. 53 , p. 7). 

ȃs visto pues, que las causas de la perfo- 
ración obran de distintos modos : 1.° unas son 
traumáticas ó mecánicas , y dirigen su acción 
sobre las paredes del estómago (cuerpos estra- 
ños , distensión escesiva de las paredes del es- 
tómago por los alimentos y bebidas). 2.° El 
orden segundo está constituido por ajentes 
tóxicos , que ejercen una acción deletérea y 
directa sobre el estómago. 3.° El tercer orden 
se compone de causas internas, y que consis- 
ten en diversas enfermedades de la membrana 
mucosa: en este caso el trabajo morboso se 
propaga consecutivamente hasta la membrana 
serosa. Algunas veces es el sitio primitivo de 
la enfermedad que determina la perforación, el 
tejido celular situado entre las membranas y el 
peritoneo inflamado (tubérculo subseroso, abs- 
ceso submueoso), resultando entonces la perfo- 
ración mista de Forget. 

»Smo de las perforaciones. — Las perfo- 
raciones del estómago , dice Andral, son mas 



frecuentes que las de los intestinos , y se ve- 
rifican de ordinario en la porción esplénica. 
(Anat. patol., t. II, pág. 111). Pero no todos 
los autores admiten esta opinión sobre la fre- 
cuencia relativa del sitio de las perforaciones. 
Algunos las creen mas comunes en el intestino 
delgado que en el estómago ; y dicen que en 
este último órgano ocupan con mas frecuencia 
la porción pilórica que la esplénica : esta últi- 
ma opinión es la de Ebermayer. En una me- 
moria de Abercrombie , en que refiere siete 
observaciones de perforación gástrica , se vé 
que tres veces ocupaba la úlcera la pequeña cor- 
vadura y la parte posterior del estómago , dos 
la cara anterior , y una la posterior ó el cardias: 
en tres casos se había obliterado la abertura por 
el intermedio del hígado y del diafragma , y 
cuatro fueron seguidos de derrame (Mem. so- 
bre la inf. y la ulccrac. del estom.; en el Jour- 
nal de med. et chir. de Edim.; 1821). 

»Seria necesario formar un cálculo estadís- 
tico para poner fuera de duda esta cuestión. 
Los que han tenido ocasión de ver perforaciones 
cancerosas , han debido creer que tenían su 
asiento mas frecuente cerca del píloro, supuesto 
que el cáncer afecta de ordinario esta parte con 
preferencia á las demás. Al contrario , las per- 
foraciones por ulceración y por reblandeci- 
miento , están situadas en el fondo del estóma- 
go , y en la gran corvadura y cara anterior de 
la viscera. Esta lesión ataca pocas veces la cir- 
cunferencia del cardias y la pequeña corvadura. 

«Descripción anatómica de la perfora- 
ción. — Hemos dicho que la destrucción parcial 
que constituye la perforación era efecto de mu- 
chas enfermedades : deben pues hallarse en el 
estudio anatómico de esta lesión diferencias 
muy notables. Algunas veces es tan pequeña la 
abertura, que forma un verdadero conductillo, 
que puede ocultarse al médico, sino insufla el 
tubo digestivo por el esófago ; en otros casos 
tiene la pérdida de sustancia una línea á dos 
pulgadas , pudiendo ser de la magnitud de una 
peseta , de medio duro, etc. En algunos cadá- 
veres se encuentra una abertura rodeada de 
otras muchas , ó bien están las membranas ho- 
radadas en un solo punto por numerosos y pe- 
queños agujeros. No pocas veces se manifiesta 
una perforación oblonga , enteramente seme- 
jante á una rasgadura, que puede tener una es- 
tension bastante considerable: en un caso que 
refiere Ebermayer ofrecía la de tres pulgadas 
{Arch. gen. de med., t. XVIII, p. 427; 1828). 
Unas son redondas y cortadas perpendicular- 
mente, como si hubieran sido hechas con un 
sacabocados; otras ovaladas, irregulares y con 
bordes desgarrados y desiguales. Varía mucho 
el estado de las membranas en la circunferen- 
cia de la perforación. Cuando esta ha sido pro- 
ducida por una ulceración inflamatoria, se en- 
cuentran sus bordes rojos, tumefactos, reblan- 
decidos ó ulcerados : otras veces se halla des- 
truida la mucosa que cúbrela circunferencia de 
la úlcera, y lasdemas membranas están pardus- 



56 



PERFORACIÓN DEL ESTOMAGO. 



cas , reblandecidas y agujereadas. También 
pueden hallarse los bordes de la abertura lisos, 
redondos , rubicundos , y con su consistencia 
normal. En algunos casos de rotura espontá- 
nea , no existe alteración alguna apreciable. 
Cuando ha sido el reblandecimiento el que ha 
determinado la rotura de las membranas , se 
encuentran vestigios de él en varios puntos. 
Igual fenómeno acontece en los casos de perfo- 
raciones cancerosas : los bordes de la úlcera 
están alterados, y presentan el tejido escir- 
roso, ó bien el eucefalóideo, en diferentes gra- 
dos de reblandecimiento , hallándose en oca- 
siones oculta la pérdida de sustancia , en me- 
dio de las vegetaciones cancerosas que se des- 
arrollan en la cavidad del ventrículo. También 
se observan perforaciones rodeadas de tejido 
cartilajinoso y huesoso. 

wLesiones consecutivas a la perfora- 
ción. — Tiene el estómago, á causa de su si- 
tuación , relaciones de contigüidad con el híga- 
do (lóbulo mediano é izquierdo) , el bazo, los 
intestinos gruesos , el diafragma, y la pared 
abdominal ; pero está libre y flotante en la par- 
te superior del abdomen, de manera que las 
perforaciones que en él se verifican de dentro 
afuera, determinan casi siempre el derrame 
de las materias que contiene , en la cavidad 
del peritoneo. Este modo de comunicación es 
el mas frecuente , y le sigue muy de cerca 
una inflamación intensa del peritoneo. Andral 
refiere la observación de un tísico, que pade- 
cía una peritonitis crónica, y vivió tres sema- 
nas con una fístula umbilical , por donde sa- 
lían continuamente lombrices y materias feca- 
les (Anal, patol. , tom. II, pág. 113). Por lo 
común ocasiona la perforación una peritonitis 
mortal; y en la autopsia se encuentran derra- 
madas en el vientre las sustancias alimenti- 
cias y las bebidas que el enfermo habia injeri- 
do, y se perciben los vestijios de una inflama- 
ción incipiente del peritoneo. 

«Guando la lesión que debe causar la per- 
foración escita cierto grado de flegmasía en el 
peritoneo , como sucede con frecuencia en los 
casos de cáncer del píloro, ó de otras partes del 
estómago, se establecen adherencias entre esta 
viscera y los órganos inmediatos; y como el 
parenquima de estos sirve en cierto modo de 
tapón, no permite que las materias se derramen 
al esterior. Puede verificarse la obliteración 
de la abertura por medio del hígado , del dia- 
fragma, del bazo, del páncreas y del colon. 
El sitio de la perforación influye notablemente 
en el derrame. En una observación publicada 
por Rullier existían dos aberturas, una en la 
cara posterior del estómago, que estaba adhe- 
rida al páncreas, y otra en la cara anterior, por 
la cual se habia efectuado el derrame (Archiv. 
gener. de med. , tom. II). Se ha citado en el 
Journal des connaissances medico chirurgtca- 
les (tom. II, pág. 362), un caso raro de perfora- 
ción doble, que interesó sucesivamente el estó- 
mago y la pared abdominal: formóse primero 



una ulceración espontánea en la cara anterior 
del estómago, coincidiendo con ella una adhe- 
rencia saludable, establecida entre aquel punto y 
la pared abdominal: reanimado mas tarde eltra- 
bajo morboso por los progresos de la enferme- 
dad , se reblandecieron y destruyeron los mús- 
culos del vientre en el sitio de la adherencia, 
resultando una fístula, que daba paso á las sus- 
tancias contenidas en el estómago. A conse- 
cuencia de un trabajo análogo, puede el estó- 
mago canceroso, ó perforado por un reblande- 
cimiento ó una ulceración crónica , comunicar 
con el colon, el intestino delgado , el hígado y 
el pulmón. 

«Síntomas de las perforaciones. — Dé- 
bense distinguir entre los síntomas de las per- 
foraciones gástricas , los que pertenecen á las 
afecciones que determinan la perforación , y los 
que son propios de esta última. Si hubiéramos 
de enumerar los signos de todas las afecciones 
que dan lugar á la perforación, seria necesa- 
rio repetir la sintomatologia del cáncer, de la 
gastritis, del reblandecimiento, etc. Diremos 
solamente, que adquiere mas grados de certe- 
za el diagnóstico de la perforación, cuando co- 
nocemos los síntomas de la afección gástrica 
que la ha determinado; por cuya razón con- 
viene que nunca olvide el práctico el examen 
de los antecedentes, que hayan precedido al de- 
sarrollo de los síntomas agudos que reclamen 
su presencia. Por lo demás no deben conside- 
rarse como signos de la perforación los de la 
enfermedad principal : varios autores han he- 
cho lo contrario, y por eso se notan diferen- 
cias de tanto bulto en la sintomatologia que ca- 
da uno de ellos presenta. Se concibe fácilmente 
que no existen síntomas de perforación , cuan- 
do se ha establecido una adherencia entre el 
estómago y los órganos inmediatos. 

»Ebermayer pretende, fundándose en nue- 
ve observaciones, que el curso de la enferme- 
dad es latente y crónico , y que el estado de 
los enfermos no ofrece peligro alguno hasta el 
fin (Rust 's Magazin, tom. XXVI , cuad. 1.°, 
pág. 43); cuya aserción es exacta, limitándola 
á algunas de las afecciones que causan la des- 
trucción de las membranas ; pero carece de 
precisión si se la aplica á todas las perforacio- 
nes. Guando estas dependen de causas inter- 
nas , van precedidas durante un tiempo mas ó 
menos largo, de fenómenos precursores, que 
pertenecen á la enfermedad del estómago. Y 
por el contrario, cuando la perforación existe 
sola, sin enfermedad de las paredes gástricas, 
no se manifiesta signo alguno antecedente; si- 
no que vemos desarrollarse de pronto, en me- 
dio de la salud mas robusta , los accidentes que 
vamos á describir. 

»Siente el enfermo repentinamente en me- 
dio de sus trabajos, en ayunas, ó después de 
haber comido, un dolor violento, insoporta- 
ble, que hace prorrumpir en gritos y lamentos 
á los hombres mas animosos. Este dolor se de- 
sarrolla algunas veces en la región epigástrica, 



PERFORACIÓN DEL ESTÓM4GO. 



57 



donde le circunscribe el enfermo, y desde cu- 
yo punto se irradia á varios otros del abdo- 
men : obliga al paciente á doblar el vientre con 
fuerza y á encorvarse, y en ocasiones vá acom- 
pañado desde el momento en que se mani- 
fiesta, de frialdad de la piel, pulso imper- 
ceptible y pérdida de conocimiento , de cuyo 
estado es á veces muy difícil sacar al enfermo 
(Geoffroy, Mem. de la Societ. roy. de med., 
años 1780—81 , pág. 162). Algunos sienten un 
frió bastante intenso ó un dolor dislacerante 
en todo el vientre , sobreviniendo al propio 
tiempo náuseas, vómitos de bebidas, de ali- 
mentos , ó de materias sanguinolentas. La mas 
leve presión exaspera el dolor del vientre, y 
le bace insoportable, en términos de ocasionar 
síncopes; de modo que los enfermos no pueden 
sufrir el peso de las ropas, ni el de los tópicos 
emolientes. Unas veces permanecen inmóviles, 
y con el cuerpo encorvado; en otros casos no 
pueden conservar un solo instante la misma 
posición, y se revuelcan en la cama pidiendo 
la muerte á gritos. Las deposiciones y la orina 
se suprimen , la inteligencia permanece sin al- 
teración alguna, y un presentimiento funesto se 
apodera de los pacientes: Gerard habla de uno 
que, en el momento de la rotura, gritó : «soy 
muerto» (mem. cit., 1. a observ.). El mayor nú- 
mero comprenden el peligro de su posición , y 
lo manifiestan á cuantos íes rodean. El vientre 
se hincha con rapidez , y algunas veces ad- 
quiere un volumen considerable, debido á los 
gases que le distienden , y pasan del intestino 
á la cavidad peritoneal. La cara se arruga y 
altera profundameute , el pulso se debilita y se 
hace intermitente é irregular, la piel aparece 
íria , y se presentan en algunos enfermos lije- 
ras convulsiones: unos sucumben después de 
una corta agonía; otros, en medio de los tor- 
mentos mas terribles. La enfermedad presenta 
á veces remisiones muy notables , sin que por 
eso disminuya la gravedad del peligro: en este 
caso perecen los enfermos sin dolor; pero lo 
mas común es que persistan hasta la muerte 
todos los signos de peritonitis sobre-aguda. 

»Los síntomas que acabamos de manifestar, 
son los que existen mas á menudo; pero ade- 
mas pueden observarse otros no menos peli- 
grosos, como por ejemplo, la hemorragia. En 
un caso muy interesante, que refiere Alones - 
tier , sobrevino la muerte á consecuencia de 
una hemorragia acaecida en el estómago é in- 
testinos. «En la superficie interna del primero, 
hacia la parte media de la pared anterior, y 
dos pulgadas á la derecha , y por delante del 
orificio cardiaco, estaba destruida la membra- 
na mucosa , viéndose desnudas las fibras mus- 
culares; en el fondo de la úlcera, se hallaba un 
vaso roto , cuya abertura podia admitir un 
estilete. La sangre derramada ascendía á ocho 
libras, pero no habia ocasionado hematemesis; 
y solo habia salido una corta cantidad de lí- 
quido sanguinolento con las heces ventrales, y 
por regurjitacion (Arch. gen. de med. , t. IV, 



pág. 83; 1834). Cuando la perforación com- 
prende una arteria, se manifiesta la hemate- 
mesis bastante á menudo ; pero no debe con- 
cluirse de la presencia de este solo signo , que 
estén perforadas las paredes del estómago, su- 
puesto que le vemos aparecer igualmente en 
los casos de simple ulceración limitada á una 
ó dos membranas , con tal que interese las 
paredes de los vasos, (véase un caso de este gé- 
nero, en los Arch. gen., tom. XXVI, p. 414; 
1831). Hállase en la tesis de Caillard (Propos. 
de med., núm. 307; París, 1833), una obser- 
vación de perforación espontánea gástrica con 
destrucción de la artería espléuica; á dos pul- 
gadas del píloro en la cara posterior y hacia 
la pequeña corvadura del estómago , existia 
una perforación de la magnitud de una mone- 
da de dos reales , con bordes lisos, redondea- 
dos y rojos, que interesaba las tres túnicas. Asi 
pues, bien puede la hematemesis ser un sín- 
toma de la perforación, pero pertenece igual- 
mente á lesiones muy distintas. Las deyeccio- 
nes alvinas sanguinolentas (melena) se presen- 
tan en los mismos casos; pero no constituyen 
un signo de gran valor , porque pueden existir 
en numerosas alteraciones del aparato gastro- 
intestinal , como por ejemplo , en las afecciones 
cancerosas. 

»Ccrso, Duración, Terminación. — Todos 
los hechos que refieren los autores con algún 
detenimiento, prueban que la perforación del 
estómago, cualquiera que sea su causa, oca- 
siona la muerte de repente, ó en pocas horas, 
cuando no ha contraído el estómago previas 
adherencias con los órganos inmediatos. Dice 
Morgagni que, en un caso citado por Barón, 
se difirió la muerte hasta el octavo día después 
del accidente (De sedibus, etc., epist. 29, § 15). 
En otros casos, referidos en la carta veinte y 
nueve del mismo autor, y en el sepulchrelum 
de Bonnet (libro III, secc. 21), vemos que 
por lo común sobrevino la muerte en épocas 
mucbo menos distantes del momento de la per- 
foración. Morgagni, en las advertencias que 
acompañan el hecho citado por Barón, tampo- 
co cree que pueda tardar mucho tiempo la ter- 
minación funesta. «Cum effusione, vero, mor- 
»tem, aut cittissimam conjunctam video, aut 
«certe post per paucos dies non raro subse- 
»quentem, á morbi gravioris facti die , perfo- 
wrationis dies numeremus....» (epist. 29, § lo). 
Gerard emite una opinión exagerada, cuando 
dice: «Paréceme, pues, suficientemente de- 
mostrado , que en todas las observaciones re- 
cojidas , ó hablando con mas propiedad , en to- 
das las que han llegado á mi noticia , lo mas 
que han durado los enfermos después de la 
perforación del estómago, ha sido veinte y 
cuatro horas; y si existen algunos hechos que 
parecen probar lo contrario, débese creer que 
fueron mal observados, truncados, y por lo 
mismo de ningún valor» (Des perforalions 
sponl., p. 67). 

wYa hemos dicho que Ebermayer sostiene 



58 



PERFORACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



fundado en sus observaciones, que el curso de 
la enfermedad es latente y crónico {Rust. 's 
magasin, t. 26); y repetimos que bajo este 
aspecto no puede establecerse generalidad al- 
guna, debiendo considerarse la perforación, co- 
rno un resultado de enfermedades muy diver- 
sas. Limitándonos á la perforación misma, no 
puede menos de admitirse , que desde el mo- 
mento en que se establece comunicación entre 
el peritoneo y el estómago, las materias conte- 
nidas en esta viscera , y que continuamente se 
derraman en la cavidad peritoneal, ban de de- 
terminar en el instante mismo una peritonitis 
tan violenta, que sucumba el enfermo á las 
cuatro ó cinco horas. Los que hablan de sín- 
tomas latentes y crónicos, de dolores obtusos, 
de desarreglos de las funciones digestivas , de 
vómitos, etc. , que se manifiestan en algunos 
enfermos durante muchos dias , se refieren 
evidentemente á los síntomas de la afección 
gástrica anterior, y no á los peculiares de la 
perforación que aun no existe. Basta repasar 
cualquiera de las observaciones que citan los 
autores , para convencerse de que todos los 
síntomas de perforación, son los de una perito- 
nitis general, á no ser que anteriormente se 
hayan establecido adherencias entre el estó- 
mago y los órganos inmediatos. Bien se con- 
cibe que pueden existir algunas aunque lijeras 
variaciones, en la rapidez é intensidad conque 
se desarrollen los síntomas: si la perforación 
es muy estrecha , lineal , semejante á una fi- 
sura , solo dejará pasar una pequeña cantidad 
de los líquidos contenidos en el estómago , y 
únicamente se desarrollará la peritonitis en los 
puntos en que se verifique el derrame; al con- 
trario , si la perforación es mas estensa , y 
permite el paso á todas las materias que con- 
tiene el estómago, sucumbe el enfermo en 
pocas horas. Se ha encontrado en la cavidad 
abdominal de varios individuos que habían 
muerto con esta rapidez, gran cantidad de be- 
bidas y de alimentos espelidos al través de las 
paredes gástricas. Louis cita un enfermo que 
sobrevivió siete dias á una perforación del in- 
testino delgado (Memoire sur la perforation de 
V intestin gréle, junio 1823, en la Colection 
de memoires). Forget habla de un enfermo que 
vivió treinta dias (mem. cít., observ. 4. a ). Em- 
pero es muy dudoso que pueda prolongarse la 
vida tanto tiempo después de la perforación del 
estómago. 

«Solo puede curarse la perforación por me- 
dio de una adherencia entre el estómago y 
las visceras vecinas ; pero es necesario que los 
accidentes inmediatos no sean mortales, y que 
se establezca la adherencia con rapidez, para 
que no pueda derramarse fuera del estómago 
una nueva cantidad de líquido. Pero si las pa- 
redes de esta viscera se hallan destruidas en 
cierta estension, es absolutamente necesario, di- 
ce Gerard, que sucumba el enfermo, siendo su 
muerte tanto mas rápida, cuanto que el aire y 
los gases que se desarrollan sin cesar , consti- 



tuyen lina causa perenne de irritación. En los 
cadáveres de algunos enfermos que durante la 
vida habían presentado dolores agudos en el 
epigastrio , vómitos y otros síntomas de perfo- 
ración , se han encontrado adherencias entre el 
estómago y los órganos adyacentes; mas no por 
eso se ha de suponer que en tales casos existia 
una perforación curada. No pocas veces depen- 
den los citados síntomas de una peritonitis par- 
cial, que sirve de medio de reparación, y so- 
breviene al mismo tiempo que una ulceración 
ó cualquiera otra lesión de las paredes gástricas. 

«Diagnóstico. —Disecando los cadáveres 
puede el anatómico perforar involuntariamente 
el estómago, ya hiriendo sus paredes con el es- 
calpelo , ó cuando están las membranas fria- 
bles y reblandecidas, ejerciendo tracciones fuer- 
tes para desprenderlas en algunos puntos : es 
muy fácil evitar semejante causa de error. Por 
lo demás la integridad de las membranas en la 
circunferencia de la perforación accidental y 
en otros puntos del estómago, la forma y el es- 
tado de los tejidos inmediatos á la abertura , la 
ausencia de peritonitis y de derrame de mate- 
rias en el vientre, servirán para disipar las du- 
das que pudieran ocurrir sobre el particular. Se 
ha dicho que la acción disolvente de los líqui- 
dos contenidos en el estómago podia ocasionar 
algunas perforaciones después de la muerte; ya 
hemos estudiado en el artículo anterior el re- 
blandecimiento que dá lugar á tales perfora- 
ciones. 

»Las perforaciones espontáneas, ó mas bien 
por causa interna, se han confundido á veces 
en el cadáver con la perforación por envenena- 
miento. La rápida muerte de los enfermos, y los 
síntomas que presentan durante su vida , ha- 
cen sospechar en muchos casos la existencia de 
una causa venenosa. Los ácidos minerales, co- 
mo el sulfúrico, nítrico é hidroclórico , destru- 
yen ordinariamente la membrana por erosión, 
cuando se administran á dosis crecidas. Es mas 
lenta la muerte, y no simula la perforación por 
causa interna , cuando la sustancia venenosa 
obra como irritante. Guando ha tenido lugar la 
intoxicación, la boca, la farinje y el esófago, 
presentan alteraciones análogas á las del estó- 
mago : estas partes se hallan tenidas de amari- 
llo si la materia injerida fué el ácido nítrico, y 
negras si el sulfúrico : en el estómago se en- 
cuentran varias perforaciones , y la membrana 
alterada en mayor ó menor estension. Si úni- 
camente existe una perforación , en cuyas cir- 
cunstancias es muy difícil el diagnóstico, se ob- 
servan también vestigios del contacto del ácido 
en las porciones supra-diafragmáticas del in- 
testino. Por otra parte es de notar que puede 
el veneno atravesar las membranas y estender 
su acción hasta las circunvoluciones intestina- 
les ; y de todos modos el análisis química de 
los líquidos contenidos en el estómago , en los 
intestinos ó en la cavidad peritoneal, suminis- 
tran los datos indispensables para ¡lustrar esta 
cuestión de toxicología. En cuanto á las altera- 



PERFORACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



59 



ciones locales de la perforación , son insuficien- 
tes para dar á conocer su causa, en razón de 
que la forma de la abertura, el reblandeci- 
miento , la coloración y los caracteres de los 
bordes son casi iguales en ambos casos ; sin 
embargo, si existiesen en varios puntos muchas 
escaras, debería sospecharse con razón, que ha- 
bía precedido un envenenamiento; porque no es 
frecuente hallarlas en otras circunstancias [Ana- 
tomic pathol. , t. 11 , pág. 111). Por lo demás 
debemos proceder con mucha circunspección 
cuando hayamos de decidir acerca de la causa 
y naturaleza de las perforaciones gástricas , en 
particular si únicamente tenemos á la vista el 
estómago, é ignoramos el estado del esófago y 
de los intestinos , asi como las circunstancias 
que precedieron ó acompañaron al supuesto 
crimen (mem. cit. , en el periódico V Expe- 
rience , núm. ÜO , pág. Ü8 ; marzo, 18iü). 
» Pudiera suceder que una hernia estrangu- 
lada simulase una perforación ; pero la presen- 
cia de un tumor cerca de una abertura normal 
ó accidental , el sitio del dolor y la causa que ha 
determinado los desórdenes, son signos que 
dan á conocer la hernia. El ileo, la metritis, la 
peritonitis parcial , afecciones que rara vez 
son primitivas , no pueden confundirse con 
la perforación gástrica. Basta indagar los acci- 
dentes de la enfermedad para formar el diag- 
nóstico : en la lesión que nos ocupa existen 
siempre síntomas de afección gástrica , á no ser 
en los casos raros de perforación espontánea y 
sin alteración anterior de las túnicas. Algunas 
veces con los esfuerzos del vómito ó por efecto 
de contracciones musculares enérjicas, se rom- 
pe el diafragma; y el estómago , asi como una 
porción de los intestinos , pasan á la cavidad 
torácica y ocasionan rápidamente la asfixia; pe- 
ro en este caso sobreviene la muerte con mas 
rapidez que cuando hay perforación, y la pre- 
ceden síntomas muy diversos. No creemos que 
puedan confundirse con esta enfermedad la ro- 
tura espontánea del corazón, ni las afecciones 
cerebrales y de los gruesos vasos seguidas de 
muerte repentina. 

«Tratamiento. — La indicación que con- 
viene satisfacer es impedir el derrame de las 
materias contenidas en el estómago , ó al me- 
nos moderarle. Para llenar este objeto se pro- 
cura disminuir en cierto modo la contractilidad 
del estómago, y colocar este órgano en el mas 
completo reposo. Debe el enfermo abstenerse 
absolutamente de alimentos y bebidas, y cuan- 
do mas tendrá en la boca algunos fracmeutos 
de hielo ó de frutas acidas, ó sorbos de agua 
fría que evitará injerir en el estómago. Se le 
aplicarán varias veces al día lavativas tibias, 
con el objeto de suplir la abstinencia de las be- 
bidas: se situará el paciente de modo que los 
músculos abdominales estén relajados, pero es 
muy difícil hacerle conservar esta posición á 
causa de la violencia de los dolores que sien- 
te en el abdomen. Se colocan en el epigas- 
trio compresas empapadas en agua fria , ó una 



vejiga que contenga hielo ; y al propio tiempo 
se administra el opio á altas dosis, disuelto en 
cucharadas de agua pura ó de tila. Los médi- 
cos ingleses que con mas frecuencia han usado 
esta sustancia en las perforaciones intestinales 
han sido Graves y Stokes, de Dublin (véase 
Gazctte medícale , núm. 11; 1834 ; y los nú- 
meros del 13 de febrero, li de mayo, 5 de 
setiembre; 1835). En Francia ha sido emplea- 
da por Forget (mem. cit.) y Petrequin ( Del 
uso del opio d altas dosis en la perforación de 
la válvula ileo-cecal ; en la Gazelt. med., nú- 
mero 28; 1832), pero en casos de perforación 
de los intestinos. Por rigorosa analogía se debe 
aconsejar el mismo remedio contra la del estó- 
mago; pero es necesario aumentar rápidamente 
las dosis de opio ; por cuyo motivo se prescri- 
birán cuatro , seis ú ocho granos en veinticua- 
tro horas, fraccionando las dosis y repitiéndo- 
las mas ó menos frecuentemente según los 
efectos observados. Stokes y Graves le han ad- 
ministrado á dosis muy considerables ( de vein- 
te granos á un escrúpulo). 

«Debernos abstenernos de todo remedio ac- 
tivo , y en particular de los vomitivos, que los 
enfermos reclaman algunas veces para poner 
término á las náuseas continuas que los ator- 
mentan. Háse visto sobrevenir la muerte ó 
agravarse los accidentes á consecuencia del uso 
del emético. 

«Parécenos que seria un trabajo inútil dis- 
cutir en este lugar las diversas opiniones que 
se han emitido sucesivamente sobre las perfo- 
raciones gástricas. ¿De qué serviría, por ejem- 
plo, consagrar algunas páginas para investigar 
si dependen de una inflamación crónica , de la 
gangrena, de una úlcera, de un absceso del es- 
tómago , ó bien si resultan de un espasmo , de 
un escirro , de un reblandecimiento , ó en 
fin, de cualquiera otra enfermedad? No hay 
duda que semejante estudio , no solamente no 
prestaría utilidad alguna, sino que produciría 
una deplorable confusión en la historia de las 
perforaciones. Chaussier las atribuye á una ir- 
ritación primitiva y especial de las túnicas del 
estómago, la cual determina la secreción de 
un humor acre y corrosivo , que díríje su ac- 
ción , no solo contra el tejido mismo que le 
elabora , sino también contra aquel en que se 
derrama (Bullet. de la Societé de la Facul. de 
med. ; París, 1810). Pero esta opinión es de- 
masiado esclusiva , porque las perforaciones 
dependen, como queda espuesto, de muchas 
y diversas causas. 

«Historia y bibiografia. — Hemos cita- 
do en este artículo gran número de hechos par- 
ticulares diseminados en las colecciones, y que 
sin embargo no son suficientes para establecer 
una historia completa de la enfermedad. Bonet 
refiere numerosas observaciones de perforación 
gástrica en su Sepulchretum ( lib. III , set. 21). 
Morgagni cita algunas, tomadas de los autores 
que le habían precedido, y de sus contemporá- 
neos (De sed. el caus., ep. 29, passím). Lieu- 



60 



PERFORACIÓN DEL ESTÓMAGO. 



taud, bajo el título de Vcntriculus disruptus et 
perforatus, ha referido hechos interesantes. 
( Historia anatomo-med. , t. I , pág. 35.) Ge- 
rard en su memoria (Des perf. spont. de l' 
estom., en 8.°; París, 1803) reproduce muchas 
observaciones publicadas en otras obras, aña- 
diendo algunas que le son propias. Se encuen- 
tran también datos preciosos en las obras si- 
guientes: Van-Swieten (Coment. in apho., to- 
mo III, pág. 951 ); Morier ( Consider. gencr. 
sur V eros. , thesis ; 1806 ) ; Chaussier ( Bulle- 
tin de la Socieíé de la Facul. de med. ; 1810); 
Laisné ( Consider. mcdico-leg. sur les erosioné 
et les perfor. spont. de V estomac, núm. lOi; 
París, 1819) ; Percy y Laurent ( art. perfo- 
ración del Diction. des se med.; 1820); Roux 
( Quelques consider. sur les perfor. espont. de 
V estom. — Bull. de la soc. med. de emulac), 
y Caillard (Propos. de med. et. de chir. , nú- 
mero 307; 1823). Esta disertación contiene tres 
casos interesantes de perforación con rotura de 
los vasos ( véase Bibliografía del reblandeci- 
miento ).» ( Monneret y Fleüry , Compen- 
dium de med. prat. , t. III , pág. 536 y sig.) 

GENERO TERCERO. 

ENFERMEDABES DE LOS INTESTINOS. 

CAPITULO I. 

Consideraciones generales. 

»Se dá el nombre de intestinos á la porción 
del tubo dijestivo que se estiende desde el pí- 
loro hasta el ano. Hánse establecido varias di- 
visiones mas ó menos arbitrarias en la longitud 
de este conducto. La parte inferior llamada 
recto comprende desde la base del sacro hasta 
el ano, y se diferencia esencialmente de las 
porciones superiores bajo el aspecto fisiológico 
y patológico. Siendo accesibles á la vista y al 
tacto las enfermedades de esta porción inferior 
de losintestinos, corresponden casi todas al do- 
minio de la cirujía, y por consiguiente no debe- 
mos ocuparnos de ellas en este lugar. 

Siguiendo el mismo método que hemos 
adoptado para las enfermedades del estómago, 
estudiaremos primeramente las condiciones 
anatómicas de los intestinos y sus enfermeda- 
des en general, en un capítulo consagrado á es- 
tas consideraciones preliminares. Luego pasare- 
mos á la descripción de cada enfermedad en 
particular, empezando por aquellas que pare- 
cen consistir especialmente en alteraciones fun- 
cionales, para entrar seguidamente en la historia 
de la inflamación, y concluir con una reseña de 
todas las lesiones orgánicas, que hasta el dia se 
han observado ; y en la cual comprenderemos 
muchas alteracionesque, aunque en la actualidad 
apenas tienen nada propio mas que la anatomía 
patológica, tal vez en lo sucesivo puedan ser 
mejor conocidas , y formar enfermedades par- 



ticulares, ó quedar unidas á la historia de otras 
lesiones. 

Asi pues describiremos sucesivamente: I o la 
enteralgia ; 2.° cólicos; 3.° espasmos; 4-.° he- 
morragia ; 5.° enterorrea; 6.° diarrea ; 7.° di- 
senteria; 8.° cólera esporádico ; 9.° cólera epi- 
démico; 10 indigestión; 11 estreñimiento; 12 in- 
flamaciones; 13 gangrena ; 14 abscesos; 15 atro- 
fia ; 16 hipertrofia; 17 dilatación; 18 estrechez; 
19 obliteración; 20 estrangulación; 21 invagi- 
nación ; 22 pólipos; 23 tumores estercorales; 
2'* tumores hemorroidales ; 25 cáncer; 26 nié- 
lanoste; 27 tubérculos; 28 reblandecimiento; 
29 úlceras ; 30 cicatrices ; 31 perforación; 32 
cuerpos estraños; 33 entozoarios. 

»Todas las alteraciones que acabamos de 
enumerar pueden residir en cualquiera de las 
diferentes porciones de los intestinos , modifi- 
cándose , según el sitio que ocupan , los ca- 
racteres sintomáticos y anatómico-patológicos 
de la lesión. Pero estas modificaciones no son 
bastante notables en todos los casos, para obli- 
garnos á estudiar aisladamente cada lesión, se- 
gún el tramo intestinal enqueresida, locualpor 
otra parte nos hacia incurrir continuamente en 
repeticiones fastidiosas; por consiguiente des- 
cribiremos cada alteración por separado , ha- 
ciendo abstracción de su asiento , y referire- 
mos después rápidamente las consideraciones 
relativas á este. El orden que seguiremos en 
estas descripciones variará según la enfermedad 
que nos ocupe. 

A. Condiciones anatómicas de los in- 

TESTINOS EN EL ESTADO SANO. 

»Division de los intestinos. — Divídense es- 
tos , como todos saben , en dos grandes seccio- 
nes , que son los intestinos delgados y los 
gruesos. 

»Cada una de estas dos secciones principa- 
les se subdivide en muchas partes. Los intes- 
tinos delgados comprenden el duodeno , el ye- 
yuno y el ileon : los gruesos el ciego , el colon 
ascendente , trasversal y descendente , la S 
iliaca del colon y el recto. 

» Calibre. — El duodeno es generalmente un 
poco mas ancho que los intestinos delgados 
propiamente dichos ; á pesar de que Cruveil- 
hier ha visto que en un estado de mediana dis- 
tensión solo tenia 5 pulgadas de circunferen- 
cia, cuando los intestinos delgados inmediatos 
llegaban á 6. Han pretendido algunos que era 
el duodeno mas dilatable que las demás porcio- 
nes de los intestinos delgados en razón de la au- 
sencia del peritoneo, y que podia adquirir di- 
mensiones tan considerables que viniera á for- 
mar un segundo estómago (vcntriculus succen- 
turiatus). «Tanto el hecho como su esplicacion, 
dice Cruveilhier, carecen enteramente de fun- 
damento , puesto que no es la túnica peritoneal 
sino la membrana aponeurótica la que se opone 
á la dilatación de los intestinos.» 

»Los intestinos delgados, propiamente di- 
chos , no tienen igual calibre en los diferentes 



puntos de su estension. Blandió dice que su 
diámetro es generalmente de una pulgada 
(Nouv. elem. (t anatom. descript.', París, 1838, 
t. II , p. 175). Cruveilhier , después de haber 
dilatado medianamente los intestinos por la in- 
suflación , ha encontrada que ofrecían 6 pulga- 
das y h líneas de circunferencia en su origen, 
4 pulgadas y dos líneas en su parte media , y 
3 pulgadas y 6 líneas un poco mas arriba de su 
embocadura en el ciego. Por consiguiente los 
intestinos delgados tienen una disposición in- 
fundibuliforme que debe facilitar el curso de 
las materias. El calibre de los intestinos delga- 
dos presenta numerosas variedades patológicas, 
pues ya se aumenta hasta el punto de igualar 
al de los intestinos gruesos , ó ya por el con- 
trario desaparece casi enteramente , ofreciendo 
todos los grados intermedios entre estos dos vo- 
lúmenes estremos. 

«También los intestinos gruesos presentan 
la citada disposición infundibuliforme, pero en 
proporciones mas considerables : habiéndolos 
medido Cruveilhier en un estado de mediana 
distensión, ha obtenido los resultados siguien- 
tes: la circunferencia del ciego , medida inme- 
diatamente por debajo de la válvula ileo-cecal, 
era de 11 pulgadas y 3 lineasen un individuo, 
y de 9 y media pulgadas en otro; la del colon 
lumbar derecho, y mitad derecha del arco del 
colon, ofrecía 8 pulgadas y 9 líneas en el prime- 
ro , y 5 pulgadas y algunas líneas en el segun- 
do. La de la mitad izquierda del arco del colon 
y del colon descendente, era de 6 pulgadas en 
el primero, y de 5 i en el segundo. La S. ilia- 
ca tenia 5 £ pulgadas. 

»No tienen relaciones constantes estos dife- 
rentes diámetros, y asi pueden coexistir un cie- 
go y un colon ascendente muy desarrollados, 
y un colon descendente, cuya capacidad sea 
poco considerable (Cruveilhier, Anat. descrip.; 
París, Í83i, t. II , p. 507). 

»Los intestinos gruesos presentan con bas- 
tante frecuencia dilataciones y estrecheces al- 
ternadas, estas últimas dependen de la con- 
tracción de las fibras musculares, y no deben 
confundirse con las estrecheces orgánicas. El 
calibre de los intestinos gruesos esperiraenta 
grandes modificaciones en diferentes estados 
morbosos ; unas veces se encuentra considera- 
blemente aumentado , y otras desaparece casi 
enteramente. 

» Situación , relaciones. — En este punto, co- 
mo en todos los demás que comprende este pri- 
mer capítulo , solo recordaremos aquellos por- 
menores de anatomía descriptiva que se refie- 
ren á consideraciones patológicas importantes. 
»EI duodeno está situado tanto mas profun- 
damente cuanto nías se aleja del píloro, y es 
muy difícil esplorarle al través de las paredes 
abdominales. La primera porción de este intes- 
tino, que es la única que tiene alguna movili- 
dad, es á veces arrastrada por el estómago, 
cuando sufre esta viscera una dislocación consi- 
derable. 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. ^ 

»La primera porción, 6 porción hepática, del 
duodeno se halla en relación por delante con las 
paredes abdominales anteriores , y por arriba 
con el hígado y la vejiga de la hiél , á la cual 
está unida por un repliegue del peritoneo : ocu- 
pa los límites del hipocondrio derecho y del 
epigastrio. 

»La segunda porción 6 porción renal está 
en relación por delante con la estremidad dere- 
cha del arco del colon ; por detras con el borde 
cóncavo del riñon derecho; á la derecha con la 
estremidad superior del colon ascendente , y á 
la izquierda con el páncreas: ocúpalos límites 
del vacío derecho y la región umbilical. 

»La tercera porción está en relación por ar- 
riba con el páncreas , por delante con el estó- 
mago, y por detras con la aorta, la vena cava 
inferior , los pilares del diafragma y la columna 
vertebral : ocupa los límites del epigastrio y de 
la región umbilical. 

»Los intestinos delgados, propiamente di- 
chos, ocupan las regiones umbilical, hipogástrica, 
iliaca, y la escavacion de la pelvis, deslizándo- 
se en el intervalo que dejan entre sí las dos es- 
tremidades de los intestinos gruesos. 

»Las circunvoluciones intestinales son su- 
mamente movibles, y sufren considerables dis- 
locaciones bajo la influencia de una multitud 
de causas. 

»La masa de estas circunvoluciones se ha- 
lla en relación por delante con la pared abdo- 
minal anterior , de la cual la separan el grande 
epiploon y el arco del colon; por la derecha con 
el ciego y el colon ascendente; por la izquierda 
con el colon descendente, y la S iliaca ; y por 
arriba con el hígado, el estómago, el páncreas 
y el bazo, de cuyos órganos se halla separada 
por el meso-colon transverso. Por debajo va- 
rían las relaciones, según el sexo, y merecen 
una atención particular. En el hombre las cir- 
cunvoluciones intestinales que descienden á la 
pelvis, están contiguas por delante con la vejiga, 
y por detras con el recto: en la mujer corres- 
ponden ademas á las dos caras del útero y de 
los ligamentos anchos. 

»EI ciego está en relación por delante con 
la pared abdominal anterior, de la cual suele 
hallarse separado por una porción de los intes- 
tinos delgados. 

»EI colon ascendente corresponde por de- 
lante con la pared abdominal anterior , de la 
cual le separan las circunvoluciones de los in- 
testinos delgados: (esta relación se hace inme- 
diata cuando se encuentra el colon muy disten- 
dido); por detras al riñon derecho ; por fuera 
á la pared abdominal lateral; por dentro al mús- 
culo psoas, los intestinos delgados y la segunda 
porción del duodeno, y por arriba al lóbulo 
derecho del hígado y la vejiga de la hiél. 

»EI arco del colon presenta en su situación 
y dirección numerosas variedades , á las cua- 
les se ha dado cierta importancia patológica: 
Himbly y Esquirol creían que las dislocaciones 
de este intestino podían ocasionar la locura. En 



02 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



ciertos casos la parte media de! arco del colon 
se deprime y baja hasta el ombligo, el hipo- 
gastrio ó el estrecho superior ; en otros des- 
ciende paralelamente hasta el colon lumbar, y 
no vuelve á subir hasta haber descrito un nú- 
mero masó monos considerable de inflexiones. 
»EI arco del colon es una de las partes mas 
movibles de los intestinos, en razón de la es- 
tension del mesocolon transverso; está en rela- 
ción por delante con las paredes abdominales; 
por arriba con el hígado , la vejiga de la hiél, 
el estómago y la estremidad inferior del bazo, 
y por abajo con las circunvoluciones de los 
intestinos delgados. 

»EI colon descendente corresponde por ar- 
riba al bazo y á la gran corvadura del estó- 
mago. 

»La S iliaca varía en su situación y en 
su dirección. «Puede encontrarse la S ilia- 
ca , dice Cruvcilhier, en la mayor parte de las 
rejiones del abdomen ; pero sobre todo en la 
zona sub-umbilical. En ciertos casos ocupa- 
ba este intestino la rejion umbilical , y aun 
se esteudia hasta el hígado en su primera 
corvadura. Por mi parle he visto un caso en 
que la S iliaca llenaba por sí sola las rejio- 
nes umbilical , hipogástrica é iliaca derecha. 
No sabemos si debe considerarse como acci- 
dental ó como congénita la disposición siguien- 
te , que hemos encontrado varias veces. La S 
iliaco se dirijia transversalmente de izquierda 
á derecha , desde el colon descendente al nivel 
del estrecho superior , hasta la fosa iliaca de- 
recha por debajo del ciego , describiendo en 
seguida sus dos corvaduras en la fosa iliaca de- 
recha y en la pelvis.» (Gruveilhier , loe. cíl., 
pág. 521.) 

»La S iliaca está en relación por delante con 
las paredes abdominales , de las cuales la se- 
paran algunas circunvoluciones de los intesti- 
nos delgados. Esta relación se hace inmediata 
cuando se halla dilatado el intestino. 

nDiverticulos, apéndices. — Encuéntranse 
en la superficie esterna de los intestinos, y 
principalmente de los gruesos, un número mas 
ó menos considerable de apéndices epiploicos, 
que no son otra cosa que franjas, formadas por 
el peritoneo, y cubiertas por una cantidad va- 
riable de vesículas adiposas. No deben confun- 
dirse estos apéndices con los que comunican 
con la cavidad de los intestinos , y constituyen 
divertíanlos. 

«Generalmente , es decir de cien veces las 
noventa y nueve , según Meckel , están colo- 
cados los divertículos en la porción inferior de 
los intestinos delgados. Son muy variables en 
número, asiento y disposición, y hacen un 
papel importante en la historia de la estrangu- 
lación interna. 

nApe'ndice vermicular , vermiforme ó ce- 
cal. — La situación y relaciones del apéndice 
cecal, ofrecen grandes variedades; las mas ve- 
ces ocupa la fosa iliaca derecha , y se halla ad- 
herido al ciego por un repliegue del peritoneo. 



Otras aparece desprovisto de mesenterio , y 
goza de una estremada movilidad. Asi es quo 
se le ha visto caido entre el colon ascendente y 
el riñon, delante ó detras de los intestinos del- 
gados, etc. En un caso, dice Gruveilhier, to- 
caba su estremidad libre con la cara inferior 
del hígado. 

^Estructura. — Los intestinos están forma- 
dos de cuatro membranas ó túnicas dispuestas 
en el orden siguiente , procediendo de fuera 
adentro: 1.° túnica serosa ó peritoneal; 2.° tú- 
nica musculosa ; 3.° túnica fibrosa ; 4.° túnica 
mucosa. 

»La túnica serosa y musculosa nada ofrecen 
que deba llamar nuestra atención : la célulo- 
ftbrosa , fibrosa ó nerviosa de los intestinos, no 
se diferencia de la del estómago, y se halla 
formada, según Guillot, por una red vascular, 
en su mayor parte venosa (Recherches analo- 
miqnes sur la membrane muqueuse du canal di- 
ge stif dans Velat sain et dans quelques etats 
patliologiques , en VEsperience , 1837 , nú- 
mero 11). 

»La túnica mucosa intestinal ha sido objeto 
de muchos trabajos , dando lugar á vivas con- 
troversias , por cuya razón merece un estudio 
mas detenido. En efecto , desde luego se con- 
cibe de cuánta importancia ha de ser para el 
anatómico patólogo , saber distinguir con esac- 
titud , entre los caracteres que puede presen- 
tar esta membrana, los que son resultado de 
una descomposición cadavérica , los que perte- 
necen á ciertos estados fisiolójicos , y los que 
resultan de un trabajo morboso. 

»La superficie esterna de la mucosa intes- 
tinal está unida á la túnica célulo-fibrosa por 
un tejido celular flojo y seroso , en el cual se 
verifican fácilmente derrames de aire , de se- 
rosidad , de sangre ó de pus. 

»La superficie interna, libre y tapizada por 
un epitelium , cuya existencia han confirmado 
las investigaciones recientes de Flourens y 
Henle(V. enfermedades del estómago) presenta: 
1.° pliegues; 2.° papilas ó vellosidades; 3.° fo- 
lículos. 

^Pliegues. — La válvula íleo-cecal no opo- 
ne ningún obstáculo al paso de las materias 
desde los intestinos delgados á los gruesos; pero 
no permite , por lo menos á las materias sóli- 
das (Cruveilhier), retroceder desde los intesti- 
nos gruesos al íleon. Esta cuestión , que no 
deja de tener importancia en patolojia (V. In- 
vajinacion), ha sido resuelta de diferentes mo- 
dos : Meckel, Palizza y Piorry (De la percu- 
sión , p. 314), pretenden que ni aun los mis- 
mos líquidos , aun cuando se les empuje con 
fuerza en los intestinos gruesos , pueden atra- 
vesar la válvula íleo-cecal; peroRicherand, Sa- 
batier, Borsieri , De Haen , Widemar y Palet- 
ta , aseguran lo contrario. 

»La válvula íleo-cecal tiene dos caras : una 
que mira á los intestinos delgados, y otra á los 
gruesos. La primera está cubierta por una mu- 
cosa que presenta todos los caracteres de la de 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



63 



los intestinos delgados; la segunda por otra 
mucosa , semejante á la de los gruesos. Este 
cambio repentino de estructura se verifica so- 
bre el borde libre de la válvula , y no carece 
de importancia para el médico. En efecto , las 
afecciones intestinales respetan comunmente 
este límite ; y asi es que vemos muchas veces 
en las fiebres tifoideas prolongarse las altera- 
ciones de los intestinos delgados, hasta la cara 
correspondiente de la válvula íleo-cecal inclu- 
sive, sin pasar mas allá ; y recíprocamente las 
alteraciones de la mucosa del ciego , suelen in- 
vadir la cara cecal de la válvula , sin traspasar 
su borde libre. 

nPapilas , veüosidades. — En los intestinos 
delgados cubren Tas papilas casi toda su super- 
ficie interna , mientras que en los gruesos son 
reemplazadas por areolas análogas á las que se 
encuentran en el estómago. Asegura Guillot 
que estas areolas existen igualmente en los in- 
testinos delgados, pero están encubiertas por 
las papilas {loe. cit. t p. 163}. 

»La estructura de las vellosidades no se 
halla todavía definitivamente establecida , y 
creemos que en este lugar seria inoportuno en- 
trar en los pormenores de la cuestión anató- 
mica, que acaba de suscitarse en este punto en- 
tre los señores Lacauchie , Gruby y Delafond. 
ViFoliculos ó glándulas de Brunero. —Se 
desarrollan en el tejido de la membrana mu- 
cosa , son redondeados y tienen el volumen de 
un grano de mijo. Según Blandin son mas nu- 
merosos en los intervalos que separan las vál- 
vulas conniventes que en estas últimas; Cru- 
veilhier opina de distinto modo ; pero sea de 
esto lo que quiera , su número es muy consi- 
derable, y se hacen muy manifiestos en ciertas 
afecciones intestinales. 

«Según Blandin cada folículo presenta en 
su centro un pequeño orificio; pero Cruveilhier 
no ha visto esta abertura de un modo distin- 
to , á no ser en los folículos de los intestinos 
gruesos. 

«Guillot (loe. cit., pág. 165) ha negado la 
existencia de las glándulas de Brunero: «es, 
dice, un error anatómico admitirlas en el estado 
sano; háse creído que eran folículos ciertas al- 
teraciones patolójicas.» Probablemente no sos- 
tendría hoy Guillot esta opinión. 

»Foli culos agmíneos , glándulas de Peye- 
ro , chapas de Reyero , chapas eslampadas. — 
Los folículos que constituyen una sola chapa 
se hallan perfectamente aislados unos de otros. 
Varia mucho su número: los autores lo calcu- 
lan generalmente en 30, 50, ó 60; pero Lelut 
asegura haber contado hasta 1000 criptas en 
una misma chapa {Note sur VAnatomie des 
glandes muqueuses de Vinlestin gréle, en la Ga- 
zetle medícale , 1832 , p. 363). 

»Por lo regular son las chapas mas blancas 
que el resto de la mucosa ; pero sufren nu- 
merosas variaciones de color , aun prescin- 
diendo del estado patolójico. (Lelut, Memoire 
cit.) Al nivel de las chapas de Peyero presen- 



tan las válvulas coniventes una depresión muy 
notable. 

«Las chapas de Peyero se encuentran prin- 
cipalmente en las últimas porciones de los in- 
testinos delgados, donde suelen describir un 
círculo completo, cerca de la válvula íleo-cecal 
en el apéndice vermiforme ; hácense cada vez 
mas raras, á medida que se acercan al estó- 
mago , y faltan completamente en la primera 
porción de los intestinos. Sin embargo , parece 
que Peyero, Brunero y Pechlin han encontrado 
chapas en el duodeno ; Lelut ha comprobado 
tres veces su presencia en este intestino. El 
mismo autor ha visto un caso en que la primera 
chapa ocupaba el principio del yeyuno , mien- 
tras que en otro solo distaba algunos pies de la 
válvula de Bauhino. Estas variedades no deben 
referirse á lesiones morbosas. En los intestinos 
gruesos no existen nunca chapas estampadas. 
El número de las chapas de Peyero es muy va- 
riable ; Boyer calcula que son de 10 á 40 ; Louis 
de 20 á 30 , y Minter de 10 á 30 {Recherches 
sur le nombre des glandes dePeyer, en el Jour- 
nal complementarte des se. med., t. XXXIX, 
p. 398), Meckel las hace subir á 30, y Lelut 
{Mem. cit.) ha contado casi todos los números 
que median desde 1 á 60. 

«Guillot {loe. cit., p. 165) cree que' las cha- 
pas de Peyero no se distinguen en su estruc- 
tura del resto de la membrana mucosa, sino en 
el mayor grueso de la capa areolar, y en el 
número mas considerable de sus vasos. En pa- 
tolojia , añade este mismo autor , no hay tam- 
poco otra diferencia entre estas chapas y el 
resto de la membrana mucosa ; las lesiones 
obran uniformemente en todos sus puntos , y 
no tienen su asiento especial en las chapas de 
Peyero. Si en ocasiones parece que la enfer- 
medad imprime en las citadas chapas señales 
mas profundas que en los demás puntos , solo 
consiste en el mayor grueso de la capa areo- 
lar. Volveremos á ocuparnos de este asunto al 
tratar de la fiebre tifoidea. 

«Algunos autores niegan hasta la existencia 
de estas chapas. Casimiro Broussais , en una 
memoria leida á la Academia real de medicina, 
se ha propuesto demostrar , que las partes de- 
signadas con este nombre, no son mas que ci- 
catrices dimanadas de diversas alteraciones pa- 
tolójicas. Pero la anatomía comparada destru- 
ye por sí sola esta opinión. 

»Color de la mucosa intestinal. — Este es 
sin duda el punto mas importante, mas difícil, 
y que mas disputas ha suscitado, de cuantos 
comprende la historia anatómico-patolójica de 
los intestinos. A consecuencia de haber que- 
rido Broussais y sus discípulos atribuir á un 
trabajo inflamatorio verificado durante la vida, 
casi todas la coloraciones rojas, y aun rosáceas 
de la mucosa intestinal, se emprendieron nu- 
merosas investigaciones para comprobar la 
esactitud de esta aserción. Las primeras cues- 
tiones que naturalmente fijaron la atención de 
los observadores, fueron las que siguen : ;Cuál 



6'» 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



es el color normal de la mucosa intestinal? ¿En 
qué límites se halla comprendido? ¿Qué in- 
fluencia ejercen sobre este color ciertos esta- 
dos fisiolójicos, como la dijestion , etc., y otros 
patolójicos, pero estraíios á la inflamación? Va- 
mos á indicar brevemente el estado de la cien- 
cia sobre estos diferentes puntos. 

»Buisson , Gavard , Boyer , Hipp. Cloquet 
y otros , creían que el color encarnado ó rojizo 
era el natural de la mucosa intestinal. Bicbat 
{Anat. gen., t. IV, pág. 463) participa al pare- 
cer de esta opinión. Según Marjolin (Manuel 
iVAnalomie , t. II, pág. 398 ; París, 1815), la 
mucosa de los intestinos delgados es blanquiz- 
ca; y otros aseguran que la del yeyuno es mas 
encarnada que la del íleon. Escitado Rousseau 
(Des differenls aspeéis que presente dans Celat 
sain, la membrane muqueuse gastro-intestinale 
en los Arch. gen. de med., 1. a serie , t. VI, 
pág. 321) por la incertidumbre que en este 
punto reinaba entre los autores , se propuso fi- 
jarlo definitivamente, pero sus investigaciones 
no fueron decisivas ni completas. Asi es que 
en unas partes anuncia (loe. cit., p. 343 y 488) 
que la mucosa intestinal es blanca en el duo- 
deno y en todos los intestinos delgados , y de 
un blanco pálido en el ciego y en el colon; y 
en otras declara, que el color de la membrana 
mucosa gastro- intestinal en el estado sano, es 
blanco ó rosado (loe. cit., p. 347 y 502). Bi- 
\\i\rá(De la membrane muqueuse gastro-intes- 
tinale dans íetat sain el dans Velat inflamma- 
toire; etc., en los Arch. gen. de med., 1. a serie, 
t. VIII, p. 542, 552 y 563), fué el primero 
que estableció de un modo postivo que la mu- 
cosa intestinal es de un hermoso color sonro- 
sado en el feto, de un blanco de leche en la 
infancia , y de un blanco ceniciento en el adul- 
to, siendo este último color mas pronunciado 
en el duodeno y el yeyuno, y disminuyendo 
en la estremidad del íleon , hasta hacerse en- 
teramente blanco en los intestinos gruesos. En 
los viejos es mas pronunciado y se halla mas 
difundido el color ceniciento ; pero al mismo 
tiempo las venas submucosas, dilatadas y lle- 
nas de sangre , levantan y coloran la mem- 
brana que las cubre. No obstante, Andral (Pre- 
cis d'Anatomie pathologique , t. II, p. 20 ; Pa- 
rís, 1829) observa que en los viejos decrépitos 
que mueren exangües, es notable la mucosa 
por su estremada palidez : «lo mismo sucede, 
dice Andral , en los viejos y en los niños de 
corta edad, que mueren de marasmo, los cua- 
les presentan el estado mas completo de desco- 
loracion en la superficie interna de las vias di- 
jestivas.» 

»Billard ha demostrado también que cuan- 
do se abren cadáveres de individuos muertos 
durante la dijestion, se encuentra casi siempre 
de un blanco lijeramente sonrosado la mucosa 
del duodeno y del principio del yeyuno (loe. 
cit., p. 563). 

»En los individuos que sucumben á una en- 
fermedad , cuyo efecto es producir un obstá- 



culo al libre regreso de la sangre venosa, de las 
paredes gastro-intestinales á las cavidades de- 
rechas del corazón , se encuentra la mucosa 
intestinal teñida de un color rojo mas ó menos 
intenso, aun cuando no esté enferma: tal se 
observa en las hernias estranguladas, en los 
infartos del hígado , en los tumores que com- 
primen las divisiones de la vena porta , en las 
afecciones orgánicas del corazón , etc. 

»La coloración roja de la mucosa intestinal 
presenta muchos grados ; en el mas débil está 
teñido únicamente el tejido celular, sin que se 
estienda el color á sus capilares. En un grado 
mas elevado , se colora la mucosa y presenta, 
ya simples ramas separadas ñor anchos inter- 
valos , donde conserva su color natural, ya 
arborizaciones mas finas y estensas, y ya por 
último una rubicundez uniforme, a Según que 
sean estensos ó circunscritos estos diversos ma- 
tices de coloración , dice Andral (loe. cit., pá- 
gina 8), resultará en los intestinos , ora una 
rubicundez difusa y sin límites fijos , ora una 
porción mayor ó menor de estrias , fajas , cha- 
pas ó simples puntitos. Eu efecto , todos estos 
aspectos puede presentar la membrana á con- 
secuencia de una simple inyección por hipe- 
remia, mecánica ó pasiva; y se engañaría mu- 
cho el que creyese que la rubicundez puntea- 
da , por ejemplo, anunciaba una hiperemia ac- 
tiva , pues en esta parte no tiene mas valor 
que el que se daria á un infarto simple de al- 
gunas venas submucosas.» 

»Enno pocos casos, cuando es muy conside- 
rable el obstáculo que entorpece la circulación 
de la sangre, ócuandose halla el sistema sanguí- 
neo en un estado marcado de plenitud, en cier- 
tas flegmasías (neumonía , flemones, erisipelas, 
fiebres eruptivas), y principalmente en las afec- 
ciones que van acompañadas de síntomas ala- 
xo -adinámicos, pasa la sangre al través de las 
paredes de los vasos, y viene á formar equi- 
mosis en el tejido celular sub -mucoso , ó á 
derramarse en la cavidad de los intestinos. 

»Hay ademas muchas causas de diversa 
naturaleza que pueden modificar después de 
la muerte el color de la mucosa intestinal, y 
producir inyecciones mas ó menos considera- 
bles. La primera de estas causas es la grave- 
dad, cuyos efectos han sido estudiados cuida- 
dosamente por Trousseau y Uigot (Recherches 
microscopiques sur quelques alteralions que 
subissent apre's la mort les vaisseaux sanguins 
les poumons et la membrane muqueuse gasíro- 
pulmonaire á Vetat sain: en los Arch. gen. de 
med., primera serie, t. XII, p- 332.) 

»La rubicundez hipostática se encuentra 
necesariamente en las asas intestinales, que es- 
tán mas en declive, mientras que las mas su- 
periores aparecen pálidas. Esto exige algunas 
esplicaciones. «Existen, dicen Trousseau y 
Rigot (loe. cit., p. 368), circunvoluciones in- 
testinales que, aunque superficiales, presen- 
tan numerosas arborizaciones, al paso que 
otras situadas en la pequeña pelvis están en- 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



65 



teramente pálidas.» En tales casos demuestra 
constantemente un examen atento , que las 
asas superficiales se hallan contiguas á otras 
mas superficiales todavía, cuya sangre puede 
pasar á los troncos meseráicos que se distri- 
buyen en las primeras; al paso que las cir- 
cunvoluciones contenidas en la pelvis se ha- 
llan situadas de tal modo, que la sangre que 
se distribuye en sus paredes, encuentra fácil 
paso á otras asas intestinales que ofrecen ma- 
yor declive. 

«Desde el momento en que cesa la respira- 
ción, vuelve á entrar la sangre bajo el imperio 
absoluto de las leyes físicas; por consiguiente 
la causa productora de las rubicundeces hi- 
postáticas comienza inmediatamente después 
de la muerte; pero no se bacen sensibles sus 
efectos hasta algunas horas mas tarde. La ac- 
ción de esta causa continua ejerciéndose mien- 
tras permanece Huida la sangre. 

«Las rubicundeces hipostáticas son mucho 
mas pronunciadas en los individuos que su- 
cumben después de una larga agonía, que en 
los que mueren repentinamente. 

»Estas rubicundeces ocupan las asas in- 
testinales, que están en relación con las par- 
tes mas declives del cadáver, y por consi- 
guiente varia su asiento según la posición de 
este. 

«Las rubicundeces hipostáticas tienen va- 
rios grados. Al principio están inyectados so- 
lamente los gruesos troncos meseráicos : en 
un grado mas avanzado se encuentran tim- 
bien ingurgitados los ramillos, y se presenta 
la rubicundez bajo la forma de una arboriza- 
cion , semejante á la que se obtiene por una 
inyección artificial. En estos dos grados solo 
existe la rubicundez en el tejido celular sub- 
mucoso. En el tercer grado se ponen encar- 
nadas las vellosidades; y por último, hay al- 
gunos casos, aunque muy raros en el hom- 
bre, en los cuales puede trasudar la sangre y 
derramarse en ia cavidad intestinal. 

«La putrefacción es otra causa de rubi- 
cundeces cadavéricas, las cuales se verifican 
en este caso por imbibición, y pueden teñir 
uniformemente las tres túnicas de los intesti- 
nos, que parecen entonces un pedazo de tela 
encarnada. (Trousseau et Rigot, loe. cit., pá- 
gina 3G7.) 

«Todavía existen otras muchas causas de 
rubicundez cadavérica. En el momento mis- 
mo en que se procede al examen de la super- 
ficie interna del tubo digestivo , raspándola 
con el canto de un escalpelo , se puede pro- 
ducir en la membrana mucosa rubicundeces 
que no solo no existían durante la vida, sino 
que tampoco se notaban antes de lajaspadu- 
ra. Por medio de esta operación se empuja ha- 
cia los capilares mas finos de la mucosa , y se 
dirige hícia un solo punto, la sangre qie esta- 
ba diseminada en todos los vasos circunya- 
centes. Esta rubicundez, enteramente arti- 
ficial , pero que no puede producirse sino 
TOMO VIII. 



cuando existe anteriormente cierta cantidad 
de sangre en la mucosa ó debajo de ella, se 
presenta ordinariamente bajo la forma de 
punlitos. 

«Los gases que se desarrollan en los intes- 
tinos, antes ó después de la putrefacción, al- 
teran el color de la sangre, y por consiguien- 
te el de las partes en que existen rubicunde- 
ces formadas, ya durante la vida, ya por hi- 
postasis ó por imbibición. 

»A veces se empapa de bilis la mucosa del 
duodeno y del principio del yeyuno, y toma 
un color amarillento dispuesto por chapas, ó 
que tifie uniformemente una estension mas ó 
menos considerable. 

«Esta coloración no desaparece lavando las 
partes manchadas. 

«Últimamente, pueden introducirse acci- 
dentalmente en los intestinos varios princi- 
pios colorantes, y teñir su superficie interna 
simulando un estado morboso. 

«Ahora bien , ¿cómo pueden distinguise en 
el cadáver las coloraciones que acabamos de es- 
tudiar de las que produce una flegmasía ó una 
alteración de la mucosa? Esta distinción es difí- 
cil y exige un examen atento. Las coloraciones 
inflamatorias van acompañadas de modificacio- 
nes en el grosor y consistencia de la mucosa in- 
testinal, sin que se observen al mismo tiempo 
obstáculos al curso de la sangre , ni congestión 
de los vasos mesentéricos. Según Guillot (loe. 
cit.), la inyección artificial de los intestinos se- 
ría un escelente medio para precaver todo er- 
ror. Cuando las coloraciones no dependen de 
una alteración de la mucosa, penetra la inyec- 
ción con facilidad hasta las últimas ramifica- 
ciones vasculares, se disipan todas las aparien- 
cias morbosas, y recobra el intestino sus carac- 
teres normales. Por este método ha podido Gui- 
llot convencerse muchas veces, de que no exis- 
tia alteración alguna de tejido en varios casos, 
en que presentaban en alto grado los intesti- 
nos inyecciones ramiformes, capiliformes ó 
punteadas, y aun manchas pardas ó negruz- 
cas, chapas apizarradas, etc. 

«Cuando las coloraciones dependen de una 
alteración de la mucosa , no penetra la inyec- 
ción hasta sus últimos límites, y el punto en 
que se detiene, indica precisamente el asiento 
anatómico de la lesión. 

«Supongamos, dice Guillot, una rubicun- 
dez general y uniforme de los inteslinos , y 
veremos, que unas veces penetra fácilmente la 
inyección en la red vascular sub-mucosa, pe- 
ro sin pasar mas adelante; en cuyo caso sise 
examinan las partes con el microscopio, se 
encuentra que las vellosidades están conside- 
rablemente inyectadas y llenas de sangre es- 
travasada: otras veces por el contrario no pe- 
netra la inyección en toda la estension de la 
red vascular sub-mucosa, y sin embargo es 
muy fácil seguirla en todas las paites de la 
mucosa . notándose que las porciones inyec- 
tadas rodean espacios en los cuales existen 



66 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



congestiones sanguíneas parciales que consti- 
tuyen obstáculos insuperables. En estos dos 
casos demuestra la inyección !o que no ha- 
bía podido descubrir el examen ordinario , y 
prueba que la rubicundez general, no supone 
por precisión que han de estar igualmente en- 
fermas todas las partes constituyentes de la 
mucosa. 

»Grosor y consistencia de la mucosa intes- 
tinal.—^ máximum de grosor de la mucosa 
intestinal existe en el duodeno, y el mínimum 
en el colon; pero no poseemos medidas exac- 
tas bajo este aspecto; el grosor de la mem- 
brana varia ademas según diversas circuns- 
tancias. (Véase enfermedades del estómago, 
t. VII, p. 351). 

»La consistencia de la membrana mucosa 
está en razón directa de su grosor: en el duo- 
deno se desprenden con facilidad fracmentos 
mas ó menos considerables de esta membra- 
na, mientras que en el yeyuno y en el íleon 
se rompe al momento que se la quiere separar 
de las partes subyacentes. 

»La putrefacción disminuye la consistencia 
de la mucosa gastro-intestiual ; pero hay mu- 
cha diferencia bajo este aspecto entre el estó- 
mago y los intestinos. Asi es que, mientras pa- 
rece demostrado por numerosos esperimentos, 
que la mucosa del estómago puede reblande- 
cerse en muy poco tiempo por el influjo de la 
acción disolvente del jugo gástrico; se vé por 
el contrario , que la mucosa intestinal resiste 
mucho á los esfuerzos de la putrefacción. «Me 
ha sucedido mas de una vez, dice Andral (loe 
cit. , pág. 24) , no encontrar reblandecimiento 
alguno de la membrana mucosa, en individuos 
muertos ocho ó diez dias antes , cuyos intes- 
tinos estaban verdes y distendidos por gases, 
con exudación sanguínea , equimosis en sus 
paredes, y enfisemas sub-mucosos en muchos 
parajes. No principia á reblandecerse la muco- 
sa hasta el dia 10 después de la muerte; del 15 
al 18 se pone como papilla, y del 25 al 30 no 
se distingue ya de los demás tejidos. Billard 
ha demostrado que el reblandecimiento comien- 
za mucho antes (hacia el 6.° dia), cuando la 
mucosa está espuesta al aire; al paso que se 
verifica mucho mas tarde (al cabo de dos me- 
ses) , cuando se halla la membrana colocada 
debajo del agua. 

wBarthez y Rilliet lian comprobado la exac- 
titud de estos datos : cEl reblandecimiento de 
la mucosa intestinal , dicen estos autores, es 
morboso con mucha mas frecuencia que cada- 
* vérico. Nos ha sucedido tantas veces poder ar- 
rancar fracmentos de cinco á diez pulgadas, en 
intestinos cuya membrana mucosa presentaba 
señales evidentes de putrefacción, que no pode- 
mos mirar el reblandecimiento como prueba 
de que principie á declararse semejante esta- 
do. Guando este se halla mas adelantado, cuan- 
do el abdomen y el pecho del cadáver presen- 
tan un color verde, estenso y profundo, y los 
mismos intestinos ofrecen una coloración roja 



apagada, en forma de chapas ó bandas, enton- 
ces únicamente podemos creer, aunque sin te- 
ner de ello una completa certidumbre, que el 
reblandecimiento es cadavérico. En el caso con- 
trario, y sobre todo cuando los intestinos con- 
tienen pocas ó ningunas materias líquidas , e9 
morboso el reblandecimiento.» (Traite' cliniq. 
etpratiq. des malad. des enfants.', Paris, 1840, 
tom. I, p. 441.) 

»B. De las afecciones intestinales con- 
sideradas EN GENERAL. 

»Los progresos que ha hecho la ciencia de 
dos años á esta parte, han dado lugar á suce- 
sivas y profundas variaciones, en el estudio de 
las enfermedades intestinales. 

»No solamente está ya demostrado que no 
es posible referir todas las alteraciones de los 
intestinos, á una flegmasía aguda ó crónica; si- 
no que también acredita la observación atenta 
de los hechos, que el predominio atribuido al 
estómago y al tubo intestinal, era una suposi- 
ción imaginaria. A pesar de la importancia de 
las funciones que ejercen los intestinos , y 
del desorden que necesariamente debe produ- 
cir en los fenómenos de la nutrición cualquier 
lesión orgánica intestinal, y á pesar también 
de la indudable simpatía que une al tubo di- 
gestivo con los órganos de la inervación, de la 
respiración y de la circulación; hállanse todos 
convencidos en el dia, de que pueden existir las 
mas graves lesiones intestinales , no solo sin 
que produzcan una alteración notable en la eco- 
nomía entera, sino también sin que determi- 
nen síntomas locales bien caracterizados. «No 
hagamos, dice con razón Dalrnas (Dic. de med., 
tom. XVII, pág. 17), de una función comple- 
xa, en que toman parte casi todos los aparatos 
de la economía, una función primordial que 
dé impulso á todas las demás, y que las sirva en 
cierto modo como de primer móvil; y sobre todo 
guardémonos muy bien de creer que las visce- 
ras en que se efectúa, son las únicas que toman 
parte en su desempeño.» Esta observación es 
muy exacta ; pero debe reconocerse; sin em- 
bargo, que las afecciones intestinales son su- 
mamente frecuentes, y que no hay órgano al- 
guno cuyas enfermedades dejen de determinar, 
al cabo de tiempo, perturbaciones en las vias 
digestivas. Esta circunstancia se esplica perfec- 
tamente , teniendo en cuenta la estructura y 
funciones del tubo digestivo. «Si puede fijarse 
como principio, dice Andral (Cours de palho- 
logie interne , tom. I, pág. 2; Paris, 1836), 
que la frecuencia de las alteraciones de un ór- 
gano está en razón directa de la actividad de 
sus funciones, y de la complicación de su tes-- 
tura, ninguno se halla mas espuesto á pa- 
decer que el sistema digestivo, porque ningu- 
no presenta estas condiciones en grado mas no- 
table.» 

»A1 estudio de las afecciones intestinales, 
vá naturalmente unida una cuestión mucho 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



67 



mas importante, que es la de las fiebres conti- 
nuas. No hace todavía mucho tiempo que de- 
cía Andral (Cli'nique medícale, tom. I, p. 1): 
«Las alteraciones que se encuentran después 
de la muerte en el tubo digestivo, se refieren 
á dos grandes series de alteraciones funciona- 
les. En una de estas series se fijan principal- 
Diente los desórdenes sobre las vías digestivas, 
en las cuales se observan todos los síntomas, 
y puede decirse que reside toda la enfermedad. 
Pero no sucede lo mismo en la otra serie, en 
la cual los desórdenes funcionales predomi- 
nantes, no tienen su asiento en el aparato di- 
gestivo, aunque resida en él la lesión, anató- 
mica ; pues mientras (pie en e! estómago y en 
los intestinos solo se observan síntomas muy 
poco pronunciados, presentan otros aparatos, y 
especialmente los de la circulación y los de la 
inervación, desórdenes tan graves como varia- 
dos en los actos que están encargados de eje- 
cutar.» Los trabajos con que se ha enriqueci- 
do la patología humeral , y en que el mismo 
Andral ha tomado tanta parte, no le permiti- 
rian'ciertamente en el dia sostener las ideas 
que acabamos de transcribir. La fiebre tifoidea, 
la disenteria y el cólera , no son ya afeccio- 
nes intestinales, propiamente dichas , pues la 
lesión anatómica no reside en el aparato di- 
gestivo. 

«Ya quedan espuestas en otro lugar las 
consideraciones generales que se refieren al 
estudio de las enfermedades del aparato diges- 
tivo (V. Enfermedades del estómago, tom. I, 
pág. 353); pero tendremos ocasión de insis- 
tir en este punto al formar la historia particu- 
lar de cada una de las afecciones intestinales. 
t>Sintomas. — Cuanto hemos dicho al estu- 
diar las enfermedades del estómago, respecto 
de los signos que suministra la inspección de 
la porción supra-diafragmática del tubo diges- 
tivo , de la boca, de la lengua, etc., se aplica 
igualmente á las afecciones intestinales. Asi, 
pues , para evitar repeticiones inútiles , refe- 
riremos al lector al capítulo 1.° de Ja sección 
antecedente. 

»Rara vez está aumentado el apetito en las 
afecciones de los intestinos; pero sin embargo 
se citan algunos casos de alteración orgánica 
del duodeno ó de los intestinos delgados, pro- 
piamente dichos, en que se hallaba sumamen- 
te escitado. En las flegmasías de los intestinos 
delgados se observa frecuentemente la anore- 
xia. La perversión del apetito y de la digestión 
pertenece esclusivamente á la neuralgia in- 
testinal. 

«Casi siempre se halla aumentada la sed 
en la inflamación de las porciones superiores 
del tubo digestivo. 

» Verificase el vómito muchas veces en las 
flegmasías de los intestinos delgados, ya parti- 
cipe el ventrículo del estado inflamatorio (véa- 
se gastbü-enteritis) , ya se halle solo afecta- 
do por simpatía. Este síntoma suele acompañar 
también á las alteraciones orgánicas de la pri- 



mera porción de los intestinos delgados, en cu- 
yo caso puede contribuir á la formación del 
diagnóstico la naturaleza de las materias vo- 
mitadas, que ofrecen ya algunas señales de 
quiliíicacion. 

«Este síntoma se verifica casi constante- 
mente en los casos en que existe un obstáculo 
completo, ó muy considerable al curso de las 
materias, cualquiera que sea su naturaleza y 
asiento; en ciertas circunstancias adquiere mu- 
cha importancia para el diagnóstico, por su 
persistencia, y sobre todo por la naturaleza dé- 
las materias evacuadas. Pero en general exis- 
ten numerosas variedades en los caracteres 
del vómito, considerado como síntoma de las 
afecciones intestinales. 

»En las obras de patología general se indi- 
can detenidamente los signos que suministra 
el examen del vientre, para el estudio de las 
afecciones abdominales; y por lo mismo no 
haremos mas que recordar con brevedad los 
que se refieren de un modo especial á las en- 
fermedades de los intestinos. 

»E1 volumen del vientre se halla frecuen- 
temente disminuido en las flegmasías intestina- 
les crónicas y en la enteralgia; esta disminu- 
ción es unas veces regular y general , otras 
irregular y parcial, ya momentánea, ya per- 
manente ; y en este último caso depende casi 
siempre de adherencias peritoneales, y debe 
distinguirse de la que acompaña al cólico ne- 
frítico, al cólico de plomo , etc. 

»Solo en los casos de timpanitis se halla el 
vientre uniformemente aumentado , y este des- 
arrollo total debe distinguirse del que producen 
los derrames líquidos ó gaseosos de la cavi- 
dad peritoneal , el embarazo ó la hidropesía 
del ovario. Puede el vientre presentar tumefac- 
ciones parciales en circunstancias muy diversas, 
y á estas tumefacciones se dá el nombre de tu- 
mores abdominales. 

«Guando existe un tumor abdominal es ne- 
cesario antes de todo comprobar exactamente 
su asiento , sin lo cual no puede determinarse 
bien á qué órgano pertenece el tumor. 

«La dilatación del colon transverso, el cán- 
cer de la parte media de este intestino , y el de 
la primera porción del duodeno , desarrollan 
tumores en la región epigástrica, que no deben 
confundirse con los que dimanan de ciertas 
afecciones del estómago ó del páncreas, de un 
aneurisma del tronco celiaco, de abscesos, de 
bolsas hidatídicas ó del escirro del lóbulo medio 
del hígado. 

«Los tumores del hipocondrio derecho pue- 
den pertenecerá la estremidad superior del co- 
lon ascendente, y á la recta del transverso; 
pero también pueden ser producidos por un 
derrame pleurítico del lado correspondiente, ó 
por una alteración del lóbulo derecho del híga- 
do , de la vejiga de la hiél , ó del riñon de- 
recho. 

«Los tumores del hipocondrio izquierda 
pueden pertener á la estremidad izquierda ¿«f 1 



68 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



colon transverso , y á la superior del descen- 
dente; pero también suelen depender de un der- 
rame plenrítico en el lado izquierdo, de altera- 
ciones del lóbulo hepático ó del riñon del mismo 
lado , ó de una enfermedad del bazo. 

»Los tumores umbilicales pertenecen por lo 
regulará los intestinos delgados, queocupan por 
sí solos la región del ombligo; pero sin embar- 
go son producidos en algunos casos por la dila- 
tación del colon transverso ó del estómago (véa- 
se p. 11 de este tomo) , por un aneurisma de la 
aorta, por una hernia umbilical, por tumores 
mesentéricos, por una hidropesía del ovario, ó 
por dilataciones de la matriz ó de la vejiga. 

»La dilatación , el cáncer del ciego y del 
apéndice vermiforme, y las acumulaciones de 
materias fecales ó de cuerpos estraños en estas 
porciones de los intestinos, producen un tumor 
de la región iliaca derecha ; pero también se 
observa el mismo resultado á consecuencia de 
los abscesos de la fosa iliaca , ó de las altera- 
ciones del ovario correspondiente. Los tumores 
intestinales de la región iliaca izquierda perte- 
necen á la S iliaca del colon. 

»Los tumores de la región hipogástrica per- 
tenecen en algunos casos á la parte inferior de 
los intestinos delgados ; en otros , aunque mas 
raros, son producidos por la dilatación del colon 
transverso ó del estómago; pero lo mas regular 
es que dependan de la vejiga ó de la matriz. 

»No siempre es fácil reconocer el asiento 
preciso de un tumor intestinal; y eso que no 
hablamos del asiento anatómico, cuya determi- 
nación es tan frecuentemente imposible , sino 
simplemente del asiento relativo á las diferen- 
tes regiones abdominales que acabamos de enu- 
merar. 

»Es el tumor fijo ó movible , circunscrito ó 
no, pediculado, etc.? ha contraído adherencias 
que le fijen en una región que no ocupaba pri- 
mitivamente? Para responder á estas cuestiones 
es necesario palpar con mucho cuidado el ab- 
domen, colocando al enfermo en posición su- 
pina , y con las piernas dobladas, en términos 
que los músculos del abdomen se hallen en el 
mayor estado de relajación posible, y renovar 
este examen varias veces, dando al enfermo 
diferentes posiciones, etc. 

»EI volumen del tumor se apreciará por 
medio de la palpación y de la percusión. La 
primera dará á conocer si la lesión es única ó 
múltiple, es decir, formada por la aglomera- 
ción de pequeños tumores, distintos unos de 
otros (cuerpos estraños, bolos estercoráceos). Es- 
te medio nos servirá también para comprobar la 
presencia ó la ausencia de latidos ó pulsaciones, 
y para conocer las tumefacciones parciales que 
se ocultan muchas veces á los demás medios 
de investigación. 

»Las mas veces no se consigue determinar 

la naturaleza de los tumores intestinales, sino 

empleando sucesivamente todos los medios de 

«sploracion; y aun hay muchos casos en que 

^n estériles nuestros esfuerzos. 



»La palpación dá á conocer si el tumor es 
duro é incompresible , ó por el contrario reni- 
tente, fluctuante y elástico ; si es llano y liso, 
ó desigual y abollado. Este medio nos demues- 
tra, ademas en el caso de no existir tumor, si 
contienen los intestinos materias líquidas ó ga- 
seosas , ó si existe una mezcla de ambas. En 
ciertos casos en que hay muchos cuerpos estra- 
ños acumulados en una porción del tubo diges- 
tivo, nos hace percibir la palpación una sensa- 
ción particular de roce ó colisión. 

»La percusión mediata suministra signos 
importantes; pues nos demuestra si los intes- 
tinos están dilatados por líquidos , por gases ó 
por ambas sustancias á un mismo tiempo. En 
los casos en que existe un obstáculo completo 
ó considerable al curso de las materias, la per- 
cusión mediata, favorecida por la inyección 
forzada en el recto de una cantidad abundante 
de líquidos , indica á veces con mas ó menos 
exactitud el punto del tubo digestivo en que re- 
side el obstáculo ; para lo cual es necesario que 
se practique la inyección de modo que venza 
la resistencia que opone la válvula de Bauhino, á 
no ser que el atascamiento corresponda á los 
intestinos gruesos. 

»La percusión mediata, favorecida por la in- 
yección moderada de un líquido en el recto, da 
á conocer la posición de los intestinos gruesos, 
en razón de que modifica su sonoridad , al paso 
que no altera la de los intestinos delgados. Es- 
te medio de esploracion es principalmente útil 
para comprobar las frecuentes dislocaciones del 
colon transverso. Para que produzcan las in- 
yecciones el efecto que se apetece, es preciso 
inyectar en el recto mas de un cuartillo de 
agua , y colocar al sugeto en varias posiciones 
para que el líquido , obedeciendo á las leyes de 
la gravedad , sea arrastrado hacia la parte que 
se prefiere esplorar, y que de intento se habia 
colocado en una posición declive (Piorry , De la 
percusión mediata ; París , 1828 , página 
285 , 307). 

»La auscultación mediata suministra pocos 
signos positivos para el diagnóstico de las afec- 
ciones intestinales: cuando se perciben por su 
medio gorgoteos ó borborigmos , es un indicio 
de que existen líquidos y gases en la cavidad 
de los intestinos ; pero los borborigmos acom* 
pañan á afecciones muy diversas (enteritis, in- 
digeslion, enteralgia , histerismo, hipocon- 
dría) : también sirve la auscultación para in- 
dicarnos la presencia de cuerpos estraños cuan- 
do nos permite percibir el ruido de colisión de 
que hemos hablado ; pero á esto se limitan to- 
dos los servicios que puede prestar. La ausen- 
cia de todo ruido en el sitio de un tumor que 
hubiera podido creerse de naturaleza aneuris- 
mática , es un signo que dá seguridad al diag- 
nóstico. 

»A pesar de la mas atenta y completa inves- 
tigación, es por lo regular muy difícil , y á ve- 
ces imposible, determinar de un modo positivo 
si pertenece el tumor al tubo intestinal , ó si 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



69 



corresponde alas paredes abdominales , al pe- 
ritoneo, al mesenterio ó á alguno de los órga- 
nos ó vasos, con quienes se hallan las diferentes 
porciones délos intestinos en las relaciones que 
en otro lugar dejamos indicadas; y solo tenien- 
do en cuenta los desórdenes funcionales, los 
síntomas locales y generales , interrogando los 
diversos órganos del abdomen , y recordando 
las causas, el curso y todas las circunstancias 
de la enfermedad, es como puede esperarse lle- 
gar á formar un diagnóstico acertado. 

«El médico que examine con la mano el 
vientre de los enfermos, dice Hunauld, se enga- 
ñará menos que el que descuide este medio de 
esploracion.» En efecto, bien puede asegurar- 
se que el que desprecie la esploracion del ab- 
domen se engaña casi siempre ; mas no por 
eso deja de ser cierto que este mismo examen 
puede convertirse en fecundo manantial de er- 
rores cuando no se toman en cuenta todas las 
circunstancias que pueden modificar sus resul- 
tados. La edad , el sexo, la posición del enfer- 
mo , el estado de vacuidad ó de repleción del 
tubo dijestivo , el de enflaquecimiento ú obe- 
sidad del individuo , ejercen bajo este aspecto 
una influencia notable. 

»En los niños está el vientre incomparable- 
mente mas elevado; afecta el estómago una po- 
sición casi perpendicular, bajando hasta el ni- 
vel del ombligo; se halla el hígado situado ca- 
si en totalidad en la región media del abdomen; 
se presenta el duodeno imperfectamente cu- 
bierto por el estómago ; el bazo se adelanta ha- 
cia el hipocondrio derecho , la vejiga está muy 
elevada , y el útero y los ovarios igualmente 
prominentes. ¡ Cuántas causas de error para el 
médicol (Porlal, Cours (T Anatomie medícale, 
t. V,pág. 97.) 

«José Frank ( Pathologie interne , edic. de 
la Encyclopedie des scien. med. , t. V, p. 336) 
ha trazado cuidadosamente las reglas que de- 
ben guiar al médico en la esploracion del abdo- 
men: parécenos útil reproducir sus palabras. 
«Esta esploracion debe practicarse hacien- 
»do tomar al enfermo diversas posiciones. Pri- 
»mero se le pondrá de espaldas en una cama 
»algo dura , levantándole la cabeza con una al- 
»mohada para evitar la contracción de los mús- 
»culos esterno-mastoideos, que produciría el 
«mismo efecto en los del abdomen, soste- 
niéndole el eje del cuerpo de un modo seme- 
jante, y mandándole doblar las rodillas y des- 
«cansar los pies en los talones , en cuya posi- 
»cion se hallan relajados todos los tegumentos 
»del abdomen ; después se le colocará sucesi- 
vamente sobre uno ú otro lado del cuerpo, y 
»se le obligará á que haga una inspiración pro- 
«funda á fin de dar nías elevación al vientre. 
«En seguida , y antes que tome nada el enfer- 
«rno, se le hará ponerse en pie, aumentando y 
«disminuyendo la respiración , á fin de que 
«desciendan y se restituyan alternativamente 
»á su posición natural los órganos encerrados 
«dentro de las paredes torácicas. Últimamente 



«se apoyará el enfermo sobre las rodillas para 
«hacer que se aproximen mas á la pared ante- 
«rior del abdomen los órganos contenidos en 
«esta cavidad. Sino hay algún obstáculo que lo 
«contraindique, deberá tomar antes el enfermo 
«un baño tibio. 

«Esta esploracion se practica con la estre- 
«midad palmar de los dedos , cuya temperatu- 
»ra no debe estar fria , sobre toda la periferia 
«del abdomen, sin esceptuar los lomos; pal- 
«pando cada región por una presión y percu- 
«sion sucesivamente perpendicular , horizontal 
«y oblicua, durante la cual deberá tener el 
«médico continuamente fija su vista en el ros- 
«tro del enfermo. 

«En este examen se tomará en cuenta res- 
«pecto á la periferia del vientre su blandura, su 
«tensión, su dureza , su temperatura , su gra- 
»do de sensibilidad y el número de sus latidos. 
«Por lo tocante á la dureza de los órganos con- 
«tenidos en la cavidad abdominal, nos engaña 
«no pocas veces la contracción de los músculos 
«rectos, que en muchos individuos se efectúa 
«por el mas lijero contacto á consecuencia del 
«temor de que se hallan poseídos. A veces la 
«misma demacración de los enfermos pudiera 
«hacernos confundir la porción lumbar de la 
«columna vertebral, con una obstrucción de las 
«visceras.» 

«Otro síntoma importante de las afecciones 
intestinales es el dolor, cuyos caracteres deben 
estudiarse cuidadosamente. 

«Unas veces es el dolor errático, intermi- 
tente, cambia de sitio con facilidad , va acom- 
pañado de borborigmos, y se disminuye en vez 
de exasperarse con la presión ; los enfermos se 
acuestan sobre el vientre , frotan y comprimen 
con sus manos la pared abdominal anterior, y 
buscan el calor intuset extra. Estos dolores se 
designan generahnenteconel nombre de cólicos; 
no van acompañados de síntomas generales , y 
solo dependen por lo regular de una alteración 
pasajera de las funciones dijestivas, de una sa- 
burra gastro-intestinal ó de una indijestion. 

«Casi los mismos caracteres ofrecen los do- 
lores en las neuralgias intestinales, aunque 
también pueden presentar los que correspon- 
den á una flegmasía. 

«Otras veces son los dolores generales, su- 
mamente vivos, se exasperan con la maslijera 
presión, y van acompañados de fiebre , vómi- 
tos, perturbaciones generales mas ó menos 
graves y fenómenos cerebrales, en cuyo caso 
pertenecen casi constantemente á una flegma- 
sía intestinal. 

«Últimamente , puede ocupar el dolor un 
punto muy circunscrito , y siempre el mis- 
mo del abdomen ; y entonces solo tomando en 
cuenta los síntomas coexistentes, el curso y 
las causas de la enfermedad, podrá llegarse á 
conocer si pertenece á una flegmasía crónica, á 
una úlcera, á un cáncer, á una estrangulación, 
ó á una desorganización intestinal. 

«Considerado el dolor aisladamente, uo tie- 



70 



ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS. 



ne un gran valor para el diagnóstico , por no 
existir ninguna relación constante entre sus ca- 
racteres, ni aun entre su presencia y las enfer- 
medades intestinales. Asi es que puede ser muy 
lijero el dolor y aun faltar enteramente en la 
flegmasía mas intensa; habiéndose visto estran- 
gulaciones internas seguidas de una muerte rá- 
pida, sin que hayan sentido dolor alguno los 
enfermos. Por otra parte suelen observarse le- 
ves neuralgias ó indijestiones intestinales acom- 
pañadas de dolores horribles. 

»Las alteraciones funcionales deben tomar- 
se en detenida consideración ; pero guardándo- 
se de atribuir á una alteración de los intestinos 
ciertos desórdenes que solo son simpáticos. Asi 
es que no debe confundirse el estreñimiento 
producido por una conjestion cerebral, con el 
que determina por ejemplo una estrangulación. 

»EI estreñimiento acompaña constantemen- 
te á las alteraciones que oponen un obstáculo 
mas ó menos completo al curso de las mate- 
rias (cuerpos estraños , estrecheces . estrangu- 
lación, invaginación , etc.) , y suele ser tam- 
bién el resultado de ciertas flegmasías, que tie- 
nen por efecto aumentar la contractilidad de 
los intestinos, ó modificar los productos intes- 
tinales. 

»La diarrea (Véase t. III , pág. 52), es uno 
de los principales síntomas de las flegmasías 
agudas y crónicas de los intestinos, del cáncer 
ulcerado , del reblandecimiento de la enteror- 
rea , de las ulceraciones y de la indijestion in- 
testinal. 

«Relativamente á las evacuaciones alvinas 
debe estudiarse su cantidad , su forma , su co- 
lor, su consistencia y su naturaleza : pueden 
contener sangre, pus, concreciones, ó cuerpos 
estraños , que suministran datos preciosos para 
el diagnóstico ; también debe notarse el núme- 
ro de las evacuaciones en un tiempo dado, y la 
cantidad de las materias arrojadas en cada eva- 
cuación. En la patología general hemos indica- 
do los importantes signos que suministra este 
estudio. 

»Las enfermedades intestinales obran sobre 
la circulación de varias maneras: por simpatía 
( enteritis) , por alteración de los fluidos (cán- 
cer ulcerado , gangrena), ó por causa mecá- 
nica ( tumor ) ; sin embargo , pueden hallarse 
profundamente alterados los intestinos, sin que 
por eso resulten perturbaciones manifiestas de 
circulación. 

«Cuanto hemos dicho respecto á las altera- 
ciones de la respiración y de la inervación, que 
acompañan á las afecciones gástricas, se aplica 
esactamente á las enfermedades intestinales; 
por lo cual remitimos á nuestros lectores al 
género de enfermedades del estómago. 

»Las afecciones de los intestinos delgados 
comprometen de un modo rápido y profundo la 
nutrición general ; lo cual se esplica por la na- 
turaleza de las funciones encomendadas á esta 
parte del tubo díjestivo , donde se efectúa la 
quilificacion y la absorción del quilo. 



»En las enfermedades agudas de los intes- 
tinos , está el rostro colorado , animado y tur- 
jente , los ojos encendidos, el pulso lleno y 
duro , la temperatura del cuerpo elevada, y se 
presenta frecuentemente el delirio. 

»Eu las afecciones crónicas aparece el rostro 
pálido, amarillo, abatido y arrugado , los ojos 
lánguidos y rodeados de un círculo lívido ; el 
pulso es frecuente, pero deprimido y pequeño, 
y el enflaquecimiento es estremado y llega basta 
el marasmo; á veces el volumen del vientre, 
dilatado por gases ó por un tumor, contrasta 
singularmente con la atrofia de las demás par- 
tes del cuerpo. 

»Eliolojia. — Los modificadores hijiénicos 
(injesta, circunfusa) obran sobre los intestinos 
de la misma manera que sobre el estómago, 
pero es en estos mucho mas notable é instan- 
tánea su acción. 

«Con todo, debemos hacer una distinción 
importante : el uso de alimentos de mala na- 
turaleza, la humedad, etc., determinan en poco 
tiempo, diarrea y diferentes síntomas intesti- 
nales, que seria difícil referir á una alteración 
caracterizada, y que cuando no se prolonga la 
acción de la causa morbífica, desaparecen des- 
pués de haber constituido por sí solos toda la 
enfermedad. Por el contrario, cuando los en- 
fermos están sometidos por algún tiempo á la 
influencia de la causa morbífica , ó cuando esta 
llega á un alto grado de intensidad , persisten 
los síntomas, se agravan y complican con un 
gran número de fenómenos patolójicos de dife- 
rente naturaleza , sobreviniendo entonces" , no 
ya afecciones intestinales , sino , para valemos 
de una espresion tomada de Cullen , enferme- 
dades generales con determinación morbosa 
hacia los intestinos (disenteria , cólera , fiebrt 
tifoidea , tifus). 

»A esta última especie de afecciones se re- 
fieren las importantes cuestiones de geografía 
médica y de antagonismo patolójico , que muy 
recientemente ha suscitado el doctor Boudin 
(Essai de geographie medícale , en el Bulletin 
de la Societe royale de medecine de Marsei- 
lle , 18i3 ; Marsella , núm. 1 y 2). 

«Los gesta y los percepta obran al parecer 
menos enéticamente sobre los intestinos que 
sobre el estómago , y menos en los intestinos 
delgados que en los gruesos. Estas diferencias 
se esplican fácilmente por la diversidad del orí- 
jen de donde parten las ramificaciones ner- 
viosas, que se distribuyen en estas tres porcio- 
nes del tubo dijestivo. 

«Las causas patolójicas hacen un papel im- 
portante en el desarrollo de las afecciones in- 
testinales. Dependen estas muchas veces de la 
estension de enfermedades, que tienen su asien- 
to primitivo en el estómago , en el hígado , en 
el peritoneo, los ríñones, etc. Las afecciones 
cerebrales ejercen una acción simpática muy 
notable sobre las funciones de los intestinos. 
Las quemaduras estensas desarrollan frecuente- 
mente una flegmasía intestinal , y producen, 



ENTERALGIA. 



71 



según las últimas observaciones del doctor 
Curling, ulceraciones particulares del duodeno 
(V. Ulceraciones). 

»La erisipela, el sarampión, la escarlati- 
na, las viruelas , el eczema crónico y el pém- 
figo determinan frecuentemente la inflamación 
aguda ó crónica de los intestinos. ¿Pueden es- 
tas afecciones invadirla mucosa intestinal, y 
aun desarrollarse en ella esclusivamente , fal- 
tando los síntomas cutáneos (escarlatina sin 
exantema)*! Es todavía demasiado oscura esta 
cuestión para que nos ocupemos de ella al tra- 
zar el cuadro general de las enfermedades in- 
testinales , por lo cual nos reservamos exami- 
narla en el análisis particular de las afecciones 
de la piel. 

y) Tratamiento. — ha terapéutica de las afec- 
ciones intestinales solo admite un corto núme- 
ro de consideraciones generales , que se dife- 
rencian muy poco de las que dejamos espues- 
tas al tratar de las enfermedades gástricas. 

y>Naturaleza y clasificación. — En este.pun- 
to no podemos menos de remitir á nuestros 
lectores al género de enfermedades del estó- 
mago , porque los nosógrafos han sometido las 
enfermedades intestinales á la misma clasifica- 
ción que las afecciones gástricas.» (Monneret 
y Flelry, Compendium de- Med. prat., t. V, 
p. 361 y sig.) 

CAPITULO II. 

Afecciones dolorosas y espasmódicas de los in~ 
testinos. 

ARTÍCULO PRIMERO. 

Enteralgia. 

Nombre y etimolojia.— La voz enteralgia 
se deriva de las radicales griegas wm^ov intesti- 
no, y a^yos dolor. 

Diremos algunas palabras acerca de esta afec- 
ción , que casi siempre acompaña á la gastral- 
gia , aunque á veces existe por sisóla, consti- 
tuyendo lo que se llama cólico nervioso, ú otras 
especies de dolores intestinales. 

«Síntomas. — Esta neurosis dá lugar á la 
mayor parte de los síntomas generales y loca- 
les , propios de la gastralgia; pero su asiento 
es diferente. Por lo común está complicada con 
la gastralgia ; pero sin embargo , como consti- 
tuye una enfermedad particular, que puede 
existir sola é independiente de cualquiera otra, 
conviene describirla por separado. 

»Cuilen ha estudiado esta neurosis en el ca- 
pítulo consagrado á la bistoria de los cólicos 
idiopáticos , bajo el título de cólico espasmódi- 
co (Elem. de med. prat., t. III, p. lüi, edic 
de 1819). Este cólico se conoce , según el mé- 
dico escocés, por la retracción del ombligo, y 
por los espasmos de los músculos del abdomen, 
cuyos sintonías se refieren bastante bien á la en- 
teralgia, asi como los de las enfermedades, que 



designa dicho autor bajo los títulos de cólico 
¡latulento ó ventoso, en el cual hay timpanitis, 
y estreñimiento, y de ileus physodes, que no di- 
fiere del precedente, sino en que se espelen ga- 
ses por la boca, y en que está situado el dolor 
por encima del ombligo. 

»Schnudtmann divide el cólico en flatolen- 
to , espasmódico y nervioso ; pero es evidente 
que estas tres especies solo son tres variedades 
de una misma afección , asi como las estable- 
cidas por Cnllen (obra citada , t. IV, p. 489). 
De todos modos , los síntomas qué se obser- 
van ordinariamente son , un dolor vivo , una 
sensación de torsión , de torcedora en los in- 
testinos y en todo el vientre, pero en particular 
al rededor del ombligo. Este dolor , que no se 
aumenta con la presión, sino qoe por lo comon 
se alivia con ella , no tiene siempre la misma 
intensidad, vuelve por accesos, y únicamen- 
te cuando los intestinos contienen alimentos, 
ó también fuera del tiempo de la dijestion. 
Hemos visto un sugeto atacado de simple en- 
teraljia , que solo se aliviaba comprimiéndole 
el vientre: sus dolores disminuían también por 
la injestion de los alimentos, y reaparecían poco 
tiempo después. Los dolores neoráljicos del in- 
testino igualan por lo menos, si no esceden, en 
intensidad á los de la gastraljia. Algunos en- 
fermos profieren gritos arrancados por los hor- 
ribles sufrimientos que esperimentan , y temen 
hacer el mas leve movimiento. Otros padecen 
en los hipocondrios , y especialmente en el iz- 
quierdo , exasperándose sus dolores con la pre- 
sión. (Véanse las observaciones referidas por 
Schmidtmann , loe. cit.) El dolor de los intes- 
tinos se propaga á veces hasta el estómago, de- 
terminando una gastraljia muy intensa. La en- 
teralgia se acompaña en ocasiones de ansiedad 
estremada , frió glacial en las extremidades , y 
lipotimias bastante frecuentes para hacer temer 
la muerte. 

«Segregase en el intestino una gran canti- 
dad de gases : la timpanitis que resulta , y que 
en algunos sugetos es el único síntoma provo- 
cado por la enteraljia , puede ser mediana ó 
muy considerable. Considerada en un débil gra- 
do , no ocasiona mas que borborigmos y una 
llatulencia incómoda para el enfermo : al cabo 
de algún tiempo empiezan los gases á dirijirse 
hacia la estremidad inferior del intestino, lo 
cual proporciona un alivio marcado , haciendo 
cesar la distensión que ocupaba todo el vien- 
tre. La elevación que determina la secreción 
gaseosa , se manifiesta poco después de las co- 
midas, y entonces apenas puede el enfermo re- 
sistir la presión de los vestidos. Astricción de 
vientre , dureza de los materiales arrojados, 
pulsaciones de la rejion umbilical , diversas 
sensaciones que percibe el enfermo , como un 
dolor obtusa hacia los hipocondrios , ó una 
sensación de ardor ó desgarramiento , etc., ta- 
les son los síntomas principales de la enteral- 
jia. El pulso, como en la gastraljia, conserva 
su ritmo natural , aun en aquellos instantes en 



72 



ENTERALGIA. 



que mas violentos son los cólicos. Las simpa- 
tías escitadas por la enteraljia son menos nu- 
merosas y frecuentes que en la neuraljia del 
estómago. Broussais coloca entre los síntomas 
de la neurosis que nos ocupa , la sensación 
de una bola en el vientre; «que no perte- 
nece esclusivamente á las histéricas» (Cours 
de patologie et therapentique generales , t. V, 
p. 134; 1835, en 8.° Monneret y Fleury, Com- 
pendium de med. prat., t. IV, p. 264). 

El CURSO , TERMINACIÓN , CAUSAS Y TRA- 
TAMIENTO de la enteraljia, son los mismos que 
los de la gastraljia , á cuyo artículo remitimos 
al lector. 

ARTÍCULO II. 

De los cólicos. 



§. 1. — Cólico en general. 

»Se designan con esta palabra todos los do- 
lores fuertes , exacerbantes, acompañados ó no 
de retracción del vientre , y que tienen su 
asiento en esta parte, cualquiera que sea su 
causa y naturaleza. En el principio sirvió esta 
voz para espresar los dolores que se suponía 
tener su asiento en el colon. Tal es el sentido 
que le han dado Celso, Fernelio, Boerhaave y 
otros autores. Cullen le asigna por carácter un 
dolor abdominal , que se hace sentir , particu- 
larmente al rededor del ombligo, acompaña- 
do de una sensación de torcedura, de vómitos y 
de estreñimiento. Como en el dia esta palabra, 
demasiado general , solo significa un dolor del 
vientre, es muy poco usada en el lenguaje mé- 
dico, á no ser que se le añada un adjetivo que 
designe su naturaleza, sitio ó causa (cólico 
nervioso , nefrítico , calculoso). Es imposible 
trazar consideraciones generales sobre las dife- 
rentes especies de cólico ; semejante estudio, 
permitido en una época en que la localizacion 
de las enfermedades no podia fundarse sobre 
las investigaciones anatómico-patolójicas , no 
ofrecería hoy ningún interés , y por otra parte 
solo seria una acumulación confusa de multi- 
tud de elementos patolójicos incoherentes. Sin 
embargo , para hacer ver cuáles son las enfer- 
medades que han llevado el nombre de cólico, 
vamos á indicar sumariamente las especies que 
ha admitido Cullen en su nosografía. 

»Solo comprende bajo la denominación de 
cólico , los dolores que tienen su asiento en el 
ombligo, escluyendo los que residen en el es- 
tómago , hígado y bazo (cólico hepático , ne- 
frítico). Los dolores que ocupan el peritoneo, 
el epiploon y el páncreas, son semejantes á los 
de los cólicos , pero se distinguen porque en 
estos no hay calentura ni afecciones locales. El 
cólico es idiopático ó sintomático. 

»Los idiopáticos son en número de siete: 
1. a especie. El espasmódico , del cual son va- 
riedades los siguientes : A. el cólico espasmó- 
dico , propia iiicute dicho : B. el flatulento ó 



ventoso : C. el íleo fisodes , que es una varie- 
dad del anterior: D. el cólico bilioso: E. el 
pituitoso ó glutinoso: F. el íleo: G. el íleus 
de las ludias ó cólera-morbo. 2. a especie. El 
cólico de Poitou ó de los pintores, que com- 
prende: A. la raquialjia metálica (cólico de 
plomo): B. raquialjia vejetal (cólico de Poitou): 
C. el producido por el frió (cólico de Surinam, 
de Madrid , segnn algunos autores) : D. por 
causa traumática, que ha obrado sobre la es- 
pina dorsal. 3. a especie. Cólico estercoral. 
4. a especie. Cólico accidental , provocado por 
la injestion de alimentos acres, ó tomados en 
muy grande cantidad, por el enfriamiento , el 
arsénico ó las setas. 5. a especie. El cólico me- 
conial , que afecta á los recien nacidos , en los 
cuales está retenido el meconio. 6. a especie. El 
cólico calloso dependiente del encojimiento del 
colon. 7. a especie. El cólico calculoso que exis- 
te en los que han arrojado cálculos. 

«Los cólicos sintomáticos acompañan á las 
calenturas intermitentes , al histerismo , la 
preñez, la gota (raquialgia artrítica), al escor- 
buto (raquialgia escorbútica), las hernias (íleo 
hemiario) al enterocele, las enfermedades del 
páncreas, del mesenlerio, á las reglas, á las 
almorranas suprimidas, á los aneurismas de la 
aorta, y á la iinperforacion del recto en los re- 
cien nacidos. 

»Hemos referido la clasificación de Cullen, 
para dar á conocer la inutilidad de semejantes 
denominaciones, fundadas sobre la causa , sitio 
y naturaleza del fenómeno dolor , que es harto 
variable y poco seguro para servir de base á 
una nomenclatura patológica. Las únicas en- 
fermedades descritas en el dia con el nombre 
de cólico, son : el cólico de plomo, el de cobre 
y el vegetal , cuya historia vamos á bosquejar. 
El cólico nervioso merece conservar su nom- 
bre, puesto que su causa y asiento nos son 
desconocidos; sin embargo, como hemos tra- 
tado ya de todos los dolores nerviosos en los 
artículos Enteralgia y Gastralgia , no vol- 
veremos á describirle en este lugar. Para las 
otras especies de cólicos, véase: enfermedades 
del hígado, cálculos biliarios, nefritis, metri- 
tis , amenorrea, histerismo , íleo , gastralgia, 
enteralgia, concreciones de los intestinos, es- 
treñimiento, entozoarios intestinales , hemor- 
roides , cistitis, etc.» (Mou. y Fl., Comp. de 
med., prat., t. II, p. 408). 

§. II. — Cólico de plomo. 

Nomrre y etimologia — «Llamado asi por- 
que le produce la acción de las preparaciones 
de dicho metal: también se le conoce entre 
nosotros con el nombre de cólico de los pinto- 
res , y el de entripado. Los franceses le de- 
signan con mil denominaciones, coligue satur- 
nine , minerale , mclallique, rachialgie (Sau- 
vages y Astruc) ; colique des plombiers , des 
potiers, des peintres, des fondeurs , coligue 
de fumeé; goutte inteslinale; epilepsie inler- 



CÓLICO DE PLOMO. 



73 



ne; colique metallico-nerveuse (Merat) enten- 
te metalliquc (Palais). También se le ha des- 
crito en gran número de obras con los nom- 
bres de cólico de Poiteau , de Poitiers (cólico 
pictonum y no pictorum , seu pictaviensis; 
cólico de Madrid, de Devonshire , de Java, 
de Surinam ; pero estas frases solo deben apli- 
carse al cólico vegetal, que se ha observado 
muy frecuentemente en los sitios indicados, y 
que difiere esencialmente por sus causas , su 
naturaleza y tratamiento del cólico de plomo. 
Cólica pictorum , plumbariorum figulorum, 
seu figulina, metallica , saturnina de los la- 
tinos. 

«Definición". — El cólico de plomo es una 
enfermedad que ataca á los sugetos sometidos 
á la acción del plomo, y que dá lugar á dolo- 
res muy fuertes de vientre , á un estreñimien- 
to pertinaz, á vómitos biliosos, á calambres y 
parálisis ; esta afección es ordinariamente api- 
rética. 

«Alteraciones patológicas. — Si la histo- 
ria anatómica de las lesiones que se encuen- 
tran en los cadáveres de los sugetos que mue- 
ren durante el curso del cólico saturnino, ofre- 
ce todavía algunos vacios , débese por una 
parte, á la rareza de las necropsias que bay 
ocasión de efectuar, y por otra , á la infideli- 
dad de los observadores, que han procurado 
buscar los hschos, y acomodarlos á sus teorías 
de antemano escogitadas. Preguntemos desde 
luego, sobre este punto importante, los escri- 
tos de varios autores contemporáneos, á fin de 
comparar los resultados que han obtenido, con 
los recogidos por los médicos de tiempos ante- 
riores. 

«Diremos anticipadamente, que la ausencia 
de toda lesión en el tubo digestivo , forma el 
carácter esencial del cólico saturnino. Efecti- 
vamente , cuando se consultan las obras mo- 
dernas, se vé que, no habiendo complicación 
estraña á la enfermedad , la mucosa intestinal 
está sana en la mayor parte de los individuos. 
Entre quinientos ó mas enfermos atacados de 
cólico de plomo, que fueron tratados en la en- 
fermería de Lerminier, solo cinco sucumbie- 
ron ; hé aquí las lesiones encontradas por An- 
dral (Cliniq. méd., tom. II, p. 208, 3. a div.). 
En uno de los sugetos estaba sano el tubo di- 
gestivo en toda su estension (observ. I) ; en 
otro presentaba el estómago una inyección li- 
gera sub-mucosa , y tenia su color y consisten- 
cia normales; los intestinos delgados y el colon 
ofrecían las mismas particularidades (Obser- 
vación II). En la observación tercera la mem- 
brana interna del estómago estaba reblandeci- 
da , los intestinos delgados ligeramente inyec- 
tados, y también habia algunas chapas en el 
ciego. Estas lesiones, como hace notar Andral, 
se encuentran frecuentemente en los cadáve- 
res , y no pueden referirse á la inflamación. 
Coloración apizarrada del estómago hacia el 
píloro en lina estension igual á la de dos duros, 
blancura de los intestinos, puntos negros ob- 



servados en una chapa de Peyéro, y estado sa- 
no del colon , era cuanto existia en el sugeto 
de la 4. a observación. El de la quinta ofrecía 
el reblandecimiento de una porción de la mu- 
cosa del estómago; pero en este caso, como 
en los precedentes, no se puede decir que la 
lesión observada en los cadáveres, estuviese 
en relación con los síntomas. Si se consultan 
los escritos de otros médicos, se les encuen- 
tra conformes con los de Andral. El tubo di- 
gestivo se hallaba en un perfecto estado de 
integridad, en el enfermo cuya historia ha re- 
ferido Louis (Rech. anat. pathol. , sur divers. 
malad. , p. 483). 

»En las obs. 25 y 26 recogidas por Merat, 
estaba sano el estómago, y los intestinos delga- 
dos presentaban una ligera inyección (Trait. 
de la colig. metall , 2. a edic. , 1&12 , pág. 216 
y sig), en las observ. 23 , 24 y 27 , apare- 
ció el tubo digestivo exento de alteración en 
toda su estension, en la veinte y ocho ofrecía 
manchas mas ó menos estensas, sub-peritonea- 
les, de un color violado pálido , y la mucosa 
estaba natural; en la veinte y nueve habia 
muchas estrecheces y cuatro invaginaciones; 
en la trigésima existía complicación de perito- 
nitis y perineumonía. 

» También ha sido observada la integridad 
de la membrana mucosa intestinal , por Corbin 
(Gaz. méd. , t. I ; 1830), Rufz (Compte rendu 
de la Cliniq. de M. Rullier , p. 22), Tanque- 
rel-Desplanches (Essai sur la paralysie de 
plomb. , disert. inaug.; 1834), Martin (dissert. 
inaug., núm. 117; 1829), Martínet (Revue 
méd., p. 29), Grisolle (Essai sur la coliq. de 
plomb., dissert. inaug., núm. 189; París, 1835), 
Nivet (Mém. sur le deliré , les convulsions et 
í épilepsié produils par les préparations de 
plomb. , en la Gaz. méd. , núm. 48 ; 1836 , y 
números 2,4,7; 1837). 

«Nivet ha consignado en su obra el si- 
guiente resumen de las alteraciones halladas 
en los cadáveres de los enfermos observados 
por los autores que se acaban de citar: Tubo 
digestivo sano en toda su estension , 8 veces: 
— Estómago y colon sanos ; rubicundeces ó li- 
gera inyección en los intestinos delgados , sin 
reblandecimiento de la mucosa ; folículos mu- 
cosos hipertrofiados en algunos casos, 6 ve- 
ces. — Estómago enfermo , vestigios de gastri- 
tis crónica , intestinos delgados y colon sanos, 
con una rubicundez muy ligera, 7 veces. — 
Inyección ó ligera rubicundez en el estómago 
y en los intestinos delgados; colon sano, 4 
veces.— Tubo digestivo sano , manchas subpe- 
ritoneales violáceas, una sola vez.— Inyección, 
manchas rojas, leve hipertrofia de los folículos 
del tubo digestivo, reblandecimiento de la mu- 
cosa intestinal en una corta estension , 2 veces. 
En cuatro casos no se han descrito las altera- 
ciones (Miquel , Bull. ther. , t. VI, pág. 257; 
Cazeaux , Bull. de la Soc. d' Anat. , núm. 4; 
183V). Tenemos , pues , un total de treinta y 
dos autopsias , en que , á escepcion de cuatro 



7V 



CÓLICO DE PLOMO. 



casos, se ha examinado el tubo digestivo con el 
mayor cuidado (Nivet, mem. cit., p. lOi). 

»Be los hechos que anteceden se puede 
concluir, que la rubicundez , la inyección , el 
reblandecimiento parcial y limitadísimo de la 
mucosa gastro-intestinal , son accidentes que 
faltan en el mayor número de los casos; que 
cuando existen, sería poco racional referirlos á 
una flegmasía de los intestinos; que son co- 
munmente efectos ó complicaciones de la en- 
fermedad , y que es imposible ver en el có- 
lico saturnino una especie particular de en- 
teritis. 

»Mérat pretende que todas las lesiones se 
limitan á simples estrecheces de los intestinos 
gruesos, particularmente del colon (ob. cil., 
pág. 228), y que la membrana muscular es la 
que principalmente sufre la acción del plomo. 
Nunca se ha observado en los intestinos el me- 
nor rastro ni señal de polvos ni capas metáli- 
cas, como han asegurado algunos autores. 

«Hánse presentado en oposición á las aber- 
turas cadavéricas que acabamos de referir, las 
consignadas en la memoria de Bordeu (Rech. 
sur ''le trait. de la col. metall. , en OEuvres 
completes , por Richerand , p. 496, y sig.). 
Efectivamente, en sentir de este médico, se 
han presentado en los sugetos, cuyas obser- 
vaciones refiere, los desórdenes mas graves y 
variados, desde la inyección de las membra- 
nas hasta la gangrena. Y no solamente residían 
estas lesiones en los intestinos, las habia igual- 
mente en el hígado, en el bazo y en el epi- 
ploon; y hasta el corazón y los pulmones, dice 
Bordeu, que no estaban exentos de enfermedad. 
Conviene iududablemente hacerse cargo de es- 
tos resultados necroscópicos observados por 
Bordeu ; poTque son los únicos que poseemos 
de mucho tiempo á esta parte. Los que consi- 
deran al cólico de plomo como de naturaleza 
inflamatoria, no se han descuidado en repro- 
ducirlos en apoyo de su doctrina; pero la aten- 
ta lectura de los hechos truncados é incomple- 
tos contenidos en la obra de Bordeu , demues- 
tra de la manera mas decisiva, que ha conside- 
rado como víctimas del cólico saturnino á suge- 
tos que han muerto de neumonía , de peritoni- 
tis, y de flegmasía intestinal , «alucinado, dice 
Merat , por la circunstancia de que estos su- 
getos eran todos de una profesión en que se 
emplea el plomo ó sus preparados.» Sin em- 
bargo, á pesar de la inexactitud y falta de da- 
tos que se advierte en estos hechos , se los 
ha considerado mucho tiempo como pruebas 
irrecusables de la naturaleza flegmásica de la 
enfermedad. Palais persiste en no ver mas que 
las consecuencias desastrosas de la inflama- 
ción en las rubicundeces, en las ulceraciones, 
en la gangrena y en la mayor parte de las le- 
siones que describe Bordeu [Traite pralique 
sur la colig. metall. por B. Palais, pág. 85 y 
siguientes; Paris 1825). No creemos que en 
el dia se pueda sostener esta doctrina, ni apo- 
yarse en hechos tan dudosos, que están en 



manifiesta contradicción con las observaciones 
mas modernas. 

«Bástenos por ahora mencionar las obser- 
vaciones de Desbois de Rochefort , quien vio 
el conducto intestinal flogoseado y gangrenado, 
y el estómago escirroso (Mat. méd.) ; las de 
Henckel, que supone las mismas alteraciones, 
sin haber inspeccionado nunca un solo cadá- 
ver; y las de Zeller (Joh. Zeller et Im. Weis- 
mann, Docimasia signa, causee el nocca vi~ 
ni lithargirio mangonisati: Tub, 1707 , en 
Haller Disputal, p. 233, t. III), quien ha exa- 
gerado mucho los efectos de los vinos litargira- 
dos, á los cuales refiere las desorganizaciones 
del hígado , del bazo, y aun del pulmón (pá- 
gina 2i0) , las hidropesías , la calentura , el 
marasmo, etc. (p. 254). 

»Pison, Jungken y Wepfer han hablado 
de contracciones del vientre, pero sin decir si 
las han encontrado en el cadáver. De Haen ha 
visto el intestino delgado tan encojido , que 
apenas tenia el grosor del dedo pequeño (Ra- 
tio medendi , tom. II, p. 35). Andral, Merat 
y Wilson han encontrado también esta reduc- 
ción ó constricción. Tronchin comete un error 
imperdonable, «uando refiere que Senac habia 
hecho la anatomía de cincuenta cadáveres de 
personas muertas del cólico de plomo , y cuyas 
visceras se encontraron intactas ; porque es 
imposible que Senac haya tenido ocasión de 
inspeccionar á tan crecido número de suge- 
tos, á no ser que la mortalidad fuese mayor 
entonces que en nuestros dias; por de contado 
que los que conocen el espíritu científico de 
Tronchiu saben á qué atenerse respecto á sus 
aserciones '(De cólica Piclonum, pág. 116; Ge- 
nova , 1757). 

»Hay una serie de accidentes graves, que 
ocasionan algunas veces la muerte de los su- 
getos acometidos del cólico de plomo ; tales 
son el delirio, el coma , la epilepsia, las con- 
vulsiones , las parálisis. ¿Cuáles son las lesio- 
nes que les corresponden? No haremos mas 
que indicarlas ligeramente, puesto que su his- 
toria pertenece á otros parages de esta obra 
(Véase Afecciones cerebrales). En veinte y 
cuatro casos en que se examinaron atentamente 
la médula, el cerebro y las meninges, y cuyo 
origen bibliográfico señala ó menciona Nivet 
(Mémoire sur la delire, etc. Gazet. méd., 1837, 
pág. 103) , la médula y meninge raquidiana 
estaban sanas, 6 veces; — la médula reblande- 
cida, las meninges inyectadas , el líquido ce- 
falo-raquidiauo abundante, 2 veces; — la parte 
inferior de la médula reblandecida , 1 vez; — 
el cerebro y las membranas que le envuelven 
con toda su integridad, 9 veces ; — el cerebro hi- 
pertrofiado, pero sin otra alteración , 6 veces; 
— el cerebro sano, las meninges engrosadas, 
inyectadas, adherentes , 1 vez; — el cerebro 
reblandecido en algunos puntos, k veces; — cis- 
ticerco en el cerebro y en las meninges, 1 vez. 
— No es poco sorprendente esta ausencia de 
lesiones, aun en casos en que se han manifes- 



CÓLICO DE PLOIHO 



75 



tado varios fenómenos morbosos, como delirio, 
convulsiones y parálisis , que debían persuadir 
que el sistema nervioso habia esperimentado 
profundas alteraciones, fáciles de apreciar. 
Asi como los intestinos no presentan lesión 
alguna , asi también el eje encéfalo-raquidia- 
no, carece de todo vestigio de los desórdenes 
que han podido existir durante la vida. Algu- 
nas veces se ha encontrado una serosidad abun- 
dante , derramada en la cavidad de la arac- 
noides (Tanquerel , thes. cit. , obs. V); poro, 
¿se puede afirmar que la presencia de este lí- 
quido era la causa de los fenómenos morbo- 
sos observados durante la vida? y ademas esta 
serosidad no existia en todos los casos. Astruc 
habla de ingurjitacion de la médula , pero los 
hechos últimamente observados están en des- 
acuerdo con sus aserciones, dictadas sin duda 
por una teoría, cuyo valor discutiremos mas 
adelante. 

»Ha visto Grisolles en dos sugetos muertos 
de epilepsia saturnina, las circunvoluciones ce- 
rebrales generalmente aplastadas, casi borra- 
das las anfractuosidades, y disminuida por to- 
das partes la consistencia del cerebro; en uno 
de ellos tenia la médula menos cohesión que 
en el estado normal : no habia inyección en 
ninguno de los dos casos. Estos reblandeci- 
mientos sin modificación del color de la sus- 
tancia nerviosa, no prueban que haya altera- 
ción en los centros nerviosos ; porque se los 
encuentra en sugetos, que no han presentado 
síntoma alguno que se pueda referir á seme- 
jante alteración patológica. Iguales conclusio- 
nes se deducen de los hechos citados por Laen- 
net , Nivet, Miquel y Cazeaux. 

»SlNTOMATOLOGIA DEL CÓLICO SvTCRNIXO. 

Invasión. — El principio de esta afección no es 
repentino; por lo común la constitución de los 
sugetos que viven espuestos á las emanaciones 
saturninas, recibe un ataque profundo , anun- 
ciado por los fenómenos siguientes : la cara 
está pálida, amarillenta, ó de un gris aploma- 
do; los ojos tienen un tinte ictérico, algunas 
veces muy pronunciado; la espresion del ros- 
tro es triste y atestigua el sufrimiento, aun- 
que el enfermo no haya esperimentado aun ni 
sentido síntoma alguno del mal que vá bien 
pronto á atormentarle. Dice Stoll que la cara 
y el aspecto de los ojos tienen alguna cosa 
particular, un carácter análogo al que ofrece 
la enageuacion mental (Méd. prat. , t. XI). El 
enflaquecimiento es también una consecuencia 
frecuente de la larga permanencia de los suge- 
tos en las fábricas de albayalde ; suele llegar 
á un alto grado, aunque las funciones digesti- 
vas se efectúen como eji el estado normal ; lo 
cual parece confirmar la opinión de Laennec, 
quien atribuía á las preparaciones del plomo 
una acción deletérea sobre la hematosis. 

»La influencia general ejercida por el plomo 
en toda la economía , y que se manifiesta por 
dicho enflaquecimiento y color amarillo de la 
piel , no la sienten con la misma prontitud ni 



con igual intensidad todos los individuos , y 
por otra parte no siempre anuncia la proxi- 
midad del mal. Grisolles hace observar que el 
color amarillo es un fenómeno, muy común que 
se manifiesta á los 27 dias , poco mas ó menos, 
en mas de las dos terceras partes de los traba- 
jadores (20 veces de 28. — Thes. cit. , p. 26). 

»Stoll ha pretendido que los trabajadores 
empleados en la fabricación del albayalde tenían 
el pulso mas duro, mas tenso y mas lleno. 

» Síntomas precursores. — Existe cierto nú- 
mero de síntomas, que pueden hacer sospecbar 
á las personas que observan y vigilan la salud 
y robustez de los artesanos, la próxima presen- 
tación del cólico saturnino; tales son, la colo- 
ración gris , aplomada de la cara; la espresion 
de sufrimiento de su aspecto, la disminución y 
pérdida del apetito; los dolores sordos en el 
vientre , la rareza y la dificultad de las escre- 
ciones ventrales, la dureza y color negruzco de 
las materias fecales, y algunas veces la diarrea, 
seguida muy pronto de estreñimiento ( Griso- 
lles ). Ademas le preceden náuseas, vómitos, 
retracción del vientre ( Merat , loe. cit. , pá- 
gina 44- ), insomnio, cefalalgia y dolores en los 
miembros (Merat y Thomas; Thesis sobre la 
toracoscopia , etc., núm. 68; 1823). Re- 
nauldiu mira como el verdadero signo precur- 
sor el entorpecimiento de las estremidades su- 
periores é inferiores. Estos síntomas duran un 
tiempo variable, y no impiden al artesano de- 
dicarse á su trabajo; solo le obligan á interrum- 
pirle cuando adquieren mayor intensidad. La 
invasión del cólico saturnino es casi siempre 
lenta y graduada; hasta después de un tiempo 
mas ó menos largo no se declara la afección 
con todo su aparato de síntomas. Algunas ve- 
ces son los sugetos acometidos de repente ; «pe- 
ro es necesario confesar, dice Merat, que esta 
invasión es bastante rara , puesto que de cien 
sugetos apenas se encuentra uno que haya si- 
do invadido de esta manera.» (Loe. cit. , pá- 
gina 45.) 

«Los síntomas mas característicos y cons- 
tantes de la enfermedad son los dolores abdo- 
minales y el estreñimiento. Los dolores, ó cóli- 
cos, pueden ocupar la región umbilical, la hi- 
pogástrica , la epigástrica ó todo el vientre , y 
no solo invaden esta región , sino que se pro - 
pagan á las fosas iliacas , á los hipocondrios , á 
los ríñones , á los cordones espennáticos y á los 
muslos. Astruc pretende que no tiene el dolor 
su asiento en el vientre, sino en los nervios 
que parten del raquis (Ergo morbo, cólica Pic- 
tonum dicto , vene sectio in cubito : Disert. ¡n 
Hall. , Dispalat. , t. III, pág. 265); Gardau 
dice que resulta de la compresión qne ejer- 
cen las materias endurecidas sobre las paredes 
de los intestinos ( Essai sur la colique meta- 
llique , pág. 202 ) ; Desbois de Rochefort le 
hace depender de la distensión ó enrarecimien- 
to del aire en el tubo intestinal; Merat cree que 
reside esencialmente en los intestinos delgados 
y "ruesos , y que es debido al estreñimiento y 



76 



CÓLICO DE PLOMO. 



á la constricción espasmódica que constituye la 
enfermedad ( pág. 53 ). 

»Sea cual fuere la causa y el sitio de los có- 
licos, tienen algunas veces tal intensidad, que 
arrancan gritos descompasados á los enfermos 
mas sufridos. En este caso no son continuos; 
vuelven por accesos, ya por la tarde , ya por la 
noche. Otras veces son obtusos , continuos , y 
los comparan los enfermos á una constricción ó 
á un peso considerable que tuvieran en el vien- 
tre. En ocasiones son lancinantes, pungitivos ó 
semejantes á picaduras ó á tiranteces ejercidas 
en los intestinos. En una palabra, nada hay mas 
variable que las sensaciones á que suelen dar 
lugar. Guando son los cólicos muy dolorosos 
dan los enfermos gritos, se agitan y revuelcan, 
cambiando incesantemente de lugar, buscando 
una postura que les alivie y que no encuentran; 
al mismo tiempo espresa su rostro la ansiedad 
que esperimentan , y les dá hasta cierto punto 
una semejanza á los sugetos atacados de peri- 
tonitis (1) ; se acelera la respiración , porque el 



(1) Sin negar este hecho que presentan los auto- 
res, relativo al aspecto que ofrece la cara de los 
enfermos envenenados por el plomo , no hubiera es- 
tado por demás , ni fuera en nuestro concepto in- 
fructuoso, señalar la época y estado en que debe ha- 
llarse la peritonitis, para presentar el aspecto de la 
cara que aproximan los autores al de la enfermedad 
que van describiendo. Efectivamente que hay algu- 
na semejanza ; pero si queremos ser tan exactos co- 
mo lo requieren los hechos, es preciso convenir en 
que no existe rigorosa analogía. La peritonitis agu- 
da intensa , que es la que tiene el triste atributo de 
alterar la fisonomía de un modo particular, ofrece al 
ojo penetrante del observador los siguientes caracte- 
res: se presenta la rara algún tanto animada y un 
poco vultuosa, los ojos brillantes, movibles, con al- 
guna inyección en la conjuntiva ; los bordes de los 
párpados encendidos , tanto que á veces se hallan 
como ribeteados de encarnado, por lo que nuestro 
apreciabilísimo maestro el doctor D. Juan Mosácula 
designaba á este estado de los ojos con el nombre 
sencillo, pero significativo, de ojo de perdiz; los 
músculos subcutáneos demuestran su acción por me- 
dio de las arrugas que imprimen á la piel que los 
cubre, la cual sigue la dirección que le obliga á to- 
mar la contracción mas ó menos enérjica de los ha- 
ces musculares, particularmente en la frente y en- 
trecejo. Este estado , que indica el sufrimiento mor- 
tal que esperimenta el enfermo , no ofrece analogía 
con el que presenta la cara que los autores describen 
en el cólico de plomo : sin duda es en el último pe- 
riodo de la peritonitis aguda ó en la crónica donde 
hemos de buscar esa semejanza ; pero aun en estos 
casos , si bien pueden presentarse las arrugas de la 
cara y la movilidad de los ojos , varía necesariamen- 
te el colorido de la fisonomía , y faltan el ribete en- 
carnado de los bordes de los párpados y la brillan- 
tez y arborizacion sanguínea ligera de la conjuntiva: 
el color de la cara de los que padecen el cólico de 
plomo , ya se ha dicho, y con exactitud práctica, que 
es gris ó aplomado, cuando en la peritonitis cróni- 
ca ó en su último periodo es pálido ; aquellos tienen 
la cara consumida, y estos, aunque haya desaparecido 
la poca vultuosidad que le daba la intensión de los 
síntomas , y aunque haya precedido un tratamiento 
debilitante, en un grado, si se quiere, superior á la 
intensidad del mal , no presentan el enflaquecimiento 



temor que tienen los enfermos de aumentar el 
dolor por medio de las grandes inspiraciones, les 
obliga á no dilatar mucho la cavidad torácica ni 
á contraer fuertemente los músculos del pecho. 
Los accesos repiten sin causa conocida, y no se 
ha demostrado que sean mas frecuentes de no- 
che que de dia. 

»EI carácter del dolores no aumentarse por 
la presión, y aun muchas veces aliviarse apre- 
tando sobre el vientre : de 52 sugetos afec- 
tados de cólico saturnino, en 40 produjo alivio 
la presión, en 7 no se aumentó ni se disminuyó 
el dolor por esta maniobra, y finalmente en cin- 
co casos se exasperó el dolor (Grisolles, Thesis 
citada , pág. 32). Los enfermos, que pronto 
llegan á conocer las ventajas de la presión, 
procuran proporcionársela, unas veces echándo- 
se sobre el vientre, sobre el borde de su cama, 
ó sobre una mesa , y otras apretándose fuerte- 
mente con un lienzo ó con las manos. Fernelio 
habla de un pintor de Angevin, cuyos dolores 
intolerables solo se aliviaban ó disipaban su- 
biéndose tres ó cuatro hombres sobre su vien- 
tre (tres qualorve robustos homines ventri su- 
perpositos suslinere ; en Univers. med. , nú- 
mero 230). Merat dice haber conocido una mu- 
jer que recurrió á este medio. Nótese cuan di- 
ferente es este dolor del que acompaña á una 
peritonitis ó enteritis , y que la menor presión 
exaspera y hace insoportable. 

»Con todo, aun cuando comunmente ofrez- 
ca el dolor este carácter en el cólico saturnino, 
no es cotistante y no puede considerarse como 
patognomónico. «En no pocos casos la presión 
es dolorosa, de suerte que se necesita la concur- 
rencia de otros síntomas para conocer Ja en- 
fermedad.» (Merat. ) 

«Cuando se trata de comprobar este dolor 
es preciso no apoyar de pronto la mano sobre 
el vientre, sino de una manera gradual , pues 
entonces , aun cuando se comprima con mu- 
cha fuerza , no esperimenta el enfermo ningún 
sufrimiento. Los cólicos que se exasperan á 
consecuencia de la palpación no son por eso mas 
graves ni mas intensos ; estas variaciones de- 
penden sin duda de la constitución de los suge- 
tos ó de alguna complicación de la enfermedad. 
Se ha querido esplicar el alivio que esperimen- 
tan algunos enfermos diciendo, que como es la 
contracción de los intestinos la causa del dolor, 
si se les llega á comprimir entre las materias 
estercorales y la pared del vientre, debe cesar 
dicha contracción de las túnicas, y con ella el 



de los primeros; finalmente , la brillantez, la Iinv- 
pieza que en este estado ofrece la adnata de los 
afectados de peritonitis, a'un cuando se haya iniciado 
un derrame seroso en el vientre, no la tienen los en- 
fermos del cólico de plomo. Aunque estas observa- 
ciones no añadan mucha importancia al diagnóstico, 
la afición y el interés que nos hispirán las fieles des- 
cripciones de los autores nos obligan á esponerlas pa- 
ra que el lector las aprecie en su justo valor. 
(N. de los T.J 



CÓLICO DE PLOMO. 



77 



padecimiento (Merat). Dehaen , por el contra- 
rio, refiere precisamente el dolor á esta causa 
(Dehaen, De cólica pictonum; en Ratio me- 
dendi, t. II , pág. 35 ). 

^Retracción del vientre. — Puede el dolor 
ir ó no acompañado de retracción del vientre. 
Se ha querido igualmente hacer de esta retrac- 
ción un carácter patognomónico del cólico; pero 
aunque se presenta muy á menudo, también 
falta en gran número de casos. De cuarenta y 
seis enfermos , treinta y uno no ofrecieron el 
vientre ni voluminoso ni retraído; quince le tu- 
vieron retraído, pero aun en estos era tan poco 
marcada la retracción, que fué preciso exami- 
nar el vientre con cuidado, para que se pudiese 
comprobar su existencia. (Grisolles, Thes. cit.) 
Esta manifestación confirma la opinión emitida 
hace mucho tiempo por Andral, á saber: «que 
también es común encontrar el vientre con su 
forma y dimensiones naturales , y aun mas 
abultado que de ordinario.» {Clin, med., t. XI, 
p. 226.) No consiente la observación admitir 
con Merat, que es tanto mas intenso el cólico 
cuanto mas retraído está el vientre. Queriendo 
el mismo autor esplicar este fenómeno, lo atri- 
buye á la contracción del tubo intestinal , que 
disminuyendo de volumen y retrayéndose ha- 
cia el raquis , obliga á la pared del vientre á 
seguir este movimiento , probablemente por 
efecto de la presión atmosférica. Bouillaud pre- 
gunta con este motivo, si no dependerá la re- 
tracción del vientre de una contracción espas- 
módica de los músculos abdominales ( art. co- 
liqce; Dict. de med. et de chir. prat. , pági- 
na 312). Esta opinión nos parece mas conforme 
con la interpretación rigorosa de los hechos. 

«Pisón, Dehaen y otros han hablado de la 
constricción del ano: Dehaen dice que la ha en- 
contrado en tres casos (loe. cit. , pág. 36). Al- 
gunos médicos le atribuyen las dificultades in- 
superables, quedicenhaberse esperimentado pa- 
ra introducir la cánula de una geringa con el 
objeto de administrar lavativas. No ha compro- 
bado Chomel semejante observación ( Dict. de 
med. , 2. a edic. , art. colique , pág. 38'* ). 

»Los trastornos de las funciones díjestivas 
suministran signos que merecen la mayor aten- 
ción. La lengua está ordinariamente húmeda, 
sonrosada, cubierta ó no de una capa blanca ó 
amarilla en su base ( Louis, calent. tifoid., to- 
mo II , pág. 103) ; las encías y los dientes pre- 
sentan algunas veces una coloración negruzca, 
debida tal vez á un sulfuro de plomo. Palais 
ha observado unos dolores dentarios semejantes 
á los que se esperimentan después de haber co- 
mido frutas acidas, los cuales se desarrollan 
principalmente en los enfermos que sufren gran- 
des padecimientos f Traite' pr a tique sur la co- 
lique metall. , 1825 , pág. 109). Otro observa- 
dor ha notado igualmente en un caso cierto en- 
torpecimiento, que duró muchos dias seguidos, 
y en otro enfermo latidos ó punzadas violentas 
en el trayecto del nervio dentario (Grisolles). 
Nosotros los hemos comprobado en un sugeto 



que los habia ya sufrido en un cólico saturni- 
no precedente ; pero es preciso advertir que 
antes de las afecciones saturninas habia pade- 
cido una neuralgia facial. 

»La sed es moderada y á veces nula ; las 
náuseas , los vómitos han existido treinta y dos 
veces entre cuarenta y seis casos (Grisolles). 
Aparecen comunmente desde el principio del 
mal, y suelen cesar dos dias después de es- 
tablecido el tratamiento; en otros sugetos per- 
sisten hasta la declinación. Henckel pretende 
que los enfermos que vomitan están menos gra- 
vemente afectados (Pyretologia, pág. V76): Stoll 
profesa la misma opinión. Las materias vomi- 
tadas son de un verde porraceo, muy amargas 
y poco abundantes. El hipo se observa muy ra- 
ra vez ; no asi los borborigmos , que son bas- 
tante frecuentes. 

Constipación ó estreñimiento. — »La astric- 
ción de vientre es uno de los síntomas mas 
esenciales del cólico saturnino ; existe desde el 
principio de la enfermedad, precede á los dolo- 
res del vientre, y contribuye á producirlos, 
porque no tardan en desaparecer tan luego co- 
mo se ha restablecido la escrecion de las mate- 
rias fecales. Asi es que todos los autores han 
tomado en consideración el estreñimiento al 
establecer el tratamiento de la enfermedad, 
y aun algunos le consideran como la única 
causa de los accidentes. ( Gardane. ) Cuan- 
do el mal está ya caracterizado, la escrecion 
délas materias fecales es tardía, rara, difí- 
cil , y exije frecuentes esfuerzos ; si el sugeto 
consigue arrojar alguna parte de ellas , la for- 
man pequeñas porciones, endurecidas, negras, 
semejantes á los escrementos de las cabras, ó 
de las ovejas (materias apelotonadas) : no se 
presentan líquidas hasta después de la admi- 
nistración de los drásticos. Algunas veces, aun- 
que raras, hay vómitos. Se ha considerado al 
estreñimiento como una consecuencia de la 
constricción ó reducción progresiva del con- 
ducto intestinal , que llegando á cierto grado, 
no permite la espulsion de las materias acumu- 
ladas. 

»Se ha creído que existia plomo en las vias 
dijestivas ; Merat , que ha analizado los escre- 
mentos, nunca ha podido comprobar la nías 
pequeña cantidad de este metal. Tampoco se ha 
encontrado en las orinas la menor partícula 
(loe. cit. , p. 118 y siguientes). 

»La ausencia de calentura es también una 
circunstancia importante y digna de notarse. 
Efectivamente, parece estraño que la circu- 
lación conserve su ritmo natural , y aun se 
retarde en medio de los sufrimientos que aque- 
jan á los pacientes : de cincuenta enfermos que 
ha observado Merat en el hospital de la Cari- 
dad , tres únicamente tuvieron calentura. Casi 
no hay necesidad de refutar la errónea aserción 
de los que, guiados por miras puramente teóri- 
cas , han pretendido que se alteraba el siste- 
ma circulatorio; porque todos los autores es- 
tan conformes en decir que no se acelera el 



78 



CÓLICO DE PLOMO. 



pulso mas que en el estado normal, ó que si so- 
breviene eu él alguna modificación, consiste en 
una lentitud muy marcada en sus contraccio- 
nes. Se ha visto retardarse el pulso desde 80 
pulsaciones hasta 50, y aun 48; algunas veces 
se mueve con mas viveza; pero entonces exis- 
ten complicaciones inflamatorias, ó lesiones or- 
gánicas concomitantes. 

»La dureza del pulso es también un carác- 
ter que tiene cierto valor en concepto de algu- 
nos médicos. Stoll compara las pulsaciones ar- 
teriales á un hilo de hierro muy tirante, que hi- 
riese al dedo con un movimiento igual, lento 
y vibrante. Según él , cuando recobra el pulso 
su frecuencia y flexibilidad ordinarias , es señal 
de que el enfermo entra en convalecencia. Len- 
tin y Merat han comprobado muchas veces la 
exactitud de esta observación. Sin embargo, 
no ofrece siempre el pulso la espresada dureza, 
aunque Stoll dice no haber visto mas que una 
escepcion de semejante ley. 

»La respiración es bastante tranquila; aun- 
que algunas veces se acelera de un modo pasa- 
gero cuando son mas violentos los dolores, por- 
que el paciente la retiene pareciéndole que ha 
de exasperarlos. En ocasiones es la respiración 
bastante incómoda y penosa, para que los auto- 
res hayan incluido el asma entre los síntomas 
propios de esta dolencia. También se ha obser- 
vado ronquera y afonía. La temperatura de la 
piel permanece como en el estado sano. 

«Dance , y Stoll antes que él , han adverti- 
do que en esta enfermedad se interrumpía de 
pronto la emisión de la orina ; lo común es que 
salgan difícilmente las orinas , y ocasionen 
fuerte calor y escozor en el conducto uretral; 
el líquido arrojado suele estar mas encendido 
que en el estado normal; aunque á veces por 
el contrario aparece mas descolorido (Merat). 
No se sabe si es ácido ó alcalino ; Grisolles di- 
ce que en un caso gozaba de propiedades aci- 
das. Puede el plomo dar lugar por su introduc- 
ción en la economía á una alteración de los lí- 
quidos , á una verdadera intoxicación, que se 
manifiesta en algunos casos por la aparición de 
una ictericia, que Tanquerel ha designado con 
el nombre de saturnina (anestesia saturnina 
ó parálisis del sentimiento producida por el 
plomo, por Tanquerel, en el diario L Expé- 
rience; 5 de febrero , núm. 19 , 1838). 

»EI sistema nervioso no parece afectado en 
mayor grado que los demás sistemas. Los fuer- 
tes dolores que los enfermos esperimentan en 
el abdomen, se estienden algunas veces hasta los 
miembros superiores ; pero mas frecuentemen- 
te sufren estos unos calambres que ocupan los 
músculos del antebrazo , y en particular los 
flexores. Según Grisolles, las estremidades in- 
feriores son con mas frecuencia afectadas que 
las superiores; Merat ha obtenido un resultado 
opuesto. También habla Grisolles de unos dolo- 
res fuertes , lancinantes, dislacerantes hacia la 
parte superior é interna de los muslos , que en 
dos casos parecían seguir el trayecto de los ner- 



vios ciáticos ; cinco enfermos se quejaron de 
hormigueos , de picotazos , de punzadas en las 
plantas de los pies, que se aumentaban en ge- 
neral por el calor y la permanencia en cama, 
y disminuían por la aplicación del frío, impi- 
diendo algunas veces la progresión (les. cil., 
p. 42). 

»Astruc ha insistido mucho sobre el sitio y 
naturaleza de los dolores que ocupan la región 
lumbar, haciendo, no sin razón, observar su 
escesiva movilidad. Efectivamente, se propagan 
hasta las paredes del pecho, á los brazos , á las 
ingles , á los testículos , á los muslos y á las 
piernas (dissert. cit. en Haller Dispulat., 
t. III, p. 206.) A veces son independientes del 
dolor abdominal ; comunmente se limitan á las 
masas musculares que llenan los canales raqui- 
dianos; pero mas ordinariamente se irradian al 
tronco y á los miembros de la manera indicada. 
Preciso es conocer que tiene este síntoma mu- 
cha analogía con el dolor sintomático de una 
afección de la médula espinal , y que la opinión 
de Astruc , que hacia del cólico saturnino una 
raquialgia , está apoyada en observaciones bas- 
tante especiosas ; las pruebas de su teoría son 
la forma del dolor, que tienealgo de neurálgico, 
su aparición repentina , su desaparición súbita, 
y el padecimiento que determina la presión so- 
bre el raquis. 

»Las punzadas que parecen seguir el cor- 
don espermático van acompañadas en gran nú- 
mero de enfermos de retracción de los testícu- 
los : se ha observado la de los dos órganos en 
las tres cuartas partes de los casos citados por 
Grisolles; cuando se afectaba uno solo era 
siempre el del lado izquierdo. Hállanse á veces 
estos órganos tan doloridos como si estuvieseu 
acometidos de una orquitis , y el sugeto se ve 
obligado á sostenerlos con la mano ó con un 
suspensorio. Los dolores de las partes genitales 
se exasperan cuando los cólicos, y parecen ser 
entonces irradiación de los dolores abdominales; 
del mismo modo se continúan con los de los 
lomos. La presión del testículo basta para 
ocasionar un dolor fuerte, agudo, aun cuando 
no haya tumefacción ni rubicundez en el escro- 
to. Las tiranteces de las bolsas testiculares son 
reemplazadas en ocasiones por dolores sordos, 
vagos , que tienen su asiento hacia el pubis, á 
las inmediaciones de la raiz del miembro viril, 
ó en la pequeña pelvis: en las mujeres rara vez 
se observan. 

»Desbois de Rochefort y Gardane han pre- 
tendido que los dolores de los miembros adqui- 
rían mayor intensidad durante la noche. Stoll 
adelanta aun mas, y asienta que este acrecen- 
tamiento es mas marcado en el cólico saturni- 
no que en la sifilis. Merat ha hecho la misma 
observación, pero solo en cierto número de 
casos. 

»En el curso de esta enfermedad pueden 
sobrevenir desórdenes nerviosos muy graves, 
tales como la parálisis, las convulsiones, el 
delirio , la epilepsia y la amaurosis. No haré- 



CÓLTCO DE PLOMO. 



79 



mos mas que indicar la conexión y enlace que 
tienen estos fenómenos nerviosos con el cólico 
saturnino , porque deben describirse cuidadosa 
y minuciosamente en otros capítulos (Véase en- 
fermedades del sistema nervioso). La parálisis 
puede ser un síntoma consecutivo ó actual de 
la afección, y aun puede existir , faltando los 
demás síntomas; lo cual prueba que no es sim- 
pática de la afección intestinal. Se presenta or- 
dinariamente en sugetos que han contraído mu- 
chas veces la enfermedad; con todo también se 
observa en algunos que han padecido el cólico 
por primera vez (Andral, Cliniq. med., loe cit., 
pág. 2*28). La parálisis afecta* de ordinario los 
músculos estensores de la mano (i) , de donde 
resulta una flexión permanente de los dedos, 
incluso el pulgar, á consecuencia del predo- 



(1) Sería, amas de curioso para los fisiólogos, inte- 
resante para los práclieos, la investigación, sino hasta 
la evidencia, á lo menos lo suficiente para tranquili- 
zarnos, del motivo por qué ataca de preferencia la pará- 
lisis los músculos eslensvres de losdedos déla mano, 
perdonando, según creen los patólogos, á los músculos 
flexores; y aunque pudiera haber alguno que creyera 
ó sostuviera que el predominio de acción de los mús- 
culos flexores de los dedos que demuestran los gafos 
pudiera ser morboso , y sobrepujar por efecto de la 
enfermedad que lo produce, la acción puramente na- 
tural de que están dotados los estensores, todavía 
quedaba en pie la misma dificultad , pues se mani- 
festaría entonces la acción morbosa en favor de los 
flexores. Adviértese, sin embargo, una diferencia 
muy notable , y es que en el primer caso , que es el 
comunmente admitido, el de la parálisis de loses- 
tensores , existiría una influencia morbosa atónica, de 
debilidad, de falta de acción ; y en el segundo su- 
puesto sería este influjo morboso en los flexores, es- 
ténico , de aumento de acción y de energía. Va com- 
prendemos que estos mismos fenómenos de paráli- 
sis de los músculos que se ven arrastrados por los 
antagonistas , como sucede en la cara y aun en las 
estremidades, en algunas lesiones cerebrales, se es- 
pliquen por los puntos afectados en el encéfalo; pero 
en el caso presente si , según viene dicho , permanece 
el sistema nervioso en su estado normal, no sabemos 
cómo pueda darse una contestación satisfactoria. Si 
los autores que se han dedicado al estudio del cólico 
de plomo han visto lo suficiente para inclinarse en 
favor de la no lesión del sistema nervioso encéfalo- 
raquidiano , como parecen demostrarlo los detalles 
minuciosos de las autopsias , no sabemos por qué 
medio esplicarán los fenómenos paralíticos, ni cómo 
satisfarían á los cargos que pudieran dirijirles los fi- 
siólogos y patólogos que admitiesen la lesiou del sis- 
tema nervioso central cerebro-espinal. No basta, en 
nuestro concepto , que los cadáveres no presenten á 
los anatómicos muestras de las que ellos reputan evi- 
dentes de anteriores padecimientos ; porque aun no 
se sabe bien cómo padece, ni qué aspecto presenta su 
estructura anatómica cuando padece : para esto era 
preciso conocer de antemano cuál era su aspecto ó fi- 
sonomía orgánica en los diversos grados y modos de 
inervación fisiológica , y después de adquirido este 
indispensable conocimiento, haceraplicacion al estado 
patológico. Por no estendernos en conjeturas, ni en 
cuestiones irresolubles en el dia, concluiremos di- 
ciendo, que en el cólico de plomo figura en primera 
linea el sistema nervioso visceral , comprometiendo en 
seguida , según las circunstancias individuales , los 
órganos que tienen con él mayores y mas inmediatas 
relaciones. (Mota de los T.) 



minio de acción de los flexores ; muchas veces 
no se limita á las manos , sino que se estiende 
también á los dos miembros inferiores. 

»La epilepsia saturnina, el delirio, las con- 
vulsiones parciales ó generales, el temblor, el 
coma, son accidentes graves, que denotan una 
lesión funcional profunda del sistema encéfalo- 
raquidiano. En cuanto á la cefalalgia, síntoma 
poco común en el cólico saturnino, no ofrece el 
mismo peligro que los precedentes. A veces es 
tan fuerte que arranca gritos á los enfermos, 
se aumenta por la presión , y simula en ciertos 
casos una encefalitis incipiente. 

Marcha y duración. — »EI cólico de plo- 
mo no es una de aquellas enfermedades de 
curso invariable, y cuya duración pueda prede- 
cirse. Cuando es leve , y se somete á un trata- 
miento metódico cede en pocos dias ; pero 
puede durar casi indefinidamente, cuando los 
sugetos descuidan su asistencia , y continúan 
viviendo en una atmósfera cargada de emana- 
ciones metálicas, ó cuando vuelven demasiado 
pronto á sus ocupaciones: entonces viven con 
un cólico casi continuo , y acaban por sucum- 
bir miserablemente á las parálisis , á las con- 
vulsiones, ó en un estado de marasmo. Tam- 
bién es muy larga la afección, si sobreviene en 
su principio ó durante su curso algún desorden 
nervioso , como convulsiones , delirio , tem- 
blor. La parálisis sobre todo , cuando aparece 
por segunda ó tercera vez , dificulta y prolon- 
ga la curación. 

»La convalecencia se anuncia por el reblan- 
decimiento de las materias fecales , por la fle- 
xibilidad del vientre, y la cesación de los dolo- 
res, náuseas, vómitos y calambres. El estreñi- 
miento , la anorexia , y sobre todo el dolor de 
los miembros, persisten todavía con pertinacia, 
no debiendo descuidarse al enfermo, hasta que 
se hayan disipado completamente dichos sín- 
tomas. 

»EI cólico de plomo termina ordinariamen- 
te por el restablecimiento de la salud. Merat y 
la mayor parte de los autores dicen que no han 
observado fenómeno alguno crítico. Fischer ha 
pretendido persuadir que podia una erupción 
exantemática servir de crisis á la enfermedad. 
Henckel refiere un caso en que se formó un tu- 
mor cerca del ombligo; pero no hay motivo pa- 
ra admitir que sean estos hechos verdaderas 
crisis. Las hemorragias nasales, las hemorroi- 
des y la erupción de las reglas no inducen 
cambio ni modificación en el curso de la enfer- 
medad. 

»La muerte es una terminación rara del có- 
lico, á no ser que exista delirio , coma , una 
epilepsia , una parálisis. Parece á primera vista 
que la violencia de los dolores, que obliga á ve- 
ces á los sugetos á desgarrarse con los dientes, 
ha de producir una adinamia rápidamente 
mortal; no obstante casi nunca se observa esta 
fatal terminación. Los síntomas que la anun- 
cian son , según Chomel y Blache, fuerte cefa- 
lalgia ; trastorno en las ideas , seguido de una 



80 



CÓLICO DE PLOMO. 



especie de coma , que simula el estado apo- 
pléctico ; contracciones espasmódicas que tie- 
nen la mayor semejanza con el tétanos, ó bien 
finalmente la disnea, el estertor traqueal, y po- 
co después una verdadera asGxia (Dic. de med., 
art. cit., p. 387). 

»Uua de las terminaciones mas frecuentes 
del cólico es la parálisis, que puede durar mu- 
chos meses, años, y aun toda la vida. Algunas 
veces se la observa inmediatamente después de 
haber cesado los cólicos , y se la atribuye á una 
traslación repentina del principio morbífico; 
pero en el mayor número de casos es progresi- 
va la parálisis. Los trabajadores que son ataca- 
dos de estas parálisis incompletas, pueden en 
ocasiones proseguir en su trabajo , hasta que 
un nuevo ataque del mal viene á acrecentar la 
debilidad de los músculos, y se ven obligados 
á someterse á un tratamiento. Asi es que se 
encuentran en las fábricas de albayalde indivi- 
duos que tienen un'temblor parcial de los miem- 
bros superiores, y que continúan trabajando. 

«Entre los varios efectos del cólico metálico 
se ha notado el estado caquéctico que presentan 
algunos stigetos , que han sido muchas veces 
afectados de la enfermedad. Pónese la piel de 
color amarillo ó gris sucio, el aliento fétido, la 
contracción muscular débil , irregular, los mo- 
vimientos entorpecidos , el enflaquecimiento 
general es marcadísimo. Otros individuos , en 
lugar de estar consumidos, aparecen hinchados, 
atacados de anasarca; otros padecen una calen- 
tura lenta de consunción. He aquí la descrip- 
ción que hace Ghevalier de un obrero, que ha- 
bía tenido once veces el cólico de plomo : era 
un viejo muy hábil , pero borracho y perezoso: 
estaba temblón y privado de las cejas, no tenia 
barba, patillas , ni casi cabellos ; parecía que 
siempre estaba durmiendo ; hablaba difícilmen- 
te ; comía poco, bebía mucho, y á sorbos ; la 
cara la tenia abotagada , y las carnes blancas, 
blandas, relucientes (Recherches sur les causes 
de la maladie díte deplomb., par M. Ghevalier, 
en los Annal. d' hyg. et de med. leg. , 1836, 
p. 21). Renauldin dice que los que andan, tra- 
bajan ó comercian con el albayalde, mueren 
siempre prematuramente , y que los mas ro- 
bustos perecen antes del término prefijado por 
la naturaleza. Según Tanquerel Desplanches, 
no influyen dichas profesiones en la duración de 
la vida; pero hacen envejecer antes de tiempo, 
y enfermar muy presto. Stollé, de Estrasbur- 
go ha visto obreros que tenían setenta y cinco 
años. Pero de todos modos es inmensa la mo- 
dificación que recibe la nutrición general, cuan- 
do se verifica de un modo continuo la absorción 
de las partículas metálicas , aunque no deter- 
mine enfermedad alguna bien caracterizada. 

»Hay pocas afecciones en que se observen 
mas frecuentes recidivas que en el cólico me- 
tálico. El primer ataque , lejos de poner á los 
enfermos al abrigo del segundo, como sucede en 
muchas enfermedades , los dispone por el con- 
trario á ser atacados otras veces. Asi es que los 



trabajadores que han sufrido ya dos ó tres ata- 
ques, deben dejar de trabajar en el albayalde. 
Merat ha visto sugetos con el séptimo ú octavo 
cólico; Renauldin y Breschethan hecho la mis- 
ma observación ; Dehéque ha conocido un vie- 
jo que habia sido acometido once veces (Cheva- 
lier , mcm. cit., p. 21); Desbois de Rochefort 
ha visto sugetos, que vinieron á curarse al hos- 
pital de la Caridad , y habian sido ya atacados 
del cólico diez y seis, diez y siete y hasta vein- 
tidós veces (Mat. met. , t. I , p. 2C6) ; Stoll ci- 
ta un sugeto que fué acometido veintiocho ve- 
ces ; Merat habla de un enfermo que fué tratado 
en la Caridad la trigésima segunda vez. 

»Las recidivas son tanto mas frecuentes, 
cuanto mas pronto vuelven los enfermos al tra- 
bajo, antes de hallarse enteramente restableci- 
dos, y de haber recuperado sus fuerzas. Los 
que se entregan á los escesos de las bebidas se 
hallan mas espuestos que los otros á contraer 
nuevamente la enfermedad. Conviene distinguir 
las recidivas de las recaídas ; las primeras son 
ataques de un nuevo cólico; las segundas están 
constituidas por la repetición de la afección, an- 
tes de hallarse completamente curada. Es fre- 
cuentemente difícil distinguir una recaída de 
una verdadera recidiva ; porque volviendo los 
obreros á esponerse á las mismas influencias, 
pueden verse afectados de nuevo, ya en razón 
de no estar completamente disipado su anterior 
ataque , ya por haber reproducido la causa sus 
efectos deletéreos en un organismo predispues- 
to de antemano. Sin embargo , no es raro ob- 
servar recaídas en ciertos enfermos , sin que 
se pueda acusar la acción de las preparaciones 
saturninas. Sucede , por ejemplo , que estan- 
do ya un sugeto próximo á salir del hospital, 
vuelve repentinamente á ser acometido del cóli- 
co. Difícil es esplicar esta repetición de los acci- 
dentes propios del cólico de plomo, la cual exije 
la renovación del tratamiento. Chomel y Bla- 
che dicen que algunos sugetos tienen tres ó 
cuatro de estas recaídas. 

«Complicaciones. — ¿Se deben considerar 
como complicaciones el delirio i las convul- 
siones , el coma , la epilepsia , la parálisis par- 
cial ó general , ó son por ventura estos acci- 
dentes el mas alto grado del cólico saturnino? 
Cuando se manifiestan hacia la terminación 
de la enfermedad no es dudosa la respuesta; 
pero no sucede lo mismo en todos los casos. 
Puédese sin embargo asegurar, que no son fe- 
nómenos simpáticos de la afección abdominal, 
puesto que suelen existir en ciertos casos en 
que son muy leves , ó faltan completamente 
los síntomas del vientre, y que ademas per- 
sisten á veces aunque estos desaparezcan. 

»En el número de las complicaciones que 
pueden sobrevenir durante el curso de la en- 
fermedad, se han colocado el infarto gástrico 
y la enteritis. Esta última es muy temible, por 
cuanto impide la administración de los pur- 
I gantes , y porque puede muy bien descono- 
I cerse. Merat refiere un ejemplo de ella; Cor- 



CÓLICO DE PLOMO. 



81 



visart hizo seguir al enfermo el tratamiento 
de la Caridad , y se obtuvo la curación en me- 
nos de doce dias. También se ha incluido en- 
tre las complicaciones las calenturas gástri- 
cas (Stoll), inflamatoria, pútrida, maligna 
(Stoll) é intermitente, la neumonía y el reuma- 
tismo; estas enfermedades pueden dificultar 
el tratamiento. 

»Diagnóstico. — Si cada uno de los sínto- 
mas del cólico saturnino , tomado aislada- 
mente, es insuficiente para caracterizarle, su 
unión y enlace permite distinguirlo de todas 
las enfermedades que en algo se le parecen. 
Desarróllase por el influjo de una causa espe- 
cífica, las emanaciones saturninas; sus sínto- 
mas ofrecen una forma especial , dolores vio- 
lentos de vientre que se calman ó no se au- 
mentan por la presión , retracción del vientre, 
náuseas, vómitos de materiales porráceos, es- 
tremecimiento pertinaz , estado natural del 
pulso y de la respiración , dificultad en la es- 
crecion de la orina, dolores neurálgicos en el 
escroto, muslos, tórax y lomos; he aquí en 
compendio el cuadro que caracteriza el cólico 
de plomo. 

» Importa primeramente distinguirlo del 
cólico vegetal, con el que le han confundido 
los autores , bajo la denominación de cólico 
de Poitou, de Madrid, de Devonsliire, etc. El 
cólico vegetal es epidémico, y producido por 
ciertas condiciones atmosféricas , ciertas lo- 
calidades, por el uso de algunas bebidas aci- 
das, astringentes, etc. ; el cólico de plomo es 
esporádico y causado por Tas emanaciones sa- 
turninas. En la primera de estas afecciones 
hay calentura, está el vientre hinchado, ten- 
so, muy sensible á la presión; en la segunda 
no hay fiebre, y se halla el vientre insensible 
y retraído (Véase cólico vegetal.) Conviene 
advertir que en las epidemias de cólico vege- 
tal observadas y descritas por los autores (Ci- 
tois, Huxham y Luzuriaga) , han podido ma- 
nifestarse síntomas pertenecientes al cólico sa- 
turnino; porqueen algunas de laslocalidadesen 
que se recogieron estas observaciones, se sirven 
del litargirio para dulcificar los vinos y darles 
un sabor mas agradable (embocarlos.) 

»E1 cólico de cobre es distinto del satur- 
nino, aunque muchos autores hayan incluido 
entre las causas de este las preparaciones de 
cobre. El dolor de vientre, la diarrea, el ca- 
lor febril, la calentura, la sed, etc., anuncian 
en el primero una inflamación gastro-intesti- 
nal bien diferente del cólico de plomo. 

»E1 cólico que se ha designado con el nom- 
bre de nervioso (enteralgia), y que parece tener 
su asiento en los plexos nerviosos del vientre, 
tiene mas de un punto de contacto con el que 
nos ocupa; pero el estado nervioso, la irrita- 
bilidad del sugeto, la existencia de neuralgias 
en otros puntos del cuerpo, la pequenez, la 
frecuencia, la irregularidad del pulso , y la efi- 
cacia de los opiados, permitirán establecer el 
diagnóstico. 
TOMO VIH. 



» Cólico hepático. — Los cálculos engasta- 
dos ó atascados en los conductos biliarios dan 
lugar á un dolor atroz en el vientre, que se ir- 
radia al muslo, al testículo y al tórax, co- 
munmente se alivia por la presión , determina 
náuseas y vómitos, y va acompañado de estre- 
ñimiento. El vientre está espasmódicamente 
retraído por la violencia del dolor. En medio 
de estos síntomas tan graves, y que tienen 
las mayores relaciones con el cólico de plomo, 
se mantiene el pulso en su estado regular. A 
pesar de la semejanza que presentan estos sig- 
nos con los del cólico saturnino, será fácil 
distinguirlos por la naturaleza de la causa que 
los produce, y por la duración de los accesos, 
que cesan al cabo de algunas horas , ó en el 
espacio de un dia. Si por una coincidencia, 
que es muy posible, se viese afectado de cál- 
culos biliarios un individuo que trabajase en 
las preparaciones de plomo , el estado del pul- 
so, que es menos duro, menos vibrátil que en el 
cólico saturnino, la aparición de la ictericia, 
la remitencia, por lo común de larga duración, 
de los dolores abdominales, y sobre todo la es- 
pulsion de un cálculo con las materias fecales, 
servirían para facilitar el diagnóstico. 

»El cólico estercoral producido por una 
acumulación de materias fecales en los intes- 
tinos da lugar á los mismos dolores que el có- 
lico saturnino; el estreñimiento es pertinaz; 
la presión, ó ciertas posturas estrañas pare- 
cen aliviar á los enfermos. Cuando se 'palpa ó 
percute el vientre, se descubren fácilmente los 
tumores duros, redondeados, que forman las 
materias endurecidas, y que se toman mas de 
una vez por glándulas infartadas del mesen- 
terio. Elevándose al estudio de las causas se 
podrá formar el diagnóstico. Es preciso no ol- 
vidar que estas acumulaciones de heces ven- 
trales existen en sugetos avanzados en edad, 
cuyos intestinos han perdido la energía nece- 
saria para la escrecion de las materias fecales. 

»No es posible confundir la peritonitis con 
el cólico de plomo, á no ser muy poco atento 
el observador. Sin embargo , Merat asegura 
que en algunos casos puede haber sus dificul- 
tades. En la peritonitis está el vientre tenso, 
voluminoso, de una sensibilidad tal que la me- 
nor presión determina dolores insoportables; 
hipo, vómitos, sed intensa, lengua seca, ru- 
bicunda, á veces con costra, diarrea, estre- 
ñimiento, pulso pequeño, concentrado y fre- 
cuente. Estos fenómenos son evidentemente 
muy diversos de los qne se notan en el cólico 
metálico. 

»].n enteritis, al principio óduranlesu curso, 
va casi siempre acompañada de diarrea y de 
tensión del vientre, que está dolorido y mas ca- 
liente que en el estado normal, Los purgantes. 
y sobretodo los drásticos, producirían grave-; 
desórdenes en los intestinos, si realmente es- 
tuviesen afectados de inflamación. No se debe- 
rá olvidar que en ciertos casos complica la en- 
teritis á la enfermedad saturnina, y que enton- 

G 



CÓLICO DE l'LO.MO. 



ees se pueden comprobar los signos de dicha 
afección. 

»En los casos de ileo , aun cuando sobre- 
venga en un individuo que trabaje en las pre- 
paraciones del plomo, será fácil descubrirla 
causa de los violentos dolores que le caracte- 
rizan y que aparecen repentinamente. 

"Pronóstico.— Mientras el mal está exen- 
to de complicaciones , y no han sido ata- 
cados los sugetos mas de dos ó tres veces, es 
el pronóstico poco grave; pero si ha habido 
ya muchas recaídas, y si el mal se complica 
con fenómenos nerviosos, se debe formar un 
pronóstico funesto. Calculando Dubois sobre 
mil doscientos enfermos tratados en veinte 
años, por Burette ó por él, no cuenta mas de 
veinte muertos (Dubois Non ergo colicis vence 
sectio, París 1751 y 1756; en Haller, Dispu- 
tat., t. III, p. 286), de modo que falleció 1 
por 60. Entre 1755 sugetos cuenta Gardane 6i 
muertos (1 por 28); Doazane perdió 1 de 57; 
Andral ha visto cinco terminaciones fatales en 
mas de 500 sugetos recibidos en las enferme- 
rías de Lerminier (t por 100) (Clinique med., 
tomo II , p. 210. Otros médicos no han sido 
tan afortunados: Dehaen perdió 3 enfermos 
de 18; Merat, 5 de 57 (algo menos de 1 por 12). 
» Sumando todos los casos indicados ante- 
riormente , dicen Chomel y Blache, vemos que 
de 3569 enfermos solo perecieron 95; la mor- 
talidad , pues, ha sido 1 por cada 30.» Por lo 
tanto puede formarse en general un pronós- 
tico favorable en el cólico de plomo. Es preciso 
tener presente que depende mucho la grave- 
dad del mal de las complicaciones, de los ac- 
cidentes nerviosos, de la antigüedad de la en- 
fermedad , del número de recidivas, etc. 

«Causas del cólico de plomo. — La cau- 
sa productora y casi específica de la enferme- 
dad , es la introducción en la economía de las 
moléculas que se desprenden del plomo y de 
sus diversos compuestos. Merat coloca ade- 
mas entre los agentes que pueden determinar- 
la, el cobre, el estaño, el antimonio, y los 
cuerpos pulverulentos que se desprenden de 
las materias calcáreas , tales como el mármol, 
el yeso, el diamante, el vidrio, las tierras sa- 
litrosas, los polvos absorventes. (Obra citada, 
p. 105 y siguientes.) Verdad es que no pare- 
ce haber formado todavía una opinión decidi- 
da en este punto; porque se pregunta si el 
desarrollo de la afección, que confiesa pre- 
sentarse rara vez bajo la influencia de dichas 
causas, no se debería mas bien á la acción de 
ciertas partículasde plomo ó de cobre, que es- 
tuviesen mezcladas con las referidas mate- 
rias. Mientras no se publiquen observaciones 
auténticas de cólicos saturninos provocados 
por otras causas que no sean las emanaciones 
del plomo, debemos considerar á estas como 
las únicas capaces de producir la enfermedad. 
¿Cómo creer, por ejemplo, que sustancias 
acres , astringentes , acidas, los vinos ásperos, 
á no ser que estén adulterados con el litar- 



girio , las resinas líquidas , los bálsamos , pue- 
den ocasionar cólicos de plomo? Si se ad- 
mite que estas causas tienen semejante ac- 
ción , no hay motivo para no considerar con 
Tronchin y otros autores, el virus gotoso, el 
reumático, el defecto de traspiración, el es- 
corbuto, como agentes capaces de determinar 
también el cólico de plomo. (De cólica Picto- 
num, pág. 86, 92, 98.) Semejantes ideas no 
pueden sostenerse en la actualidad , puesto 
que la mayor estension del diagnóstico ha da- 
do á conocer los errores acumulados en las 
obras, en que que con el título de cólico de 
Postou, se,han reunido el cólico vegetal, el de 
cobre, y aun enfermedades muy diferentes. Pa- 
ra no incurrir nosotros en semejantes equivoca- 
ciones, estudiaremos con cuidado todas las cir- 
cunstancias, en medio de las cuales se puede 
desarrollar la enfermedad. 

n Profesiones.— Sobre un total de 279 en- 
fermos que ha calculado Merat , se cuen- 
tan 148 pintores, 28 plomeros, 16 alfareros 
de vidro, 15 fabricantes de porcelana, 12 la- 
pidarios ó marmolistas, 9 molenderos de co- 
lores, 3 sopladores ó fabricantes de piezas 
huecas de vidrio, 2 fabricantes de juguetes de 
niños , 2 cordoneros, 1 impresor, 1 minero, 
1 batidor de hojas metálicas, y 1 manufactu- 
rero de cajas de plomo. 17 obreros pertene- 
cían á las profesiones en que se trabaja el co- 
bre; 21 no tocaban ningún metal. (Mem. cit., 
pág. 15 y sig.) Se ve por esta lista, que las pro- 
fesiones en que se.emplea el plomo en estado 
metálico, en el óxido (los ojalateros, vidrie- 
ros, fabricantes de porcelana, etc.), ó en el 
salino (albayalde), ó unido al aceite, á una 
esencia, etc., son los únicos que esponen á 
los que las ejercen á contraer la enfermedad. 
En cuanto á los 17 que trabajaban el cobre 
¿estaban atacados del cólico de plomo? La 
misma pregunta puede hacerse respecto de 
los 21 sugetos que no estaban sometidos á la 
acción de ningún metal. Haremos desde luego 
una observación que no carece de importan- 
cia respecto de estos últimos, y es, que limi- 
tándose á establecer la suma según los regis- 
tros ó asientos, como ha hecho Merat, se co- 
meten algunos errores, porque suelen los obre- 
ros trabajar accidentalmente en las fábricas de 
albayalde, y sin embargo, á su entrada en los 
hospitales hacerse inscribir en los libros con el 
nombre de su profesión habitual y primitiva. 

»Los obreros mas frecuentemente ataca- 
dos del cólico saturnino, son los que trabajan 
en la fabricación del albayalde (subearbonato 
de plomo) y del nimio, los pintores de edifi- 
cios, y los molenderos de colores. En el espa- 
cio de ocho años se han recibido en el hospi- 
tal de Beaujon 285 obreros de albayalde , y 
solamente 32 pintores ó molenderos de colo- 
res. Besulta, pues, que los trabajadores em- 
pleados en las fábricas de albayalde son los que 
suministran la mayor parte de los enfermos, 
y en ellos principalmente han hecho sus ob- 



CÓLICO DE PLOMO. 



83 



servaciones los autores. De sentir es que no 
se hayan estudiado con la misma atención los 
otros artesanos, como por ejemplo, los plo- 
meros y pintores; hay en esta parte un vacío 
en la higiene de las profesiones. A los sugetos 
quemanejan el plomo esa quienes se aplica mas 
particularmente la enérgica frase deDuhois: 
tamquam enses iotidem in operarios districli. 
(Dissert. non ergo colicis vence secíioin Haller 
Visputat., t. III.) 

» Predisposiciones. — ¿Están dispuestos ala 
enfermedad todos los hombres que trabajan 
en la fabricación del subcarbonato de plomo? 
Si se consulta sobre esta importante cuestión 
á los fabricantes, se ve que hay entre ellos 
disidencia: unos dicen no haber tenido nunca 
obreros enfermos (Dehéque en la mem. cit. de 
Chevalier, n. 20); lo que es evidentemente 
exagerado. Otros por el contrario, aseguran 
que al cabo de un mes todos son acometidos 
de la enfermedad. (Brechot) Renauldin y Tan- 
querel-Desplanches dicen que todos están des- 
tinados á padecer el cólico mas tarde ó mas 
temprano. Se ha calculado en una fábrica en 
que hay sobre 100 trabajadores , que de 82 
son 3 acometidos cada mes, ó sean 35 á 36 
por año; proporción enorme en verdad. Sin 
embargo de la fatalidad que pesa sobre todos 
los individuos, algunos parecen mas dispues- 
tos que otros á contraer el mal la primera vez. 
Háse dicho que las personas de una constitu- 
ción nerviosa han sido mas fácilmente ataca- 
das, y que la enfermedad ofrecía en ellas ma- 
yor gravedad; pero esta predisposición indi- 
vidual no está todavía bien demostrada. Pres- 
cindiendo de la idiosincrasia, es difícil fijar 
el tiempo que puede estar un obrero en una 
fábrica sin verse atacado de la enfermedad. 
Según Lefebre, los hay que trabajan de tres á 
siete años sin ser afectados. Dehéque, Stollé 
y Labrosse, dicen haber hecho observaciones 
semejantes. Breschot afirma , por el contrario, 
que casi nunca pasa un mes sin que se vea el 
obrero atacado de cólico. Grisolle dá por tér- 
mino medio de permanencia en los talleres un 
centenar de dias para los hombres y tres me- 
ses para las mujeres. 

»Edades — No se sabe qué influencia ejerce 
la edad: sin embargo, Grisolle dice, que ha- 
biendo dividido los enfermos que ha obser- 
vado en cuatro grupos, á saber: de 18 á 30, 
de 30 á 40 , de 45 á 50 , y de 50 á 57 , ha visto 
que ofrecían por término medio de perma- 
nencia en los obradores las proporciones de 65 
á 60 , á 58, á 37 días; lo cual pareceria pro- 
bar que el número de dias necesario para ad- 
quirir la enfermedad disminuye á proporción 
que están los sugetos mas avanzados en edad. 
»Sexo. — En ciertas fábricas , como la de 
Clichy, no se emplean mas que hombres; en 
las que trabajan mujeres se ha creído notar 
que enfermaban mas rara vez que aquellos 
(Labrosse, en la Mem. cit. de Chevalier, pá- 
gina 19) , y Renauldin lo atribuye al género 



de ocupación que les está asignada. Otros 
por el contrario , las consideran mas suscepti- 
bles de ser influidas ó afectadas por las pre- 
paraciones saturninas, y apoyan su opinión en 
las mismas consideraciones que Renauldin, 
sosteniendo que el empaque de las mercancías 
de que están encargadas, las espone á respi- 
rar el polvo del carbonato de plomo , mientras 
que los hombres se hallan mas esclusivatnen- 
te empleados en trabajos sobre masas hú- 
medas. 

» Estación — Si se consultan los registros 
de la Caridad, se encuentra que el cólico de 
plomo es mas común en los rigores del in- 
vierno y del estío que en las otras épocas del 
año. Se han recibido en este hospital 15 en- 
fermos en enero y 45 en julio. Confirman es- 
te resultado las sumas de los registros del 
hospital de Beaujon en que se ven repartidos 
los enfermos entre los doce meses del año 
del modo siguiente: 



Enero 22. 

Febrero 23. 

Marzo 23. 

Abril 19. 

Mayo*. 24. 

Junio 21. 



Julio 23. 

Agosto 35. 

Setiembre ... 19. 

Octubre 28. 

Noviembre... 35. 
Diciembre 13. 



»Reun¡endo los cuatro meses mas calientes 
(mayo , junio, julio y agosto), los cuatro mas 
fríos (noviembre, diciembre, enero y febrero), 
y los meses de temperatura media (marzo, abril, 
setiembre y octubre), se encuentra la propor- 
ción de 103 á 93, á 89 (tes. cit. de Grisolle, 
pág. 14). 

»En Lila se ha reconocido que en los tiem- 
pos de grandes calores , es mas frecuente el 
mal , y la misma observación se ha hecho en 
Clichy. En Estrasburgo sucede lo propio en in- 
vierno y en tiempo húmedo. 

»Cree Chomel que esta diferencia es aneja 
á la actividad de los trabajos , y por consi- 
guiente al número de obreros empleados (art. 
cit., p. 383); pero esta esplicacion se encuen- 
tra refutada por la relación de los directores de 
Pecq y de Courbevoie , que han asegurado á 
Grisolle, que ocupaban poco mas ó menos el 
misino número de trabajadores en todas las es- 
taciones del año. Stockhusen ha observado que 
el cólico causado por el humo del litargirio es 
mas frecuente cuando sopla el viento de levan- 
te ; pero semejante aserto no se ha compro- 
bado en Francia. ¿Tendría acaso el clima algu- 
na influencia sobre el desarrollo de la enferme- 
dad? Este punto histórico es todavía dudoso; 
sin embargo , se dice que es mas frecuente en 
París que en Lila y en Holanda. 

nRégimen. — Los fabricantes y los médicos 
han reconocido, que los artesanos que se entre- 
gan á la bebida, cuya alimentación es mal sana 
é insuficiente , ó que vienen á los talleres en 
ayunas, son mas frecuentemente afectados, quu 
aquellos que reúnen condiciones diferentes. La 



84 



CÓLICO DE PLOMO. 



limpieza de las manos, de la cara y de los ves- 
tidos, es muy favorable á la conservación de 
la salud. Asi es que solo se libran de la enfer- 
medad algunos de los que viven con lacticinios, 
que no beben licores espirituosos, que cam- 
bian de vestido antes de salir de la fábrica , y 
que dan largos paseos por el campo antes de 
retirarse á sus casas (Fée). 

»Los procedimientos en la fabricación del 
albayalde contribuyen poderosamente y tienen 
mucho influjo sobre la frecuencia é intensidad 
de la enfermedad. Volveremos á ocuparnos de 
este punto al bablar de los medios profilácti- 
cos. Solamente debemos hacer notar aquí que 
las preparaciones saturninas son mas ó menos 
activas. Hemos dicho que el albayalde era el 
que ocasionaba mas pronto la enfermedad; sin 
embargo, algunos autores habian supuesto que 
el minio ó deutóxido de plomo, tenia propie- 
dades mas deletéreas. Pero Breschet, padre, 
asegura que los obreros que fabrican el minio 
resisten mas largo tiempo que los otros ; y su 
opinión parece confirmada por las investigacio- 
nes de Gcisolle , quien refiere que «once obre- 
ros de la manufactura de Glichy han podido 
trabajar en el minio por espacio de setenta y 
tres dias antes de caer enfermos, mientras que 
doce obreros de albayalde de la misma fábrica, 
solo lian permanecido en los talleres sesenta y 
cinco dias por término medio.» Los protóxidos 
de piorno son también muy dañosos para los 
obreros que los emplean, como los pintores, los 
molenderos de colores, los ensayadores, los al- 
fareros de vidriado y los vidrieros. Según Gen- 
drin causan mayores accidentes cuando están 
mezclados con aceites esenciales. Tanquerel- 
Desplanches cree que el albayalde produce 
muy luego todas las afecciones saturninas , y 
que el minio por el contrario no origina mas 
que cólicos y parálisis, y eso notan fácilmente 
como el albayalde. Renauldin dice, que sin es- 
tar exento el minio de toda influencia en el 
desarrollo del cólico , parece dar lugar mas 
particularmente á dolores en los miembros , ó 
á accidentes mas leves que los provocados por 
el albayalde. 

»El litargirio de que se sirven algunos para 
dar á los vinos sin sazón y poco alcoholizados 
un sabor dulce agradable, y tanto mas pérfido, 
cuanto que escita á beberlo, es una causa fre- 
cuente de cólico. Esta falsificación era muy co- 
mún en Alemania , según relación de Zeller y 
de Weismann , que han exajerado un poco sus 
perniciosos efectos ( Docimasia , signa , cau- 
sa? et noxa vini litargirio mangonisati , Tu- 
binga , 1707 , en Haller , Disput., t. CXI , pá- 
gina 233). Ni los síntomas, ni las lesiones de 
que hacen referencia estos autores, indican un 
verdadero cólico de plomo. Sin embargo, Bour- 
delin ha observado en un arrabal de París la 
misma falsificación; y entonces parece que dio 
lugar á todos los síntomas del cólico saturnino. 
»Los obreros que trabajan en las prepara- 
ciones de los cromatos y de los acetatos de plo- 



mo, los bruñidores de caracteres de imprenta, 
los fabricantes de naipes, los caldereros, los 
que hacen esmaltes y papel pintado , son al- 
gunas veces afectados del cólico de plomo. 

»La acción deletérea de este metal se hace 
sentir igualmente en el hombre que en los ani- 
males. Dice Stockhussen , que en las impren- 
tas y en las fundiciones de letra , esperimen- 
tan los gatos y perros diversos accidentes, á 
los cuales sucumben. Ghevallier y Huzard 
han referido hechos análogos. Leblanc , médi- 
co-veterinario , ha observado que las ratas que 
viven en las fábricas de plomo , ofrecen algu- 
nas veces casos de parálisis del cuarto trasero. 
Trousseau dice que en la manufactura de mi- 
nio de Pécard Tachereau , en Tours , los caba- 
llos destinados á moler este óxido , son aco- 
metidos de movimientos convulsivo^ y de co- 
jera , ó esperimentan una dificultad de respi- 
rar , cuyos accidentes dependen , según él, de 
la parálisis de los nervios recurrente y larín- 
jeo. También han advertido los obreros que los 
caballos que turnan en el trabajo se hacen im- 
potentes , y perecen muy pronto. Háse notado 
asimismo que los perros de caza que comen en 
barreños de plomo , están espuestos á convul- 
siones, y suelen caerse al dar una carrera. 

»Modo de introducción en la economía. — 
¿Puede efectuarse la absorción en el hombre 
por las tres grandes superficies de relación , la 
piel , la mucosa pulmonar y la mucosa gastro- 
intestinal ? ¿Se verifica en el mismo grado en 
cada una de ellas? 

^Absorción cutánea. — Existen hechos que 
parecen probar la absorción de las moléculas 
saturninas por el tegumento esterior ó cutá- 
neo. Chomel y Blache citan en su artículo la 
observación hecha por Wal , quien ha visto de- 
clararse la enfermedad á consecuencia de la 
aplicación de compresas empapadas en estrac- 
to de saturno y de un baño de pies del mis- 
mo líquido. Wedekind habla de un cólico oca- 
sionado por un emplasto de litargirio. Verdel- 
han asistió á la mujer de un plomero , la cual 
sufria cólicos violentos y dolores en la matriz, 
por haber hecho uso de una braserilla ó calen- 
tador que contenia raeduras de plomo. Hen- 
ckel y Brambilla pretenden que puede provo- 
car la enfermedad el uso de los cosméticos, en 
cuya composición entra el plomo. Hermán Cor- 
ringius escribe en una carta que dirige á Stoc- 
khusen , que se declaró el mal en un joven que 
se habia frotado los lomos y las articulaciones 
con cuatro onzas de litargirio, durante el rigor 
de la canícula , con la intención de curarse una 
sarna que padecía. Muy recientemente se ha 
referido la historia de un envenenamiento, de- 
terminado por el uso de vendoletes de diaqui- 
lon gomado ( Gaz. med., núm. 6, p. 92 , año 
de 1838). 

«Según Chaussier y Duchesne, el albayal- 
de ó el cerato de Goulard , aplicados sobre la 
piel, han originado todos los accidentes del có- 
lico de plomo. Sin negar absolutamente estos 



CÓLICO DE PLOMO. 



85 



hechos , confesamos que no nos inspiran total 
confianza , y que nos inclinamos á admitir la 
absorción cutánea , mas bien por inducción que 
por una demostraccion directa. No vemos en 
efecto por qué no ha de ser absorvido el plomo, 
tan bien como otras partículas metálicas ó lí- 
quidos , que se hacen penetrar por medio de 
fricciones. De todos modos , aun cuando sea 
dudosa esta absorción, vale mas suponerla de- 
mostrada y recomendar á los artesanos una es- 
tremada limpieza , las lociones , los baños y 
las diversas prácticas , que tienen por objeto 
desembarazar la superficie de la piel de las 
sustancias que pudieran atravesar sus poros. 
No seria muy fuera de propósito esplicar la 
mayor frecuencia de los cólicos de plomo en el 
estío , por la absorción cutánea , que es enton- 
ces mas activa , puesto que los fluidos acuden 
en mayor abundancia, y se apoderan de las 
sales de plomo, y que desnudándose los traba- 
jadores para trabajar mas ligeros , presentan 
una superficie mas estensa á la absorción ; en 
este caso parece que la piel ha de cooperar efi- 
cazmente á la absorción que ejercen los intes- 
tinos y la mucosa pulmonar. Durante el in- 
vierno pudiera decirse que están las mucosas 
pulmonar é intestinal , dotadas de mas enerjía, 
y absorven mas activamente. 

^Absorción pulmonar. — Chomel y Blache 
conceden á la absorción pulmonar una gran 
parte en la producción de la enfermedad (ar- 
tículo citado , pág. 381). Los pintores que por 
primera vez son acometidos de este mal, decla- 
ran que le han contraído por haber trabajado 
en parajes que habian cuidado de calentar, con 
el fin de obtener una desecación mas pronta, 
6 por haber hecho uso con el mismo objeto de 
gran cantidad de esencia. Gendrin pretende que 
la condición necesaria para determinar el cólico 
de plomo, es la volatilización en la atmósfera 
de las moléculas metálicas. Estas, en efecto, 
son arrastradas por las esencias , el alcohol y 
los líquidos volátiles, que les sirven comun- 
mente de vehículo en las artes, y que deben 
facilitar su suspensión en el aire , y por consi- 
guiente favorecer su acción sobre la economía. 
Con todo , no es dicha condición tan indispen- 
sable como cree Gendrin , puesto que como 
luego veremos, se desarrolla la enfermedad en 
circunstancias muy diferentes. La inspiración 
de las moléculas saturninas es á veces la única 
causa de la afección , como en los casos refe- 
ridos por Leroux y Louis, de individuos que 
habian dormido en ha bitaciones recien pin- 
tadas. 

»Absorcion por los intestinos. — Existen nu- 
merosos ejemplos de cólico de plomo , provo- 
cado por la absorción de este metal ó de sus 
compuestos en la superficie de! tubo digestivo. 
Combalusier atribuye la enfermedad de nueve 
personas , cuya historia refiere , á la injestion 
del pan cocido en un horno, que se había ca- 
lentado con unos maderos viejos pintados de 
verde , á beneficio de una mezcla de albayalde 



y verde gris (Obser. et reflcx. sur la colique de 
Poilou, p. 98, y para las observaciones, 1 á 80; 
1701). Los mismos accidentes sobrevinieron 
por la propia causa en Marly (p. 100); pero se- 
mejantes observaciones no merecen especie al- 
guna de confianza , y nada prueban en favor 
de la absorción intestinal. 

»Ya hemos hablado de los vinos adulterados. 
Zeller y la mayor parte de los médicos alemanes 
han comprobado sus perniciosos efectos. Trón- 
chin cree que el cólico saturnino, tan frecuente 
entre los habitantes de Amsterdam, es debido 
al uso que hacen del agua llovida , que ha per- 
manecido en aljibes guarnecidos de plomo , ó 
en las azoteas que cubren las casas (Ob. cit., 
p. G6). Wanstroostwyk ha hecho las mismas 
observaciones en Harlem. 

»Las preparaciones saturninas, administra- 
das al interior en forma sólida ó líquida, de- 
terminan algunas veces cólicos bien caracteri- 
zados. Tronchin refiere dos casos de gonorrea, 
en las cuales se manifestó la afección con mu- 
cha gravedad , á consecuencia del uso del ace- 
tato de plomo ; lo mismo sucedió en una mu- 
jer atacada de hemotisis (De cólica Pict., pá- 
gina 58). Chomel ha visto en el hospital de la 
Caridad una nina, que fué acometida de un có- 
lico de plomo muy intenso , después de haber 
tomado una cucharada de media onza de cabi- 
da del acetato de saturno. En un hombre que 
tenia una hemotisis rebelde , determinaron el 
cólico 2V granos de dicha sal, administrados 
durante algunas semanas. James(Z)tc. de med., 
t. II , p. 837) y Tissot han sido testigos de he- 
chos análogos. Estos efectos de las sales satur- 
ninas están lejos de ser constantes, pues va- 
rían según los individuos; tísicos hay que to- 
man durante muchos meses el acetato de plo- 
mo , sin verse incomodados, aunque se eleve 
la dosis á 140 granos en 37 dias (Barbier), ó 
á 18 granos por dia, durante muchos meses 
(Fouquier). Un médico italiano, Ruva, dice ha- 
ber visto un caso en que la injestion de diez 
onzas de perdigones , fué seguida de un cólico 
de plomo bien caracterizado (Gaz. med., pági- 
na lOi; 1838). 

»Si ahora se nos pregunta cuál es el modo 
de obrar del plomo sobre los tejidos vivientes, 
habremos de confesar que nos es enteramente 
desconocido, y que se escapa á nuestras investi- 
gaciones ; todas las espiraciones que se han 
propuesto son puras hipótesis , como en gene- 
ral lo son cuantas se refieren á objetos situados 
fuera del dominio de los sentidos y de la obser- 
vación. Merat cree poder establecer «que no es 
en manera alguna necesario que los metales 
penetren interiormente para causar el cólico 
metálico, y juzga que son suficientes sus ema- 
naciones.» «No doy este nombre , dice , á los 
vapores que se desprenden del plomo en fusión 
ó en la ebulición de sus preparaciones, sino so- 
lamente á su parte odorífera , á un aroma par- 
ticular, que es muy fuerte en este metal, y que 
se percibe cuando se le frota entre las manos. » 



86 CÓLICO DR PLOMO. 

No nos parece que esta esplicacion ilustra mu- 
cho acerca del modo de acción del metal. Lo 
cierto es que ni las orinas , ni las materias es- 
crementicias anuncian la mas pequeña cantidad 
de plomo, aun cuando se empleen los reactivos 
mas enérgicos. 

» Tratamiento preservativo del cólico 
saturnino. — \ntes de indicar las precauciones 
que deben tomar los obreros á fin de sustraerse 
á las influencias deletéreas de las emanaciones 
saturninas, examinemos rápidamente los proce- 
dimientos que se siguen en la fabricación del al- 
bayalde ; sin este conocimiento preliminar no 
podría el médico dirigir convenientemente el 
tratamiento profiláctico , ni prevenir las reci- 
divas. Cuestión es esta de higiene industrial, 
que tiene notable importancia , y sobre la cual 
ha llamado Chevalier la atención de los médi- 
cos , ¡lustrándola al mismo tiempo con sus lu- 
minosas observaciones (memoria citada). 

»Las primeras fábricas de albayalde se es- 
tablecieron en Francia por los años de 1791. 
Desde esta época se ha hecho el cólico saturni- 
no una enfermedad frecuente. La autoridad se 
ocupó en repetidas ocasiones de semejante in- 
dustria, y creyó poder disminuir el daño que se 
le atribuía con la promulgación de muchas or- 
denanzas , cuyo fin era procurar que ciertas 
operaciones fuesen menos perniciosas (1823, 
1825). El numero de fábricas y de obreros que 
en ellas trabajan es poco considerable; las prin- 
cipales son las de León que emplean veinte 
personas ; la de Orleans (que ocupa trece), la 
de Courbevoie (veintitrés), la de Pecq (quince 
ó diez y ocho) y la de Clichy. Las tres últimas 
situadas á las puertas de París suministran la 
mayor parte de los sugetos que entran en los 
hospitales. El número efectivo de todos los que 
en Francia trabajan en esta fabricación es el 
de 450 poco mas ó menos. El término ó núme 



tada por el agua, y la pasta que resulta so mue- 
le con piedras horizontales, se coloca en ollas, 
y se traslada á una estufa. Cuando se comple- 
ta la desecación de la sal , se la saca de las 
ollas, y se la pone en papeles para ofrecerla asi 
al comercio. 

»EI proceder francés consiste en hacer ata- 
car el óxido de plomo por el ácido acético im- 
puro , y pasar al través de la solución acuosa 
del acetato de plomo que resulta, una corrien- 
te de gas ácido carbónico. Este proceder se si- 
gue en la fábrica de Clichy. Según algunas 
personas , y entre ellas particularmente Re- 
nauldin 



ro medio de enfermos en un establecimiento 
que cuente cien trabajadores es de tres por mes, 
ó treinta y cinco á treinta seis por año (Cheva- 
lier , mem. cit.) 

»Los dos procedimientos seguidos mas ge- 
neralmente son conocidos con los nombres de 
procedimiento holandés y procedimiento fran- 
cés. El primero se compone de una serie de ope- 
raciones que importa conocer, porque no todas 
ejercen igual influencia en la salud de los arte- 
sanos. Se reduce primero el metal á láminas 
muy finas y delgadas , se colocan estas sobre 
vasos cónicos que contienen vinagre, y se las 
dispone sucesivamente unas sobre otras, sepa- 
rándolas con capas de estiescol fresco. Llámase 
esta operación formar las capas. Cuando la su- 
perficie del plomo se ha convertido por la ac- 
ción lenta de la atmósfera en subcarbonato, se 
separa la sal de plomo del metal no atacado, ba- 
tiendo ó golpeando las láminas con un mazo de 
madera {trilla ó abatimiento de las capas ó cria- 
deros). Se aplasta debajo de las láminas el car- 
bonato desprendido , y se le hace pasar por un 
cedazo. La parte mas fina del albayalde es tra- 



es el proceder holandés mas pernicio- 
so que el segundo; pero según otros , presenta 
este último mayores inconvenientes: 1.° porque 
el trabajo se hace con las manos de los obre- 
ros; 2.° porque sus manos están casi siempre 
sumerjidas en el acetato de plomo ; 3.° en fin, 
porque el ácido carbónico que pasa á la atmós- 
fera arrastra una porción del acetato de plomo 
en estado de vapor (Annal. de higien. , t. XII, 
p. 27). En resumen, no se ha demostrado que 
uno de estos procedimientos tenga ventajas so- 
bre el otro. No entraremos en los detalles de 
todas las modificaciones que se han propuesto 
para hacer la fabricación del albayalde menos 
insalubre (véase mem. cit. de M. Chevalier), 
limitándonos solamente á señalar las siguientes 
mejoras que son de fácil ejecución. Darcet 
quiere que se suprima el batido del plomo, que 
es una de las maniobras mas perjudiciales; que 
se separen las partes oxidadas y carbonatadas 
con el auxilio de un cilindro acanalado , y que 
este cilindro tenga un reborde de madera que 
apenas permita escapar nada del polvo. Se ha 
adoptado esta reforma en Courbevoie, en don r 
de se ha aplicado también el vapor á la fabrica- 
ción del albayalde y del minio. Deben estar 
los talleres bien ventilados, áfin de que las par- 
tículas pulverulentas suspendidas en el aire 
sean rápidamente llevadas al esterior. Débese 
también exigir que los obreros se pongan en la 
boca y narices unos pañuelos ligeramente hu- 
medecidos, cuando envasan el albayalde en los 
toneles , ó cuando trabajan en el golpeo ó ba- 
tido de las láminas, ó cerca de los cedazos. 
Parece que es muy considerable el número de 
obreros que caen enfermos cuando se desha- 
cen las capas , y por lo mismo es necesario 
redoblar las precauciones en esta época. 

»Si la limpieza es una condición necesaria á 
la conservación de la salud de los artesanos, 
con mas razón lo es para los sugetos que están 
colocados de continuo en una atmósfera pulve- 
rulenta , y cuya piel se halla impregnada del 
subcarbonato de plomo. Grisolle asegura, que si 
se examinan las partes habitualmente descu- 
biertas , se ve una coloración blanquecina , y 
que si se tocan estos puntos con una agua sul- 
furosa , se obtiene en seguida una capa negra 
de sulfuro de plomo. Aun en los casos en que 
no se perciben moléculas saturninas , basta co- 
locar al sugeto en un baño sulfuroso, para que 



CÓLICO DE LPOMO. 



87 



se le ennegrezca la piel : esta coloración es 
mas marcada , particularmente en las uñas, en 
la cara palmar de las manos , en la horquilla 
del esternón , en los antebrazos , en el tórax y 
en el ombligo. El albayalde se adhiere con te- 
nacidad á los sulcos longitudinales que ocupan 
la convexidad de las uñas; y el color negro que 
contrae este apéndice de la piel , cuando se 
aplica el agua sulfurosa , resiste á un frote in- 
tenso y prolongado, y suele durar mas de un 
mes (íes. cit. , núm. 63). Por lo dicho se viene 
en conocimiento de cuan útiles pueden ser los 
baños tibios de agua simple , y por intervalos 
de agua sulfurosa; tampoco deben despreciarse 
las lociones jabonosas. 

»Los fabricantes han observado, que los 
obreros que mas tiempo resisten á las emana- 
ciones saturninas , son precisamente los que se 
lavan con cuidado , no comen nunca en los ta- 
lleres, y se cubren durante el trabajo con una 
blusa de tela que se quitan antes de marchar 
á sus casas. Turner Thackrah, en su obra so- 
bre las enfermedades determinadas por las pro- 
fesiones , dice que mas de la mitad de los obre- 
ros estarían al abrigo del mal, si se lavasen y 
frotasen las manos y la cara en el momento 
en que dejan su obra, se enjuagasen la boca, 
cambiasen de vestido , y se bañasen (en la 
mem. cit. de Chevalier). Se ha observado tam- 
bién que los que tienen que dar un largo paseo 
porque sus casas están distantes, son mas rara 
vez atacados del mal que los que habitan en las 
inmediaciones de la fábrica, y con mas razón los 
que viven en ella. La ventilación de los vesti- 
dos y la renovación del aire son pues circuns- 
tancias favorables á la salud. 

»Es necesario recomendar á los obreros la 
templanza en los alimentos y en la bebida. 
Cuando se indaga la parteque tiene el abuso de 
los alcohólicos en la producción de la enferme- 
dad , preguntando á los obreros para conocer la 
verdad en este punto , casi todos confiesan ha- 
ber apresurado con sus escesos los primeros 
ataques del mal. Lo mismo sucede con los do- 
radores, que son atacados del temblor mercu- 
rial en circunstancias análogas. Cuando no 
tienen los obreros bastante razón ni imperio 
sobre símismos para vencerían funesta inclina- 
ción , conviene que abandonen su ejercicio. El 
mismo fabricante debe ejercer una vijilancia 
rigorosa en este punta, y no admitir sino aque- 
llos que no se embriagan , y despedir á los que 
se muestran sordos á los consejos que se les 
dan. Se les impedirá también que emprendan 
el trabajo sin desayunarse, porque parece que 
los que tienen esta costumbre , son afectados 
mas pronto que los otros ; tanto que en sentir 
de Grisolle solo pueden trabajar unos cuarenta 
y ocho dias; al paso que los que toman antes su 
desayuno, no suelen enfermar hasta después de 
los sesenta y cinco. 

»La leche, empleada como bebida y alimen- 
to en muchas fábricas, parece haber producido 
buenos efectos. El doctor Christison aconseja 



el uso de los alimentos crasos, que se han con- 
siderado como contra-venenos del plomo. El 
doctor Percival dice, que en Inglaterra es cos- 
tumbre habitual de los obreros empleados en 
el plomo , y de los que trabajan en las inme- 
diaciones de los molinos, asar los trozos de car- 
ne de que se alimentan en los ladrillos ó salmo- 
nes de plomo calientes , diciendo que de este 
modo adquiere el asado un gusto agradable. 
Basta indicar este uso para comprender los 
perjuicios que ha de ocasionar. 

»Acido hidro-sulfúrico. — Ademas de las 
precauciones higiénicas que acabamos de exa- 
minar , y que componen el tratamiento profi- 
láctico verdaderamente eficaz , hay algunos 
agentes farmacéuticos, que se han considerado 
como capaces de prevenir el cólico saturnino, y 
de neutralizar los efectos deletéreos del plomo. 
Navier propuso como contra-veneno, en 1777, el 
hígado de azufre; pero se reconoció bien pron- 
to la inutilidad de este remedio. Habiéndose 
asegurado Chevallier en 1814 de que el sulfuro 
de plomo no ejerce acción alguna dañosa sobre 
los animales, concluyó que podría darse el áci- 
do hidro-sulfúrico como contraveneno de las 
sales de plomo. A principios de 1819 se ensayó 
con éxito en dos obreros que fueron atacados 
de cólico. Clievalhier y Rayer le han hecho la 
base de un tratamiento que indicaremos mas 
adelante. El primero de estos dos autores cree 
«que debería intentarse introducir en las fá- 
bricas la costumbre de beber cada día al salir 
de la fábrica un vaso de agua hidro-sulfurada, 
con objeto de neutralizar los efectos del alba- 
yalde, que hubiera podido ser absorvido. Para 
hacer esta bebida se toman nueve azumbres y 
media de agua, y se añade otra media, saturada 
de ácido hidro-sulfúrico , á la cual se añaden 
doce granos de carbonato de sosa.» Se puede 
reemplazar esta bebida por otra hecha con cin- 
co granos de sulfuro de potasa, disueltos en me- 
dia azumbre de agua. Chevallier refiere algu- 
nos hechos, que tienden á probar la eficacia de 
las aguas sulfurosas; pero aun no se han repe- 
tido las observaciones suficiente número de ve- 
ces, para que se pueda considerar esta bebida 
como un verdadero antídoto, y ademas tiene el 
inconveniente de que su mal sabor retraerá siem- 
pre á los obreros de hacer uso de ella. 

» Acido sulfúrico. — El uso del sulfato ácido 
de alúmina , como medio curativo del cólico 
saturnino , indujo á Gendrin á pensar, que el 
ácido sulfúrico podía ser un preservativo de es- 
ta afección. En una carta dirigida ala Academia 
de ciencias el 19 de diciembre de 1831 anun- 
ciaba este médico «que habiendo recurrido doce 
veces á dicho remedio á la dosis de una drac- 
ma á dracma y media por dia en tres ó cuatro 
libras de agua, todos sus enfermos se habían 
curado en tres ó cuatro dias, ofreciendo en es- 
te tiempo un alivio progresivo y nunca inter- 
rumpido» (Art. cólico de plomo , Dict. de 
med., 2. a edición, p. 395). Este resultado ines- 
perado le movió á emplear el ácido sulfúrico 



CÓLICO DE PLOMO. 



como medio profiláctico. Pero las investigacio- 
nes hechas últimamente por Grisolle, y consig- 
nadas en su tesis , están lejos de confirmar las 
esperanzas concebidas por Gendrin. «Efectiva- 
mente, diez y nueve obreros sometidos al uso 
de la tisana sulfúrica, se han visto obligados á 
dejar los talleres, después de una permaneucia 
media de cincuenta dias; en tanto que veinti- 
cinco trabajadores , que no habían empleado 
ningún medio profiláctico , no han caido enfer- 
mos hasta los ochenta dias de trabajo ; lo cual 
establece una diferencia de cerca de la mitad en 
favor de los últimos» (p. 65). Es preciso decir, 
sin embargo , que los obreros que han servido 
para este cálculo, no eran todos de la misma fá- 
brica, ni se encontraban colocados exactamen- 
te en iguales circunstancias. No sucedió asi 
con los resultados siguientes, que han sido ob- 
tenidos en la fábrica de Glichy , donde Gendrin 
hacia sus esperimentos, y donde vigilaba él 
mismo personalmente su tratamiento profilácti- 
co; se ve «que en esta fábrica el término medio 
de la permanencia de los que no han bebido 
ninguna tisana ha sido setenta y tres dias, mien- 
tras que los que han hecho uso de la bebida de 
Gendrin solo han resistido cincuenta» (tes. cit., 
p. 66); de modo que también resulta por este 
cálculo que la acción de la limonada sulfúrica, 
lejos de ser favorable , es por el contrario da- 
ñosa á la salud. Se ha notado en los dos tercios 
de los fabricantes de albayalde una diarrea ama- 
rillenta que sobreviene del 2.° al 8.° día del uso 
de la tisana sulfúrica ; y en otros, aunque en 
cortísimo número , tiranteces de estómago, vó- 
mitos y trastornos en las funciones digestivas. 
La limonada que se distribuye á los obreros 
contiene en cada azumbre y media de agua 
dracma y media de ácido sulfúrico á 66 grados, 
y algunas onzas de azúcar moreno; beben de 
uno á ocho vasos pordia. 

»EI uso del tabaco recomendado por Hoff- 
mann yHenckel es todavía menos eficaz que los 
medios anteriormente indicados. 

«Tanquerel Desplanches , en una carta di- 
rigida á la autoridad, ha demostrado cuan útil 
seria nombrar un médico encargado de cuidar 
de la salud de los artesanos que trabajan en las 
fábricas de albayalde y minio. Por nuestra par- 
te deseamos que se adopte tan sabia proposi- 
ción. Es tanto mas necesario tomar una deter- 
minación sobre este asunto , cuanto que el nú- 
mero de enfermos atacados de cólico de plomo 
aumenta cada año , á pesar de haber cesado en 
sus trabajos muchas fábricas de las inmediacio- 
nes de París (las de Pecq y Vaugirard). Efec- 
tivamente, el año 1834. fueron admitidos 364- en- 
fermos, murieron 7, y el término medio de 
permanencia en el hospital fué trece dias y tres 
cuartos; el año 1835 ascendió el número de en- 
fermos admitidos á 425 ; hubo 6 muertos , y el 
término medio de sus estancias fué también 
13 dias y tres cuartos; finalmente, el año 1836 
se admitieron i 2 i enfermos, hubo 18 muertos, 
y permanecieron en el hospital por término me- 



dio quince dias (Mem. d'higicn. pub. et de med. 
leg. ; enero de 1838, núm. 7). 

«Tratamiento curativo del cólico de 
plomo. — Hánse dirigido contra esta enfermedad 
numerosos agentes terapéuticos , y aunque al- 
gunos gozan de propiedades contrarias , todos 
cuentan resultados favorables. ¿Cómo esplicar 
las curaciones obtenidas por métodos tan dife- 
rentes? ¿Deberán atribuirse á la poca gravedad 
de la enfermedad , que aun abandonada á sí 
misma , ó combatida cuando mas por medios 
muy sencillos , termina siempre del mismo mo- 
do? (Chomel y Blache, art. cit.) Creemos que 
la eficacia de los diversos tratamientos emplea- 
dos puede esplicarse por la variedad de cir- 
cunstancias, que muchas veces se adaptan muy 
bien á tal ó cual método. Si , por ejemplo , el 
síntoma predominante es un estado de ansiedad 
y de sufrimiento, los narcóticos gozarán de una 
superioridad incontestable sobre los demás 
agentes. El estreñimiento reclama mas especial- 
mente la atención del médico: los drásticos y 
el método en que representan el principal pa- 
pel serán de manifiesta utilidad. Finalmente, si 
dominase el elemento inflamatorio, lo que es 
bastante raro, ó alguna complicación de la mis- 
ma naturaleza, el uso de la sangría y los an- 
tiflogísticos serán muy provechosos. Cierto es 
que nunca varia la causa de la enfermedad, 
porque consiste siempre en la influencia de las 
partículas del plomo; pero , individuo que la re- 
cibe es un elemento movible el que hace cambiar 
las indicaciones terapéuticas. Si el tratamiento 
de la Caridad ha sido coronado de un éxito com- 
pleto, ratificado por la esperiencia de todos los 
prácticos, solo es porque llena simultáneamen- 
te, si no todas , á lo menos la mayor parte de 
las indicaciones terapéuticas anteriormente in- 
dicadas. Vamos á describir los métodos mas ge- 
neralmente admitidos y empleados, sin dete- 
nernos á discutir la preeminencia de cada uno 
de ellos. Colocamos el primero el tratamiento 
de la Caridad , porque está mas acreditado que 
los otros. 

»A. Tratamiento del hospital de la Cari- 
dad. — Este hospital, fundado en 1602 por 
María de Médicis, se hallaba dirigido por mon- 
jes que habían traído de Italia una receta que 
llamaban macaroni , y que administraban en 
las enfermedades graves, y en particular en los 
cólicos de plomo. Hé aquí su composición : tó- 
mense dos partes de azúcar y una de crista- 
les de antimonio ; mézclese todo perfectamen- 
te , y redúzcase á polvo finísimo. (Bordeu, Re- 
cherches sur le trait. de la col. met., en las 
OEuvr. comp. , por Rícherand , t. II , p. 485 
y siguientes). Delorme, Hardouin de Saint-Jac- 
ques , Levasseur, Colot é Imbert fueron los 
médicos que visitaron sucesivamente el hospital 
de la Caridad, y dieron gran voga al macaroni, 
aunque trataron de impugnarles fuertemente 
los enemigos del antimonio. Con efecto , en es- 
ta época se originaron acaloradas disputas so- 
bre los efectos de los antimoniales , y Guy Pa- 



CÓLICO DE PLOMO 



80 



lin se mostró su mas violento y eterno adver- 
sario. A pesar de los chistes y burlas de que 
eran objeto los partidarios del macaroni, con- 
tinuaron administrándolo en el cólico de plo- 
mo , cambiando no obstante su denominación, 
que fué reemplazada por la de mochlique: has- 
ta entonces se le daba á la dosis de un escrúpu- 
lo. Este remedio fué el oríjen del tratamiento 
que se sigue hoy en la Caridad , siendo difícil 
señalar en qué época se comenzó á reducir á 
fórmulas; si bien se encuentra su primera des- 
cripción en la traducción de la obra de Alien, 
publicada en 1737 (Abregé de loute la med. pra- 
tique , t. 111 , pág. 70; París). Ha esperimen- 
tado algunas variaciones, como se puede ver 
en la memoria de Dubois ( Non ergo colitis fi- 
gulis vene sectio); en Haller , (Disput. , t. 111, 
pág. 279J » y en la Matiere Medícale de Des- 
bois, deRochefort (t. 1, pág. 301). 

»El tratamiento de la Caridad, tal como se 
administra en el día , consiste en una acumu- 
lación un poco confusa de sustancias dotadas de 
propiedades diferentes. 

y>El dia de entrada del enfermo en el hos- 
pital se le dá al momento la lavativa purgante 
de los pintores , compuesta como sigue : R. de 
hojas de sen media onza: háganse hervir en una 
libra de agua, y añádase al cocimiento me- 
dia onza de sulfato de sosa y cuatro de vino 
emético. 

«Durante el dia se dá para bebida el agua 
de casia con los granos ( aqua cassim cum gra- 
nis ) , según la fórmula siguiente : R. de agua 
de casia simple dos libras ( para obtenerla se 
hierve dos onzas de la casia fístula entera ó 
machacada en dos libras de agua , y se cuela); 
de sal de Epson una onza , y de tártaro eméti- 
co tres granos. Algunas veces se añade , si la 
eufermedad es intensa , una onza de jarabe de 
espino cervino , ó bien dos dracmas de la con- 
fección de Hamech. • 
»A las cinco de la misma tarde se adminis- 
tra una lavativa llamada anodina ( enema pic- 
iorum anodinum) , hecha con seis onzas de 
aceite de nueces y doce de vino tinto. A las 
ocho, dracma y media de triaca , en la cual se 
incorpora ordinariamente grano y medio de 
opio, ó solamente una dracma de triaca con un 
grano de opio. 

»El segundo dia de tratamiento se admi- 
nistra por la mañana la llamada agua bendita 
(aqua benedicta), compuesta como sigue: R. de 
tártaro estibiado seis granos; de agua tibia ocho 
onzas. Se toma en dos veces con media hora de 
intervalo. Cuando vomita el enfermo se le dá 
en el resto del dia la bebida siguiente, que se 
llama tisana sudorífica (tisana sudorífera): 
R. de guayaco, raiz de china y zarzaparrilla, 
de cada cosa una onza; háganse hervir durante 
una hora en tres libras de agua común, hasta 
reducirlas á dos , y añádese una onza de sasa- 
frás y media de regaliz; cuezase ligeramente 
y cuélese. 

»A las cinco de la tarde la lavativa anodina; 



á las ocho de la noche la triaca con el opio co- 
mo el primer dia. 

»£7 dia tercero se dá la tisana sudorífica la- 
xante ( tisana sudorífera laxans ) , preparada 
de la manera siguiente : R. de tisana sudorífica 
simple dos libras; de hojas de sen una onza; sj 
las hace dar un par de hervores y se cuela ; se 
toma en cuatro veces por la mañana. 

»Todo el dia la tisana sudorífica simple; á 
las cuatro de la tarde la lavativa purgante de los 
pintores ; dos horas después la lavativa anodi- 
na ; á las ocho la triaca con el opio. 

))El cuarto día se dá el purgante de los pin- 
tores ( purgan s pictorumj , que consta de seis 
onzas de infusión de sen (esta se hace con 
dos dracmas de hojas de sen y ocho onzas de 
agua hirviendo, que se reducen á seis por la 
ebulición), media onza de sal de Glaubero, 
una dracma de jalapa en polvo , y una onza de 
jarabe de espino cerval. Se avuda la acción del 
purgante con la tisana sudorífica simple ; á las 
cinco de la tarde la lavativa anodina; á las ocho 
la triaca con el opio. 

»£7 quinto dia la tisana sudorífica laxante; 
á las cuatro de la tarde la lavativa purgante; á 
las seis la lavativa anodina; á las ocho la triaca 
con el opio. 

f)El sesto dia se dá el purgante de los pin- 
tores , la tisana sudorífica simple , la lavativa 
anodina y la triaca con el opio , como el quin- 
to dia. 

«Ordinariamente se hallan curados los en- 
fermos después de la segunda medicina. Si es 
necesario se la repite tercera y cuarta vez, con- 
duciéndose como el cuarto y sesto dias , y en 
los intercalares como el tercero y el quinto. La 
tisana , que continúa siempre sirviendo de be- 
bida usual, es la compuesta de los cuatro leños 
sudoríficos : se debe insistir en su uso muchos 
dias después de haberse curado el enfermo. 

»En las circunstancias raras en que no vo- 
mitan los enfermos, ni sienten efectos purgantes, 
se prescriben los bolos purgantes de los pinto- 
res ( boli purgantes pictorum ). R. de diagridio 
y resina de jalapa, de cada cosa diez granos; 
de goma guta doce granos ; de confección de 
Harnee dracma y media ; de jarabe de espino 
cervino C. S. para hacer doce bolos , de los que 
se toma uno cada dos horas. 

»En muchas circunstancias es preciso vol- 
ver á recurrir á los vomitivos, y doblar y tri- 
plicar la dosis del emético. 

«Durante el tratamiento de la Caridad se de- 
be hacer observar al enfermo una dieta severa 
los dos ó tres primeros dias , y se dan caldos el 
cuarto ó el quinto , atendiendo sobre todo para 
el réjimen alimenticio al apetito de los enfer- 
mos y á la disminución de los cólicos. 

»No recordaremos las numerosas objeciones 
que se han hecho al tratamiento de la Caridad. 
Los mismos que le adoptan le miran como una 
aglomeración confusa y poco racional de sus- 
tancias purgantes, narcóticas y sudoríficas; pe- 
ro los buenos efectos que produce responden 



90 



CÓLICO DE PLOMO. 



victoriosamente á todos los argumentos. Sin 
embargo , presenta el inconveniente , como to- 
dos los métodos trazados de una manera em- 
pírica y esclusiva , de impedir al práctico lle- 
nar las indicaciones que se le presentan , y li- 
mitarle á seguir el camino que le está marcado 
con anticipación. Asi es que pocos médicos le 
emplean en el dia en toda su pureza. Hé aquí 
algunas de las principales modificaciones que 
le han hecho sufrir. 

»Chomel suprime los sudoríficos. Cuando el 
vientre está sensible á la presión , prescribe al- 
gunos dias baños tibios, bebidas refrigerantes, 
lavativas y fomentos mucilaginosos. Antes de 
comenzar el tratamiento ordinario, recurre tam- 
bién á las aplicaciones de sanguijuelas en el 
abdomen , y á las sangrías generales , si el 
vientre está dolorido y hay movimiento febril. 
Se puede duplicar las dosis de los vomitivos y 
de los purgantes, cuando no han producido el 
efecto deseado. 

«Algunos médicos dan á la vez los purgan- 
tes por la boca y en lavativas; no se atienen á 
los purgantes que forman parte del tratamien- 
to de la Caridad , sino que administran unas 
veces el aceite de ricino solo ó adicionado con 
dos ó tres gotas del aceite de Crotontiglion , y 
otras lavativas compuestas. Fournier ha preco- 
nizado los laxantes en lavativas (Joum. hebd., 
año de 1830, t. VII, pág. 143), y Grisolle 
dice haber empleado este método con buenos 
resultados : la lavativa que prescribe se com- 
pone del modo siguiente: R. de sen en coci- 
miento una onza; de sulfato de sosa y miel 
mercurial , de cada cosa dos onzas, agua C. S. 
Sin embargo, téngase presente, que ademas de 
las lavativas, dio al mismo tiempo el opio á 16 
de sus enfermos. En otros ha tenido necesidad 
de emplear también los vomitivos. Dice que los 
tratados con el método evacuante se curan en 
el espacio de cinco dias y un cuarto de otro, 
cuatro dias y cuarto, siete dias y cuarto, y ocho 
dias. Ningún tratamiento le ha proporcionado 
tan ventajosos resultados. 

»B. Tratamiento por los narcóticos. — Es 
el mas generalmente empleado después de el de 
los purgantes. Stoll declara que el cólico de 
plomo reclama dosis elevadas y frecuentemente 
repetidas de opio , y que siempre ha obtenido 
por este medio curaciones rápidas. Brachet ha 
propuesto el mismo modo de tratamiento. Bri- 
chetau, que le emplea hace mas de diez años, 
nunca ha tenido necesidad de auxiliar su acción 
con los eméticos ó los purgantes. Dá el opio á 
la dosis de dos granos en ocho pildoras, que 
toma el enfermo de hora en hora; si el mal es 
pertinaz , aumenta la dosis y añade lavati- 
vas laudanizadas; al mismo tiempo hace apli- 
car al vientre un emplasto que contenga es- 
tracto gomoso tebaico (A rch. gener. de med., 
t. XXXI , pág. 332). Dicen algunos que el 
tratamiento por el opio produce parálisis y re- 
tarda la curación , lo cual no está probado. 

»La mayor parte de los médicos que pres- 



criben los narcóticos, los combinan con los pur- 
gantes , resultando entonces un método misto. 
Guanean de Mussy y Filhos Idisert. inaug., 
núm. 132, año 1833, pág 32) , asocian tam- 
bién el opio y los purgantes , proponiéndose asi 
calmar los dolores y combatir el estreñimiento. 
Esta práctica es una imitación del tratamiento 
de la Caridad , con la única diferencia de ser 
mas sencilla y exigir menor número de sus- 
tancias. 

»C. Tratamiento por ¡os antiflogísticos. — 
El uso de remedios dulcificantes y antiflogísti- 
cos es ya de época muy lejana. Dehaen procu- 
ró demostrar sus ventajas en una obra impresa 
en el Haya en 1745. Desde esta época HolT- 
mann, Astruch , Tronchin, Bordeu y Tissot se 
declararon partidarios del método antiflogísti- 
co. Bordeu particularmente discute de i«ia ma- 
nera intensa, difusa, fastidiosa y parcial los 
graves inconvenientes que resultan , según su 
opinión, del uso de los purgantes, y alaba es- 
traordinariamente las emisiones sanguíneas (Re- 
cherches sur la col. ya citada). Benauldin y 
Canuet y Thomas, discípulos suyos, han preco- 
nizado también las emisiones sanguíneas. Antes 
de apreciar este tratamiento diremos en qué 
consiste. 

«Cuando entran los enfermos en el hospi- 
tal, se aplica cierto número de sanguijuelas so- 
bre los puntos mas doloridos del vientre; se 
prescriben bebidas refrigerantes y diluentes y 
lavativas emolientes, ligeramente laxantes. Po- 
co después suele ser necesaria una segunda 
aplicación de sanguijuelas y aun una sangría 
general, por razón de la intensidad del dolor y 
del estado febril que existe en algunos suge- 
tos. Los fomentos y la dieta absoluta comple- 
tan el tratamiento antitlogístico de la enferme- 
dad, cuando es simple. Se añaden á veces ba- 
ños generales tibios. 

• »Los médicos que antiguamente practica- 
ban la sangría hacían de ella un estenso abu- 
so. Astruc recomienda en la raquialgia ( asi lla- 
ma al cólico de plomo de naturaleza inflamato- 
ria) derramar profusamente la sangre (largiler) 
de cuatro en cuatro ó cada seis horas , en los 
dos primeros dias de la enfermedad , á no ser 
que haya formal contraindicación (Astruc, dis- 
sertatio cit. , en Haller, Disput. t. 111, p. 274). 
No todos los que practicaban la sangría tenían 
la moderación de Astruc , porque Bordeu nos 
enseña que un religioso , enfermero de la Ca- 
ridad , «hombre por otra parte lleno de piedad 
y respetabilísimo, daba la preferencia á las san- 
grías, que siempre queria contar por docenas; 
después de la sesta era preciso hacer la sétima, 
porque tiene siete dias la semana; después de 
la sétima la octava, para hacer la cuenta re- 
donda , y después la novena , porque número 
Dcus impari gaudet.» ( Bordeu , obr. cit. , pá- 
gina 491.) Éstas escelentes razones no han 
agradado á los modernos, y los mismos que 
tratan el cólico de plomo por los antiflogísticos 
no los usan sino muy moderadamente. Prestan 



CÓLICOS DE PLOMO. 



91 



estos remedios verdaderos servicios cuando el 
vientre está sensible á la presión , ó hinchado, 
cuando se presenta la calentura en el tnirso de 
la enfermedad, ó desdesu principio, ófinalmen- 
te cuando fallan los otros métodos. 

«Fuera de estas especiales circunstancias 
se debe preferir á los antiflogísticos la medi- 
cación evacuante y narcótica: 1.° porque de- 
termina un alivio mas marcado, y mas dura- 
ble que los otros métodos; 2.° porque la du- 
ración de la enfermedad es mucho mas corta; 
3.° porque los dolores se reproducen menos 
comunmente , cuando vuelve el enfermo al 
trabajo, y la convalecencia es menos larga; 
4.° porque en fin, porque son menos frecuen- 
tes las recidivas. También se ha acusado á los 
antiflogísticos de provocar mas á menudo que 
el tratamiento de la Caridad la parálisis conse- 
cutiva. Es necesario, ademas antes de formar 
idea acerca de la eficacia del tratamiento anti- 
flogístico, saber si no se han administrado al 
mismo tiempo otras sustancias.» Es indudable, 
según la observación de algunos enfermos que 
estuvieron bajo la dirección de Renauldin, que 
este médico no empleaba una medicación es- 
clusivamente emoliente; sino que usaba tam- 
bién como ayudante el láudano en poción y en 
lavativas (Grisolle, thes. cit., pág. 76). (V. en 
la bibliografía las obras en que se encuentra 
indicado esie método). 

»D. Diversas sustancias. — Alumbre. El 
sulfato ácido de alumina y potasa (alumbre), 
ha sido aconsejado por Richter, Percival, Chap- 
man, Michaelis, etc. Kapeler asegura que da- 
do de uno á tres ó á cuatro granos por dia, en 
una poción gomosa , el sulfato de alumina y 
de potasa cura constantemente el cólico de 
plomo. Montaceix dice, que se obtiene una cu- 
ración completa y durable en menos de seis ó 
siete dias ; y en razón de la eficacia de este 
método propone llamarle tratamiento del hos- 
pital de S. Antonio, en oposición á el de la 
Caridad (Du trait. de la col. met par V alun, 
Arch. gen de med. , t. XVIII, p. 370). Gen- 
drin no ha visto que tuviese mal éxito este re- 
medio una sola vez, en cincuenta y ocho en- 
fermos atacados del cólico, bien comprobados; 
y aun ha llegado á detener en diez á quince 
horas el desarrollo de la enfermedad en vein- 
te y tres personas, y á impedirle en otras seis, 
sin que interrumpiesen sus trabajos. 

»Acido sulfúrico.— Hemos dicho que Gen- 
drin habia recomendado el ácido sulfúrico co- 
mo un medip profiláctico seguro contra los 
ataques del cólico saturnino; pues también lo 
ha empleado como medio curativo de la afec- 
ción , y con tal éxito que se han restablecido 
con su administración mas de trescientos en- 
fermos (V. el art. Cólico de plomo del Dicl. 
de med. , 2. a odie. , p. 395). Comunmente ele- 
va la dosis del ácido á dos escrúpulos en libra 
y media ó dos libras de agua, que tiene el cui- 
dado de dulcificar y colocar en vasijas no vi- 
driadas ( Véase-. Trans. med., t. Vil, pág. 62, 



año 1832). Doce sugetos se han curado en 
tres ó cuatro dias con esta limonada sulfúrica, 
que según dice Gcndrin , disminuye constan- 
temente los dolores al segundo dia, y muy fre- 
cuentemente en el primero. Estas aserciones 
son evidentemente exageradas, y en contradic- 
ción con los resultados obtenidos por otros ob- 
servadores, que han esperimentado este ácido 
(V. la tesis de Grisolle, p. 74). 

»EI doctor Harían ha obtenido buenos efec- 
tos de una mezcla de tres granos de acetato 
de plomo , uno de opio , y cinco de calomela- 
nos, que se divide en tres dosis. El doctor 
Graves de Dublin , ha visto curarse dos en- 
fermos bajo la influencia de los fomentos del 
tabaco, y otros por medio de lavativas hechas 
con el cocimiento de esta planta. También se 
han administrado la tintura de la nuez vómi- 
ca (Serres) , los purgantes, la valeriana, los 
baños frios (Odier), y el mercurio dado hasta 
la salivación. 

»Mélodo del doctor Ranque. — Este médico 
ha propuesto combatir el cólico de plomo : 1.° 
con un epítema abdominal , con el que cubre 
todo el vientre desde el apéndice sifoides has- 
ta una pulgada por encima del pubis, y que 
debe distar del epítema lumbar poco mas de 
una pulgada. Su composición es la siguiente: 
R. de diaquilon gomado , media onza ; de tria- 
ca, media onza ; de emplasto de cicuta en ma- 
sa , dos onzas ; de alcanfor en polvo , una 
dracma ; de azufre en polvo, media dracma. 
Hágase una amalgama á beneficio de un fuego 
suave; estiéndase luego en una ganuza de la 
magnitud del vientre ; iguálese bien su super- 
ficie, y espolvoréese con : R. de alcanfor y 
tártaro estibiado de cada cosa, dracma y me- 
dia; de flores de azufre, media dracma; méz- 
clese. 

»2.° El segundo modo consiste en un epí- 
tema lumbar, que cubre esta región desde la 
penúltima vértebra dorsal hasta el sacro. Com- 
posición : R. de masa emplástica de cicuta, 
dos terceras partes; diaquilon gomado , una 
tercera parte; licúense á fuego lento, y añá- 
dase una dracma de alcanfor y otra de azufre. 

»3.° El tercer medio terapéutico es un li- 
nimento antineurálgico, cuya fórmula es la si- 
guiente : R. de agua destilada de laurel real, 
dos onzas ; de éter sulfúrico , una onza ; de es- 
tracto de belladona, dos dracmas. Se emplea 
para cada fricción un par de cucharadas de es- 
te líquido; pero basta con la mitad para los en- 
fermos jóvenes. 

»4.° Se prescribe también una lavativa anti- 
neurálgica, compuesta del modo siguiente: R. 
de tintura etérea de hojas de belladona, vein- 
te gotas; de aceite común ó de almendras dul- 
ces, cuatro onzas; mézclese y adminístrese 
fria. 

»5.° Rebidas dulcificantes (agua de cebada 
mezclada con leche, suero, etc). 

»EI epitoma abdominal debe quitarse en el 
momento que se queja el enfermo de la apari- 



92 



CÓLICO DE PLOMO. 



cion do pústulas, debiendo reemplazarle coa 
otro nuevo, sino se han calmado los cólicos en 
los dos primeros dias. El epítema lumbar puede 
dejarse cinco ó seis dias sin inconveniente al- 
guno. Ambos tienen por objeto especial modi- 
ficar los ramos nerviosos, que vienen á distri- 
buirse en la epidermis de los lomos y del 
vientre. El lumbar es sedante; el abdominal 
está compuesto de modo que produzca seda- 
ción y revulsión — La lavativa sirve para disi- 
par el estado tetánico de la porción inferior de 
los intestinos gruesos» (Nouv. írait. des mala- 
dies produiles par le plomb., etc., en los Arch. 
gen. de med., t. VII , año 1825, p. 379). 

y>Tralamiento químico. — Chevalier y Rayer, 
fundados en las leyes conocidas de las descom- 
posiciones químicas , han propuesto, contra el 
cólico de plomo, el ácido Indro sulfúrico y las 
aguas minerales naturales ó artificiales que le 
contienen como lasde Baréges, deEnghien, etc. 
El sulfuro de plomo, que se ha supuesto forman 
estas aguas con las partículas metálicas, no tie- 
ne acción alguna dañosa. Ya nos hemos ocu- 
pado de este medio como profiláctico, y trans- 
crito las fórmulas que se han recomendado pa- 
ra la composición del agua sulfurosa. La ad- 
ministración de este agente químico ha pro- 
curado siempre curaciones prontas y seguras; 
pero bueno será advertir que se han empleado 
los narcóticos al mismo tiempo que las prepa- 
raciones sulfurosas. 

» Conclusión. — En vista de tratamientos y 
métodos tan variados, y que todos cuentan fe- 
lices resultados, necesariamente debe el mé- 
dico esperimentar cierta perplejidad. ¿Qué tra- 
tamiento, qué método debe preferirse? elegido 
cualquiera de ellos, ¿conveudrá seguirle cie- 
gamente en todos los casos que se presenten? 
Creemos que cesará toda incertidumbre , to- 
mando en consideración las observaciones si- 
guientes: 

»1.° El tratamiento de la Caridad es sin 
contradicción, el que se presenta mas constan- 
temente coronado de felices resultados. Em- 
pleado metódicamente y con cierta prudencia, 
nunca produce accidente alguno ; las curacio- 
nes son mas rápidas , las recidivas mas raras 
que por ningún otro tratamiento. Se puede 
modificar el tratamiento de la Caridad, pero 
los purgantes y los narcóticos deben siempre 
formar la base del que se adopte. 

»2.° Adóptese ó no el tratamiento de la Ca- 
ridad, puro ó modificado, ú otro cualquiera, no 
deben perderse de vista las complicaciones y 
las enfermedades intercurrentes , que cambian 
entonces la medicación. 

»3.° El tratamiento antiflogístico no cura 
todos los cólicos de plomo , y las curacio- 
nes que proporciona se hacen esperar mucho 
tiempo. 

»4.° Aun cuando no se conoce la natura- 
leza de la enfermedad, pues ha burlado hasta 
ahora las investigaciones de los patólogos , se 
cura muy bien teniendo en cuenta sus sínto- 



mas , su intensidad, la astricción de vientre, 
y los dolores, que deben muy particularmente 
fijar la atención del práctico. 

»5.° Cuando el cólico saturnino se compli- 
ca con fenómenos nerviosos graves, como de- 
lirio, convulsiones, epilepsia y parálisis, es 
preciso dirigir contra ellos la medicación ordi- 
naria; y de este modo desaparecen pronta- 
mente durante el curso del tratamiento del 
cólico saturnino { Véase Delirio, Convulsio- 
nes , etc.) 

«Naturaleza y clasificación en los 
cuadros nosológicos. — El asiento y natura- 
leza del cólico de plomo son todavía descono- 
cidos; y sin embargo hay pocas enfermedades 
que hayan sido objeto de tantas investigacio- 
nes, ni que tanto hayan escitado el celo de los 
observadores mas distinguidos. La anatomía 
patológica que ha logrado ilustrar tantos puntos 
oscuros de la patología interna, solo propor- 
ciona en este resultados negativos. La opinión 
que parece mas aproximada á la verdad, y que 
cuenta gran número de partidarios, es la que 
refiere la enfermedad á un estado puramente 
nervioso. 

»Astrnc es el primero que ha sostenido es- 
ta doctrina , colocando el sitio del mal en el 
cordón raquidiano, y dándole el nombre de 
raquialgia. Refiere su origen á la estancación 
de los humores en la porción lumbar de la mé- 
dula ó de sus membranas: «Stasim seu in- 
fractum fieri in cortice medullae intra lumba- 
res vértebras comprehensíe, aut in membra- 
nis corticen illum ambientihus» (Dissert. cita- 
da en la Collect. de thes. de Haller , p. 268). 
El dolor es producido , según él, por la irrita- 
ción que ejerce el humor sobre los nervios 
que parten del cordón medular. La violencia 
de los dolores , su cambio repentino de lugar, 
y la ausencia de lesión le parecen otras tantas 
pruebas en apoyo de su doctrina [loe. cit-, pá- 
gina 269 y 270). 

»Sauvages conservó la denominación de 
Astruc, designando con ella un género sepa- 
rado, del cual forma el cólico de plomo una es- 
pecie bajo el título de neuralgia metálica (Vo- 
sol. melod., das. Vil, ord. V). Pinel le ha 
colocado en la 4. a clase de las neurosis (cla- 
se IV), entre las anomalías locales de las fun- 
ciones nerviosas (ord. III), y las neurosis del 
conducto alimenticio (gener. XV, Nosol. phil., 
tomo III). Aproxímase á las citadas opiniones 
la de Barbier de Amiens, quien considérala 
enfermedad como el resultado de un trastor- 
no de la inervación, que se fija de una ma- 
nera especial en la médula espinal , la porción 
lumbar y el plexo nervioso de los intestinos 
{Précis de nosol. el de therap, t. II, p. 392). 
Fundándose Dehaen en inducciones teóricas 
que le hacen admitir una comunicación ínti- 
ma entre el gran simpático y los nervios de los 
miembros, cree poder atribuir la enfermedad 
á un estado morboso del sistema nervioso abdo- 
minal (Dehaen , loe. cit. , p. 41 á 4o). 



«Según Andral, «el cólico de plomo es una 
neurosis , en la cual parecen estar particular- 
mente afectados el plexo raquidiano y los ab- 
dominales del gran simpático. El estreñimien- 
to debe depender ó del aniquilamiento de la 
acción contráctil de los intestinos, ó de la sus- 
pensión de la secreción del moco intestinal» 
(Clin, méd., t. XI, p. 2W, 3. a edic). Gran 
número de médicos han adoptado y sostenido 
la opinión de Andral ; y es preciso reconocer, 
que la naturaleza de los síntomas y la eficacia 
de los narcóticos en el tratamiento de la enfer- 
medad , militan en favor de su doctrina. 

»Efectivamente , cuando se estudian los 
síntomas , se vé que pueden muy bien derivar 
de un estado neuropático de la médula y del 
nervio ganglionario. Los dolores, lejos de exas- 
perarse con la presión , se alivian por lo co- 
mún ; su asiento es principalmente en las in- 
mediaciones del ombligo y del raquis ; aumen- 
tan por intervalos ; se exacerban por la noche; 
se irradian á los nervios del tórax, de los miem- 
bros , del cordón esperraático , etc., lo mismo 
que en las neuralgias. A pesar de la violencia 
de los dolores , la circulación está poco afecta- 
da ; los tejidos se contraen con energía; el pulso 
es vibrátil ; los músculos del vientre se hallan 
retraídos, lo mismo que el cremaster y la tú- 
nica musculosa de los intestinos, lo cual cons- 
tituye un verdadero estado espasmódico. Si á 
este cuadro de síntomas añadimos , que las 
sustancias que obran especialmente sobre el 
6¡stema nervioso , disipan todos los accidentes, 
no habrá quien pueda desconocer la analogía 
que existe entre el cólico de piorno y los des- 
órdenes nerviosos, designados con los nombres 
de neurosis y neuralgia. La ausencia total de 
lesión , ya en los intestinos , ya en el sistema 
encéfalo-raquidiano, es otra prueba , que junta 
con las demás, debe formar entera convicción. 
¿Cómo negarnos á admitir que el cólico satur- 
nino sea una verdadera enteralgia , puesto que 
ofrece los síntomas , curso y terminación de 
de otras neuralgias ? De todos modos , á esto se 
reduce cuanto podemos decir de positivo sobre 
la enfermedad que nos ocupa ; en cuanto á su 
sitio, podrá referirse á los plexos del gran sim- 
pático , ó á los nervios que nacen de la médula 
espinal, ó finalmente á los dos sistemas ner- 
viosos á la vez , según ha propuesto Andral. 
Nos inclinamos á creer que el cordón raquidia- 
no se resiente de una manera indudable de los 
efectos tóxicos del plomo, y que los formida- 
bles accidentes observados en su curso , como 
la>s parálisis , el delirio , las convulsiones , la 
epilepsia , etc., anuncian que el sistema ner- 
vioso esperimenta una infinencia directa, y no 
simpática, de la misma causa que ha determi- 
nado la dolencia. En otros términos, nos pare- 
ce muy probable que en la afección saturnina, 
cuando la causa productora solo obra en un 
grado leve, reciben principalmente la impre- 
sión de las partículas saturninas sobre la mu- 
cosa digestiva, los nervios que se distribuyen en 



CÓLICO DE PLOMO. 03 

las túnicas intestinales y en las visceras del 
vientre, resultando entonces esa neurosis do- 
lorosa que se manifiesta en los órganos conte- 
nidos en la cavidad abdominal ; pero si la ac- 
ción de las partículas es mas enérgica , si el 
sugeto ha permanecido mas largo tiempo so- 
metido á su influencia, y frecuentemente tam- 
bién en razón de ciertas predisposiciones indi- 
viduales, se afecta igualmente el cordón raqui- 
diano , y participa de los sufrimientos de los 
nervios viscerales. Asi lo atestiguan evidente- 
mente los síntomas , que tienen su asiento sin 
género alguno de duda en el raquis y en los 
nervios que nacen de él, como son: los dolores 
lumbares, los torácicos, losdelcordon testicular, 
las parálisis, las convulsiones, etc. La ausencia 
de toda lesión en el sistema nervioso , cuando 
sucumben los sugetos con delirio, epilepsia, con- 
vulsiones saturninas, etc., y en una palabra, 
con accidentes que parecen indicar que están 
profundamente alterados el cerebro y la médu- 
la, es una prueba muy fuerte en favor de la 
naturaleza puramente nerviosa de la enferme- 
dad. (V. Parálisis, Convulsiones, etc.) 

»Heconoce Merat, con la mayor parte de 
los médicos , que el tubo intestinal es el sitio 
de la afección ; pero no cree que se halle afec- 
tada la membrana mucosa , porque habría en- 
tonces secreción mas abundante de los humo- 
res propios de esta membrana; y con mayor 
motivo niega las lesiones de la túnica serosa 
que han supuesto ciertos autores (Tavvri, Prat. 
des mal. aig., t. I , p. 21-6). Según este autor, 
«en la membrana muscular es donde ejerce el 
plomo su acción deletérea. El sistema nervioso 
que se distribuye en esta membrana , toma 
gran parte en la afección , y muy probable- 
mente es el único que se afecta de un modo 
primitivo, procediendo de aquí las anomalías 
nerviosas que se observan algunas veces» (loe. 
cit., p.236). El mismo profesor añade en otro pa- 
rage : «No estoy muy distante de creer, que 
en el cólico metálico , está el tubo intestinal 
como paralizado, y tengo bastantes pruebas en 
apoyo de mi opinión ; por decontado la ausen- 
cia de síntomas inflamatorios ; el modo de tra- 
tamiento que produce mejores resultados , que 
es el de las parálisis en general ; la termina- 
ción natural de la afección abandonada á sí 
misma , y la astricción del vientre.» Cree que 
esta última es una consecuencia de la constric- 
ción ú encojimiento del conducto intestinal , el 
cual una vez llegado á cierto punto , no per- 
mite la espulsion de las materias acumuladas, 
hasta que viene un irritante poderoso á cam- 
biar su manera morbífica de ser. Es visto pues, 
atendidas las razones en que funda este médi- 
co su opinión , que no difiere mucho de la que 
hace depender la enfermedad de una neurosis 
del trisplácnico ; porque la parálisis del tubo 
digestivo puede esplicarse por el padecimiento 
de los nervios que en él se distribuyen. 

»Mucho antes que Merat , había colocado 
Hoflmann el cólico de plomo entre los que de- 



94 



bou su origen á una escesiva constricción es- 
pasmódica de los intestinos (HolTmaun , Mtd. 
ral. sysl., t. IV, sect. II). Stockhusen le in- 
cluye en el número de los cólicos. Gullen opina 
que es del mismo género que los demás cólicos 
«porque vá siempre acompañado de los sínto- 
mas que constituyen esencialmente el cólico, y 
los (pie algunas veces sobrevienen accidental- 
mente , solo pueden cambiarla especie, pero 
nunca el género.» ( Cullen , Elem. de med. 
prat., p. 104, edic. de 1819 ) El cólico de plo- 
mo es la segunda especie de los cólicos idiopá- 
ticos en la clasificación de Cullen , quien le 
subdivide en : A , cólico por un veneno metá- 
lico: B , cólico propiamente dicbo ó raquialgia 
vegetal : C , cólico producido por el frió ó de 
Surinam: D, por causa traumática, raquial- 
gia traumática (loe. cit., p. 108). Ilseman (De 
cólica saturnina, loe cit., en la colección de 
Haller , p. 307) y otros muebos, se lian fijado 
particularmente en el estado espasmódico de 
los intestinos. 

»Cierto número de autores han considerado 
al cólico saturnino como una inflamación intes- 
tinal ; mas es preciso confesar que las razones 
en que se apoyan no son á propósito para con- 
vencer. Bordeu , que ha sostenido esta doctri- 
na en una estensa memoria, en que se encuen- 
tran digresiones interminables sobre objetos 
estraños á la enfermedad de que se ocupa , in- 
dica el resultado de las autopsias que ha teni- 
do ocasión de hacer. Ya las hemos analizado 
al tratar de la anatomía patológica, demostran- 
do que no merecen ninguna confianza ; y el 
mismo juicio formará todo el que las lea irn- 
parcialmente. Las perforaciones , la gangrena, 
las rubicundeces violáceas y los equimosis son 
las lesiones que refiere á la enfermedad (Bor- 
deu, obr. cit., p. 496 y siguientes). Después 
de este médico no se han recogido hechos mas 
positivos en favor de la doctrina que sostuvo. 
Algunos autores (Ganuet) han afirmado tam- 
bién «que en muebos casos se observan alte- 
raciones del tubo digestivo, que anuncian la 
existencia de una gastro-enteriüs.» Pero se 
necesita algo mas que proposiciones afirmativas 
en una cuestión tan grave ; y lo cierto es que 
aun cuando se citen casos de haberse hallado 
signos evidentes de inflamación, todavía falta 
probar , que no dependían estos signos de al- 
guna complicación inflamatoria. Manifestándo- 
se esta asociación en una multitud de neural- 
gias , no ha de estar exento de ella el cólico de 
plomo; pero entonces solo constituye la infla- 
mación una circunstancia accidental , que no 
puede inducir á error acerca de la verdadera 
causa de la'enfermedad. 

»Los partidarios de la gastro-enteritis ó en- 
teritis metálica, pretenden que el estreñimien- 
to no destruye la idea de una llegmasia, puesto 
que en las inflamaciones de las mucosas se su- 
prime al principio la secreción. Dicen que no 
siempre vá acompañada la inflamación de ca- 
lentura ; que algunas veces se aumenta el do- 



COLICO DE PLOMO. 

lor del vientre con 



a presión ; (pie está abul- 
tado el abdomen ; que las náuseas, los vómi- 
tos , la disuria , denotan una inflamación ; que 
las convulsiones, el delirio y los desórdenes 
nerviosos son efecto de la reacción simpática 
ejercida por la flegmasía. Fácil nos parece res- 
ponder á cada una de estas aserciones. No se 
concibe, por ejemplo , cómo daría lugar el có- 
lico saturnino, casi constantemente á la astric- 
ción, si en realidad la mucosa estuviese irri- 
tada; si existiese, como dicen, en todos los ca- 
sos una enteritis metálica. Seria necesario ad- 
mitir una enteritis enteramente especial, puesto 
que , contra lo que sucede en todas las otras, 
se cura con el uso de los drásticos mas violen- 
tos, y se exaspera con el de sustancias emo- 
lientes. Estraño seria por cierto ver una ente- 
ritis no acompañada de síntoma alguno febril: 
no hay duda que una flegmasía poco estensa 
no siempre va acompañada de calentura ; pero 
no es este el caso de que se trata , puesto 
que la enfermedad ocupa todo el conducto in- 
testinal. En la gastro-enteritis es dolorosa la 
presión , está el vientre tenso , la temperatura 
aumentada, y hay sed intensa; todos estos sín- 
tomas faltan en el cólico de plomo. Los vómi- 
tos , las náuseas, son trastornos nerviosos muy 
comunes en las neurosis, y que no prueban en 
manera alguna la existencia de una inflama- 
ción. Creemos no deber insistir mas tiempo en 
las diferencias que separan al cólico de plomo 
de las afecciones verdaderamente inflamatorias. 
»Histoiua y bibliografía. — No se sabe 
positivamente si los antiguos conocieron el có- 
lico de plomo ; Pisón afirma que se halla des- 
crito en muchos parages de las obras de Hipó- 
crates (Tractatus Pisonis de morbo seroso , pá- 
gina 274 ), y en particular en el siguiente: 
«El obrero que trabaja en las minas (ck i <u t - 
Tceh^oiv ) esperimenta una constricción en la 
región del corazón; su bazo se pone volumi- 
noso , el vientre se distiende , se endurece y se 
hincha ; los tejidos se decoloran» (lib. IV, ar- 
tículo 20 , edent. Foesio). Ilsemann , de quien 
tomamos esta cita , no cree que sea semejante 
descripción aplicable al cólico saturnino (De có- 
lica saturnina, en Haller , Disput, t. III, pá- 
gina 301); Dehaen es de la misma opinión (Ra- 
tio medendi de cólica Picton-, t. II, p. 5). 

»Celso no indicó los síntomas que producen 
las preparaciones saturninas ; pero conocía sus 
malos efectos , y aconseja se haga vomitar á 
los sugetos que hayan tragado albayalde (De 
medie, lib. V). Dioscorides señala los acciden- 
tes que resultan, según él, de la ingestión del 
plomo en las vias digestivas , y son : el hipo, 
la tos, la secura de la lengua, el enfriamiento 
de las estremidades, el entorpecimiento, la pa- 
rálisis de los miembros , la pesadez epigástri- 
ca , los cólicos fuertes y la supresión de las ori- 
nas , que toman un color aplomado (en Merat, 
obr. cit., p. 7). 

»Areteo de Capadocia no hace mención al- 
guna de esta enfermedad , y no describe mas 



CÓLICO DE PLOMO. 



95 



que el cólico vegetal (lib. 1); Galeno nada aña- 
de á la descripción de Dioscorides (Melhod. 
med., t. VI, p. 30). 

»Aecio considera al albayalde y al litargirio 
como venenos, y adopta acerca de los efectos 
de estas sustancias la opinión de los autores 
que le habían precedido (Aetius, Opera medi- 
ca, lib. IV, lect. IV, (500). 

«Pablo de Egina repite lo que habían dicho 
Celso y Galeno, llamando á la enfermedad cólico 
pestilencial (cólica pestífera). C\Uñs cree que es- 
te cólico es lo mismo que el de Poitou (vegetal); 
parque termina por parálisis y epilepsia. Acon- 
séjalos eméticos v los purgantes (De re medica, 
lib.III, cap. XXIII, XVIII yXLIII; (600). 

»Rasis opina que el litargirio produce su- 
presión de las orinas, constipación ó estreñi- 
miento, engrosamiento de la lengua y dolores 
en el cuerpo , y prescribe los vomitivos y los 
drásticos. 

«Haly-Abbas nada añade á la descripción 
de Dioscorides (Theoric, lib. IX, cap. VIII, De 
parahjs. y cap. XXVII. De cólica.) 

»Avicena asigna á la enfermedad los sín- 
tomas siguientes: emaciación de todo el cuer- 
po, engrosamiento ó abultamiento de la len- 
gua, supresión de las orinas, estreñimiento ó 
diarrea, sensación de peso en el epigastrio, 
procidencia, escoriación é hinchazón del ano; 
escrecion de materias apelotonadas, colora- 
ción aplomada, sofocación, epilepsia, parálisis; 
la libertad del vientre y la emisión de las ori- 
nas anuncian la curación delaenfermedad (Avi- 
cennee can. med., lib. III, cap. VI.) Se ve que 
Celso, Pablo de Egina, Rasís, Avicena y otros 
autores mas antiguos, tenían algunas nocio- 
nes del cólico saturnino, y habían ya adop- 
tado el tratamiento mas eficaz en esta dolencia 
(1100). 

»Nicolas Nicolus (serm. V, tract. VIII, ca- 
p'tulo XL, y serm. III, cap. V(1412), Juan Mi- 
guel Savonarola (Praclic. tract. VI, cap. XVI 
(1430) y Juan Arcillan (Pract. med, apnd Fo- 
restum (1480), digeron muy poco acerca del có- 
lico de plomo; el último pretende que es la pará- 
lisis prontamente mortal cuando se trata la en- 
fermedad de unamaneramuy suave. Alejandro 
Benedicto (1496), Andermco (1532), Trincavelo 
(1530), León Jacquino (15*30) y Volcher Coi- 
ter (1533), solo deben nombrarse para no fal- 
tar al orden cronológico; sus observaciones se 
reducen casi todas á comentarios de los es- 
critos de los autores que les habian precedido. 
»No sucede asi con Juan Fernelio, el cual 
refiere la interesante historia de un pintor de 
Angers, atacado de cólico y parálisis saturni- 
nas, cuyo cadáver no presentó lesión alguna 
apreciable. Sorpresa causa verdaderamente le- 
yendo esta observación, que no haya servido 
para mayor ilustración de los escritos que so 
publicaron antes de los de Citois sobre la en- 
fermedad que nos ocupa. (Univers. medie, de 
luis venérete cura!., p. 230). Los cólicosde que 
habla Fernelio en otro parage (De febribus li- 



bro IV, cap. X) son debidos á causas distin- 
tas de las emanaciones del plomo. 

))HoIlerio dice que el cólico de plomo es 
muy frecuente en la Bretaña (De morbisinter- 
nis, libro I, cap. XLI, De cólico dolore); y 
Droet, en la Picardía (Consilio nov. de pes- 
tilent., cap. V), Langío ha observado en la 
Moravia y la Silesia el cólico vegetal y no el 
de plomo (lib. H.epist. LV). Paracelso, Droet, 
Craton de Kralítheim, Erasto, hablan de este 
asunto en sus escritos, pero de una manera 
muy vaga. 

»Pison describió en el año 1618, un cólico 
de que fueron atacados los religiosos de la aba- 
día de Beaupré y que era probablemente de la 
misma naturaleza que el conocido mas tarde 
con el nombre de cólico vegetal. Cahagnesio 
(Brecis fácil isque melhod. curandarum fe- 
brium año 1616) habla del cólico de plomo en 
un capítulo titulado : De cólica piclaviensi. 

»A principios del siglo XVII (1616) publicó 
Francisco Citois un opúsculo, en que creyó des- 
cribir una enfermedad nueva, que designa con 
el nombre de cólico de Poitou (De novo et po- 
pulari apud Pictones dolore cólico bilioso, 
diatriba; Poitiers). La enfermedad cuya histo- 
ria nos ha dejado este autor, no era otra cosa 
que el cólico vegetal epidérmico, determina- 
do por las influencias atmosféricas y tal vez 
por el uso de ciertas bebidas. Las citas que 
hemos hecho de autores anteriores á Citois, 
prueba evidentemente que era bien conocida 
antes de él la descripción de dicha enfermedad. 
(Véase Cólico vegetal). 

»La disertación de Stockhusen, que apare- 
ció algún tiempo después, y que es muy su- 
perior á la de Citois, contiene preciosos docu- 
mentos sobre las enfermedades de los mineros 
y sobre el cólico de plomo, cuya sintomatoló- 
gia contiene casi por completo; la historia de 
las complicaciones y de las terminaciones, es- 
tá trazada con sumo cuidado. Nos ha dejado 
observaciones muy juiciosas sobre la parálisis, 
la epilepsia, las convulsiones y la caquexia. 
Asegura que suceden á los dolores del vientre 
y de los miembros desórdenes nerviosos gra- 
ves, y particularmente la parálisis. Por lo de- 
mas, no tenia una idea bien precisa de la na- 
turaleza íntima de la enfermedad, que coloca 
entre los cólicos (ad cólicas passiones referí) 
(Oe lithargyrii fumo noxio morbífico, ejusque 
metallico frequenliori morbo, die Huttenkatze; 
Goslar, 1656). 

»Eu el siglo XVIII vieron la luz pública 
gran número de tratados sobre el cólico de 
plomo; y uno de los primeros fué el de Dehaen 
(1745). Su disertación contiene una esposicion 
completa de los síntomas; pero inútilmente se 
buscarán en ella nociones precisas sobre las 
lesiones cadavéricas, las causas, y la manera 
de dirigir el tratamiento. Sin embargo, reco- 
mienda el uso de los purgantes, tales como el 
maná, el sen, la caña fístula y el opio; propo- 
ne ademas la aplicación de un vejigatorio á 



9G 



CÓLICO DE PLOMO. 



las piernas y á los pies. El trabajo de Dehaen 
no abunda en hechos y observaciones como 
se debia esperar de un médico como él (Diss. 
De cólica Pictorum, La Haya, 1745, y en Ra- 
tio medcndi, París 1761, t. II, en 12.°). 

»La disertación de Ilsemann es un reper- 
torio completo, en donde se encuentran espues- 
tas las diversas operaciones que se practican 
en lo interior de las minas, y las enfermedades 
que afectan á los mineros. Ademas de las cu- 
riosas observaciones que ha hecho este médi- 
co sobre la ictericia, la amaurosis, la parálisis 
ya del sentimiento, ó bien del movimiento, y 
¡os demás desórdenes producidos por el cóli- 
co saturnino, ha enriquecido su trabajo con 
los hechos mas interesantes que contienen las 
memorias de Carnerario (Ce cólica paretico epi- 
léptica), de Stockhusen {obr.cil.), de Suchland 
(diss. de paralyse me tallar iorum), y de Span- 
genberg. Las observaciones de parálisis y de 
¿eguera (p. 307), la descripción de la forma 
y el trayecto de los dolores, la enumeración 
de todos los síntomas, que analiza con el ma- 
yor cuidado, dan á la tesis de Ilsemann una 
importancia , que no ha sido suficientemente 
apreciada (Guill Ilsemann De cólica saturni- 
na melallurgorum dispulatio, Gotinga, 1752). 
»Antes que la de Ilsemann, apareció otra te- 
sis debida á Zellery Weismann (Johan. Zeller 
el lm. Weismann docimasia, signa, causa; et 
noxa vini lilhargyrio mangonisali. etc., Tu- 
binga, 1707, en Haller Dispul., p. 276). Los 
autores fijaron la atención en los graves acci- 
dentes que resultan del uso del litargirio y al- 
gunas preparaciones de plomo, con el fin de 
dar á los vinos un sabor dulce y agradable. 
A la verdad no siempre ha andado Zeller acer- 
tado, cuando atribuye al uso de los vinos cor- 
regidos con el litargirio las profundas alteracio- 
nes encontradas en el cadáver de varios suge- 
tos que habían sucumbido á afecciones visce- 
rales; pretende que el albayalde que se emplea 
para prevenir las erosiones, las inflamaciones 
en las personas obesas y en los niños, ó que 
se usan á título de cosmético, pueden provo- 
car graves enfermedades. Moglingio cita la 
historia de dos niños, que fueron acometidos 
de convulsiones, por habérseles aplicado sobre 
la piel albayalde pulverizado. Zeller ha cono- 
cido una mujer, que fue atacada de disnea, de 
lipotimia, de náuseasy vómitos, por haber usa- 
do el litargirio á fin de disipar el encendi- 
miento que tenia en la cara. Cita la opinión 
de ciertos químicos de su tiempo, que creían 
que los famosos venenos llevados de Italia, y 
conocidos en Francia con el nombre de polvos 
de sucesión, debían su acción lenta y segura 
á una sal de plomo mezclada con otras sus- 
tancias (p. 248). 

»Zeller ha referido á la acción de los vinos 
litargirados el delirio, el asma, el dolor y el 
calor gástricos, la ulceración del estómago y 
de las visceras inmediatas, la calentura, la 
hidropesía, el enflaquecimiento, las coloracio- 



nes variadas de la piel, etc., (p. 254). No pue- 
de acusarse al plomo de la producción de tan 
graves lesiones, á menos que sea su dosis bas- 
tante considerable para constituir un verdade- 
ro veneno. 

»Astruc espuso en una memoria la opinión 
de que el cólico saturnino es una raquialgia 
(John Astruc,Ergo morbo, cólica Pictonum dic- 
to, venae sectio in cubito, 18 de noviembre 
1751, en Haller Disput., t. III, p. 258). Esta 
disertación, en que el autor ha manifestado la 
erudición que brilla en todas lasobras que han 
salido de sus manos, no contiene mas que ra- 
zonamientos teóricos, destinados á apoyar su 
modo de ver respecto á la naturaleza del mal. 
Para su curación recomienda la sangría; pero 
impone muchas restricciones á su uso. En su 
concepto, es útil en la raquialgia que depen- 
de de una estancación sanguínea é inflamato- 
ria; en cuyo caso, dá una fórmula rigorosa, 
cuyo testo trasladamos á continuación: «Ex- 
pedit in rachialgia a stasi sanguinis et infla- 
matoria sanguinem mittere largiter et saepé, 
quarta'vel sexta quaque hora primis duabus 
morbi diebus, utin casteraquavisaffectione in- 
flamatoria graviore, si temperamenti ratio ita 
suadeat, nec repugnent astas, viresque aegro- 
ti» (diss. cit. p. 274). Nótese que en todos 
tiempos se ha reconocido la necesidad de pre- 
cisar el uso de la sangría , y que en los au- 
tores antiguos se encuentran modelos de la 
fórmula de las sangrías repetidas. Astruc se 
limita en su tratamiento á las sangrías, los 
dulcificantes, los narcóticos y los resolutivos. 

»La disertación de Dubois publicada en 
1751, en París, (item, 26 de febrero de 1756) 
es una crítica del tratamiento de la afección 
saturnina por la sangría (J. — B. Dubois, Non 
crgo colicis figulis vena? sectio , en Haller , Dis- 
pul., p. 277). «Magistra novisfuit esperientia. 
Ha?c docuit nos ut strenué et alacritér adhibe- 
re mochlica, sic vena? sectionem constanter 
prorsusque repudiare» (p. 290). Tal es la con- 
clusión del trabajo literario de Dubois, en don- 
de pinta con colores poéticos un poco exagera- 
dos, los padecimientos de los mineros, y parti- 
cularmente de los habitantes de Ville-Dieu- 
lez Poeles. Cuando se comparan las dos me- 
morias de Astruc y de Dubois, se ve que no 
se agitaban en tiempos antiguos las cuestiones 
con menos calor que en nuestros dias. 

«Algunos años después publicó Bordeu una 
verdadera diatriba contra Dubois. El estilo de 
este último autor era un poco enfático; el de 
Bordeu no es menos ampuloso; su narración 
está sembrada de una multitud de episodios, 
que no tienen mucha relación con el objeto 
principal (Recherches sur la coligue de Poitou 
en las OEuvr. compl. edic. de 1818, t. II, 
p. 485). Procura hacer prevalecer la sangría, 
y los dulcificantes; y sostiene y comenta lar- 
gamente la memoria de Astruc, cuyo mérito 
hace resaltar. Estas discusiones sostenidas por 
médicos tan célebres, lejos deservir á la cien- 



CÓLICO DE PLOMO. 



97 



cia, la han perjudicado; porque se ha desco- 
nocido por una y otra parte que en ambas doc- 
trinas podía haber algo de verdad. Bordeu es 
el que ha dado mas pruebas de parcialidad 
acumulando en apoyo de su modo de pensar, 
hechos que no tienen ningún valor. 

«Tronchin publicó en 1756 un tratado del 
cólico de Poitou (De cólica Pictonum, Geno- 
va). El epígrafe colocado al frente de su libro, 
«Vidi in arte peritísimos huncce morbum non 
intellexisse» (Spígelio) se aplica muy bien al 
autor; porque ha confundido en la misma des- 
cripción el cólico de los pintores y el de Poi- 
tou ó vegetal. No ha sido mas feliz en el estu- 
dio de las causas, lo cual depende del primer 
error que cometiera (p. 39); la supresión del 
sudor, el vicio reumático, el escorbuto, las 
afección es del alma, tales son, según Tronchin, 
los causas del cólico de plomo. En la des- 
cripción de los síntomas omite muchos y 
muy importantes. La obra de Tronchin es 
mediana y muy inferior á la reputación que la 
práctica de la inoculación le proporcionara en 
Genova y en toda Europa. Bouvad la hizo ob- 
jeto de una crítica mordaz y merecida; pero la 
principal causa de semejante diatriba lanzada 
contra Tronchin, fue la animosidad con que 
miraba á todos los partidarios de la inocula- 
ción ( Examen de un libro cuyo título es- 
Trouchin, De cólica Pictonum, por un mé- 
dico de París, en 8.° 1758). 

wCombalusier, en sus Observaciones y re- 
flexiones sobre el cólico de Poitou ó de los piu- 
lares, etc. (París 1761, en 12.°) refiere los gra- 
ves accidentes que sobrevinieron en muchas 
familias, por el uso del pan cocido en un hor- 
no, que se habia calentado con unos maderos 
viejos, pintados con colores en que entraban 
sales de plomo; pero las que mas contribuye- 
ron al desarrollo de la enfermedad fueron las 
sales de cobre. 

»Los trabajos que se deben á Gardane (In- 
vestigaciones sobre el cólico metálico, París, 
1768),áDesbois, deRochefort (Cours. élém. de 
mat.méd. París, 1789, t. I., p. 28 i) y á Merat 
(Dissert. sur la coliq. metalliq. , París, 1804), 
han ¡lustrado en gran manera muchos puntos 
del cólico de plomo. Merat publicó después un 
tratado del cólico metálico , donde nada dejó 
que desear acerca de la historia de esta enfer- 
medad; las citas que frecuentemente hemos 
tomado de este libro, notable por mas de un 
concepto, nos dispensan de hablar de él con 
mas estension. 

»Fué el cólico de plomo considerado bajo 
un nuevo aspecto en muchas disertaciones , en 
que los autores se esfuerzan en probar la natu- 
raleza flegmásica de la afección (Thomas, Dis- 
sert. sur la thoracoscopie , suivie de quelques 
propos. medie, sur la coliq. de plomb. ; thes. 
núin. 68, 1825; Cannet, (J. V. V.) Essai sur 
le plomb. consideré dans ses effeis sur Cécono- 
mie anímale , et en parlictdier sur la colique 
de plomb.; thes. núm. 202, 1823; Palais, 
TOMO VIII. 



Traite pratique sur la colique matallique , en 
8.° ; París , 1823). 

» También se pudiera consultar sobre este 
punto el artículo cólico de plomo del Dict. 
des. scienc. med.; el del Dict. de med., 2. a edic 
por Cliomel y Blache; y el del Dict. de med. et 
de chir. prat. por Bouillaiid. Se encontrarán, 
preciosas observaciones que merecen toda con- 
fianza en la Clínica de And ral (t. II , p. 208, 
2. a edic.) ; y cálculos estadísticos bien hechos 
sobre una multitud de particularidades de la 
enfermedad en la tesis de Grisolle (Essai sur 
la colique de plomb.; 1835, núm. 189). En 
cuanto á las complicaciones y los accidentes 
consecutivos, la tesis de Tanquerel Desplan- 
ches|(£'sai sur laparalysie de plomb. ou satur- 
nine , París, 1834); las memorias de Grisolles, 
(Recherches sur quelques-uns des accid. ce- 
rebr. prod. par les preparat. saturn. en el 
Journ. hebd. , diciembre, 1836) ; y de Duplay 
De l amausose , suite de la colique de plomb. 
en los Arch. gen. de med. , 183*, t. V. , p. 5), 
contienen preciosos datos y documentos. La úl- 
tima memoria de Tanquerel Desplanches so- 
sobre la anestesia saturnina, ó parálisis del sen- 
timiento producida por el plomo, ofrece obser- 
vaciones y advertencias preciosísimas sobre es- 
ta forma tan estraña, y tan curiosa al mismo 
tiempo, de la parálisis (en el periódico V Expe- 
rience , núm. 19, 5 de febrero). Volveremos á 
ocuparnos de estos fenómenos al tratar de la 
parálisis. Recomendamos también la lectura 
del escrito de Chevalier, en donde se hace car- 
go de la etiología del cólico saturnino, y de to- 
das las cuestiones relativas á la higiene de los 
que fabrican y andan entre el albayalde, con 
tan solícito esmero, que anuncia en el autor un 
profundo conocimiento de cuanto tiene relación 
con la higiene de los artesanos (Recherches sur 
les causes de la maladie dile colique de plomb. 
chezles ouvriers qui preparent la céruse, en 
los Anual, d'hygiene publiq. el de med. leg., 
t. XV, 1836).» (Mon. y Fl., Gomp. de med. 
prat. , t. II, p. 409 y siguientes.) 

§. III. — Cólico de cobre. 

»Difiere esencialmente del cólico saturnino 
por la naturaleza misma de la causa que le pro- 
duce, y por el cuadro de síntomas que presen- 
ta. Si algunos autores han confundido en una 
misma descripción estas dos enfermedades , es 
porque no se han elevado á la verdadera causa 
de los accidentes , ó porque han referido á las 
emanaciones del cobre casos de cólico saturni- 
no. «Todo induce á creer, como ha sospecha- 
do Chrislison , que en estos casos es debida la 
enfermedad , no al cobre, sino al plomo, que 
está comunmente aligado al cobre en cieita 
proporción para impedir su oxidación. Asi es. 
diceChomel, de quien tomamos ese párrafo, 
que se observa principalmente dicha afección 
en los fundidores de cobre, y en último resul- 
tado no es mas que un cólico de plomo, en 



98 



CÓLICO DE COBRE. 



cuya producción no tiene el cobre parte algu- 
na.» (Art. cólico de cobre; Dict. de med., 
2. a edic) 

«Dubois, en la tesis que hemos citado, ha- 
bla de los terribles accidentes que presentaron 
los obreros de cobre de ville-Dieu-les-Poeles, 
aldea de Normandía. No repetiremos su bri- 
llante descripción : Bordeu la ha criticado 
tal vez con demasiado encono (Recherches sur 
la coiiq. du Poitou , p. 525 y siguientes) ; pero 
efectivamente es mas poética que conforme a la 
verdad. Seducido Combalusier por la memoria 
de Dubois, espuso los síntomas casi de la mis- 
ma manera ; de modo que tampoco es muy po- 
sitivo el cuadro que nos pinta. «No se ven allí, 
dice (en Ville-Dieu), sino cuerpos horribles y 
en corrupción ; la cara de sus habitantes y sus 
cabellos se parecen á los de las estatuas de co- 
bre ó de bronce ; el vértigo, la sordera , el en- 
torpecimiento de todos los sentidos, la ceguera, 
el torticolis , la torsión del espinazo y de los 
miembros , el temblor y una debilidad univer- 
sal....» Tales son los síntomas que Cornbalucier 
y Dubois asignan al cólico de cobre. Veamos 
ahora cuáles son las verdaderas formas con que 
se presenta la enfermedad. 

«Después de haber permanecido mas ó me- 
nos tiempo los dolores sordos, se hacen mas in- 
tensos y permanentes con exacerbaciones , y 
ocupan el vientre ó las inmediaciones del om- 
bligo. El abdomen está comunmente tenso, 
abultado , dolorido á la presión ; su temperatu- 
ra se halla aumentada. Algunas veces se mani- 
fiesta el mal con náuseas y anorexia, como en 
los casos citados por Patissier (Traite des ma- 
ladies des artisans , según Ramazini , p. 80, 
en 8.° 1832). Las deposiciones son frecuentes, 
acompañadas de cólicos, y á veces de tenesmo; 
son viscosas , verdosas y porraceas ; lo cual ha 
hecho creer á algunos autores que era el cobre 
el que determinaba esta coloración. Una ansie- 
dad bastante grande con cefalalgia y abatimien- 
to , una desazón general, y un estado febril 
muy pronunciado , prueban que esta afección 
es una verdadera flegmasía gastro-intestinal, 
causada por la ingestión de las partículas cobri- 
zas. Tal es la opinión de Cbomel , y de los que 
han tenido ocasión de observarla. Por nuestra 
parte hemos encontrado signos bien caracteri- 
zados de esta flegmasía en un hombre, que ha- 
bía limpiado gran número de vasijas de cobre 
sin estañar, ácuyo género de trabajo no estaba 
acostumbrado. Fué acometido de dolores fuer- 
tísimos en el vientre, que se exasperaban á la 
menor presión, y que iban acompañados de sed 
viva , calor estremado en la piel , y numerosas 
deposiciones. Estos síntomas, que simulaban la 
peritonitis, se disiparon en poco tiempo por el 
uso de una gran cantidad de leche. Por lo de- 
más si alguno conservase dudas sobre la natu- 
raleza de la afección y de los síntomas , encon- 
contraria los elementos de una convicción com- 
pleta en los síntomas del envenenamiento por 
el cobre , que nos demuestra, en su mas alto 



grado de violencia , los accidentes que se ob- 
servan en el cólico de esto metal. 

«Numerosas son las diferencias que separan 
el cólico saturnino de el de cobre : el estreñi- 
miento, la retracción de las paredes del vien- 
tre, la insensibilidad de esta región de cuerpo, 
el alivio momentáneo que procura la presión 
ejercida sobre el abdomen , la ausencia del mo- 
vimiento febril y de calor estra-normal ; tales 
son los síntomas que impiden confundir la pri- 
mera con la segunda de estas enfermedades. 

«Según Patissier , se altera muy lenta- 
mente la salud de los que viven habitualmente 
en una atmósfera cargada de emanaciones de 
cobre. ¿ Será conforme á la naturaleza el cua- 
dro siguiente de los obreros que trabajan este 
metal ? «Su esterior y su fisonomía tienen algo 
de particular y notable ; ofrecen un tinte ama- 
rillo verdoso, los ojos y la lengua del mismo co- 
lor, los cabellos verdosos; los escrementos, 
las orinas , los esputos impregnados del propio 
color, el cual se comunica á sus vestidos por la 
transpiración. Son pequeños , flacos , y como 
encojidos y acortados en sus dimensiones; la 
mayor parte de sus hijos son raquíticos.» 

»Los trabajadores mas espuestos son los 
caldederos, que baten el cobre á martillazos, y 
absorven por la mucosa bronquial y gastro-in- 
testinal las partículas que se elevan en el aire, 
y se mezclan con los alimentos. Debe observar- 
se que las aligaciones del estaño ó plomo, de 
que se sirven para el estáñalo, y la soldadura, 
pueden provocar los accidentes del cólico sa- 
turnino. Los torneros de cobre , los grabadores 
de este metal , los monederos falsos, los fabri- 
cantes de alfileres , los botoneros de bronce y 
fabricantes de este metal, los estampadores y 
los comerciantes en cobre viejo, se hallan es- 
puestos á esta enfermedad, mucho mas rara que 
el cólico de plomo. 

«Según Merat, el tratamiento de la Caridad 
aprovecba también en el cólico de cobre. 

»EI mayor número de autores están acor- 
des en prescribir bebidas emolientes y lácteas, 
las emulsiones de almendras, el suero, las pre- 
paraciones opiadas con el fin de aliviar los do- 
lores de vientre , las lavativas y aplicaciones 
emolientes sobre el abdomen. Se obtendrán 
particularmente grandes ventajas de las san- 
grías locales practicadas en el vientre , y del 
uso de los narcóticos, administrados por la boca, 
ó aplicados en lavativas ; los baños tibios pro- 
longados procuran también mucho alivio á los 
enfermos.» (Mon. y Fl., Comp. de med. prat., 
t. II, p. 435.) 

§. IV. — Cólico vegetal. 

«Esta enfermedad ha reinado de una mane- 
ra endémica y epidémica en gran número de 
países , cuyo nombre se ha apropiado. Citois la 
la ha designado con el nombre de cólico de Poi- 
tou (cólica Pictonum seu pictavieíisis) , por- 
gue la habia visto invadir esta comarca , donde 



CÓLICO 

ejercía la medicina. Antes que él la observó 
Droet en la Picardía, Mirón en Saintonge, el 
Augoumois y la Bretaña. Huxham la llama có- 
lico de Devonshire ; Luis de Luzuriaga cólico 
de Madrid. También se ba manifestado en Nor- 
mandía (Boulé;, en Silesia, Franconia, Polonia, 
en Moravia , en Guyana, en la isla de Java, en 
Holanda, etc. Se distingue del cólico metálico 
por la naturaleza de la causa que le produce. 
Sería en efecto muy difícil confundir una enfer- 
medad, que se manifiesta bajóla forma endémi- 
ca ó epidémica , con una afección que no aco- 
mete sino á muy pocos individuos espuestos á 
á la influencia de las emanaciones saturninas. 
Los síntomas , si bien ofrecen alguna semejan- 
za con los del cólico saturnino, todavía difieren 
demasiado, para que sea posible reunirlos y con- 
fundirlos en una misma descripción , como lian 
becbo varios autores antiguos. 

«Reina todavía mueba oscuridad sobre el 
objeto de que tratamos; y como las descripcio- 
nes dadas por los médicos que han estudiado la 
enfermedad, no siempre están perfectamente de 
acuerdo en lo relativo á la localidad, el clima, 
alimentación y á las diferentes circunstancias 
en que la han observado , presentaremos suce- 
sivamente las que nos ofrecen Citois, Huxham, 
Luzuriaga , Marquand , Bonté, etc., y luego 
podremos discutir mas fácilmente la naturaleza 
de la enfermedad. 

» Descripción del cólico de Poitou por Citois. 
— Empieza el mal de pronto por frió de las es • 
tremidades, palidez de la cara, debilidad y an- 
siedad ; mas adelante se observan lipotimias, 
dolores fuertes en el epigastrio , náuseas, vó- 
mitos de bilis verde, seguidos de hipo penoso 
y molesto, que no cesa sino después de los vó- 
mitos; sed intensa , calor ardiente en los hipo- 
cóndrios ; por lo común calentura lenta , dolo- 
res como si desgarrasen el estómago, los intes- 
tinos, los lomos y las regiones ilíacas é ingui- 
nales, que ocupan algunas veces todas estas par- 
tes á la vez. Al principio son frecuentes las de- 
posiciones , acompañadas de tenesmo ; las ori- 
nas se espelen con dificultad y con dolor (es- 
tranguria). Si hace progresos el mal, esperi- 
menta el paciente latidos y punzadas en las ma 
mas, en el pecho, muslos, y en la región del 
sacro, y dolores atroces en las plantas de los 
pies , que alternan con los del vientre. Por úl- 
timo, la parálisis , la ceguera , las convulsiones 
epilépticas son las fatales terminaciones de la 
enfermedad (De novo et populan apud Pido- 
nes dolore cólico bilioso, diatriba; París, 1639). 
»Cólicode Devonshire. — En el principio del 
otoño de 172i- fué cuando los habitantes de 
Devonshire se vieron acometidos de una enfer- 
medad muy epidémica , que empezaba por an- 
gustias en el estómago, dolores vivos en el epi- 
gastrio , muy luego acompañados de los sínto- 
mas siguientes: pulso débil , desigual, sudor 
frió , lengua cubierta de un moco verdoso, 
aliento fétido ; y mas adelante vómitos de una 
bilis verde ó negra , mezclada con mucosida- 



VEGIiTAL. 99 

des acidas y tenaces. Al cabo de uno ó dos días, 
vientre sumamente estreñido , que apenas se 
movía con los purgantes drásticos mas violen- 
tos. Una vez calmado el vómito descendía el do- 
lor á la región umbilical, lumbar y dorsal ; las 
orinas se suprimían; eran como una verdadera 
lejía , y dejaban un sedimento mucoso , rojo 
como polvo de ladrillo, ó verdoso. «El vientre 
estaba duro y tan distendido que temían los en- 
fermos se reventase.» En otros estaba fuerte- 
mente retraído. 151 hipocondrio derecho se ha- 
llaba abultado, los sugetos tenian un dolor fijo 
y quemante, lo mismo que una pulsación incó- 
moda en el epigastrio. La astricción era per- 
tinaz ; cuando se vencía por la acción de algún 
remedio , ó cuando se restablecía naturalmen- 
te el curso de las materias fecales , eran estas 
duras, negras, apelotonadas, algunas veces 
teñidas de sangre, y espelidas con dolor, vol- 
viendo en todos los casos el mismo estreñi- 
miento. 

«listos fenómenos caracterizaban el primer 
periodo del mal. Mas adelante, aunque fuesen 
menores los padecimientos , conservaba la piel 
una sensibilidad tan esquisíta que apenas podia 
tocarse; el dolor del raquis se propagaba á los 
omoplatos y á los brazos, y afectaba sobreto- 
do las articulaciones, quedando abolidos los 
movimientos, particularmente en las manos. 
Los miembros inferiores eran también asiento 
de dolores atroces , semejautes á los que ator- 
mentan á los sugetos afectados del virus sifilí- 
tico. En algunos enfermos los miembros supe- 
riores, y en particular las manos , sufrieron pa- 
rálisis del movimiento, pero no del sentimien- 
to , y esta lesión disipaba los dolores. La apa- 
rición de sudores y de gran número de pústu- 
las rojas, acompañadas de comezón, y comun- 
mente de un ardor insoportable por todo el 
cuerpo, indicaba á veces la terminación favo- 
rable de la enfermedad. (Huxham, Essai sur les 
fievres , trad. ; París, 1765, p. 431 y si- 
guientes.) 

«Bonté ha descrito también un cólico vejo- 
tai, que observó en Coutances. 15 n el periodo 
de invasión esperimentaban los enfermos laxi- 
tud, flogedad, palidez de la cara, náuseas, 
peso en el epigastrio, dolores abdominales, de- 
bilidad en las piernas, dureza y desigualdad del 
pulso, sequedad de la lengua, barniz blanque- 
cino , vómitos , estreñimiento : este periodo du- 
raba unos siete dias : el de estado lo caracteri- 
zaban dolores violentos en el abdomen y en ios 
ríñones, sensibilidad del vientre á la presión, 
disuria, estranguria , calambres en los mié li- 
bros , frió universal , estado febril muy marca- 
do , algunas veces insomnio , delirio y ronque- 
ra. En la Declinación se observaban cegueras 
ó amaurosis pasügeras, hemorragias, y particu- 
larmente parálisis de los brazos: el mal termi- 
naba frecuentemente por la epilepsia, la manía, 
la calentura lenta, el enflaquecimiento y la hi- 
dropesía (Journ. de med. , t. XV , XVI, XX, 
passim). 



100 



CÓLICO TEGETAL. 



^Cólico de Madrid 6 de España, mal de 
Galicia, entripado, constipado. — Esta enfer- 
medad no es peculiar de España ni de Madrid, 
como pudiera creerse en vista de su nombre. 
Se la observa igualmente en las Antillas , en la 
India y en otros paises. Hé aquí sus síntomas 
y su mareba. Al principio dolores sordos ó pa- 
sageros en el colon y en el hipocondrio derecho, 
borborigmos y estreñimiento, sensación de ple- 
nitud en el estómago, náuseas, eructos , ano- 
rexia , abatimiento , coloración amarilla de la 
cara y de las conjuntivas. Al cabo de tres dias 
poco mas ó menos, dolores atroces en el epigas- 
trio, que arrancan gritos á los enfermos , y á 
los que suceden náuseas y vómitos de materias 
mucosas y biliosas. Estos cólicos, seguidos de 
■vómitos, constituyen al paciente en una ansie- 
dad escesiva y en nna especie de yactitacion. 
Se aumenta el estreñimiento ; las paredes del 
vientre , insensibles al tacto, se retraen; las 
orinas se hacen raras, y se redoblan la tristeza 
y debilidad. El pulso está natural, según varios 
autores , aunque otros, por el contrario, dicen 
que se halla pequeño , duro y retardado ó len- 
to. El estreñimiento, que es tanto mas pertinaz 
cnanto mas duraderos los vómitos, puede pro- 
longarse hasta ocho ó diez dias ; las evacuacio- 
nes alvinas alivian á los enfermos , pero solo 
por poco tiempo. 

«Comunmente se asocian á los accidentes 
de la enfermedad los síntomas de la calentura 
remitente biliosa; en cuyo caso se halla el vien- 
tre abultado , dolorido y con un aumento con- 
siderable de calor; las orinas raras , encarna- 
das ó encendidas y la piel caliente y seca ; per- 
sisten los vómitos ; se presenta la calentura; 
disminuyen los cólicos , y la debilidad gradual 
en que caen los enfermos apresura la termina- 
ción fatal. 

»En otros se ha notado el desarrollo de una 
gastro-enteritis franca y decidida, ó de una ca- 
lentura tifoidea. Los fenómenos que anuncian 
una terminación favorable son : la cesación de 
los cólicos , el restablecimiento del curso de las 
orinas y las evacuaciones de vientre , la facili- 
dad de dormir , las erupciones miliares , una 
erisipela , etc.: el mal cede ordinariamente en 
diez ó doce dias ; sus recaídas son frecuentes, 
y entonces ofrece mayor peligro. 

» Las descripciones debidas á Marquand 
(Journ. complem.) , Pascal (Journ. des pro- 
gres des se. med. , t. II , año 1827 , pág. 241), 
Coste ( De la col. de Madrid , en Rec. de med. 
milit. , t. XVI) , están bastante conformes con 
las que acabamos de esponer. 

»La anatomía patológica solo proporciona 
datos negativos. Sin embargo , Pascal dice ha- 
ber encontrado en seis individuos que sucum- 
bieron al cólico de Madrid los ganglios nervio- 
sos torácicos y abdominales hinchados , encen- 
didos , con puntos amarillentos en el centro; 
algunos teman la dureza cartilaginosa. Asi es 
que atribuye el mal á una inflamación aguda ó 
crónica de estos ganglios. Cuando se abren los 



intestinos de los sugetos que han muerto afec- 
tados de un cólico vegetal, se encuentran sus 
túnicas en un estado perfecto de integridad; su 
cavidad contiene gases, materias biliosas ama- 
rillas ó negras y escrementos endurecidos ; al- 
gunas veces existe una inyección venosa del 
epiploon y del mesenterio , y abultamiento del 
hígado. 

«Etiología. — Las causas del cólico vege- 
tal son todavía poco conocidas. No obstante, el 
mayor número de médicos que han recorrido 
los paises calientes y observado frecuentemen- 
te dicha enfermedad, la refieren á la constitu- 
ción de la atmósfera. Citois y Sydenham le han 
asignado este origen. Reina en efecto de una 
manera epidémica, cuando acontecen repentinas 
variaciones de temperatura, como se observa 
al rededor de los equinoccios en las Castillas. 
No es raro en este pais esperimentar un frió 
muy intenso al pasar desde el sol á la sombra. 
En Madrid es endémica en razón de su posi- 
ción elevada y de su temperatura , que es muy 
caliente por el dia y glacial por la noche. Los 
estranje.ros y todos los que no tienen la precau- 
ción de abrigarse son muchas veces atacados 
del cólico. Tierry ( Observat. de phys. el de 
med. faites en Espagne), Larrey (Mem. de 
chir. milit. , t. III, pág. 170) , y los médicos 
que han observado el cólico de Madrid atribu- 
yen asimismo la enfermedad á las vicisitudes 
del aire. Segond ha hecho observaciones aná- 
logas en la Guyana, en donde los cambios de 
temperatura son muy repentinos y suele reinar 
epidémicamente el cólico vegetal (Gaz. des 
hópit. , 1834, t. VIH). «Todos los años en los 
meses de diciembre, enero, febrero y marzo 
sopla en las costas de Malabar un viento de 
montaña muy frió , que produce en diferentes 
épocas de un mismo dia una diferencia de 18 á 
20° del termómetro. Cuando se establece este 
viento comienza á manifestarse el barbero (que 
asi llaman al cólico). Ha sucedido verse ata- 
cada la tripulación de un barco, por haberse 
aproximado á la costa , y libertarse repentina- 
mente virando con el rumbo á alta mar» (en el 
artículo colic. del Dict. de med. , 2. a edic, por 
Chomel y Blache). Cuando nos ocupemos de la 
disenteria demostraremos cuan grande es la 
influencia del aire frió y húmedo y de los cam- 
bios atmosféricos repentinos en el desarrollo de 
la disenteria y de las afecciones intestinales. 
( Véase disenteria. ) 

«Algunos médicos han acusado al uso in- 
moderado de frutas acidas ó no maduras, de 
bebidas heladas , de la leche y los vinos astriñ- 
ientes. Se ha pretendido que el cólico de Ma- 
drid dependía de la acidez de los vinos , de la 
costumbre que hay en el pais de tener el vino en 
pellejos ó colambres , de beber el agua que ha 
atravesado por cañerías de plomo, cuya superfi- 
cie está revestida de óxidos de este metal , de 
cobre ó de estaño ( Luzuriaga ). Pero estas 
causas son puramente quiméricas, como es fá- 
cil probarlo. Los vinos españoles son mas pro- 



CÓLICO VEGETAL. 



101 



vechosos á la salud que los de otros paises , y 
ademas el cólico vegetal se manifiesta en para- 
ges en que no se bebe vino. El agua que ha 
pasado por cañerías de plomo no debe causar 
mas accidentes en Madrid que en las demás 
ciudades, en que se fabrican los conductos del 
mismo metal. 

»Huxham opina que la causa del cólico de 
Devonsbire, que observó, dependía de la in- 
creíble abundancia de manzanas y el uso abu- 
sivo de la cidra : apoya al parecer la opinión de 
Huxham la observación de que todas las perso- 
nas acomodadas, que se abstuvieron de comer 
dichas frutas y de beber cidra, se libertaron de 
la enfermedad (obr. cit., pág. 442). Sin em- 
bargo confiesa que no sabe por qué el jugo de 
la manzana produce un año una astricción de 
vientre pertinaz con dolores atroces, y olro una 
diarrea sin dolor considerable, y añade: «No 
se si esta enfermedad epidémica dependería en 
parte de una disposición particular del aire; 
porque lo mismo aparecía cuando era seco el 
aire, que cuando era húmedo, cuando reinaban 
los vientos del Norte que los del Sud. Solo he 
observado que cuando era el aire frió y seco y 
soplaban los vientos del Este ó del Nordeste 
eran los dolores mas intensos.» (obr. cit., pá- 
gina 440.) La autoridad de Huxham , tan ver- 
sado en el estudio de las influencias atmosféri- 
cas , merece tomarse en consideración. Háse 
dicho que el cólico de Devonsbire era de la mis- 
ma naturaleza que el saturnino , y que depen- 
día de la permanencia de la cidra en vasijas de 
plomo, y del uso de las prensas ó lagares cu- 
biertas de chapas del mismo metal ; pero esta 
aserción no se halla apoyada en ninguna prueba 
convincente. ¿Cómo hemos de creer que una 
enfermedad, que reina solamente en ciertasépo- 
cas, pueda ser provocada por una causa tan 
permanente, corno la costumbre de emplear las 
vasijas y los lagares de plomo? Bonté consi- 
dera al cólico vegetal de la Normandia baja 
como efecto de las bebidas fermentadas, acidas 
y alteradas ; otros como una consecuencia de la 
supresión de la transpiración , del virus reu- 
mático , etc. 

«Tratamiento. — Citois ha aconsejado los 
purgantes, los anodinos y el cambio de clima. 
Huxham proscribe la sangría, y dice que aque- 
llos á quienes sacó gran cantidad de sangre 
quedaron paralíticos (obr. cit., pág. 466j. Pro- 
curaba el vómito con un cocimiento hecho con 
una draciiia ó dracma y media de hipecacuana 
en dos ó cuatro onzas de agua, con la adición de 
una infusión de manzanilla; debía administrar- 
se el vomitivo cada dos dias , y uno de ellos 
hasta cuatro veces (pág. 469). En seguida pro- 
pinaba los purgantes, tales como la jalapa , los 
calomelanos , las pildoras de Rufo , la tremen- 
tina de Venecia; los narcóticos y los sudorífi- 
cos, como el alcanfor, el opio, las infusiones 
de salvia y romero; los diluentes, los fomentos 
emolientes , los semicupios , los alimentos de 
fácil digestión; finalmente, algunos tónicos fer- 



ruginosos: tales son los agentes terapéuticos de 
que se servia Huxham hacia el fin de la do- 
lencia. 

wBonté insistía particularmente en los vomi- 
tivos , el tártaro estibiado y el vino emético; 
cuando se prolongaban los vómitos, los detenia 
con el auxilio del láudano ; los purgantes aso- 
ciados al opio, los drásticos y las tisanas emo- 
lientes forman la base de su terapéutica. Acón- 
seja en las parálisis los baños de mar , los sul- 
furosos, el vino generoso , las leches de burra, 
de cabra y de vaca. Los antiespasmódicos, ta- 
les como el castóreo, el alcanfor y el uso de la 
sangría le parecen útiles para combatir los ac- 
cidentes convulsivos y epilepliformes. Marteau 
de Grandvilliers recomienda también los anti- 
espasmódicos y los dulcificantes ( Journ. de 
med. , t. XIX , pág. 21). 

»E1 tratamiento del cólico de Madrid no di- 
fiere mucho del que se ha empleado en el ve- 
getal. Larrey recomienda en el principio de es- 
ta enfermedad las bebidas diaforéticas, anties- 
pasmódicas y anodinas, las pociones de triaca 
y de alcanfor; en el segundo periodo los vomi- 
tivos , las bebidas amargas , diaforéticas , esti- 
biarlas y lavativas alcanforadas , con el fin de 
solicitar las evacuaciones ventrales ; si persis- 
ten los vómitos se dá la triaca , las pildoras de 
alcanfor , de almizcle ó de opio. En el tercer 
periodo se insiste en las lavativas de alcanfor y 
en las pociones con triaca ó con sustancias 
amargas , á las que sirve de base la quina. La 
mayor parte de los médicos han rechazado con 
razón la polifarmacia de Larrey , la cual puede 
reemplazarse ventajosamente por la administra- 
ción del opio y de los purgantes mas usuales, 
que satisfacen todas las indicaciones terapéuticas 
reclamadas por la naturaleza de los síntomas. 
Tal era la práctica de Espiaud , que obtuvo un 
éxito constante. Coste aconseja las sangrías lo- 
cales abundantes, los baños tibios repetidos 
muchas veces al dia; Pascal los sedantes y re- 
vulsivos estemos ; otros el tratamiento de la 
Caridad. El mas eficaz de todos es el de los 
purgantes y los narcóticos. 

«Diagnóstico. — Leyendo con atención las 
descripciones transmitidas por los autores que 
han observado la enfermedad , se notan nume- 
rosas diferencias que la separan del cólico sa- 
turnino. Forma epidémica ó endémica, influen- 
cia atmosférica , uso de ciertas bebidas; esto 
respecto á la causa. Los síntomas no ofrecen 
menos desemejanza : estado febril , sensibili- 
dad en el vientre, aumento de su volumen, 
calor de la piel , sed intensa, viva, sensibili- 
dad en la región epigástrica y en el hipocon- 
drio derecho , postración ; fenómenos todos que 
rara vez se presentan en el cólico de plomo. 
Sin embargo , los violentos dolores del vientre 
que se irradian al raquis , los omoplatos , los 
brazos y las articulaciones , el estreñimiento, 
los vómitos epigástricos, la parálisis de las ma- 
nos, las calenturas, las convulsiones, la epi- 
lepsia podrían inducir á error, haciendo creer 



102 



CÓLICO VEGETAL. 



la existencia de un cólico de plomo; pero la 
especialidad de la causa basta para rectilicar el 
diagnóstico. 

«Naturaleza. — Se ignora la naturaleza ín- 
tima del cólico vegetal , y se necesitan nuevas 
investigaciones para poderse lijar acerca del 
sitio y carácter de esta afección. Las autopsias 
cadavéricas nada nos han demostrado hasta el 
(lia ; ¿ podrán los síntomas darnos mayores lu- 
ces ? Cuando se los estudia con atención no se 
puede menos de establecer cierta relación en- 
tre ellos y la colitis, la disenteria y el cólera 
morbo , y aun hay autores que no vacilan en 
considerar al cólico de que tratamos como una 
especie de disenteria. Esta cuestión tendrá su 
lugar en el artículo disenteria. 

«Marteau de Grandvilliers dice que el có- 
lico vegetal es de naturaleza puramente nervio- 
sa. Astruc y Sauvages le han llamado raquial- 
gia vegetal. Cullen le coloca entre los cólicos 
idiopáticos bajo el nombre de raquialgia vege- 
tal, y le asimila á los otros cólicos. (En cuanto 
á la historia y bibliografía véase cólico de plo- 
mo.) (Monneret y fleüry , Compendium de 
med. pral., t. II, pág. 43o y sig.) 

ARTICULO III. 

Espasmo de ¡os intestinos. 

»Sue1e suceder dice Andral (Precis d'Anato- 
mie pathologique, t. II, p. 121) que se encuen- 
tra en los cadáveres distendida una porción 
del tubo digestivo por una cantidad conside- 
rable de gases , hasta que llega un punto en 
que de repente ofrece el intestino una estre- 
chez circular, mas allá déla cual no hay gases 
ni dilatación de la cavidad. Por otra parte, 
en el parage de la estrechez no se encuentra 
ninguna alteración orgánica apreciable, de 
modo que parece producida únicamente por 
una contracción de las fibras musculares, que 
ha persistido después de la muerte. Pero ¿hubo 
durante la vida semejante contracción , ó se 
ha formado solo en el cadáver? Hay enfermos 
que presentan cierto conjunto de síntomas, 
que pudieran muy bien esplicarse por una 
contracción espasmódica permanente ó pasa- 
gera de un punto cualquiera del tubo diges- 
tivo; pero no puede afirmarse nada bajo este 
concepto. 

«Copland cree que se halla demostrada in- 
contestablemente por la autopsia la existen- 
cia del espasmo intestinal, y traza de él un 
cuadro que en parte vamos á reproducir. 

«Síntomas. — La contracción muscular pro- 
duce según su grado de energía, y en una es- 
tension mas ó menos variable de los intesti- 
nos, ora una disminución mayor ó menor de 
su calibre, ora una oclusión completa, acer- 
cando mucho entre sí las paredes intesti- 
nales. 

«En el primer caso solo esperimenta el en- 
fermo cólicos mas ó menos violentos, movi- 



mientos cspasmódicos en los intestinos y es- 
treñimiento; en el segundo se observan todos 
los síntomas que acompañan á la oclusión in- 
testinal. (Véase obstáculo al curso dk las 
materias). 

^Constantemente se disminuye el dolor por 
la presión haciéndose mas ó menos violento y 
reproduciéndose por paroxismos. A veces es 
ligero, irregular y cambia fácilmente de sitio. 

«Puede el espasmo ocupar simultáneamen- 
te diversas porciones de los intestinos; puede 
ser permanente, intermitente, remitente ó 
periódico. 

«Causas. — Hé aquí cómo reasume Grego- 
ry las causas que predisponen al espasmo in- 
testinal. «Habitus corporis nimis sentiens et 
«nimis mobilis, homines spasmis opportunos 
«reddit; hinc malum feminis, infantibus, de- 
«bilibus , luxuriosis, desidibus, sanguine ple- 
«nis, familiare.» Las causas determinantes son 
todas las que producen una irritación de la 
mucosa intestinal: los ingesta acres, tóxicos y 
de mala calidad; la presencia de una bilis de- 
masiado abundante y alterada, de productos 
morbosos de secreción, de vermes, de un cál- 
culo biliario ó de un cuerpo estraño, la espo- 
sicion al frió y la enteralgia. Muchas veces es 
producido simpáticamente el espasmo intesti- 
nal por el trabajo de la dentición , por una 
inflamación de los órganos genitales ó urina- 
rios, por la presencia de un cálculo en los rí- 
ñones, en los uréteres ó en la vejiga, por el 
histerismo, por una emoción moral viva, ó 
por la gota. 

«Tratamiento. — Los narcóticos, y espe- 
cialmente el opio y la morfina, combinados ó 
alternados con los purgantes suaves, constitu- 
yen la base del tratamiento. El ácido hidro- 
ciánico suele ser el remedio mas eficaz en es- 
tos casos. El alcanfor, la belladona interior y 
esteriormente y la trementina , producen tam- 
bién buenos resultados. (Copland, A Dict. 
of. prat. med. t. II, p. 593—595.) 

«La descripción de Copland solo se apo- 
ya en una hipótesis; pero adquiere cierto va- 
lor si se considera, que se ha observado en el 
cadáver la contracción de las fibras muscula- 
res de los intestinos y que se esplican con ella 
los numerosos hechos de enfermos atacados 
de estrangulación interna ó de invaginación, 
que se han curado, según ciertos autores, con 
la belladona, el mercurio líquido, las inyec- 
ciones forzadas, etc. 

«Si en un enfermo que presentase todos 
los síntomas de oclusión intestinal, observáse- 
mos que se disminuía con la presión el dolor 
del abdomen ¿no deberíamos diagnosticar un 
espasmo de los intestinos? Fácilmente se con- 
cibe la importancia práctica de esta cuestión. 



HEMORRAGIAS DE LOS INTESTINOS. 

CAPITULO III. 



103 



Flujos intestinales. 

ARTICULO I. 

Hemorragia de los intestinos. 

«Sinonimia. — Llámase también melena, 
mal negro, ^lí^xiyx viHaos, /ísa^/cí*, imoí, 
otíuccio-tns , Hipócrates; mcelena Sauvages, Sa- 
gar, Good, Plouquet; morbus niger, secessus 
niger, Hoffmann; nigrce dejectiones Schenk; 
fluxus spleneticus. Gordon; mclcvnorrhagia, 
Swediaur ; dysenteria splenica , Balonius; 
flu.rus hepaticus, hematemesitra , hepatlwr- 
r/teo de varios. Melcena, maladie noire, iclerc 
noire, de los franceses. 

»No comprendemos en este capítulo algu- 
nos flujos de sangre, que se verifican en el rec- 
to, y que se describen en el tratado de afectos 
estemos. 

«Definición y división. — En otro lugar he- 
mos establecido una distinción á nuestro enten- 
der importante entre las palabras gastrorra- 
gia y hematemesis, demostrando que cada una 
de estas denominaciones que los autores em- 
plean como sinónimas, debe tener una signi- 
ficación diferente; que gastrorragia debe de- 
signar la hemorragia del estómago, y hema- 
temesis el vómito de sangre, cualquiera que 
sea el punto de donde proceda el líquido; y 
por consiguiente que puede haber gastrorra- 
gia sin hematemesis y vice-versa. (V. t. VII, 
p. 403.) Distinciones análogas establecere- 
mos también respecto de las palabras herna- 
turia y hemotisis, y por consiguiente segui- 
remos en este lugar el mismo sistema, para no 
incurrir en una confusión, que ya antes de aho- 
ra debieran haber evitado los autores que se 
han ocupado de patología general y de seme- 
yologia. 

»Las diferentes denominaciones que hemos 
referido en nuestra sinonimia, han sido apli- 
cadas indistintamente á la melanosis , á la en- 
terorragia y á todos los flujos de sangre por 
el ano, cualquiera que sea su causa. Estable- 
ceremos, pues, una triple distinción; la mela- 
nosis será objeto de un artículo especial, en 
el capítulo de las lesiones orgánicas; el nombre 
de melena lo reservaremos para designar to- 
do flujo de sangre por el ano, cualquiera que 
sea su origen, y en este lugar describiremos 
solo la enterorragia, es decir, la hemorragia 
intestinal. 

»La enterorragia ha estado sujeta á las 
mismas divisiones que la gastrorragia y de- 
mas hemorragias consideradas en general; por 
lo cual sin insistir en las consideraciones que 
hemos desarrollado estensamente en otra par- 
te (V. gastrorragia, t. VII). Seguiremos la di- 
visión á que hemos sujetado todas las hemor- 
ragias. (V. hemorragias, t. VII.) 

«Caracteres anatómicos. — La cavidad 



intestinal contiene una cantidad mas ó menos 
considerable de sangre, según la abundancia 
de la hemorragia, y según que el líquido es 
arrojado al esterior ó se acumula en los in- 
testinos. En este último caso, que es el mas raro, 
pueden contener los intestinos distendidos, 
muchas libras de sangre líquida ó coagulada. 

»Las paredes intestinales suelen ofrecer 
lesiones muy diferentes , según las varias en- 
fermedades que determinan el flujo (V. Cau- 
sas); pero en este lugar no debemos ocupar- 
nos de semejantes alteraciones. A veces no 
presenta la mucosa intestinal otro carácter 
morboso que una palidez escesiva: «La he en- 
contrado , dice Andral , recorrida apenas por 
algunos vasos de corto volumen, y sin inyec- 
ción de los capilares , en un individuo que su- 
cumbió en menos de una hora, de resultas de 
una hemorragia muy abundante , que se veri- 
ficó por el ano durante el curso de una fiebre 
ligera. Hallábase cubierta la membrana muco- 
sa digestiva de una gran cantidad de sangre, 
desde la entrada del íleon hasta el recto. Asi, 
pues, añade este mismo autor, tanto en la 
superficie de los intestinos como en la de cual- 
quier membrana mucosa , pueden verificarse 
hemorragias, sin que exista necesariamente 
ninguna lesión apreciable en el tejido de donde 
fluye la sangre. Acumúlase este líquido en un 
punto de la trama de la mucosa digestiva , y 
sale fuera de sus vasos: esto es cuanto pode- 
mos percibir.» (Precis d'Anat. pathol., Pa- 
rís, 1829, t. II, p. 150, 152). Billard ha ob- 
servado muchas veces enterorragias que llama 
pasivas, en recien nacidos atacados de mugüet, 
en quienes la mucosa intestinal solo presenta- 
ba una ligera inyección ó una palidez nota- 
ble [Traite' des mal. des enfants nouveau-ne's; 
París, 1833, p. 374). 

«Síntomas. — A. Enterorragia sin (lujo de 
sangre al esterior. — Cuando es poco abundan- 
te el Unjo y se efectúa con lentitud , no co- 
nocen los enfermos su existencia; por el con- 
trario, cuando se derrama repentinamente en 
los intestinos una cantidad considerable de 
sangre, se observan todos los síntomas de las 
hemorragias internas: sensación de calor, de 
plenitud y de un derrame de líquido en el ab- 
domen ; lipotimias, escalosfrios, palidez del 
rostro, frió de las estremidades , pequenez del 
pulso, etc. (V. Hemorragias , t. 1). 

»Si la cantidad de sangre derramada es 
bastante considerable para distender notable- 
mente los intestinos, se aumenta el volumen 
del vientre, que ora está indolente, ora sensi- 
ble á la presión ; la compresión ejercida sobre 
el estómago, provoca en algunos casos el vó- 
mito; la elevación del diafragma hacia el pecho, 
produce un obstáculo mas ó menos considera- 
ble en el ejercicio de las funciones respirato- 
rias. Por la percusión se obtiene un sonido 
macizo, y un ruido hidro-neumático en las re- 
giones abdominales ocupadas por las porciones 
del tubo digestivo , que contienen la sangre. 



104 



HEMORRAGIAS DE LOS INTESTINOS. 



»B. Enterorragia con flujo de sangre al 
estertor. — En la hemorragia intestinal , dice 
Dalmas (Dicl. demed., art. intestino, to- 
mo XVII, p. 30) , ¿no puede subir la sangre 
hacia el estómago, y ser arrojada por vómito? 
A esta pregunta , que Dalmas propone sin re- 
solverla, responde afirmativamente Piorry res- 
pecto de los casos en que se verifica la he- 
morragia en los intestinos delgados: «es muy 
difícil, dice, distinguir si la sangre procede 
del estómago ó de estos intestinos , puesto 
• que en cualquiera de ambas hipótesis , pue- 
de vomitar saiigre el enfermo {Traite de diag- 
nóstic, París, 1837, t. II, p. 178). No te- 
nemos hechos que nos permitan decidir , si la 
sangre derramada en los intestinos delgados, 
puede subir en efecto al estómago en virtud 
del movimiento peristáltico. 

»La sangre arrojada por cámaras no siem- 
pre presenta el mismo aspecto, y á su evacua- 
ción acompañan también fenómenos variables. 
»AI principio pueden ser sólidas las mate- 
rias de las deyecciones, en cuyo caso si la he- 
morragia se verifica en los intestinos gruesos, 
se hallan las materias configuradas cubiertas 
de sangre , como si tuviesen una especie de 
barniz encarnado oscuro. 

»Por el contrario , cuando la hemorragia 
se verifica en los intestinos delgados , no pre- 
sentan las materrias señales de sangre , y solo 
después de su espulsion es cuando se evacúa 
este líquido en cantidad mas ó menos abun- 
•dante. 

«Puede la sangre hallarse mezclada íntima- 
mente con materias fecales finidas , y entonces 
suele ser muy difícil comprobar su presencia 
en el líquido negruzco ó negro de las deyec- 
ciones. La coloración está muy lejos de ser un 
signo patognomónico. 

»Otras veces no están teñidas las materias 
en toda su superficie, sino que se presenta la 
sangre en forma de estrías sinuosas , mas ó 
menos anchas de un rojo oscuro ó vivo, y al- 
gunas veces saniosas, ora distintas, ora mezcla- 
das con las materias ; esta forma , frecuente en 
los niños, vá casi siempre unida á la existencia 
de ulceraciones foliculares de los intestinos 
gruesos (Barthez y Rilliet, Traite des mal des. 
enfants; París, 1843, t. I, p. 495.— V. el 
art. Disenteria). 

«Finalmente, puede ser arrojada la sangre 
pura , líquida ó en coágulos, en cantidad mas 
ó menos considerable. Ora vá acompañada su 
evacuación de sensibilidad del abdomen , de 
cólicos y de tenesmos; ora por el contrario, 
solo esperimentan los enfermos un conato ur- 
gente de deponer, seguido de mucho alivio, des- 
pués que lo han satisfecho. La sangre es unas 
veces encarnada y rutilante ; otras , por el 
contrario, negra, cuando la hemorragia es ve- 
nosa , ó cuando ha permanecido mucho tiem- 
po el líquido en los intestinos. Fundándose 
únicamente en esta coloración, han dado al- 
gunos autores á la hemorragia intestinal ,el 



nombre de melena; á veces está mezclada la 
sangre con mucosidades ó con pus. 

«Cuando es muy abundante la enterorra- 
gia ó se reproduce con frecuencia , no tardan 
los enfermos en presentar todos los síntomas 
de la anemia; los cuales no deben confundirse, 
con otros fenómenos, que pueden ser relativos 
á la afección que ha producido la hemorragia. 
Asi, por ejemplo, cuando resulta el flujo de 
una afección cancerosa , es necesario distinguir 
la anemia de la caquexia de esta especie (Véa- 
se Gastkorragia, t. VII). 

«Curso, Duración, terminaciones —Se 
ha distinguido la enterorragia en aguda y cró- 
nica: claro es que esta división solo puede 
aplicarse á la enfermedad que produce la he- 
morragia, puesto que el curso de esta última 
depende siempre del de la causa patológica que 
la produce. A veces es intermitente la hemor- 
ragia (V. Causas). 

«Una sola hemorragia , ya corra la sangre 
al esterior , ya se acumule en los intestinos, 
puede por su abundancia determinar la muer- 
te en poco tiempo, como sucedió en el enfermo 
de que habla Andral , que sucumbió en menos 
de una hora. Otras veces se reproducen con 
cortos intervalos y con bastante frecuencia he- 
morragias abundantes, sin dar lugar á acci- 
dentes graves. 

«Diagnóstico. — Cuando no sale la sangre 
al esterior, no puede ofrecer certidumbre el 
diagnóstico de la enterorragia; pues aunque 
los síntomas que hemos indicado y las señales 
suministradas por la percusión , suelen hacer 
sospechar una hemorragia interna, no indican 
que esta se haya verificado en los intestinos. 
«Cuando la sangre es arrojada por cáma- 
ras , no ofrece duda alguna la presencia de este 
líquido en el tubo intestinal; pero falta todavía 
determinar su origen. 

«¿Proviene este líquido del estómago? ¿Se 
derrama en los intestinos por medio de una 
comunicación establecida entre estos y un tu- 
mor aneurismático, un absceso del hígado, etc.? 
¿Toma origen del recto? Solo pueden satisfa- 
cerse estas diferentes preguntas, teniendo en 
cuenta los caracteres de las diversas enferme- 
dades que pueden ocasionar el flujo, y á cuyos 
capítulos remitimos al lector. Pero aun supo- 
niendo demostrado que la sangre es el produc- 
to de una hemorragia intestinal, todavía sue- 
len ofrecer dudas los dos puntos siguientes. 

»1.° ¿En qué porción del tubo intestinal se 
ha verificado la hemorragia'! Para resolver es- 
ta cuestión, es preciso recordar los síntomas 
antecedentes. Si la hemorragia sobreviene en 
un individuo atacado de fiebre tifoidea, habrá 
casi una certidumbre de que tiene su asiento 
en los intestinos delgados; si se verifica en un 
disentérico, podrá casi asegurarse que se efec- 
túa en los intestinos gruesos; si existe en un 
enfermo afectado de un cáncer intestinal, cu- 
yo asiento no ha podido determinarse, puede 
suponerse con toda probabilidad que la hemor- 



HEMORRAGIAS DE LOS INTESTINOS. 



105 



ragia se verifica en el punto ocupado por la 
degeneración. 

))¿Cwá/ es la causa de la hemorragia'! En 
este caso, como en el anterior, solo puede lle- 
garse á una solución satisfactoria por el aten- 
to estudio de los fenómenos que han prece- 
dido ó acompañado al derrame de sangre. En 
los individuos afectados de diarrea crónica, de 
liebre tifoidea, de disenteria ó de cáncer in- 
testinal , hay motivo para sospechar que la 
causa de la hemorragia sea una ulceración del 
intestino; cuando han precedido y acompaña- 
do al flujo señales de plétora, ó cuando es in- 
termitente, (V. hemorragias, t. Vil) es casi 
seguro que la mucosa intestinal se halla exen- 
ta de toda alteración, y que el derrame de 
sangre depende solo de una modificación acae- 
cida en la composición de este líquido. Lo 
mismo sucede, aunque de resultas de una al- 
teración distinta de la sangre, en las enteror- 
ragias que se presentan durante el curso de 
las fiebres eruptivas, del escorbuto, etc. (Véa- 
se hemorragias). 

»E1 pronóstico de la enterorragia está su- 
bordinado á la naturaleza de la causa que 
produce el flujo; sin embargo, en igualdad 
de circunstancias, será tanto mas grave, cuan- 
to mas frecuente sea su reproducción, mas 
débil se halle el enfermo, etc. 

«Causas. — a. Enterorragia por alteración 
de la sangre. 1.° Aumento de los glóbulos.— La. 
hemorragia intestinal por plétora se efectúa 
las mas veces por el recto. Sin embargo, 
Billard ha visto sobrevinir enterorragias en 
niños pletóricos cuyamucosa intestinal solo 
presentaba una inyección mas ó menos viva. 
2.° Disminución de la fibrina. A esta causa 
referiremos las enterorragias que sobrevienen 
en los niños pálidos, débiles y anémicos; las 
que se presentan durante las fiebres graves 
eruptivas, etc. 3.° Intoxicación de la sangre. 
Aquí tienen lugar las enterorragias, que so- 
brevienen en los individuos que han estado so- 
metidos á la acción de modificadores deleté- 
reos; las que determina á veces la reabsorción 
purulenta, y las constitucionales. 

»b. Enterorragia por alteración de los sóli- 
dos.— 1.° Alteración de las paredes intestina- 
les.'— liemos dicho que la inflamación simple 
no era una causa frecuente de enterorragia: 
sin embargo, puede esta acompañar á la coli- 
tis agudísima. No por eso deben referirse á la 
inflamación, como se ha hecho en la disente- 
ria , las hemorragias que acompañan á ciertas 
afecciones, en que el elemento flegmásico pre- 
senta manifiestamente cierto carácter especial. 
»Los tejidos de nueva formación {cáncer, 
melanosis, tubérculos) son una causa frecuente 
de enterorragia; pero las que mas a menu- 
do la producen, son tal vez las alteraciones 
locales, que modifican la consistencia o la tes- 
tura de la mucosa intestinal ( Véase reblan- 
decimiento, ULCERACIONES, GANGRENA. V ease 

también Hemorragias, t. Vil). 



»2.° Alteración de un órgano distante, y 
que obra de un modo mas ó menos inmediato 
sobre la circulación de la mucosa intestinal.— 
Los obstáculos á la circulación del sistema de. 
la vena porta, las enfermedades del estóma- 
go, del hígado y del bazo pueden producir la 
enterorragia: también hemos visto sobrevenir 
hemorragias intestinales en individuos, en 
quienes solo pudo comprobarse una hipertro- 
fia del corazón. 

» Enterorragia por lesión dinámica. — Las 
hemorragias pertenecientes á esta clase, no 
se efectúan generalmente por los intestinos; 
sin embargo, suelen observarse enterorragias 
en ciertas fiebres intermitentes perniciosas, á 
consecuencia de emociones morales vivas. To- 
dos los autores han hablado de hemorragias 
intestinales supletorias; pero estas se verifican 
regularmente por el recto. 

«Tratamiento.— El tratamiento de la en- 
terorragia debe dirigirse contra la causa de es- 
ta enfermedad. (V. hemorragia, t. Vil); pero 
cuando no se puede reconocer su origen, 
cuando el derrame de sangre compromete por 
sí mismo la vida del enfermo, en razón de su 
abundancia ó de la frecuencia con que se re- 
produce, puede ser indispensable dirigir con- 
tra la hemorragia misma una medicación enér- 
gica. 

«Los revulsivos, las ligaduras aplicadas a 
los miembros inferiores y los apositos fríos 
sobre el vientre, son en tal caso los primeros 
medios á que debe recurrirse. 

«Las bebidas frías, acídulas , astringentes, 
el agua helada, la limonada sulfúrica , el agua 
de Rabel y la ratania, obran con eficacia 
cuando no se opone á su administración el es- 
tado de las vias digestivas. Adair Broocke, 
Ghurchill, Nicholl, Elliotson y Copland, pre- 
conizan el uso de la esencia de trementina. 
(V. Copland, The. Diclionary of practical 
mcd. col. II, p. 103.) El opio administrado a 
altas dosis, contiene á veces enterorragias, que 
han resistido á todas las demás medicaciones. 
«Los diferentes medicamentos que acaba- 
mos de enumerar, pueden ser administrados 
por el recto, y es necesario darlos en muy 
corto volumen, como por ejemplo, en cuartos 
de lavativa, procurando que los enfermos las 
conserven todo el tiempo posible.» (Mon. yFl. 
Compendium, t. V, p. 393 y sig.) 



ARTICULO II. 
Enterorrea. 

«¿Oué es enterorrea? ¿Existe en efecto esta 
enfermedad? No es tan fácil como á primera 
vista parece responder á estas preguntas. 

«Daremos el nombre de enterorrea á un 
flujo intestinal, que puede llamarse diarrea 
idiopdtica (V. diarrea). Algunos autores han 
dado el nombré de enterorrea á la colerina. 
Andral asegura que esta enfermedad es común, 



106 ENTERORREA. 

principalmente en los niños, y sin embargo no 
se halla descrita por ninguno de los autores, 
que se han ocupado últimamente de la patolo- 
gía de la infancia; asi es que Billard, Valleix, 
Barthez y Uilliet no la han dado lugar en sus 
tratados. 

»La enterorrea nunca es mortal ni puede 
caracterizarse por lesiones anatómico-patoló- 
gicas que le sean propias. Durante la vida se 
manifiesta por un Unjo mucoso ó seroso; pero 
¿ á cuántas lesiones diferentes de los intesti- 
nos no puede pertenecer este flujo, desde la 
enteritis hasta la enteralgia? 

«¿Deberemos referir á la enterorrea, como 
lo hace Andral (Cours de pathologie interne, 
t. I, p. 90; París 1836), los flujos intestinales, 
que se manifiestan después de una supresión 
evidente de la transpiración ó de la desapa- 
rición imprevista de un derrame seroso? No 
nos atrevemos á aconsejarlo. (V. Diarrea cri- 
tica.) 

»Renault [Revue med., n.° de agosto 1811) 
describe de la manera siguiente una entoror- 
rea, propia de los que calientan las calderas en 
los buques de vapor. 

»Sin que preceda ningún pródromo es aco- 
metido el individuo repentinamente de una 
sensación vaga de debilidad y abatimiento, 
acompañada de horripilaciones y movimientos 
internos en el abdomen; cuyos síntomas cesan 
luego que hace el enfermo una deposición lí- 
quida ; pero no tardan en reproducirse, y son 
seguidos de una nueva evacuación, hasta que 
se establece una verdadera diarrea con cinco ó 
seis deposiciones diarias. Las evacuaciones, 
bastante raras al principio, aunque abundantes 
y mezcladas con materias fecales y moco, se 
van haciendo cada vez mas frecuentes y líqui- 
das, hasta que por último se componen de mu- 
cosidades viscosas y de serosidades acuosas casi 
esclusivamente. En la declinación se hacen algo 
mas abundantes , y varían en sus cualidades 
físicas. 

»En el periodo de invasión se aleja poco el 
pulso del estado normal ; á veces es lento é in- 
termitente; después vá aumentando de fuerza 
y de frecuencia; se pone caliente la piel, y 
luego húmeda , se establece el sudor , se inyec- 
tan los ojos , se acelera la respiración , etc. 

» Algunas veces se cambia la enfermedad 
en enteritis. 

»Las únicas causas de esta afección son, 
una temperatura muy elevada , y la supresión 
repentina de la traspiración. 

»EI tratamiento mas eficaz consiste en be- 
bidas emolientes, preparaciones opiadas, y to- 
dos los demás medios propios para promover la 
traspiración. 

»En vista de semejante descripción ¿quién 
se atreverá á distinguir esta supuesta enteror- 
rea de la enteritis leve? A pesar de los argu- 
mentos en que apoya Renault su opinión ¿quién 
podrá convenir con él, en que esta afección es 
una diarrea idiopática ó metastática , un au- 



mento de exhalación mucosa sin irritación ni 
inflamación ? Mucho dudamos que se admita 
esta doctrina. 

» Andral (loe. cit., p. 89) establece dos va- 
riedades de enterorrea , cuyas descripciones 
insertamos á continuación , sin mas comenta- 
rios que las reflexiones anteriores. 

» Primera variedad. — Flujo poco notable 
de líquidos, vientre desarrollado, gorgoteo fre- 
cuente , sobre todo á la presión ; dolor poco 
marcado , cámaras raras, irregulares, y en al- 
gunos casos estreñimiento ; lengua normal. 

» Segunda variedad. — Carácter dominan- 
te.— F\ujo abundante por el ano de mucosida- 
des segregadas por los folículos , ó de suero, 
que parece ser la materia misma de la pers- 
piracion de la mucosa. 1.° Forma aguda : in- 
vasión repentina , evacuaciones muy abundan- 
tes, que solo van precedidas de gorgoteo. En 
el adulto es notable el pulso por su pequenez; 
en los niños sobreviene muchas veces un es- 
tado comatoso y convulsivo. Este flujo sirve á 
menudo de terminación crítica á las neuralgias. 
Si sobreviene la muerte , se encuentra la mu- 
cosa pálida y exenta de flogosis. 2.° Forma 
crónica: diarrea continua ó por intervalos, que 
sobreviene frecuentemente á consecuencia de 
las flegmasías. 

»EI tratamiento es el de la diarrea idiopá- 
tica (V. el artículo siguiente)» (Mon. y Fl., 
Compendium , t. V, p. 383). 

ARTÍCULO III. 

Diarrea. 

»Nomrre y etimología. — La diarrea, nom- 
bre derivado de íia, por medio, y p\a> , yo 
corro, mano , yo fluyo, se llama también des- 
peño , soltura de vientre , flujo de vientre , en- 
tre los españoles. — B ene fice de ventre , flux 
de ventre , cours de ventre , déooiemenl , diar- 
rhee' , de los franceses. — ai«^w«, de los grie- 
gos. — Cacatoria , rheuma gastros , rheumatis- 
mus , cacatropha , defluxio , alvi fluxus , ahí 
profluvium, vcnlris profluvium, ventris fluxus 
aquosus, diarrbaja, de los latinos. — Es el rheu- 
magastros , de Galeno; rheumalismus, de Alex. 
de 'frailes, defluxio, de Celio Aureliauo; diar- 
rhwa , de Sauvages. 

«Definición.— Diarrhaea est recrementorum 
et excrementorum ut plurimumfluxiliorum fre- 
quens per anum dejectio morbosa, id est, cons- 
tans et notabilís, dice Sauvages (Nosol. metod., 
t. II, p.355); Dalmas (Dic. demed., t. X, p. 269) 
se espresa asi: «Hay diarrea cuando las escrecio- 
nesalvinas son mas frecuentes que de ordinario, 
y la materia de estas escreciones mas líquida y 
abundante , vayan ó no acompañadas de calen- 
tura ó de cólicos» y por consiguiente reproduce 
dicha definición , que no nos parece suficiente- 
mente característica ; porque si la frecuencia 
y la cualidad líquida de las deyecciones alvi- 
nas, constituven en efecto una de las condicio- 



DIARREA. 



107 



nes de la diarrea, pueden igualmente existir 
en otras afecciones, que difieren esencialmente 
de esta, y que importa no confundir con ella. 
El mismo Sauvages parece haber conocido la 
necesidad de ser mas esplícito , puesto que in- 
mediatamente añade : 

»Differt (diarrhaea) á coeliaca et lienteria ex 
eo quod non excemantur cibaria , aut cruda, 
autincliylum mulata, ut in quibusdam lienteríae 
et cceliacae speciebus, sed excrementítiae aut re- 
crementitiae materies. A tenesmo quod nixus ad 
egerendum non sint inanes ; ab hepatirrhaea et 
dysenteria, quod ejecta non sint cruentata. A 
maelena , quod non sint nigra.» Estas conside- 
raciones pertenecen al diagnóstico diferencial, 
y se puede prescindir de ellas, definiendo la 
diarrea : Una necesidad mas ó menos repelida 
de mover el vientre , que determina la evacua- 
ción algunas veces doloroso, casi siempre poco 
abundante , de materias fecales líquidas, ó de 
materias segregadas por los folículos intesti- 
neles, sin exhalación sanguínea simultánea en 
la cavidad del intestino. Ya veremos mas ade- 
lante, que las modificaciones que pueden sufrir 
estos caracteres, deben referirse á las compli- 
caciones , ó bastan para dar otro nombre á la 
enfermedad. 

División. — «La diarrea no es mas que un 
síntoma, y nunca una enfermedad, dice Roche 
(Dict. de med. et Chir. prat., t. VI, p. "288), y 
en rigor deberíamos remitir su historia á cada 
una de las afecciones de que depende.» Esta 
manera de ver , justificada en gran parte por 
la sana observación, y que nosotros preferimos 
por cierto á la división poco racional de otros 
autores , es tal vez muy esclusiva, porque re- 
chaza completamente las diarreas idiopáticas, 
cuya existencia discutiremos, después de ha- 
ber dado á conocer varias opiniones, cuyo nú- 
mero y diversidad bastan desde luego para de- 
mostrar su poco fundamento. 

«Tomando en consideración unas veces los 
caracteres físicos de las deyecciones, otras una 
etiología mas ó menos bien establecida , otras 
en fin ün síntoma coexistente, mas ó menos im- 
portante , distinguieron los autores antiguos 
gran número de variedades de diarreas , que 
Sauvages ha reunido en su Nosografía meló- 
dica. Por larga y fastidiosa que pueda parecer 
su enumeración , hemos creído deber insertar- 
la , porque reasume, por decirlo asi, todas las 
opiniones que se han sostenido sobre la naturale- 
za déla enfermedad. Admite Sauvages las vein- 
tiuna especies siguientes de diarrea, sin referir- 
las anticipadamente á tal ó cual forma general. 
1.° «Diarrhaea stercorosa (Riverio) a ven- 
trículo et cibis corruptis (Sennerto); stomaclia- 
lis(GasparHoffinann), lluxuscibalis , soltura de 
vientre; 2.° diarrhaea vulgaris, á toto corpo- 
re sine febre (Sennerto); 3.° diarrhaea febnlis 
(Boerhaave) á toto cum febre ( Seunerlo ); 
4.° diarrliíea pituitosa, álbum alvi prolluviuui 
(Piso); 5.° diarrhaea carnosa (Wedel). Ad dy- 
senleriam accedit hic morbus; 6.° diarrhaea 



variolosa, rubéolas subsequens (Sydenham); 
7.° diarrhaea acrasia , incontinencia de vientre; 
8.° diarrhaea biliosa (Alej. de Tralles), cceliaca 
(Coelíus Aurelianus); 9.° diarrhaea arthritica 
(Sydenham y Baglivio); 10.° diarrhaea serosa 
(Piso), cerebralis (Gordon), aquosa, Feder. Hoff- 
mann , linfática (Lambsma); 11.° diarrhaea pu- 
rulenta (Fed. HofTmann); 12.° diarrhaea chilien- 
sís (Feuillée); 13.° diarrhaea colliquativa (Rive- 
rio); atrophicorum (Junker); fluxus colliqua- 
tiovus (Sennerto); 14.° diarrhaea verminosa, á 
vermibus (Sennerto); 15.° diarrhaea a dentitio- 
ne (Sennerto); 1G.° diarrhaea ab hypercatharsi 
(Sennerto); ea esl quam venenum catharticum~ 
be in opportune assumptum excitat; 17° diar- 
rhaea choleroides (Junker); 18.° diarrhaea adi- 
posa , grasfondure , moitengrease de los ingle- 
ses ; 19.° diarrhaea lactentium , diarrea de los 
niños de pecho ; 20.° diarrhaea febricosa (Mor- 
ton); 21. ° diarrhaea pleuriticorum» (Sydenham 
y Baglivio). 

• «Dreyssig (Handworterb. der. med. clin., 
t. II, p. 40'*), después de haber establecido co> 
mo formas generales de las diarreas: A. la es- 
porádica, B. la endémica, G. la epidémica, 
D. la periódica, E. la aguda, F. la crónica, 
G. la simple y benigna, y H. la crítica ; des- 
cribe las especies siguientes: « l.° diarrhaBa 
estercorácea ; 2.° diarrhaea aquosa ; 3.° diar- 
rhaea colliquativa; 4.° morbus vicarius; 5.° diar- 
rhaea cinérea belgarum.» (Lambsma). 

«Hecker (Lexic. med. theor. pract. t. II, 
p. 919) establece tres grandes clases : A. diar- 
rea idiopática; B. diarrea sintomática; G. diar- 
rea crítica. En la primera coloca trece varieda- 
des : «I o diarrhaea stercoracea , saburralis, 
cibalis, crapulosa; 2.° diarrhaea catarrhali9, 
rheumatica , serosa , aquosa; 3.° diarrhaea mu- 
cosa; 4.° diarrhaea biliosa; 5.° diarrhaea acida; 
0.° diarrhaea torminosa; 7.° diarrhaea habitúa- 
lis; 8.° diarrhaea colliquativa; 9.° diarrhaea pú- 
trida ; 10.° diarrhaea purulenta: lt.° diarrhaei 
sanguínea; 12.° diarrhaea verminosa; 13.° diar- 
rhaea lientérica.» Distingue en seguida las diar- 
reas : a. aguda; b. crónica; c. efémera ; d. in- 
termitente ; e. periódica. ■ 

«Broussais (Hist. de las flegm. cron., t. II), 
sin tratar especialmente de la diarrea , distin- 
gue las especies siguientes: 1.° diarrea infla- 
matoria ; 2.° diarrea biliosa ; 3.° diarrea por 
acción de la membrana muscular de los intes- 
tinos (la que determinan el miedo, el frió de los 
pies , los olores fuertes , las afecciones mora- 
les, la conmoción del cerebro); 4.° diarrea cró- 
nica apirética; 5.° diarrea seca (loe. cit., pá- 
gina 550). 

«Rostan (Curso de med. clin., t. II, p. 10V) 
cree que la diarrea , como todo aumento de 
exhalación mucosa, depende: 1.° de un trabajo 
inflamatorio ; 2.° de una enfermedad crónica 
distante ; 3.° de una disposición orgánica par- 
ticular , probable solamente de la mucosa; 
4.° de la influencia del sistema nervioso. 

«Roche (loe. cit., p. 287) describe: l.°diar- 



108 



DIAURBA. 



rea determinada por la colitis; 2.° diarrea de- 
terminada por la enteritis; 3.° diarrea esterco- 
ral ; V.° diarrea nerviosa ; 5.° diarrea biliosa; 
6.° diarrea mucosa, 7.° diarrea serosa; 8. "diar- 
rea de los convalecientes. 

» Dalmas (loe. cit , p. 273) indica los cinco 
géneros y las especies correspondientes que 
siguen: A. diarrea idiopática ; 1.° diarrea bi- 
liosa; 2.°diarrea mucosa; 3.° diarrea estercoral; 
4.° diarrea de los convalecientes ; 5.° diarrea 
de los niños. B. diarrea simpática, la que acom- 
paña al trabajo de la dentición. C. diarrea me- 
tastática. D. diarrea crítica. E. diarrea sinto- 
mática. 

«Finalmente , J. Copland (Dic. of. pract. 
med., parte 2. a , p. 522) distingue : A. diarrea 
idiopática : 1.° diarrea stercórea (Sauvages), 
fusa (Good); 2.° diarrea a cibis corruptis (Sen- 
nerto): B. diarrea sintomática ; 1.° diarrea bi- 
liosa ; 2.° diarrea serosa; 3.° diarrea catarralis 
(Boerbaave), mucosa (Cullen , Good); 5.° diar- 
rea por ulceración de los folículos mucosos; 
6.° diarrea lientérica : G. diarrea puerperal: 
D. diarrea de los niños : E. diarrea de las razas 
negras : y añade , que estas diferentes formas 
de diarrea pueden ser agudas , crónicas , pe- 
riódicas , endémicas ó epidémicas. 

«Ninguna de estas divisiones nos parece ad- 
misible, y por lo mismo hemos intentado esta- 
blecer una mas racional. Efectivamente ¿es po- 
sible considerar con Copland , como géneros 
distintos , la diarrea puerperal, la de los niños, 
\ la de las razas negras ? ¿Dónde están las ob- 
servaciones que podría citar Dalmas, para justi- 
ficar la clase de diarreas metastáticas ? ¿ Cómo 
puede demostrarse la naturaleza de estas y la 
de las simpáticas? 

«Ademas , para probar que no pueden mi- 
rarse como idiopáticas las variedades de la diar- 
rea enumeradas como tales por Hecker , Co- 
pland y Dalmas , nos bastará referir la defini- 
ción dada por este último autor: «la diarrea 
idiopática , dice , existe sola, y depende de cau- 
sas que obran directa y únicamente sobre el 
conducto intestinal ; las causas que la producen 
son casi todas de naturaleza escitante , y esta 
afección no difiere de la enteritis sino en el 
grado {loe. cit., p. 273). 

«Por nuestra parte creemos respetar mas el 
sentido, que es preciso conservar á las denomi- 
naciones médicas, y los principios á que con- 
duce un examen atento de los hechos , divi- 
diendo la diarrea en : 

»A. Idiopática, que comprende: 1.° la 
diarrea nerviosa; 2.° la d. asténica; 3.° la d. de 
los niños (la que Billard atribuye al aumento de 
energía vital que en cierta época de desarrollo 
orgánico del sistema digestivo se manifiesta en 
los folículos mucíparos de los intestinos.) 

B. » Sintomática '• 1.° de una flegmasía in- 
testinal mas ó menos intensa (d. estercoral, 
mucosa, biliosa de los convalecientes , de la 
dentición , puerperal , de los campamentos); 
2 ° de la fiebre tifoidea ; 3.° del cólera ; 4.° de 



la tisis pulmonar ; o.° délas afecciones cance- 
rosas del aparato digestivo ó de su» anejos (lien- 
teria , flujo celiaco) ; de algunas enfermedades 
del corazón ; 7.° de la mayor parte de las afec- 
ciones crónicas llegadas á su último periodo 
(d. colicuativas); 8.° de algunas calenturas in- 
termitentes; 9.° de ciertas absorciones (diarrea 
pútrida). 

»C Critica que sobreviene en las exante- 
mas , las viruelas , en la pleuresía , en la asci- 
tis, etc. (serosa, acuosa, pleuriticorum). 

»Una vez establecida esta división, podría- 
mos tratar en particular de cada una de las va- 
riedades de diarreas idiopáticas y críticas que 
hemos admitido , y remitir á los lectores para 
las sintomáticas á la historia de las diferentes 
afecciones á que se asocian; mas esto seria es- 
ponernos á repeticiones molestas é inútiles, co- 
mo sucede en las obras de todos los autores que 
han seguido semejante marcha, y nos parece 
preferible considerar la diarrea de una manera 
general , comprendiendo en su descripción las 
consideraciones especiales, que pertenecen á ca- 
da variedad , y merecen mencionarse. 

»Altekacio!ses patológicas. — Con pocas 
palabras las indicaremos. En la diarrea nervio- 
sa no puede comprobarse alteración alguna por 
el examen anatómico de las túnicas intestina- 
les, puesto que la hipercrinia solo es una lesión 
de las funciones ; en la diarrea asténica se ob- 
serva algunas veces la mucosa pálida , el tejido 
celular subyacente ligeramente infiltrado , las 
fibras musculares blancas , blandas , y poco 
desenvueltas ; en la diarrea de los niños se en- 
cuentran los folículos aislados, y los plexos fo- 
liculares del tubo intestinal considerablemente 
desarrollados y muy numerosos , pero sin ves- 
tigio alguno de inflamación (Billard , tratado 
de las enfermedades de los niños , p. V01). 

»Las numerosas y variadas lesiones que se 
observan en las diferentes diarreas sintomáticas 
no pueden describirse en este lugar; pero sin 
embargo debemos recordar , para poner á los 
prácticos sobre aviso, y evitar los errores de 
diagnóstico ó de patogenia que frecuentemente 
se han cometido , que las alteraciones determi- 
nadas por una ligera hiperemia son tan fre- 
cuentes y poco caracterizadas, como raras, pe- 
ro bien marcadas, las que deja en pos de sí una 
inflamación intensa ; consideración imporlante 
que desenvolveremos al tratar de la enteritis. 
Diremos también, que se hallan aveces hasta 
en los intestinos delgados, como lo ha visto uno 
de nosotros, materias fecales amoldadas , ó 
mas bien concreciones estercorales, después de 
una diarrea poco abundante y de bastante du- 
ración. «En este caso , dice Bostan, las mate- 
rias fecales se acumulan en los intestinos, y al 
fin vienen á irritar las partes como si fuesen un 
cuerpo estraño ; esta irritación produce un 
aflujo de líquidos , que ablandan y disuel- 
ven la parte superficial de las materias fecales, 
pudiendo esta parte disuelta resbalar entre los 
escrementos aglomerados ó endurecidos , y 



DIARREA. 



109 



las paredes de los intestinos. He visto dos ve- 
ces, en casos semejantes , acumularse las ma- 
terias fecales de tal modo , que se rompieron 
transversalmente los intestinos , derramándose 
las heces en el vientre, y pereciendo los en- 
fermos» (Gazel. des hop., t. XII, núm. lio; 
lo de diciembre, 1838). 

»En fin, en la diarrea crítica, que se po- 
dría considerar como una variedad de la diarrea 
idiopática, el aumento de secreción es también 
debido á una acción vital , que ordinariamente 
no es causa ni efecto de ninguna alteración 
anatómica apreciable. Este signo negativo , que 
por otra parte se encuentra frecuentemente en 
el examen anatómico de los que han fallecido 
de esta enfermedad , puede tal vez ser consi- 
derado como uno de los caracteres de la natu- 
raleza crítica de un fenómeno , que con mas 
frecuencia de lo que se imagina, solo es sinto- 
mático de una afección coexístente desconocida. 
»Sistomatologia. — Los síntomas , á la ver- 
dad poco numerosos, que se refieren á la diar- 
rea considerada en sí misma , son : respecto de 
las funciones intestinales , una necesidad repe- 
tida con mas ó menos frecuencia de mover el 
vientre, acompañada de un calor picante en el 
ano, algunas veces de tenesmo, cuando las 
evacuaciones son muy frecuentes, ó las mate- 
rias espelidas irritantes por lamezcla de algu- 
na cantidad de bilis, de fluidos ácidos , etc. 
Esta necesidad se hace sentir de una manera 
tan pronta y apremiante, que apenas tienen 
tiempo los enfermos de tomar el sillico, y sen- 
tarse , renovándose en las veinticuatro horas 
unas 20 , 30, y aun cien veces , según aíirman 
algunos. En los casos estremos , dice Dalmas, 
se verifica el Uujo casi de una manera con- 
tinua. 

»La materia de las deyecciones debe ser 
examinada en su cantidad y en sus caracteres 
físicos y químicos; la primera varía mucho. Es 
abundantísima en los muy comedores, en las 
diarreas críticas ; lo es también , pero solamen- 
te en las primeras evacuaciones , en las diar- 
reas idiopática, estercoral (sintomática de un 
infarto gástrico) ; disminuye en seguida á me- 
dida que aumenta el número de las deposicio- 
nes, y no tarda en quedar reducida á algunas 
mucosidades , ó á unas cuantas gotas de un lí- 
quido seroso. Otras veces, como por ejemplo, 
en la diarrea determinada por una acumulación 
de materias fecales en el conducto intestinal, es 
por el contrario muy poco considerable al prin- 
cipio, y se hace repentinamente muy abundan- 
te al cabo de un tiempo mas órnenos largo. Con 
todo, en razón de la frecuencia de las evacua- 
ciones, siempre es bastante considerable la 
cantidad absoluta de las escreciones , habién- 
dosela visto llegar á cuarenta libras por dia. 
(Dalmas). 

» Los caracteres físicos son muy variables, 
y mucho menos importantes de lo que creyeron 
íos antiguos; sin embargo, es incontestable que 
en algunos casos suministran datos diagnósticos 



que no deben despreciarse (cólera , calentura 
tifoidea; d. estercórea , mucosa , biliosa, sero- 
sa, verminosa). 

»Es de creer que los progresos de la quími- 
ca orgánica darán á los caracteres químicos mas 
importancia de la que en el dia se les puede 
conceder. Ya los trabajos de los micrógrafos 
modernos han señalado algunos resultados á la 
atención de los patólogos; pero todos se refie- 
ren á las diarreas sintomáticas ; por lo cual re- 
mitimos en esta parte al lector á la historia de 
cada una de las afecciones de que dependen. 

»Si la frecuencia de las evacuaciones y la 
fluidez de las materias escretadas son signos 
comunes á todas las variedades de la diarrea, 
los fenómenos que las acompañan varían en ca- 
da una de ellas. Asi es que, en las diarreas ner- 
viosas y críticas , está el vientre indolente, el 
enfermo solo esperimenta algunos borborigmos 
ó cólicos sordos ; la lengua y el pulso se hallan 
naturales. En las diarreas asténicas está la len- 
gua pálida, el pulso débil , pequeño, lento , el 
vientre flácido é indolente ; la necesidad de 
evacuar están pronta y tan incoercible, que los 
enfermos defecan sin sentirlo en el puesto en 
que se hallan. En las que se asocian á un infarto 
gástrico , se presenta la lengua ancha, húmeda, 
cubierta de una capa blanca ó amarillenta mas 
ó menos gruesa ; el pulso es tardo y pesado; el 
enfermo esperimenta eructos agrios, fétidos, 
cólicos fuertes , dolores abdominales que no 
aumenta la presión. En las que determina una 
flegmasía intestinal, la calentura tifoidea y el 
cólera , se encuentran los síntomas propios de 
estas afecciones. 

»Ya se deja conocer que todos los fenómenos 
indicados hasta ahora deben atribuirse á la cau- 
sa que produce la diarrea, mas bien que á ella 
misma ; pero al cabo de cierto tiempo se pre- 
sentan otros nuevos, que evidentemente son de- 
terminados por la lesión de las funciones intes- 
tinales, considerada aisladamente. En efecto, 
esperimentan los enfermos flojedad en los 
miembros inferiores, ó un abatimiento general, 
que por lo común les hace caer en síncope; 
sienten escalofríos, espasmos, calambres; se les 
pone la piel seca y rugosa; la cara descompues- 
ta , y con un tinte amarillento; las alas de la 
nariz aproximadas; los ojos cóncavos ; se alte- 
ran las digestiones; la asimilación es insuficien- 
te é incompleta, y el enflaquecimiento toma un 
curso tan rápido, que no tarda en sobrevenir 
el último grado del marasmo ; se presenta la 
calentura héctica , y no se hace la muerte es- 
perar largo tiempo , porque ademas la apresu- 
ran varias complicaciones, y sobre todo alguna 
afección gástrica. 

»Estos accidentes consecutivos, que deben 
atribuirse á la diarrea , sobrevienen principal- 
mente, cuando esta acompaña á una enferme- 
dad crónica (tisis pulmonar, escrófulas, cán- 
cer, etc.), y entonces ya se deja conocer cuan 
importante será no referir á la una lo que per- 
tenece á la otra. En este caso la diarrea no ha- 



110 



DIARREA. 



ce ordinariamente otra cosa, que acelerar una 
terminación funesta, ya prevista é inevitable; 
sin embargo, se la lia visto sobrevivir á la en- 
fermedad crónica primitiva , y ocasionar la 
muerte por los trastornos que induce en la nu- 
trición. 

«Finalmente, en algunos casos, mucho mas 
raros, se prolonga largo tiempo la diarrea, sin al- 
terar las digestiones , sin disminuir el apetito, 
ni las fuerzas del enfermo , y hasta sin deter- 
minar á veces un enflaquecimiento notable, 
viniendo á hacerse habitual casi sin inconve- 
nientes para la salud. 

«Marcha, duración y terminación. — Va- 
rían mucho la marcha y la terminación de la 
diarrea. Las nerviosa, estercoral y crítica , no 
se prolongan mas de algunos dias , y disminu- 
yen poco á poco , ó cesan del todo repentina- 
mente, para ser reemplazadas bastante á menu- 
do por una ligera astricción de vientre. La 
diarrea asténica , la de los niños , y la de los 
glotones, por el contrario, tienen casi siempre 
una larga duración, y como todas las demás 
diarreas sintomáticas, presentan una marcha su- 
bordinada á la de las afecciones de que depen- 
den, y porlotanto algunas veces intermitencias 
mas ó menos largas, pero siempre irregulares. 
En cuanto á las diarreas periódicas citadas por 
Limbrecht (Acta nalur. curiosor. , t. V , pá- 
gina 314), Medicus (Geschichle periode hallen- 
der Krankd, Carlsruhe , 1792 , bd. 1 , pági- 
na 143) , y Piazza (Bull. de therap., t. IV, 
p. 350), creemos que no se han apreciado su- 
ficientemente todas sus circunstancias , y que 
probablemente estaban unidas , como en las 
observaciones citadas por Broussais (Hist. de 
las flegm. cron. , t. 111) , con calenturas inter- 
mitentes ; finalmente, J. Copland ha visto en 
algunos individuos diarreas leves, que se pro- 
longaron toda la vida, sin anticipar visiblemen- 
te su término. Atendida la duración de la diar- 
rea se la ha dividido en aguda y crónica , dis- 
tinción escolástica, que nada tiene de común 
con las causas y la naturaleza de la enferme- 
dad , y que no suministra por sí sola indicacio- 
nes terapéuticas. La terminación déla diarrea, 
considerada aisladamente, solo es funesta en los 
casos bastante raros , en que después de haber 
resistido al tiempo y á todas las medicaciones 
los trastornos de las funciones digestivas, re- 
sulta una nutrición insuficiente para el sosteni- 
miente de la vida; ó cuando la estremada abun- 
dancia de la secreción intestinal acarrea en po- 
co tiempo una consunción de que no puede re- 
ponerse la economía: en las demás circunstan- 
cias , ó termina favorablemente , ó como la 
afección de que es síntoma. Respecto á las ter- 
minaciones por disenteria , enteritis , peritoni- 
tis é hidropesía, establecidas por J. Copland (A 
Dicl. of pract. med., part. 2. a , p. 52(i), no po- 
demos admitir mas que la primera , y aun eso 
considerándola menos como una terminación, 
que como el desarrollo de una enfermedad, cu- 
yo pródromo es la diarrea (véase disenteria). 



«Complicaciones. — A escepcion de ciertas 
afecciones gástricas , no conocemos complica 
ciones que se puedan considerar corno propia? 
de la diarrea: la gota indicada por Sidenham, 
Baglivio , Sauvages , Lorenz y Musgrave (üe 
artkrilide anómala , cap. IV) , y la bronquitis, 
que J. Copland dice ser muy frecuente en los 
niños, no nos parecen verdaderas complica- 
ciones. 

«Diagnóstico. — El diagnóstico de la diarrea 
es bastante complexo. Supongamos dos sugetos 
que uno hace en las 24 horas tres ó cuatro eva- 
cuaciones de materias fecales mas ó menos con- 
figuradas, y otro no hace mas que una eva- 
cuación, pero de materias líquidas, ¿tienen am- 
bos diarrea? Difícil nos parece responder á esta 
pregunta de una manera absoluta ; es raro que 
siendo líquidas las materiasescretadas, no haya 
mas que dos evacuaciones en las veinticuatro 
horas, y mas raro todavía que, pasando las eva- 
cuaciones de este número, sean las materias 
configuradas. Sin embargo , se han visto suge- 
tos que sin tener diarrea, movian el vientre dos 
veces al dia. Independientemente pues de la 
frecuencia de las escreciones y de la liquidez de 
sus materiales , será necesario tomar en consi- 
deración el estado habitual del sugeto. Por otra 
parte es preciso , para que haya diarrea , qut¿ 
las materias escretadas sean escrementicias ó 
segregadas por los folículos intestinales, sin ex- 
halación sanguínea simultánea, la cual forma el 
carácter de la disenteria; y decimos exhalación, 
porque una fisura en el ano, las hemorroides 
internas ó una hematemesis, pueden hacer que 
se mezcle sangre con las materias evacuadas por 
la diarrea. Es también evidente, según nuestra 
definición, que si de un punto mas ó menos le- 
jano se derramase en los intestinos sangre (he- 
matemesis , aneurisma , etc.) , pus (abscesos 
de la fosa ilíaca , del hígado, etc.) orina (diar- 
rea urinosa de los autores) , y fuesen arroja- 
das por el ano, escitando con su presencia con- 
tracciones peristálticas , estas evacuaciones no 
constituirían una diarrea. Con todo , es nece- 
sario repetir, que en ciertas circunstancias, ya 
por la naturaleza de los líquidos, ya por la ma- 
nera con que han sido derramados en los intes- 
tinos, puede sobrevenir una enteritis mas ó me- 
nos intensa , y que entonces la evacuación ac- 
cidental se complica con un flujo de vientre. La 
apreciación de estos casos escepcionales exige 
un examen atento, que no deja de tener sus 
dificultades. 

«Una vez reconocida la diarrea es preciso 
determinar su naturaleza , y aunque en este 
lugar no debemos ocuparnos del diagnóstico 
de las diarreas sintomáticas, recordaremos sin 
embargo, en razón del interés práctico que ins- 
pira este punto , la importancia de estar preve- 
nidos, y no dejarse alucinar por la diarrea que 
determina una acumulación de materias feca- 
les , y que puede ocultar la astricción de vien- 
tre , como el derrame de orina por regurgita- 
ción oculta la retención de este líquido. Luego 



DIARREA. 



111 



que , procediendo por la vía de esclusioii , se ha 
llegado á determinar que la diarrea es idiopá- 
tica ó crítica , deberá creerse que es nerviosa, 
si ha empezado de un modo instantáneo, y ba- 
jo la influencia de causas especiales que indica- 
remos en. breve ; y por el contrario será asténi- 
ca, si se manifiesta en un sugeto débil, linfático, 
ó sometido á causas debilitantes; la diarrea 
idiopática de los niños será la mas difícil de 
comprobar. Las diarreas críticas son comunmen- 
te serosas , muy abundantes, y empiezan de 
repente: la existencia anterior de una pleure- 
sía, de una ascitis, la desaparición de un exan- 
tema, etc , la terminación rápida, afortunada ó 
funesta de la enfermedad primitiva, servirán 
para dará conocer su naturaleza crítica , que 
se ha supuesto gratuitamente en muchas diar- 
reas (Werkshagen , diss. de valore crítico 
diarrh. Halle , 1795). 

«Pronóstico. — Poco tenemos que decir 
acerca del pronóstico: el de las diarreas idiopá- 
ticas será siempre favorable, á no ser que el Un- 
jo se prolongue mucho tiempo , y se resista á 
las medicaciones racionales- El de las diarreas 
sintomáticas variará con la gravedad de la afec- 
ción primitiva ; pero se puede decir en general, 
que es casi siempre funesto, cuando sobreviene 
y persiste el flujo en una enfermedad crónica. 
Finalmente , las diarreas críticas juzgan por lo 
común de una manera favorable las enferme- 
dades á quienes se asocian; pero sin embargo, á 
veces no puede formarse un pronóstico positivo, 
hasta que se presentan los signos del restableci- 
miento de la salud, ó de una terminación funesta. 

«Etiología. — Caimas predisponentes indi- 
viduales. Herencia. — Dreyssig [loe. cit. pági- 
na 476) cree que puede trasmitirse por herencia 
una predisposición particular á la diarrea, y 
cita en apoyo de su opinión varios hechos, que 
solo nos parecen admisibles refiriéndolos á la 
constitución de los individuos. En efecto, es 
evidente que los padres débiles y linfáticos 
que padecen diarrea, pueden trasmitir esta 
disposición á sus hijos. 

r) Edad y sexo. Los niños y los viejos se 
hallan en condiciones fisiológicas, que natural- 
mente les esponen á padecer diarrea con mas 
frecuencia que á los adultos; lo mismo sucede 
con las mujeres respecto de los hombres. 

» Constitución, temperamento. — Los indivi- 
duos muy impresionables, de un temperamen- 
to nervioso estarán predispuestos á la diarrea 
nerviosa; las personas débiles, de un tempera- 
mento linfático á la asténica; los individuos 
fuertes, robustos, pletóricos, de temperamen- 
to sanguíneo, ala sintomática de una flegmasía 
intestinal. 

nCausas predisponentes higiénicas. — Climas. 
— Según ciertos autores reinan las diarreas en- 
démicamente en París (Carnerario Diss.dediar- 
rhee parisiensi Tubinsa, 1777) en Petersburgo, 
en Crakov.ia, en la Ukrania, en Londres, en 
Amsterdam, en las Indias occidentales (Clarks, 
Beobacht über die Krankh. auf langen Reisen 



nach heissen Gegend. und besonders über die 
Krankh die in Ostindien herrschen, Copena- 
gue y Leipsic, 1798); pero casi siempre se ha 
atribuido la enfermedad á la influencia de las 
aguas de dichos paises. Sin embargo, se com- 
prende que los climas muy frios, muy calien- 
tes, ó húmedos, pueden predisponer á algunas 
diarreas sintomáticas. 

» Alimentación. — Una nutrición insuTiciente 
ó de mala cualidad, muy poco sustancial, y la 
costumbre de no masticar bien los alimentos, 
producen diarreas asténicas ó sintomáticas de 
una flegmasía intestinal. 

«Finalmente, las escrófulas, sífilis (Dreys- 
sig, loe. cil. p. 477), la gota, ^ieutaud, Si- 
nopsis univers. prax. med.; Amsterdam, 1765, 
part. I, p. 217) y la dentición se han designa- 
do también como causas de diarrea. 

»Causas ocasionales. — Varían según las es- 
pecies de diarrea. 

^Localidades. — Un aire viciado, cargado de 
emanaciones pútridas, dá lugar á las diarreas 
asténicas ó sintomáticas, descritas con el nom- 
bre de diarreas epidémicas de los campamen- 
tos, por Baldinger [Krankh. einer Armee, Lan- 
gensalza, 1774, p. 231) Europaeus [Diss. de 
diarrh. mililibus russícis familiari, Jena 1794) 
Y r arnott¡ (Handb. fur denangehendenFeldartz, 
etc. Riga, 1807, p. 68) y Leichuer (De diar- 
rhcea quadam epidémica, Erfurt, 1676) y que 
comunmente se transforman en disenteria. 

^Influencias atmosféricas. — Un frió húme- 
do, ó por el contrario muy fuerte, sobre to- 
do cuando se siente en los pies, produce diar- 
rea. Dreyssig [loe. cil. p. 476) ha visto una 
mujer, en la cual determinaba el estado eléc- 
trico de la atmósfera una diarrea nerviosa to- 
das las mañanas de los dias tempestuosos. 

» Pasiones, sensaciones. — La cólera, el te- 
mor, una alegría desmedida, una tristeza pro- 
funda, la inquietud, etc., ocasionan igualmente 
diarreas nerviosas. 

» Alimentación. — Una escesiva cantidad de 
alimento es la causa ocasional de la diarrea 
estercoral, que es una de las variedades mas 
frecuentes de la afección que nos ocupa. La 
calidad de los alimentos determina también 
diarreas sintomáticas, como se observa con la 
ingestión de sustancias irritantes, de especias, 
de caza muy manida, de pescado corrompido 
(Coplandj, de semillas secas que hacen desar- 
rollar gases en los intestinos (Hecker, loe. cit. 
p. 821) de leche adulterada, de frutas sin ma- 
durar, de bebidas alcohólicas, acidas, fermen- 
tadas, frias y de la miel. Hay otra diarrea que 
depende de la ingestión en el tubo digestivo, 
de sustancias alimenticias, refractarias á la 
acción de los jugos del estómago, tales son el 
pan hecho con harinas que contengan mucho 
salvado, los vegetales muy abundantes de par- 
te leñosa, y las materias no nutritivas, de que 
hay precisión de echar mano para alimen- 
tarse durante los asedios ó tiempos de penuria 
y escasez. Otras veces por la susceptibilidad 



112 



D1AHRSA. 



intestinal del sugeto, provocan la diarrea al- 
gunos alimentos, sin que se pueda esplicar su 
modo de acción: asi sucede con la carne de 
ternera, la de puerco fresca, los huevos de so- 
llo, y ciertas legumbres y frutas, aun cuando 
hayan llegado á su perfecta madurez. 

» Sustancias medicinales. El abuso de los 
purgantes, desde los minorativos hasta los drás- 
ticos, determina diarreas sintomáticas. 

»Finalmente, la dentición, la escesiva se- 
creción de la bilis ó del jugo pancreático (Dal- 
mas loe. cit.); la presencia de las lombrices en 
los intestinos ( Krebs, Medie. Beobacht); la 
supresión del sudor habitual, de los menstruos 
(Copland loe. cit) de la leche, de los loquios 
(Vestí, Diss. de diarr. lochiis superveniente; 
Erford, 1713), de un exutorio antiguo; laretro- 
pulsion de una enfermedad cutánea (Loder, 
Journ. fur die Chír. bd, III, p. 37); ciertas ca- 
lenturas continuas ó intermitentes (Ludvig, 
Dis<. de diarr. in febribusacutis;Leips\c, 1754. 
Broussais loe. cit.); varias enfermedades del 
corazón ó del hígado 'Dalmas, loe. cit.) la ma- 
yor parte de las afecciones crónicas (Stoll, 
Prailectiones in divers. morb. cron; Viena, 
1789, t. II, p. 409); las grandes operaciones 
quirúrjieas, la gangrena traumática y la reab- 
sorción purulenta, se han designado como cau- 
sas ocasionales de diarreas de diversa natu- 
raleza. 

«Tratamiento. —Alejar las causas, cua- 
lesquiera que sean, que hayan provocado la 
diarrea, y suprimir la alimentación, ó á lo me- 
nos modificarla según las circunstancias, son 
las dos primeras indicaciones que se presen- 
tan en el tratamiento de la diarrea, y que en 
gran número de casos bastan para su curación. 
Desde luego se deja conocer, que un médico 
racional debe apropiar los agentes de la tera- 
péutica á la naturaleza de la afección que pro- 
cura combatir, y que por consiguiente varia- 
rán los remedios según la especie de diarrea. 
Asi es que los tónicos, el hierro, la quina al 
interioró en lavativas, aprovecharán en la diar- 
rea asténica, combatida por medio del liquen 
islándico por Vogler (Diss. de musas etalgis, 
etc. Giess, 1775) y de la nuez vómica por Lo- 
der (Rosenstein, Anweis. Zur Kenntn und 
Curder. Kinderkr; Gottinga, 1798, p. 122); 
los purgantes y los vomitivos serán útiles en 
la diarrea estercoral; y los antiflogísticos, las 
emisiones sanguíneas locales ó generales, en 
las diarreas inflamatorias (sintomáticas de una 
flegmasía intestinal) que Trousseau y Bonnet 
(Rullet.de Thnap., t. II, p. 337) aseguran ha- 
ber curado con la administración del sulfato 
de sosa, aserción que tal vez desmentiría una 
rigorosa distinción entre !a inflamación y el 
infarto de las primeras vías , mientras que 
Frank (Epitom. de curand. homin. morb. LV. 
part. II, p- 686) la combate por medio del emé- 
tico. Los antiespasmódicos sehallan indicados 
en la diarrea nerviosa, que también se detiene 
fjor lo común espontáneamente. Alfonso De- 



vergie (Bull. Therap. t XI, p. 1 V6) ha pre- 
conizado el acetato de plomo contra la diarrea 
de los tísicos (mañana y tarde una cuarta par- 
te de lavativa hecha con: R. de acetato neutro 
de plomo dos granos; de carbonato de sosa un 
grano; de láudano de Sidenham cuatro golas). 
Dupuytren (Bull. de Therap., t. V., p. 315) 
combatía la diarrea de reabsorción con el sul- 
fato de zinc (de sulfato de zinc un grano; de 
estrado acuoso de opio medio grano, háganse 
dos pildoras para el dia); Claussnitzer ha con- 
tenido la diarrea serosa de los niños con la 
tintura de cochinilla (Allg. med. Ann. enero 
1803, p. 9); la leche cura, según Dalmas, (loe. 
cit.) la diarrea que reina frecuentemente en 
las Antillas. Todavía se han propuesto otras 
sustancias contra las diarreas designadas con 
la vaga denominación de crónicas ó colicua- 
tivas, tales son: el sub-nitrato de bismuto so- 
lo ó unido á los opiados y al colombo, por 
Trousseau (Bull. de Therap., t. IV, p. 261) 
y Archambault (id. t. V, p, 34); la leche mez- 
clada con agua de cal por Geach (Some obs. 
on the pres. epid. dysent. Londres, 1781) y 
Renaud (Bull. de Therap. t. V., p. 192); el 
carbonato de cal por Heíwigius (Diss. de cre- 
ta; Grip., 1705) la goma kino por White y 
Sandras (Bull. de Therap. t. VII, p. 189); 
la ipecacuana por Linneo (Diss. de viola 
ipecac. Upsal, 1774), y Bang (Áuswahl a. d. 
Tageb. des koenigl. Krankenh. zu Copenh.); la 
raiz de López por Vanden Bosch (Journ. der 
auslaend. Literat, bd. III, p. 80); el alumbre 
por J. Adair (Med. comment. Edimb., vol. IX. 
y X, p. 21 y 39 >; Lend (Diss. de alum. virt. 
med. Gottinga, 1784) y Dumeril (alumbre una 
dracma, agua dos). 

«Limitándose á considerar la diarrea en sí 
misma, independientemente de sus causas, y 
creyendo que era importante combatir este 
síntoma, para prevenir los desórdenes conse- 
cutivos, que al cabo determina en las funcio- 
nes de nutrición , han recurrido con frecuen- 
cia los patólogos, para contener las contraccio- 
nes peristálticas de los intestinos, al opio (Zahl, 
Diss. de diarrh. , Halle , 1798 , p. 20), al es- 
tracto del beleño (Von Hoven , Handb. der 
prahl Heilh, bd II, p. 352), y al alcanfor. 
Casi todas las sustancias astringentes han sido 
esperimentadas con este objeto, y algunas de 
ellas preconizadas casi como específicas: el ár- 
nica por Gollin (Heilkraefte der Wohlverley, 
Breslau, 1777), el ledum palustre, por los 
médicos suecos, Brandelius y Ohdelius (Ab- 
handl. der kamigl. Swed. Acad. der Wis~ 
sensch , bd. 34 , núm. 39), el guafalium rnon- 
tanum, por Zom (Botanológia médica, p. 530), 
Muller ( Vade mecum botanic. , p. 413), Wie- 
deburh (Arch. der prakt. Heilk fur. Schlesien, 
bd. 1, st. III, p. 312), la lysimaquia vulgar, 
por de Haen (Ralio med., part. 3. a , p. 195), 
y Scherbius (Diss. de lysim. vulg. Jena, 1790), 
la cuasia, por Tliorstensen (Diss. de usu mé- 
dico Hgni quassifP, Hafn., 1778) , la cascarilla, 



DIARREA. 



113 



por F. Ho(T¡nan (Diss. de cort. eascar , Ha- 
lle, 1708), el colombo, por Garthenser (Diss. 
de rad. columbo , Francfort, 1773) , y Perci- 
val (Essays med. and. exper. on the fallow 
subyecls, tom. I, núm 3), la simaruba , por 
de Jussieu (Diss. an in inveter. alci fluxibus 
simaruba, París, 1730) , Overkamp (Diss. de 
remed. specíf., Wirceb, 1742), Zimmermann 
(Von der Ruhr unter dem Volke , p. 495), y 
Monró (Treat on med. and pharmac. chymis- 
try , Londres , 1778 , t. III , p. 268) , la rata- 
nia , por Ruiz (Memor. de la Real Acad. de 
Madrid, 1796, p. 364) , la nuez moscada, por 
Thumberg (Diss. de myrística , Upsal, 1788), 
la corteza del sauce, por White (obs. and ex- 
per. on the broad leaved, Londres , 1798) , el 
olmo, por Collingwood y Temple (Pracl. of. 
physik, Londres, 1792), el roble, por Cullen 
(Materia me'dica) Fundel (Baldingers. Mag., 
bd. IX, pág. 115) Henning (Beobacht uber den 
Werth cinig. Arzn , p. 54) Redicker (Diss. de 
guerc, robor, Duisb., 1791) el palo campeche, 
por Percival (Lond. med. journ, t. V, p. 56), y 
Thomann (Ann Wirceb. , t. I, p. 82) , la raíz 
del clavel , por Buchliave (obs. circa gei urba- 
ni , Havn, 1781), y Baug (Act. societ. mal., 
Havn , t. V, p. 261), la tierra japónica, por 
Hagendorn (tract. de térra catechu , Jena 1679) 
y Kampf (Enchirid. medie), las flores de 
zinc , por Zadig (Arch. der pracl. , Hcilh, 
bd. 1 , núm. 8) el cuprum ammoniacum, por 
Bianchi (Bree. , comment. med. , dec. 1 , t. II, 
núm. 2) y finalmente, el diascordio (á la dosis 
de media á dos dracmas por dia), y el coci- 
miento blanco de Sydenham , sustancias que 
todavía suelen emplear los prácticos con bue- 
nos resultados. 

»Las lavativas con cinco ó seis yemas de 
huevo (Hildenbrand , Hufeland' s journ. 
bd. 13, st. 1, p. 148) con ácido carbónico 
(Percival, Essays, t. II, Priestley , Esper. and. 
obs. , p. 792) ó con acetato de plomo (G. Adair, 
loe cit.) ; las fricciones en el abdomen con el 
amoniaco y la tintura de cantáridas (Huggan, 
Kuhns physisch med. journ., 1801, p. 260), 
ó el éter (Hufeland , Bemerh, über die naturl. 
undinocul., Blattem. , p. 350) y la aplicación 
de vejigatorios en la misma región (Dreyssig, 
loe. cit., p. 510), terminan la larga lista far- 
macéutica que hemos insertado, añadiendo los 
nombres de varios autores, con el único objeto 
de abreviar la bibliografía, que no podria es- 
tenderse demasiado, sin ser una inútil enume- 
ración de tesis. Recordaremos para concluir, 
que las diarreas idiopáticas de los niños, y las 
críticas, no deben contenerse, á no ser que se 
prolonguen demasiado, y produzcan enflaque- 
cimiento y trastornos de las funciones de nu- 
trición. 

«Naturaleza y asiento.— La diarrea es 
en último análisis, el resultado de la acelera- 
ción de los movimientos peristálticos de los in- 
testinos; pero como esta aceleración puede ser 
debida, como ya se ha visto, á causas muy d¡- 
TOMO VIH. 



ferentes , no es posible asignar naturaleza al- 
guna á la diarrea , considerada de una manera 
general. Por otra parte, hasta pudiera pregun- 
tarse si en la diarrea asténica no se encuentra 
disminuida, en vez de aumentada, la contracti- 
lidad de la membrana muscular, y si en lugar 
de ser debidas las deyecciones á los movimien- 
tos peristálticos , no se efectúan , por el con- 
trario , de una manera pasiva , á consecuen- 
cia de la inercia de las membranas y de los 
esfínteres, absolutamente del mismo modo, 
aunque en grado mas alto que se observa, la 
incontinencia de las materias fecales, de re- 
sultas de la parálisis de estas partes. En cuan- 
to al sitio de la diarrea, es claro que reside 
esclusivamente en los intestinos , tanto en los 
delgados como en los gruesos. 

«Clasificación en los cuadros nosoló- 
gicos. — No teniendo Cullen en consideración 
mas que el movimiento peristáltico, colócala 
diarrea en la clase 2. a , afecciones nerviosas , y 
en el orden (3.°) de las espasmódicas. Viendo 
Pinel en todos los casos un estado inflamato- 
rio, la incluye entre las flegmasías (2. a clase), 
en las de las membranas mucosas (2.° orden). 
En vista de lo que dejamos dicho, fácilmente 
podrán calcularse los vicios de estas clasifica- 
ciones, que solo son aplicables á algunas va- 
riedades, y se vendrá en conocimiento de que 
es imposible fundar una buena sobre la natu- 
raleza de la enfermedad ; debiendo preferirse 
la de Good (1. a clase, enfermedades de las 
funciones digestivas , orden 1.°, enfermeda- 
des del tubo digestivo), ó de Sauvages (9. a cla- 
se, flujos — 2.° orden, los del vientre). 

«Historia y Bibliografía. — Manifestán- 
dose la diarrea en una multitud de enfermeda- 
des, no podia escaparse á la observación de 
ningún médico, y se la halla designada, ya que 
no suficientemente apreciada , en las obras de 
los patólogos de todos tiempos, desde Hipó- 
crates. Pero aunque indicada en todos los tra- 
tados generales, y en las monografías de las 
afecciones en que aparece como síntoma , no 
ha sido la diarrea estudiada en sí misma hasta 
el siglo XVII, y este estudio, como se podia 
muy bien prever, solo ha producido algunas 
disertaciones, concebidas con mas ó menos 
acierto, pero insuficientes para abrazar en con- 
junto un fenómeno , que pertenece á todas las 
individualidades morbosas. Nos contentaremos, 
pues , con indicar entre los autores que han 
considerado la diarrea de una manera general, 
á Ravelly (Dissertalion sur la nature des cours 
de ventre , et sur les remedes quon peut y 
apporter, París, 1677, en 18.°), Cockburu 
(Pro/lucia ventris or the nature and causes 
of loosenesses plainly discovered , etc. , Lon- 
dres, 1701 , en 8.°). Hermann de Barembourg 
(Diss. de diar. ex principiis theorice incita- 
tionis, Erlang, 1802) y Colson (Essai sur la 
diarrhee , París, 1808, en 4.°). Entre los que 
han tratado de alguna de sus variedades en 
particular , merecen ser mencionados Sch- 
8 



114 



DIARREA. 



neider (Dissert. de fluorc alci colliquatico, 
Wiüemberg, 1641 , en 4.°), Leichner (De 
diárrhea, quadam epidémica, Erfurt , 1678, 
en 4.°), Vestí (De diar. lochiis superveniente, 
Erfurt, 1713), Bergen (De diar. puérpera- 
rum, 1721), Schrader (Dissert. de diar. he- 
morrhoidibus ¡luentibus juncia , Leyden, 1728), 
Coscawitz (Diss. de diar. biliosa, Halle, 1729, 
en 4.°), Fed. Hoffmann (De cholera el diar. 
biliosa, Opera omnia, Genova, 1748), Ludwig 
( Diss. de diar. in febribus acutis , Leipsic, 
175V), Carnerario (Diss. de diar. parissiensi, 
Tubing, 1777), Europajus (Diss. de diar. 
mililibus russicis familiari , Jena , 1794), 
Werkhagen (Dissert- de valore critico diar., 
Halle, 1795, en 8.°), Clarks (Beobacht über 
die Krankh auf tangen Reisen nach heissen 
Gegenden, etc. , Copenhague y Leipsic , 1798), 
Dewar (Obs. on diar. and dysentery as those 
diseases, appeared in the British army during 
the campainin Egypt; Londres, 1803, en 8.°), 
Dalmas (sur une espéce particuliére de diar., 
París, 1808, en 4.°) , Poitevin (Diss. sur la 
diar. muqueuse , París, 1810, en 4.°). 

«También se pueden consultar con ventaja 
los artículos de Dalmas (Dict. de med. , t. X), 
Roche ( Dict. de med. et de chir. pratiq. , to- 
mo VI), Copland (A dict. of pract- med., par- 
to II) y Dreyssig (Handwoerterbuch der medie. 
Klink. , t. II).» (Mon. yFl. Coupendium, to- 
mo III, p. 50 y sig.). 

ARTÍCULO IV. 

Disenteria. 

«Nombre y etimología. — Derívase esta 

palabra de /.■ ¡ , difícil, y de u>Tipov , intestino. 
Llámase también en español cursos de sangre. 
Dysenterie , colite , colite specifique , entente, 
colite aigüe , entero-colite, colo-rectite , flux 
de sang , tranchee de ventre , Franc. — &vcnv- 

TiftOÍ , OVOíVT'cflIÍV , ihKtiSOtS IVTifUV , Gt. 

Tormina , tormenta intestinorum, alvi fluxus 
torminosus, dificultas intestinorum, calarrhus 
intestinorum spasmodicus, scabies intestino - 
rían , feber ad intestina , rheumatismus intes- 
tinorum cum ulcere , rheumatismus inlestino- 
rumulcerosus,morbus di ssolu tus, fluxus cruen- 
tus cum tenesmo, rheuma ventris , febris rheu- 
matica dysenlerica , fluxus dysentericus , flu- 
men dysentericum , dysenteria, lalin. — Ai/- 
c-impia, Hipócrates i\nacnt ivTífwv , Gale- 
no ; thormina , Celso; rheumatismus intesti- 
norum cum ulcere , rheuma ventris , Caelio 
Aureliano; albi fluxus torminosus, Pimío; (His- 
toria natural, I. XXVIII); tormenta intesti- 
norum, Columela (De re rustica, I. VI, ch. 7); 
morbus dissolulus , Paracelso ; Scabies intesti- 
norum, Linneo ; cruentus alvi flúor , Fabricio 
Hildano ; feber ad intestina , Sydenham ; dy- 
senteria , Federico Hollmann ; Profluvium alvi 
rruentum , Carthenser ; morbus dysentericus, 
Walther; defluxio dysenlerica, Young ; Ente- 



ritis , entero-colitis , Broussais; colitis, Boche; 
colitis específica , Bostan ; dysenteria, Sauva- 
ges , Andral. 

«Definición. — Las definiciones que se han 
dado de la disenteria son numerosísimas. Con- 
fundiendo conocidamente bajo una misma de- 
nominación casi todos los flujos abdominales, 
dice Hipócrates: «Dysenteria esl exulceratio 
intestinorum.» (Fasii ajeonom. Hipocratis, in 
voce Jt/invTipuj ) : Van Swieten se espresa así: 
«cuando diarrha^ae acceduntmolesta tormina, et 
tenesmus frecuens deponendi alvum cum dolore 
satis acri , tune solet dysenteria dici. » (Con- 
ment. , vol. III, §. 721.) Sydenham , Willis, 
Pringle limitaron el nombre disenteria á la en- 
fermedad designada por Celso con el de tormina 
(De re med., t. IV, cap. XV); los patólogos que 
en estos últimos anos sustituyeron á la voz di- 
senteria la de colitis, la definieron diciendo que 
era una inflamación del intestino colon, y algu- 
nos quisieron probar que era una inflamación es- 
pecífica. En el discurso de este artículo demos- 
traremos la imposibilidad de dar una definición 
exacta de la disenteria , apoyándose en las al- 
teraciones anatómicas que la acompañan , ó en 
la naturaleza de la enfermedad , y la nece- 
sidad de limitarse á la indicación de algunos 
síntomas característicos. Indudablemente dis- 
currió así Sauvages cuando se contentó con de- 
cir: «Dysenteria est frecuens, torminosa, mu- 
coso- cruenta alvi dejectio» (Nosol. method , to- 
mo II , pág. 324 , edic. en 4.°), definición que 
Chomel y Blache han modificado y desenvuel- 
to ó ampliado : « Se dá generalmente el nombre 
de disenteria á una de las formas de la ente- 
ritis, cuyos síntomas particulares son: la necesi- 
dad repetida y casi continua de mover el vien- 
tre, dolores picantes y un calor fuerte en el ano, 
que aumentan con los esfuerzos, y escrecion 
frecuente , laboriosa , de moco sanguinolento, 
algunas veces como cola , y de serosidad roji- 
za , arrojados casi siempre en pequeñas canti- 
dades.» ( Dict. de med., t. X, pág. 5V4.) 

«No queriendo nosotros prejuzgar la natu- 
raleza de la enfermedad , sino establecer úiif- 
camente su individualidad por un síntoma ca- 
racterístico , constante, que se puede conside- 
rar como la condición de su existencia, defini- 
remos la disenteria : una necesidad mas ó me- 
nos repelida , algunas veces continua, de mo- 
ver el vientre , que determina la evacuación, 
casi siempre dolorosa y poco abundante, de ma- 
teriales segregados por los folículos intestina- 
les, y va constantemente acompañada de exha- 
lación sanguínea en la cavidad de los intes- 
tinos. 

«Divisiones. — Los antiguos han multipli- 
cado , por decirlo asi , hasta el infinito las for- 
mas disentéricas , y tomado por base de sus 
divisiones circunstancias, que manifiestamente 
no pertenecen sino á la historia de las varieda- 
des ó de las complicaciones que puede ofrecer 
la enfermedad. Asi es que Sauvages , teniendo 
en consideración, unas veces la naturaleza su- 



puesta de la afección , y otras sus causas , sus 
síntomas predominantes, las complicaciones, la 
presencia ó ausencia de accidentes febriles, y la 
naturaleza de las deposiciones , ha establecido 
las veinte especies disentéricas siguientes (No- 
sol, method. , t. II , pág. 324, en 4.°) : 1. a dy- 
senteria benigna, spontanea, Wallaíi; cruenta 
dejectio critica, Hoeehsteteri; 2. a dysenteria 
catamenialis, Horstii ; dejectio sanguinis copio- 
sa tempore mensium, et periodicus recursus a 
suppressa narium haemorragia, Foresti; 3. a dy- 
senteria parisiaca , Junckeri ; 4. a dysenteria 
gravidarum, Foresti ; 5. a dysenteria atrabilia- 
ria; 6. a dysenteria epidémica, Sydenhami; dy- 
senteria febrilis , Amati ; 7. a dysenteria cas- 
trensis, Ramazini ; fluxus virulentus Saxoniai, 
dysenteria indica, Bontii; "dysenteria pestilen- 
tialis, Amati; 8. a dysenteria simulata; 9. a dy- 
senteria pecorun ; malis húmida. Lancisü; pec- 
tis bovilla Ramazini; lúes vaccarum Tubingen- 
sis ; 10. a dysenteria alba Sennerti , Etmulleri, 
Sydenhami; dysenteria incruenta Javanensium; 
11. a dysenteria á mesenterii vómica, Joan. Ro- 
dii ; abscessus mesenterii, Sanctorii; 12. a dy- 
senteria á catharticis , Sennerti ; 13. a dysente- 
ria syphilitica, Boyle; 14. a dysenteria aequinoc- 
tialis ; dysenteria vera, Bontii ; 15. a dysenteria 
verminosa; 16. a dysenteria carnosa , Wagneri; 
17. a dysenteria intermittens , Torti ; dysen- 
teria febricosa, Werlhof; 18. a dysenteria scor- 
bútica , Cirigli ; 19. a dysenteria polónica, Sta- 
bel; 20. a dysenteria miliaris , Gruberi.» 

»Stoll (Ratio med., part. III, pág. 249) 
describe una disenteria simple , una disenteria 
biliosa, una calentura biliosa disentérica y una 
calentura pútrida disentérica. 

vZimmermann fVon der Ruhr unter dem 
Volke , p. 249 , 25o ) , después de haber dis- 
cutido diferentes clasificaciones , escoge las es- 
pecies siguientes : 1. a disenteria inflamatoria; 
2. a disenteria biliosa pútrida ; 3. a calentura 
maligna disentérica ; 4. a disenteria crónica. 

wRichter ( Med. chir. Bemerk , bd. I , ca- 
pítulo V) , describe las disenterias simple, in- 
flamatoria , biliosa , nerviosa , especies á las 
cuales añade Kreyssig { De pecul. in dyuent. 
epid. miasm.J las disenterias pituitosa ó muco- 
sa , y pútrida ó maligna. 

»P. Frank y Horn han establecido : A. una 
disenteria aguda , que comprende: a. la disen- 
teria esténica, subdividida en 1.° simple, 2.° in- 
flamatoria , 3.° biliosa ; b. la disenteria asténi- 
ca , subdividida en disenterias 1.° maligna ó 
pútrida, 2.° escorbútica, 3.° nerviosa; B. una 
disenteria crónica. 

»Fournier y Vaidy (Dic. de cieñe, med., ar- 
ticule disenteria) adoptaron la división de 
Kreyssig, añadiendo una disenteria tifoidea y 
otra disenteria con calentura intermitente. 

»Vignes (Traite de la diar. et de la dijsen- 
ieriej admite: A. una disenteria simple ó in- 
flamatoria , subdividida en 1.° disenteria mu- 
cosa , 2.° disenteria biliosa ; B. una disenteria 
maligna , subdividida en disenteria 1.° tifoidea, 



DISENTERIA. 115 

2.° adinámica , 3.° atáxica , 4.° complicada 1 

»J. Copland ( Dict. ofpract. med., part. 111 » 

pág. 093 ) ha adoptado la división siguiente: 

A. disenteria aguda; a. disenteria esténica, 
1.° simple, 2.° inflamatoria: b. disenteria asté- 
nica , 1.° simple ó adinámica, 2.° nervioso- 
adinámica ó tifoidea , 3.° bilioso-adinámica; 

B. disenteria crónica; C, disenteria compli- 
cada. 

»En resumen se ha dividido la diarrea: 
A. según su origen , en primitiva, consecutiva 
y sintomática ; B. según su tipo, en continua y 
remitente ó intermitente ; C según sus princi- 
pales caracteres , en inflamatoria, bilioso-in- 
flamatoria , simple asténica , bilioso-asténica, 
adinámica ó tifoidea , maligna ó pútrida, escor- 
bútica , complicada ; D. según su intensidad y 
duración, en sobreaguda, aguda, sub-aguda, cró- 
nica ; E. según las circunstancias en que se 
desenvuelve, en esporádica, endémica, epidé 
mica y endemo-epidémica. 

«Comprendiendo nosotros , á imitación de 
todos los patólogos franceses, la mayor parte 
de las especies disentéricas en el estudio de los 
síntomas, de las variedades y de las complica- 
ciones de la enfermedad , adoptaremos una di- 
visión mucho mas sencilla ; advirtiendo , sin 
embargo, que según nuestra definición, no 
podemos admitir una disenteria incruenta 
(Weisse Ruhr); y que bajo la influencia de la 
medicina fisiológica , se ha concedido en es- 
tos últimos años, una latitud sin límites á la 
forma verdaderamente inflamatoria, que afecta 
rara vez la disenteria, si, como pudiera soste- 
nerse, no constituye la colitis en todos los casos 
una afección enteramente distinta (V. mas ade- 
lante); mientras que no se ha tomado en con- 
sideración la que los autores estrangeros han 
llamado diarrea asténica. Por nuestra parte 
juzgamos poder ser mas esactos y mas claros 
estableciendo : A. una disenteria aguda, sub- 
dividida en tres especies , de las cuales las dos 
primeras , casi siempre esporádicas, solo difie- 
ren por su intensidad , mientras que la tercera 
constituye las disenterias epidémicas ó endé- 
micas , las cuales ofrecen síntomas particu- 
lares; 1.° disenteria aguda ligera; 2.° di- 
senteria aguda intensa ; 3.° disenteria aguda 
grave ; B. una disenteria crónica. 

«Alteraciones anatómicas. — Todos los 
autores modernos , y la mayor parte de los 
antiguos , están de acuerdo en considerar á la 
disenteria como una flegmasía aguda ó crónica 
del tubo intestinal ; sin embargo , nos apresu- 
ramos á decirlo, á pesar de esta conformidad de 
opiniones , á pesar de los numerosos trabajos 
emprendidos para decidir esta importante cues- 
tión de patogenia , y á pesar de las repetidas 



ocasiones en que se ha reproducido su estudio, 
no es posible todavía caracterizar anatómica- 
mente la disenteria; muy fácil nos vá á ser de- 
mostrar esta aserción. 

A. » Disenteria aguda. — Conducto alimenti- 
cio. — Intestinos gruesos -Echando una ojeada 



110 



DISENTERIA. 



sobre las alteraciones que se encuentran al es- 
terior del conducto digestivo , se vé que el 
epiploon está ordinariamente encarnado , in- 
yectado, unido al colon por adherencias mas ó 
menos numerosas, á las circunvoluciones intes- 
tinales, á los bordes de la pelvis, ó á cualquier 
otro punto de las paredes del abdomen; por 
debajo de él se encuentran algunas veces fal- 
sas membranas (Foderé, Lepons sur les epi- 
dem., t. II, p. 76). La masa intestinal se pre- 
senta por lo común en su estado natural ; no 
obstante , los intestinos delgados están algu- 
gunas veces hechos un ovillo , aplastados y 
comprimidos contra la columna vertebral , es- 
pecialmente en la disenteria crónica; el colon 
aparece contraído, y sus paredes considerable- 
mente engrosadas , dan al tacto la sensación 
de un cartílago ; en otros puntos está , por el 
contrario , abollado , distendido por gases tras- 
parentes , y se perciben al través de sus pare- 
des las materias que contiene, ó chapas negruz- 
cas, que corresponden á las alteraciones que 
ocupan su cavidad ; en puntos indeterminados 
se observan constricciones , semejantes á las 
que produciría una ligadura , y por encima de 
estos puntos es donde se nota el adelgaza- 
miento que hemos indicado , y la presencia de 
una gran cantidad de gas. 

«Cuando la inflamación ha interesado todo 
el colon, dice Broussais , se pone algunas ve- 
ces tan grueso como el brazo ; generalmente 
entonces la enorme turgencia de su tejido ce- 
lular , lleno de pus, y su mucosa ulcerada, 
fétida y cubierta de escrementos, la hacen muy 
semejante á una verdadera cloaca.» Alguna vez 
se encuentra el intestino deforme y ensancha- 
do, á consecuencia de la relajación que han 
sufrido los hacecillos de fibras longitudinales. 
Se han visto casos en que llegaba el colon trans- 
verso hasta la escavacion de la pelvis, y estaba 
la S ilíaca tan desviada , que descendía á la 
fosa derecha de este nombre (Annesley and 
J. Copland , Research, into the causes , nal. 
and treaí. of dis. etc.; Londres , 1828). Por lo 
demás, ya se concibe que estas alteraciones han 
de variar, según las lesiones internas, la pre~ 
sencia ó ausencia de una peritonitis general ó 
local , de un derrame, etc. Roche dice haber 
visto algunas veces formarse en la región del 
intestino ciego abscesos sub-peritoneales , que 
se fraguaron paso al esterior, perforando la pa- 
red abdominal (Dic. de med. et de chir. prat., 
artículo Colitis). 

»Todos los autores convienen en reconocer, 
que las alteraciones que se encuentran en la 
superficie interna de los intestinos residen en 
la porción que está por debajo del íleon, es de- 
cir , en el ciego , c3lon y recto ; y refieren las 
que en algunos casos escepcionales , se en- 
cuentran en otros puntos del conducto digesti- 
vo , á las diversas complicaciones. 

»En varios individuos, que atacados de di- 
ferentes afecciones, habían presentado en los 
últimos días de su existencia un flujo disenté- 



rico bien caracterizado , ha visto Gely una ru- 
bicundez muy intensa en los intestinos grue- 
sos , estendiéndose en ocasiones hasta el íleon, 
pero mas notable en el recto; las vellosidades 
mucosas le han parecido desarrolladas, forman- 
do «como un césped muy apiñado, que se po- 
día deprimir y levantar con el dedo;» la mu- 
cosa estaba engrosada , pero rara vez reblan- 
decida; no existían ulceraciones foliculosas; las 
membranas de los intestinos se veían distendi- 
das por una infiltración serosa (Essai sur les 
alteralions anatomiques qui constituent spe- 
cialemcnt Cc'tat dyscntc'riquc , p. 8; Nantes). 

»En un sugeto que murió al quinto día de 
una disentería por una repentina invasión del 
cólera , ha visto igualmente Gueretin , la mu- 
cosa del recto abollada , de un encarnado de 
rosa , y sus túnicas edematosas (Mem. sur la 
dysent. épidém. de Maine-et-Loire; Arch. gen. 
de med. 2. a serie, t. VII , p. 51). 

«Este estado edematoso , que puede consi- 
derarse como un fenómeno constante; no ha 
sido bien apreciado hasta estos últimos tiem- 
pos. Se le encuentra en todas las túnicas intes- 
tinales ; pero ya se deja conocer que en razón 
de su diferente estructura anatómica, será mas 
pronunciado en el tejido celular submucoso , y 
en la membrana muscular , que tiene algunas 
veces el doble ó triple de su grueso ordinario. 
Este grosor, que todos los autores gradúan en 
tres, cuatro ó cinco líneas, y la contracción 
permanente de la membrana muscular, deter- 
minan un fruncimiento ó encojirniento de la tú- 
nica interna , que con la distensión desaparece 
en su mayor parte , y que muchos anatómicos 
han indicado con los nombres de prominen- 
cias , bultos , abolladuras (Gely , loe. cit., pá- 
gina 18). 

«Estas alteraciones son mucho mas nota- 
bles al sesto , octavo ó décimo dia de la enfer- 
medad ; entonces presenta la mucosa todos los 
matices intermedios entre el color de rosa, el 
encendido muy vivo, y el moreno oscuro ; está 
rugosa , cubierta de materias , unas veces glu- 
tinosas, otras sanguinolentas, ó en fin, en una 
época mas adelantada , saniosas y puriformes; 
algunas veces se halla tapizada por una falsa 
membrana pelicular , en forma de red , granu- 
losa , mas ó menos gruesa , de cuya estructura 
volveremos á tratar después ; en toda la longi- 
tud del intestino grueso presenta , dice Gely, 
una cantidad innumerable de pequeños puntos 
negros, notables á la simple vista, rodeados 
de una aureola blanca elevada, de una anchu- 
ra como media línea, y que son evidentemente 
los orificios de los folículos tumefactos ó hin- 
chados ; en gran número de casos , el punto 
negro central es reemplazado por una abertura 
gris , como ulcerosa , que conduce al fondo de 
la cripta , y algunas de estas ulceraciones mi- 
liares tienen hasta el diámetro de dos ó tres lí- 
neas. Thomas ha señalado esta misma disposi- 
ción {Arch. gen. de med., t. VII , p. 157), á la 
cual se refiere uno de los puntos mas impor- 



DISENTERIA. 



117 



tantes de la anatomía patológica de la disente- 
ria , el de las ulceraciones intestinales. Con 
este motivo, preciso nos será entrar en algu- 
nos pormoneres, indicando la historia de una 
cuestión, que en el estado actual de la ciencia, 
divide á los patólogos. 

»Por la misma definición que dá Hipócrates 
de la disenteria , y por otros muchos pasages 
de sus obras, se deja conocer que el padre de 
la medicina miraba las ulceraciones intestina- 
les como constantes y características : enton- 
ces es, dice, cuando aparecen las deyecciones 
sanguinolentas io it/Tipov fi/nái nxl ihno¿Tan, 
xx¡ S ixKu>('\-.rxi uiuxT úSict (De dieta, lib. III, 
c. XIX, sect. IV, afor. 24) Celso (De re med., 
sect. IV, cap. XV) y Galeno (De caus. sympt., 
lib. 111; (De locis affect., lib. II ) , las admiten 
igualmente ; Areteo las describo con cuidado 
(De causis et signis diut. morb., lib. c. 9); 
Ccelio Aureliano , que llama á la disenteria 
rheumatismus intestinorum cum ulcere , se 
csplica de manera , que no deja duda alguna 
acerca de su opinión. Con la autoridad de es- 
tos autores, y con las investigaciones de Prós- 
pero Alpino (Medie, cegyptiaca , cap. VIH) y 
de Bontius (Med. jud., cap. III , de alci pro- 
fluo), que tantas ocasiones tuvieron de obser- 
var la disenteria en las comarcas en que reina 
endémicamente , se adoptó dicha doctrina sin 
la menor contradicción, hasta Sidenhain y Wi- 
llis , que fueron los primeros que se decidieron 
á combatirla , declarando que en la disenteria 
casi nunca existen ulceraciones intestinales. 

»Una vez establecida la controversia , abun- 
daron las opiniones mas contradictorias. 

«Rechazando Morgagni la aserción esclusi- 
va de Sidenham , estableció que los intestinos 
se ulceran frecuentemente en la disenteria, pe- 
ro solo en su último periodo; y que por lo de- 
mas las membranas arrojadas en las deposicio- 
nes , no son otra cosa que trozos de epitelium 
engrosado, y de ningún modo membrana muco- 
sa. En algunos casos ha visto gran cantidad de 
ulceritas, y á veces también la gangrena (De 
sedib. et caus., etc., epist. XXI. §. 2, 12, 13, 
lo, 19 y 20; epist. XXIV y XXXV, §. 8, 
23 , 24 y 35). 

»Pringle (Obs. on íhe diseas, of army) 
Bonet (Sepulchretum), y Cleghorn (Obs. on 
theepid. discases of Minorca , c. V), han ob- 
servado algunas veces ulceraciones en los in- 
testinos, pero en general no las han encontra- 
do; Stoll las cree muy raras. 

«Desde esta época hasta nuestros días , se 
ha seguido agitando esta cuestión, esforzándose 
á resolverla muchos autores; pero con tan es- 
caso resultado, que según vamos á ver , unos 
consideran la existencia de las ulceraciones en 
la mucosa de los intestinos gruesos , como un 
hecho característico y constante , al paso que 
otros la miran como accesoria , y aun la nie- 
gan completamente. Analicemos rápidamente 
las principalesopiniones emitidas, y procuremos 
apreciarlas. 



»Segun Fournier y Vaidy , en la abertura 
de los cadáveres de los disentéricos, se encuen- 
tra la membrana mucosa de los intestinos grue- 
sos , y algunas veces también la de los delga- 
dos , rubicunda , morena , muy arrugada , y 
mas ó menos gruesa en toda su estension. Este 
engrosamiento multiplica y hace mas percep- 
tibles sus pliegues y todas las anfractuosidades 
que naturalmente existen en ella. Las arrugas 
ó pliegues están barnizadas de materias gluti- 
nosas , sanguinolentas , saniosas , puriformes, 
y este estado puede engañar á un observador 
superficial , haciéndole creer que toda la mu- 
cosa está profundamente alterada, siendo muy 
probable que haya inducido á error á algunos 
médicos poco acostumbrados á las investiga- 
ciones anatómico- patológicas. Pero si, como di- 
ce Cayol, á cuya laboriosidad debemos estos 
pormenores , se raspa ligeramente con el lomo 
del escalpelo , y se lava en gran cantidad de 
agua la membrana mucosa , se vé que desapa- 
recen las supuestas ulceraciones. Algunas ve- 
ces , sin embargo , se descubren en este ú el 
otro punto verdaderas úlceras ; pero como es- 
tas no se encuentran en manera alguna en re- 
lación con la estension é intensidad de la infla- 
mación , y como por otra parte no se observa á 
veces rastro alguno de ellas en personas que 
han sucumbido á la disenteria mas violenta , y 
que habían tenido deyecciones sanguíneas muy 
abundantes, estamos autorizados para concluir, 
que las ulceraciones no son ni forman la esen- 
cia de la enfermedad. (Dict. des scienc. med., 
loe. cit.) 

»Chomel, cuya opinión se funda principal- 
mente en las investigaciones de Cayol y Four- 
nier, decia en 1823: 

»La abertura de los cadáveres ha manifes- 
tado vestigios evidentes de inflamación en el 
conducto digestivo. La presencia de la sangre 
en las materias, indujo á los antiguos á supo- 
ner en esta, como en todas las hemorragias, 
una rotura de los vasos, una ulceración de la 
membrana mucosa. Esta ulceración , que no 
es en manera alguna necesaria para concebir 
el color sanguinolento del moco excretado, es 
tan rara en la disenteria, que apenas existen 
algunos ejemplos de ella , siendo lícito creer 
que en el muy corto número de casos en que 
se la ha encontrado, podia seraccidental, y aun 
estraña á la afección que nos ocupa. Algunas 
veces presenta la membrana mucosa de los 
intestinos gruesos una apariencia de erosión 
muy propia para alucinar á los observadores: 
basta entonces raerla suavemente con el lomo 
del escápelo, para desprender una falsa mem- 
brana reticuladaque habia producido la ilusión. 
Finalmente, dice Chomel , puede dudarse si 
esta inflamación esta limitada á la membrana 
mucosa, ó si se estiende á algunas de las túni- 
cas subyacentes, y especialmente á la muscu- 
lar. (Dict. de med. 1. a edic. artículo Disen- 
teria). 

«Roche por el contrario, considera la ul- 



118 



DISENTERIA. 



ceracion de la mucosa como un hecho general, 
aunque no absoluto. La membrana mucosa, 
dice, está en la colitis de un rojo mas ó me- 
nos subido , desde el encarnado vivo , hasta el 
oscuro; hállase al mismo tiempo hinchada, 
engrosada, en algunos puntos como corroída ó 
equimosada, en otros reblandecida, y á veces 
sembrada aquí y allí de úlceras agrisadas , y 
sobre todo morenas, mas ó menos estensas 
y profundas, cubiertas en ciertos casos raros, 
de falsas membranas, debajo de las cuales es- 
tá su superficie encendida y evidentemente 
inflamada. (Dict. de med. el de cliir. pral. ar- 
tículo Colitis.) 

»Bretonneau de Tours, avecindado en lo- 
calidades en que reina la disenteria, por decir- 
lo asi, todos los años, hace mucho tiempo que 
ha adquirido !a certidumbre, de que es incon- 
testable la existencia de las ulceraciones en 
la mucosa de los intestinos gruesos (Thomas 
y Gely). Rostan la considera muy frecuente. 

«Gneretin (loe. cit.) admite unas ulcera- 
ciones que , según él, nunca ofrecen los ca- 
racteres de las délos tísicos, y que fallan con 
mas frecuencia que existen, sobre todo en 
los primeros tiempos de la enfermedad. Por lo 
demas,Gueretin, quesiempre ha visto sobreve- 
nir la muerte en los primeros cuarenta dias de 
la afección, no ha señalado exactamente el 
sitio de las ulceraciones, ni describe con bas 
tantes' pormenores sus diferentes caracteres. 

»Movido Thomas por las contradicciones 
que encontraba en los autores, ha hecho in- 
vestigaciones muy laboriosas, que acreditan 
una esmerada observación y conocimientos 
anatómicos muy exactos. Los resultados que 
ha obtenido, difieren en muchos puntos de los 
que antes hemos indicado, y se hallan formu- 
lados en las siguientes proposiciones: 

»He reconocido, después de haber hecho 
con el mayor cuidado un considerable núme- 
ro de necropsias, que los antiguos tenian ideas 
muy exactas, al paso que los modernos están 
en un completo error)) (loe. cit. p. 456). 

»La membrana mucosa es acometida pron- 
tamente de ulceraciones, tan numerosas, tan 
bien caracterizadas, tan constantes, que admi- 
to como un hecho incontestable, que la ulce- 
ración de la mucosa es un carácter tan esen- 
cial en la disenteria, como las flictenas en la 
erisipela, el clavo en el divieso u el pus en la 
flegmasía del tejido celular.)) (loe. cit. p. 467.) 

»En asunto de tamaño interés, nos parece 
oportuno seguir copiando literalmente las pa- 
labras de Thomas. 

»La mucosa presenta desde el octavo dia 
pequeñas ulceracionos redondeadas , que los 
días siguientes se estienden, se reúnen y for- 
man úlceras irregulares , de bordes cortados 
perpendicularmente : la membrana está des- 
truida en todo su grueso , el fondo de la su- 
perficie ulcerada se halla formado por el tejido 
celular subyacente. He creído reconocer que 
estas alteraciones principiaban por los folícu- 



los del intestino : en efecto, he visto frecuen- 
temente en el ciego los pequeños puntos ne- 
gros que presentan estos folículos, rodeados de 
una ulceración incipiente. En la superficie de 
las ulceraciones se deposita una concreción 
pelicular, especie de falsa membrana muy del- 
gada, que parece formada para protejer el te- 
jido celular del contacto de las materias con- 
tenidas en los intestinos. Gomo sucede á me- 
nudo que se encuentra la película que cubre 
las ulceraciones, desprendida en la circunfe- 
rencia y adherida en el centro, la tomé al prin- 
cipio por una escara, pero después he conoci- 
do mi error. Muy frecuentemente he hallado 
este barniz pelicular en la superficie de la mis- 
ma mucosa; pero entonces se halla esta mem- 
brana rubicunda , reblandecida y se asemeja 
perfectamente por su color y consistencia á 
una capa de gelatina de grosella. Estas pelí- 
culas se desprenden de las superficies ulcera- 
das, y parecen reproducirse muchas veces du- 
rante la enfermedad.... Las he encontrado en 
notable cantidad desde el cuarto al quinto dia 
de la afección; Sevain las ha visto desde el cuar- 
to dia en las deyecciones alvinas (Pinel Noso- 
grafía filosof) lo cual prueba que en esta épo- 
ca existen ya ulceraciones bastantes estensas, 
ó chapas anchas de membrana mucosa, ro- 
ja y reblandecida... En algunos parages se en- 
cuentran entre las ulceraciones pedazos de mu- 
cosa de una palidez estremada, que se pueden 
desprender fácilmente con el lomo de! escal- 
pelo, y que durante la vida se levantan y caen 
por una especie de esfoliacion En este pe- 
riodo es cuando se ven abolladuras notables, 
cubiertas de un barniz seudo-membranoso, 
granujiento, de un gris oscuro, verdoso ó ama- 
rillento , por debajo del cual está la mem- 
brana celular considerablemente engrosada, 
roja ó encendida en su superficie, de un blan- 
co brillante y de consistencia lardácea en el 
resto de su tejido» (loe cit. p. 460 — 462). 

»En un caso observado al décimo dia de la 
enfermedad , ha encontrado el referido autor 
el intestino tapizado por una capa pelicular, 
especie de seudo-membrana, que estaba esca- 
vada por infinidad de pequeños agujeros de 
una ó dos líneas de diámetro, al través de los 
cuales se percibía la túnica celulosa descubier- 
ta. Dos veces ha visto una destrucción casi 
completa de la mucosa de todos los intestinos 
gruesos. La maceracion presenta estas diferen- 
tes disposiciones (Ibid. p. 464) de un modo 
muy perceptible. 

wTambien ha notado el autor, cuya relación 
vamos transcribiendo, que en un estado mas 
adelantado y en los casos mas graves, desapa- 
recía y quedaba descubierta la túnica celular, 
la cual ofrecía la organización de la membra- 
na de nueva formación que reviste los trayec- 
tos fistulosos. En casos mas afortunados, cuan- 
do solo existían algunas ulceraciones aisladas, 
se encontraban á veces cicatrices, adherentes 
á la túnica celulosa por su fondo liso y negruz- 



DISENTERIA. 



119 



co, y confundidas insensiblemente en su cir- 
cunferencia con la mucosa, fruncida y atraída 
hacia el punto céntrico (lbid. p. 466). 

»D(d décimo al vigésimo dia, cuando la mu- 
cosa está casi completamente destruida, se 
desarrollan numerosas ulceraciones en la túni- 
ca celulosa, pequeñas al principio, pero que 
luego se confunden y forman úlceras anchas, 
en cuyo fondo se vé la túnica muscular: en 
seguida se desprenden y flotan sobre esta va- 
rios colgajos negruzcos de las primeras, que al 
cabo se caen y dejan descubiertos los haceci- 
llos desecado*, envueltos en una capa de pus 
concreto; por último, invade la ulceración la 
membrana muscular; la serosa se presenta 
descubierta á su vez y es inminente la perfo- 
ración de los intestinos. La ulceración se ceba 
y hace mas rápidos progresos hacia la S del 
colon, y Tomás ha visto en dos casos reducido 
este intestino á la capa peritoneal (lbid. pá- 
gina 466 — V71). Algunas veces también se ve- 
rifica la perforación, como ha observado el 
doctor Smith en una disenteria que reinaba 
epidémicamente en una fábrica de Edimburgo 
(Gazet. med. de París, t. III, p. 83). 

«Estos trabajos y algunos otros, sobre to- 
do una memoria inédita de Leclerc de Tours 
(sobre el sitio de la, disenteria y las lesionas 
que produce), modificaron mucho las opinio- 
nes que hasta entonces se hallaban en voga. 
En 1835, Chomel auxiliado esta vez con la 
cooperación de Blache, renunció en parte á 
las opiniones que habia omitido en 1823, y 
se esplica de esta manera: 

»Mas rara vez en la disenteria esporádica, 
pero constantemente en los sugetos que sucum- 
ben á la disenteria epidémica, existen nume- 
rosas ulceraciones en las últimas porciones 
del colon y del recto. 

«Estas ulceraciones son tanto mas notables, 
cuanto que la disenteria es casi la únicaenfer- 
medad aguda, si se esceptúa la calentura tifoi- 
dea y las viruelas, en que se observa este mo- 
do de alteración.» (Dicl. de med. 2. a edic. ar- 
tículo Disenteria.) 

»Finalmente, un médico de Nantes, Gely, 
ha presentado á la Sociedad académica deLoi- 
re-inferior, una memoria, que ya hemos te- 
nido ocanou de citar. En esta obra, notable 
por su mucha exactitud de observación y ele- 
vado juicio crítico, analiza el autor sobre todo 
las investigaciones de Tomás y Gueretin, y 
esponiendo después en un capítulo muy bien 
escrito los resultados á que le han conducido 
sus propias investigaciones, compara entre sí 
las tres descripciones anatómicas que ha rea- 
sumido; hace resaltar sus puntos de contacto 
ó de desacuerdo, y formula por último su 
opinión de este modo. 

»El engrosamiento de las paredes intes- 
tinales es debido principalmente á la túnica 
sub-mucosa. 

»En los enfermos que mueren en el pri- 
mer septenario se observa constantemente el 



estado de la mucosa descrito por Gueretin, 
mas rara vez el reblandecimiento y las úlce- 
ras foliculosas indicadas por Tomás (loe. cit., 
p. 18.) 

»í,o ingurgitación de las criptas ó la ulce- 
ración de su conducto se encuentran en todos 
los casos. Un punto gris negruzco señala al 
anatómico el primer estado; y una abertura in- 
fundibuliformemuy pequeña, ó una ancha ero- 
sión de dos ó tres líneas el segundo. La alte- 
ración de los folículos, no siempre afecta la 
forma ulcerosa, pero rara vez se limita á una 
región. 

»Las ulceraciones varían de forma y as- 
pecto, según el estado de las capas en que 
tienen su asiento. Cuando está hipertrofiada 
la mucosa, y el tejido subyacente muy hin- 
chado, parece que solo se halla la cripta lige- 
ramente abierta; apenas puede la úlcera ad- 
mitir la estremidad del cañón de una pluma de 
cuervo, pero es bastante profunda. Guando la 
mucosa está delgada, las ulceraciones son mas 
anchas y se estienden hasta tres líneas de diá- 
metro, mientras que su profundidad es tan 
mínima, que no hay casi diferencia entre el 
nivel de su fondo y la mucosa que las rodea. 
Nunca se han visto los bordes levantados é 
hinchados, como en las ulceraciones de los tí- 
sicos, sino que están cortados con mucha lim- 
pieza, como si se hubieran hecho con un saca- 
bocados. Guando estas erosiones, regularmen- 
te redondeadas, se hallan agrupadas en una re- 
gión, toma la mucosa un aspecto dentado, cu- 
ya forma se observa especialmente cuando es- 
tá adelgazada dicha túnica. En todos los casos, 
el circuito ó circunferencia de la ulceración, 
aparece revestido de una capa gris adherente, 
análoga á la que se encuentra en las aftas ul- 
cerosas de la mucosa bucal. En muchas cir- 
cunstancias es producida esta coloración gris, 
por la presencia del tejido celular puesto al 
descubierto y mortificado. A menudo se vé 
distintamente una pequeña escama seudo- 
membranosa, de color muy variable, colocada 
sobre el orificio de la cripta, al cual se adhie- 
re por su centro. Estas ulceraciones parecen 
afectar igualmente todas las criptas de una 
misma región, y no está probado que residan 
con mas frecuencia en la S ilíaca que en los 
demás parages de los intestinos gruesos. 

»En algunas circunstancias, y sobre todo, 
en el estado que coincide con la hipertrofia de 
la mucosa, que algunos autores han llamado 
abollamiento, y que Gely atribuye no solamen- 
te á una hinchazón de la mucosa, sino tam- 
bién á la ingurgitación del tejido sub-mucoso 
y de los folículos muciparos, se encuentran 
criptas que representan unos odres semitras- 
parentes, agrupados como las granulaciones 
de la frambuesa, y en cuya parte mas elevada 
existe una escama seca. Este aspecto puede 
atribuirse á la distensión de las criptas por 
una materia mucosa (loe. cit. p. 21 — 23). 

»En gran número de casos destruye la ul- 



1-20 



DISENTERIA. 



oeracion todo el grueso de las túnieas inter- 
nas de los intestinos, y pone la fibrosa al des- 
cubierto; pero mas frecuentemente todavía se 
limita á ensanchar el orificio de la cripta, de- 
jando intacto el resto del folículo {Ibid. p. 2i). 

«Las falsas membranas se encuentran mas 
rara vez que las ulceraciones; son delgadas, 
secas , muy adherentes , variables de color ; se 
las observa encima de la mucosa; nunca pa- 
recen estar evidentemente en contacto con la 
túnica fibrosa, que se halla simplemente des- 
pojada , ó cubierta de una capa semi-Iíquida, 
mas ó menos encendida , que puede conside- 
rarse como los restos de la mucosa {ibid. , p. 31 ), 

»EI adelgazamiento de la capa mucosa es 
menos frecuente que su hipertrofia: por lo co- 
mún es general, acompañado de producciones 
seudo-membranosas, y de ulceraciones tan po- 
co profundas , que es necesario colocarse al 
trasluz para distinguirlas. 

»EI reblandecimiento coincide casi siempre 
con el adelgazamiento ; existe debajo de las 
falsas membranas como en los otros puntos; 
aparece en chapas ó muy difuso , y á veces 
llega á un grado tal , que solo se encuentra una 
papilla sonrosada sanguinolenta, que sale mez- 
clada con las deyecciones {loe. cit., p. 27-28). 

»La destrucción de la mucosa, en vez de ser 
debida al reblandecimiento, es algunas veces 
determinada por la gangrena, la cual, limitada 
por lo comuna pequeñas superficies, puede 
invadir hasta el tejido sub-mucoso.» {ibid., 
pág. 29.) 

«Reasume, por fin, Gely su notable trabajo 
en algunos corolarios, entre los cuales cree- 
mos todavía deber citar los siguientes ■ 

»La disenteria reconoce por causa anató- 
mica una alteración de las túnicas propias de 
los intestinos, que nunca se limita á la muco- 
sa ; sin embargo, esta se halla evidentemente 
mas afectada que las otras, sobre todo en el 
periodo agudo. 

»Se siente uno inclinado á admitir cuatro 
formas anatómicas en la disenteria , en cuyo 
caso serian los caracteres de cada una de ellas: 
1.° la hipertrofia mamelonada; 2.° ulceracio- 
nes foliculares; 3.° falsas membranas; 4.° adel- 
gazamiento y reblandecimiento. Sin embargo, 
corno estas lesiones se combinan entre sí, tal 
vez sería mejor no distinguir mas que dos for- 
mas especiales; la hipertrofia y el reblandeci- 
miento , cada una de las cuales podria estar 
complicada con ulceraciones ó con falsas mem- 
branas. La disenteria inflamatoria corresponde- 
ría, tal vez , á la primera forma , y la adinámi- 
ca á la segunda» \ibid., p. 29-30). 

»J. Copland ha descrito, por decirlo asi, 
las mismas alteraciones, pero sin entrar en el 
fondo de la discusión, y sin empeñarse en de- 
cidir , si existen las ulceraciones en todos los 
casos, ó pueden faltar completamente. Las ha 
observado en todas sus formas , y ha visto un 
reblandecimiento tal de todas las capas intes- 
tinales , que estas se separaban como papel 



mojado; otras veces, sin embargo, presenta- 
ban induraciones como cartilaginosas. Del mis- 
mo modo que el doctor Smith, ha visto Copland 
algunos casos de haber destruido la ulceración 
todo el grueso de las membranas intestinales, 
y dado lugar á una peritonitis rápidamente 
mortal, {loe. cit., p. 711.) 

»S¡ ahora se examinan de un modo general 
estos diferentes trabajos, si sobre todo se com- 
paran con las investigaciones anatómicas, re- 
cien publicadas por Nat. Guillot (periódico F 
Experienee , año 1.°, núm. 11) , y de las cua- 
les resulta que no existen en los intestinos fo- 
lículos aislados, estamos en el caso de concluir 
corno habíamos anunciado, que la cuestión de 
las ulceraciones intestinales no se halla toda- 
vía suficientemente aclarada, y que después 
de tantas y tan laboriosas investigaciones, aun 
queda sometida al juicio de los anatómico-pa- 
tólogos, que quieran ocuparse de ella seria, 
detenida y concienzudamente , y sobre todo 
con un conocimiento exacto de todas las opi- 
niones que acabamos de referir. 

»Thomas ha encontrado algunas veces co- 
lecciones purulentas en el tejido del recto {loe. 
cit. , t. IX , p. 1G5): Copland ha visto el ciego 
desorganizado, gangrenado , y en estado de 
supuración ; el apéndice vermicular inflamado 
y ulcerado {loe. cit. , p. 711). 

^Intestinos delgados. — La mucosa de los in- 
testinos delgados está ordinariamente sana: 
sin embargo, en algunos casos ofrece signos 
de inflamación en su estremidad, y aun en su 
tercio inferior. En la disenteria adinámica , se 
encuentran algunas veces, especialmente hacia 
la válvula , ulceraciones variables en su nú- 
mero, en su forma y en su estension. Se han 
observado con bastante frecuencia invaginacio- 
nes , y principalmente en los países calientes y 
en los niños ; con todo J. Copland las ha visto 
en nuestro clima, y dice que una vez entre 
otras, estaba el íleon invaginado en el intesti- 
no ciego, y éste á su vez en el arco del colon. 
Fundándose Roche en los hechos referidos 
con diferentes títulos por Hevín {Mem. de la 
Acad. de chir. , t. IV) Cayol {Trad. del tra- 
tad, de las hernias por Scarpa) , Legoupil y 
Delisle, Rigal y Bouniol , admite que la por- 
ción invaginada puede gangrenarse , y ser es- 
pulsada por las deposiciones, sin que sucumba 
el sugeto. Algunas de las observaciones en que 
se apoya Roche parecen en efecto ser casos 
de disenteria {loe. cit. , p. 3'*i). 

^Estómago y esófago. — En la epidemia di- 
sentérica que reinó en Suiza en 1765, según 
refiere Zimmermann {loe cit.); presentaban el 
esófago y el estómago señales de una inflama- 
ción mas ó menos intensa ; algunos autores 
han concluido, por inducción , que estas alte- 
raciones debían considerarse como propias de 
la disenteria; pero basta la mas ligera atención, 
para convencerse de qne son meras complica- 
ciones (Cbomel y Blache, loe. cit. , p. 552). 

^Ganglios mesente'ricos'—Ew los sugetos 



que han fallecido desde el octavo al vigésimo 
dia de la enfermedad, se encuentran los gan- 
glios mesentéricos encarnados, hipertrofiados, 
reblandecidos. Después de esta época se los vé 
negros, como carbonizados, y tan blandos, que 
á veces casi se los pudiera considerar como 
sangre semi-fluida, depositada entre las hojas 
del meso-cólon (Thomas , loe. cit. , t. Vil, 
pág. 455). Copland los ha visto en ocasiones 
supurados, y tanto mas voluminosos, cuanto 
mas anchas eran las ulceraciones á cuyo nivel 
se hallaban. 

»Anejos del tubo digestivo. — Copland y 
otros autores han encontrado el hígado hiper- 
trofiado , inflamado, reblandecido, con focos 
purulentos mas ó menos numerosos. La vejiga 
de la hiél aparece ordinariamente distendida, 
con una gran cantidad de bilis clara, amari- 
lla; ó bien espesa , oscura , grumosa y fétida. 
La vena porta y sus ramificaciones están , por 
lo común, ingurgitadas de una gran cantidad de 
saugre negra , espesa. El páncreas se halla al- 
gunas veces hipertrofiado (J. Copland). Lo 
mismo sucede con el bazo, especialmente cuan- 
do la disenteria vá acompañada de calentura 
de tipos diferentes: su tejido está unas veces 
normal, otras reblandecido y difluente. En la 
disenteria epidémica de Irlanda se han encon- 
trado constantemente alteraciones en el colon, 
en el recto , y en el hígado ; los intestinos 
delgados estaban afectados en dos terceras par- 
tes, y el bazo en la tercera de los casos (O' 
Brien, Epidem. d"Irlande, Dublin, 1822). 

várganos urinarios. — Las membranas ve- 
sicales están comunmente inflamadas; la ve- 
jiga contraída antes del vigésimo dia , y mas 
adelante, por el contrario, distendida por la 
orina (Thomas , loe. cit., p. 472). La próstata 
puede hallarse infartada (Copland), las venas 
aparecen inyectadas; se encuentra en los uré- 
teres un líquido lechoso (Thomas). 

»B. Disenteria crónica. — Cuando la en- 
fermedad es antigua , la superficie de las úl- 
ceras se pone fungosa , y dá sangre con faci- 
lidad ; algunas veces sé desarrollan vegeta- 
ciones considerables. Refiere Fantoni haber 
encontrado en un hombre, que murió á conse- 
cuencia de una disenteria grave, un cuerpo 
carnoso, situado en medio de una ulceración 
del colon , redondeado, de la longitud de ocho 
traveses de dedo , adherido por un pedículo 
muy delgado. El colon, y con mas frecuencia 
el recto, se hallan transformados en una es- 
tension mas ó menos considerable , en una 
sustancia homogénea , lardácea , como cance- 
rosa. Casi siempre existe un derrame de sero- 
sidad en el peritoneo (Fantoni, Bouillaiid y 
Begin , citados por Roche, loe cit., p. 349). 

»En el estado crónico es en el que se encuen- 
tra especialmente el infarto general, la hiper- 
trofia del tejido celular sub- mucoso, la coarta- 
ción, el engrosamiento de la mucosa con co- 
loración gris muy pronunciada, y el desarro- 
llo de las vellosidades. Al cabo de dos ó tres 



DISENTERIA. 121 

meses el engrosamiento general es sumamente 
notable ; reemplaza á la infiltración una especie 
de edema escirroso ; y la hipertrofia mamelo- 
nada llega á su mas alto grado , asi como la 
dureza y el encogimiento de las túnicas. Las 
úlceras foliculosas y las falsas membranas son 
frecuentísimas (Gely, loe. cit., p. 32). 

»Andral ha visto toda la superficie del co- 
lon , tapizada por una capa abundante de pus 
concreto (Anatom. patol , t. II , p. 139). 

»A esta forma de la enfermedad pertene- 
cen también algunas de las alteraciones que 
hemos designado, sobre todo en los intestinos 
delgados, en el estómago, esófago, hígado, 
páncreas y bazo; las cuales han sido observa- 
das en todos los casos de disenteria crónica . 
recogidos en España, durante la epidemia que 
diezmó al ejército inglés. Finalmente, se ob- 
servan con mucha frecuencia derrames serosos 
mas ó menos abundantes en la cavidad de las 
pleuras , del pericardio y del peritoneo; el co- 
razón está flacido, los pulmones exangües, las 
paredes de los vasos aplastadas , todos los ór- 
ganos, en una palabra , en un estado anémico 
muy pronunciado. 

«Tales son, en resumen, las principales in- 
vestigaciones, que en estos últimos años han 
esclarecido la historia anatómica de la disen- 
teria. Si á pesar del desarrollo que les hemos 
concedido, y que exigían la divergencia de opi- 
niones por un lado, y la importancia del obje- 
to por otro, no hemos decidido todas las cues- 
tiones que suscita este asunto, á lo menos 
creemos haberle considerado con imparcialidad 
bajo su verdadero punto de vista, indicando cla- 
ramente el camino que en adelante deberán 
seguir los observadores. Para hacer este estu- 
dio, hemos debido reunir todas las formas que 
presenta la disenteria, y considerar de una 
manera general los dos principales géneros es- 
tablecidos en nuestra división (Dys. aguda. 
Disent. cronic.) ; vamos ahora á indicar sepa- 
radamente los diversos síntomas que ofrece ca- 
da una de las especies disentéricas. 

«Sintomatologia. A. Disenteria aguda. 
í.° Leve.— La disenteria aguda, simple y poco 
intensa , es ordinariamente esporádica, aunque 
Pjnel la haya visto reinar epidémicamente en 
Bicetre en 1793. Su invasión va anunciada casi 
siempre por pródromos, que se prolongan de 
tres á ocho dias, y entre los cuales coloca Nau- 
mann el coriza y la bronquitis {Hanbd. der. 
med. Klinik bd. IV, abth. II, p. 4). Los enfer- 
mos sienten una incomodidad general, anorexia. 
horripilaciones, astricción de vientre; esperi- 
mentan en el abdomen ligeros dolores , ambu- 
lantes, irregulares, que unas veces se exaspe- 
ran , y otras por el contrario se disminuyen por 
la presión , y poco á poco se concentran hacia 
la S. del colon y el recto. Entonces sobrevie- 
nen borborigmos , una sensación de peso muy 
incómodo en el periné, y un dolor particular, 
que hace creer á los enfermos que tienen un 
cuerpo estraño en el recto , y los precisa á ha- 



122 DISENTERIA. 

cer frecuentes esfuerzos de defecación sin re- 
sultado alguno {pujos, falsos conatos de obrar). 
Al fin se efectúan algunas evacuaciones de ma- 
terias estercorales, durasal principio, después lí- 
quidas y poco abundantes; su tránsitoó salida vá 
acompañada de calor, de un escozor fuerte, y de 
una sensación de rasgadura del ano , y se pre- 
sentan los síntomas característicos de la disen- 
teria. Este primer periodo ofrece sin embargo 
numerosas variaciones en su marcha , duración 
y formas : algunas veces principia la disenteria 
repentinamente , ó después de haber sido pre- 
cedida por espacio de uno ó dos días solamen- 
te, de escalosfrios , anorexia, cefalalgia y diar- 
rea. Guando esta variedad se prolonga y acom- 
paña de alguno de los síntomas que vamos á 
enumerar, la han dado muchos autores el nom- 
bre de disenteria blanca (t±vcrivTi(\x £?.%ovuíví 
disenteria albescens , alba , incruenta , Wcisse 
Ruhr): «Ornnia habet , dice Sauvages , dt/sen- 
teriw vulgaris simptomata , tormina scilicet, 
frecuentan alvi dejectionem mucosam , tenes- 
mum , eo solo discrimine quodnullm sintstriw 
sanguinece (Nosolog. method., t. II , p. 328). 
Pero siendo, como queda dicho, en nuestro con- 
cepto, la presencia de una cantidad mas ó me- 
nos considerable de sangre en la materia de 
las deyecciones el carácter esencial de la disen- 
teria , no podemos menos de comprender esta 
pretendida variedad disentérica en la historia 
de la diarrea, á cuyo artículo remitimos á nues- 
tros lectores (véase diarrea). 

«Estudiemos ahora , según el orden habi- 
tualmente seguido en nuestra obra , los sínto- 
mas que indican el principio , y caracterizan 
la marcha de la disenteria. 

Aparato digestivo. — »Las evacuaciones alvi- 
nas líquidas y poco abundantes se van haciendo 
cada vez mas frecuentes , especialmente por 
la noche, (Haase , Erkenntn. und Cur der 
chon. Krankh , bd. III, abth. 1 , p. 264). Son 
provocadas por la tos, por el mas pequeño mo- 
vimiento , por algunas posiciones , por la me- 
nor cantidad de líquido introducida en el estó- 
mago ; su número, que es por lo regular de 
diez ó doce en las 24 horas, se aumenta algu- 
nas veces hasta setenta ; tomando al propio 
tiempo un incremento proporcional á los cólicos, 
el escozor del ano y el tenesmo, que algunos 
patólogos consideran como un síntoma cons- 
tante y patognomónico de la disenteria (Dysen- 
senteria est fluxus cruentus cum tenesmo), 
atribuyéndole á una úlcera del recto; pero que 
sin duda alguna es el resultado de la contrac- 
ción de las fibras musculares del citado intesti- 
no ; contracción provocada por la irritación 
que desarrolla la naturaleza misma de la en- 
fermedad , ó la acrimonia de las materias eva- 
cuadas. «Hasta puede dudarse, dice Chomel, 
que necesariamente haya de estenderse la in- 
flamación á las fibras musculares, para que se 
efectúen dichas contracciones; pues en muchos 
casos pudiera ser suficiente para producirlas la 
irritación de la membrana mucosa.» 



»EI material de las deyecciones, que con- 
tiene siempre una cantidad mas ó menos consi- 
derable de sangre , ya íntimamente mezclada, 
bajo la forma de estrias ó pequeños cuajarones, 
ya depositada en la superficie, consta al princi- 
pio de materias estercorales; pero al cabo de al- 
gún tiempo se compone solamente de inucosi- 
dades espesas , ó de una serosidad sonrosada; 
á veces presentan alternativamente las deposi- 
ciones estos dos aspectos. También contienen 
grumos blanquecinos , pequeñas películas se- 
mejantes á restos ó detritus membranosos, ca- 
rácter que á menudo se observa desde el se- 
gundo dia: «Glandulae intestinorum, dice Mor- 
gagni, plus secernunt humoris sui , eumque 
non qualem solent cum recle valent, ¡taque 
mucosa et albida apparet materia , et quse pro 
pingüedine accepta fuit» (epis. XXX, §.17). 
En otros casos, y principalmente en los niños, 
ó cuando la disenteria es epidémica , arrastran 
las deposiciones gran cantidad de lombrices de 
todas especies , y particularmente de ascárides 
lumbricoides ; circunstancia que ha movido á 
algunos autores á establecer una disenteria 
verminosa (Sauvages, loe. cit. , p. 329). Final- 
mente, cuando llega á ser muy considerable el 
número absoluto de las deposiciones, la piel in- 
mediata al ano se pone encendida y eritemato- 
sa , y en los niños se observa con mucha fre- 
cuencia la procidencia del recto (salida del 
sieso). 

»La lengua está ancha , húmeda , blanque- 
cina; el apetito es nulo; hay náuseas, y aun 
algunas veces vomiturición. 

»Sistema génilo-urinario. — La vejiga se 
hace ordinariamente el asiento de una irritación 
mas ó menos fuerte, que ocasiona dolores en el 
cuello de este órgano, y frecuentes conatos de 
orinar ; síntomas que lían hecho á algunos au- 
tores admitir un tenesmo vesical. Se efectúa al- 
gunas veces un derrame mucoso, por la uretra 
en el hombre , y por la vagina (1) en la mujer. 
»Sistema circulatorio.— El pulso es ordinar 
riamente pequeño , algunas veces acelerado, 
otras normal, en cuanto á su frecuencia, retar- 
dado. La piel está pálida y fria. 

»EI estado general del paciente se halla par- 
ticularmente caracterizado por una postración 
tanto mas notable , cuanto que se observa al- 
gunas veces desde el principio de la enferme- 
dad ; la cara esta profundamente alterada. 

y>Disenleria aguda intensa. — La disenteria 
aguda intensa se manifiesta por lo común de 



(1) Entendemos que los autores, precisando el 
sitio por donde sale el flujo mucoso procedente déla 
irritación vésico-uretral que existe en la disenteria 
de que vamos hablando , querrán significar la vul- 
va en la mujer ■ si asi no fuese , y si ha de tomarse 
en su estricta significación la palabra vagina de que 
se sirven, deberá suponerse la irritación símpátiea en 
la mujer, no en el trayecto u retro-vesica I , sino en 
el útero-vaginal, aunque en rigor ambas tienen lu- 
gar en el sexo femenino. (N. de los T.) 



DISENTERIA. 



123 



un modo brusco y repentino , en particular 
cuando reina epidémicamente ; los enfermos se 
dispiertan repentinamente por la noche, queján- 
dose de una sensación de plenitud en el abdo- 
men , y las primeras deposiciones ofrecen ya el 
carácter disentérico. Otras veces se anuncia el 
mal por un calor quemante, que alterna con 
horripilaciones , cólicos , borborigmos, dolores 
violentos , que desde el ombligo se irradian á 
todo el trayecto del colon, y se concentran ha- 
cia el ciego , y la S ilíaca; náuseas, vómitos y 
diarrea. Este primer periodo no se prolonga 
mas del segundo ó tercero dia , y después apa- 
recen los síntomas característicos. 

» Aparato digestivo. — Unas veces se limita 
la inflamación ala membrana mucosa; otras por 
el contrario se comunica rápidamente á las tú- 
nicas musculosa y peritoneal (Dysenteria fleg- 
monosa de algunos autores), en una estension 
masó menos considerable: entonces se manifies- 
ta en un punto del colon, ó en la región del cie- 
go, un dolor fijo, que se aumenta á la mas ligera 
presión, por el decúbito lateral, y vá inmediata- 
mente seguido del desarrollo de un tumor 
oblongo y renitente ; el vientre está tenso , do- 
lorido y meteorizado. 

»Los cólicos son cruelísimos, atroces; pero 
no guardan proporción con la gravedad del 
mal ; antes al contrario Vedel observó en Go- 
tha, en la epidemia de 1669, que eran frecuen- 
tes las curaciones en los sugetos que los habían 
esperimentado muy fuertes ; al paso que su- 
cumbían en pocos dias los que los habían teni- 
do muy débiles (Naumann , loe. cit. , p. 20); 
cirunstancia que se esplica por la marcha mas 
rápida, y la mayor intensidad de la inflamación. 
Los conatos á deponer son continuos , y el te- 
nesmo tan violento, que á menudo determina 
síncopes : disminuye un poco , pero por cortos 
instantes , cuando se verifica una evacuación. 
Los enfermos hacen esfuerzos violentos de de- 
fecación , y no espelen comunmente mas que 
una pequeña cantidad de moco, ó con mas fre- 
cuencia todavía , una serosidad rojiza: «si sta- 
tim postdolorem, dice Stoll, excretio non fiat, 
scito intestina tenuia esse laesa» (Ratio meden- 
di , vol. VI , p. 156). Otras veces son las de- 
yecciones mas abundantes, y contienen copos 
espumosos , filamentosos, que suelen quedarse 
pendientes del ano , y que se han comparado 
al desove de las ranas ; grumos , películas, 
sustancias semejantes á las lavaduras de carne, 
cuya presencia ha hecho que Wagner {Collet. 
Acad., t. III, p. 633, obs. CLXXXVII), Sau- 
vages y otros admitan una disenteria carnosa-, 
cuerpecillos que se han considerado como el de- 
tritus de la túnica vellosa; E^ ixvr» kx¡ ttvou 

7i ffwiKKfiuirocí TfíMtfJtir ¿\iyov , *<*< rüv 
kol7.ov(a.\vuv í?í**1¿wv, i/>tew/»/7t nvx eru^xroc, 

(xooict,T5>v'™^r* v «"''«'» (Galeno, De sympt. 
caus.Jib.IH, cap. VII). Sin embargo, Sauvages 
traslució su verdadera naturaleza: Multiplici ob- 
servatione, dice, compertum est dejici cuando- 
que, tum materias carniformes, qum hmpha et 



sanguini coagulatis intra intestina concretis 
tribui debent , tum materies splenis aut hepatis 
fragmentis símiles, tum denique vera corpora 
glandulosa , per multos dies ejici sólita» (No- 
sol, meth. , t. II , p. 329). 

»Tambien se encuentran pedazos, proceden- 
tes de la exhalación seudo-membranosa que se 
verifica en la cavidad de los intestinos , y que 
forman , como en el croup , cilindros comple- 
tos mas ó menos considerables. Engañados los 
antiguos por esta forma, han creído que eran 
una porción de membrana intestinal, y aun del 
mismo intestino, atribuyendo á su espulsion los 
mas favorables resultados: á ella debieron, en 
su concepto , la curación el célebre Lipsio y el 
embajador de Carlos V, de que habla Femelio. 
En el dia está bien demostrado , que si pueden 
arrojarse porciones de membrana mucosa en 
las deposiciones, es siempre bajo la formado 
colgajos irregulares, muy pequeños, y solo en 
los casos muy raros de invaginación, en que 
puede la gangrena separar una parte mas ó 
menos estensa del tubo intestinal , y determi- 
nar su salida alesterior. La sangre sale líquida ó 
cuajada, unas veces íntimamente mezclada con 
el material de las deyecciones, y otras pura ó 
casi pura ; su cantidad varia , y puede llegar 
hasta dos libras en una sola deposición , como 
lo ha visto Bonnet (Sepulcret. , t. II, lib. III; 
sed. II , obs. III). En ciertos casos, si la eva- 
cuación sanguínea no se repite con demasiada 
frecuencia , ocasiona un notable alivio (Nau- 
mann , loe. cit., p. 7). 

«Las deposiciones son , como queda dicho, 
poco abundantes , y tienen un olor fétido par- 
ticular , que es mas manifiesto, y se hace ca- 
racterístico en la disenteria grave; algunas ve- 
ces se suprimen por cierto tiempo (dysenteria 
sicca de algunos autores), á consecuencia de la 
escesiva tumefacción de las membranas intes- 
tinales , ó de una invaginación ; y entonces se 
acumulan los materiales por encima dei obs- 
táculo , y solo después de prolongados esfuer- 
zos, acompañados de un tenesmo violentísimo, 
llegan al fin á atravesarle. La piel que rodea al 
ano está encarnada y dolorida ; los niños y los 
sugetos débiles ofrecen á menudo procidencia 
del recto; y no es raro tampoco observar rela- 
jación y atonía del esfínter del ano (J. Copland). 
Los enfermos tienen náuseas, vómitos de ma- 
terias mucosas , biliosas, ó bien de sangre , lo 
cual indica , según Abercrombie , que la infla- 
mación se ha propagado al íleon. La lengua 
está encendida y seca , algunas veces negra y 
fuliginosa ; en ocasiones se observa también 
la disfagia (Naumann, loe. cit., p. 22). La sed 
es inestinguible, y los enfermos esperimentan, 
desde la boca hasta el ano , una sensación ina- 
guantable de calor quemante. 

»En los casos de invaginación, se presen- 
tan todos los fenómenos que determina la in- 
terrupción del curso de las materias ó una es- 
trangulación. 

»Aparato genilo-urinario.— Con mucha mas 



124 



DISF.NTEIUA. 



frecuencia que en la forma disentérica prece- 
dente, se propaga la irritación hasta la vejiga, 
y determina un tenesmo vesical violento, que 
exasperan los esfuerzos de defecación. Las ori- 
nas están turbias, encendidas , sedimentosas; 
su emisión es difícil , y acompañada de derra- 
me de un líquido mucoso, viscoso, puriforme, 
que después de la muerte se encuentra en la 
vejiga , y hasta en las pelvis (Thomas , loe. 
eit., p. 24), y cuya salida se ha atribuido con 
frecuencia á eyaculaciones ó á pérdidas semi- 
nales involuntarias. 

^Sistema circulatorio — El pulso se pre- 
senta ordinariamente duro y frecuente. Como 
en toda enfermedad inflamatoria, está por lo co- 
mún lleno y desenvuelto al principio ; pero no 
tarda en hacerse débil y miserable , ya por los 
progresos del mal , ó bien á causa de la pérdi- 
da de sangre que se efectúa por las cámaras. 

^Sistema nervioso. — A pesar de una cefalal- 
gia intensa, y de frecuentes lipotimias, suelen 
los enfermos conservar íntegras las funciones 
intelectuales ; á veces, sin embargo, sobrevie- 
nen delirio y convulsiones , que hacen funes- 
tísimo el pronóstico. 

3.° ^Disenteria aguda y grave. — Esta úl- 
tima forma de la disenteria aguda corresponde 
á la disenteria maligna, pútrida, asténica de 
los autores. Rara vez se presenta esporádica- 
mente; es la que despuebla los campamentos, 
los buques, las ciudades sitiadas, las cárce- 
les , etc., la que constituye todas esas epide- 
mias , que Fournier y Vaidy juzgan mas mor- 
tíferas que el tifo , la calentura amarilla y la 
peste. Su principio es comunmente brusco, 
instantáneo, repentino ; algunas veces, no obs- 
tante, suele anunciarse con un aparato febril 
mas ó menos intenso , una constricción hacia 
el epigastrio, dolores abdominales intolerables, 
y una postración estremada y repentina : estos 
pródromos , que no se prolongan mas de doce 
á veinticuatro horas , van prontamente segui- 
dos de los síntomas que ya hemos referido, 
pero que en esta especie llegan al summum de 
intensidad , y suelen asociarse con complica- 
ciones mas ó menos graves. 

»Aparato digestivo. — Las deposiciones, ra- 
ras algunas veces, á pesar de los esfuerzos casi 
continuos de defecación , son ordinariamente 
frecuentísimas , y su número puede graduarse 
hasta doscientas en las veinticuatro horas. El 
material de las deyecciones, prescindiendo de 
la sangre que contiene, y que , como hemos di- 
cho, puede ser líquida ó cuajada , pura ó mez- 
clada, es variable ; seroso, mucoso ó viscoso, 
verde, moreno, oscuro , puriforme, con copos 
grasicntos , ó con pedazos membranosos; des- 
pide un olor sui gencris, de estremada fetidez, 
y escoria algunas veces las manos de los que 
le tocan ; tanta y tan eficaz es su acritud. Los 
dolores abdominales, los cólicos , son tan agu- 
dos, que arrancan continuos gritos á los enfer- 
mos ; con todo , pueden faltar absolutamente 
(Zimmennann), ó cesar de repente, cuando es 



el intestino acometido de gangrena. El tenes- 
mo es constante , estremado y exasperado to- 
davía mas, ya por el paso de las materias, ya, 
al contrario , por los inútiles esfuerzos que pro- 
voca. El vientre está blando y flácido, fácil de 
deprimirse á la mas leve presión, ó bien tenso, 
abultado y dolorido ; sobrevienen vómitos de 
sangre ó de materias verdosas ; la lengua está 
seca , negra , fuliginosa y pegada al paladar, 
marcada con sulcos profundos ; la mucosa bu- 
cal aparece cubierta de aftas, de ulceraciones, 
de chapas seudo-membranosas ó gangrenosas. 
Los enfermos tienen una repugnancia invenci- 
ble á toda especie de alimentos ; la sed es ines- 
tinguible , y sin embargo las bebidas determi- 
nan, tan luego como bajan al estómago, vómi- 
tos y conatos de deponer. A veces hay disfagia 
completa. Salen lombrices por la boca ó por el 
ano , muertas , maceradas ó vivas, en número 
considerable ; en la cama de los enfermos se 
encuentran algunas, que se escapan espontá- 
neamente de los intestinos (Fournier y Vai- 
dy); también suelen acumularse en las narices 
(Bruant , Zimmermann). El enflaquecimiento 
progresa con la mayor rapidez, hasta degenerar 
en emaciación. 

» A par alo ge'nito -urinario.— La orina es 
rara , morena , lechosa , puriforme y de estre- 
mada fetidez ; su emisión es difícil , dolorosa 
(tenesmo vesical), ó se halla enteramente su- 
primida. 

»Aparato respiratorio. — La respiración es 
generalmente acelerada , débil y laboriosa; el 
aliento y los esputos exhalan el mismo olor fé- 
tido que la orina y las deposiciones; la voz está 
alterada, ronca , entrecortada y debilitada ; á 
veces hay completa afonía (ISaumann). Puede 
presentarse el hipo desde el principio de la en- 
fermedad, y entonces no es un signo alarman- 
te; en un periodo mas avanzado anuncia, por 
el contrario, una muerte cercana. «En Améri- 
ca, dicen Fournier y Vaidy, en todos los esta- 
dios de la disenteria se asocia el hipo á los demás 
fenómenos morbosos. El doctor Renaty , que 
nos ha comunicado esta observación , ha nota- 
do también que se manifiesta el hipo, particu- 
larmente en los disentéricos que han abusado 
de las bebidas espirituosas (loe. cit. t p. 369). 

^Sistema circulatorio. — El pulso espeque- 
ño, miserable, frecuente, irregular; se infil- 
tran los miembros inferiores; también se ob- 
servan hemorragias nasales (Mursinna , Beob. 
über die Ruhr, p. 75). 

»»Sistema nervioso. — Casi siempre tienen 
los pacientes la cabeza pesada, y están sumi- 
dos corno en una especie de estupor , del que 
difícilmente se logra sacarlos, y que solo es 
interrumpido por vértigos y frecuentes lipoti- 
mias. P. Frank ha visto parálisis de los miem- 
bros inferiores ó hemiplegias. Los ojos están 
entorpecidos, pero muy sensibles á la impre- 
sión de la luz ; las facultades intelectuales per- 
manecen intactas. En otros casos se presenta 
desde el principio de la enfermedad un delirio 



DISENTERIA. 



125 



tranquilo y fugaz, ó por el contrario, continuo 
y agitado ; se notan contracturas , saltos de 
tendones y convulsiones. 

^Sistema sensitivo. — La piel está algu- 
nas veces muy seca, y cae por descamación; 
otras se halla pegajosa y fria. Su sensibilidad 
al frió ó á las impresiones esteriores está au- 
mentada; al cabo de algunos dias se cubre de 
una capa terrosa , de una especie de barniz, 
que Desgénettes ha comparado al que cubre 
los bronces ó estatuas antiguas. Se manifies- 
tan petequias en toda la superficie del cuerpo, 
ó pústulas , equimosis ó flictenas ; y se desar- 
rolla una inflamación muy intensa , y algunas 
veces la gangrena en la piel que circunda al 
ano , y también en la de los miembros inferio- 
res (Zimmermann , loe. cit., p. 22+). 

»En resumen , la disenteria aguda grave 
está caracterizada por la exageración de los 
síntomas que se observan en la forma prece- 
dente, por la marcha rápida de la enfermedad, 
el estado adinámico tifoideo de los enfermos, 
y sobre todo, en fin, por síntomas que es for- 
zoso referir á las complicaciones que sobrevie- 
nen casi siempre , y que muy en breve vamos 
á manifestar. 

B. ^Disenteria crónica. — La disenteria 
crónica , rara vez es primitiva , aunque se la 
observa á veces bajo esta forma en los sugetos 
débiles (Broussais , Hisí. de las flegm. cron., 
t. III , p. 53); pues regularmente se desarrolla 
en los campamentos , cárceles, hospitales mi- 
litares , etc., á consecuencia de la disenteria 
aguda epidémica. Los síntomas que presenta 
son muy variables. 

» Aparato digestivo. — Las evacuaciones son 
menos abundantes y mas escasas en número 
que en el estado agudo (cuatro á doce en las 
veinticuatro horas); las materias son acuosas, 
como gelatinosas, mucoso-purulentas, y solo 
contienen una corta cantidad de sangre; exha- 
lan un olor ácido particular muy desagradable. 
El vientre está tenso , meteorizado , duro, 
aunque no dolorido ; los cólicos y el tenesmo 
desaparecen completamente por intervalos, 
para volverse á presentar con una intensidad 
estremada; la lengua está seca. «Los enfermos 
tienen de ordinario el apetito desarreglado; de- 
sean lacticinios, cosas de pastelería , frutas aci- 
das , y también amargas , y su intemperancia 
es muy comunmente causa de que se perpetúe 
el mal. Los que esperimentan este apetito 
voraz, y no tienen alimentos á su disposi- 
ción , como sucede por ejemplo en los hos- 
pitales militares , discurren medios de juntar 
provisiones sin que el médico lo sepa ; tienen 
buen cuidado de ocultarlas á las miradas mas 
curiosas y perspicaces ; y generalmente des- 
pués de haberlos visto espirar comiendo, se les 
encuentra debajo de la cabecera y de los ger- 
gones pan, queso , jamón, huevos, frutas, pa- 
tatas, etc. Otros consumidos , aniquilados por 
una languidez espantosa , pierden el apetito, y 
los manjares mas delicados les inspiran repug- 



nancia.» (Fournier y Vaidy , Dic. des scienc. 
med., t. X, pág. 358). La lengua está pálida, 
descolorida , como los labios ; las encías dan 
sangre con facilidad , sobreviene con bastante 
frecuencia un color amarillo , y es considera- 
ble el enflaquecimiento. 

nAparato génito-urinario. — La orina es de 
un color oscuro, ardiente , y sale con dificultad. 
» Sistema circulatorio. — El pulso, débil, in- 
termitente, por lo común tranquilo, y aun 
lento por la mañana, se acelera en seguida, 
redoblándose la calentura por la tarde ; algu- 
nas veces , á medida que progresa la enferme- 
dad, presenta, por espacio de algunos dias, fe- 
nómenos de exacerbación, análogos á los que se 
observan en el estado agudo ; hacia el fin se 
hace héctica la fiebre. La cara y los miembros 
inferiores se ponen edematosos, sin que por eso 
haya hidropesía; aunque también puede pre- 
sentarse esta complicación. 

» Sistema nervioso. — Los enfermos conser- 
van su razón como los tísicos, y como ellos se 
entregan á proyectos que exigen un largo por- 
venir. Sin embargo , muchas veces se los vé 
tristes, y aun nostálgicos ( Fournier y Vaidy, 
loe. cit.) 

nOrganos sensitivos. — La piel está seca, 
árida , descolorida , aplomada , de un amarillo 
sucio en la cara, muy impresionable al frió. 

» Según Fournier y Vaidy , los enfermos 
atacados de disenteria crónica , guardan una 
posición tan característica, que un médico es- 
perimentado les conoce á primera vista por la 
manera como están encojidos y acurrucados en 
la cama.... « Se mantienen acostados sobre un 
lado , con todas las articulaciones dobladas, los 
miembros muy aproximados al tronco, y la ca- 
beza tapada y metida debajo de las mantas ó 
sábanas.» 

»Segun Boche (loe. cit. p. 3+3) puede tam- 
bién presentarse la disenteria crónica con sín- 
tomas del todo diferentes, que es tanto mas im- 
portante conocer, cuanto que dan frecuente- 
mente lugar á errores en el diagnóstico. Exis- 
te en un punto fijo de los intestinos gruesos, 
por lo común en el ciego, un dolor sordo ó bas- 
tante fuerte, intermitente, irregular, que se 
presenta y desaparece repentinamente sin cau- 
sa conocida. Bara vez se siente en la posición 
horizontal, á no ser por la presión, y eso sola- 
mente en las personas flacas , porque en las 
gruesas no lo determina la presión mas fuer- 
te. Se manifiesta después de una marcha pro- 
longada, del ejercicio á caballo, á consecuen- 
cia de las sacudidas de un carruage mal mon- 
tado, de accesos de cólera, de tristeza, ó de 
contrariedades; se siente cuatro ó cinco horas 
después de la comida, y la ingestión de los 
alimentos le hace cesar momentáneamente. 
Este estado puede durar muchos años sin al- 
terar las funciones de nutrición, y las evacua- 
ciones son casi normales, á no ser que los en- 
fermos cometan faltas y estravíos en el régi- 
men. Sin embargo, tarde ó temprano se forma 



126 



DISENTERIA. 



un tumor en la región dolorida y la inflama- 
ción del tejido celular que rodea la región del 
intestino ciego, el angostamiento, la degene- 
ración cancerosa del intestino, pueden acar- 
rear una terminación funesta. 

«Para terminar esta descripción sintomato- 
lógica déla disenteria crónica, creemos deber 
nolar, que esta forma es mucho mas rara de lo 
que generalmente se piensa, y que muy á me- 
nudo se ha creído, como Broussais, encontrar- 
la todavía, cuando ya estaba reemplazada por 
otra enfermedad del todo diferente. En efecto, 
no podemos conceder el nombre de disenteria 
crónica á las diarreas, que suceden comunmen- 
te á las formas disentéricas que hemos estable- 
cido, y menos aun al estado morboso que pue- 
de resultar de varias alteraciones cuya causa 
primitiva ha sido la disenteria. ¿Es posible 
continuar considerando como una disenteria 
crónica una estrechez ó uri cáncer del recto? 
Se evitará casi siempre esta confusión de len- 
guaje, tan perjudicial á la exactitud científica, 
haciendo con nosotros, de la presencia de la 
sangre en los materiales de las deyecciones, el 
carácter de la disenteria crónica, como lo es 
de la disenteria aguda. 

«Marcha y tipo. — Reuniendo ahora las 
cuatro especies disentéricas que acabamos de 
describir, para detenernos en aquellos caracte- 
res que pueden establecerse de un modo ge- 
neral, se ve que la marcha de la enfermedad 
está modificada por muchas circunstancias. Ya 
la anuncien síntomas precursores, ya empie- 
ce repentinamente, ó ya suceda á un estado 
agudo, suele seguir la disenteria una marcha 
regularmente ascendente ó decreciente; pero 
también puede adquirir desde el principio su 
mas grande intensidad, y ofrecer en seguida 
alternativamente remisiones y exacervaciones. 
La marcha es rápida, continua en las disente- 
rias agudas intensa y grave; lenta y remiten- 
te en la disenteria crónica. El tipo francamen- 
te intermitente es incompatible con un esta- 
do inflamatorio bien caracterizado, con la exis- 
tencia de una lesión orgánica de alguna gra- 
vedad; pero se le observa en circunstancias 
opuestas, bajo la influencia de causas especia- 
les, y aun puede entonces ser periódico. De 
este modo se vé en ocasiones, durante el 
curso de una calentura de acceso, que ésta 
desaparece repentinamente, para ser reempla- 
zada por una disenteria que conserva el mis- 
mo carácter (calentura intermitente disentéri- 
ca de algunos autores). 

»Grigor, en su escelente historia de la di- 
senteria que reinó en 1809 1 , durante la guerra 
de la Independencia (Trans. ofmed. and chir. 
Soc. vol. VI, p. 430) refiere que fué intermi- 
tentela enfermedad en los hospitales del Alen- 
tejo y de Estremadura; remitente en los meses 
de julio, agosto y setiembre, cuando el ejérci- 
to se trasladó rápidamente á las Castillas; y 
en fin, continua, cuando éste se halló espues- 
to en Ciudad-Rodrigo á las emanaciones de 



veinte mil enfermos. (J. Copland loe. cit. pá- 
gina 70V.) 

«Duración.— Es muy difícil establecer do 
una manera aproximada, la duración de la 
enfermedad, porque depende de su intensidad, 
de su marcha, de las causas bajo cuya influen- 
cia se ha desarrollado, de las complicaciones, 
etc. En la disenteria aguda leve, la duración 
media parece ser de tres á seis dias; en las 
formas intensa y grave de diez á doce. ¿Mas 
no Yernos sucumbir algunos enfermos desde el 
segundo al tercero dia, y en otros casos cesar 
repentinamente los síntomas mas temibles? La 
disenteria intermitente puede prolongarse lar- 
go tiempo; el estado crónico dura á veces mu- 
chos años. 

«Terminación. — La disenteria aguda pue- 
de terminar: 

»1.° Por resolución. — Esta puede ser re- 
pentina y se observa, como queda dicho, aun 
en aquellos casos en que la enfermedad es 
muy intensa; entonces sigue algunas veces in- 
mediatamente á una evacuación abundante de 
sangre. En otros casos se efectúa lentamente: 
se establece una transpiración suave, igual; 
las deyecciones se hacen mas raras; las mate- 
rias cada vez mas consistentes y con menos 
cantidad de sangre; la lengua se limpia y se 
humedece; el pulso adquiere sus caracteres 
normales; el apetito, el sueño y las fuerzas s« 
restablecen, y no se hace esperar mucho tiem- 
po el completo restablecimiento de la salud. 

»2.° Por la estension déla inflamación mas 
allá de su sitio primitivo.— Cuando la infla- 
mación se propaga de la mucosa intestinal alas 
otras membranas, es comunmente funesta la ter- 
minación, y la antecede, ya un estado tifoideo, 
adinámico, que rara vez deja de sobrevenir, ya 
la gangrena ó perforación del intestino, ya una 
invaginación. En el primer caso, las deyeccio- 
nes se hacen cada vez mas frecuentes; sus 
materias son verdosas, negras, de una fetidez 
estremada; la lengua está seca y negruzca, 
los dientes lentorosos, la piel seca y cubierta 
de una costra terrosa, las orinas casi comple- 
tamente suprimidas; se efectúa probablemente 
la reabsorción de las materias contenidas en 
el conducto intestinal; los enfermos caen en 
una postración comatosa, y no tardan en su- 
cumbir. Esta terminación, que se observa par- 
ticularmente en las epidemias graves disenté- 
ricas, se verifica algunas veces desde el 8.° al 
16.° dia. La gangrena del intestino, que Starck 
(Tentamen medicum de dysenteria) creia cons- 
tante en los enfermos que sucumbían disen- 
téricos, parece observarse rara vez, según las 
investigaciones de Broussais, de Bayle, Cayol, 
Fournier y Vaidy. 

«Los dolores, que antes eran atroces, cesan 
de repente; el pulso se retarda, se hace des- 
igual y pequeño; el delirio si existia, desapa- 
rece; el vientre se pone blando é indolente; 
una aparente mejoría y un estado, que simula 
la convalecencia, engaña á los asistentes; aun 



DISENTERIA. 



127 



el mismo enfermo se cree curado; pero repen- 
tinamente, y algunas veces eu medio de esta 
ilusión, muere, cuando mas contento estaba 
con su inesperado restablecimiento.» (Fournier 
y Vaidy, loe. cit. p. 366). El médico, advertido 
de esta terminación, que se conoce por el olor 
gangrenoso característico que despiden las 
materias de las deyecciones y el aliento, por 
la pequenez del pulso y la descomposición del 
rostro, no se equivocarájamás sobre la natu- 
raleza de esta remisión aparente, que solo 
puede engañar á las personas estrafias á la 
medicina. La perforación del intestino es asi- 
mismo bastante rara y siempre mortal; pue- 
de ser el resultado de la gangrena, de la aber- 
tura de uno de los pequeños abscesos, que he- 
mos visto formarse algunas veces entre las túni- 
cas de los intestinos; ó en fin, y es lo mas co- 
mún, la determina una ulceración que ha des- 
truido la pared del intestino en todo su grue- 
so. El meteorismo del vientre, la pequenez 
del pulso, el enfriamiento de la piel, y parti- 
cularmente de las estremidades inferiores, la 
postración, las vomituriciones, son los sínto- 
mas que la anuncian, y que no pertenecen á 
la disenteria considerada en sí misma. La in- 
vaginación se observa algunas veces en los 
niños, sobre todo en los paises calientes, y es 
sabido cuan difíciles reconocerla. Unas veces 
la acompañan todos los síntomas de una vio- 
lenta peritonitis; otras, y es lo mas ordinario, 
permanece el vientre flexible é indolente, y 
hasta que han pasado algunos dias, no se pre- 
sentan los vómitos estercorales, que vienen á 
indicar que hay un obstáculo que se opone 
al libre paso de las materias. Esta terminación 
es casi siempre funesta; sin embargo, se ha 
pretendido hacer creer, que han curado algu- 
nos enfermos después de haber arrojado una 
porción mas ó menos estensa y complexa de 
tubo intestinal; pero estos hechos deben re- 
cibirse con mucha reserva, y es probable que 
los autores que no han comprobado ni anali- 
zado la estructura anatómica de las porciones 
evacuadas, se han dejado alucinar por la pre- 
sencia de esos cilindros seudo-membranosos, 
que según hemos dicho, son con alguna fre- 
cuencia espelidos en las deyecciones. De todos 
modos, aunque la invaginación terminase fa- 
vorablemente, no debería considerarse sino co- 
mo una complicación. Finalmente, la inflama- 
ción puede estenderse á la parte superior del 
tubo digestivo: entonces sobrevienen vómitos 
de bilis ó de sangre; el pulso se acelera; se 
exasperan los dolores abdominales y los en- 
fermos presentan todos los síntomas de la en- 
teritis; otras veces invade el tejido celular in- 
mediato al intestino ciego, y determina la for- 
mación de un absceso en la fosa ilíaca, que 
puede abrirse, ó bien en los intestinos, ó bien 
al esterior (Dance, Husson, J. Copland). Fi- 
nalmente, cuando la disenteria ataca á las mu- 
jeres durante la pivñez, se ve con bastante 
frecuencia, que la inflamación se propaga á la 



matriz y al peritoneo, y dá lugar, no solamen- 
te á una complicación alarmante, sino á ac- 
cidentes que en casi la totalidad de los casos 
producen una terminación rápidamente fu- 
nesta. 

»3.° Por la invasión de una calentura in- 
termitente. — Guando la enfermedad ha sido 
mal tratada, imprudentemente detenida por 
los astringentes; cuando es epidémica, y so- 
bre todo, cuando, como sucede algunas veces, 
ha sucedido ó reemplazado á una calentura 
intermitente, se la vé cesar de pronto mani- 
festándose una fiebre periódica. De este mo- 
do ha visto J. Frank desaparecer una calen- 
tura cuartana en un sugeto que contrajo la di- 
senteria, cesando á su vez esta restablecida que 
fué la intermitente. Esta terminación es siem- 
pre favorable, con tal que no sea muy grave 
la calentura (calentura intermitente pernicio- 
sa) ó se prolongue y asocie á alteraciones 
orgánicas. Notaremos de paso un hecho bas- 
tante notable, y es, que la calentura intermi- 
tente se halla comprendida simultáneamente 
entre las terminaciones, las complicaciones y 
las causas de la disenteria. 

»i.° Por el desarrollo de otra afección. — 
El reumatismo, la ciática, la pleuresía (Stoll, 
Richter) la hepatitis, la meningitis y una afec- 
ción cutánea, son otras tantas enfermedades 
en que se ha dicho poder terminar la disente- 
ria, y que aun á veces han sido consideradas 
como metástasis. Los médicos que han hecho 
la campaña en Egipto, han visto frecuentemen- 
te cesar la disenteria de improviso por el desar- 
rollo de una oftalmía purulenta (Bruant Obs. sur 
la dys. d'Eyypte, p. 21; Desgenettes, Hist. 
med. delarmée d'Eyypte). La hidropesía, ana- 
sarca ó ascitis, se observan en los viejos, en 
los soldados estenuados por largas marchas 
y por las privaciones, y en los sugetos debili- 
tados por enfermedades anteriores. Existe mas 
comunmente en las latitudes altas que en los 
paises templados. Esta terminación es ordina- 
riamente funesta. 

«Finalmente, Fournier y Vaidy dicen lo que 
sigue: «la disenteria termina en ocasiones por 
una disuria, á causa de la tendencia que tie- 
nen todas las afecciones catarrales á suce- 
derse unas á otras. Esta terminación es muy 
rara en las mujeres y los niños; se manifiesta 
principalmente en los adultos ó en los de edad 
avanzada cuando están predispuestos al catar- 
ro vesical» (loe. cit,. p. 367). 

»5.° Por su tránsito al estado crónico. — 
Desde el vigésimo al trigésimo día puede ya 
considerarse que la disenteria aguda ha pasado 
al estado crónico (Broussais , loe. cit. , t. III, 
pág. 49). En esta forma los enfermos caen len- 
tamente en el marasmo, por la propagación de 
la llegmasia crónica al estómago ( Broussais, 
loe. cit., t. III, pág. 505), por el engrosamíen- 
to de las membranas intestinales , por la estre- 
chez en una estension mas ó menos considera- 
ble de los iutestinos, y por otras alteraciones de 



128 



DISENTERIA. 



tejido, que impiden la absorción del quilo (Four- 
tiier y Vaidy , loe. cit. , pág. 566). Sin embar- 
go , á veces se prolonga por años enteros , sin 
ocasionar trastornos graves. En las comarcas 
equinocciales, en los países donde es endémica, 
como Egipto y Santo Domingo, no se cura, co- 
mo no se decidan los enfermos á una pronta 
emigración. Finalmente, en los casos mas fa- 
vorables, en que la disenteria crónica sucede á 
una forma aguda esporádica y simple, la ter- 
minación es casi siempre feliz, y aun algunas ve- 
ces repentina y breve. 

«Convalecencia , recaídas , recidivas. — 
Hemos dicho que el restablecimiento del apeti- 
to, del sueño y de las fuerzas y la menor fre- 
cuencia de las deposiciones, eran los signos de 
la convalecencia. Pero es preciso no olvidar, que 
pudiendo el intestino delgado estar esento de 
enfermedad , conserva á veces las materias 
fecales por espacio de mucho tiempo , y que 
sobrevienen entonces evacuaciones abundantes, 
cuya naturaleza será fácil de conocer con solo 
examinarlas, pues se presentan bajo la forma 
de bolas duras, negruzcas ó amarillentas, cu- 
biertas de un barniz mucoso. Algunas veces se 
restablecen los enfermos, lentamente á la ver- 
dad , porque las funciones de nutrición necesi- 
tan de algún tiempo para reponerse y reparar 
el desorden que han ocasionado sus trastornos; 
pero al menos no esperimentan otro accidente 
que la debilidad , que va poco á poco desapare- 
ciendo : otras veces se caen los cabellos, se 
descama la piel y se cubre de erupciones ; so- 
brevienen sudores abundantes; se aumenta la 
secreción urinaria , y los pies y las manos se 
ponen edematosos. El doctor Renaty ha visto 
en Santo Domingo, que el hipo persistía mucho 
tiempo después de la curación. El vientre per- 
manece tenso y abultado ; y aun suele sentirse 
un dolor mas ó menos fuerte en un punto del 
colon ; las evacuaciones son todavía mas fre- 
cuentes que deberían serlo , pero sin tenesmo; 
y se observa en ciertos casos una calenturilla 
continua con exacerbaciones vespertinas, ó á di- 
ferentes horas del dia; quedando el enfermo en 
un estado anémico particular, y esperimentando 
á veces ruido de oidos y un poco de sordera 
(Stoll). Algunos autores han visto sobrevenir 
después de la disentería una parálisis, análoga á 
la que determina la colitis saturnina , herni- 
plegias, y parálisis parciales (Ph.-G. Fabricius, 
De paraUjsi brachii unius et pedis alíerius dy- 
sentericis familiarij. Morgagni ha visto for- 
marse en la margen del ano abscesos, que se 
abrían , ya al esterior , ya en el recto (epísto- 
la XXXI, §.28). 

»La convalecencia de los disentéricos exige 
cuidados especiales, que indicaremos minuciosa- 
mente, porque «hay pocos enfermos, dicen Four- 
nier y Vaidy , que estén tan sujetos á las recaí- 
das como los disentéricos» (loe. cit. , pág 387), 
aserción justificada por la observación , pero 
cuya certidumbre estriba, mucho mas en las fal- 
tas de régimen ó de tratamiento y en las cir- 



cunstancias que han desarollado la enfermedad, 
que en la naturaleza de esta. En efecto , son 
frecuentes las recaídas, sobre todo, cuando sien- 
do la disenteria endémica ó epidémica, perma- 
necen los convalecientes sometidos á la influen- 
cia de las causas que la produgeron; cuando en 
los campamentos, en los buques , en las mar- 
chas ó viages vuelven á tomar un régimen de 
vida dañoso; cuando se esponen al frió ó hacen 
uso de bebidas alcohólicas. Sin negar de una 
manera absoluta que la disenteria tenga una 
tendencia especial á las recaídas, se puede pre- 
guntar sin embargo, cuál es la afección que en 
circunstancias semejantes no volvería á apare- 
cer. En la disenteria esporádica son por cierto 
muy raras las recaídas, á no ser, repetimos 
otra vez , que los enfermos se coloquen bajo la 
influencia de las causas morbíficas anteriores ó 
de otras nuevas. 

»Van Geuns había creído reconocer que la 
disenteria no atacaba dos veces á un mismo su- 
geto, y bajo este punto de vista la habia asocia- 
do á las viruelas , sarampión y escarlata (Abh. 
über die epidem. Ruhr, trad. de Keup, p. 191); 
pero Engelhard fUeber die Ruhr, pág. 39), 
Dreyssig f Handw. der med. Klinik ; bd., I, 
t. III , pág. 33 ) y otros autores han visto fre- 
cuentes recidivas. 

«Diagnóstico. —El diagnóstico de la disen- 
teria , dicen Chomel y Blache, rara vez presen- 
ta oscuridad. Los dolores abdominales, el te- 
nesmo , la escrecion laboriosa de moco ordina- 
riamente sanguinolento , son síntomas que so- 
lo se encuentran juntos en esta afección, y que 
cuando existen en otras enfermedades, tales co- 
rno las hemorroides y el cáncer del recto, es- 
tán siempre unidos á otros signos , que impo- 
sibilitan todo error. » ( Dict. de med. , t. X, 
pág. 560.) 

«Adoptando enteramente la primera de es- 
tas proposiciones , no podemos dejar de adver- 
tir, que es preciso apoyarla en una demostración 
mas perentoria que la que dan los autores que 
acabamos de citar. ¿Cuál será el práctico, no 
digamos atento, sino algún tanto instruido, que 
confundiera la disenteria con el cáncer del rec- 
to? Mas no diremos lo mismo de las hemorroi- 
des: el error es entonces mas fácil , y en ciertas 
circunstancias deberá, por decirlo asi, cometer- 
se, si no se recurre á la esploracion directa. 
También será casi inevitable en algunos casos 
de enteritis, si nos atenemos á lo manifestado 
por Chomel : en efecto, si se establece que la 
presencia de la sangre en la materia de las de- 
yecciones disentéricas no es constante , y que 
solo existe ordinariamente , ¿en qué nos fun- 
daremos, para reconocer una diarrea acompaña- 
da de dolores abdominales , de tenesmo, y sin 
embargo sintomática de la enteritis? Por otra 
parte ¿ cuántas y cuan variables causas no pue- 
den iníluir en que salga sangre en las deposi- 
ciones de esta misma diarrea? 

«Reconozcamos, pues, que si el diagnóstico 
de la disenteria ofrece rara vez oscuridad, no 



DISENTERÍA 



129 



es porque se apoye en los dolores abdominales, 
el tenesmo , una escrecion laboriosa de moco 
ordinariamente sanguinolento , en la presencia 
de tales ó cuales síntomas, que tomados aisla- 
damente ó asociados de dos en dos ó de tres en 
tres, no tienen ningún valor; sino mas bien por- 
que resalta claramente de la apreciación de los 
caracteres generales de la enfermedad , de su 
modo de desarrollarse , de su marcha , y por- 
que la disenteria es casi siempre una afección 
general, que se acompaíia de un grupo de sín- 
tomas, que nunca depende de una alteración 
localizada y circunscrita en un punto del con- 
ducto intestinal , y que no se encuentra tam- 
poco en las enfermedades que, como el cólera 
morbo, por ejemplo, deben atribuirse á un 
modificador, cuyo poder se ha ejercido en toda 
la economía. 

«Después de lo dicho no creemos que en una 
cuestión de tanta magnitud é importancia sea 
suficiente enunciar proposiciones generales ; y 
por lo mismo intentaremos demostrar su exac- 
titud bosquejando rápidamente los caracteres 
diferenciales, que separan la disenteria, de las 
enfermedades con quienes puede racionalmente 
confundirse. 

»Flegmasias del conducto intestinal. — La 
enteritis , la colitis , la entero-colitis dan lugar 
á dolores abdominales, á evacuaciones frecuen- 
tes , líquidas , algunas veces acompañadas de 
tenesmo ; y si en la casi totalidad de los casos 
no contiene sangre la materia de las deyeccio- 
nes, puede sin embargo suceder que se encuen- 
tre este líquido en algunas deposiciones, ya por 
la intensidad de la inflamación , ya también á 
consecuencia de una complicación. Pero estas 
enfermedades son casi siempre esporádicas, ra- 
ra vez endémicas; dependientes de causas apre- 
ciables , nunca epidémicas ni contagiosas ; se 
manifiestan en todos los paises y estaciones , y 
con mas frecuencia durante el invierno ; ata- 
can indistintamente á todas las edades , á to- 
das las constituciones , á todas las clases de la 
sociedad ; se manifiestan bajo la influencia de 
causas conocidas, que han obrado directamen- 
te sobre la porción inflamada del conducto in- 
testinal ; van acompañadas de calentura inten- 
sa ; no constituyen á los enfermos en una pos- 
tración súbita y estremada; rara vez están com- 
plicadas ; no desarrollan convulsiones, ni pará- 
lisis, aftas, flictenas ni erupciones en la piel; 
las evacuaciones que determinan no son tan 
frecuentes, ni despiden el hedor disentérico; no 
son sanguinolentas , ó solo contienen una pe- 
queñísima cantidad de sangre , y eso en algu- 
nas evacuaciones solamente ; el vientre está 
muy dolorido á la presión , y el tenesmo es 
mucho menos violento. 

»En todas las demás especies de diarreas 
idiopáticas, sintomáticas ó críticas , la ausencia 
de la sangre en el material de las deposiciones 
será un signo que por sí solo asegurará el diag- 
nóstico. Si por el contrario sale con las deposi- 
ciones sangre , derramada en la cavidad del in- 
TOMO VIH. 



testino en un punto masó menos lejano, desde 
luego se podrá reconocer la complicación de 
que dependa su presencia, y ademas se nota- 
rá que es frecuentemente evacuada sin esfuer- 
zos de defecación, sin dolores, en el intervalo 
de las deposiciones, y que se arroja pura ó en 
cuajarones, pero nunca íntimamente mezclada 
con el líquido mucoso ó seroso de las deyeccio- 
nes. La determinación de la enfermedad pri- 
mitiva, y la mayor parte de los signos que 
acabamos de indicar respecto de las flegmasías 
intestinales , servirán también para hacer im- 
posible todo error. 

»A Imorranas internas. — Cuando el flujo san- 
guíneo, que determinan á menudo las almorra- 
nas internas, se prolonga algún tiempo , cons- 
tituye á los enfermos en una estremada postra- 
ción ; su cara está amarilla, profundamente al- 
terada ; el apetito es casi nulo ; las digestiones 
malas; el pulso pequeño, miserable, algunas 
veces frecuente. Pero no produce la enferme- 
dad estos síntomas generales , sino al cabo de 
muchos meses; hasta cuyo 'tiempo la evacua- 
ción de sangre y algunos dolores locales son 
las únicas manifestaciones que se pueden ob- 
servar; y por otra parte, cuando aparecen, son 
todavía muy distintos de los que origina la di- 
senteria , pues todos se refieren á la pérdida de 
sangre , y al trastorno de las funciones de nu- 
trición. Los enfermos están estreñidos por lo 
general; la sangre sale pura, sin dolor, en los 
intervalos ó antes de las deposiciones, las 
cuales suelen estar configuradas. Si , á conse- 
cuencia de una complicación, sobrevienen diar- 
rea, dolores abdominales y tenesmo, practican- 
do el tacto rectal , y mejor aun introducien- 
do en el recto el speculum uni , se encontrará 
en todos los casos , si no tumores hemorroi- 
dales, al menos vasos dilatados, distendi- 
dos por una gran cantidad de sangre , con 
paredes delgadas , y suaves ó escurridizas al 
tacto , y brillantes á la vista; y esta disposición 
bastará para indicar la verdadera naturaleza do 
la afección , y de las ulceraciones que pueden 
también existir en la mucosa rectal. 

» Cólera morbo. — El cólera es esporádico, 
endémico ó epidémico ; muchos médicos reco- 
mendables lo creen contagioso. Su invasión es 
repentina, y se anuncia por algunos pródro- 
mos; ataca de preferencia á los individuos de 
constitución enfermiza, débiles y flojos, debi- 
litados por enfermedades anteriores ; va acom- 
pañado de deposiciones frecuentes, provocadas 
por la deglución de cualquier cantidad de líqui- 
do , acompañadas de tenesmo , de dolores hor- 
ribles de vientre y de vómitos ; el pulso es dé- 
bil, filiforme , suprimido, la piel está fria, la 
cara profundamente alterada , la postración es 
rápida y estremada, el enfermo se ve acometi- 
do de hipo, se hace muy sensible al frió , y 
cae con frecuencia en síncope ; se suprime la 
orina: tales son los caracteres comunes, bastan- 
te numerosos, que presentan ambas enferme- 
dades. Mas el cólera ha recorrido, por decirlo 
9 



130 



DISENTERIA. 



asi , el mundo entero; acomete epidémicamen- 
te, sobre todo en la primavera ó^urante el es- 
tío ; no tiene lugar de elección, y si esceptua 
algunas localidades en su camino, es imposible 
apreciar y suponer las causas de su ausencia, 
lo mismo que las de su presentación ó desar- 
rollo. Las deyecciones nunca contienen sangre, 
y presentan un aspecto particular, caracterís- 
tico ; el tenesmo es muy raro ; los vómitos son 
pertinaces y constantes ; la marcha mucho mas 
rápida. Los calambres , la cianosis, el frió que 
se manifiesta algunas veces desde el principio 
en la nariz y en la lengua , la ausencia de las 
convulsiones, de delirio, y el estado de la córnea 
transparente , no permiten confundir al cólera, 
tanto en su forma simple , como en la mas 
grave , con las afecciones disentéricas. 

vCólico de cobre. — El cólico de cobre es 
siempre esporádico , ó á lo menos , si puede 
hacerse endémico , es solamente entre los tra- 
bajadores de manufacturas y talleres. 

«Ocasiona frecuentes evacuaciones viscosas, 
acompañadas á veces de dolores abdominales, 
de tenesmo , de vomituriciones y de dolores 
de vientre á la presión. Pero el conocimiento, 
siempre fácil de adquirir , de las circunstancias 
que han presidido al desenvolvimiento de la en- 
fermedad , la ausencia de la sangre en las de- 
posiciones, los síntomas generales adinámicos, 
el estado del pulso, la marcha de la afec- 
ción, la facilidad con que cede á un tratamien- 
to apropiado, hacen casi inútil decir que no 
puede confundirse con la disenteria. 

^Cólicos vegetales. — Entre los cólicos vege- 
tales solo el llamado de Poiíou presenta algu- 
nos puntos de semejanza con la disenteria; los 
otros (cólicos de Devonshire, de Madrid) tienen 
casi todos por principal carácter una astricción 
pertinaz. La enfermedad empieza por palidez 
de la cara, debilidad, lipotimias, náuseas, do- 
lores abdominales ; las deposiciones son fre- 
cuentes, acompañadas de tenesmo, de estran- 
guria. La parálisis , la ceguera, las convulsio- 
nes epilépticas, acarrean una terminación co- 
munmente fatal (Citois , De novo et popul. 
apud Pidones dolore cólico bilioso diatriba). 
Mas este cólico , por otra parte poco conocido, 
es endémico en un parage determinado, del que 
aun no ha salido ; y no se manifiesta en los 
campamentos , en las cárceles, ni en las ciuda- 
des sitiadas; circunstancias en que casi esclu- 
sivamente se desarrollan las epidemias disen- 
téricas: el material de sus deyecciones no con- 
tiene sangre. Estas diferencias, y principal- 
mente el último signo negativo , bastarán para 
formar su diagnóstico diferencial que , preciso 
c;s decirlo , no podrá establecerse con toda 
exactitud, sino cuando el cólico de Poitou ha- 
ya sido observado mayor número de veces , y 
descrito con mas cuidado. 

«Pronóstico. — La disenteria aguda, simple, 
esporádica , rara vez termina por la muerte. No 
sucede asi cuando es epidémica: sus estragos 
son entonces tales, que muchos autores la co- 



locan en la misma línea que al tifus , la calen- 
tura amarilla y la peste. «Acaso, dicen Fournier 
y Vaidy, resultaría de un cálculo rigoroso, fun- 
dado en las observaciones hechas en los ejérci- 
tos , que es mas mortífera que dichas enferme- 
dades.» (loe. cit. , p. 316.) Desgenetles ha de- 
mostrado en sus tablas necrológicas, que du- 
rante la campaña de Egipto sucumbieron de la 
disenteria 2i68 soldados , mientras que el nú- 
mero de los muertos de la peste no pasó de 
1689. 

»Es de temer una terminación funesta cuan- 
do las deyecciones son purulentas , negras, 
muy fétidas: «His vero magis lethalia sunt ni- 
gra , aut pinguia , aut lívida , aut asruginosa et 
foetida stercora» (Hippoc. Pranot. , lib. 1F, 
§. IX); cuando la mucosa bucal se cubre de af- 
tas ; cuando sobreviene una fuerte disfagia, 
exantemas lívidos, edema, manchas escorbúti- 
cas en los miembros inferiores, hipo en un pe- 
riodo avanzado de la enfermedad , convulsio- 
nes en los niños; «Dysenteria infantum pejor, 
eteidem superveniensconvulsiolethalis» (Stoll), 
vómitos violentos; «Dysenteriae qua3 incipiunt 
cum nausea, si deinde superveniat vomitus, pe- 
ne omnes lethales sunt» (Baglivio), y cuando el 
tenesmo es estremado: «Plerumque mortis sig- 
num est, cum tenesmus tantus est , ut perpetuo 
hiet antis, unde clysteres statimelabantur, aut 
ita constringatur , ut nihil possit immitti» (Bur- 
serio). Las mujeres resisten mejor que los hom- 
bres y los viejos. Finalmente , la gravedad del 
pronóstico resulta también de la naturaleza de 
las complicaciones que pueden sobrevenir. 

»Se podrá esperar una terminación favora- 
ble, cuando se vean aparecer los síntomas que 
anuncian la convalecencia. 

»E1 pronóstico de la disenteria crónica es en 
general mucho menos alarmante: sin embargo, 
es de temer la muerte en los viejos y en los 
niños, cuando las fuerzas y la robustez dismi- 
nuyen incesantemente; cuando está la piel 
amarilla , árida , cubierta de una capa terrosa 
ó pulverulenta , ó con manchas escorbúticas, y 
cuando sigue á la disenteria una diarrea perti- 
naz, acompañada de accidentes colicuativos, y 
de trastornos en las funciones de la digestión 
(lienteria). 

»EI pronóstico de la disenteria crónica se ha- 
ce muy grave en los ejércitos. De cien enfer- 
mos sucumben ochenta ; proporción espanto- 
sa , cuya causa atribuyen Fournier y Vaidy á la 
imposibilidad de proporcionará los pacientes los 
cuidados higiénicos de que tanto necesitan. 

wliespecto de las epidemias disentéricas se 
puededecirde una manera general, que el pro- 
nóstico es tanto mas grave , cuanto mas próxi- 
ma se halle la enfermedad á su nacimiento , ó 
sea al principio de la epidemia , y al lugar en 
donde se ha desarrollado. Varia también según 
la naturaleza de las afecciones, que pueden ve- 
nir á complicar la disenteria. 

»Formas , variedades. — Ya hemos visto 
que varios autores, fundándose, ora en un sin- 



DISENTERIA. 



131 



toma predominante , ora en alguna complica- 
ción , han establecido gran número de formas 
y variedades disentéricas. Asi esquc,-segun la 
naturaleza , el aspecto de las deyecciones , la 
ausencia ó la presencia délos vómitos , se han 
distinguido las disenterias catarral , gástrica, 
biliosa , pituitosa ó mucosa ; según el estado 
general del enfermo, y la cualidades del pulso, 
las disenterias inflamatoria, nerviosa , asténi- 
ca , colicuativa (Naumann, loe. cit.) Proce- 
diendo de este modo, fácil seria multiplicar las 
divisiones hasta el infinito; y por lo tanto remi- 
timos al lector en este punto á la sintomatolo- 
gia que hemos trazado, reservándonos sin em- 
bargo insistir ahora en algunas particularidades 
mas dignas de fijar la atención, si no á título de 
variedades, á lo menos como complicaciones. 
Asi, pues, nos limitaremos á indicar y describir 
los fenómenos que caracterizan la disenteria 
que reina en los países ecuatoriales , en las In- 
dias, y que siendo bastante notables para cons- 
tituir verdaderas variedades disentéricas , han 
sido cuidadosamente estudiados por los autores 
ingleses, á quienes una larga permanencia en 
aquellas regiones ha puesto en el caso de ob- 
servarlos frecuentemente. 

^Disenteria de los países calientes. — Esta 
variedad, descrita unas veces con el nombre de 
disenteria sobreaguda (J. Annesley and J. Co- 
pland , Researches into the causes nat. and 
treatm. ofdis., of. India, and of icarms clima 
1es, Londres , 1828), otras con el de disenteria 
hepática, se observa en los europeos que van á 
habitar las comarcas ecuatoriales. La causan 
ordinariamente una alimentación muy rica y es- 
timulante , é inusitada hasta entonces ; el abu- 
so de las frutas , de condimentos muy fuer- 
tes, las bebidas alcohólicas, y la favorecen las 
variaciones de temperatura que señalan el 
tránsito del dia á la noche ; ataca con preferen- 
cia á los recien llegados , y á los hombres mas 
fuertes y pletóricos. Lo mismo que en la disen- 
teria aguda intensa, se sienten en el vientre un 
calor quemante, un dolor fijo, cólicos atroces; 
sin embargo están mas circunscritos en el hi- 
pogastrio y en la región cecal , en donde no 
tarda en desarrollarse un tumor. El vientre es- 
tá tenso , meteorizado ; los pujos y el tenesmo 
llegan al mas alto grado. A estos síntomas se 
juntan borborigmos, náuseas continuas, vómi- 
tos de materias biliosas, y un aplanamiento 
estraordinario; la inflamación invade rápida- 
mente todas las túnicas intestinales; la mucosa 
se mortifica , y pedazos enteros , fáciles de re- 
conocer por su estructura , son arrojados con 
las deposiciones; los materiales de estas son 
icorosos , negros, purulentos, de estremada 
fetidez; al rededor del ano se forman escoria- 
ciones numerosas y muy dolorosas , se parali- 
zan los esfínteres , las estremidades se enfrian 
y ponen lívidas , sobrevienen lipotimias, deli- 
rio y estupor, y la muerte viene á poner fin á 
este cuadro del tercero a) quinto dia. 

»En los europeos, aclimatados ya en parte 



por su permanencia mas ó menos larga en el 
pais, es menos intensa la enfermedad , y pasa 
frecuentemente al estado crónico , complicán- 
dose con calenturas , y con afecciones del hí- 
gado ó del bazo. 

»Se observan entonces comunmente todos los 
signos de una hepatitis grave: horripilaciones, 
vómitos biliosos, un dolor fuerte en el epigastrio, 
en el hipocondrio derecho, desde donde se pro- 
paga á la espaldilla del mismo lado, ansiedad 
precordial, disnea, tos convulsiva, lengua seca, 
negra , deposiciones biliosas , pulso frecuente. 
«Estos últimos accidentes no se presentan 
á veces, hasta que la disenteria tiene ya algún 
tiempo de duración. El enfermo se hace irrita- 
ble , las megillas se encienden , los músculos 
rectos del vientre se contraen espasmódicamen- 
te , la sangre desaparece poco á poco de las de- 
yecciones , la piel toma un tinte ictérico, y en- 
tonces se presentan los síntomas que acabamos 
de indicar. En la autopsia se encuentra el híga- 
do inflamado , hipertrofiado , alterado en su 
testura (J. Copland, Dicl. of pract. med. , par- 
te III, p. 697). 

» Disenteria de las razas negras. — La di- 
senteria ejerce grandes estragos entre los ne- 
gros. Se desarrolla esporádicamente á conse- 
cuencia de una alimentación mal sana é insufi- 
ciente, y de la supresión de las funciones de 
la piel , que en los negros es un órgano escre- 
torio mucho mas importante que en los blancos. 
La mala calidad de las aguas , las localidades 
espuestas á ciertas emanaciones animales ó ve- 
getales, la hacen algunas veces endémica. 

«Esta variedad , que adquiere por lo gene- 
ral la forma pútrida, se hace á menudo epidé- 
mica : en razón de su gravedad y de la rapidez 
con que se propaga , se la ha llamado disenle- 
ria pestilencial. Todos los síntomas de la va- 
riedad precedente se manifiestan en esta, toda- 
vía con mayor intensidad. Los enfermos arro- 
jan por lo regular una porción de entozoarios, 
y principalmente lumbricoides; la gangrena de 
los intestinos es muy frecuente; el reumatismo, 
las calenturas intermitentes, las afecciones del 
bazo son complicaciones casi constantes (J. Co- 
pland , loe. cit. , p. 703). 

«Complicaciones. — La disenteria aguda 
puede asociarse á casi todas las flegmasías y á 
otras muchas enfermedades. Vamos á indicar 
las principales, evitando dar, como han hecho 
muchos autores , el nombre de complicaciones 
á modificaciones de síntomas , dependientes 
del grado de intensidad de la dolencia, de las 
circunstancias que han presidido á su desarro- 
llo , y de las disposiciones individuales, en una 
palabra , de los caracteres morbosos en que 
hemos fundado nuestra división. 

A. » Escorbuto. — A bordo de los buques de 
larga carrera, en los campamentos, en las ciu- 
dades sitiadas , en las cárceles, complica á me- 
nudo el escorbuto las epidemias disentéricas 
(Disenteria escorbútica de Ciriglius), y aumen- 
ta sus estregos, como lo observó en la armada 



13 i 



DiSLMEUU. 



inglesa durante la guerra de los Burmeses , y 
en la casa penitenciaria de Milbank. Determi- 
nan esta complicación el uso de carnes saladas 
ó corrompidas, del tocino, de sustancias poco 
nutritivas , las bebidas de mala calidad ; la ha- 
bitación en lugares bajos , húmedos y espues- 
tos á las emanaciones deletéreas , las noches 
pasadas en loe bibaques, ó á las orillas del mar, 
las afecciones morales tristes, la nostalgia, etc. 
También se desarrolla el escorbuto en los ha- 
bitantes de los países calientes , que traspor- 
tados á otros puntos , no encuentran en ellos 
la alimentación cargada de condimentos á que 
estaban acostumbrados. 

»Los signos de la complicación escorbútica 
son fáciles de establecer : la postración es es- 
tremada , hay muy poca reacción febril ; el co- 
lor es moreno, aplomado ; las estremidades in- 
feriores se ponen edematosas, las encías se hin- 
chan , y dan sangre con facilidad ; se presentan 
petequias , equimosis, ulceraciones en diferen- 
tes partes del cuerpo ; las evacuaciones son lí- 
quidas , saniosas , mezcladas con grumos de 
•sangre coagulada, comunmente involuntarias; 
las orinas cenagosas, sanguinolentas; el te- 
mo poco intenso ; las escreciones exhalan un 
olor fétido particular. Algunas veces se ve- 
rifican vómitos de bilis ó de sangre y hemor- 
ragias , que vienen á apresurar la funesta ter- 
minación , que es de suyo muy probable. 

B. y> Reumatismo. — P. Foresto ( Obs., li- 
bro XXII, Obs. XIX), Stoll (Med. pract.), 
Tempel (De Arthrilide , ejusque cum dysenle- 
ria connubio; Erfurt , 1796) y Ricther , han 
insistido , sobre todo en la frecuencia de la 
complicación reumática (disenteria reumática). 
Se la observa en todos los parages y en todas 
las condiciones , pero mas frecuentemente, sin 
embargo , cuando ofrece la disenteria el ca- 
rácter inflamatorio. El reumatismo precede, si- 
gue ó acompaña á la afección intestina! , y 
Stoll ha querido asignar á las dos enfermeda- 
des una causa y naturaleza idénticas. Mas ade- 
lante discutiremos esta opinión. Thomas ha 
visto en muchos disentéricos , que años antes 
habían tenido un reumatismo , reaparecer éste 
con una intensidad poco común , inmediata- 
mente después de disiparse la afección intesti- 
nal ; y atribuye esta circunstancia , no á una 
simple coincidencia, sino mas bien á una rela- 
ción de causa á efecto (loe. cit., p. 19). 

C. ^Afecciones cutáneas. — Exantemas. La 
complicación exantemática, que habia llamado 
la atención de los antiguos (Gruber , Dissert. 
de febre acuta exantemático-dysenterica , Ba- 
le , 1747), apenas ha sido indicada por los mo- 
dernos, aunque es sin duda alguna formida- 
ble y frecuente (Guéretin , loe cit.). El saram- 
pión , la escarlata , la erisipela {disenteria eri- 
sipelatosa de Stoll), son los exantemas que mas 
ordinariamente se observan. Gripal , en la epi- 
demia de Maine-et-Loire , ha visto sucumbir 
rápidamente muchos enfermos de una erisipela 
gangrenosa de la cara. 



» Vesículas ó ampollas.- Gruber (disenteria 
miliaris) y Zimmermann , han observado mu- 
chas veces una erupción miliar. Guéretin ha 
visto desarrollarse en las manos y en el an- 
tebrazo de una mujer de treinta años , una 
afección vesiculosa , acompañada de dolores 
agudos. 

nPústulas. — Thomas ha observado con bas- 
tante frecuencia las viruelas (loe. cit., p. 32) y 
casi siempre ha encontrado una erupción mi- 
liar , que tiene su asiento en los folículos ais- 
lados de los intestinos, y que Serres y Nonat 
han llamado Psorenteria. 

«Finalmente , Frank ha notado con fre- 
cuencia la aparición de forúnculos, ya durante 
la enfermedad , ya en la convalecencia. Deg- 
ner ha visto morir dos enfermos de carbunclo. 
D. »Lombrices intestinales. — La presencia 
de las lombrices en el conducto intestinal se ha 
considerado unas veces como causa de disente- 
ria, otras como síntoma constante de esta afec- 
ción , y finalmente , algunas como una simple 
complicación. A nosotros nos parece que esta 
última opinión es la única fundada ; pero sin 
embargo, es preciso confesar, que si semejante 
complicación solo constituye en muchos casos, 
como por ejemplo , en los niños , una simple 
coincidencia, en otros parece referirse á las 
circunstancias en que se ha desarrollado la di- 
senteria , y al carácter que esta ofrece. En 
efecto, se vé en la enfermedad que nos ocupa, 
como en otras muchas , un número prodigioso 
de lombrices , cuando la disenteria es adiná- 
mica (disenteria verminosa de Vandermonde), 
sobre todo en las clases pobres y en los paises 
calientes, aunque Pablo Brandt y 01. Borrigius 
la hayan también observado durante la epi- 
demia que devastó la Dinamarca y la Suecia 
en 1677 (Naumann , loe cit., p. 16). Ordina- 
riamente son espulsadas las lombrices en las 
deposiciones, y según las observaciones de Le- 
mercier , Naumann y otros , son tanto mas 
numerosas , cuanto mas sangre contienen las 
materias escretadas. Algunas veces salen es- 
pontáneamente del ano en el intervalo de las 
deyecciones , y llenan la cama del enfermo. 
Pringle las ha visto amontonarse hasta en las 
narices y en la boca. Sauvages (loe. cit., pá- 
gina 329) describe del modo siguiente las mo- 
dificaciones que ocasiona esta complicación en 
los síntomas de la disenteria: «Dolores atroces 
abdominis súbiti, viscerum ardor, nausea} fre- 
cuentes , vomitio muci, ut spermatis ranarum, 
dejectiones cruentan et mucosas cum multo 
cruore , febris insignis ; tertia vel quinta die 
singultus , pulsus decrescens , samé intermit- 
tens, cutis árida, viscosa, extrema frigida, 
vultus emaciatus , oculi languidi , depressi, 
abdomen iudolens , hiuc suspicio sphaceli in- 
testinorum, mors á quinta die ad decimam- 
quintam. Aliam ejusdem morbi varietatem re- 
ferí, Boyer (Lib. de epidem., pág. 32) in qua 
non parum sanguinis dejiciebant aegri, sed de- 
jectiones eraut doloris expertes , et sanguis 



ejectus erat dilutus.» Se han encontrado y de- 
bido encontrarse en estas circunstancias dife- 
rentes especies de entozoarios ; pero los auto- 
res solo lian designado terminantemente la es- 
pecie de ascárides lumbricoides. 

E. ^Calenturas intermitentes. — Ya hemos 
indicado que con mucha frecuencia sucede la 
disenteria á una calentura intermitente, y vice- 
versa. En otros casos, también bastante nume- 
rosos , se han reunido las dos afecciones ; y 
entonces , ora sigue la disenteria su marcha 
continua y regular , sobreviniendo los accesos 
de calentura de una manera intermitente, pe- 
riódica ó irregular , (disenteria febricosa de 
Werlhof), otras, según afirman algunos auto- 
res, los mismos síntomas disentéricos ofrecen 
una marcha intermitente, se presentan con los 
accesos de calentura , y desaparecen en sus 
intervalos (disenteria intermitente de Torti, 
De febrib., lib. 111, cap. I, p. 185 ; Dreyssig, 
loe. cit., p. 18). A nosotros nos cuesta trabajo 
comprender la posibilidad de esta última mar- 
cha , y creemos que se necesitan nuevas ob- 
servaciones para poder admitirla. 

»D¡omedes Cornarus (Consil., Lipz, 1599, 
p. 98) es el primero que llamó la atención de 
los médicos sobre esta complicación disentéri- 
ca , que después estudiaron con fruto Torti, 
Burserius (Inst., t. I , p. 1 , §. 162), Morlón 
(Pyretol , in Opp ; Amsterdam, 1696, p. 237) 
y Monró (Edimb. med- essays and observ., to- 
mo 111, p. 516). La calentura terciana es, se- 
gún Torti , la que se observa mas frecuente- 
mente; P. Frank. ha visto sin embargo la cuar- 
tana. Los enfermos pueden sucumbir desde el 
tercero ó cuarto acceso , cuando la calentura 
toma la forma grave, perniciosa (Monró). 

F. » Enfermedades del bazo. — Hemos visto 
que la frecuencia de las alteraciones del bazo 
habia inducido á algunos autores ingleses á re- 
ferirlas á la disenteria de las razas negras, 
considerada en sí misma ; pero si la observa- 
ción justifica semejante opinión en la variedad 
que dichos autores han tenido ocasión de ob- 
servar , débese sin embargo reconocer , que en 
todos los demás casos se encuentran casi es- 
clusivamente las mencionadas alteraciones en 
Jas enfermedades, en que ha si?io la disenteria 
precedida , acompañada ó seguida, de una ca- 
lentura intermitente. 

G. ^Enfermedades del hígado. — Aunque 
dice Portal: «En la disenteria se necesita ob- 
servar con atención el estado del hígado, no 
porque siempre esté afectado , sino porque lo 
está muy ú menudo; y no pocas veces se halla 
la bilis viciada, ya por ser demasiado abun- 
dante, ya por tener una acrimonia tan grande, 
que produce escoriaciones en las partes por 
donde pasa» (Maladies du foié, p. 571), las al- 
teraciones del hígado pertenecen especialmen- 
te , como hemos visto , á la disenteria de los 
países calientes, y rara vez se las observa en 
otros casos. Sin embargo , Abercrombie dice 
haber reconocido en ocasiones la hipertrofia de 



DISENTERIA. ^3 

este órgano , las inflamaciones agudas ó cró- 
nicas de sus membranas , abscesos difusos ó 
circunscritos en su sustancia. Estas complica- 
ciones se manifiestan por los síntomas ordina- 
rios de las afecciones del hígado ; dolor en el 
hipocondrio derecho , en el omoplato corres- 
pondiente , deposiciones , vómitos biliosos , ic- 
tericia , etc. 

H. ^Hemorroides. — También se enume- 
ran las hemorroides entre las complicaciones 
de la disenteria, á causa de los accidentes lo- 
cales que determinan (J. Copland , loe. cit., 
p. 707); pero como preceden casi siempre á la 
afección intestinal, constituyen mas que una 
complicación, una coincidencia. La violencia de 
los pujos y del tenesmo es entonces uno de 
los principales síntomas , y se la debe atribuir 
al obstáculo que los tumores hemorroidales y 
la distensión de los vasos oponen á la salida de 
las materias. En estos casos una abundante 
evacuación de sangre suele proporcionar un 
inmediato alivio. 

1. nAnginas. — En las epidemias disentéri- 
cas suelen presentarse anginas graves , y mas 
especialmente en ciertas localidades (Gripat, 
Guéretin); se desarrollan aftas y chapas dif- 
teríticas en la boca , esófago , y aun en los in- 
testinos; las deposiciones son muy fétidas, con- 
tienen pedazos parecidos al detritus de la gan- 
grena, y que están formados por concreciones 
difteríticas desprendidas , ennegrecidas por la 
sangre y reblandecidas. Los espasmos epigás- 
tricos , una disfagia muy dolorosa, y un hipo 
continuo (singultus prafocans), indican esta 
complicación. En la abertura de los cadáveres 
es preciso no calificar de ulceraciones las cha- 
pas difteríticas seudomembranosas. 

»Nos bastará recordar que en las grandes 
epidemias desarrolladas en circunstancias es- 
peciales , pueden asociarse á la disenteria el 
tifus , la peste (Desgennetes , loe. cit.) y la fie- 
bre amarilla (Fournier y Vaidy). 

»La disenteria crónica se presenta á menu- 
do complicada , particularmente en los países 
calientes , en las grandes epidemias , y en los 
lugares espuestos á la acción de miasmas de- 
letéreos. La hidropesía (edema, anasarca ó as- 
citis), la ictericia y las enfermedades del híga- 
do, son las complicaciones que se observan mas 
frecuentemente. 

»Etiologia. — Contagio. — El desarrollo si- 
multáneo ó sucesivo de la disentería en un 
gran número de individuos , dicen Chomel y 
Blache, ha inducido á muchos médicos á co- 
locarla entre las enfermedades contagiosas. 
Adoptan esta opinión Lind , Pringle , Deg- 
ner , Zimmermann , Cullen , Frank , HoíT- 
mann , Bosquillon, Coste, Pinel , Desgenet- 
tes , Gílbert , Latour , Lodibert , y todos los 
médicos, en fin , que han observado recien- 
temente la disenteria epidémica , citando to- 
dos ellos varios hechos, que parecen efectiva- 
mente establecer el contagio. La observación 
general está lejos de ser favorable á esta opi- 



134 



DISENTERIA. 



nion , á lo menos con respecto á la disenteria 
esporádica» (loe. cil., p. 554). 

»En efecto , debe hacerse una distinción 
muy importante en el estudio de la naturaleza 
contagiosa de la disenteria , y sin entrar en 
consideraciones generales sobre el contagio, 
sin discutir si la precisión del lenguage médico 
y los principios de la lógica exigían que se re- 
servase esclusivamente el título de enfermeda- 
des contagiosas, á las que en todas las circuns- 
tancias de su desarrollo , pueden trasmitirse 
por un contacto directo ó indirecto , del hom- 
bre enfermo al sano , podemos ya establecer 
un primer hecho, que hoy no puede disputar- 
se, y que infinidad de observaciones vendrían, 
si necesario fuese, á confirmar ; y es, que bajo 
la forma esporádica nunca es contagiosa la di- 
senteria. Veamos si esta proposición puede 
aplicarse igualmente á la forma epidémica. 

»La opinión que admite que la disentería 
puede propagarse por via de contagio, es muy 
antigua; ha gozado y goza en el día de mucho 
crédito, merced á los elocuentes defensores 
que han procurado hacerla prevalecer, y que, 
en general, han atribuido á las emanaciones 
que se elevan de las deyecciones de los disen- 
téricos, el principal origen de este modo de 
propagación. 

»Si dysenterici moribundi, ha dicho Van- 
Svvieten , foeces olidissimas dum lustrat me- 
dicus (quod novi celebérrimo cuidam viro ac- 
cidisse) tetro habitu afflatus illico in eundem 
morbum delabatur; si linteis repurgandis qua3 
dysentericorum foecibus conspurcata erant, 
quídam sibi hunc morbum contraxerint ; ¿quid 
fiet dum putridus talis fomes interne haerens 
omni momento tetra haíc miasmata spargit? 
(Comment, t. II, §.722). 

»Degner (Historia méd. de dysenteria bi- 
lioso- contagiosa, etc., Utrecht , 1738) atribu- 
yó á la llegada de una persona infectada la di- 
senteria deNimega, y notó que la enferme- 
dad perdonó á los eslrangeros y á los judíos 
que tenían poca comunicación con la ciudad. 
Strack (Tentamen de dys. , etc., Maguncia, 
1760) defendió fuertemente el contagio; Prin- 
gle, á cuyo testimonio no se puede rehusar cier- 
to valor, refiere muchos hechos en apoyo de 
esta doctrina. En 1743 se preservaron tres 
compañías del contagio que asolaba al ejército 
inglés, aunque sus condiciones higiénicas eran 
iguales á las de los demás, mientras permane- 
cieron aisladas, y tuvieron comunes ó letrinas 
separadas; al paso que fueron inmediatamente 
acometidas luego que se mezclaron é incorpo- 
raron con el resto de las demás tropas; qui- 
nientos disentéricos transportados desde el 
campamento de Hanau (de los Países-Bajos) al 
hospital militar de Falkenheim, comunicaron 
su afección á todos los enfermos, y también 
á los habitantes de la población ; en 1747 una 
epidemia terrible diezmó el ejército acampado 
en las cercanías de Maestricht, y se comunicó 
á los habitantes de los pueblos ocupados por 



la tropa, mientras que perdonaba á los de 
la ciudad , menos en contacto con los soldados 
(Obs. on the diseases , of the army , Lon- 
dres , 1772). Gullen y Linneo son esencial- 
mente coutagionistas, asi como también Coste 
y Percy. Llamado el primero para asistir á 
cuatrocientos disentéricos desembarcados en 
Newport (en Flandes) durante la guerra de ia 
independencia , contrajo desde la primera no- 
che una violenta disenteria. El doctor Lodi- 
bert refiere que en 1794 reinaba la disenteria 
entre las tropas francesas que sitiaban el fuer- 
te de la Esclusa (puerto y fortaleza de Flan- 
des) , y habiendo sido conducidos los enfermos 
al hospital de Ostende , llevaron consigo el 
contagio , declarándose inmediatamente en la 
población la citada enfermedad, de que antes 
no existia un solo caso (Essai sur la thymia- 
tecnia medícale, París , 1808). Un disentérico 
procedente de Holanda , fué recibido en Lau- 
sanna por una familia compuesta de seis perso- 
nas, á las cuales comunicó su enfermedad (Ti- 
sot , Avis an peuple, t. II, p. 27). Un habi- 
tante de Orleans , según Latour , entró en la 
choza de un labrador , cuyos niños estaban 
atacados de disentería, y á la tarde del día 
siguiente fué acometido de la enfermedad (Mé- 
moir. sur la dysent., en el Bullet. des scienc. 
mecí, eld'agric. d'Orléans, 1810 , t. I). Fué 
trasladado un disentérico á un pais lejano muy 
saludable, y trasmitió su enfermedad , no solo 
á sus parientes, sino también á los habitantes 
de las inmediaciones (Lachéze, Arch. gen. de 
med. , 182G, t. XI, p. 639). En el departa- 
mento de Indre et-Loire se víó en 1826, que 
habiendo trabajado unos obreros en las salas 
ocupadas por los disentéricos, llevaron la en- 
fermedad y la comunicaron á sus familias. 
«Para nosotros fué evidente, dicen Trousseau 
y Parmentier, que el contacto mediato ó in- 
mediato de un disentérico , comunicaba pron- 
tamente la disenteria. Asi sucede probablemen- 
te también en una multitud de enfermedades 
epidémicas» (Arch. gen. de med, t. XIII, pá- 
gina 379). 

»Si muchos autores, fundándose en hechos 
mas ó menos numerosos y precisos , obser- 
vados en los campamentos , creyeron que el 
principio contagioso de la disenteria residía en 
¡as emanaciones de las deyecciones , otros no 
contentos con eso, admitieron que podia trans- 
mitirse por las que se elevaban del cuerpo de 
los disentéricos y de sus ropas. Hufeland ase- 
gura , que en un caso se comunicó la enferme- 
dad, por haber hecho uso de una pipa que ha- 
bía servido á un disentérico. Según Gendron, 
un médico , después de haber visitado á tinos 
disentéricos , trasmitió la disentería á un ha- 
bitante de otro barrio. Antes de discutir el va- 
lor de estos hechos, que los coutagionistas ci- 
tan en su apoyo, veamos lo que han espuesto 
sus adversarios. 

»Zinmermann niega terminante que, como 
piensa Degncr , el olor que se desprende de los 



DISENTERIA. 



135 



disentéricos pueda comunicar la enfermedad. 
Si se verifica el contagio, es por el aliento, 
por la respiración de los escrementos disenté- 
ricos , y solamente en algunas circunstancias 
particulares, en los hospitales poco ventilados, 
estrechos, sucios y mal cuidados, y cuando 
la enfermedad tiene un carácter pestilencial; 
es, pues, accidental, y no puede considerarse 
como el principal origen de la propagación de 
la disentería. • 

»Stoll combate enérgicamente el contagio, 
y cree que varias observaciones exactas prue- 
ban, que las emanaciones disentéricas no pue- 
den producir la misma enfermedad en otras 
personas. Todas las mañanas, dice, exami- 
namos las deyecciones arrojadas por los enfer- 
mos durante la noche, respiramos, totis na- 
ribus, las emanaciones fétidas que se elevan; 
y sin embargo , ninguno de nosotros , mé- 
dicos, ayudantes ni enfermeros, hemos con- 
traído la disentería(iíafio. med., part. III, ca- 
pítulo 4). 

«Desgenettes , cuya autoridad invocan á 
menudo los partidarios del contagio, no es tan 
esplícito como se piensa; y si admite que pue- 
de propagarse la disentería por el contacto, 
reconoce que se necesitan para ello ciertas cir- 
cunstancias predisponentes , como los tiempos 
variables y húmedos , el hacinamiento de los 
enfermos, la falta de renovación del aire y de 
los objetos que, destinados á su uso, están im- 
pregnados de la materia de las deyecciones; 
pero es evidente que tales circunstancias, ne- 
cesarias en concepto de Desgenettes, pertene- 
cen no al contagio, sino á la infección. 

«La opinión de Pinel debe interpretarse de 
la misma manera; porque si bien este profesor 
anuncia, que la disentería que observó en 1793 
en los enagenados de Bicetre , pareció haber 
sido llevada por un disentérico trasladado del 
Hotel-Dieu; también, añade, no hay duda 
que la disentería no es constantemente conta- 
giosa , y que se necesitan circunstancias par- 
ticulares, como su complicación con una ca- 
lentura adinámica , para que llegue á ejer- 
cer sus estragos en una órbita mas dilatada 
(Nosol. method. , t. II , p. 328). 

«Como de treinta años á esta parte, dicen 
Fournier y Vaidy, ha progresado tanto la en- 
señanza de la clínica; se han hecho los prác- 
ticos mas atentos, y ya los médicos mas dis- 
tinguidos de Inglaterra , de Alemania y de los 
estados germánicos, dudan mucho del conta- 
gio de la disentería. Si se recorren los periódi- 
cos de medicina de Londres, se verá que la 
mayor parte de las observaciones, en virtud 
de las cuales establecen los prácticos ingle- 
ses que la disenteria no es contagiosa , han si- 
do redactadas en las Antillas, en África, en 
las Indias orientales, y á bordo de los'buques 
en los viajes de larga carrera, por cirujanos 
del ejército y de la marina;) (loe. cit., p. 331p). 

«Consideraciones poderosas se han invoca- 
do en apoyo de esta opinión. 



»No pocos ejemplos , tomados en la prácti- 
ca de los ejércitos , prueban que las cubiertas, 
los colchones, que han servido á los disenté- 
ricos, han vuelto á servir impunemente, sin 
ser antes lavados ni purificados. 

»En 1808 reinó epidémicamente la disen- 
tería en Jutland , Schleswig y Holstein. Cua- 
trocientos hombres de guarnición , primero 
franceses y luego españoles , se alojaron en 
la aldea de Horsens;pero como eran recien lle- 
gados, y no estuvieron sometidos mucho tiem- 
po á la influencia de las causas que habían pro- 
ducido la epidemia , no contrajeron la enfer- 
medad , si se esceptuan solo dos casos. 

«Cuando existe una enfermedad verdade- 
ramente contagiosa en una comarca, se perpe- 
túa en ella, sino se tiene cuidado de impedir el 
roce de los sugetos sanos con los enfermos; 
pues bien , aunque la mayor parte de los disen- 
téricos sean tratados en medio de su familia, 
y todos los individuos de la casa continúen sir- 
viéndose de los mismos sillicos ó comunes, la 
epidemia acaba siempre por estinguirse, y fal- 
ta cierto número de años, hasta que la produ- 
ce nuevamente la presencia de las mismas 
causas ocasionales. 

«Cuando una enfermedad contagiosa se 
propaga de una á otra comarca , se puede, en 
algún modo, seguir su itinerario, por la direc- 
ción que han recorrido los viajeros ó los obje- 
tos que la han transportado. Nada de esto se 
observa en la disentería , que no traspasa los 
límites de la región en que se halla circuns- 
crita , á pesar de las emigraciones continuas 
de los enfermos , y la traslación de sus vesti- 
dos y efectos. 

«Cuando se presenta en un paraje una en- 
fermedad contagiosa, casi siempre es posible 
comprobar el instrumento de su desarrollo, de 
su importación, lo cual no puede hacerse en 
la disentería. 

«Las enfermedades contagiosas principian 
siempre por no acometer mas que un corto nú- 
mero de personas, las cuales han estado en 
contacto inmediato ó mediato con los sugetos 
ó las cosas infectadas ; la disentería ataca re- 
pentinamente gran número de individuos , y se 
ha visto algunas veces que la población toda 
de una ciudad, ha sido atacada en un mismodia. 

«Cuando reina en un hospital una enfer- 
medad contagiosa, se la vé siempre atacar al 
mayor número y aun la totalidad de los profe- 
sores, y demás sugetos encargados de la asis- 
tencia de los enfermos; en la disentería no son 
afectados estos empleados con preferencia á 
las personas estrañas. 

«Las enfermedades incontestablemente 
contagiosas, tales como las viruelas , el tifus, 
la peste , tienen caracteres decisivos , que no 
se observan en la disentería. Ofrecen un cur- 
so determinado, una dirección fija, y depen- 
de cada cual de una causa física que la repro- 
duce ; circunstancias que no concurren en la 
enfermedad que nos ocupa. 



13G 



DISENTERIA. 



»No hay inflamación alguna de las mem- 
branas mucosas que sea evidentemente conta- 
giosa. Se ha dicho que la difteritis ofrece este 
carácter; pero ademas de que muchos autores 
no admiten la naturaleza contagiosa de seme- 
jante enfermedad, se puede también responder 
que tiene caracteres particulares, que la dis- 
tinguen de las otras flegmasías mucosas, y que 
la han hecho considerar como específica. 

»La disenteria se manifiesta por lo común 
en el otoño. ¿Cómo podría el contagio volverse 
inerte en el invierno y primavera, aunque no se 
haya empleado precaución alguna para impedir 
su ulterior propagación, y reproducirse de nue- 
vo en la misma época del año? 

»Si fuera lícito argüir post hoc , ergo prop- 
ter hoc , no habría circunstancia alguna en la 
vida que no pudiera ser considerada como me- 
dio de comunicación contagiosa. 

»Es imposible negar que la mayor parte de 
estos argumentos son graves y fundados , y 
mas si se toma en cuenta lo difícil que es sor- 
prender al contagio en medio de la acción si- 
multánea de tantas causas diferentes , y sepa- 
rarle rigorosamente de la epidemia y de la in- 
fección ; si se considera que los pretendidos 
ejemplos de propagación contagiosa siempre han 
sido observados en los campamentos , en los 
hospitales, en los buques, lugares todos en que 
están reunidos y aglomerados los hombres en 
número considerable, debilitados por las fatigas, 
por una mala alimentación , por privaciones de 
toda especie, por enfermedades anteriores , y 
sometidos á la influencia de las causas genera- 
les de la epidemia, aumentada ademas poruña 
multitud de circunstancias particulares, higié- 
nicas ó patológicas ; si finalmente se recuerda, 
que otros hechos, aun mas decisivos en aparien- 
cia , que los que hemos citado, se han alegado 
para probar la naturaleza contagiosa de la tisis 
pulmonar y de las calenturas intermitentes; 
vemos que habrá derecho para concluir , que 
aunque todavía se necesiten nuevas investiga- 
ciones para decidir terminantemente la cues- 
tión que nos ocupa, por lo menos se puede de- 
cir con Fleury (Essay sur la dysenterie , anee 
quelques considerations generales sur sa fre- 
guence a bord des navires ; París , 1803 ), que 
la disenteria no parece ser contagiosa como en- 
fermedad específica , sino como calentura ma- 
ligna, en los casos en que está asociada á la ca- 
lentura de hospital ó al tifus; ó bien admitir 
con Fallot, que si por afecciones contagiosas nos 
limitamos á indicar las enfermedades transmisi- 
bles por contacto directo del individuo sano con 
el sugeto enfermo, ó con los vestidos que ha 
llevado , ú otros objetos que han servido para 
su uso, seria prematuro todavía, según los he- 
chos conocidos , colocar entre ellas la disente- 
ria ; pero que si la noción del contagio debe 
estenderse á las que se propagan con el auxilio 
de las emanaciones morbosas desprendidas de 
los cuerpos de los enfermos , y de los miasmas 
ó efluvios que de él se elevan, entonces noque- 



da género alguno de duda sobre este punto f Ar- 
chivo gen. demed., t. XXIX, pág. 49o). 

» Epidemia. — »¿Se debe atribuir, pregunta 
Andral , á las emanaciones que se elevan de las 
sustancias animales en putrefacción, la facultad 
de determinar la disenteria? Creo que sobre es- 
te punto de etiología está la ciencia escasa de 
datos suficientes» fCours. depath. interne, to- 
mo I , pág. 94 ). 

«Sin pretendefliosotros que sea posible de- 
terminar rigorosamente las condiciones atmos- 
féricas que dan lugar á las epidemias disentéri- 
cas, y sin invocar con Kreyssig (De peculiaris 
in dysenl. epidem. miasmatis presentía , etc.; 
Witternberg , 1799 ) la presencia de un mias- 
ma especial , nos parece sin embargo que no se 
podrá negar una grande influencia á las ema- 
naciones que se elevan de ciertos efluvios , de 
ciertos pantanos, de algunas aguas estancadas, 
de materias animales y vegetales en estado de 
descomposición pútrida , á las estaciones , á los 
climas y á la temperatura. Efectivamente , de 
cincuenta epidemias disentéricas de las mas 
principales, treinta y seis se han verificado al fin 
del estío, doce en otoño, una en invierno y 
otra en primavera. Las seis epidemias que en 
el espacio de doce años reinaron en el cantón de 
Berna, se manifestaron todas durante los meses 
de julio, agosto, setiembre y octubre. De 13,900 
idividuos atacados de disenteria en Bengala, 
desde 1820 á 1825 , 2,400 lo fueron durante la 
estación fria , 2,500 durante la caliente y seca, 
y 7,000 durante la caliente y húmeda. 

«Sin estendernos mas sobre estas causas, 
que muy pronto estudiaremos aisladamente, 
vamos á poner al lector en disposición de apre- 
ciar por sí mismo su importancia , enumerando 
rápidamente , como lo han hecho la mayor par- 
te de los autores, y Ozanam en particular , las 
grandes epidemias de disenteria, que se han ob- 
servado y descrito en varias épocas. 

1.° «Gregorio de Tours refiere que en 334, 
bajo el reinado de Chidelberto, se manifestó en 
todas las Galias una disenteria de las mas ter- 
ribles ( Ozanam, Hist. des malad. epidem., to- 
mo III , pág. 281 ). 

2.° »Es muy probable, diceNaumann(J9'(iwd6. 
der med. Clin. , t. IV , pág. 59) , que fuese 
una epidemia disentérica la que en 537 arre- 
bató tan gran número de soldados á Belisario. 
«Romani defecti fame et lúe gravidissima con» 
flictabantur. » ( Procopius, De bello gothico, li- 
bro III , cap. 111 ). 

3.° «Gregorio de Tours describe una en- 
fermedad epidémica , que reinó en 580 , y que 
era, según todas sus apariencias, una disenteria 
( Ann. , lib. V , cap. 33 ). 

4.° «En 882 una epidemia disentérica ator- 
mentó el ejército de Carlos el Gordo. Tam mag- 
nas exercitus aestivo tempore propter putredi- 
nem cadentium hominum aegritudine correptus 
et pertaesus est.» (Ann. Fuldens. ap. Duches- 
ne , pág. 574) 

5.° «En 1083 , después de un estío muy 



DISENTERIA. 



137 



caluroso, asoló la Alemania una epidemia mor- 
bífera (Schnurrer, Chron., th. I, pág. 212). 

6.° »En 1315 , después de una estación hú- 
meda, se estendió una epidemia disentérica en 
la mayor parte de la Europa ( Schnurrer , loco 
extato , pág. 311). 

7.° »En 1401 refiere Webster que la disen- 
teria hizo perecer en Burdeos á 14,000 perso- 
nas ( Naumann , loe. cit. , pág. CO ). 

8.° «Enrique V , rey de.Inglaterra, perdió 
en lili, después de la famosa batalla de Azin- 
court , las tres cuartas partes de su ejército á 
causa de la disenteria ( Ozanam, loe. cit. , pá- 
gina 281 ). 

9.° «En 1538 , según dice Fernelio , toda 
la Europa fué azotada, inclusas las aldeas mas 
pequeñas, por una disenteria, que no pudo refe- 
rirse á causa alguna ; tan regulares habían sido 
las estaciones precedentes (Valleriola, Enarrat. 
med. , lib. IV, cap. 7 ). 

10.° «Carnerario refiere que en 1585 ator- 
mentó una disenteria maligna á la Alemania, 
atacando particularmente á los niños ( Nau- 
mann , loe. cit. , pág. 60). 

11.° «Zacuto Lusitano habla de una disen- 
teria que en 1600 causó muchas víctimas en 
Lisboa feurat. cent, iij ). 

12.° «En 1607 reinó en Lion una epidemia 
muy grave (Ozanam , loe. cit. , pág. 281). 

13.° «En 1623 hubo en Nimega la disente- 
ria que ha descrito Seunerto ( Naumann , loco 
cilato , pág. 60). 

14.° »En 1624 y 1625 , hacia fines de ju- 
lio, reinó en Lion una epidemia , que atacó con 
preferencia á los niños , y á los varones mas 
que á las mujeres ; aumentó de intensidad du- 
rante el invierno ( Ozanam , loe. citf, p. 281). 

15.° «En 1625 se propagó por toda Alema- 
nia, desde el mes de mayo hasta el otoño, una 
disenteria epidémica. Se emplearon con éxito 
los emolientes y los purgantes (Seunerto , Me- 
dicine prat. , lib. III ). 

16.° «En 1626 , según dice Uoffmann, des- 
pués de una primavera caliente y lluviosa, y un 
eslío seco y ardiente, se manifestó la disenteria 
en Francfort sobre el Mein ; pareció ser conta- 
giosa, y atacó á los habitantes de las alturas 
con mas violencia que á los de lugares bajos y 
húmedos (Ozanam , loe. cit. , pág. 282). 

17.° «En 1635 , según relación de Diemer- 
broeck , atormentó una epidemia muy grave á 
todo el Brabante holandés. El ruibarbo y la ce- 
ra licuada ó fundida en leche surtían muy bue- 
nos efectos (J. Co|)land, A. dict. ofpract. med., 
part.IU,pág. 702). 

18.° «En 1652 una disenteria maligna su- 
cedió á las calenturas intermitentes que reina- 
ban en Copenhague. Bartolino refiere que mu- 
chos millares de personas perecieron en tres 
meses ; las evacuaciones eran extremadamente 
fétidas ( Ozanam, loe. cit. , pág 283). 

19.° «En 1665 hubo en Londres una di- 
senteria manifiestamente determinada por ema- 
naciones pútridas. Murtón fué atacado de 



ella (J. Copland, loco cítalo, página 702) 

20.° «En 1669 reinó en Golha una epide- 
mia, descrita por Wedel. Los enfermos que pa- 
decieron fuertes dolores curaban , mientras que 
los que sufrían muy poco sucumbían rápida- 
mente á una gangrena intestinal (Act. naticr. 
cur. , dcc. II). 

21.° «En 1670 una disenteria epidémica su- 
cedió en Londres al cólera. Se adormeció en el 
invierno y volvió á aparecer en la primavera 
(J. Copland , loe. cit. , pág. 702). 

22.° «En 1677 una epidemia, determinada 
por el uso de aguas encharcadas y cerveza cor- 
rompida, acometió al ejército dinamarqués. Los 
enfermos arrojaban gran número de lombrices 
( Ozanam , loe. cit. , pág. 285 ). 

2J.° «En 1680 , después de un estió muy 
caliente, reinó en Zurich una disenteria epi- 
démica , descrita por Muralto (J. Copland, loco 
cítalo, pág. 702). 

2V.° «En 1684 desoló á Westfalia una di- 
senteria contagiosa. El uso de los astringentes 
fué mortal (Ozanam , loe. cit., pág. 285 ). 

25.° «En 1702 y 1704 so observaron mu- 
chas epidemas disentéricas descritas por Schnur- 
rer (loe. cit. , t. II, pág. 233). 

26.° «Loescher refiere la historia de una 
epidemia que reinó en 1709, y en la cual la ipe- 
cacuana y los opiados fueron útilísimos (J. Co- 
pland " loe. cit. , pág. 702). 

27.° «En 1728 sobrevino en Berlín y en la 
Pomeríana una epidemia , que se mitigó duran- 
te el invierno y la primavera , y reapareció en 
el mes de julio. Iba acompañada de aftas , que 
degeneraban en úlceras gangrenosas mortales. 
Los astringentes provocaban convulsiones ; los 
evacuantes , los diaforéticos, los tónicos fueron 
prescritos con buenos resultados (Ozanam , lo- 
co cilato, pág. 285). 

28.° «En 1727 Margraff observó en Magde- 
burgo una disentería evidentemente contagiosa 
( Naumann , loe. cit. , pág. 61 ). 

29.° «En 1731 reinó una epidemia grave en 
Edimburgo (Ess. de med. d'Edimb. , vol. I, 
pág. 42). 

30.° «En 1734 reinó una disenteria inflama- 
toria epidémica en Lothringen ( Ziinmermann, 
Yon. der Ruhr unler dem Volkc , pág. 356). 

31.° «En 1736 reinó durante el mes de julio 
en Nimega una disentería, que fué á la vez epi- 
démica y contagiosa. Los judíos y los franceses 
que habitaban en la ciudad no contrageron la 
enfermedad. No aprovecharon los narcóticos, y 
al contrario la ipecacuana hacia cesar los acci- 
dentes (Ozanam , loe. cit. , pág. 287 ). 

32.° «En 1743 se declaró en Plymouth una 
disenteria epidémica. Las sangrías, el ruibarbo 
y la ipecacuana aprovecharon muy bien (Oza- 
nam , loe. cit. , pág. 289 ). 

33.° En 1747 se declaró en Zurich una di- 
sentería, que se atribuyó al uso de aguas cor- 
rompidas. Gruber refiere que se prescribieron 
con ventaja los opiados y los tónicos (J. Co- 
pland , loe. cit. , pág. 702). 



138 



DISENTERIA. 



34.° »Eti 1748 padecieron las tropas inglesas 
en Holanda mía disenteria contagiosa. Fueron 
útiles en su tratamiento los evacuantes y los 
escitantes ( Ozanam , loe. cit. , pág. 290). 

35.° »En el otoño de 1750 fueron asoladas 
muchas provincias francesas por una disenteria, 
que se presentó bajo tres aspectos diferentes, 
constituyendo tres formas principales: benigna, 
biliosa y maligna. Los mucilaginosos y refrige- 
rantes fueron los remedios mas convenientes. 
El abuso de los astringentes mató á muchos 
enfermos (Ozanam , loe. cit. , pág. 290). 

36.° »En 1757 desoló una epidemia , des- 
crita por C. Strak, toda la Alemania (tenla- 
men med. de dysent.J. Se aisló á los enfermos, 
y se arrojaron losescrementosen fosos llenos de 
ceniza y cal, para evitar la propagación del con- 
tagio. En el mismo año fueron atacadas 1600 
personas en Tolón y sus alrededores de una di- 
senteria atribuida al uso de un vino muy malo 
que se había recogido en 1755 (Anc. Journ. de 
Vanderm. , año 1757, t. IV , pág. 223). 

37.° »En 1758 reinó en Copenhague una 
epidemia descrita por Henermann (Naumann, 
loe. cit. , pág. 61 ). 

38.° »En 1760 hubo en Gottinga una epi- 
demia gravísima. El cristal encerado de anti- 
monio fué perjudicial. Las sangrías y los eva- 
cuantes produgeron buenos resultados ( Oza- 
nam , loe. cit. , pág. 294). En el mismo año 
destrozó la Ukrania una disenteria descrita por 
Leclerc ( Medicus veri amatorj. También se 
declaró la disenteria en la abadía de Biral, cerca 
de Amiens (Marteau de Grandvilliers, Anc. 
journal de Vand. , año 1760 , t. XII, pá- 
gina 543). 

39.° »Baker observó una epidemia que en 
1762 se cebó en los pobres y en los niños en 
Londres (J. Copland , loe. cit. , pág. 702). 

40.° »En 1763, De Mertens observó una 
epidemia en Viena, que se atribuyó á lostlias 
fríos y lluviosos que sucedieron de repente á 
calores estremados. La sangría aprovechó ra- 
ra vez (Ozanam, loe. cit. p. 295). 

41.° »En 1765 se manifestó en Suiza la 
epidemia tan conocida y que tan bien trazó 
Zimmermann, durante la cual fueron los ni- 
ños atacados en el seno de sus madres. En es- 
te mismo año observó Cheyssial una disente- 
ria que cedió á la quina. 

42.° »En 1768, 1769, 1770 refiere Sims 
que reinó en Londres una epidemia gravísi- 
ma. Aprovecharon las sangrías y los eméticos 
(J. Copland loe. cit., p. 702). En 1768 es- 
tendió la disenteria sus estragos á Forges. 
Lepecq notó que los que sobrevivían, queda- 
ban por algún tiempo privados del uso de los 
miembros (Collect. sur les mal. epidem. to- 
mo I, p. 95). 

43.° »En 1771 azotó á la Jamaica una di- 
senteria maligna. Wright empleó con buen 
éxito los aromáticos y los antisépticos (J. Co- 
pland, loe. cit., p. 703). 

44.o »En 1772 reinó la disenteria en Fran- 



cia, y atacó con preferencia á las mujeres y 
á los niños. 

45." »En 1779 recorrió muchas provin- 
cias francesas una epidemia disentérica, que 
se presentó bajo tres formas distintas; atacó 
con particularidad á los viejos, mujeres y ni- 
ños (Journ. de med., t. Lili; Ozanam loe. cit., 
p. 299). 

46.° »En 1780 cedió á la ipecacuana una 
disenteria descrita por Birnstiel (J. Copland 
loe. cit., p. 703). 

47.° »En 1783 observaron epidemias en 
Ratzeburg, Vogel; y en Holanda, Van Geuns 
(Naumann loe. cit., p 61). 

48.° »En 1784 reinó en Bruchsal una epi- 
demia, que prefirió á los niños, y fué descri- 
ta por Frank (Naumann, loe. cit., p. 61). 

4D.° »En 1785 y 1786 reinó en los Estados 
Venecianos una disenteria asténica; acometió 
con frecuencia, según Capovilla, á las muje- 
res y á los niños (J. Copland loe. cit., pági- 
na 703). 

50.° »Jawandt ha descrito una epidemia 
que se observó en 1791 (Naumann loe. cit-, 
p.62). 

51.° »Chamseru nos ha dejado una intere- 
sante descripción de la disenteria que en 1792 
invadió los ejércitos aliados, y Ozanam la ha 
estractado detenidamente {loe. cit., p. 302). 

52.° »En 1793 observó Desgenettes en el 
ejército de Italia una disenteria maligna, que 
Ozanam ha descrito después con arreglo á las 
Notas que pueden servir para la historia de 
la medicina militar (loe. cit., p. 304). 

53.° »En 1794 una disenteria, que termi- 
naba á menudo por la gangrena de los intes- 
tinos, y deterita por Ferguson, sacrificó al ejér- 
cito inglés en Bélgica. 

54.° »En 1795 se manifestó en Jena una 
disenteria que Hufeland trató ventajosamente 
con la nuez vómica. 

55.° »En 1796 reinó en Cleves una epi- 
demia que describió Rademacher {Hufeland' 
s journ; bd II, st. IV, p. 590). 

56.° »En 1800 vio Schmidtmann en el 
Norte de Alemania una disenteria epidémica, 
que tomó todas las formas segtin las constitu- 
ciones individuales (J. Copland, loe. cit., pá- 
gina 703). 

57.° »En 1804 reinó en el Cabo de Buena 
Esperanza una disenteria biliosa y adinámica. 
Siempre estaba el hígado afectado, según re- 
fiere Lichtenstein (J. Copland loe. cit., pági- 
na 703). 

58.° »En 1806 y 1807 sufrió mucho en 
Prusia el ejército francés á causa de una di- 
senteria epidémica muy grave (Naumann loe. 
cit., p. 62). 

59 ° »En 1809 fueron atacadas las tropas 
inglesas en la Isla de Walcheren, bajo la in- 
fluencia de causas endémicas, de una disente- 
ria muy grave, que se cambió con frecuencia 
en calenturas remitentes ó intermitentes, se- 
1 gun dicen Dawis y de Dawson. Varias enfer- 



DISENTERIA. 



139 



medades del hígado y del bazo complicaban á 
menudo la afección principal (J. Copland, loe. 
etf., p. 703). En el mismo año se manifestó 
la epidemia en las inmediaciones de Viena, y se 
ensañó particularmente en el ejército francés: 
perecieron gran número de médicos (Vigiles, 
Traite complet de la dysent.) 

60.° »En 1810 acometió una disenteria as- 
ténica simple á todo Flandes; perdonó á muy 
pocos habitantes, y terminó generalmente por 
hidropesía. 

61.° »En 1811 se vio afligido por el mes 
de junio el distrito de Annecy por una epide- 
mia disentérica que mató mas de dos tercios 
de sus habitantes. Al acercarse las noches se 
hacían continuas las evacuaciones (Ozanam 
loe. cit., p. 306). 

62.° »En 1812 se manifestó la disenteria 
en la guarnición de Mantua; se recibieron en 
el hospital cerca de mil enfermos Pareció 
evidentemente contagiosa (Ozanam loe. cit., 
p. 307). Sabido es que el mismo año vino la 
disenteria á aumentar los desastres que es- 
perimentaron en Rusia los ejércitos franceses* 

63.° «Durante la espedicion de Nueva Or- 
leans, bajo la influencia de una temperatura 
húmeda, y de una atmósfera cargada de ema- 
naciones deletéreas, se manifestó una disen- 
teria gravísima, complicada con afecciones del 
hígado y del bazo (Edimb. med. journ., to- 
mo XII, p. 176). 

64.° «Durante la guerra de la Independen- 
cia reinó en el ejército inglés una epidemia 
de las mas graves. La disenteria alternaba con 
calenturas remitentes ó intermitentes, ó to- 
maba este mismo tipo. En Ciudad-Rodrigo re- 
cibió el hospital ambulanteen seis meses, vein- 
te mil hombres ( J. Copland loe. cit., p. 703). 

65.° »En 1 81o observó el doctor Lemercier 
una epidemia en el departamento de Mayena. 

66.° »En 1817 observó Schóller una epi- 
demia disentérica en Steyermack (Beob. und 
Abh. ósterr. Aerzte, bd, ÍV, p. 1— 49). 

67.° »En 1818 y 1819 á consecuencia de 
la carestía y escasez, y de una temperatura 
húmeda, se desarrolló en Irlanda una disente- 
ria asténica y contagiosa. Cheyne prescribió 
con ventaja la ipecacuana y los opiados (J. 
Copland, loe. cit., p. 703). 

68.° »En 1822 fué teatro la Irlanda de 
una epidemia adinámica, que ocasionó muchí- 
simas víctimas (Graves, Tran. ofirish. coll of 
phys., t. IV, p. 429). 

69.° »En 1825, año memorable por el ca- 
lor y sequedad, se observaron muchas epide- 
mias: una por Mondiére en el Cantón de Lou- 
dun, donde sacrificó á los viejos y á los niños 
(Journ. hebd. des. se. med. febrero 1825, pá- 
gina 154); otra por Lachéze, quien cita mu- 
chos ejemplos de contagio en el departamento 
de Maine-et Loire [Arch. gen. de med. i. XI, 
p. 639); la tercera por O'-Brien, en Dublin, 
la cual se cebó particularmente en las clases 
elevadas (J. Copland, loe. cit., p. 703); final- 



mente, la cuarta reinó durante el otoño y el 
invierno en muchos departamentos, y fué des- 
crita por Denoyer, Lemercier y Bienvenu. 

70.° »En 1826 Trousseau y Parmentier 
observaron una disenteria contagiosa en el 
departamento de Indre-et-Loire (Arch. gen. de 
med., t. X11I, p. 377). Eldoctor Peghoux des- 
cribe una epidemia que invadió el departa- 
mento de Puy-de-Dome, y que atribuyó al 
uso de las uvas sin madurar y á la humedad, 
(Arch. gen. de med , t. XIV, p. 102). Otra 
epidemia análoga reinó en el Cantón de Mor- 
nant, sin que haya sido posible penetrar la 
causa de su desarrollo, (Revist. med. 183J, 
1. 1, p. 101). Finalmente, el doctor Pessaquay 
observó la cuarta en el departamento de Jura 
(tes. de París, 1833, n.° 170). 

71.° »En 1827 una epidemia atribuida a 
las malas cualidades del agua, reinó en mu- 
chas ciudades de Inglaterra, y fué descrita por 
Compagny, Wilson y Maeforlane (J. Copland 
loe cit., p. 704). 

72.° »En 1830 vinieron como precursoras 
del cólera muchas epidemias disentéricas 
(Naumann, loe. cit., p. 62). 

73.° »En 1831 reinó en Namur una di- 
senteria contagiosa durante el invierno (Fallot, 
(Arch. gen. de med., t. XXIX, etc.) El doctor 
Gendron observó otra de la misma naturaleza 
en Blois, en Chartres, etc. (Journ. desconnes. 
med.-chir., t. II, p. 129). 

74.° «En 1832 alternó en Berlín la disen- 
teria con el cólera. 

75.° »En 1833 reinó en Tours la disente- 
ria que ha sido tan bien descrita por Thomas. 
(Arch. gen. de med., t. VII, 2. a serie, p. 455). 

76 ° «Guéretin publicó la memoria que he- 
mos analizado, sobre la disenteria que reinó 
en el departamento de Maine et-Loire, en 1834 
(Arch. gen. de med., t. VII, 2. a serie, p. 51). 

77.° «Finalmente, Maximiliano Boullet lia 
observado en 1836, en un lugar de la Sologne, 
en otoño, una disenteria epidémica, que suce- 
dió á unas calenturas intermitentes, determi- 
nadas por la desecación de la balsa de un mo- 
lino (Ann. de hygiéne, 1838, n.° 7, p. 205). 

«Este resumen de las epidemias disentéri- 
cas que han reinado desde los tiempos anti- 
guos hasta nuestrosdias, manifiesta, como di- 
cen muy bien Chomel y Blache, que es muy 
difícil determinar las causas que las han pro- 
ducido. 

«Según la relación que acabamos de es- 
poner, dice Ozanam, vemos que la disenteria 
se manifiesta en todos los climas, en todas las 
estaciones, que no perdona edad, sexo, ni 
condición; de manera que es imposible asig- 
narla una causa primitiva bien determinada 
(loe. cit., p. 310). 

«Diremos sin embargo, que si se conside- 
ran las epidemias disentéricas bajo el punto 
de vista geográfico, no se tardará en advertir, 
que aun cuando se han desarrollado en todos 
los pueblos de Europa, son sin embargo mas 



140 DISENTERIA. 

frecuentes en Irlanda, en Bohemia, en Galit- 
cia, en la Moldavia, en la Bulgaria y en la Cer- 
deña; en una palabra, en todos los países don- 
de los dias calurosos van seguidos de noch'es 
muy frias y húmedas. La disenteria es casi epi- 
démica en las provincias de España inmedia- 
tas al Mediterráneo (Martínez y Benavides Bu- 
llctin des se. med., t. XVI, p. 257). En Mal- 
ta y en la Madera, es también frecuentísima y 
debe atribuirse al abuso de las frutas y de un 
vino alcohólico (Clark Ueberd. Einfluss, d. 
Climas. Nachtr. Veim, 1831, p. 88; Gersonw. 
Julius Magas. , 1837, heft 4). Con todo, en 
Alemania parece que no perdona localidad al- 
guna, y se observa en Hamburgo, Leipsic y 
en las montanas, lo mismo que en las provin- 
cias que lindan con el mar del Norte (Vogel, 
Handb., t. VI, p. 143). 

«Cuanto mas próximo está un pais á los 
trópicos, tanto mas frecuentes y graves son las 
epidemias, las cuales suceden casi siempre á la 
estación lluviosa. En Bengala y en las Indias 
orientales son casi continuas, se complican con 
afecciones del hígado y pasan muy fácilmente 
al estado crónico (Hasper, Ueber die Naturund 
Behandl der Krankh der Tropenlander , t. I, 
p. 13) En Ceylan, en Batavia y en Java, don- 
de se observan en las 24 horas variaciones de 
temperatura de 40°, reina casi constantemen- 
te la disenteria {Hufcl. journ. 1830, sect. X, 
p. 23). En la Trinidad es siempre gravísima la 
disenteria (O'Conner, Med. chir. review-, vo- 
lumen X, p. 470). Los habitantes la atribu- 
yen á un insecto que deposita sus huevos en 
el recto. En la California, Cafreria y entre 
los Hotentotes, es muy frecuente la enferme- 
dad que nos ocupa, y parece reconocer por 
causa la miserable alimentación de estas colo- 
nias (Allgem. Hist. der Reisen, bd. XV, pá- 
gina 139). 

»Es muy reparable que la disenteria, tan 
frecuente en las comarcas equatoriales, y mu- 
cho mas rara en las zonas templadas, se en- 
cuentre con tanta frecuencia en las frias y he- 
ladas de Ja Groenlandia, de Irlanda y de Kam- 
tschatka. ¿No podrá atribuirse esta aparente 
anomalía á la repentina transición, que en es- 
tos países separa el invierno del estío, y al cam- 
bio de alimentación que la es consiguiente? 
(Schnurrer, Geographische Nosologie, p. 159). 
»Si se hiciera un estudio mas profundo de 
todas las circunstancias que acabamos de indi- 
car, conseguiríamos tal vez importantes re- 
sultados, y podríamos por fin establecer sobre 
Lases sólidas la etiología, todavía tan oscura, 
de la disenteria. 

y>llerencia. — En algunas disenterias epidé- 
micas graves ha sucedido transmitirse Ja enfer- 
medad de padres á lujos, y ser como congéni- 
ta. Strack lia observado varios licchos de es- 
te género durante -Ja epidemia que en 1757 se 
manifestó en eJ ejército francés , y acometió 
l)ien pronto á la población del electorado de 
Maguncia (Tenlam. med. de dysent.). Zimmer- 



mann refiere la historia de una mujer do 
Frauenfeld , que habiendo tenido catorce dias 
una disenteria, parió en este tiempo un niño 
bien constituido , pero que estaba atacado de la 
misma afección , y murió al segundo día. 

» Constitución. — Temperamento. — Ha de- 
mostrado la observación por punto general, que 
la disenteria ataca casi indistintamente á los in- 
dividuos de constitución y temperamento mas 
diversos, y Boche piensa con razón que no es 
posible establecer categorías sobre esta base. 
Cuando mas se puede decir, que la disenteria 
esporádica inflamatoria es mas funesta en los 
sugetos robustos y pictóricos , mientras que la 
disenteria epidémica (asténica , pútrida) , inva- 
de con preferencia á los flojos, linfáticos y dé- 
biles. 

^Edades. — La disenteria, distinguiéndose 
en esto de las calenturas graves , ataca ordina- 
riamente todas las edades sin distinción , á los 
viejos de edad mas avanzada, como á los niños 
de pecho de pocos dias. (Vogler , Yon der Ruhr 
undihrer Heilarl , p 32; Zimmermann, loe. 
cit. , p. 17). Hemos visto no obstante, que en 
algunas epidemias parecía tener sus preferen- 
cias : asi es que en la epidemia de 1583 , y en 
lasque se manifiestaron en Lion en 1607, 1624 
y 16*25, fueron especialmente atacados los ni- 
ños de mas corta edad; pero si esta circunstan- 
cia dá un carácter particular á la epidemia en 
que se observa , no por eso facilita dato alguno 
que pueda aplicarse á la disenteria en general. 

»Sin embargo , según Fournier y Vaidy, es- 
tán los viejos mas sujetos que los demás indi- 
viduos á una deutero-patía, por medio de la cual 
pasa la disenteria desde el estado agudo al cró- 
nico , particularmente en los paises cálidos 
como Santo Domingo , la Guyana , Bata- 
via , etc. 

»Sexos.— La mayor parte de Jos autores 
creen que, estando los hombres mas espuestos 
que las mujeres á la influencia de las causas 
que determinan la disenteria, son mas fre- 
cuentemente acometidos de semejante enfer- 
medad ; no obstante Dreyssig (llanto, der med. 
Klinik, bd. III , Ih. 1 , p. 32), Degner (Hist. 
med. de dys, p. 28), Engelhard (Ueber die 
Ruhr , p. 25), y Van Geuns (Traite de la dys. 
epid. , trad. del liolaudés , y anotado por Von 
Keup , p. 20) , aseguran que la observación 
conduce á un resultado opuesto. 

^Estado de salud. — Las afecciones del tu- 
bo digestivo , una irritación intestinal espontá- 
nea (Fallot, Arch. gen. de med. , t. XXIX, 
p. 29*) , ó determinada por el abuso de los 
purgantes; Ja Jiipocondría, eJ histerismo, pre- 
disponen poderosamente , según HolTmann , á 
la disenteria (Medie, ración, system., 1. IV, 
part. III, p. 55 y 353). Lo mismo sucede con 
la liidropes/a , Jas enfermedades del lií«ado 
(Forster , Juncker, Jolinson), Ja gota (Disen- 
teria de arthritide , Sauvages , SlolJ, Mus»ra- 
ve) , el escorbuto (Mursinna , loe. cit., p. 16 • 
Bang , Medie, praxis von Heinze , p. 61*5) v 



DISENTERIA. 



141 



el cólera , según Guéretin (Arch. gen. de med., 
t. Vil , 2. a serie, p. 54). Las calenturas remi- 
tentes é intermitentes se han designado tam- 
bién entre las enfermedades que con mucha 
frecuencia dan lugar á las disenterias ; pero no 
creemos que se pueda establecerentre estasdos 
afecciones una relación de causa á efecto, y nos 
parece mas racional, según hemos dicho mas ar- 
riba, referirlas á un mismo modificador, cu- 
ya influencia, según la intensidad y duración 
de su acción y otras circunstancias mas ó me- 
nos apreciables, puede manifestarse de dos 
maneras diferentes. 

»Las varias especies de entozoarios , los 
animálculos ó animalillos microscópicos que 
se encuentran en algunos líquidos, y diversos 
insectos, determinan á veces la disenteria se- 
gún ciertos autores (Rodschied , Mcm. und 
chir. Bemerk Uber das Klima und Kranh. der 
Einwohner zu Rio Essequebo; Francfort, 1796, 
p. 195). Pero si, como ya queda dicho, se en- 
cuentran á menudo lombrices y animalillos en 
las deposiciones de los disentéricos , nada au- 
toriza á creer que hayan sido la causa de la en- 
fermedad ; y solo puede citarse como hecho 
histórico la opinión de Lineo, quien apoyándose 
en dos casos observados por Bartholin y Ro- 
lander, creyó poder atribuir á la presencia de 
un insecto particular el desarrollo y la trans- 
misión de la disenteria , que él llamó scabies 
inlestinorum [Amcenit. Acad. , vol. 5 , Diss. 
LXXX11. Exanlhemata viva). Algunos auto- 
res han creído que la presencia de cuerpos es- 
traños en el tubo digestivo podía determinar la 
disenteria. Morgagui refiere el hecho de un 
hombre, que fué acometido el mes de octubre de 
una disenteria, que no terminó hasta que hubo 
evacuado dos libras de guisantes, que habia 
comido en el mes de junio , y que fueron es- 
pulsados enteros. La rigorosa apreciación de 
otros hechos análogos nos obliga en el dia á 
considerar la presencia de cuerpos cstraños co- 
mo una causa enteramente secundaria". 

«Finalmente , el abuso de algunos medica- 
mentos, del aloes, del aceite rancio de Castor, 
y en general de los purgantes drásticos, puede 
'dar lugar á disenterias inflamatorias casi siem- 
pre fáciles de vencer (Zimmermann , loe cit, 
p. 215 ; de Haen, Ratio med., t. VII, p, 252). 

^Miasmas. — Efluvios. — Emanaciones ve- 
getales , animales , disentéricas. 

«Aunque desechemos, como ya se ha dicho, 
el miasma dysentericum de Dreissig , no pode- 
mos convenir con Andral en «que la influencia 
de las emanaciones solo obre eficazmente en la 
producción de la enfermedad , cuando hay pre- 
disposición á contraerla» (Cours de pathol. int., 
página 94); y nos parece que en la mayor parte 
de las epidemias y de las disenterias endémicas 
es , por el contrario, su acción manifiesta y po- 
derosa. 

«Nótase , dice Andral , que en los estudian- 
tes de medicina , y en los médicos que se en- 
tregan á las investigaciones de anatomía pato- 



lógica , no es la disenteria mas frecuente que 
en las demás profesiones. Me he informado si 
los matachines de Monfaucon estaban mas es- 
puestos á padecerla que otros individuos, y por 
lo general gozaban de buena salud» Parent- 
Duchátelet se ha esforzado en demostrar la ino- 
cuidad de los miasmas, que parecen deber oca- 
sionar las mas funestas consecuencias. Trou- 
seau (Arch. gen. de med. , t. XIII, p. 378) , y 
Guéretin (loe. cit., p. 53), han defendido igual- 
mente esta opinión; á la cual se puede oponer 
el hecho de Pringle , quien ha visto un médico 
atacado de la disenteria inmediatamente des- 
pués de haber olido un frasco que contenia san- 
gre podrida; y eldeChomel, que ha visto sobre- 
venir la enfermedad en dos alumnos de medi- 
cina que abrieron el cadáver de un hombre as- 
fixiado en un pozo de agua sucia. Vaidy fué 
también acometido por haber hecho exhumar 
gran número de cadáveres de hombres y caba- 
llos, que habían perrnanecidomuchos diasen un 
campo de batalla , y Desgenett.es por haberse 
espuesto á las emanaciones que se desprendían 
de la piel de un ciervo. Por otra parte , si en es- 
tos diferentes casos puede todavía suponerse 
una predisposición , si aun parece dudosa la 
influencia de los miasmas en la disenteria espo- 
rádica ; no sucede lo mismo en esas epidemias, 
cuyo desarrollo hemos indicado mas arriba, co- 
mo las observadas por Lemercier en el depar- 
tamento de Mayena en 1814 y 1825, y por Ma- 
ximiliano Boullet en el departamento de Loire 
en 1835. Nadie contradice la influencia de las 
emanaciones en el desarrollo de las calenturas 
intermitentes; pues bien, la frecuente asocia- 
ción de estas con la disentería, las transforma- 
ciones de ambasenfermedades una en otra, y su 
sucesión alternativa , ¿ no son pruebas podero- 
sas de la influencia miasmática que pueden ejer- 
cer las materias vegetales ó animales en estado 
de descomposición pútrida, los efluvios, la acu- 
mulación de materias escrementicias disentéri- 
cas , etc. ? 

»Clima. — Es incontestable, dice Andral, 
que los climas calientes (loe. cit., p. 95) tienen 
mucha influencia en el desarrollo de la disen- 
teria.» En efecto , aflige con mucha mas fre- 
cuencia, y aun casi constantemente, las comar- 
cas ecuatoriales, las costas de Guinea y el in- 
terior de África. El aclimatamiento preserva 
comunmente á los naturales; pero los estran- 
jeros son casi todos víctimas, y la mayor parte 
de los viageros que quieren penetrar en el país 
perecen de esta manera. Conviene, á pesar de 
todo, recordar que en los países donde es en- 
démica la disenteria, en el bajo Egipto, en Ma- 
ryland , en las Antillas , no es el clima la única 
causado su desarrollo, que se puede referir 
con mas razón á la presencia de los pantanos, 
á las aguas estancadas , ó á otras circunstancias 
higiénicas, que una esploracion atenta consigue 
casi siempre descubrir. 

» Temperatura. — Estaciones. — Impresiones 
atmosféricas.— »Vost diuturnas siccitates, el 



1V2 



DIST.NTRRIA. 



eestus nimios, alvi fluxos, dysenterhe. En efec- 
to, casi todos los autores han notado, que la 
disenteria se manifestaba sobre todo después 
de las estaciones muy calientes (Piso, Hufe- 
land). La epidemia que tantos estrago-» hizo 
en Alemania el año de 1583, pareció ser ma- 
nifiestamente determinada por una elevación 
muy alta y largo tiempo prolongada de la 
temperatura. Hemos visto que el otoño era la 
estación mas propicia al desarrollo de las epi- 
demias disentéricas, mientras que la prima- 
vera es la que menos le favorece (Pringle, 
loe. cit., p. 257). «Animadverti, dice Sy- 
denham, morbum hunc fere semper autumni 
initio invadere soleré et adpropinquanti hye- 
mi pro tempore cederé.» Pero no es posible 
sin embargo, establecer en este punto una 
regla general; porque en realidad, la disen- 
teria se ha manifestado en todas las estacio- 
nos del año, y hasta en medio del invierno, 
puesto que se la ha observado en la Siberia en 
el mes de enero (Commerc. litt. Norimb. año 
1732, p. 366^ en Bouchain, en el mes de di- 
ciembre, en 1793; y durante el invierno de 
1796 á 1797, en el ejército N de Sambra y 
Mosa (Founier y Vaidy, loe. cit., p. 322). 
Webster [Stjst. der pract. Arzn., vol. 1, 738) 
concede particularmente una gran influencia 
á la humedad, y en efecto, se han visto á 
menudo soldados atacados de disenteria des- 
pués de haber vivaqueado en una tierra hú- 
meda sin mudarse los vestidos, después de 
atravesar parages cenagosos (Roche) ó de ha- 
berse espnesto á lluvias abundantes. 

»Los ingleses pasaron sobre el campo de 
batalla, y espuestos á la lluvia, la noche que 
siguió á la batalla de Doettinga; la mañana si- 
guiente camparon sin paja, en un suelo mo- 
jado, y el ejército fué inmediatamente acome- 
tido de disenteria; al paso que un regimiento 
acantonado cerca de allí, en las mismas con- 
diciones higiénicas, pero que se habia preser- 
vado de la humedad, pudo preservarse (Prin- 
gle). Pero unos (Pringle, loe. cit., cap. VI, 
§ III) han atribuido esta influencia al frió 
húmedo, y otros al calor húmedo, que prepara 
mucho menos la mucosa gástrica á la fbgosis, 
y obra mas enérgicamente sobre la del colon 
(Brousais, Hist. des phlegm. chron., t. III, pá- 
gina 20). Monro, Zimrnermann (loe. cit., pá- 
gina 27), Moselly, y sobre todo, Stoll, se fi- 
jan particularmente en los cambios repenti- 
nos de temperatura, llegando es'e último á 
afirmar, que jamás ha visto declararse la di- 
senteria, sin que los enfermos se hubiesen es- 
puesto al frió estando sudando: «Nunquam 
accidisse hunc morbum vidi, nisi si corpori 
sudore mananti admissum frigus fuerit.» 
(Medec. prat., t. III, p. 218) Los soldados que 
atraviesan un rio , después de una marcha 
forzada, suelen ser inmediatamente afectados. 
A las noches frías que suceden á dias muy ca- 
lurosos, se han atribuido las disenterias endé- 
micas del Egipto, de la costa de Caromandel, 



de las ludias occidentales y de la Hungría 
(Desgenettes, Moseley). Pero si las repenti- 
nas alternativas de la temperatura parecen, en 
algunos casos, ejercer una Influencia incon- 
testable, en la mayor parte de ellos es imposi- 
ble comprobarlas (Fernelius, De abditis rerum 
causis, Francfort, 1581, p. 213). Por lo demás, 
en nuestro resumen de las epidemias disenté- 
ricas, se hallarán algunusdalos, que facilitarán 
la solución de estas importantes cuestiones. 

«Algunos médicos, en fin, han creído po- 
der conceder al estado eléctrico de la atmós- 
fera, una influencia que hasta el dia no se ha 
confirmado, y cuyas condiciones son por lo 
mismo sumamente problemáticas. 

»C inw los vientos arrastran en su direc- 
ción y en una estension mas ó menos consi- 
derable, las emanaciones que han dado lugar 
al desarrollo de la disenteria, tienen en este 
caso la influencia, que se les debe conceder en 
la propagación de todas las enfermedades epi- 
démicas. 

» Localidades. —Habitaciones. — Las consi- 
deraciones que acabamos de enumerar, han 
hecho generalmente admitir, que la disenteria 
era frecuente en los sitios bajos y húmedos; 
pero ¡cuántas veces se ha manifestado en 
circunstancias enteramente opuestas 1 La falta 
de renovación del aire, su corrupción por 
emanaciones pútridas, la escesiva aglomera- 
ción de hombres en un sitio muy circunscri- 
to, parecen tener una influencia mejor esta- 
blecida; y no se podrá negar que las cárceles, 
las mazmorras, las casernas ó cuarteles, los 
campamentos, los barcos, son frecuentemen- 
te el teatro de las epidemias disentéricas: las 
tres cuartas partes de los desgraciados negros 
que el comercio trasportaba á América, pere- 
cían de este modo. En Picardía, arrebata ca- 
da año la disenteria gran número de obreros 
de tejidos de algodón y de hilo, cuyas habi- 
taciones están muchos pies por debajo del ni- 
vel del suelo. 

» Condición social. — Profesión. — Algunos 
autores se han inclinado naturalmente á pen- 
sar que la disenteria debia acometer de prefe- 
rencia á los individuos á quienes la miseria ó 
su profesión colocan en las condiciones hi- 
giénicas arriba mencionadas; pero ya hemos 
dicho que según las investigaciones de Parent- 
Duchatelet y Andral, no se halla justificada 
esta aserción en los matachines, curtidores y 
poceros, etc. O'Brien ha observado también en 
Dubfin, una epidemia disentérica, que no ata- 
có, por decirlo aSí, mas que á las clases ricas 
Ya indagaremos mas adelante la interpretación 
que se deba dar á estos hechos contradictorios, 
en que se han apoyado los autores de una y 
otra parte. Las profesiones que esponen á 
grandes fatigas, á causas debilitantes genera- 
les, soslenidasó prolongadas mucho tiempo, tie- 
nen una influencia nociva menos disputada. 
En efecto, hay pocos viages delarga navegación, 
pocas campañas de tierra, en las cuales no se 



DISENTERIA. 



143 



haya manifestado esporádica ó epidémicamen- 
te la disenteria. Pero entonces suele ser el há- 
bito un poderoso preservativo para los solda- 
dos viejos y para los marinos, acostumbrados 
ya á las privaciones y á las fatigas de su 
estado. 

^Alimentación. — La influencia de la ali- 
mentación ha sido muy diversamente aprecia- 
da , habiéndola considerado unos como causa 
eficiente de la disenteria , y pensando otros 
que no podia obrar sino en virtud de una pre- 
disposición preexistente, y aun proclamándola 
como constantemente nula. Por nuestra parte 
nos parece, que si bien es cierto que una ob- 
servación atenía é imparcial debe hacer con- 
siderar como escepcionales esos hechos , en 
los cuales ha sido determinada la disenteria 
por el uso de huevos , de pescados, do tocino, 
y aun de carnes ordinarias y sanas (Epidémie 
(TUdine, en 1807, Broussais). No por eso han 
de ponerse en duda los perniciosos efectos de 
una alimentación insuficiente, compuesta de 
sustancias poco nutritivas , ó de mala calidad, 
como el pan hecho con harinas averiadas (Des- 
genettes , Disenterie de Egyple) , y la carne 
que ha sufrido un principio de putrefacción , ó 
que procede de animales enfermos (Hoepfner, 
Baldingers Magaz., vol. III, p. 508). 

»El uso de las frutas es el que ha dado 
lugar á mas desacordes opiniones. Alejandro 
de Tralles (opus therapeuticum, gr. lalin. Jo. 
Guinterio Anlernaco interprete, Basilea, 1556, 
lib. VIII, cap. IX), y después de él otros mu- 
chos autores (Zimmerniann, loe. cit. , p. 32) 
Horts (Diss. prunorum usu dysenteria non pro- 
duci, Giess, 1637) Büchner, {Diss. de cautius 
defendenda fructuum in producenda dysen- 
teria innocentia, Hallé, 1766), Hannes (Die 
Unschuld des Obstes in Erzeugung der Ruhr, 
Wesel , 1766), han sostenido que nunca po- 
dia determinarla disentería, y que era, por 
el contrario, su remedio mas eficaz. «Es una 
preocupación, dicen Fornier y Vaidy, creer 
que los escesos en las frutas maduras puedan 
dar lugar á la disentería ; mas bien podrían 
considerarse como remedios de este mal (loco 
cilalo , p. 326). Pringle refiere que en 17V3 se 
manifestó en el ejército inglés, en las inmedia- 
ciones de Hanau, y antes de la estación de las 
frutas, una epidemia disentérica , que no cesó 
hasta la época en que pudieron los soldados 
comer uvas á discreción. Por otra parte, Ma- 
lick ha visto frecuentemente en las aldeas, que 
la disentería arrebataba á los niños que comían 
gran cantidad de fresas, frambuesas y nue- 
ces, etc. En Ukrania la producía todos los años 
el uso de los melones (Dreyssig , loe. cit. , pá- 
gina 36). En 1830 se manifestaron disenterías 
graves entre los soldados franceses, que atra- 
vesaron la Provenza para ir á la conquista de 
Argel , por haber comido con esceso naranjas 
y otras frutas meridionales. En el dia se admi- 
te generalmente , que las frutas de Europa, y 
especialmente las uvas y las ciruelas no pue- 



den dar lugar á la disentería, á no ingerirse 
en gran cantidad, y antes que hayan llegado 
á su perfecta madurez ; pero que muchas de 
las de América , de Asia y de África , contie- 
nen un principio ácido muy fuerte, y pueden 
producir malos efectos, aun cuando eslén bien 
maduras. La epidemia que en 1792 diezmó el 
ejército prusiano (Montgarny, íJist. médico- 
practique du flux dysenterique appelec conree 
prussrienne, Verdun, 1793), y las observacio- 
nes de Mac Grígor y d'Annesley , parecen jus- 
tificar esta opinión. 

^Bebidas. — El agua cenagosa , estancada, 
que contiene restos de animales ó vegetales en 
putrefacción, ha parecido muy generalmente 
determinar la disentería. En 1757 se recibie- 
ron en el hospital de Tolón 1600 disentéricos, 
por haber bebido vinos de malas calidades, 
recolectados en 1755 (Journal de Vanderm. 
ano 1757 , t. VI , p. 223). La cerveza , la ci- 
dra (Goede , Pr. Reil patología dysenteriae, 
pág. 47) , los licores alcohólicos , los vinos 
muy generosos, ó por el contrario , dulces y 
no fermentados, y la leche agria procedente 
de vacas enfermas (Foderé) , han producido 
á veces el mismo efecto. Dreyssig (loe. cit., 
pág. 35) piensa que toda bebida fria, tomada 
cuando el cuerpo está sudando, puede produ- 
cir la disentería. 

» Pasiones, estado moral. — La cólera , se- 
gún Zimmermann , ha determinado algunas 
veces la disentería; el desaliento (Fallot, loco 
citato , pág. 298), el temor (Goede, loe. cit., 
pág. 45, Hargens, en Hufeland's joum, vo- 
lumen VII, cap. II, p. 106, Vogel , ibid, 
vol. IX, cap. III, pág. 801), producido á ve- 
ces por la misma enfermedad , y particular- 
mente la nostalgia, favorecen también su desar- 
rollo. 

»Si después de haber revisado las nume- 
rosas y diferentes causas que han sido indica- 
das por los autores, se procura apreciar su 
importancia, su influencia precisa, su modo 
de acción, para establecer si pueden determi- 
nar por sí mismas la disenteria , é indepen- 
dientemente de una predisposición desconoci- 
da que les sea enteramente estraña; solo se 
encuentran hipótesis, incertidumbre y contra- 
dicciones. J. Copland es tal vez el único autor 
moderno, que ha propuesto una clasificación 
de las causas bastante racional (A dict. of, 
pract. med. , part. III, p. 713). Según este au- 
tor, las causas eficientes , que forman la clase 
mas numerosa, pueden obrar de cuatro ma- 
neras : 

1. a » Determinando directa y localmenle 
una irritación de la mucosa del tubo digesti- 
vo. — En este lugar se colocan la acumulación 
de las materias fecales , los cuerpos estraños, 
las lombrices intestinales, las frutas tomadas 
en gran cantidad , sobre todo cuando están 
verdes ó son de mala calidad , el abuso de al- 
gunos alimentos ó de ciertas bebidas, la su- 
presión de evacuaciones habituales, el uso de 



1H 



DISENTERIA. 



purgantes drásticos. Esta primera clase dá lu- 
gar á la disentería aguda simple. 

»2. a Modificando la naturaleza de algunas 
secreciones, y alterando entonces la estructu- 
ra de la mucosa intestinal. — Algunos estados 
particulares de la atmósfera, las enfermedades 
del mesenterio, del páncreas (Piso, Johnson), 
del bazo , del hígado; varias calenturas, y las 
afecciones morales forman esta segunda clase. 
Los productos de secreción , modiíicados én su 
cantidad ó en su composición química , ad- 
quieren propiedades y cualidades irritantes ó 
deletéreas, y determinan por su contacto con 
la mucosa, como los modificadores de la pri- 
mera clase, una irritación masó menos enér- 
gica de esta membrana. 

3. a » Ejerciendo una acción deletérea so- 
bre los diferentes fluidos de la economía, so- 
bre las secreciones y demás funciones intesti- 
nales, sohre los centros nerviosos que presiden 
á estas diversas funciones, ó reaccionan sobre 
ellas. —Una alimentación insuficiente ó de ma- 
la calidad, las bebidas que contienen materias 
pútridas ó alcalinas en disolución, la reabsor- 
ción de algunos productos morbosos, de pus 
de heridas ó úlceras de mal carácter ; ciertas 
enfermedades generales, como por ejemplo, 
el escorbuto , constituyen la tercera clase; á 
la cual se refiere la disenteria grave, asténica, 
que azota epidémicamente los campamentos, 
las tripulaciones, las ciudades sitiadas, etc. 

«4. a Induciendo trastornos, no solamente 
en las funciones del tubo digestivo, sino tam- 
bién en las de todos los sistemas orgánicos; 
modificando la circulación, y desorganizando 
mas ó menos asi los sólidos como los líquidos. 
— Las causas de esta cuarta clase son las mis- 
mas de la antecedente , llevadas á su mas alto 
grado de intensidad , y desarrolladas en las 
circunstancias higiénicas mas desfavorables; 
como, por ejemplo, los efluvios , las emana- 
ciones que se elevan de un depósito de sus- 
tancias vegetales ó animales en putrefacción, 
de los cuerpos ó de las deyecciones de los di- 
sentéricos, sobre todo si ejercen su acción en 
sugetos aglomerados y debilitados ya por las 
fatigas, por una alimentación mal sana, ó por 
enfermedades anteriores. Entonces es cuando 
se desarrollan esas disenterias complicadas, 
descritas con los nombres de tifoideas, ataxi- 
cas , pútridas, nerviosas, malignas , etc.» 

«En cuanto á las causas predisponentes, 
tales como los climas, la temperatura , las es- 
taciones y la humedad, solo les concede Co- 
pland una leve influencia , y piensa que favo- 
recen el desarrollo de la disenteria , ya sea 
dando lugar á empachos ó infartos de las pri- 
meras vias, ya ejerciendo una acción pernicio- 
sa sobre las funciones de secreción y de circu- 
lación. 

«Aunque no se nos oculta que esta división 
etiológica de Copland tiene algo de hipotéti- 
ca y especulativa , sin embargo, creemos que 
ofrece la ventaja de iadicar la importante dis- 



tinción, que las diferentes formas disentéricas 
obligan á establecer entre las causas de la en- 
fermedad, y que resaltará claramente cuando 
apreciemos la naturaleza de la' misma. Tal 
vez podríamos limitarnos á decir: que la disen- 
teria esporádica , aguda, simple o* intensa, se 
desarrolla mas ordinariamente bajo la sola in- 
fluencia de las causas eficientes, locales, sus- 
ceptibles de determinar una inflamación de la 
mucosa intestinal; que la disenteria esporádi- 
ca, aguda, grave, y la disenteria epidémica, 
exigen casi siempre la reunión de causas efi- 
cientes y de las predisponentes , generales y 
debilitantes; y finalmente, que las disenterias 
endémicas, forman una clase intermedia, que 
se refiere unas veces a la primera, y otras á la 
segunda de las dos precedentes. 

«Tratamiento. — Para estudiar con método 
el tratamiento racional de la disenteria , seria 
necesario , como han hecho Fournier y Vai- 
dy, considerar en particular cada una de las 
formas disentéricas y las indicaciones terapéu- 
ticas que presentan ; pero siguiendo esta mar- 
cha , incurriríamos por una parte en continuas 
é inevitables repeticiones , y por otra nos seria 
imposible dar una lista completa de los nume- 
rosos modificadores , que han sido sucesiva- 
mente preconizados. Preferimos, pues, limitar- 
nos por ahora á estos, refiriéndonos sin em- 
bargo á dos indicaciones generales, y reser- 
vándonos esponer en seguida las diversas con- 
sideraciones que deben guiar al práctico. 

A. y) Alejar, siempre que sea posible, las cau- 
sas que han determinado ó favorecido el des- 
arrollo de la enfermedad, y que por la persis- 
tencia de su acción , la sostienen ó la exas- 
peran. 

1.° ^Modificadores higiénicos.— Cuando los 
escesos de la mesa , el uso de sustancias irri- 
tantes , de frutas sin madurar , ó de ciertas 
bebidas , hayan dado lugar á una disenteria 
masó menos intensa, es claro que el pritner 
cuidado del médico debe ser cambiar la ali- 
mentación , prescribir los harinosos, las sus- 
tancias ligeras y fáciles de digerir, y las frutas 
bien maduras, ó cocidas. Durante la epidemia 
que devastó la Suiza en 1765, y que Zimmer- 
niaun ha descrito tan perfectamente, curó Ke- 
ller muchos niños que rehusaban los remedios, 
haciéndoles comer uvas muy maduras. (Oza- 
nam , Hist. med. des epid., t. III., pág. 298). 
Serán útiles las bebidas mucilaginosas, tibias ó 
frias , según las soporten mejor los enfermos; 
otras veces es indispensable prescribir una abs- 
tinencia completa, que en ocasiones basta por 
sí sola para hacer desaparecer todos los sínto- 
mas. Cuando la enfermedad pueda atribuirse á 
una nutrición insuficiente ó de mala calidad 
(disenteria asténica pútrida), estará asimismo 
indicado desterrar la causa que la ha produ- 
cido ; de modo que entonces será la dieta me- 
nos necesaria , y con tal que no haya un es- 
tado inflamatorio bien caracterizado, se saca- 
rán mas ventajas del uso de alimentos sanos y 



DISENTERIA. 



1-V5 



nutritivos, y de vinos generosos tomados en 
moderada cantidad. 

»Cuando parezca que la disenteria , endé- 
mica ó epidémica se desarrolla ó propaga bajo 
una influencia miasmática , la primera indica- 
ción es sustraer á los enfermos de la acción de 
esta ; con cuyo objeto se acudirá en los hospi- 
tales , en las cárceles y en los buques, á la re- 
novación y purificación del aire, por medio de 
fumigaciones guitonianas , á lociones de agua 
abundante , y al aseo de las ropas ; proporcio- 
nar el número de enfermos á la capacidad de 
los lugares destinados á contenerlos ; y en las 
aldeas, y en ciertas localidades suprimir ó se- 
parar los focos de emanaciones , las sustancias 
vegetales ó animales en putrefacción , las de- 
yecciones disentéricas ; desecar los pantanos; 
dar salida á las aguas estancadas, etc. Guando 
no se pueda reconocer y estinguir el manan- 
tial de los miasmas , ni neutralizarlos , es ne- 
cesario decidirse á hacer emigrar á los enfer- 
mos ; medio que en los países calientes, y es- 
pecialmente en la disenteria crónica , es algu- 
nas veces el único susceptible de procurar la 
curación. «Los europeos en el vigor de la 
edad, dicen Foumier y Vaidy , y aclimatados 
en Santo Domingo , e'stáu sin embargo espues- 
tos á la disenteria crónica, y es raro que curen 
no decidiéndose á volver á las regiones septen- 
trionales. Pero en cambio es casi infalible este 
recurso : apenas empieza el buque á navegar 
en dirección de los mares del norte , cuando 
suelen entrar en convalecencia los disentéri- 
cos. Son los viages tan favorables á la curación 
de esta enfermedad en las comarcas abrasado 
ras , que los médicos franceses han visto muy 
á menudo en Egipto restablecerse los enfermos 
perfectamente, con solo trasladarse de un punto 
á otro, aunque no fuese muy lejano. Ordinaria- 
mente los enfermos que habían contraído la 
enfermedad disentérica en el alto Egipto , se 
curaban trasladándolos al bajo ó medio Egipto, 
y recíprocamente. Tan frecuentes eran las cu- 
raciones debidas á estas emigraciones de un 
punto á otro , que al fin se adoptó el viaje co- 
mo un poderoso medio curativo (loe. cit., pá- 
gina 32V y 373). 

»Desgenettes refiere el hecho notable de 
cuatrocientos enfermos disentéricos, que ha- 
biéndose embarcado casi moribundos en Ale- 
jandría, entraron en convalecencia tan luego 
como arribaron á la isla de Malta. Con todo, 
cree este profesor , que semejante efecto no 
dependió esclusivamente de la atmósfera nue- 
va y de la aproximación á un clima mas tem- 
plado , sino que también concurrieron podero- 
samente á producirle las oscilaciones del bu- 
que y los mareos , que determinando náuseas 
y vómitos, pudieron invertir el escesivo mo- 
vimiento peristáltico de los intestinos. 

»Pero si en las comarcas ecuatoriales es 

útil sustraer los enfermos de una temperatura 

ardiente , no es menos importante en nuestros 

cJimas preservarlos del frió y la humedad. El 

TOMO VIH. 



doctor Dewar mira como el remedio mas efi- 
caz contra la disenteria la aplicación de un 
vendaje de franela sobre el abdomen ( Med. 
and phxjs. journ. of London , t. X). 

2.° » Modificadores farmacéuticos. — En los 
casos muy raros en que la acumulación de ma- 
terias fecales , la presencia de las lombrices ó 
de un cuerpo estraíio , hubieran dado lugar á 
la disenteria; la estraccion de este, si era posi- 
ble , el uso de los minorativos , de purgantes 
suaves, de los antihelmínticos, tendrían pronta 
eficacia. Si la disenteria estuviese determinada 
por alguna de las afecciones que hemos inclui- 
do en el número de sus causas , seria necesa- 
rio ante todo dirigir contra esta última un tra- 
tamiento apropiado á su naturaleza , y á su 
gravedad absoluta y relativa. 

B. » Combatir la disenteria y sus diferen- 
tes complicaciones , tomando en cuenta la su- 
puesta naturaleza de la enfermedad. 

1.° ^Modificadores higiénicos. — Indepen- 
dientemente de las circunstancias que han pre- 
cedido al desarrollo de la disenteria , importa 
en esta , como en cualquier otra enfermedad, 
que no vengan nuevas causas morbíficas á ejer- 
cer su influencia sobre los pacientes ; lo cual 
podrá conseguirse con el uso de las reglas hi- 
giénicas , que ya hemos indicado. En cuanto á 
los modificadores de este género , susceptibles 
de ser dirigidos con eficacia contra la enferme- 
dad misma, desde luego se concibe que han de 
ser poco numerosos, si es que hay alguno. 
Fournier , Vaidy y otros (Dreyssig, loe. cit., 
p. 36), han pensado que el uso de las frutas 
era frecuentemente un seguro remedio. Coste 
dice que en los Estados Unidos, varios solda- 
dos acometidos de la disenteria llegaron á uu 
cantón en que abundaba el agracejo , y se cu- 
raron todos al cabo de algunos dias, después de 
haber comido de este fruto con esceso. El agua 
pura ha sido empleada con buen éxito. Huxhain 
quiere que sea fria. «Sola aqua inter initia 
egelida , tune frígida , nonnunquam disente- 
ria} curationem consummavi» (Opp., t. I, pági- 
na 292). Tissotcuró gran número de enfermos 
disentéricos , haciéndoles beber de cuarto en 
cuarto de hora una taza de agua caliente. Deg- 
ner se curóla sí mismo de la disenteria bebien- 
do , en el espacio de treinta y seis horas , cin- 
cuenta jarros de agua, tibia al principio, y.des- 
pues fria. Plinio , Nic. y Piso (De cognoscend 
et curand. morb-, lib. III, c. XV), han preco- 
nizado la leche. Naumann se curó de la disen- 
teria bebiendo cada media hora , por espacio 
de dos dias , una taza de una ligera infusión 
de té negro (loe. cit., p. 77). Roche mira al 
café como antidisentérico. Sea de esto lo que 
quiera , y á pesar del dictamen de Zimmer- 
mann , es preciso no sobrecargar el estómago 
de los enfermos con una cantidad muy consi- 
derable de líquidos. ¿Recordaremos, en fin, 
que Hipócrates (Epidcm., lib. VII) y Amato 
Lusitano (Centur. II, cur. IV) han recomen- 
dado el coito? 

10 



146 



DISENTERÍA. 



2.° » Modificadores farmacéuticos. — Pres- 
cindiendo de la esmeralda, alabada por Senner- 
to (Paral, ad medie, pr. lib. III, riúm. 5) y por 
Zacuto Lusitano (Prax. admirab., libro III, 
obs. LXXXVII), y en las Efemérides de los cu- 
riosos de la naturaleza (dec. II, año 5, obser- 
vación XXIV), del vino tinto con los huesos 
humanos, ó de la seda carmesí, propinada por 
Diemerbroeck , de la esperma de ballena, pon- 
derada por Etmulero (Oper., parte I, p. 492), 
por Langius (Oper., parte I, p. 445), y por Mi- 
chaelis (Oper., pág. 61G); del papel cocido en 
leche , aconsejado por Lentilius (Eleodrom., 
p. 728,; del escremento de perro , prescrito 
por Pablo Egineta (lib. III, c. LXII) , por Fo- 
resto (lib. XXII, obs. XXXV), y en las Efemé- 
rides de los curiosos de la naturaleza (dec. II, 
año V , apéndice , p. 36 , y año X, obs. LII); 
del fósforo administrado por Ortel (Mcd. pract., 
Beobachl., bd. 1, st. 1), y finalmente, del vitrio- 
lo mezclado con las materias fecales de los en- 
fermos , medio simpático aconsejado por Do- 
loeus (Encicl. med., p. 434), Etmulero (Oper., 
t. I, p. 421) y Valentini (Medicina novantiqua, 
parte V, c. Í1I), vamos á tratar de enumerar 
con orden los numerosos agentes terapéuticos 
que se han propuesto contra la disenteria. 

1.° ^Evacuaciones sanguíneas. — Los auto- 
res antiguos , Aetio , Zacuto Lusitano , Itasis, 
Alejandro de Tralles , Próspero Alpino, Botal, 
Sydenham , y la mayor parte de los del si- 
glo xvi y del xvn , han preconizado la sangría 
en el tratamiento de la disenteria. Gorion la 
hizo objeto de una disertación (Ergo disenteria 
flebotomía; París, 160i). Algunos recurrían 
á ella al principio de la enfermedad en todos 
los casos. Cullen y Zimmermann no la practi- 
caban sino en la disenteria inflamatoria. Mon- 
ró, Huxham y Tissot, se guardaban igualmen- 
te de usarla por regla general, y no la prescri- 
bían sino en los casos en que se manifestaba 
una inflamación evidente. Mas adelante cayó 
la sangría casi en desuso , hasta que Juncker 
(Deutilitate vence sectione in disenteria; Ha- 
llé, 1770), Jackson y Whyte (Méd. and phys. 
journ., t. II, p. 283), vinieron nuevamente á 
preconizar sus ventajas. O'Halloran , durante 
la epidemia que invadió en Gibraltar á las tro- 
pas inglesas, abría la vena , estando el enfer- 
mo colocado ú echado horizontalmente, y de- 
jaba correr la sangre hasta el síncope. Sacaba 
ríe este modo hasta ¡sesenta y cuatro onzas! y 
si al tercer dia del tratamiento no parecía estar 
asegurada la curación , abria la vena segunda 
vez» (Lond. med. reposil, 1824, núm. 8). La 
sustracción de sangre por la sangría , dice con 
razón el doctor Segond , puede tener funes- 
tos resultados, y suele ser mas peligroso y 
perjudicial el uso intempestivo de la fleboto- 
mía en la invasión , que el de los astringentes 
en la declinación. Las circunstancias en que 
es indispensable la sangría son muy raras. 
Solo conviene sangrar, cuando parece la calen- 
tura demasiado fuerte para que ceda á las san- 



guijuelas , y cuando hay temores de una con- 
jestion, y particularmente cuando el hígado par- 
ticipa de la enfermedad, en términos de hallarse 
verdaderamente inflamado (Journ. hebdoma- 
daire, 1835, núm. 6, p. 161 , 165, 167 y 185). 
Las aplicaciones de sanguijuelas al ano , á la 
parte interna de los muslos, han surtido bue- 
nos efectos á Hunnius ( AbhandL über die 
Ursachen und Heilung der Ruhr; Jena, 1797^, 
á Broussais, á Vignes, á Trousseau, á Parmen- 
tier (Arch. gen. de med., t. XIII , p. 380) , y 
áFallot (Arch. gen. de med., t. XIII, p. 299). 

2.° » Emolientes. — Hipócrates preconizó 
principalmente las sustancias gomosas y rnuci- 
laginosas; la mayor parte de los aceites, como 
el de simiente de lino y el de almendras dul- 
ces , se han dado en forma de emulsiones; han 
empleado Pfenninger , Ecker , Hargens y Herz 
el cocimiento de malvas , de malvabisco , de 
liquen islándico , etc. 

3.° » Vomitivos. — Ya aconsejó Hipócrates 
los eméticos en el tratamiento de la disenteria, 
y después de él los han empleado casi todos los 
autores , unas veces para conseguir efectos 
eméticos, y otras para favorecer una diaforesís, 
siempre útil. Stoll quiere que se recurra á ellos 
cuando la calentura es poco intensa y no hay 
dolor fijo en el vientre; Cleghorn en la variedad 
biliosa; Vendelstadt cuando la disenteria está 
complicada con reumatismo. «Los medios mas 
oportunos al principio de la disenteria simple, 
dicen Fournier y Vaidy, son los vomitivos, so- 
bre cuya eficacia están en el día de acuerdo to- 
dos los prácticos» (loe cil. , pág. 374). Baker, 
Adair , Saunders y algunos otros dieron con 
Pringle (Edimb. med. essays, vol. V, artícu- 
lo 15) la preferencia á los antimoniales; pero la 
ipecacuana fué el remedio que mas crédito ob- 
tuvo , llegando á adquirir el nombre de raíz 
antidisentérica y áseradoptadaesclusivamente. 
Piso (Hist. natur. y med. del Brasil , lib. II, 
cap. 9, pág. 37), Helvecio (Remedio contrael 
flujo de vientre; París, 1688), Marais (Ergo dy- 
senter. affect. , radix Brasiliensis; París, 1690), 
Leümitz (Rclatio de novo antidysenlerico ame- 
ricano ; Hannov., 1696), Vater (De ipec vir- 
tul. febrífuga et antidysenterica ; Viten, 1732), 
Linneo ( Oiss. viola ipec. ; Upsal , 1774. Amce- 
nitat. academ. , vol. VIH , pág. 246 ) y Fonta- 
na (Rcmerh. über dic Krankh womil die Euro- 
paer in ivarmen Himmelstrichen und auf tan- 
gen Srereisen befallen verden , trad. de Sten- 
• dal , 1790 , pág. 78). Akenside declara que no 
conocía ninguna contraindicación á su uso , y 
le concedía un poder específico igual al de la 
quina en el tratamiento de las calenturas inter- 
mitentes. Andral la ha administrado con venta- 
ja. «Por nuestra parte creemos después de 
veinte años de esperiencia, dicen Fournier y 
Vaidy , que el tártaro estibiado y la ipecacuana, 
considerados como vomitivos , son igualmente 
convenientes; sin embargo, como el tártaro 
estibiado es mas purgante que la ipecacuana, 
merece sin duda ser preferido cuando las de- 



DISENTERÍA. 



I'l7 



yecciones son nulas ó muy poco abundantes: 
si por el contrario es considerable el flujo , la 
ipecacuana parece ser el emético mejor indica- 
do » (loe. cit., pág. 37i). En nuestros diasno 
goza la ipecacuana de la reputación de especí- 
fico con que la han querido honrar los autores 
que hemos citado , y aunque no deba caerse en 
el estremo en que incurren algunos, diciendo 
que es un medio funesto por punto general, 
( Anual, de la med. fisiolog., t. V, pág. 311), 
á lo menos es preciso reconocer que no en to- 
dos los casos conviene su administración. 

»EI polvo de ipecacuana se ha administrado 
á la dosis de una dracma por Piso , de dos gra- 
nos cada cuarto de hora por Foumier , de un 
grano repetido tres ó cuatro veces al dia por 
Bosquillon y el doctor Pye ( hondón, med. obs. 
and. inq., t. III ), y á muy cortas dosis, de ma- 
nera que solo escite náuseas, por otros médicos: 
este último modo de administración está gene- 
ralmente abandonado en el dia , porque debili- 
ta escesivamente á los enfermos. Clarke, Schle- 
gel, y Annesley preferían unainfusion, hecha con 
medio á un escrúpulo de ipecacuana en seis 
dracmas de vehículo. 

»Ha sido la ipecacuana asociada al opio por 
R ; chter (Med. und. chir., Bemerk , bd. I, pá- 
gina 97 ), al láudano por muchos médicos in- 
gleses en las ludias (ipec. 3J; láudano [)¡j á iij), 
al ruibarbo ( Acl. reg. Soc. Hafn., vol. I, pa- 
gina 33) , á los calomelanos por Ferguson , y 
á la quina y cascarilla por el doctor NYright. 

4.° ^Purgantes. — A consecuencia de opi- 
niones patogénicas , que pronto tendremos oca- 
sión de recordar, se emplearon los purgantes, 
para evacuar los humores pecantes , la bilis , la 
saburra, acumuladas ó viciadas, á las cuales 
solia referirse la disenteria : De'j;ner , Pringle, 
Zimmermatm y Bosquillon ( Med. pract. de 
Cullen , t. II , pág 179) preconizan decidida- 
mente su uso , que no deja de tener inconve- 
nientes según Dehaen y V r ogel. Naumann (lo- 
co cítalo , pág. 92 ) quiere que no se recurra á 
ellos sino en las formas disentéricas mucosa, 
gástrica y biliosa; sin embargo, Sydenham los 
prescribió con éxito en la forma aguda , des- 
pués de una sangría y una fuerte dosis de láu- 
dano; Jackson y Annesley han obtenido tam- 
bién buenos resultados de este método: Hesse 
(De usu evacuantium in dysenteria ; Jena, 
1800) ha espuesto la manera mas conveniente 
de emplearlos. 

«Hunnius dá la preferencia á los purgantes 
suaves, como el maná , la pulpa de caña fístu- 
la, los tamarindos y el ruibarbo, que á Borellus 
(cent. II, obs. 82), Pringle, Stoll , Kichter y 
Biedlin ha producido generalmente favorables 
resultados , mientras que no ha surtido efecto 
áWeber á Naumann y áMundella (Epist. med., 
epist. XII ). Cullen , Liud , Vogel , Wubery 
Clark creen que es preciso limitarse á prescri- 
bir los laxantes oleaginosos , á menos que se 
reconozca la presencia de una acumulación de 
materiales, ó de una constricción , casos en los 



cuales es preciso recurrirá los aceites purgan- 
tes. Fraser (Med. obs. and. inq., vol. II , pá- 
gina 235 ) , Clark, Wright y Jahn (Pract. mu- 
ter. med. ; Erfurt , 1807 , pág. 735 ) , han pre- 
conizado con particularidad el aceite de ricino. 
No obstante , el sulfato de sosa , el de magne- 
sia, el tartratode potasa y los demás purgantes 
salinos han aprovechado muy á menudo en ma- 
nos de Stoll, de Mursinna y de Clark. En la epi- 
demia de 1826 trató Bretonneau mas de cuatro 
quintas partes de sus enfermos con el sulfato 
de sosa ó de magnesia , á la dosis de dos á cua- 
tro dracmas por mañana y tarde. Habiendo ad- 
ministrado el doctor Meyer en una epidemia 
grave el nitrato de sosa á la dosis de media á 
una onza, dice que no perdió por este medio 
sino dos de cien enfermos. (Nouv. Bibl. med., 
1829, t. II , pág 126.) 

«Los calomelanos han sido casi esclusiva- 
ménte adoptados por muchos autores , y Co- 
pland asegura que son el mejor purgante á que 
se puede recurrir en la disenteria asténica ó 
maligna ( loe. cit. , pág. 732): Jackson, Bomp- 
field , Ilichter , Foumier y Vaidy han obtenido 
de ellos buenos efectos , especialmente en los 
niños , cuando había una complicación vermi- 
nosa: unos los han administrado á cortas dosis, 
y otros , por el contrario, á dosis crecidas; pe- 
ro en este caso debe obrar el medicamento co- 
mo preparación mercurial : se les ha asociado 
al opio y á la ipecacuana. O'Beirne ha prescri- 
to una infusión de hojas de tabaco , y algunos 
autores hasta han administrado el estrado de 
la coloquintida á la dosis de diez á veinte gotas 
cada trus horas (Ilecher 's Ann , 1831 ). 

5.° » Diaforéticos. — Muchos autores han 
aconsejado escitar las funciones perspiratorias 
de la piel. Una de las preparaciones mas usadas 
son los polvos de James asociados á los calome- 
lanos ó al opio. Pringle, Vogel y Kichter prefie- 
ren los antimonales.Martinet (Experien. nouv. 
sur les prop.de C álcali volat. ¡luor., París, 1789) 
prescribía de 12 á 15 gotas de álcali volátil en 
un vaso de agua. Keck empleaba la fórmula si- 
guiente : R. emulsión, 8 onzas ; álcali volátil, 
2drac: una cucharada cada dos horas. Reíl 
(Bingeltaube , Diss de dysent. ; Hallé, i&Jl, 
pág. 19) y Bother ( Diss de antimonio dydro- 
tliiode ; Halle , 1801 ) han prescrito ocho gotas 
para los adultos y dos para los niños de hydro- 
sulfuro amoniacal. 

6.° ^Mercuriales. — Las preparaciones mer- 
curiales aconsejadas ya por Libavio (Hornun- 
gii cista med.; Nuremberg, 1835, pág. 2) han 
sido , como queda dicho, empleadas á título de 
purgantes , asociándolas á los sudoríficos. Pero 
Johnson ha prescrito los calomelanos á altas 
dosis para producir la salivación ; Boag (Med. 
faets and obs. , vol IV , núm. 1 ) ha recurrido 
á las fricciones mercuriales, que Houlston ha- 
cia practicar sobre la región del hígado (Samml. 
auserl. Abh. , bd. X, t. III , pág. 379 ) hasta 
determinar el ptialismo. Han propuesto lavati- 
vas con el sublimado corrosivo (B. de subli- 



l'»8 



DISENTERIA. 



mado corrosivo , una octava parte de grano á 
una décima sesta ; vehículo , dos onzas ) Kopp 
y otros autores (Hufel. journ. , 1827, st. IV, 
pág. 94). 

»Es difícil, sino imposible, juzgar de un mé¡ 
todo de tratamiento sobre el cual aun no ha fa- 
llado la esperiencia. 

7.° ^Narcóticos. Opio. — De todos los medi- 
camentos usados en el tratamiento de la disen- 
teria , dicen Fournier y Vaidy , el opio es el 
que ha dado lugar á juicios mas contradicto- 
rios.» Y en efecto , esta sustancia ha tenido, 
como la ipecacuana, encomiadores entusiastas 
y obstinados detractores. Sidenham ( Prax. 
med. , pág. 351 ) , Pringle , Willis ( Pharm. 
ración. , part. I, sect. VIII , cap. 1 ), Etmule- 
ro (Diss. devirt. opii diaphor., cap. 1, t. IV), 
Wedel (Opiologia, pág. 121 ), Richter (loco 
citaío, pág. 9'i), Weikard (Med. prakt. Handb. 
auf Brownische Grundsdlze und Erfahr, ge- 
gründet, 1798, t. II, pág. 493),ThomannfAn«. 
Wurceb. , t. II , pág. 219 y 244 ), Ackerman 
(Bermerk über die Kcnntn. und cur einiger 
Krankh; Leipsic , 1800, pág. 293), Pedro 
Frank (loe. cil. , lib. V, parí. II, pág. 522), 
Horn ( Arch. , bd. VI, pág. 102) y Osiander 
(Denkwürd. aus der Heilk , bd. I!, pág. 75), 
fueron sus mas ardientes defensores. Wepfer 
(Diss. de dysenter. , pág. 40 ) asegura haber 
curado seiscientos disentéricos con solo el láu- 
dano. Ontyd (loe. cit. , pág. 307) , arrebató á 
la muerte inminente doscientos disentéricos; y 
entre ellos una señora, cuyas' estremidades es- 
taban ya frias , tomo una dracma de láudano, 
y curó en pocos días (Acta hagann , t. I , pá- 
gina 1007) ; finalmente , el doctor Latour (Bu- 
llelin de la Soc. des se. phys. de Orleans, to- 
mo I ) no titubea en proclamar al opio como re- 
medio específico, que debe formar la base del 
tratamiento de la disenteria. Por otra parte 
Philumenos dice haber visto casos en que la ad- 
ministración del opio produjo frenitis, coma etc. 
( Aecio, tetrab. III, sect. I, cap. 35); Hufe- 
land no lo juzga conveniente sino en la disen- 
teria reumática , y Brüning lo considera muy 
dañoso en todos los casos ( Ueber die Schad- 
lichkeit des Mohnsafles in der Buhr. ; Gera, 
1794). 

»Háse administrado el opio bajo diferentes 
formas. Broussais daba en una toma por las tar- 
des doce á sesenta gotas de láudano, mientras 
que Fournier y Vaidy dicen que es preferible 
dar solamente cuatro á seis gotas en una taza 
de bebida cada seis horas. Latour administra al 
principio una poción opiada, y después cada 
tres horas una de las pildoras siguientes : R. de 
estrado ac. de opio dracma y media; de estrac- 
to de valeriana y manteca de vacas, de cada 
cosa tres dracmas : háganse 32 pildoras. Otros 
propinan 10 á 30 gotas de tintura tebáica cada 
dos horas, ó 1 á 3 granos de opio en una lava- 
tiva. Según Fournier y Vaidy , lo que conviene 
es dar el opio á dosis refractas y muy repetidas. 

»Los prácticos han asociado el opio con 



gran número de medicamentos: con el emético 
Gesner (tintura opiada simple una dracma; vi- 
no estibiado, tres dracmas: veinte gotas tres ó 
cuatro veces por dia), con la ipecacuana (pol- 
vos de Dover , cuarenta á sesenta granos en las 
venticuatro horas), con el ruibarbo, con los 
calomelanos, Johnson, Leidenfrost, etc. Eisen- 
menger ha preconizado la fórmula siguiente: 
cada tres horas una pildora compuesta de: 
R. opio , un cuarto de grano; calomelanos, un 
grano ; ipecacuana , dos granos. Hope (Med. 
and. phys. journ. of London , t. 111) ha uni- 
do el opio al ácido nítrico (R. ácido nítrico, dos 
dracmas ; opio , dos granos ; agua , dos drac- 
mas; una cucharada pequeña cada tres ó cua- 
tro horas ) ; Cheyne , al nitro ; Wedekind , á la 
quina , á los autiespasmódicos ; Riedlin , á los 
astringentes. 

«Han proclamado la nuez vómica gran nú- 
mero de médicos , como son Montin (Diss. de 
med. Lapon. en laCollec. Haller., t. VI, p. 742), 
Oberteufier ( Hufeland' s journ. , bd. VII , to- 
mo III), y sobre todo Hufeland (en Hufel. jour- 
nal, bd. I , st. I ). En la epidemia de Ostrogo- 
tia , en 1772 , obtuvo Hagestroem tan buen 
éxito de la nuez vómica, que de 225 enfermos 
solo murieron 22 , de los cuales 20 eran niños, 
á quienes no se pudo hacer tornar el remedio 
(Ozanam, loe. cit., pág. 311). Dahlberg( Mur- 
ray , Apparalus medicam., t. I, pág. 715) la ha 
administrado á la dosis de diez granos ; Ohde- 
lius (Abh. der Konigl. Schwed. Akad. der 
Wissensch , 1773 , t. 34) á la de quince; Ged- 
dingo á la de veintiuno (siete granos tres veces 
por dia) , y Hagestroem hasta la de un escrú- 
pulo ; Zellemberg daba de tres á cinco granos 
en las veinticuatro horas á los niños de dos á 
tres años. Hufeland prefería la fórmula siguien- 
te : R. de agua de saúco , seis onzas; mucílago 
de goma arábiga , una onza ; estracto de nuez 
vómica , medio escrúpulo; jarabe de altea, una 
onza: dosis , una cucharada cada dos horas. 

»Martin¡ y John (Auswahl der wirks. AcZ' 
neimittel; Erfurt , 1807 , bd. II , pág. 682 ) se 
han declarado contra el uso de la nuez vómica, 
que á menudo determina accidentes muy gra- 
ves ; Dreyssig (loe. cit-, pág. 89) piensa que 
no se debe echar mano de ella, sino en la disen- 
teria tifoidea , y Naumann ( loe. cit. , pág. 88) 
solo cuando está complicada la enfermedad con 
calentura intermitente. 

»EI estracto de beleño ha sido preconizado 
por Hufeland, Stokcar, Neuforn (Ossiander, 
Diss. de Hyosciami nigri virtut. wed.;Erlang, 
1797, pág. 71), y sobre todo por Mathaei (Ue- 
ber die epidem. Buhr, Hannov., 1797, p. 165), 
quien le daba á la dosis de muchas dracmas en 
las veinticuatro horas. Arnemann no cree que 
tenga eficacia alguna ( Handb. derpract. Med.; 
Gottinga, 1800, pág. 112). 

» El estracto de belladona parece haber apro- 
vechado en la práctica de Gessner (Bibl. de 
Haller, vol. II , pág. 55 ) y de Ziegler ( Beo- 
bacht , pág. 35); el doctor Gouzée (Arch. 



DISENTERIA. 



149 



gen. de med. , t. XXX , pág. 102) ha recurri- 
do con éxito al hidroclorato de morfina, aplica- 
do sobre el abdomen por el método endérmico; 
el acetato de estricnina, á la dosis de una duo- 
décima á una décimasesta parte de grano, ha 
ocasionado á veces un alivio marcado (North. 
Americ, Arch. , noviembre, 1834). En fin, la 
valeriana, el castóreo, el almizcle han sido pre- 
conizados por Backer, particularmente para la 
disenteria reumática. 

8.° » Tónicos. La quina ha sido alabada por 
Mouró {Prcelection. med., Londres, 1776, pá- 
gina 131) , Morlón (Exercit. , t. II , pág. 161), 
Douglas (Diss.dedysent. pútrida, Edimburg), 
1766, p. 35), y Reide {Uebersicht der Krankh. 
der Armee, p. 202). Dreyssig (loe cit., p. 111) 
cree con Gausland (Samml. auserl. Abh., bd. 
IX, st. II , p. 260) , que su tintura es la me- 
jor de sus diversas preparaciones. 

»La corteza de angostura, ha surtido bue- 
nos efectos á Brande (Exper. and. observ. on 
the angostura bark , Londres, 1795),- y á 
Dreyssig (loe. cit., p. 112). 

»La cascarilla ha sido empleada con suce- 
so por Hufeland (Journ. , bd. XV, st. 1, pá- 
gina 152), John (loc.cit., bd. 1, p. 271) y 
Weber (Horns Arch. , julio, 1820, n.° 301). 

»La corteza del sauce ha sido preferida por 
Van Geuns á la misma quina , en el tratamien- 
to de la disenteria pútrida , y Dreyssig le con- 
cede igualmente una eficacia muy notable (loco 
citato , p. 113). 

»La corteza de simaruba ha gozado de bas- 
tante reputación desde la epidemia de 1718 en 
que fué muy útil (Philosoph. Transad., 1732, 
pág 188). Jussieu (Diss. an in inveteratis al- 
vi flux, simaruba , París , 1730) , Kniphof 
(Diss. cort. peruv. succed. quorund. examen, 
Erford , 1744), Overkampf (Diss. de remed. 
especif. in especie de simar., Wirceb, 1742), 
Degner (De dijsenteria , p. 290), (Zimmer- 
mann (loe. cit., p. 495), Monró (Treat. on 
med. and pharm. chimistry , Londres, 1788, 
voi. III, p. 268), y Baumes (Journ. de med., 
junio, 1782, p. 507), dicen haber obtenido 
de ella grandes ventajas. 

»EI colombo ha sido prescrito por Mertens 
(Obser. med. , t. II) , y Percival (Essays med. 
and exper. , Londres, 1772, vol. II, p. 3). 
Richter (loe. cit. , p. 104) , y muchos otros 
autores han hecho uso de la fórmula siguiente: 
R. raiz de colombo, media onza; de infusión de 
camedrios, seis onzas ; de jarabe de naranja, 
media onza; dosis una cucharada de hora en 
hora. 

»EI palo campeche ha encontrado un apo- 
logista en Hunuius (loe. cit. bd. 1, p. 360). 

»La raiz de tormentila ha sido muy alaba- 
da por Lehnhard y Gesenius (Handb. der 
pract., Heilmitlellehre , 1796, p. 202). Qua- 
rin ha obtenido de ella buenos resultados du- 
rante la epidemia de 1762. Empleó las fórmu- 
las siguientes: R. de polvos de la raiz de tor- 
mentila, una dracma; de raiz de ipecacuana, 



media dracma; de opio, cuatro granos; con- 
serva de rosas rojas, jarabe de mirtilon ó aran - 
daño, de cada cosa seis dracmas; dosis, una 
dracma cada dos horas. — R. raiz de tormenti- 
la, media onza ; cuezase por espacio de media 
hora, cuélese y añádase, de agua común cola- 
da también una libra; añádase de goma ará- 
biga media onza, de alcanfor, ocho granos; 
cuatro onzas para una lavativa. 

»La goma kino ha surtido muy buenos 
efectos en manos de Weber y Forthegill. Fried- 
lander la asocia á los aromáticos y á los laxan- 
tes, y la reputa como uno de los mas podero- 
sos antidisentéricos (Naumann, loe. cit., p.90). 
»Han sido asociados los tónicos á los opiados 
y á los laxantes,. por Bang (Act. soc. med. reg. 
Havn, t. I , p. 105), á la ipecacuana, por 
Schmidtmann , al cachón y kino, por Pringle. 

»Es incontestable que el uso intempestivo 
de los tónicos puede tener funestos resultados 
(Grato V, Kraftheim , Epistol. medie. , lib. 2 °, 
pág. 343); pero no hay razón para proscribir- 
los completamente. El mismo Broussais confe- 
saba que se podia recurrir á ellos con ventaja, 
«en el momento en que empiezan á disminuir 
el tenesmo, y á ser mas fáciles las deposicio- 
nes.» En las formas disentéricas, adinámica, 
pútrida, maligna , están formalmente indica- 
dos. También deberá prescribirse la quina 
siempre que haya complicación de calentura 
intermitente ó remitente. 

9.° » Astringentes. — Sé ha empleado el 
alumbre á la dosis de diez granos á medio es- 
crúpulopor Adair (Samml. auserl. Abh, bd. XI, 
pág. 277) , Hargens (Hufel. journ., bd. VI, 
sect. III , p. 137) , y Collin , etc. , asociándolo 
á la goma arábiga, al opio, á los aromáticos, 
á los mucilaginosos , ó á la tormentila. 

»EI cachou , y la goma kino , los ha pres- 
crito Brandt con ventaja en la disenteria de los 
negros (Tode' s med. journ. , bd. X, núm. 1) 
y también Stoll. 

»La salicaria ha sido encomiada por de 
Haen (de tres á cuatro escrúpulos mañana y 
tarde) , y Quarin á la dosis de una dracma do 
dos en dos ó tres en tres horas (Animadv. pr. 
in divers. morb. , p. 220), P. Frank ha ensa- 
yado esta sustancia sin obtener ningún resul- 
tado. 

»EI árnica ha surtido buen efecto á Co- 
llin, á Stoll (Ratio med. , t. I, p. 121, t. II, 
pág. 422 , t. III , p. 160) , á Kausch , parti- 
cularmente en la disenteria tifoidea (Med. und 
chirurg. Herfhar,, Leipsic, 1758). 

"»El agua de cal mezclada con la lecho 
(agua de cal, una libra; leche , dos libras) ha 
parecido muy útil á Grainger (Edim. Vcrsuche, 
bd. II , p. 14), y Geach (Samml. auserl. Abh. f 
t. VIII, st. III, p. 561). 

»La cera ha sido preconizada desde muy 
antiguo (Valeriola, Obs. , lib. III, núm. 4, 
Diemerbroeck, Observ. curat. , núm. 28). Vo- 
gel la hacia derretir en leche (R. cera blanca, 
dos dracmas; leche, media libra). Monró y 



150 



DISENTERIA. 



Pringle preferían la fórmula siguiente : II. de 
cera amarrilla, dracina y inedia; jabón de Es- 
paña, un escrúpulo; agua pura , una dracma; 
fúndase y mézclese exactamente , añadiendo 
una onza de agua moscada y azúcar. Batlie 
hacia disolver la cera en el espíritu de vino, y 
filtraba la mezcla para obtener de nuevo lace- 
ra , que tenia entonces la consistencia de man- 
teca (Pharmacop. Bateana , p. 23). Naumanii 
inserta (loe. cit., p. 82) otras muchas fórmu- 
las propuestas por Huíimann , Sannders , etc. 
C. Hoflman [Von der Ruhr, Munster, 1782, 
pág. 285) y Haner, aseguran haber obtenido 
de este medicamento resultados sorprendentes, 
aun en epidemias graves (Loffler' s neueste 
und nützl. pract. Wahrheiten , etc., Erfurt, 
1805, bd. II , p. 424). Algunos médicos ita- 
lianos han asociado la cera á la manteca de 
antimonio. ArnoULha curado cincuenta disen- 
téricos con esta preparación (Hist. de C Acad. 
roy. des se. , año 1762). 

»La cola fuerte se ha propinado interior- 
mente por Gautieri [Hufel. journ. , t. XVIII); 
el diascordio ha sido empleado con tanta fre- 
cuencia como en la diarrea. 

» Ácidos. — Elucido cítrico fué prescrito por 
Wright {Samml. auserl. Abh., bd. XIII, pá- 
gina 104) de la manera siguiente ¡ R. Succ. 
citrón, uncías tres; sal comm , q. solví po- 
test , add. aq. flor. cham. libram unam, sac- 
char. alb. q. s.: dosis, un vaso cada cuatro ó 
seis horas. 

»El ácido tartárico fué asociado al opio 
por Gcedin (Horri s Arch. , marzo de 1812, 
pág. 284) , el ácido sulfúrico á los mucilagino- 
sos, por Bang , y el ácido nitro-muriático á 
los opiados por Gregor. Hope ha prescrito el 
ácido nítrico de la manera siguiente: R. ac. ni- 
tric. dracmas duas, opü grana dúo , aquae pur. 
uncías duas: dosis, una cucharada cuatro veces 
al día, particularmente en la disenteria cróni- 
ca (Mecí. and. phijs journ. of London, volu- 
men III). 

»EI acetato de plomo, cuya administración 
se ha mirado generalmente como muy perjudi- 
cial, ha surtido buenos efectos á algunos mé- 
dicos ingleses (Lond. med. and surg., volu- 
men XXII, p. 350) como Alción , Burke , y 
el doctor Monin, durante la epidemia de Mor- 
nant , en 1830, en la cual fueron inútiles to- 
das las demás medicaciones.» El éxito, dice 
este médico , no podia ser mas pronto ni mas 
seguro: la escrecion sanguinolenta y el tenes- 
mo desaparecieron desde la primera adminis- 
tración de la mistura siguiente : R. de arce- 
tato de plomo, cuatro granos ; de agua desti- 
lada , dos onzas ; de estrado acuoso de opio, 
de dos á cuatro granos: dosis, una cucharada 
de dos en dos horas» (Rev. méd., t. XXIX, 
pág. 101). Los sulfatos de cobre, de zinc , de 
hierro, lian sido también administrados con 
ventaja, el subnitrato de bismuto ha parecido 
útil después de las evacuaciones sanguíneas, 
á Récamier y Trousseau (Gaz. méd. , 26 de 



febrero, 1833). Lombard lo lia asociado a/ 
opio. 

nAlcalinos. — Martinet (Neue Erfahr. über 
die Eigcnsch. des Alkali, Strasbour-:, 1780), 
Causland (Samml. auserl, Abh. bd. XI, pági- 
na 257), Barker (Med. repósit., 1790, vol. 11, 
n.° 2), Lofller, Langensalz (loe. cü. , p. 233) 
han alabado la potasa sola ú asociada al rui- 
barbo, al opio, ó al aceite. Rademacherha ob- 
tenido grandes ventajas del uso de este medi- 
camento en la epidemia disentérica que reinó 
en Gléves en 1793 (Vogeis Gesundheits Zei- 
tung, bd, II, st. 15 y 16). 

»EI uso de los astringentes exige muchas 
precauciones, y según lo que dice haber ob- 
servado Grato V. Kraftheim (Epist. med. 1. II, 
p. 394) , determinan á menudo graves acci- 
dentes. 

10.° ^Aromáticos. — Marcus, Brown y Vo- 
gler, han preconizado contra la disenteria sub- 
aguda, asténica, maligna, pútrida ó crónica, 
las sustancias aromáticas y escitantes, el pol- 
vo negro ó de Cayenna, la canela y la nuez 
moscada. Bang las hace tomar en la cerve- 
za (Horn's Arch, bd. III, p. 317). Pember- 
ton ha dado el copaiva con buen éxito (R. de 
bálsamo de copaiva doce gotas; yema de hue- 
vo, cantidad suficiente; agua de canela y agua 
destilada , de cada una seis dracmas ; azú- 
car blanca, dos escrúpulos: para tomar cada 
cuatro ó seis horas). 

11.° » Antisépticos. — El cloruro de cal, el 
cloruro de potasa han sido administrados por 
Paulini (cent. III; obs. LXXVI) y Diemer- 
broeck. Jackson ha prescrito con buen resul- 
tado el polvo de carbón , una dracma muchas 
veces al dia. 

12.° vlncertce sedis. — Sin volvernos á ocu- 
par de los estravagantes remedios que hemos 
enumerado al principio, y no creyendo de- 
bernos estender mas sobre algunas otras pre- 
paraciones empíricas, generalmente abandona- 
das en el dia, nos limitaremos á nombrar aquí 
al narciso (un escrúpulo tres veces al dia), de 
cuyo uso aseguran haber obtenido buenos re- 
sultados Loiseleur Deslongchamps, Lejeune y 
Passaguay (Passaguay, Obss. sur l'emploi du 
narcisse des prés dans le travail de la dys. f 
Tesis de París 1833, n.° 170); la raiz de Juan 
López, á la cual debió 0¿anam la curación de 
una disenteria que había durado diez y ocho 
meses (loe. cit., p. 316), y la albúmina que 
Mondiere, sin poder determinar su modo de 
obrar, declara «que cura la disenteria como 
el sulfato de quinina la calentura intermiten- 
te» (Mcmoire sur le trait. de la dysent. par 
Valbumine ; en el diario LExpcrience , 1839, 
núm. 85). Este modo de tratamiento, em- 
pleado igualmente por Bodin de la Pichonne- 
rie (Journ. des conn. medico-chir. , mayo de 
1835) , parece haber tenido los mas dichosos 
resultados, aun en disenterias crónicas muy 
antiguas. Hé aquí la fórmula adoptada por 
Mondiere: R. de agua común dos libras; cía- 



DISENTERIA. 



151 



ras de huevos muy frescos, n.° seis: bátanse 
con cuidado, y después añádase, de jarabe sim- 
ple Ires onzas , y de agua de flor de naranja, 
cantidad suficiente. Los adultos deben tomar 
tres ó cuatro botellas de este saccbarum en las 
24 horas; los niños dos botellas. Se dá al 
mismo tiempo tres veces al dia una media la- 
vativa, compuesta de agua común y tres cla- 
ras de huevo; de suerte que en 21 horas se 
introduzcan de 27 á 30 claras de huevo, que 
representan muy cerca de dos libras de al- 
búmina. 

»E1 primer efecto de este tratamiento, di- 
ce Mondiere, es calmar los cólicos y dismi- 
nuir el tenesmo y los flujos. Por término me- 
dio al cabo de tres horas principian á cam- 
biar de naturaleza las deposiciones y á dismi- 
nuir su número; y esto á veces de una mane- 
ra tan pronta, que hemos visto enfermos que 
habían hecho quince, veinte ó mas deposicio- 
nes en las 24 horas anteriores al uso de la 
albúmina; los cuales no verificaron sino al- 
guna de vez en cuando , y muy distantes 
entre sí, tan luego como hubieron tomado una 
ó dos botellas del saccbarum y empezado á re- 
cibir las lavativas. 

»Hemos visto ceder en el espacio de doce 
á veinte y cuatro horas, sin dejar, por decir- 
lo asi, muestra alguna de su existencia, disen- 
terias muy graves, no solamente poniendo en 
práctica el tratamiento desde el principio de 
la enfermedad, sino aun cuando tuviese ya 
ocho y mas dias de duración. Adviértase ade- 
mas, que es tal la acción de la albúmina, que 
no hay, por decirlo asi, convalecencia, y 
que tan pronto como se detiene el flujo disen- 
térico, pueden los enfermos comer y beber co- 
mo antes y entregarse á sus negocios. 

«Rogamos á los médicos de todos los paí- 
ses, dice concluyendo Mondiere, que hagan 
esperimentos y publiquen sus resultados. Des- 
de ahora estamos seguros que su esperiencia 
sancionará la eficacia de nuestro método, que 
será al fin el de todos los prácticos que se en- 
cuentren al corriente de la ciencia.» (Periódi- 
co l'Esperience, 1839, n.° 86). 

»La mayor parte de las sustancias que aca- 
bamos de enumerar, han sido administradas 
en lavativas, á las que por la ventaja de obrar 
directamente sobre las partes enfermas, con- 
cedieron Vogler ( Von der Ruhr. th. I, cap. IX, 
p. 218), Horn ("loe. cit., p. 259] y algunos 
otros autores una importancia y eficacia que 
la esperiencia está lejos de justificar. Por otra 
parte es preciso convenir con Naumann floc. 
cit., p. 91) en que su administración es co- 
munmente imposible, por los dolores horribles 
que determina la introducción del instrumen- 
to destinado á hacer llegar el líquido á los in- 
testinos. Se han preconizado sucesivamente 
las lavativas mucilaginosas, hechas con un co- 
cimiento de raiz de malvabisco, de simiente 
de lino, de sagú en leche ó en agua, y las la- 
vativas de almidón con ipecacuana ó los opia- 



dos (láudano, de seis á ocho gotas; opio, de 
dos á tres granos; agua de laurel real, de trein- 
ta á cuarenta gotas). Vogler ha llamado anti- 
disentérica una lavativa compuesta como si- 
gue: R. amyli uncias quatuor; terrai Japónica? 
scrupulum unum; opii crud. opt. granum 
unum. Se han propinado también lavativas 
astringentes con el acetato de plomo, el agua 
de cal (Abercrombie) y los ácidos, y lavativas 
escitantes con los trementinados, la copaiva 
(R. mucil. amyli uncias quatuor; bals. copaiv. 
gut. cuadragintaj ; y las mercuriales (un cuar- 
to ó un tercio de grano de sublimado) Hilden- 
brand {Hufel. journ. bd. XIII, st. I, p. 148) 
asegura haber obtenido siempre resultados fa- 
vorables de una lavativa con yema de huevo, 
aunque hubiesen sido inútiles todas las demás. 
«También se han ensayado muchos reme- 
dios estemos. Unos han propuesto las irriga- 
ciones de agua fría sobre el vientre; otros fo- 
mentos calientes y emolientes ó aromáticos 
(Klinge Hufel. journ. bd. VI, p. 900) ó cata- 
plasmas emolientes con láudano; fricciones 
con una mezcla de aceite de manzanilla y del 
de beleño, con opio (R. ungüento aromático, 
una onza; tintura simple de opio, una dracma) 
ó con alcanfor (R. ungüenti aromatici unciam 
unam; camphor. spirit. vin. q. s. solut. drach- 
mam unam); linimentos irritantes con el acei- 
te de crotón tiglio, y el amoniaco. Ricbter em- 
pleaba la preparación siguiente: (R. olei oliva- 
rum uncias sex; liquidi ammoniaci. cauátic. 
unciam unam; tincturse simplicis opii draeh- 
mam unam). Fischer y Blanc han aplicado si- 
napismos sobre el abdomen. «Uno de los au- 
tores de este artículo, dicen Fournier y Vaidy, 
ha obtenido buenos resultados de una disolu- 
ción de tres granos de opio hecha en jugo gás- 
trico, aplicadaen fricciones sobre el abdomen, 
según el método renovado por el doctor Bre- 
ra» {loe. cit., p. 385) O'Beirne {Transad. 
of the k.and qu. coll. of. phys, in Ircland, 
vol. IV, p. 388) aconseja fomentar el vientre 
con un cocimiento de hojas de tabaco (B. ho- 
jas de tabaco, tres onzas; agua, media libra). 
»Hánse visto, dice Burserio, flnslit. medie, 
pract. edición de Leipsic, 1790, t. IV, p. 345) 
diarreas antiguas, y disenterias rebeldes, cu- 
radas por la supuración prolongada de heri- 
das accidentales, de ganglios ingurgitados é 
inflamados r Journ. de medec. de París, 1756, 
t. IV, p. 359). Fundándose en estos hechos', 
Ecker y Müllejr CBaldinger 's neues Magas., 
bd. VI, p. 520) han aplicado vejigatorios á 
los muslos; Hunnius, al sacro; Luid, Stoll, 
Annesley y Neumann, sobre el mismo vien- 
tre: Dreyssig rloc. cit., p. 73) considera este 
medio como uno de los mas enérgicos y efi- 
caces que se puedan oponer á la disenteria 
crónica, opinión de que participan igualmente 
Desgenettes, Fournier y Vaidy {loe. cit., pá- 
gina 404). 

»Los baños calientes, dicen estos dos últi- 
mos autores, son los medios estemos mas po- 



132 



DISENTERIA. 



derosos en el tratamiento de la disenteria; y 
siempre debiera empezarse por ellos, escep- 
luando algunos casos muy raros. Hemos vis- 
to muchas veces en el ejército oficiales ata- 
cados de disenteria, y que parecían hallarse en 
un estado desesperado, los cuales debieron en 
gran parte su mejoría al uso de los baños ca- 
lientes» (loe. cit., p. 386). Vogel y Heíster, 
preferían los baños de calor seco; y Tliomann 
los baños aromáticos. 

«Aunque renunciemos á examinar aislada- 
mente cada uno de los modificadores que 
componen el largo catálogo que se acaba de 
leer, es por lo menos necesario, según hemos 
ofrecido, formular las consideraciones gene- 
rales que deben guiar al práctico en el trata- 
miento profiláctico y curativo de la disenteria. 

»Si la prudente aplicación de la higiene es 
en todas circunstancias el mejor medio de 
mantener el equilibrio funcional que consti- 
tuye el estado de salud, con mayor motivo lo 
será en tiempo de epidemia; y por lo tanto 
debemos colocar en primera línea en el tra- 
tamiento profiláctico de la disenteria, los cui- 
dados que dejamos indicados. Si las locali- 
dades, ó circunstancias poderosas, no permi- 
ten obtener por la ventilación, por las fumi- 
gaciones guitonianas, un aire seco y puro, 
la emigración será un medio poderoso al que 
habrá de recurrirse siempre que sea posible. 
Se evitarán cuidadosamente los cambios re- 
pentinos de temperatura y la impresión de un 
aire frió estando el cuerpo sudando , y para 
alejar estas causas morbíficas, que comun- 
mente se han considerado como eficientes en 
las epidemias disentéricas, se recomendarán 
los vestidos de franela aplicados sobre la piel: 
el ejercicio moderado, los baños tibios ó de 
rio, según la estación, una estremada limpie- 
za, son precaviciones no menos importantes. 
Sin concluir con Wetzler , que después de 
haberse generalizado tanto y haberse hecho 
tan común en Ausburgo el uso de las cebollas, 
son mucho mas raras las epidemias disentéri- 
cas, y que ciertas sustancias gozan de la pro- 
piedad de preservar de la disenteria, es ne- 
cesario sin embargo reconocer que la alimen- 
tación merece un cuidado particular. Pero en 
en esta parte conviene no dejarse dominar de 
las ideas que la doctrina fisiológica ha espar- 
cido en estos últimos tiempos, y acordarse que 
si los escesos de la mesa, las bebidas alcohó- 
licas, el uso de alimentos muy irritantes, 
pueden en algunos casos dar lugar á una di- 
senteria real y decididamente inflamatoria 
esporádica, gran número de epidemias se han 
manifestado bajo la influencia de un régimen 
enteramente opuesto. 

»Nunca serán perjudiciales los alimentos 
sanos, bien preparados y tomados en modera- 
da cantidad, y en muchas circunstancias será 
necesario prescribir una alimentación abun- 
dante y reparadora, y el uso de vino genero- 
so. En la disenteria epidémica que en 174-6 



afligió en Holanda á las tropas inglesas, y en 
la cual estaba tan ardiente el abdomen de los 
enfermos, que se afectaba la mano que lo toca- 
ba, ninguno de los que pudieron procurarse 
vino contrageron la enfermedad (Ozanam, loe. 
cit., p, 289). Cuando en las ciudades sitiadas, 
los campamentos y los buques, la escasez no 
permite llenar estas indicaciones higiénicas, 
será necesario recurrir á los medicamentos 
tónicos y antisépticos, ala quina, al hierro y 
á los clor.uros. Most (Naumann, loe. cit., pá- 
gina 102) Piderit (Aniceisung wie man sich 
vor der jetzt herrschender Ruhr verwahren 
kann, Cassel, 178J) y Krugelstein fNoth 
und Hulfsbuchlein in der Ruhr Ohrdruff, 
1805) aseguran no solo haber evitado la disen- 
teria, siuo también haber hecho cesar sus 
primeros síntomas con el uso de escitantes y 
de diaforéticos. Recordemos finalmente, para 
terminar lo relativo á la profilaxis, las inte- 
resantes palabras de Fournier y Vaidy: «con 
todo, el mejor preservativo es una valerosa 
resignación, sostenida por una razón ilustrada. 
El médico es el que debe dar el primer ejem- 
plo, porque ha contraído, dedicándose á la 
mas noble de las profesiones, el sagrado em- 
peño de consagrarse á la salud de sus seme- 
jantes, y particularmente de sus conciudada- 
nos, sin que le detengan el temor del peligro 
que le amenaza, ni el espectáculo aflictivo de 
la muerte de sus comprofesores (loe. cit., pá- 
gina 410). 

»En los siglos que han precedido al nues- 
tro, dicen Ghomel y Blache, la mayor par- 
te de los médicos habían formado sobre la 
naturaleza de la disenteria, opiniones erróneas, 
según las cuales fundaron métodos de trata- 
mientos diferentes, y casi todos mas ó menos 
perjudiciales. Los purgantes y los tónicos han 
sido largo tiempo, y son todavía para mu- 
chos médicos, los principales remedios que 
se deben oponer á la enfermedad; porque les 
parecen los mas á propósito para evacuar las 
materias irritantes, ó corregir los humores 
pútridos que, según su sistema, son la causa 
inmediata de la disentería. En el día que se 
lia reconocido en la disenteria una afección 
inflamatoria, se la combate en general con 
medios análogos á los que se oponen á otras 
flegmasías» Cloc. cit., p. 563.) 

»Sin entrar por ahora en la discusión de la 
naturaleza de la disenteria , nos apresuramos á 
proclamar que los que hoy no vieran en esta 
afección sino una intlamacion , haciendo de las 
emisiones sanguíneas y de la medicación anti- 
flogística un método esclusivo y general de tra- 
tamiento, seguirían un camino no menos funes- 
to que el que siguieron los médicos de los siglos 
que nos han precedido. ¿Es posible por ventu- 
ra desconocer los numerosos puntos de con- 
tacto que aproximan las disenterias epidémi- 
cas, graves, malignas , al estado tifoideo y á 
ciertas hemorragias pasivas , asténicas ? Esos 
síntomas generales tan caracterizados , desen- 



DISENTERIA. 



153 



vueltos con tanta rapidez, esas petequias y flic- 
tenas, esa complicación escorbútica tan fre- 
cuente, ¿ no tienen significación alguna ; pue- 
den referirse á una flegmasía local , circunscri- 
ta á una pequeña porción del tubo intestinal? 
No ciertamente ; la disenteria, tal vez masque 
ninguna otra afección, exige del práctico un es- 
píritu enteramente libre de toda preocupación, 
y una apreciación ilustrada de todas las cir- 
cunstancias que han determinado ó favorecido 
el desarrollo de la enfermedad; y querer vol- 
ver á reducir su tratamiento á una fórmula 
siempre idéntica, es una pretensión que igual- 
mente condenan la razón y la esperieneia. 

«Solo, pues, tomando en consideración las 
causas apreciables ó probables de la enferme- 
dad, sus principales síntomas , el carácter que 
ofrece, sus complicaciones, la constitución y el 
estado anterior del paciente, podrá llegarse á 
prescribir una terapéutica racional y eficaz; las 
únicas generalidades que pueden estableeerse 
son : 1.° que se debe , siempre que sea posible, 
sustraer al enfermo de las causas que han de- 
terminado , ó que sostienen la enfermedad; 
2.° que las emisiones sanguíneas , muy rara vez 
necesarias, casi nunca aprovechan pasados los 
primeros dias ; 3.° que las preparaciones opia- 
das , útiles en la disenteria apirética , y en to- 
das aquellas en que predomina el dolor sobre los 
demás síntomas (Chomel y Blache, loe. cit., 
p. 36i) , producen por lo común malos efectos 
en las disenterias epidémicas graves; k.° que 
los vomitivos y los purgantes, indicados siempre 
que se reconozca un infarto de las primeras 
vias, aprovechan á menudo en ocasiones en que 
son ineficaces los demás medios , aunque no 
haya indicación alguna que pueda hacer juzgar 
de la oportunidad de su administración; 5.° que 
los tónicos , los aromáticos escitantes , pres- 
critos con discernimiento, son casi siempre los 
remedios mas poderosos que se pueden oponer 
á la disenteria epidémica , llamada por los au- 
tores maligna, pútrida ó asténica; 6.° que los 
vejigatorios y los derivativos son útiles en la 
disenteriacrónica; 7.° finalmente, que en casos 
bastante numerosos suelen ser inútiles los me- 
dios mas racionales , al paso que se obtienen los 
mejores efectos de una medicación esen- 
cialmente empírica , que no pocas veces es de- 
bida al acaso, y que solo pueden justificar sus 
resultados. 

»Para hacer resaltar mas la exactitud de las 
diferentes proposiciones queacabamos de enun- 
ciar, basta recorrer bajo este punto de vis- 
ta las epidemias disentéricas que hemos enu- 
merado. Efectivamente , los evacuantes, daño- 
sos en las epidemias de Londres en 1670 , de 
Breslaw en 1713, de Sajonia en 1746, y de 
Friesland en 1779 , fueron muy eficaces en las 
de Gibraltar en 1815 , de Tours en 1826 , y de 
Bicetra en 1827 ; los narcóticos, favorables en 
las epidemias de Friesland en 1779, y de Jena 
en 1795 , aumentaron los accidentes , y acar- 
rearon el delirio en las de 1666 , observada por 



Morton , y 1798 por Kiel. ¿ Cómo espigaremos 
la acción tan pronta , tan seguramente eficaz, 
atribuida por muchos médicos al narciso de los 
jardines , á la albúmina , al cristal ccrado de 
antimonio, al caldo de cangrejos , etc. ? 

»En vano se buscaría la razón de esta di- 
versidad de resultados en la apreciación de to- 
das las circunstancias de la enfermedad ; de 
modo que involuntariamente nos inclinamos á 
atribuirla á la existencia de fenómenos, que no 
pueden verse ni tocarse, y que dependen in- 
dudablemente de las constituciones médicas. 

»EI tratamiento consecutivo de la disente- 
ría se apoya en gran parte en las indicaciones 
profilácticas que hemos establecido, y á lasque 
nada tenemos que añadir : el aire libre , la in- 
solación , una alimentación sana y fortificante, 
el ejercicio á pie, á caballo , en carruage , se- 
gún las fuerzas de los convalacientes, son los 
primeros medios que deben emplearse ; según 
Fournier y Vaidy , un poco de café después de 
comer produce muy buen efecto en la conva- 
lecencia de la disenteria. Conviene evitar con 
mucho cuidado las impresiones del frió , y es 
muy bueno escitar las funciones de la piel por 
medio de friegas secas, ó lociones de aguar- 
diente alcanforado. En todos los casos debe te- 
nerse presente, que no se ha de dejar re- 
pentinamente el uso de los medios á que haya 
parecido ceder la enfermedad. 

«Naturaleza y sitio. — Se han emitido 
numerosas y muy diferentes teorías acerca de 
la naturaleza de la disenteria. Concediendo Ce- 
lio Aureliano demasiada importancia á la ad- 
vertencia de Hipócrates , de que los disen- 
téricos esperimentan algunas veces fuertes do- 
lores en los muslos, en las nalgas y en otras 
partes del cuerpo, la creyó reumática (Est au- 
tem intestinorum rheumatismus cum ulcere); 
pero esta opinión, reproducida después por Stoll 
y por Akenside («interdum , dice este último, 
hominem et dysenteria et rheumatismo laboran- 
tem curavi. lmmo nonnunquam intestinorum 
tormina cum universi corporis gravi dolore 
conjuncta novi, preesertim earum partium quae 
camosiores sunt») no tiene en nuestros dias 
defensores. Muchos médicos hicieron de la di- 
senteria una afección catarral. Vogel la nombró 
una verdadera gonorrea del recto. P. Frank la 
comparó á la angina (summa plures cynanchis 
species ínter alque dysenteriam ajfinitas in- 
tercedit. Epist., lib. II , p. 2 , §. 691) , en la 
cual, según advierte Foderé, se observan 
también algunas veces aftas, seudo-membranas 
y chapas gangrenosas. Otros han llegado á 
aproximarla al crup ó garrotillo (Jarhb. der 
deutsch. med. un chir. , bd. III , heft. 1). La 
opinión de Broussais y de todos los que después 
de él han hecho de la disenteria una colitis, no 
es enteramente nueva, porque ya se lee en 
Huxham «Vix unquam utique datur dysenteria 
epidémica ubi intestina non sunt, aliquo saltem 
gradu , inflamata» (Oper., t. I, p. 290). Alej. 
deTralles, y después Berends (Diss. de difíi- 



lok DISENTERIA. 

<ult. intest. , p. 3i) , han reunido dos opinio- 
nes diversas , haciendo de la disenteria una 
afección, que participa al mismo tiempo de reu- 
matismo y del catarro. Degner y Zimmerman 
referían todos los fenómenos á la presencia de 
la bilis corrompida por una levadura morbífica, 
y esta opinión ha sido en parte adoptada por el 
doctor Segond , quien admite un orgasmo del 
hígado, que determina la secreción activa de un 
fluidoestimulante.muy propio para aumentar la 
incitación que esperimenta ya la mucosa intes- 
tinal (Journ. hebdom. , 1836 , núm. 6, p. 161. 
— 185). Cullen , Hufeland (en Journ., bd. I, 
p. 89), y Bosquillon la atribuyeron á una cons- 
tricción intestinal : creo , dice el primero , que 
la causa próxima de la disenteria consiste en 
una constricción estraordinaria del colon , que 
dá lugar al mismo tiempo á esos esfuerzos es- 
pasmódicos, que se notan durante los retortijo- 
nes violentos, y que propagándose hasta el rec- 
to , ocasionan las frecuentes deposiciones mu- 
cosas y el tenesmo» (Elem. de med. praí., trad. 
de Bosquillon ; París, 1837, t. II, p. 178). 
No necesitamos volver á insistir en la opinión 
de Linneo (Amcenit. Acad., vol. 5 , p. 97), 
que ha sido abandonada por la imposibilidad de 
demostrar la presencia del accarus dysenterice. 
Dando Huxham á la palabra fiebre ese sentido 
vago y estenso que ha conservado hasta hace 
poco, escribe: «Rectius fortasse dicerem haec 
fuit ipsius febris simptoma, nam ab ipso ssepe 
principio , atque ante ulla tormina , haud levis 
urgebat febriculosus ardor cum pulsu iucitatio- 
re ac liugua scabra» {Opp. , t. I , pág. 284-). 
P. Frank hizo notar que la disenteria, como la 
calentura , ofrecía remisiones y exacerbaciones 
por las tardes , ó durante la noche. Rcederer y 
Vagler (De morb. mucoso , p. 28) la llaman 
hija de la calentura intermitente. Sidenham 
cree que en la disenteria vienen los humores 
acres é inflamados, contenidos en la masa de la 
sangre, á depositarse en los intestinos por me- 
dio de las arterias mesentéricas. Finalmente, 
el doctor Mondiere (journ. VExperience , 1839, 
núm. 85) piensa que en la disenteria se despo- 
ja la sangre de los principios albuminosos. 

«Sin atrevernos á resolver las dificultades 
que se presentan en esta, como en todas las 
cuestiones de patogenia , pensamos sin embargo 
que si en algunos casos puede considerarse la 
disenteria como una simple flegmasía intesti- 
nal, es necesario reconocer con Brown (Elé- 
ments. de med. , trad. de Fouquier , 1805, 
§. 669) que mas ordinariamente, y sobre todo 
en el estado epidémico , depende, como el es- 
corbuto , ciertas hemorragias pasivas, y el es- 
tado tifoideo , de una astenia general, y aun al- 
gunas veces de un verdadero envenenamiento 
séptico verificado por absorción. 

»En cuanto al sitio de la disenteria los an- 
tiguos desde Hipócrates hasta Avicena le han 
colocado en los intestinos gruesos. Coelio Aure- 
liano y Alejandro de Tralles dijeron, que las di- 
ferentes formas con que solía revestirse la en- 



fermedad dependían de la porción intestinal que 
estaba mas especialmente afectada, y que podía 
ser el colon , el recto ó los intestinos delgados. 
Aecio indicó que el yeyuno estaba frecuente- 
mente enfermo, é indicó los síntomas por los 
cuales podia reconocerse su lesión (Tetrab., 
cap. 43). 

«Panaroli parece ser el primero que dijo, que 
los intestinos gruesos , y particularmente el co- 
lon, eran el sitio esclusivo de las ulceraciones; 
opinión que ha sido adoptada por la mayor par- 
te de los médicos modernos. 

«Algunos han pensado, dicen Chomel y 
Blache , que el sitio de la disenteria no estaba 
limitado á los intestinos gruesos , sino que po- 
dia ocupar á la vez todo el conducto intestinal, 
y aun estenderse al estómago y al esófago, aña- 
diendo que los síntomas se pronuncian con pre- 
ferencia en el recto, en razón de su sensibilidad 
mas esquisita y de la mayor acritud de las ma- 
terias cuando llegan á la estremidad del con- 
ducto digestivo. Pero es evidente que en los 
casos en que la inflamación se estiende mas allá 
de su sitíoordinario, y sobre todo cuando ocupa 
el estómago y el esófago , solo es la disenteria 
una parte de la enfermedad. Si por haber en- 
contrado en un disentérico huellas de inflama- 
ción desde la boca hasta el ano , se concluyese 
que la disentería ocupaba todasestas partes; con 
igual motivo habría de concederse en otro caso 
que la gastritis ó la angina podían estenderse 
hasta el recto» (loe. cit. , p. 562). 

»¿Cuál es el elemento anatómico mas ordi- 
nariamente afectado? ¿ Está la inflamación li- 
mitada á la membrana mucosa? ¿se estiende á 
las túnicas subyacentes , y en particular á la 
musculosa? «Aun antes que la anatomía patoló- 
gica , dicen también Chomel y Blache , hubie- 
se decidido esta cuestión , podíase ya creer, en 
vista del color sanguinolento del moco segre- 
gado , que la inflamación se estendia mas allá 
de la mucosa. En efecto, en todos los demás 
puntos de la economía, la exhalación de mo- 
co sanguinolento depende de una enferme.dad, 
que ocupa á la vez la membrana mucosa, y uno 
ó muchos de los tejidos subyacentes, como se 
observa particularmente en la neumonía, y mas 
rara vez en la metritis, cistitis , y en la misma 
enteritis flegmonosa.» 

»¿ Cuál es el elemento primeramente aco- 
metido? ¿Lo son, primero los folículos, y des- 
pués la membrana mucosa , ó estas dos partes 
á un mismo tiempo? Respecto de esta cuestión, 
que no podría resolverse de una manera pre- 
cisa , remitimos al autor á los pormenores que 
hemos dado al principio de este artículo. 

«Clasificación en los cuadros nosológi- 
cos. — La disenteria ha sido clasificada por 
Hoffmann (Medie, ration. system., t. IV, pági- 
na 526), entre las afecciones espasmódícas y 
convulsivas (sect. II , cap. VII); por Sauvages 
en los flujos de vientre (Nosol. met., tomo II, 
pág. 172); por P. Frank en los flujos mistos 
(Med. prat., t. III, p. 501). Cufien hizo de ella un 



DISENTERIA. 



155 



género de su clase de flujos , acompañados de 
pirexia (Elem. de med. prat., t. II, pág. 172); 
Pinel , aproximando la disenteria á las afeccio- 
nes catarrales , la colocó entre las flegmasías 
de las membranas mucosas (Clase 2. a , órd. II); 
y Andral {Cours. de pathol. interne), no que- 
riendo decidirse sobre la naturaleza de la en- 
fermedad , la ha colocado en las afecciones del 
tubo digestivo , entre las alteraciones de las 
secreciones líquidas de la porción sub-diafrag- 
mática del conducto alimenticio (libro I, cla- 
se 2. a , órd. I). 

«Historia y bibliografía. — TV u>n(dv 

hx (De dieta , lib. III , c. XIX). No obstante 
esta proposición , que define casi la disenteria, 
es evidente , como antes hemos dicho , que 
Hipócrates reunió bajo una misma denomina- 
ción la mayor parte de las afecciones intesti- 
nales , y principalmente la disenteria , la diar- 
rea y la lienteria (De affecl., c. XXVI) : «/vr**- 
Tipwi' etiam pro quavis alvi profluvio caperevi- 
detur» Fasii ceconom. in voce Svwjtimv , li- 
bro III). Sin embargo, se encuentran en mu- 
chas partes de sus obras (Afor. sect. III, afo- 
rismo ti y 30; sect. VI , afor. 3 ; sect. VII, 
afor. 7o) pasages que se aplican evidentemente 
á la enfermedad, que nosotros llamaremos di- 
senteria ; y á él debe referirse el origen de 
la opinión relativa á las ulceraciones constantes 
de la mucosa intestinal , que se ha conservado 
intacta durante muchos siglos. 

«Celso (De re medica , lib. IV, cap. XV) 
reemplazó la palabra Kaa/Ti^ix por la de tor- 
mina , admitió la ulceración de la mucosa in- 
testinal , y distinguió la enfermedad del tenes- 
mo y de la lienteria (levitas intestinorurn). 

»Areteo (De causis et sign. diuturn., li- 
bro II , c. IX) trató de indicar las circunstan- 
cias que pueden hacer variar la naturaleza y la 
cantidad de la hemorragia. 

«Coelio Aureliano fMorb. cron., lib. IV. ca- 
pítulo VI) hizo notar que precedían comun- 
mente á la disenteria, la diarrea ó el cólera, y 
refirió á aquella el tenesmo , como uno de sus 
.síntomas {nos denique tenesmum dysenterice 
adjungendum probamusj. 

»Archigenes aseguró que el asiento de la 
disenteria podia estar en los intestinos delga- 
dos , como en el colon (Aetius , Tetrab., III, 
serm. I, c. XLIII). 

«Dando Galeno (De locis afíect., hb. VI, 
c. II) á la paladra disenteria una acepción ge- 
nérica, describió bajo este nombre cuatro es- 
pecies de enfermedades , de las cuales una sola 
corresponde á la afección llamada tormina por 
Celso; y adoptando, relativamente a! sitio, las 
ideas de Archigenes , recomienda prescribir 
unas veces lavativas , y otras medicamentos in- 
ternos. ..... 

«Alejandro de Tralles (lib. VIII, cap. > III) 
es el primero que dá una descripción detallada 
y bastante esacta. 

»En seguida es preciso llegar hasta byden- 



ham para encontrar un progreso en el estudio 
de la disenteria. Este hábil observador hace un 
retrato fiel y completo de la enfermedad , y es 
uno de los primeros que anuncian formalmen- 
te , rebatiendo la opinión de los antiguos, que 
no son constantes las ulceraciones: preconiza 
para su tratamiento el uso del láudano. 

»B;iglivio (Prax. med., lib. I, p. 108) pre- 
tende probar que se encuentra casi siempre, en 
los enfermos que han sucumbido á la disente- 
ria , la gangrena intestinal. Establece que la 
enfermedad es mortal cuando vá acompañada 
desde el principio de náuseas y vómitos: la dis- 
tingue de las hemorroides diciendo, que en es- 
tas se evacúa siempre la sangre antes que las 
heces, y alaba la ipecacuana como remedio es- 
pecífico infalible. 

«Morgagni (De sed. et caus. morb., car- 
ta XXXI) se esfuerza en probar, que las ulce- 
raciones de la mucosa, mucho mas frecuentes 
en el colon que en los intestinos delgados , no 
se encuentran constantemente en los disenté- 
ricos , como ya habia dicho Sydenham ; y hace 
mérito de la hipertrofia mamelonada y de los 
cuerpos carnosos adiposos, que sobresalen al- 
gunas veces en la cavidad de los intestinos , y 
que se han designado después con el nombre 
de abolladuras. 

»Lieutaud (Ess. de med. prat., t. I, pági- 
na 4-77) establece con Baillou tres especies de 
flujos de sangre, el disentérico , el mesentéri- 
co y el hepático: sus descripciones son insufi- 
cientes y nada ventajosas para la ciencia. 

«Aquí principia una nueva era ; era brillan- 
te y fecunda , que inauguraron Zimmerman y 
Pringle. El primero (Von der Ruhr unter dem 
Volke ; Zurich , 1707) por la claridad de sus 
descripciones , y la esactitud de su apreciación 
devuelve el estudio de la disenteria á su ver- 
dadero objeto ; y el segundo {Observations on 
the discases, of the army , Londres, 1772) es- 
parce una nueva luz sobre la disenteria epidé- 
mica; procura establecer con hechos bastante 
numerosos su naturaleza contagiosa , y pres- 
cribe para su tratamiento los mas sabios pre- 
ceptos. 

«Coordinando Pinel (Nosografía filosófica) 
los numerosos materiales aglomerados por sus 
predecesores, coloca la disenteria entre las in- 
flamaciones de las membranas mucosas; re- 
chaza todas las divisiones antiguas , y reduce 
sus especies , antes tan numerosas , á algu- 
nas formas principales bien caracterizadas. Su 
obra guió á la mayor parte de los autores, 
que emprendieron después numerosas inves- 
tigaciones sobre la etiología, la siníomatolo- 
gia ó la terapéutica de la disenteria. A. Gue- 
retin (Mem. sur la dysent. epidem. de Maine- 
et-Loirc ; Arch. gen. de med. t. VII, segunda 
serie, p. 51), á Thomas (Rccherches sur la dy~ 
senterie ; Arch. gen. de med., t. VII, segunda 
serie, p. 455), y á Gely (Essaí sur les altera- 
tions anatomiques, qui consliluent spcciale- 
ment lélat dyscnlerique), es á quienes se de- 



156 



DISENTERIA. 



ben los conocimientos que hoy tenemos de las 
alteraciones dependientes de la disenteria; co- 
nocimientos que se hallan en relación con el 
carácter que la escuela anatómico-patológica 
ha impreso á los trabajos de la ciencia. 

»Eu este corto resumen histórico liemos 
procurado establecer algunos pinitos culminan- 
tes en el vasto campo que vamos á recorrer; 
porque en presencia de los escritos que se han 
publicado sobre la materia , y que por su nú- 
mero, y por la circunstancia de que solo con- 
sideran una parte mas ó menos circunscrita 
de la cuestión , no pueden tener lugar en una 
historia bibliográfica general y analítica ; nos 
hemos visto precisados , á pesar nuestro , y 
contra la costumbre que tenemos, á formar una 
lista, indispensable, no obstante su esterilidad, 
á todos los que quieren profundizar este objeto. 
»Con todo, para llevar algún método en 
esta enumeración , y para facilitar las investi- 
gaciones á que debe servir, indicaremos por 
orden cronológico , y refiriéndolas á las divi- 
siones que seguimos en el estudio de las enfer- 
medades, las principales obras que se han pu- 
blicado sobre la disenteria. 

A. ^Síntomas , formas , variedades , com- 
plicaciones de la disenteria. — Entre los auto- 
res que han considerado la disenteria , espe- 
cialmente bajo este punto de vista , debemos 
citar á Vesti (Diss. de dysent., castrensi, Er- 
furt, 1704); Alberti, (Diss. de dysent. cumpete- 
chiiset purpura complícala, Hallé, 1728); Gru- 
ber (Diss. de febre acuta epidem. exanthemali- 
co dysenterica, Bale, 1747); Triller(Z>edysen/e- 
ria sine dolore, Francfort, 1766); Moseder 
(Diss. de dysent. quam excepit aphonia , Stras- 
bourg , 1775); Barbou {Diss. de dysent. con- 
tag. prcecipué quee índiis Oricntalibus obser- 
vata , Ley de , 1788); Tempel (Diss. de arlhri- 
tide ejusque cum dysenteria connubio , Er- 
furt, 1796); Hunter (Obs. on the diseas, of the 
army in Jamaica, Londres, 1796); Titius 
[Diss. de complic. dysent. febrilibus , Vitem- 
berg, 1797); Deplace (Consider. sur la dysent. 
des pays chauds, París, 1800); Fleury , (Essai 
sur la dysent. considérée plus particulierement 
chez lesmarins, París, 1813) ; Le Roy (Diss. 
sur la dysent. bilieuse , Leyde, 18l6); Ro- 
hertson (Diss. de dys. regionum calidarum, 
Edim., 1817); Bamfield (Trcat. on tropical and 
scorb. dysentery, Londres, 1817); Rulhe- 
ford (De dysent. ¡¡atavia} orientalis, etc., Edim- 
burgo , 1818); L. Franck (De peste , dysente- 
ria, el ophthalmia JEyypt.; Vindoboviae, 1820); 
O'Brien (Obs. on the acule and chronic dysen- 
tery of Ireland , Londres, 1822); Ballingall 
(Pract. obs. on fever and dysentery in India, 
Edimburgo, 1823); Latham (Account of the di- 
sease of penilentiary , Londres, 1825); Annes- 
ley and Copland (¡iesearches into the caus. nal. 
and Ireatm. of diseases of India , Londres, 
1828); Annesley (Sketches of the most preval, 
diseases of India , Londres , 1831). 

B. » Epidemias. — Se han descrito aislada- 



mente muchas epidemias, y como el conoci- 
miento de estas monografías es el único que 
puede dar una idea general y exacta de es- 
ta importante forma de la enfermedad, indica- 
remos: la de Lamonniere (Obs. flux, dysent. 
Lugduni 1625 grassantis, Lyon 1826); Dol- 
firik (Diss. de dys. malig. urbem vinariensem 
depopulante, Jena 1672); Barbeck (De dys. 
anuo superiore 1676 civitati huic epidem., 
Duisbourg, 1678); Wepfer (Diss. de dys. 
pracipué maligna quee 1702 in Clevia grassa- 
taest, Duisbourg. 1703); Hoffmann (Diss. 
de dysent. ann. 1726 epidémica, Hallé, 1727); 
Juncker (Diss. de dysent. pannonica, Hallé 
1732); Büchner (Diss. de singulari quadam 
Indorum oriental, dysent. , Hallé, 1751); Cle- 
ghorn fObs. on the diseases of Minorca, Lon- 
dres, 1751); Vandorpe (Essai sur la dysent. 
qui á regné en F landre, Courtray, 1755); Ba- 
ker (Diss. de calarrho et dysenteria Londi- 
nensis epidemicis, Londres 1764); Tissot (Let- 
tre á Zimmermann sur Vepidemie courante, 
Lausana, 1765); Mertens fDiss. de dysent. 
Viennce, 1763 epidem. observata, Viena, 1766); 
Rodtsperger (Diss. de dysent. Tyrnaviensi, 
ann. 1775 epidem. Tyrnaviae, 1775); De Ten- 
netar (Lctre sur le flux dysent. epidem. en 
Lorraine 1777); Vetillard (Hist. des matad. 
dysent. dans la province du Maine, LeMans, 
1779); Van-Ghert (De dysent. qum grassata 
fuit Bredm 1780, Rotterdam, 1780); Kniking 
(Diss. de dysent. quee anno. 1779 late gras- 
sataest, Duisbourg, 1780); Geach (Some observ. 
on the present epidem. dysent. Londres, 1781); 
Moseley (Obs. on the dysent. of west Indies, 
Londres, 1781); Schcenmeze! (Diss. de dysent. 
annis 1779;— 1781 epidem. Heidelberg, 1782); 
Kragenhof ( Descriptio dysenteria? Neomagen- 
sis anno 1783, Hardewick, 1784); Montgarny 
(Hist. med. pralique du flux dysenterique 
appelé Courée prussienne, Verdum, 1793); Ja- 
vandt CBeobacht. einer Ruhrepid in Meinin- 
gischen, Riga, 1794); Himly (Obs. circa epi- 
démicam hujus anni dysent., Goltinga, 1794); 
Pauli (Geschichte der Ruhrepid zu Maimz in 
Sommer, 1793, Erfurt,1795); Pfenninger und 
Staub CVon den in Zurich Ruhrepidem 1791, 
Bregenz, 1796); Weber fEinige Erfahrun- 
gen ueber die Behandl der jetztigen Ruhrepid, 
Riel, 1798); Zinke (Bemerkungen ueber die 
diesjdhrige Ruhrepid, Jena 1801); Eckner 
(Beitrag. zur Geschichte der Ruhr im Jahre 
1800, Gotha 1801); Dewar (Observ. ondiarrh. 
and dysentery as the appeared in the brilish 
army, during the campain in Egypt., Lon- 
dres, 1803); Taillefer (Diss. sur la dysent. 
observ. dans les pays chauds, París, 1807); 
Duquesnil (Rech. sur la dys. suivies de fhist. 
d'une epidem obs. en Portugal, etc. París, 
1811); Pisani CStoria della dysent. vello spe- 
dale milit. di Manlova, Milano, 1813); Bi- 
geon ( ¡nst. sommaire sur les causes et le trait. 
de la dysent. epidem. dans l'arrondis. de Di- 



DISENTERIA. 



157 



nan, Diñan, 1815); Von Dilleníus {Beobacht 
ueber die Ruhr welche im Russische Feldzuge 
1812 herrschte, Lupwisburg, 1817); Cheyne 
{Med. deposit. of the Whitwoth hospital, etc. 
Dublin 1821); Hornbeck {Annot. in dysenter. 
cum descript. epidem. navalis hujus morb. in 
India occident. obs., Copenague 1825). 

C. »Etiologia. — La oscuridad que rodea 
todavía la patogenia de la disenteria, no ha 
permitido á los autores entrar en largos deta- 
lles sobre este punto, porcuya razón solo enu- 
meraremos un corto número de obras, en que 
se ha procurado inquirir y apreciar la influen- 
cia de un modificador determinado. Citaremos, 
pues, la de Buchner (Diss. de cautius defen- 
denda fruct. hora?orum inproducenda dysente- 
ria, innocencia, Hallé, 1766); Hauues (Die 
Unschuld des Obstes in Erzeugeug der Ruhr, 
Wesel 1766); Sebastian (Diss. de causa dysen- 
teriae verminosas, Duisbourg, 1784); Kreyssig 
(Diss.de peculiaris in dysenteria epid.mias- 
matis, etc. Vitemberg, 1799); Hoffmann (Diss. 
de dysenteriae causa, Francfort, 1801); Gre- 
llet (Recherches sur quelques causes de la dy- 
senterié, París, 1806); Johnson (Essay on the 
influence of tropical climates on European 
constitulion, Londres, 1813). 

D. » Tratamiento.— Las indicaciones ge- 
nerales que deben dirigir al médico en el tra- 
tamiento de la disenteria, son apreciadas por 
cada autor según sus opiniones, y espuestas 
en todas las obras que tratan de esta enferme- 
dad. Asi pues, solo debemos referir aquí las 
monografías consagradas á determinarel valor 
de una medicación especial, considerada en sí 
misma; y en este concepto señalaremos las de 
Lopel (Ergo dysent. opium, París, 1666); Ellain 
{Ergo dysenter. flebotomía, París 1670); ala- 
rais {Ergo dysentericis affection. radix brasi- 
liensis, París, 1690); Leibnitz {Relatio de novo 
antidysenterico americano, Hanover 1696); 
Quatier (An incipienti dysent. prmlantim ab 
astringentibus aut emeticis quam á vena sec- 
tione remedium, París, 1703); de Jussieu(.4rem 
inveteratis alvi fluxibus simarouba, París 1730); 
Water ('Diss. de ipecacoanhai virtule febri- 
fug. et antidysenterica, Wittemberg, 1732); 
Overkampf {'Diss. de remedio speci/ic. in spe- 
cie de simarouba, Virceb, 1742); Kniphof (Diss. 
costicis peruo. succedan. quorundam examen, 
Erford, 1744); Schonen [Relat. von dercurder 
rothen Ruhr durch das pharm. specific polych- 
restum, Francfort, 1744); Desbois {Diss. an 
dysent. ipecacoanhm, 1745); Crell /'Diss. de 
cortice simarouba, Helmst, 1746); Vogel {'Diss. 
de dysent. curalionibus antiquis, Gottinga, 
1765); Linneo {Diss. de viola ipecac, Upsal, 
1774); Munier {Ergo dysenteria} anodina, Pa- 
rís, 1775); Maret ("Memoire pour servir an 
traite de la dysenterie, Dijon, 1779); Fother- 
gill 'On the cure of fluxes by small doses of 
ipecac., Londres, 1780); Martínez {'Esper. 
nouvelles sur les propicies de l'alcali volátil, Pa- 



rís, 1780); Dunker {Ne nonnul. prajudiciis et 
abusibus circa dysent. curam vilandis, Duis- 
bourg, 1782);Guillemin {Diss. an dysent. ano- 
dina, Nancy, 1782); Fowler {Med. reports of 
the effects of tabacco, etc., Londres, 1785); 
Wade {Select. evidences of a successfulmethod 
of treating fewer and dysentery, in Bengal, 
Londres 1791); Banning {Ueber die Schiidlich- 
keit des Mohnsaftes in der Ruhr Neuwied, 
1794); Shaunon {Pract. observ. on the pre- 
vention and cure of discases in hot climates, 
Lódres 179V); Brande {Esper. and observ. on 
the angustura bark, Londres, 1795); Leiden- 
hosti'De usuopii et mercurii in dysenter., Er- 
furt, 1795); Hesse {Disquisit. circa usum eva- 
cuantium in dysent., Jena 1800); Bother {Diss. 
de antimonio hydrothiotfe, Hallé 1801); Wuest- 
ney {Die toohlthatigen Wirkungen der Sauren, 
Leipsic, 1806); Anderson {Journal of the es- 
tablishment of nopal and tuna for prevention 
and cure of dysent., Madras 1808); Thomson 
{De la dysent. et des effels du mercure, París, 
1815); Somer {Medie, suggestions for the 
treatm of dysentery, Londres, 1816). 

E. » Historia general. — Prescindiendo délos 
tratados generales de patología interna, en cuyos 
cuadros hadebido colocarse la disenteria, y que 
hemos tenido ocasión de citar en el discurso 
de este artículo, nos limitaremos á mencionar 
las monografías , que esclusivamente con- 
sagradas al estudio de esta enfermedad, han 
permitido á sus autores entrar en mas esten- 
sos pormenores. Las mas notables son las de 
Buonacossa {De afectu quem Grmci hc%vT(i¡xv, 
Latini tormina appellant , Bolonia 1555); 
Spehrer {Bericht von der rothen Ruhr 1594); 
Guargantt {Responso varia et imprimís de dy- 
sent., Venecia, 1613); Gramann {Bericht von 
der weis. und rothen Ruhr, Haberstad, 1617);. 
Hahn (Vonderrothen ¿?u/ir,H¡ldesheim,1622); 
Lepois {Diss. de la nature, causes et remedes 
des maladies populaires, etc., Pont-a Mousson, 
1623); Hafenrefler {Diss. de dysent. malig. 
epidem. , Tubinga , 1660); Schenck {Diss. de 
dysent. veter. et recent, principiis illustrata, 
Jena, 1664); Cockburn {Profluvia ventris or 
the nature of loosenesses discover, Londres 
1701); Slha\ {Diss. de dysenteria, Hallé 1766); 
Richter {Diss. de fluxu ventris dysent., Got- 
tinga, 1742); Strack {Tentam. medie, de dy- 
sent., etc. , Mayence, 1760); Akenside {Com- 
mentarius dedysenteria, Londres, 1764); Aker- 
mann {De dysent. antiquitatibus , Leipsic, 
1777); Mursinna {Ueber Ruhr und. Faulfie- 
ber, Berlín 1780); Boehmer {Diss. de morb. 
dysent., Hallé 1782); Birnstiel {Diss. de dysent. 
Bruselas, 1778); Young {Diss. de dysent. 
Edimbourg, 1789); Van Boeregcn {Verhande- 
Ungen over de roode Doorts en roodeloop, Den- 
dermonde, 1790) ; Sharp {Diss. de dysent. 
Edimburgo 1794); Engelhard {Ueber dieltuhr, 
Winterthur, 1797); Hunnius {Albhandl. ueber 
die ur sachen und Hetlung der Ruhr f Jena, 



158 



DISENTERIA. 



1797); Vogler (Yon der Ruhr, Giessen 1797); 
Fisher (On that grade of the intestin. slate 
of fewer ünown by the ñame of dysentcry, Fi- 
ladelfia, 1797); Mackensie (Diss. ondysentery, 
Filadelfu 1797); Martini ( Diss. de dysent. na- 
tura, cíe, Jena, 1798;; Rademacher (Libellus 
de dysenteria, Colonia 1806); Horn (Versuch 
ueber die Nalur und Heilung der Ruhr, Erfürt, 
1806); Moutalto (Teoría delta dysent., Genova, 
1819); Vignes (Traite complet. de la dysen- 
terie, etc. París 1825). 

«No creemos necesario volver á indicar 
los diarios de medicina, asi franceses como es- 
trangeros, en los cuales se insertan varias me- 
morias mas ó menos interesantes de que ha 
sido objeto la disenteria; y terminaremos re- 
cordando que se encuentra una esposicion bas- 
tante completa del estado de la ciencia en los 
diccionarios y en diferentes publicaciones aná- 
logas. Entre les artículos consagrados á la di- 
senteria, el de Fonrnier y Vaidy (Dict. des 
sciences medicalcsj á pesar de su antigüedad y 
los defectos de su disposición, es todavía uno 
de los mas notables; y según liemos dicho ya, 
contiene preceptos muy útiles y una esquisita 
y sana apreciación. Los de Roche (Dict. de 
med. et de chir. pratj y de J. Copland (Dict. 
ofpract. med.JSQ recomiendan igualmente por 
su buen juicio analítico; finalmente, al de Nau- 
maun (Handb der med. ClinikJ se le pueden 
perdonar sus muchos defectos por la riqueza 
de su erudición.» (Monneret y Fleury. Com- 
pendium de medecine practique, t. III, p. 76 y 
siguientes). 

ARTICULO V. (1) 

Cólera morbo. 

«Nombre y etimología. — La palabra có- 
lera está formada de x íAt /*» adjetivo deriva- 
do fcÓA* , bilis, y de fio», derramo; flujo bilio- 
so ó de bilis; ó por metonimia de x^'-i 1 "*? canal 
destinado á conducir afuera el agua que cae en 
los tejados durante las lluvias; ó finalmente de 
X i¡7íxr -> intestino, y de /*«, derramo; flujo in- 
testinal. 

«Según Jobard de Rruselas (Gaz. med., to- 
mo III, n.° 49, junio, 1832) el testo hebreo 
dt la Biblia ofrece en dos parages una etimo- 
logía masprobable que las precedentes (Eccle- 
siastico ; cap. VI y el Denteronomio , capí- 
tulo XXVIII, vers. LIX). Con las voces he- 
breas cfioli-rd, enlatin morbusmalus, se desig- 
naba á la enfermedad que nos ocupa, como 51 
mayor azote con que Dios podia amenazar á 
los transgresores de los preceptos escritos en 
el testo de la ley. Augebit dominus plagas tuas 
et plagas séminis tui, plagas magnas et per- 
severantes, infirmitates pessimas et perpetuas 
(chola'im ra'im, acusativo plural). 

(1) La analogía que ofrece el cólera con algunas 
especies de disenteria, nos obliga á colocarle en este 
lugar, sin prejuzgar cosa alguna acerca de su asien- 
to y naturaleza. (Los TT.) 



«Sinonimia — Cólera, cólera morbo. Esp.— 
Cholera, cholera-morbus, cholérée, collerrha- 
gia t choladrée lymphalique, tromsé-galant, ma- 
ladie noire, mortdc chien. Franc. x oM f* Hipó- 
crates; Colera, Celso, Sauvages,Linneo, V'ogel, 
Sagar, Cullen; Cliolera morbus, Sidenham y 
otros patólogos; Diarrhea-cholera, Young;cbo- 
lerragia Swediaur, Chaussier; passio cholen- 
ca, passio fellillua, Aretéo y otros patólogos; 
diarrlwa cholerica, Junck; dysenteria incruen- 
ta, Willis; cholérée, Baumesjcholadreé lympha- 
tique, Bally; psorenteritis, Serres y Nonat. 

«Definición. — El cólera tiene por carácter 
los fenómenes siguientes: vómitos, evacuacio- 
nes alvinas frecuentes, espasmos, con postra- 
ción , en cierto modo, súbita debilidad del pul- 
so, supresión deorinas, calambres enlosmiem- 
bros; accidentes que sobrevienen simultánea- 
mente ó se suceden con grande rapidez, de 
manera que acarrean muy luego la muerte ó 
ceden en corto tiempo. Tal es la única defini- 
ción que se puede dar de esta enfermedad, so- 
bre cuyo asiento y naturaleza se han publica- 
do las opiniones mas contradictorias. 

«División. — Un objeto tan vasto como el 
de que se trata reclama divisiones precisas. 
Todos los patólogos que han tenido la triste 
ventaja de observar últimamente esta formida- 
ble enfermedad , han reconocido que difiere 
notablemente en nuestros climas , según que 
existe esporádica ó epidémicamente, y asi es 
que la mayor parte de ellos han adoptado en 
las descripciones que nos han transmitido, la di- 
visión de su esposicion en dos partes ; una que 
comprende todos los hechos del cólera esporá- 
dico, y otra los del cólera epidémico. Algunos 
observadores, entre los que podemos citar al 
doctor James Copland (A Dict. ofpract. med., 
t. I, pág. 319) , se detienen en el análisis de 
algunos fonómenos predominantes , y han ad- 
mitido en el cuadro que han trazado de este 
mal tres formas distintas: 1.° la forma biliosa; 
2.° la forma flatulenta ; 3.° en fin , la forma 
espasmódica. No creemos que estas diversas 
formas sean tan predominantes, que deba ha- 
cerse de ellas un estudio particular ; pueden á 
lo mas determinar la producción de trastornos 
particulares, y por lo tanto solo merecen espo- 
nerse al hacer el análisis semeiológico del cóle- 
ra. Como todas tres se derivan de las mismas 
influencias , como ofrecen terminaciones casi 
semejantes , y como reclaman un tratamiento 
poco diferente, no habrá inconveniente en con- 
fundirlas bajo estos diversos aspectos. 

«Admitimos desde luego la distinción gene- 
ralmente adoptada de cólera esporádico y cóle- 
ra epidémico , y empezamos por el estudio de 
la primera forma , que es la mas sencilla. 

§. 1. — Cólera esporádico» 

«Vómitos repetidos y numerosos , deyec- 
ciones alvinas frecuentes , que contienen por 
lo general gran cantidad de bilis , dolor fuerte 



COLEBA MORBO. 



159 



en la región epigástrica , que se prolonga mu- 
chas veces á los intestinos; contracción espas- 
módica de los músculos de las paredes abdo- 
minales y de las estremidades pelvianas ó infe- 
riores; un decaimiento rápido con abatimiento 
del pulso y enfriamiento: tales son los fenóme- 
nos que caracterizan por lo general el cólera 
esporádico. 

«Divisiones. — Algunos patólogos, y entre 
ellos Fed. Hoffmann (Med. rat. syst., t. IV, 
part. III , Hal , Magd. , 1734 , pág. 577), apo- 
yándose sin duda en una distinción poco exac- 
ta hecha por Hipócrates ( De ratione vislus in 
morb. acut. , §. IV ) , han establecido dos for- 
mas en la manifestación del cólera, admitiendo 
un cólera húmedo y un cólera seco, segun que 
hay ó no evacuaciones líquidas. Celso (De med., 
lib. IV, cap. XI), Areteo (De caus. et sign. 
morb. acut. , lib. II , cap. IV ) no han sido de 
este modo de pensar, y describen al cólera en- 
tre los flujos de humores. Coelio Aureliano 
(Acut. morb., lib. III, cap. XIX), que ha 
presentado sobre esta enfermedad considera- 
ciones muy interesantes , no admite sino el có- 
lera húmedo, y sin embargo Galeno (in lib. 
Hipp. De vict. rat. in morb. acut., comm. IV, 
pág. 146. Sept. class. venet. apud inutas; 1625) 
insiste en esta división , y añade que el có- 
lera húmedo proviene de humores acres, mien- 
tras que el cólera seco se deriva del espíritu 
flatulento acre. Bianchi ( Hist. hepática , t. I, 
pág. 596; Genova, 17*25) entra en algunos 
pormenores sobre este objeto. Sauvages (Nosol. 
met., t. II , pag. 186 ; Venecia , 1772) colocó 
el cólera en el segundo orden de su novena cla- 
se, que comprende los flujos ; quiso hacer mé- 
rito de las opiniones emitidas por todos los au- 
tores , lo cual le obligó á describir once espe- 
cies de cólera con los títulos que siguen: 1.° cho- 
lera spontánea, 2.° cholera sicca , 3.° cholera 
auriginosa a fungis venenatis, 4.° cholera á ve- 
nenis fossilibus , 5.° cholera á veneno auimali, 
6.° cholera intermittens , 7.° cholera indica, 
8.° cholera inflamatoria , 9.° cholera vermino- 
sa , 10.° cholera arthritica , 11.° cholera cra- 
pulosa. Cullen (Med. practic. , t. II , p. 425, 
trad. Bosquillun ; París 1787 ) describe dos es- 
pecies de cólera morbo: 1.° cólera espontáneo, 
2.° cólera accidental. El cólera espontáneo es 
el que sobreviene en un tiempo cálido , sin 
causa alguna evidente; el cólera accidental es 
producido por materias acres ingeridas. Pinel 
( Nosol. phil. , t. I, pág. 47 ; París, 1810) ha 
hecho del cólera una forma del infarto gástrico; 
admite desde luego que puede ser sintomático, 
esporádico y epidémico (loe. cit. , pág. 69). 
GeofTroy (Dict. des se. med., t. V, pág. 144) 
reconoce la existencia de un cólera simple y 
otro cólera complicado ; Roche confunde el có- 
lera esporádico y el epidémico en una misma 
descripción. Ferrus ( Dict. de med., t. VII, pá- 
gina 458, 1834j parece admitir dos especies de 
cólera esporádico ; uno que se deriva de causas 
que ejercen su acción directamente sobre las 



vias digestivas, y otro que proviene de influen- 
cias que modifican el sistema nervioso general, 
ó primitivamente el cerebro , determinando á 
este motor central á rehacerse de una manera 
morbosa sobre los órganos de la digestión. Es- 
to es , repetir en otros términos , aunque con 
mas claridad, la distinción establecida por Cu- 
llen. Todavía pudiéramos prolongar mucho nías 
la esposicion de las divisiones admitidas por los 
autores; pero preferimos detenernos aquí; por- 
que bien conocemos que nos es imposible ana- 
lizar todo lo que se ha dicho del cólera ; afec- 
ción que por su gravedad y por la intensidad de 
los fenómenos que la caracterizan, ha lijado en 
todos tiempos la atención de los patólogos, y so- 
bre la cual se han publicado innumerables es- 
critos; y por otra parte temeríamos ocupar al 
lector demasiado tiempo con las numerosas re- 
peticiones que se encuentran estudiando este 
punto. 

»S¡n embargo , como es preciso elegir una 
opinión entre tantas diferentes, quisiéramos 
poder decir , sin anticipar cosa alguna de los 
párrafos sucesivos, porqué creemos inútil intro- 
ducir en la descripción del cólera esporádico 
ninguna délas divisiones propuestas; porqué 
consideramos que esta enfermedad es siempre 
la misma , cualquiera que sea la causa que pa- 
rezca haberla ocasionado; por qué sospechamos 
que es un error adoptar diferentes divisiones, 
segun parezca producida la afección por el ca- 
lor, por las bebidas frias , por un esceso en el 
uso de licores alcohólicos, por ciertas sustan- 
cias vegetales, animales, etc., por una altera- 
ción verminosa , inflamatoria , artrítica ó de 
cualquiera otra especie; pero conocemos que 
muchos de los hechos que vamos á examinar 
deben venir en apoyo de nuestra opinión , y no 
queremos manifestarla hasta después de haber- 
los espuesto. 

«Lesiones anatómicas. — Lejos estamos, 
á pesar del gran número de documentos que po- 
seemos sobre el cólera esporádico, de poder dar 
una noticia satisfactoria de los caracteres ana- 
tómicos que acompañan á esta enfermedad. To- 
davía no tenemos las bases necesarias para una 
completa descripción , y nos vemos precisados 
á trazar el cuadro que vamos á presentar, sobre 
indicaciones que, aunque interesantes, no ofre- 
cen toda la exactitud apetecible. 

»Segun un crecido número de autores, pue- 
de suceder que, después de la manifestación de 
los accidentes mas terribles que hayan dado lu- 
gar á una muerte pronta , no se encuentre en 
la autopsia cadavérica lesión alguna, á la cual se 
puedan atribuir tan formidables trastornos. 
Hablando del cólera esporádico el doctor José 
Brown ( The. cyclop. of pract. med., vol. I, 
pág. 382; Londres 1833), establece que, cuan- 
do el mal conduce prontamente á una termina- 
ción funesta, no se encuentra lesión alguna vis- 
ceral ; pero que si sobreviene la muerte'des- 
pues de algunos dias de sufrimiento , y parti- 
cularmente después de haberse desarrollado la 



ICO 



COLERA MORBO. 



gastro-enteritis que sucede a] cólera , la mem- 
brana mucosa del estómago y de los intestinos 
presenta un tinte muy pronunciado. 

«Andral refiere el hecho de una mujer, que 
durante el espacio de siete á ocho dias presentó 
los accidentes del cólera mas intenso , y que 
nueve dias después de la resolución de los 
síntomas coléricos esperimentó vómitos conti- 
nuos y murió. Pasa luego á esponer con sumo 
cuidado la historia de las lesiones que presen- 
taba el tubo digestivo, espresándose en estos 
términos: «El estómago contiene gases y una 
pequeña cantidad de un líquido oscuro , visco- 
so , que parece una mezcla de bilis y mucosi- 
dades. Superficie interna generalmente blanca; 
mucosa pálida; por debajo de ella serpea cierto 
número de venas, medianamente llenas de san- 
gre , que en algunos sitios envían ramificaciones 
desde los músculos á la mucosa; de donde re- 
sulta en esta una ligerísima inyección en cinco 
ó seis puntos diferentes , cuya estension estaría 
representada por una moneda de dos cuartos 
ó de medio duro cuando mas. Consistencia nor- 
mal en todas las partes del órgano , el cual es 
mas delgado hacia su fondo mayor , como debe 
serlo en el estado fisiológico. A la izquierda del 
cardias se notan cinco á seis manchitas more- 
nas , que parecen al pronto pertenecer á la mis- 
ma mucosa , pero que por medio de un examen 
<nas atento y detenido, manifiestan ser un de- 
pósito de la materia oscura encontrada en el 
estómago. Una leve raspadura hizo desaparecer 
estas manchas, sin que se hubiese interesado la 
mucosa. Membrana mucosa de los intestinos 
delgados , generalmente pálida; en su parte in- 
ferior un número bastante considerable de pla- 
cas ó chapas de Peyero , sin.salída ó prominen- 
cia alguna, y punteadas de negro. Adelgaza- 
miento de la mucosa al fin del mismo intesti- 
no ; blandura de la mucosa del ciego, teñida 
de la materia negruzca que llena la cavidad 
del mismo ; algunos parages rojos ó sonrosados 
en el colon , que contiene un líquido oscuro.» 
Andral no cree que puedan considerarse las 
circunstancias reveladas por esta autopsia, como 
capaces de dar razón de los rebeldes y graves 
accidentes que se observaron durante la vida. 
Pues bien, este hecho no es único en la cien- 
cia. Ferrus( Dict. de med. , t. VII, pág. 465, 
2. a edición ) admite también que en algunos ca- 
sos no descubre la mas atenta investigación 
ninguna alteración orgánica, á la cual se puedan 
referir los síntomas; y aun asegura que, si la 
autopsia demuestra algunos desórdenes locales, 
la poca constancia que ofrecen respecto de su 
sitio les hace perder casi todo su valor. 

»No se crea sin embargo que en todas las 
épocas hayan procedido los patólogos con la 
misma reserva en la interpretación de los he- 
chos: no pertenece esclusivamente á nuestros 
dias ese afán de sustentar opiniones hipotéticas 
sobre la naturaleza y asiento de las enferme- 
dades ; desde tiempos muy antiguos han que- 
rido los médicos apoyarse en los resultados 



ofrecidos por la autopsia cadavérica, para sos- 
tener ideas concebidas a priori. 

»Eti algún tiempo se atribuyó el cólera á la 
acritud de la bilis ( Bianchi, loe. cit. , p. 597), 
y entonces en la autopsia de los cadáveres se 
encontraba una bilis negra y muy acre, que des- 
truía el color de algunas telas , y producía 
escoriaciones en los dedos de los anatómicos. 
(Portal, Obs. sur la natur. et le trait. des 
malad. du foic, pág. 202; 1813.) 

»Háse dicho que esta enfermedad, llevada 
á cierto grado, es siempre inllamatoria; y Portal, 
que sostuvo esta opinión criticando á los médi- 
cos que no pensaban como él (loe. cit. , pá- 
gina 591 ) , vio el estómago y los intestinos mas 
sonrosados y rubicundos que en el estado na- 
tural, con mas ó menos tendencia á la infla- 
ción , y aun reducidos al último grado de pu- 
trefacción y de gangrena , y perforados en al- 
gunos parages ; su membrana interna escoria- 
da , destruida por una bilis mas ó menos acre, 
y á veces derrame de una porción de es- 
ta bilis en la cavidad abdominal (loe. cit., pá- 
gina 590). 

»Pero téngase entendido que no se limitan á 
lo espuesto las lesiones que según los autores 
acompañan al cólera. Unas veces está el hígado 
seco , árido , encogido, endurecido; otras se 
presenta mas voluminoso , reblandecido, lleno 
de sangre ó de bilis estancada en sus conductos 
ó en la vejiga de la hiél , que á menudo con- 
tiene cálculos biliarios mas ó menos considera- 
bles ; otras veces está inflamado, endurecido, 
escirroso ó con focos de supuración; algunas 
se halla adherido al estómago, al colon y al 
duodeno. 

»A las alteraciones del hígado que pueden 
producir el cólera morbo, débense añadir las del 
bazo , del mesenterio , del epiploon , y final- 
mente las de las partes que pertenecen al sis- 
tema de la vena porta; frecuentemente se reú- 
nen estas lesiones á las del hígado. Se encuen- 
tran también el estómago y los intestinos adhe- 
rentes al peritoneo , y muy contraidos ó dilata- 
dos; algunas veces los intestinos delgados y aun 
los gruesos están metidos dentro de sí mismos, 
de modo que la porción superior se insinúa en 
la inferior en una estension mayor ó menor, 
formando lo que se ha llamado una intus-sus- 
cepcion de los intestinos. A veces es solo la 
membrana mucosa la que, plegada y relajada, 
forma un obstáculo mas ó menos considerable 
al paso de las materias alimenticias ó escre- 
menticias. (Portal, loe. cit., pág. 589 y 590.) 

»Ya se deja conocer , que con semejante 
cuadro se pueden sostener todas las hipótesis. 
Pero limitándonos á discutir su exactitud, no 
podemos menos de decir, que probablemente 
bajo la denominación de cólera morbo , se han 
confundido multitud de afecciones poco análo- 
gas , y que todos estos documentos carecen de 
valor. Hállanse en esta enumeración suma- 
ria consideraciones poco exactas, descripciones 
incompletas, y de cuando en cuando ciertas 



CÓLERA MORBO. 



161 



lesiones que caracterizan enfermedades cróni- 
cas del lubo digestivo, del hígado, y de las 
vias biliares; signos de peritonitis, de estran- 
gulación intestinal, etc. En vista de todo im- 
posible es dar fé á una relación dictada por 
un espíritu tan poco filosófico , por un ob- 
servador tan poco esperiinentado. Asi, pues, 
los pormenores presentados por Portal no 
tienen en nuestro concepto valor alguno. 

»B¡en sabemos que en estos últimos tiem- 
pos, y en una época muy próxima á nosotros, 
fundándose Roche (Dict. de med. el de chir. 
pral. , tomo V, p. 255) en las investigaciones 
cadavéricas hechas por Gravier (Documents 
sur le cholera morb. de ílnde. Aúnales de la 
medie, phtjsiol. , marzo, 1827) en el teatro 
mismo del cólera morbo, y confirmadas por 
las de Ghauffard de Aviñon (Mémoir , sur le 
cholera morb. en el Journ. gen. de med., ene- 
ro de 1829), ha sostenido el carácter inllama- 
torio de esta enfermedad. «Estos dos observa- 
dores , dice Roche , señalan como lesiones 
constantes: rubicundez del esófago, hinchazón, 
encogimiento, tinte violado, y algunas veces 
ulceración del orificio cardiaco, que deja tra- 
sudar sangre por la presión; inyección profunda 
en forma de chapas jaspeadas; engrosamiento, 
coloración morena de toda la membrana mu- 
cosa del estómago; en no pocos casos, ulcera- 
ción de esta membrana , y otras veces perfora- 
ción del órgano: alteraciones semejantes en el 
duodeno; una inyección capiliforme mas ó me- 
nos estensa de la membrana mucosa del intes- 
tino delgado; finalmente, distensión de la vejiga 
de la hiél por una bilis amarilla. Gravier ha 
encontrado ademas con mucha frecuencia la 
vejiga flogosada , y semejante á un trozo de 
pergamino frotado ó estregado. Ghauffard ha 
visto una sola vez el bazo de doble volumen, 
mientras que Gravier lo ha hallado constante- 
mente en su estado normal; ambos están acor- 
des en decir que el hígado y el páncreas están 
exentos de alteración, lo mismo que los órga- 
nos pectorales y encefálicos. En general son 
tanto menos perceptibles las huellas de la in- 
flamación, cuanto mas cerca de la invasión 
ocurre la muerte; están apenas marcadas, y 
son algunas veces nulas, en los cadáveres de 
los sugetos muertos repentinamente , y que 
han sucumbido á la violencia del dolor y á la 
intensidad de las convulsiones.» 

»Esta esposicion tiene indudablemente mas 
valor que la de Portal; sin embargo, todavía 
no nos satisface. Por de pronto creemos que 
debe hacerse una distinción completa entre el 
cólera de la India, y la afección colérica que 
acomete á sugetos aislados en nuestros climas; 
y acordes en este punto con la opinión de gran 
número de observadores , no podemos aceptar 
la relación de Gravier como valedera , en el 
caso que ahora nos ocupa. En cuanto á los he- 
chos observados por Chauffard de Aviñon, nos 
revelan, en general, alteraciones harto pro- 
fundas, como el engrosauíieuto de la membra- 
TOMO VIII. 



na mucosa intestinal, su coloración morena y 
sus ulceraciones , para que creamos que se 
han desarrollado bajo la influencia de un mal 
tan esencialmente agudo como el cólera mor- 
bo. Chauffard ha dado pruebas de su talento 
de observación, y de su amor á la verdad, con- 
fesando, que son las lesiones tanto menos per- 
ceptibles , cuanto mas cerca de la invasión de 
la enfermedad ocurre la muerte. Analizando 
lógicamente esta aserción , nos creemos con 
derecho á establecer , que entre tantas y tan 
diferentes lesiones, consideradas por los auto- 
res como características del cólera , no hay una 
que no pueda pertenecer á un estado patoló- 
gico diferente; y añadiremos, que por lo menos 
es imposible mirarlas como causas de esta en- 
fermedad , puesto que parecen desarrollarse 
bajo su influencia. Ésta última consideración 
nos esplica perfectamente, por qué las visceras 
presentan tan variadas modificaciones en los 
sugetos que sucumben al cólera morbo; y nos 
enseña á no considerar semejantes alteracio- 
nes como causa de los accidentes coléricos, si- 
no mas bien como uno de sus efectos. 

»Por lo demás, repetimos , que sobre este 
objeto necesita la ciencia documentos mas cla- 
ros y numerosos. 

»Sintomatológi4. — La definición que he- 
mos dado mas arriba, es un cuadro de los ac- 
cidentes sintomáticos que caracterizan el cóle- 
ra esporádico. Necesario es agrupar estos fe- 
nómenos para llegar á conocer su importancia 
semiótica ; tomados aisladamente no tienen 
ningún valor; pero reunidos constituyen un 
tipo perfectamente definido. Por lo común se 
presenta repentinamente, por la noche, y sin 
que ningún trastorno preliminar pueda hacer 
sospechar su invasión. Empieza por calambres 
dolorosos en los órganos abdominales , hacia 
la región epigástrica y umbilical , á los cuales 
siguen muy pronto náuseas, y luego repenti- 
namente vómitos frecuentes, que determinan la 
espulsion de materias abundantes, variables 
en su aspecto y naturaleza. Al mismo tiempo 
se manifiestan cólicos violentísimos , y se es- 
perimeuta la sensación de un peso incómodo 
en las inmediaciones del ano. El enfermo se 
siente atormentado de una necesidad apre- 
miante de ir al sillico, hace copiosas deposi- 
ciones : acosado, ya por los vómitos, ya por las 
evacuaciones ventrales , no goza de ningún 
descauso. Cuando acaba de efectuar una eva- 
cuación , se presenta nueva necesidad de ve- 
rificar otras, las cuales se suceden con nota- 
ble frecuencia ; los músculos de las paredes 
del vientre y el diafragma , esperimentan in- 
cesantemente dolorosos sacudimientos; la car- 
dialgia se exaspera bajo la influencia de estos 
esfuerzos; los labios están encendidos, inyec- 
tados, secos y quemantes; la lengua puntiagu- 
da, encendida en su circunferencia, sus papi- 
las erizadas; el enfermo se queja de un amar- 
gor de boca insoportable, de una sensación de 
ardor en la garganta , de sed intensa ; la de- 

11 



1G2 



CÓLERA MORBO. 



glucion se efectua con facilidad ; pero apenas 
lian llegado los líquidos al estómago, cuando 
son inmediatamente arrojados; la pared abdo- 
minal está dura, tensa, retraída, caliente al 
tacto, y muy dolorida á la menor impresión; 
la frecuencia de los borborigmos acredita la 
grande agitación del tubo intestinal ; se forman 
y desaparecen por intervalos muy aproxima- 
dos, tumores irregulares , en estremo doloro- 
sos , evidentemente producidos por la disten- 
sión de algunas asas intestinales, en razón de 
los gases encerrados en su cavidad. El menor 
movimiento del cuerpo, el menor enfriamien- 
to, la ingestión en el estómago de algunas go- 
tas de líquido , renuevan la necesidad de de- 
fecar. Las materias vomitadas, que al principio 
eran acuosas, mucosas y filamentosas, algu- 
nas veces mezcladas con alimentos , se hacen 
biliosas , negruzcas , verdosas , eruginosas, 
herrumbrosas y porraceas; algunas veces son 
acidas y escitau desagradablemente los dien- 
tes; su aspecto, su olor, su presencia cerca 
de los enfermos , bastan para renovar las náu- 
seas y los vómitos. Las evacuaciones alvinas, 
rara vez configuradas al principio, se vuelven 
biliosas, negruzcas, viscosas y filamentosas; 
despiden un olor desagradable y fétido; á me- 
dida que se hacen mas frecuentes, se declara 
mas el tenesmo. El enfermo se halla atormen- 
tado por eructos continuos , y es frecuente- 
mente acometido de un hipo muy doloroso. Si 
se renuevan los esfuerzos de los vómitos , y 
el estómago está vacío de materias líquidas, 
suelen salir después de inauditos esfuerzos al- 
gunas bocanadas de bilis, mezclada á veces 
con cierta cantidad de sangre negruzca. 

»EI pulso es pequeño , frecuente, concen- 
trado, duro; el corazón se contrae con viveza, 
la respiración es corta, suspirosa, difícil; la 
voz débil, la palabra breve, y el enfermo se 
queja de fatiga si se le precisa á hablar. 

»La cefalalgia, que algunas veces se pre- 
senta al principio del mal, cede prontamente, 
y es reemplazada por una especie de constric- 
ción hacia las sienes y sobre los ojos ; el me- 
nor ruido importuna al enfermo , que se hace 
muy sensible al frió, y se halla sumido en un 
abatimiento moral muy profundo; su ansiedad 
es estremada ; clama que le favorezcan: ideas 
de desaliento y la previsión ó presentimiento 
de un fin próximo asedian su espíritu ; solo se 
mueve á saltos, y si bien so manifiesta una 
escesiva postración desde el principio de los 
primeros vómitos , y particularmente de las 
primeras deposiciones ventrales , se mueve, 
sin embargo, con mucha rapidez. Algunas ve- 
ces queda inmóvil y abatido bajo el peso de 
un aniquilamiento completo ; otras se reani- 
may se agita ejerciendo las acciones muscu- 
lares mas enérgicas: calambres dolorosos se 
manifiestan en los músculos gastronémios, en 
los flexores del muslo, rara vez en la región 
lombar, y con bastante frecuencia en el ante- 
brazo, en los dedos de las manos y de los pies. 



Estos calambres son algunas veces tan violen- 
tos, que arrancan gritos al desgraciado pacien- 
te, y tienen mucha analogía con los retortijo- 
nes intestinales. Hállase el enfermo encorvado 
subre sí mismo, y con el cuerpo muy doblado 
hacia adelante; cont-ráense los miembros y se 
doblan las articulaciones en términos de dar 
un chasquido particular, que percibe el pa- 
ciente. La cara, que al principio estaba anima- 
da, adquiere u:ia palidez espantosa ; está ar- 
rugada como en algunos casos de peritonitis, 
y su espresion es la del mas intenso sufrimien- 
to ó de un aniquilamiento próximo á la muer- 
te ; los ojos se hallan hundidos en las órbitas, 
circuidos de un color negro inferiormente y 
hacia la nariz ; la frente arrugada transversal- 
mente, y fruncida hacia el entrecejo ; las sie- 
nes escavadas , los arcos cigomáticos salientes; 
las orejas retraídas hacia atrás, sumamente 
pálidas y transparentes ; la nariz afilada ; los 
carrillos apretados sobre los arcos dentarios; 
los labios aplastados y pegados á los dientes; 
el mentón prominente y cuadrado , y la región 
milo-hioidea considerablemente enllaquecida. 
Los saltos de tendones, y algunas contraccio- 
nes espasmódicas de los músculos de la cara, 
completan la espresion dolorosa de la fiso- 
nomía. 

»E1 calor de la piel , que al principio pare- 
cía un poco aumentado, disminuye rápidamen- 
te en razón directa de la intensidad de los pa- 
decimientos; las estremidades pelvianas, asi 
como las torácicas, la nariz, las orejas, la 
frente y los carrillos son las partes que prime- 
ro sufren el enfriamiento ; solo en un grado 
muy avanzado y en los casos graves, es cuan- 
do llega á enfriarse la lengua y el aire respi- 
rado sale frió del pecho. Las orinas, poco abun- 
dantes , nada ofrecen de particular, algunas 
veces están completamente suprimidas. 

»EI enfermo, en estremo debilitado y aba- 
tido , cae en lipotimias , en síncopes bastante 
frecuentes ; incapaz de obrar , deja correr por 
su cama las materias fecales , vomita sin mo- 
verse, no pide socorro, y parece que no recla- 
ma sino quietud y descanso ; su voz es débil 
y tanto que apenas puede oírse ; el pulso se 
eleva con dificultad , y presenta una viveza 
estremada , sin dureza; por intervalos se oyen 
algunas profundas inspiraciones. En este esta- 
do se observa algunas veces que se suspenden 
los vómitos, pero les reemplaza un hipo dolo- 
roso ; es eminente el peligro , y el enfermo 
puede sucumbir al momento. 

»Tal es el cuadro de los accidentes del có- 
lera morbo esporádico , según se presenta en 
los casos mas violentos. 

«Puede suceder, que el mal no se desarro- 
lle de repente , que se anuncien los accidentes 
graves muchas horas antes por eructos ácidos 
ó de mal olor, por cefalalgia mas ó menos vio- 
lenta , por frió general , por una sensación de 
peso y de dolor vago en la regiou epigástrica, 
por cólicos , por borborigmos , y finalmente, 



CÓLERA MORBO. 



163 



por náuseas molestas y aflictivas. Pero este 
caso no nos parece muy frecuente. 

«Sucede también bastante á menudo , que 
no llega el mal al periodo que hemos descrito, 
sino que se limita al primero , que es el dolo- 
roso , y no determina ese estado de terrible 
postración que hemos caracterizado. Algunas 
veces se calman los accidentes repentinamente 
bajo la influencia de una medicación apropia- 
da; y otras poco á poco y después de una dia- 
foresis mas ó menos abundante y continua, lle- 
ga á verificarse la resolución de los padeci- 
mientos del enfermo. 

»Curso. — La marcha del cólera esporádico 
es ordinariamente continua , y su invasión, co- 
mo ya queda dicho , súbita, instantánea en el 
mayor número de casos : como las afecciones 
nerviosas , llega en pocos momentos á su mas 
alto grado de intensidad ; como ellas también 
es susceptible de ceder repentinamente , y no 
presenta la marcha sucesivamente decrescente 
que se observa en la resolución de las afeccio- 
nes flogmásicas. Esta convalecencia rápida es 
un hecho, sobre el cual conviene insistir al tra- 
zar la historia del cólera esporádico , porque 
constituye uno de los caracteres mas sobresa- 
lientes de esta enfermedad , siendo muy estra- 
ño que los autores no hayan hecho indicación 
alguna sobre el particular. Sauvages (loe. cit., 
p. 187) v después Morton (Pyretologica , páai- 
na 16. 33 y 81), Torti (De sed., lib. III, c. I, 
p. 12i) y de Meyserey (art. W9 y t. XI, nú- 
mero 21i) hablan de un cólera intermitente, 
que puede alguna vez tomar el tipo terciana- 
rio ; por nuestra parte creemos que estos he- 
chos, mas bien deben figurar en la historia de 
las calenturas intermitentes, que en la de la 
afección que nos ocupa. 

«Duración. — El cólera esporádico es una 
enfermedad esencialmente aguda. Suelen bas- 
tar algunas horas para que llegue á su mas alto 
grado de intensidad; rara vez se prolonga mas 
de las cuarenta y ocho horas, y cuando su du- 
ración es mas larga , debe temerse una solu- 
ción funesta. 

«Terminaciones.— El cólera esporádico es 
susceptible de terminaciones bastante varia- 
das, sobre las cuales no se ha insistido tal vez 
como debiera. Las mas veces no ocasiona en 
nuestros climas consecuencias funestas. Algu- 
nas horas de sufrimiento muy violento, du- 
rante las cuales se manifiesta el cólera con vio- 
lencia ; un corto periodo de abatimiento gene- 
ral , y de padecimientos vagos , de molestias é 
incomodidades, que ocupan la región del vien- 
tre, seguido todo de la pronta restitución á una 
completa salud ; he aquí lo que se observa co- 
munmente. 

«Pero á la verdad , no siempre sucede asi; 
en algunos casos queda después de la manifes- 
tación de los accidentes coléricos , una rubi- 
cundez bastante graduada de la lengua, con 
desarrollo de las papilas y calor de este órga- 
no , sed intensa , anorexia , dolores continuos 



con exacerbaciones en la región epigástrica, 
un poco de tensión y abultamiento del vientre, 
inapetencia , algunas náuseas y vómitos por 
intervalos mas ó menos lejanos. A estos acci- 
dentes se puede unir la astricción de vien- 
tre ; el pulso adquiere anchura , dilatación y 
frecuencia , la piel está caliente , y se difiere 
la convalecencia. Evidentemente en tales cir- 
cunstancias termina el mal por una inflamación 
de las vias gástricas; cosa muy digna de to- 
marse en consideración. 

»Los autores han admitido, que pueden so- 
brevenir hemorragias intestinales durante el 
curso del cólera morbo esporádico. En este 
caso , si la pérdida de sangre es considerable, 
puede sucumbir el enfermo á la debilidad que 
debe resultar : no creemos que esta termina- 
ción sea frecuente. 

«La terminación por la muerte, sin mani- 
festación de accidentes particulares , no es la 
mas común ; sin embargo , se la ha observada 
muchas veces, y ya la hemos descrito al men- 
cionar los síntomas de la enfermedad. 

«Convalecencia, recaídas y recidivas. — 
En los casos simples la convalecencia es pron- 
ta , bastan algunos dias para que el enfermo se 
halle enteramente restablecido ; sin embargo, 
no ha de persuadirse que puede abandonar 
prontamente las reglas higiénicas y profilácti- 
cas que le haya prescrito el médico; porque 
obrando asi, cometería en perjuicio suyo una 
grave falta. Son bastante comunes las recidi- 
vas del cólera esporádico en ciertos sugetos, 
que por su condición ó por su mal régimen, pa- 
recen estar predispuestos á contraerle. Las fre- 
cuentes recidivas acaban por inducir un con- 
tinuo sufrimiento , quedando entonces las vias 
digestivas en un estado fluxionario habitual , y 
desarrollándose varios accidentes de gastralgia, 
enteralgia y gastro-enteritis , contra los cuales 
son comunmente ineficaces los medios tera- 
péuticos. 

«Especies y variedades — Ya hemos visto 
que los autores de patología interna han insis- 
tido tenazmente en la admisión de una multi- 
tud de especies de cólera esporádico , y que la 
división indicada por Cuiten de cólera espontá- 
nea y cólera accidental , fué adoptada por Fer- 
rus. No puede hacerse entre estas dos formas 
distinción alguna sintomalológica ; únicamente 
se puede decir que la segunda presenta en gene- 
ral mucha analogía con una fuerte indigestión, 
y con ciertos envenenamientos por sustancias 
acres. Hemos recordado que James Copland ad- 
mite tres variedades decólera: 1.° cólera bilioso, 
caracterizado por vómitos y evacuaciones alvi- 
nas, notables por su cantidad y frecuencia , que 
al principio están compuestas de materias ali- 
menticias y fecales, y muy luego de bilis en 
abundancia , y que van casi siempre acompa- 
ñadas de espasmos en los muslos y piernas; 
2.° el cólera flatulento , en el cual son raros 
los vómitos y las deposiciones ventrales , los 
retortijones y contracciones musculares del 



16V CÓLEHA MORBO. 

vientre muy pronunciados , y la tumefacción ó 
abultamiento del abdomen muy considerable, 
aunque la disminuyen momentáneamente los 
eructos y la espulsion de gases por el recto; 
3.° el colera espasmódico, cuyos fenómenos 
principales son vómitos y evacuaciones alvinas, 
constituidas solamente por materias acuosas, 
sin apariencia de bilis , y 'espasmos violentos, 
quese hacen generales y van prontamente segui- 
dos de postración de fuerzas. Ignoramos si se- 
ria fácil motivar á la cabezera del enfermo la 
admisión de estas tres variedades ; por nuestra 
parte, en el pequeño número de casos que he- 
mos tenido ocasión de observar, jamás las he- 
mos comprobado. 

«Complicaciones. — El cólera esporádico se 
manifiesta algunas veces en personas que pa- 
decen dispepsias habituales, que esperimentan 
ordinariamente accidentes de gastralgia ; y se 
le encuentra también en sugetos acometidos de 
una gastro-enteritis crónica incipiente. Este 
estado enfermizo de las vías digestivas, influye 
en las recidivas del mal , favorece las recaídas 
y contribuye algunas veces á prolongar la con- 
valecencia. Es importante tener en cuenta di- 
chas complicaciones al tiempo de decidir sobre 
la gravedad de los accidentes coléricos, y de 
prescribir el tratamiento que convenga oponer- 
les. Si se ha de creer á algunos autores, pue- 
den también complicar la afección que nos ocu- 
pa una alteración especial del fluido biliar, 
ciertas degeneraciones del hígado, adherencias 
peritoneales , varios tumores desarrollados en 
el vientre y la invaginación intestinal. Pero 
creemos que por ahora se debe suspender el 
juicio respecto á este punto, y que hasta pueden 
ponerse en duda ciertas aserciones , que no 
tienen mas fundamento que algunos hechos mal 
observados. 

» Diagnóstico. — Muchas afecciones pueden 
simular los accidentes del cólera morbo espo- 
rádico : la gastritis , el cólico de plomo , la pe- 
ritonitis , algunos envenenamientos por sus- 
tancias acres , la invaginación intestinal , cier- 
tas estrangulaciones del tubo digestivo , la he- 
patitis , los accidentes producidos por los cál- 
culos biliarios, ocasionan varios trastornos que 
no se deben confundir con los del cólera. 

»La gastritis se manifiesta en general con 
mas lentitud que el cólera; casi en todo su 
curso la complican accidentes febriles; no oca- 
siona ordinariamente deyecciones alvinas ; y 
su marcha es menos rápida. 

»E1 cólico de plomo vá acompañado de as- 
tricción de vientre ; los síntomas que le caracte- 
rizan se desarrollan con alguna lentitud; nunca 
ocasiona los numerosos trastornos simpáticos 
que se observan en el cólera; y puede desde 
luego referirse á las iníluencias saturninas, que 
no son susceptibles de producir el cólera^ 

»La peritonitis dá lugar á un dolor muy 
vivo , muy superficial , y que ocupa una gran- 
de estension ; ocasiona con frecuencia la as- 
tricción del vientre; no determina los calam- 



bres dolorosos que se observan en el cólera; 
finalmente, procede con mas lentitud en su 
completa manifestación. 

»EI envenenamiento por sustancias acres é 
irritantes se ha confundido largo tiempo con 
el cólera-morbo. Sabido es que Sauvnges ha 
descrito muchas formas de cólera; atribuyendo 
una de ellas al uso de setas venenosas , otra á 
los venenos minerales , tales como el vitriolo, 
los antimoniales, las preparaciones de arséni- 
co , las mercuriales, y otra en fin, á la acción 
tóxica de ciertas sustancias animales. Para es- 
tablecer estas variedades , tuvo presentes el 
sabio nosólogo varios hechos publicados por 
Lemennier (Mcmoires de l'Acad. roí/ des scien- 
ees, 17W), Amato Lusitano (cent. V, observa- 
ción LXXXIV), Fed, Hoímianii (De cholera, 
obs. III), Gesner (De piscibus), Schenckio (De 
venenis), etc.... A pesar de tan recomendables 
autoridades , no creemos que se deba admitir 
semejante confusión , y nos fundamos en los 
caracteres siguientes para distinguir el efecto 
producido por los venenos irritantes. En este 
caso , esperimentan los enfermos una sensa- 
ción de escozor , de constricción , de calor en 
la faringe y esófago , que no se observa en el 
cólera esporádico. Los vómitos preceden siem- 
pre muchas horas á las evacuaciones alvinas, 
y aun á veces no hay diarrea : los calambres 
en los muslos y en las piernas , faltan ordina- 
riamente ; se observan á menudo en los la- 
bios y en las manos de los enfermos manchas 
que denotan la acción cáustica del veneno ; el 
abdomen se hincha en gran número de circuns- 
tancias ; finalmente, sucede con frecuencia, 
como por ejemplo , en el envenenamiento por 
los hongos , que está el sugeto afectado de to- 
dos los accidentes del narcotismo, con vértigos, 
delirio sordo , soñolencia y estupor. Ademas, 
suceden á la aplicación de la sustancia tóxica, 
todos los caracteres de una violenta irritación 
inflamatoria del tubo digestivo , y queriendo 
apreciar con rigorosa atención estos diversos 
fenómenos , es imposible confundirlos con los 
que pertenecen al cólera. 

»Se ha dicho que la invaginación intestinal 
puede confundirse con el mal que describimos. 
Dance, que ha publicado estudios importantes 
sobre este objeto (Rep. gen. <ÍAnat. et de phys. 
t. I , p. 4G2) , dice que las que tienen lugar en 
los intestinos delgados, y que ofrecen general- 
mente poca estension , no determinan al pare- 
cer ningún trastorno en las funciones digesti- 
vas; las invaginaciones de los intestinos delga- 
dos en los gruesos , ó del colon en sí mismo, 
son mucho mas raras , y casi siempre morta- 
les. Si el intestino ciego y el colon ascendente 
han sufrido una dislocación tal, que han venido 
á colocarse en la corvadura sigmoidea del in- 
testino grueso, la ausencia del ciego y colon en 
el lado derecho del vientre dá lugar á una de- 
presión , mientras que á la izquierda se nota 
una elevación longitudinal , un tumor mas ó 
menos voluminoso producido por la masa inva- 



CÓLERA MORBO. 



165 



ginada. Este carácter bastaría para evitar todo 
error de diagnóstico, si el estreñimiento perti- 
naz y los vómitos de materias fecales no hubie- 
sen hecho presentir la existencia de un obstácu- 
lo á la libre circulación de las materias. 

Recordemos brevemente los datos por los 
cuales se puede comprobar este accidente , pa- 
ra hacer ver que es imposible confundirle con 
el cólera. Un dolor abdominal mas ó menos 
fuerte , que suele sobrevenir de repente, y que 
al principio permanece limitado á una corta es- 
tension ; náuseas frecuentes, que muy luego 
van seguidas de vómitos de los alimentos y be- 
bidas , de materias biliosas , y á menudo tam- 
bién de materias eslercorales ; abullamiento 
del vientre con prominencias mas ó menos 
bien circunscritas de sus paredes en regiones 
determinadas; estreñimiento pertinaz , y luego 
trastornos generales, ala verdad bastante pare- 
cidos á los que complican el cólera esporádico; 
tales son los síntomas que se observan en se- 
mejantes casos- La presencia de las materias 
estercorales en los vómitos , la existencia del 
abultamiento del vientre , y el estreñimiento 
pertinaz hacen muy fácil el diagnóstico. 

Un dolor fijo en el hipocondrio derecho, au- 
mento de volumen de esta parte , tensión ma- 
nifiesta derla misma, un estenso sonido á maci- 
zo á la percusión , la ictericia algunas veces, y 
la astricción de vientre, son accidentes que per- 
tenecen á la historia de la hepatitis , y que no 
se encuentran en los coléricos. Accidentes aná- 
logos denotan la existencia de cálculos engas- 
tados ó detenidos en las vias biliarias, sobre lo 
cual insistiremos en otro lugar. El diagnóstico 
del cólera esporádico no podrá en general pre- 
sentar grandes dificultades; son sus caracteres 
bastante marcados para que, en el mayor nú- 
mero de circunstancias, den lugar á duda al- 
guna. 

»Pron'Óstico. — Numerosas circunstancias 
individuales hacen variar el pronóstico ; háse 
dicho que el cólera es en general mas grave en 
los hombres que en las mujeres, y que produ- 
ce consecuencias mas funestas en los viejos y 
en los niños que en las demás edades ; ignora- 
mos si se han formado cálculos exactos que 
confirman este hecho. También se ha pretendi- 
do que el cólera que se manifiesta á consecuen- 
cuencia de una mala digestión , se disipa mas 
pronto, y deja menos restos que el que se des- 
envuelve espontáneamente , creemos que esta 
aserción no es susceptible de una rigorosa de- 
mostración; pero lo que en nuestro concepto no 
admite duda es, que el cólera que se desarrolla 
en individuos , que desde mucho antes habían 
padecido afecciones crónicas ó habituales de las 
vias gástricas ó intestinales , debe considerarse 
como el caso mas grave. Ya hemos indicado 
anteriormente los síntomas que anuncian tal ó 
cual terminación, y por lo tanto no los repeti- 
remos aquí; cuando aparecen ciertos trastor- 
nos, como aniquilamiento del pulso , pérdida 
de la voz , enfriamiento de las estreniidades y 



estado álgido de la lengua , fácil es prever un 
funesto resultado. 

«Etiología.— Sabido es que, al trazar Sy- 
denham (Opera omnia , t. I , p. 106; Genova, 
17*23) la historia del cólera de 1669, decía en 
cuanto á su etiología : «esta enfermedad sobre- 
viene casi constantemente hacia el fin del estío 
y entrada del otoño , como las golondrinas al 
principio de la primavera, y el cuclillo hacia la 
mitad del verano»; aserción que se halla confir- 
mada por el testimonio de casi todos los obser- 
vadores : cualquiera que sea la teoría á que se 
refiera el cólera esporádico, y el punto del glo- 
bo en que se le estudie ; el calor quemante del 
estío parece tener el privilegio de producirle. 
Aunque decimos que el calor favorece su pro- 
ducción, no hablamos de ese calor seco y ar- 
diente que abrasa la atmósfera en las comarcas 
meridionales. El calor propio para el desarrollo 
del cólera está siempre mezclado con humedad, 
y suspendido ademas por mañana y tarde me- 
diante un viento fresco y húmedo , que parece 
venir de las orillas del maro de una gran cor- 
riente de agua situada á sus inmediaciones. No 
por otro motivo los últimos dias de agosto y el 
mes de setiembre , época del año en que el ca- 
lor del dia alterna con el frió húmedo de las no- 
ches , se reputan generalmente como favora- 
bles al desarrollo del cólera esporádico. Fácil 
es comprender que si, fuera del orden regular 
de las estaciones ó de las circunstancias loca- 
les, causas particulares viniesen á producir ac- 
cidentalmente las citadas disposiciones , debe- 
rían también acarrear el cólera. 

»Hay otras modificaciones en las condicio- 
nes atmosféricas , que al parecer favorecen 
igualmente el desarrollo de esta cruel afección. 
En efecto , en un escrito que se debe al doctor 
Searle (On cholera , 1829) se refiere el hecho 
siguiente, que tiende á haceradmitircomo cau- 
sa del cólera una mala composición del aire at- 
mosférico. En el mes de agosto de 1829 , á las 
inmediaciones de la escuela de Clapham, auna 
legua de Londres, se abrió y limpió unalbañaló 
sumidero de las materias pútridas que lo atasca- 
ban. Estas materias se depositaron en un jardín 
perteneciente á la misma escuela , y esparcie- 
ron en el aire un olor pútrido muy intenso. 
Uno ó dos dias después de esta operación un 
alumno del establecimiento fué acometido de la 
forma esporádica del cólera, y á los dos dias 
fueron afectados de la misma enfermedad otros 
veinte niños , de treinta que contenia el esta- 
blecimiento, de los cuales sucumbieron dos. 
Las autoridades médicas mas recomendables 
que se consultaron en esta ocasión, no dudaron 
en admitir la influencia de los efluvios proce- 
dentes de dichas materias pútridas en la pro- 
ducción del cólera. 

»Sea como quiera, es preciso no referir sola- 
mente á las modificaciones atmosféricas la pro- 
ducción de esta enfermedad. Desde los tiempos 
mas remotos la han atribuido los autores al uso 
escesivo de ciertos alimentos y de determina- 



166 



CÓLERA MORBO. 



das bebidas. Háse reconocido, por ejemplo, que 
las bebidas frias, tomadas en gran cantidad 
cuando está el cuerpo sudando; que los helados 
ingeridos en el estómago inmediatamente des- 
pués de la comida ó durante el trabajo de Ja di- 
gestión ; que algunas sustancias alimenticias, 
como las carnes , los pescados ahumados ó al- 
terados ; que el tocino, las almejas, las ostras 
rancias , ó de una naturaleza particular ; que 
los huevos de algunos pescados , como los del 
barbo y sollo; que muchas sustancias vejetales, 
como los hongos , las setas , las ciruelas , las 
uvas, los albérchigos, los albaricoques , la fre- 
sa, el melón , el cohombro y el pepino , etc., 
pueden ocasionar los accidentes coléricos. 

»Háse también admitido que ciertas sustan- 
cias purgantes y los eméticos pueden dar lugar 
al cólera ; Fed. HoflYnann (Med. rat. syst. , to- 
mo IV, part. III, p. 58V; Hal., Magd., 1734) 
reconocía con Khodio (Cent. II , obs. LXXIII), 
Foresto (iib. XXVIII) y Stalpart van del Wiel 
(Cent. I , obs. XII) , la existencia de esta cau- 
sa. Creemos que en semejantes casos , mas 
bien se observan los caracteres de un envene- 
namiento, que los del cólera. 

»Este mal se ha manifestado algunas veces 
bajo la influencia de una fuerte impresión mo- 
ral, como un acceso de cólera ó un grande pa- 
vor. Mahon (Enciclop.) asegura que las emo- 
ciones fuertes pueden alterar la leche de las 
nodrizas, de manera que el niño sea inmedia- 
tamente acometido del cólera. Aserción es esta 
que casi todos los autores de patología han re- 
petido, pero que no sabemos si se apoya en ob- 
servaciones rigorosas; también se ha dicho que 
el acto de la cópula, ejercido después de comer, 
puede determinar el cólera. 

»Areteo (De sig. et caus. morb. , lib. III, 
cap. 4) admite que relativamente á las diferen- 
tes edades los jóvenes y los hombres están mas 
espuestos á los ataques del cólera que los niños 
y los viejos; aserción que parece exacta, pues 
se la encuentra repelida en casi todas las his- 
torias que se nos han dado del cólera esporádi- 
co. Algunos médicos pretenden que las muje- 
res estén un poco menos espuestas que los 
hombres. 

»No queremos insistir mas en la etiología 
del cólera esporádico. En resumen, nos parece 
que las observaciones recogidas hasta el dia no 
son bastante numerosas, para que se pueda tra- 
zar una historia completa de esta enfermedad, 
y nos hemos visto obligados á repetir lo que 
otros autores han dicho antes que nosotros, sin 
tener los elementos necesarios para dar sobre 
este punto un dictamen definitivo. 

»Tbatamiento. — Los medios terapéuticos 
que sucesivamente se han recomendado y ala- 
bado contra esta afección , difieren en ra- 
zón de las diversas teorías que se han emitido 
sobre este objeto. Areteo quería que al princi- 
pio del mal se respetasen las evacuaciones ; y 
no procedía á detenerlas, sinocuando comenza- 
ban á manifestarse una escesiva ansiedad y la 



postración de las fuerzas ; entonces prescribía 
el uso del agua fría, del vino ligeramente aro- 
matizado; recurría también á algunos revulsi- 
vos enérgicos aplicados á la piel; recomendaba 
el uso de ventosas entre las escápulas y sobre 
el vientre; preconizaba las friegas en los miem- 
bros y en la columna vertebral; contaba asi- 
mismo con la ventilación, que puede, dice, 
reanimar los espíritus; y aseguraba que en una 
época avanzada del mal era el caso superior á 
los recursos del arte , y convenia que el médi- 
co encontrase un motivo ó pretesto honroso 
para retirarse. Celso (De med., lib. IV, cap. X) 
prescribía \¡n tratamiento análogo, queriendo 
también aguardar, antes de emplear ningún me- 
dio activo , á que no hubiese crudeza. Syden- 
ham (loe. cit.) participaba de esta manera de 
pensar , diciendo: no hay por qué detener des- 
de el principio del mal la impetuosidad de los 
humores, y oponerse á la evacuación natural, 
empleando los narcóticos y los astringentes; an- 
tes al contrario eso seria encerrar al enemigo 
en lo interior, y matar infaliblemente al enfer- 
mo. Hoffmann (loe. cil.) convenia en que contra 
esta enfermedad es preciso y urgente obrar sin 
perder momento: «quo citíus et in principio 
suecurritur cholera, eó felicior evadit curatio»; 
pero sin embargo recomendaba facilitar las 
evacuaciones al principio. Cullen (med. prat., 
t. 11, p. 428; París, 1787) quería que al prin- 
cipio se favoreciese la evacuación de la bilis 
superabundante por el uso de los diluentes sua- 
ves , y que mas tarde se detuviese la irritación 
por los narcóticos. 

»Pueden reasumirse en los siguientes coro- 
larios las indicaciones formuladas por los pató- 
logos antiguos, y á su ejemplo por algunos mé- 
dicos modernos : 1.° dar libre salida al produc- 
to irritante que contienen las vías digestivas; 
2.° calmar las modificaciones patológicas, que 
su presencia ha ejercido sobre la membrana 
mucosa, con sedantes poderosos; 3.° reanimar 
las fuerzas abatidas por medio de los escitantes 
cutáneos. 

»En 1813 colocó Geoflroy (Dict. des scien. 
med., t. X., p. 143) el cólera entre las fleg- 
masías de la membrana mucosa digestiva , y 
sin recomendar el uso de la sangría , porque la 
postración de las fuerzas era, en su concepto, 
una contraindicación de este medio , preconizó 
en el tratamiento del cólera esporádico el uso de 
agentes análogos á los que se habian propuesto 
hasta su tiempo. Broussais confundió también 
el cólera-morbo con la gastro-enteritis; pero 
mas adelante juzgó que esta inflamación se ha- 
llaba modificada por un agente específico (Cours 
de pathol. et de ther. gen. , t. V , p. 478). Sus 
partidarios no procedieron con tanta reserva; 
Boisseau hizo de él una forma de gastritis so- 
breaguda (Nosol. organ., t. I , p. 154) ; Gra- 
vier sostuvo el mismo dictamen , aunque con- 
viniendo en que el mal se presenta al principio 
bajo la forma nerviosa (Anual, de la med. phy- 
siol. , marzo de 1827); y Boche creyó referir 



CÓLERA MORBO. 



167 



los accidentes coléricos á su verdadera causa, 
atribuyéndoles un origen inflamatorio. Estas 
ideas teóricas hicieron adoptar el régimen an- 
tiflogístico en el tratamiento de la enfermedad 
que nos ocupa : para los casos graves se reco- 
mendaba la aplicación de quince , treinta ó 
cuarenta sanguijuelas al epigastrio , según las 
fuerzas del sugeto, y aun se proponía reiterar 
estas aplicaciones algunas horas después de 
las primeras , tantas veces como fuese nece- 
sario. Debería preferirse el agua pura á cual- 
quiera otra bebida , porque la gomosa era de- 
masiado nutritiva : los baños no podían dejar 
de ser útiles. Finalmente , era necesario haber 
disminuido mucho los accidentes por esta me- 
dicación gástrica ; era preciso que el estado del 
enfermo no permitiese seguir empleando las 
evacuaciones sanguíneas, para que se comenza- 
se á prescribir el láudano ó el estrado de opio. 

Cullen fSynop. nosol. meíh., t. II, p. 210; 
Edimburgo, 1795) había colocado el cólera en 
su orden III, espasmos, y esta opinión ha en- 
contrado algún eco entre nosotros en estos úl- 
timos tiempos; muchos patólogos no han vis- 
to en la afección de que vamos hablando, mas 
que una hipercrinia intestinal, que sobrevie- 
ne bajo la influencia de una perturbación ner- 
viosa; Ferrus (Dicl. de med., t. VII, p. 461), 
que no se declara formalmente sobre este 
punto, deja sin embargo entrever la misma 
opinión, y nosotros la adoptamos sin vacilar 
un momento, y nos esplicaremos categórica- 
mente respecto de ella, cuando tratemos de la 
naturaleza del cólera epidémico. Por lo tan- 
to nos hallamos en el caso de preconizar, tal 
vez, un método terapéutico un tanto diferen- 
te de los que antiguamente se han recomen- 
dado. 

»No creemos que sea útil respetar los vó- 
mitos y las deposiciones ventrales, que en gran 
número de casos indican el principio del mal; 
antes al contrario, nos parece mucho mas tra- 
bajoso suspender desde luego estos fenómenos 
espasmódicos, y no podemos admitir que sea 
necesario tratar al cólera esporádico como una 
indigestión. 

»E1 doctor Menard (Gazeia med., t. III, 
n.° 22, 1832) se esplica en los términos si- 
guientes, respecto del tratamiento del cólera. 
«La esperiencia nos ha probado que el mejor, 
el único medio en la mayor parte de los casos, 
es el opio, y el opio en sustancia (estrado go- 
moso) introducido en el estómago en tan cor- 
to vehículo como sea posible, y á dosis pro- 
porcionadas á la intensidad del mal. El láuda- 
no líquido de Sydenham y los demás compues- 
tos del opio, no tienen tan buen éxito y son 
perjudiciales por el tiempo que hacen perder 
en vanas tentativas. 

«Nosotros administramos el opio á la do- 
sis de uno ó dos granos, de cuarto en cuarto 
de hora, hasta que se reprimen totalmente los 
vómitos. Varios enfermos han tomado hista 
doce granos en el espacio de algunas horas, 



y nunca hemos observado efecto narcótico no- 
table. Debe hacerse una advertencia de suma 
entidad, y es, que desde la primera dosis de 
opio, ha de prohibirse severamente toda bebi- 
da. (Es sabido que Alfonso Le Roi quería que 
se dejase al enfermo sufrir la sed, permitién- 
dole solo humedecer la boca con algunas bo- 
canadas de agua fria, que no debia tragar. G¡- 
raud, Diss. sur le chol. morb. tesis de París, 
1812, n.° 63). No se obtiene la menor venta- 
ja sin la mas completa sumisión á este pre- 
cepto; sin embargo, como la sed de los colé- 
ricos es espantosa, conviene engañarla, colo- 
cando en la boca pequeños trozos de hielo, de 
la magnitud de una almendra. 

»EI bielo es un escelente ayudante de la 
acción del opio. Cuando el enfermo lleve tres 
horas sin vomitar, se le darán pequeñas bo- 
canadas ó sorbos, reiterados con frecuencia, 
de limonada helada. A los pocos instantes en- 
cuentran calma y alivio, y casi todos se cu- 
ran sin convalecencia. El tratamiento del có- 
lera morbo, por violento que sea, no dura mas 
que veinte y cuatro horas, á no ser que la en- 
fermedad entre en su segundo periodo; es de- 
cir, que pase al estado de flegmasía 

»Sin embargo, difiere el tratamiento del 
cólera en los niños de corta edad, en los cuales 
es mas largo , y tal vez mas aventurado. Ca- 
si nunca hemos tenido ocasión de felicitarnos 
por la administración del opio en los niños 
de pecho. Hemos reemplazado este medio con 
el hielo y caldos ó sustancias heladas, y re- 
sultados inauditos, y aun diremos casi mila- 
grosos, nos han probado, que este método es 
el único aplicable al tratamiento de los cóle- 
ras mas graves que atacan á las criaturas. Hé 
aquí nuestro procedimiento: si el vómito y las 
evacuaciones alvinas persisten mucho tiempo 
y han reducido al enfermo á los últimos apu- 
ros, le quitarnos ó privamos totalmente el pe- 
cho, y le damos cucharaditas de sustancia de 
arroz ó de caldode pollohelados, y aun le hace- 
mos chupar el hielo cuando arroja la primera be- 
bida. Algunas Yeces le colocamos en un baño 
tibio. Cuando estamos ciertos de haber ven- 
cido el espasmo intestinal, lo cual es eviden- 
te si han pasado dos ó tres horas sin evacua- 
ciones ó sin vómitos, dejamos que nuestro en- 
fermito mame algunas bocanadas, teniendo 
cuidado de que medie un intervalo de tres ó 
cuatro horas antes de permitirle otra nueva 
alimentación. 

»En resumen, nuestro método consiste en 
tener á nuestros enfermos, asi grandes como 
pequeños, á una dieta estremada, y combatir el 
espasmo de los intestinos que consideramos 
como la causa del cólera, en los niños por me- 
dio del hielo y algunas veces del opio, y en el 
resto de los sugetos de cualquier edad y sexo 
y de todas condiciones, con el opio gomoso á 
altas dosis. 

»Estos medios no escluyen de ninguna ma- 
nera las friegas y aplicaciones esteriores; de- 



1G8 



CÓLERA MORBO. 



liemos decir sin embargo, que rara vez nos 
hemos visto obligados á recurrir á ellas, por- 
que vuelve el calor vital después de la inges- 
tión de cierta dosis de opio, á consecuencia 
del restablecimiento del equilibrio normal; 
efecto que se estiende también á los dolores 
del vientre y á los calambres de los miembros. 

»De»de 1823 hasta fin de diciembre de 
1831, continúa el doctor Menard, he asistido 
á ciento cincuenta individuos poco mas ó me- 
nos, de todas edades y sexos, atacados de có- 
lera mas ó menos grave, y solo he perdido al- 
gunos niños, para los cuales he sido general- 
mente llamado muy tarde, ó que me he obs- 
tinado en tratar con las preparaciones opiadas. 
Desde 1827, época de mis primeras curacio- 
nes con el hielo, cuento muy pocas desgracias, 
y aun creo que estas no han dependido en 
en su mayor parte del método de tratamiento, 
sino de que no he hallado en los asistentes en- 
cargados de emplear los medios indicados, 
aquella obediencia ilustrada y pasiva, que tan 
necesaria es para obtener buenos resultados.» 

»Por nuestra parte no creemos que se ha- 
ya de oponer siempre al cólera el mismo 
tratamiento, cualquiera que sea la edad, la ro- 
bustez ó la fuerza, y el estado de salud habi- 
tual del sngeto atacado. Pensamos sí que al- 
gunas reglas terapéuticas son aplicables á 
gran número de enfermos; pero no admiti- 
mos que en circunstancias particulares, no 
deban ser modificadas según el predominio 
de tal ó cual accidente. 

»Para que el enfermo no esperimente frió, 
debe estar acostado en una cama bastante 
abrigada, pero no hay necesidad de cargarlo 
de cubiertas; la habitación que ocupe ha de 
ser capaz, ventilada, fresca, igualmente res- 
guardada de la luz, del ruido y de los olores 
desagradables ó muy fuertes. Será preciso de- 
jar en lo posible sosegado al enfermo y no 
inquietarle con esas precauciones asiduas, 
con esos cuidados no pocas veces importunos, 
que le obligan á responder á cada instante á 
preguntas multiplicadas, y que pueden muy 
bien despertar especialmente su atención so- 
bre la gravedad del mal de que está acome- 
tido. La tranquilidad, la calma de espíritu, 
la ausencia de toda inquietud, de toda pena 
moral un tanto fuerte, son muy necesarias en 
los sugetos atacados del cólera. 

«Empero no bastarían estas precauciones 
higiénicas para disipar los accidentes de una 
enfermedad tan formidable. Es necesario em- 
plear medios mas activos para aliviar al pa- 
ciente. Si fuese posible rehusar en todos los 
casos á los sugetos afectados las bebidas acuo- 
sas que reclaman con tanta insistencia, des- 
de luego se concibe que sería muy ventajoso 
seguir regularmente las indicaciones de Me- 
nard. Mas es preciso haber asistido á esa es- 
cena dolorosa, para comprender cuan difícil 
es obtener de los enfermos tanta confianza 
como se necesita, para que se resignen á un 



precepto que es para ellos el mayor tormen- 
to: necesario es haberse visto acometido uno 
mismo de los accidentes de este mal cruel, 
para valuar todo el consuelo, todo el alivio 
que se esperimenta humedeciendo la boca 
con bebidas, é introduciendo en el estóma- 
go cierta cantidad de un líquido fresco, que 
atenúe momentáneamente la sensación dolo- 
rosa que se esperimenta: y es preciso, en fin, 
haber sufrido aquellos vómitos frecuentes, pa- 
ra poder apreciar cuan dolorosos son cuando 
sobrevienen estando el estómago vacío. Algu- 
nos sorbos de un líquido frió, como el agua he- 
lada, una infusión ligera aromatizada y hela- 
da, como las de tila, de flores de naran- 
jo, etc.... líquidos que pueden asimismo ser- 
vir de vehículo para la administración del 
opio ó de la belladona (un cuarto de grano 
cada cuarto de hora), son un medio bastante 
útil y que parece á propósito para obviar las 
principales dificultades. Al mismo tiempo es 
preciso obrar sobre las vias intestinales: una 
lavativa de cocimiento de arroz y almidón, con 
la adición de quince á veinte granos de goma 
tragacanto, y veinte á treinta gotas del láu- 
dano de Sydenham., administrada en peque- 
ña cantidad, puede moderar los accidentes 
relativos á las funciones intestinales. Rostan 
ha tenido muchas veces ocasión de compro- 
bar sus ventajosos efectos. Las embrocacio- 
nes en el vientre, hechas con el bálsamo tran- 
quilo de Ghomel, ó con un linimento sedan- 
te compuesto del modo siguiente, (R. dos on- 
zas de aceite de almendras dulces; una drac- 
ma de alcanfor; media dracma de tintura te- 
báica; fiat S. A.) contribuyen en algunas cir- 
cunstancias á aliviar á los enfermos. Convie- 
ne llamar el calora las estremidades, frotan- 
do la piel con franelas calientes, secas ó hu- 
medecidas con algunas gotas de un alcohola- 
do, como el agua de colonia, el agua de es- 
pliego, el bálsamo de Fioraventi, etc.; los pe- 
diluvios calientes é irritantes ó unos sinapis- 
mos que envuelvan las estremidades, pueden 
producir el mismo efecto; pero en razón de 
los dolores que ocasionan, suelen exasperar 
los accidentes. Varias ampollas de estaño lle- 
nas de agua caliente, y colocadas convenien- 
temente en la cama del enfermo, bastan co- 
munmente para calentarle. Uno de los mejo- 
res procedimientos de que se puede echar 
mano para atender á esta necesidad, es el ba- 
ño caliente á la temperatura de 32 á 36 gra- 
dos Reaumur: procura un calor suave y re- 
partido con igualdad en toda la periferia; dis- 
minuye los calambres y obra como antiespas- 
módico. Sin embargo, solo puede aprovechar 
este medio, cuando no está el enfermo muy 
debilitado, y es preciso renunciar á él cuan- 
do los vomitivos y las evacuaciones se suce- 
den con frecuencia, y no permiten al sugeto 
guardar mucho tiempo la misma posición. 

«Puede no obstante suceder, que á pesar 
del uso de esta medicación racional, se pro- 



COLERA MORBO. 



169 



longuen los accidentes, continuando con la 
misma intensidad, y el médico vacile ó se vea 
precisado por el enfermo ó los asistentes a 
recurrir á otro tratamiento. En ocasiones se 
vomitan las bebidas tan luego como llegan 
al estómago, y con ellas los calmantes ad- 
ministrados; y las deyecciones, que se suce- 
den con frecuencia, no permiten al enfermo 
conservarla lavativa, por mucilaginosa que 
sea, todo el tiempo que sería necesario para 
que ejerciese su acción sedante sobre el tu- 
bo intestinal: entonces no se debe contar 
con los calmantes administrados al interior, 
porque estando los órganos digestivos en con- 
tinua convulsión, rechazan los medicamentos 
que se someten á su acción, ó se ponen en 
contacto con sus paredes, y su acción es evi- 
dentemente nula. Fouquier y Orfila han visto 
desaparecer en pocas horas todos los acciden- 
tes del cólera esporádico con el solo auxilio de 
un ancho vejigatorio, aplicado sobre la parte 
del vientre que corresponde al estómago y al 
lóbulo izquierdo ó mediano del hígado. No de- 
ben estos hechos ser estériles para la ciencia, 
y en los casos en que el cólera se manifestase 
con grande intensidad, no dudaríamos poner 
en planta un medio que ha producido efectos 
tan ventajosos, y ademas secundaríamos su 
acción haciendo servir, según el proceder in- 
dicado por Lisieur y Lembert (Arch. gen. de 
med., t. V, p. 158) la superficie cutánea pri- 
vada de epidermis, para la absorción de sus- 
tancias medicamentosas sedantes. Un vejiga- 
torio, estemporáneamente establecido con la 
pomada amoniacal, puede ser en semejante ca- 
so una via muy ventajosa, para introducir los 
agentes terapéuticos cuyo uso está indicado. 
Después de haber levantado la epidermis, se 
espolvorea la superficie con dos ó tres granos 
de hidroclorato de morfina; ó mejor aun, se re- 
duce esta sustancia á una pasta blanda por la 
adición de una corta cantidad de agua; se es- 
tiende en una gamuza ó tafetán impermeable 
de la anchura y estension del vejigatorio: se 
pone en contacto con la superficie nueva que 
dejó el desprendimiento de la epidermis, y se 
sostiene todo el aparato con unas tiras aglu- 
tinantes ó de tafetán inglés. Media hora basta 
algunas veces para obtener efectos sedantes y 
para que se contengan los vómitos, las depo- 
siciones y los calambres; entonces conviene 
quitar el tafetán cubierto del hidroclorato de 
morfina, lavar la herida del vejigatorio, y cu- 
rarla con cerato simple; porque la aplicación 
muy prolongada de tres granos de dicha sal, 
pudiera determinar accidentes del narcotismo. 
»Algunas veces persisten los vómitos bas- 
tante tiempo, aunque se hayan disipado los 
demás trastornos que caracterizan al cólera 
esporádico; la lengua no está encendida, la 
sed tampoco es intensa, no es enérgica la reac- 
ción, nada anuncia que el estómago sea el 
asiento de una congestión inflamatoria; pero 
los vómitos continúan por una especie de há- 



bito morboso. Se ha propuesto sucesivamen- 
te contra este síntoma incómodo el uso del 
alcanfor, del almizcle, del colombo, del éter 
(Deville, Mem. etobs. sur le cholera du Ben- 
gala , 1819), etc.; pero conviene advertir que 
son muy raros los ejemplos de curación de- 
bidos á su uso. En tales circunstancias pare- 
ce estar indicada la mistura antiemética de 
Riverio, que en efecto ha detenido algunos 
vómitos que hacia mucho tiempo se renova- 
ban por intervalos mas ó menos largos. Este 
medicamento se compone del modo siguiente: 
una onza de jarabe de limón, media de zumo 
de cidra, tres de agua común, media de car- 
bonato de potasa. No se debe mezclar el carbo- 
nato de potasa con la poción hasta el mismo 
momento de administrarla, porque debe be- 
bería el enfermo cuando se establece la reac- 
ción química; se verifica la efervescencia y se 
desprende con abundancia gas ácido carbóni- 
co. Se ha propuesto otra poción antivomitiva, 
que se compone de un modo casi semejante: 
se hace hervir en diez onzas de agua, hasta 
reducirla á seis onzas, una dracma de raiz 
de colombo; se cuela y se añade un escrú- 
pulo de carbonato de potasa, seis dracmas del 
zumo de limón y veinte y cuatro gotas de láu- 
dano líquido de Sydenham. Esta preparación 
se administra cada cuarto de hora á cucha- 
radas de á media onza de líquido. La poción 
debe conservarse en una botellita exactamen- 
te tapada. Esta segunda preparación no pue- 
de componerse tan pronto, y se prefiere ge- 
neralmente hacer uso de la de Uiverio. 

Háse notado por muchos observadores la 
aparición de varios fenómenos inflamatorios 
que parecen desarrollarse bajo la influencia 
del cólera esporádico. Apenas se han calma- 
do los síntomas espasmódicos, cuando se vé 
sobrevfMiir una fuerte calentura, acompañada 
de rubicundez de la lengua, con prominencia 
de las papilas, sed viva, anorexia, náuseas, 
vomituriciones y vómitos, abultamiento del 
vientre, dolor mas ó menos intenso en la re- 
gión epigástrica, estreñimiento ó diarrea. Es- 
tos fenómenos merecen toda la atención del 
médico y reclaman el uso de una terapéutica 
particular. La dieta, las bebidas diluentes, los 
baños tibios, las cataplasmas sobre el vientre, 
la sangría del brazo, ó mejor aun, la aplicación 
de sanguijuelas en número mas ó menos con- 
siderable al ano ó en la pared abdominal, y 
las lavativas emolientes, constituyen la base 
del tratamiento, que es preciso emplear con 
perseverancia, hasta disipar completamente 
los accidentes que han exijido semejante me- 
dicación. En una palabra, si bien no pensa- 
mos que sea preciso recurrir en todos los ca- 
sos indistintamente á los medios antiflogís- 
ticos, tampoco vacilaremos en ponerlos en 
uso, cuando se manifiesten fenómenos de irri- 
tación inflamatoria. 

»No se ha de perder de vista á los enfer- 
mos cuando entran en convalecencia, porque 



170 



COLEnA MORBO. 



las recaídas son, como queda dicho, bastante 
frecuentes; provienen casi siempre de irregu- 
laridades en el régimen alimenticio que se 
prescribe á los enfermos; y es preciso cuidar 
de evitarlas vigilando con atención la natura- 
leza y la cantidad de los alimentos que se 
concedan cada dia. Al principio bastarán al- 
gunos caldos ligeros; mas tarde se pueden 
permitir preparaciones de féculas, y hasta 
pasados algunos dias después de haber des- 
aparecido los accidentes, no se consentirá que 
los enfermos coman carnes, legumbres, fru- 
tas, etc. En general, conviene obrar en esto 
con tanta mas prudencia y circunspección, 
cuanto mas propensos estén los sugetos á los 
accidentes coléricos. 

»Hánse preconizado contra el cólera es- 
porádico muchos tratamientos empíricos. Et- 
mulero alababa el uso de los purgantes y 
eméticos; Hallé empleaba algunas veces una 
poción en la que entraba la ipecacuana, aso- 
ciada á los calmantes, y de la cual dice Ga- 
llereux (Joum. gen. de med., t. LV, p. 158) 
haber obtenido grandes ventajas. Estas di- 
versas medicaciones se han puesto en uso con 
motivo del cólera epidémico, y nos propone- 
mos apreciar su valor cuando tracemos la his- 
toria de esta enfermedad. 

«Hemos insistido tanto en el tratamiento 
del cólera esporádico, porque sabemos que 
esta enfermedad es una de las que puede cu- 
rar en poco tiempo la asistencia ilustrada del 
médico, y porque por la intensidad y rapidez 
de su curso reclama medios prontos, efica- 
ces, y una medicación activa; hemos indica- 
do las principales opiniones emitidas sobre 
este punto, á fin de que nuestros lectores 
puedan formar su opinión sobre estos datos; 
finalmente, hemos creido necesario manifestar 
y desenvolver nuestro modo de pensar, para 
que sirva de guia á los médicos, que no han 
adquirido esperiencia particular sobre esta 
formidable enfermedad. 

«Naturaleza y clasificación en los 
cuadros nosológicos. — ¿Deben referirse á 
una alteración particular del fluido biliario 
los accidentes que caracterizan el cólera es- 
porádico? ¿Se han de atribuir á una modifica- 
ción inflamatoria de la membrana mucosa 
gastro intestinal los graves trastornos que 
marcan su existencia ? ¿ Debe el cólera consi- 
derarse como un flujo activo simple, que se 
efectúa en la superficie de los intestinos? 
¿Toma el sistema nervioso una parte impor- 
tante en la producción de esta enfermedad? 
Tales son los principales problemas á que es 
preciso dar solución en este artículo. 

»Ha sido mucho tiempo considerado el 
cólera como una especie de envenenamiento 
dimanado de una modificación particular en 
las cualidades de la bilis. Esta opinión ha si- 
do prohijada por gran número de gefes de las 
escuelas médicas, y si la autoridad de los 
grandes maestros nos hubiera de guiar siem- 



pre en nuestras discusiones científicas, no 
deberíamos dudar en admitirla. Empero si se 
consultan los hechos, si se invocan los resul- 
tados ofrecidos por la química orgánica y por 
la anatomía patológica, se reconoce muy lue- 
go, que esta teoría carece de apoyo y funda- 
mento, que no descansa en datos presentados 
por la naturaleza, que en fin, no se desprende 
de una observación rigorosa. La bilis en los 
sugetos atacados del cólera, no presenta cua- 
lidades particulares en el mayor número de 
casos; el estado de la membrana mucosa gas- 
tro intestinal no revela en su superficie el 
tránsito de una materia irritante y corrosiva; 
los accidentes patológicos observados durante 
la vida, como los calambres en las estremi- 
dades, el aniquilamiento del pulso, la pronta 
convalencia, no están en relación con este 
supuesto envenenamiento; de modo que es 
preciso confesar, que respecto de este punto, 
los anales de la ciencia están llenos de opinio- 
nes erróneas. 

«Pinel, cuyo recto juicio todos reconoce- 
mos, Pinel, que profesaba una aversión deci- 
dida á las doctrinas humorales, no ha emiti- 
do una opinión acertada cuando ha dicho (loe. 
cit., p. 47) «el orden de las afinidades no per- 
mite considerar al cólera morbo, como de di- 
ferente naturaleza que al infarto gástrico.» Si 
este sabio médico hubiese tomado en cuenta 
las numerosas observaciones de este género 
que ha debido recojer, no hubiera por cierto 
asimilado dos condiciones patológicas en todo 
diferentes; no hubiera puesto en una misma 
categoría una afección de marcha lenta, con 
manifestaciones sintomáticas equívocas, casi 
siempre ¡nocente, y una enfermedad que pue- 
de causar la muerte en doce horas, que está 
caracterizada por una serie de trastornos for- 
midables, espantosos, y cuyo pronóstico es 
siempre gravísimo. Hubiera reconocido que 
una simple perturbación nerviosa puede de- 
terminar el cólera esporádico; al paso que el 
infarto gástrico es casi siempre consecuencia 
de algún obstáculo que dificulta la acción de 
las vías digestivas. 

«¿Conviene confundir el cólera en la des- 
cripción de la gastritis y de la enteritis? ¿No 
es mas que una forma grave de la inflamación 
del tubo intestinal? Los resultados que ha su- 
ministrado la anatomía patológica no permi- 
ten sostener esta aserción; porque muchos su- 
getos que han fallecido del cólera, no han pre- 
sentado rastro alguno de inflamación gastro 
intestinal; y porque en sentir de los mismos 
autores que le han atribuido un origen infla- 
matorio, solo se han encontrado signos de flo- 
gosis en los sugetos que han luchado mucho 
tiempo con el mal. Añádase que la mareba 
veloz déla enfermedad; que su pronta reso- 
lución, casi instantánea en ciertos casos; que 
el efecto producido por algxinos medicamen- 
tos; que la calma conseguida con las prepara- 
ciones narcóticas; que en una palabra , estas 



COLERA MORBO. 



171 



y otras circunstancias reunidas, son contrarias 
á la admisión de semejante teoría. 

»S¡ el cólera no fuese mas que un flujo 
simple, establecido en la superficie gastroin- 
testinal, no se acompañaría de los acciden- 
tes dolorosos que denotan particularmente su 
existencia; mas si se admite que viene á aso- 
ciarse á esta evacuación copiosa de moco in- 
testinal un elemento neurálgico, entonces ya 
se esplicarán perfectamente la ausencia de le- 
siones en la autopsia cadavérica, las pertur- 
baciones funcionales que caracterizan el mal 
en todo su curso, las terminaciones funestas 
que puede tener ; se podrá dar una razón 
satisfactoria del modo de acción que preside 
al desarrollo de esta enfermedad; y finalmen- 
te, nos pondremos en el caso de apreciar con 
exactitud la influencia saludable de los prin- 
cipales agentes terapéuticos, que en concep- 
to de casi todos los prácticos, son suscepti- 
bles de aliviar y de curar á los sugetos ata- 
cados del cólera esporádico. Para nosotros no 
es esta enfermedad otra cosa que una neural- 
gia gastro-intestinal, complicada con un flu- 
jo activo en la superficie de la membrana 
mucosa, y debe colocarse en la misma clase 
que la gastralgia, que la neuralgia y que el 
vómito nervioso. Esta opinión se halia entera- 
mente conforme con la que Ganltier deClau- 
bry (Jonm. hebd. de med., t. VIII. pág iV9, 
1832) ha deducido de muchas observaciones, 
recogidas y analizadas con cuidado. 

«Historia y bibliografía. — En el curso 
de este artículo hemos mencionado los escri- 
tos mas notables que se han publicado sobre 
el cólera esporádico; hay pocas enfermedades 
sobre las que se haya discutido tanto, y sin 
embargo, es preciso reconocer que carecemos 
todavía de nociones positivas sobre varios pun- 
tos importantes. Por lo demás, ¿no sería bien 
inútil repetir aquí las escasas consideraciones 
que se encuentran en los escritos de Hipó- 
crates y Galeno? ¿A qué volvernos á ocupar 
de las bellas descripciones debidas á Celso, 
Areteo y á Coelio Aureliano? ¿A qué mencio- 
nar de nuevo las observaciones publicadas por 
Sydenham, Bianchi, Hoffmann, Sauvages y 
Cullen? No queremos insistir en el análisis 
de estos escritos, que en parte hemos aprecia- 
do, y que presentan entre sí la mayor analo- 
gía. ¿Deberemos no obstante enumerar algu- 
nas disertaciones que se han hecho con este 
objeto, y hacer mérito de varios artículos de 
Geoffroy, Ferrus, Roche, Copland, José Bro- 
wii, etc.? Creemos innecesario empeñarnos en 
este estudio, puesto que en parte le hemos 
hecho ya en los párrafos anteriores, y que en 
la parte restante tendrá lugar en el artículo 
inmediato consagrado al cólera epidémico y 
que debe servir de complemento al que ahora 
terminamos» (Mon. y Fl. Compendium, t. II, 
p. 122 y siguientes). 



§■ II. — Cólera epidémico. 



Definición. — » Vómitos y evacuaciones al- 
vinas acuosas, blanquecinas , semejantes al co- 
cimiento de arroz concentrado ú espeso, mez- 
clado con copos albuminosos; supresión de las 
orinas, color violado de los tegumentos, enfla- 
quecimiento rápido, fl acidez particular de la 
piel, que está fria, aniquilamiento del pulso, ca 
tambres dolorosos en los miembros , opresión 
escesiva, flojedad muy notable con integridad 
de la inteligencia: tales son los accidentes prin- 
cipales que constituyen del cólera epidémico 
una enfermedad especial. Difícil es dar una 
buena definición , que comprenda sus caracte- 
res mas importantes, sin traspasar los límites 
en que debe encerrarse, pero las siguientes 
consideraciones permitirán apreciarla mas com- 
pletamente. 

Divisiones. — »Son muy numerosas las des- 
cripciones que se nos han dado del cólera epi- 
démico; si intentáramos analizarlas todas en 
un artículo, haríamos sobre este objeto una 
obra muy voluminosa , cuya importancia esta- 
ría muy distante de compensar el trabajo que 
costaría ; no podemos , pues , referir aquí to- 
das las opiniones que se han publicado sobre 
la división que se debe adoptar en el estudio 
de esta enfermedad. Por lo demás, ora distin- 
gamos con Bouillaud ( Trait. prat. , iheor. et 
stat. du cholera morbus de París, 1832, pá- 
gina 2U) un cólera violento ó maligno , y un 
cólera leve y benigno ; ora admitimos con Ma- 
gendie (Lecons sur le cholera morbus , 1832, 
pág. 7 y siguientes) un cólera azul , frió , es- 
pasmódico, un cólera adinámico y una multi- 
tud de otras gradaciones ó matices, que este 
hábil observador ha apreciado con exactitud; 
y ora en fin establezcamos con David Maker- 
tienne, (Moreau de Jonnés, Rapp. au conseil su- 
per. de santé sur le cholera morb. pesl., 1831, 
pág. 11 y siguientes) una forma que principia 
por dolores de vientre , y otra que se revela 
por calambres dolorosos en las estremidades; 
nunca vemos que haya necesidad de dar una 
descripción separada de cada una de estas ma- 
nifestaciones particulares, y creemos poderlas 
presentar sin inconveniente en un solo cuadro 

» Alteraciones patológicas. — Los médi- 
cos que han estudiado con esmero el cólera 
epidémico en la época en que vino á afligir la 
Europa, están generalmente de acuerdo en di- 
vidir el estudio de sus lesiones cadavéricas en 
dos secciones ; una que comprende todos lo* 
hechos de anatomía patológica que representan 
el periodo de la cianosis, y otra consagrada á to- 
das las alteraciones que suceden á la compleja 
reacción. Nosotros creemos también que es con- 
veniente seguir esta marcha, si se quiere pre- 
sentar metódicamente el cuadro completo de 
ias modificaciones (pie se encuentran en se- 
mejantes casos. 

»EI hábito estertor del cadáver de los que 
han muerto ciauosados, presenta cireunstan - 



172 



CÓLKRA EPIDÉMICO. 



cias muy notables, sobre las cuales se ha in- 
sistido mucho. El calor del cadáver se pierde 
con lentitud. En el hospital de la Caridad, y 
en la enfermería de Rayer, el termómetro in- 
troducido en la boca de un colérico cuatro 
horas después de la muerte , marcó 25° centí- 
grados; cuatro horas antes de espirar el en- 
fermo, colocado el termómetro del mismo mo- 
do , solo habia marcado un grado mas. En 
otro cadáver de un colérico, introducido igual- 
Tiente el termómetro en la boca, se elevó len- 
tamente á 23 y medio grados; en seguida per- 
maneció estacionario [Arch. gen. de med., to- 
mo XXVIII, p. 378). Este hecho , dice Dalmas 
(Dict. de med., t. VII, p. kSñ), por sorprenden- 
te que parezca, es muy cierto, y los mozos que 
trasportan los cadáveres, lo han advertido tan 
hien como los médicos. 

»Por lo demás el calor se disipa comun- 
mente cuando comienza la rigidez, la cual es 
muy pronunciada en los sugetos que mueren 
en el periodo álgido. Antes de la aparición de 
este fenómeno, y del enfriamiento del cadáver, 
se dice haber observado bastante generalmente 
contracciones de los músculos de los miem- 
bros inferiores, y mas rara vez de los torácicos, 
resultando movimientos parciales que no dejan 
de causar sorpresa. Alibert , Boudard, Dalmas, 
Dubled y Sandras , eu su relación leida en la 
Academia de medicina , en diciembre de 1831, 
dicen (pág. 28) haber visto una vez en el ca- 
dáver de un viejo, que habiéndose separado los 
brazos del cuerpo, volvieron espontáneamente 
á recuperar su anterior posición, y durante 
este movimiento pasaron sucesivamente los de- 
dos pulgares desde la pronacion á la supina- 
ción, como pudieran haberlo hecho por el influ- 
jo de la voluntad ; y añaden que con el auxilio 
de escitaciones artificiales, picando, punzan- 
do, ó espolvoreando los músculos con sal co- 
mún , renovaban á su voluntad estas contrac- 
ciones , que también se verificaban en porcio- 
nes de músculos separadas del cuerpo. El co- 
razón no ofreció nunca esta persistencia de la 
contractilidad. Infinidad de observadores con- 
fiesan no haber podido comprobar la existen- 
cia de este fenómeno. 

»La piel de los miembros, los tegumentos 
inmediatos á los ojos, los labios y las uñas, 
presentan una coloración azulada , semejante 
á la que se observa durante la vida, están 
blandos , pastosos y viscosos al tacto: el cuerpo 
ofrece esteriormente manchas lívidas,' irregu- 
lares , mas ó menos estendidas ; las venas sub- 
cutáneas están algunas veces prominentes y 
dilatadas; otras se hallan sus paredes aplasta- 
das y hundidas, lo cual no impide que se re- 
conozca el trayecto del vaso por una línea azu- 
lada. La cianosis desaparece , por lo general, 
mas pronto en los miembros inferiores , que 
en las espaldas, en los brazos y en las manos. 
No existe ya lividez alguna en las uñas de los 
pies, cuando las de las manos conservan to- 
davía un tinte oscuro. 



»La fisonomía ofrece por lo común la es- 
presion que tenia durante la vida ; se advier- 
ten numerosas arrugas, aun en los jóvenes; 
una notable lividez circunscribe los ojos, la 
nariz y la boca; un rápido enflaquecimiento 
hace sobresalir las partes huesosas, y hundir- 
se las blandas; las regiones temporales están 
lisas, planas; los arcos cigoináticos prominen- 
tes, las orejas lívidas, y al parecer retraídas 
hacia atrás , los ojos profundamente ocultos en 
las órbitas; la nariz puntiaguda, las mejillas 
deprimidas debajo de los pómulos, los labios 
pegados á los arcos dentarios, y la boca entre- 
abierta ; el mentón ofrece una forma cuadrada 
y está separado de la región miló-hioidea. Em- 
pero, según Rochoux, no siempre sucede asi 
{Arch. gen. de med. , t. XXX , p. 425) , pues 
ciertos coléricos , dice este médico, en lugar 
de tener las facciones profundamente escava- 
das, presentan una hinchazón considerable de 
la cara, producida por una estraordinajia acu- 
mulación de sangre en los vasos capilares. Es- 
ta congestión continúa algunas veces sin dis- 
minución hasta la muerte. Las membranas del 
ojo que, durante la vida han estado espuestas 
al contacto del aire, se hallan morenas y de- 
secadas, semejantes á un pergamino. La escle- 
rótica parece considerablemente adelgazada y 
dá paso al tinte negruzeo del pigmentum de la 
coroides. Este estado de las escleróticas existe 
desde el momento de la muerte, y falta en to- 
dos los casos en que es muy corto el periodo 
asfíctico. Se ha creido (Gendrin, Monog. du 
cholera morbus , 1832, p. 87) que resulta del 
contacto del aire sobre los ojos en los últimos 
momentos de la enfermedad, en que los pár- 
pados quedan entreabiertos; y en efecto se 
lialla limitado á la mitad inferior del segmento 
anterior del ojo, por debajo de la córnea trans- 
parente , ó al menos debajo del punto corres- 
pondiente al borde inferior de la pupila. Ha- 
biéndose estraido de la órbita un ojo que pre- 
sentaba este estado de desecación de la escle- 
rótica, para dejarle en contacto con otras pie- 
zas anatómicas , recuperó á las veinte ho- 
ras la apariencia ordinaria de los ojos des- 
pués de la muerte. Por lo demás, empaña la 
transparencia de la córnea una capa viscosa de 
moco desecado; la cual se levanta con facili- 
dad raspando con el escalpelo la superficie de 
dicha membrana; pero algunas veces es tan 
consistente, que duda uno si con ella levanta 
la conjuntiva. 

»El cadáver está considerablemente enfla- 
quecido; parece sin embargo , atendida la for- 
ma de los miembros, cuyos músculos sobresa- 
len bastante, que la emaciación afecta especial- 
mente el tejido celular adiposo subcutáneo ó 
intermuscular, sin pasar mas adelante. 

»EI tejido celular sub cutáneo está ge- 
neralmente consumido, un poco húmedo pe- 
gajoso , y fácil de desgarrar ,; apenas con- 
tiene serosidad. Las venillas que le atravie- 
san se hallan muy inyectadas; algunas veces 



presenta una coloración roja muy marcada. 
»Los músculos ofrecen un color rojizo li- 
geramente violado: su tejido está blando y pe- 
gajoso, se deshace entre los dedos y se rasga 
fácilmente: hállanse en ocasiones ingurgitados 
de una sangre negruzca y fluida. 

»Los huesos suelen ofrecer también una co- 
loración roja bastante notable. Este hecho, que 
parece haber sido indicado la primera vez por 
Bégiu (Acadcm. de med. , sesión del 2 de ma- 
yo, 1832) ha llamado la atención de Gendrin 
(loe. cit., p. 98). «El sistema huesoso, dice, 
se encuentra en los cadáveres de los coléricos 
muertos en la asfixia, en un estado de inyec- 
ción sanguínea muy pronunciada , especial- 
mente en los huesos esponjosos. Esta inyección 
es tanto mas manifiesta , cuanto que los hue- 
sos reciben, como es sabido, una gran canti- 
dad de sangre venosa , que aun parece depo- 
sitada en sus células, sin el intermedio de nin- 
guna membrana. Los dientes participan de es- 
ta inyección , por manera que su raiz y la mi- 
tad de su corona ofrecen un tinte rojo, que se- 
gún dicen los dentistas , los inutiliza para la 
fabricación de los dientes postizos. Este tinte 
no se manifiesta sino algunas horas después de 
la muerte; se aumenta en el espacio de dos ó 
tresdias, y persiste luego sin modificarse. Los 
que comercian en dientes de cadáveres han 
advertido el mismo color rojo en los dientes de 
personas que han muerto de otras enfermeda- 
des; dicen , por ejemplo , que es constante en 
los dientes de los que mueren de viruelas; ob- 
servación que en efecto acabamos de compro- 
bar en un caso que hemos observado.» Según 
Velpeau (Arch. gen. de med., t. XXIX, pá- 
gina 213) nada tiene de constante esta modi- 
ficación en el color de los huesos; y Bouillaud 
(loe. cit. , pág. 269) es del mismo modo de 
pensar. 

»EI sistema arterial contiene poca sangre; 
sin embargo, no es cierto, como se ha dicho, 
que estén las arterias completamente vacías; 
encierran casi siempre una sangre negruzca, 
todavía líquida, pero mas espesa , mas viscosa 
que la ordinaria , y que comparada con el flui- 
do sanguíneo contenido en las venas y en las 
cavidades derechas del corazón, no presenta 
notables diferencias. No creemos que en nin- 
gún periodo del cólera esperimenten las arte- 
rias una alteración inflamatoria , como se ha 
llegado á asegurar (Gendrin , loe. cit. , p. 99). 
»EI corazón parece en algunos casos un 
poco disminuido de volumen ; con bastante 
frecuencia está flojo y lleno de sangre negra, 
todavía líquida ó reunida en pequeños coágu- 
los, poco consistentes, semejantes á la gelatina 
de grosella mal cocida, ó á arrope de uvas. Sus 
cavidades, especialmente las derechas, se ha- 
llan distendidas por cierta cantidad de sangre. 
Solo en circunstancias muy raras se observan 
concreciones sanguíneas, en parte decoloradas 
y mas ó menos adherentesá las columnas car- 
nosas de lo interior de los ventrículos. Las ve- 



CÓLEBA EPIDÉMICO. 173 

ñas propias del corazón están muy ingurjita- 
das de sangre, la cual presenta las mismas al- 
teraciones que la que se encuentra en las otras 
venas. El tejido del corazón se rasga con faci- 
lidad , está pegajoso y sucio, y preséntalas 
mismas alteraciones que las fibras musculares 
de los miembros. / 

»EI infarto sanguíneo de las venas varía 
según el periodo del mal en que el enfermo ha 
sucumbido. Si ha ocurrido la muerte en el mo- 
mento de la cianosis, todo el sistema venoso 
está ¡ngurjitado y dilatado por un líquido vis- 
coso, negruzco, semi-coágulado, pegajoso, que 
forma, sin embargo, en algunos casos un cua- 
jaron bastante fuerte y sólido, para que pueda 
sacarse del conducto venoso como un cordón 
un poco resistente. Esta ingurjitacion del sis- 
tema venoso es tanto mas marcada, cuanto mas 
se acerca al corazón , y sobre todo muy con- 
siderable en la vena cava superior, en las sub- 
clavias y las yugulares profundas, en la vena 
azigos y en las mesaráicas. Según Bonnet 
(Arch. gen. de med., t. XXVIII, p. 555) , las 
arterias y las venas pulmonares están casi va- 
cías , y los troncos de la vena porta las mas 
veces exangües; pero esta opinión no se halla 
conforme con la de otros observadores , y par- 
ticularmente de Velpeau (loe. cit., p. 220). 
No hay duda, como dice Bonnet, que la na- 
turaleza nunca sé contradice , y que si los he- 
chos aparecen desacordes entre sí , es porque 
han sido ó mal observados ó mal interpretados; 
pero no creemos que pueda aplicarse esta crí- 
tica á los trabajos